El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas · número 212 · julio-septiembre 2025 · página 1
Artículos

Filosofía, geografía y literatura
Sobre Del rigor en la ciencia de Jorge Luis Borges

Marcelino Suárez Ardura

Se analiza el conocido microrrelato de Jorge Luis Borges desde el punto de vista de su estructura noetológica


1. Presentación

Borges

Este artículo pretende analizar el famoso relato de Jorge Luis Borges, Del rigor en la ciencia, desde las coordenadas del materialismo filosófico. Con tal intención se despliegan en él un conjunto heterogéneo de argumentos que involucran diferentes planos filosóficos (ontológico, gnoseológico, noetológico, antropológico, filosófico político, &c.). No hay que pensar que ello se debe a una mezcla irresponsable y ecléctica de los mismos por parte del autor, sino a la naturaleza del propio relato que exige una perspectiva platónica de symploké según la cual solo algunas cosas están relacionadas con algunas otras. No cabe confundir la idea de la symploké con la idea de la fragmentación posmoderna. La idea de la symploké está pensada precisamente contra esta idea de fragmentación atomística según la cual no sería posible ninguna conexión entre las cosas (nada estaría conectado con nada).

Desde el punto de vista que se ejerce en este ensayo, Del rigor en la ciencia debe ser entendido como un relato que no se agota en los análisis filológicos (estilísticos, retóricos, biográficos) sino que exige una hermenéutica filosófica a la que denominaremos metodología noetológica. La metodología noetológica nos permitirá desvelar la estructura racional del relato entendido a la manera de las instituciones discursivas holomorfas. Sin embargo, atribuiremos también un sentido simbólico al texto, de tal suerte que veremos en él una reflexión sobre los mapas pero ya no entendidos en el sentido unívoco, cartográfico o geográfico, sino en un sentido análogo. Consiguientemente, Del rigor en la ciencia será interpretado como un mapa donde se contraponen las distintas teorías gnoseológicas sobre la ciencia.

Así pues, en el curso del análisis del relato de Borges hemos atendido especialmente a dos objetivos. El primer objetivo está orientado a enfocar principalmente Del rigor en la ciencia desde un punto de vista noetológico. El relato de Borges, consecuentemente, será visto como una institución discursiva susceptible de ser analizada según el método de la racionalidad circular noetológica en el sentido que esta metodología fue expuesta por el filósofo Gustavo Bueno. Esto permite entenderlo en paralelo con otras instituciones literarias y artísticas en general{1} pero también científicas. Desde este punto de vista, se conculca la separación entre el mito y el logos, entendida como remitiendo a dos clases disyuntas incomunicadas.

El segundo objetivo no es completamente independiente del primero, pero puede ser entendido de forma disociada del mismo. Consiste en romper con la idea de que el mapa es un objeto privativo de la geografía; es decir, que solo cabría una concepción univocista de mapa. Tal idea bloquea la posibilidad de una interpretación filosófica de la idea de mapa –el mapa analógico– y, por consiguiente, del relato de Borges en términos noetológicos.

Estos dos objetivos se irán conjugando en el desarrollo de este trabajo mostrando las conexiones existentes entre geografía, filosofía y literatura. Pero la verificación de tales conexiones no privilegia a ninguno de estos ámbitos. En todo caso, es la reflexión filosófica la que nos permite desvelar su existencia al contemplarlos bajo el prisma de la concepción de las capas metodológicas de la geografía.

2. La mirada geográfica hacia la literatura

Cualquier lector más o menos asiduo a los «ensayos metodológicos» o a las «reflexiones teóricas»{2} sobre la geografía enseguida se dará cuenta de la especial atención que la «mirada geográfica»{3} presta a la literatura{4}. La literatura, principalmente la novela y el cuento –pero también la poesía–, parece merecer la atención de los geógrafos, acaso tanto como el paisaje mismo, como los diferentes componentes (o factores) que lo configuran{5}. Podríamos decir, apurando una expresión hoy en boga, que la literatura es parte constitutiva de eso que se ha venido a llamar, en los tiempos del llamado giro espacial, los imaginarios de la geografía{6}. Dos ejemplos servirán para confirmar nuestra afirmación{7}.

Por un lado, David Harvey, quien en su ensayo París, capital de la modernidad dedica un interesante capítulo al imaginario urbano y social de Balzac{8}. Harvey analiza según su acostumbrado método la obra de Balzac para describirnos la triunfante sociedad burguesa parisina. Balzac, un reconocido conservador, se convierte en  manos de Harvey en un entomólogo –como el Galdós de los Episodios Nacionales– de la comedia humana, cuyas lentes darán certera cuenta de una estructura social dinámica pero arrogante. La solterona, La piel del zapa, Papa Goriot, Las ilusiones perdidas, La prima Bette, Eugenia Grandet o La obra maestra desconocida se caracterizan, según la mirada de Harvey, especialmente por constituir verdaderos estudios geográficos: sobre urbanismo, sobre la oposición ciudad-campo, sobre la relación entre orden moral y el modelo espacial, &c. Por supuesto, desde nuestro punto de vista, esta interpretación de Balzac como alguien que pudo dar cuenta de la naturaleza de la sociedad burguesa parisina no nos autoriza a considerar a Balzac como un riguroso científico. Las obras de Balzac no son ciencias, ni mucho menos la interpretación de Harvey sobre el magno escritor francés. La perspectiva de Harvey está dada a la misma escala en la que operan los burgueses a los que describe Balzac{9}. Pero esto no excluye interpretar el género novelístico balzaquiano como una novela científica en el sentido en el que Gustavo Bueno se refería a La Colmena de Camilo José Cela{10}. No seguiremos por este camino, porque por el momento no es este nuestro objetivo. Solo tratamos de mostrar cómo un geógrafo –David Harvey– se interesa por la literatura, es decir, por la llamada novela realista francesa. ¿Tendremos que aseverar que esta actitud de Harvey es una actitud geográfica por derecho propio?{11}

Por otro lado, vamos a citar al geógrafo español Eduardo Martínez de Pisón. En su obra La montaña y el arte realiza un recorrido histórico por las diferentes disciplinas artísticas (pintura, música, literatura) que de alguna manera se han centrado temáticamente (alegóricamente) en la montaña{12}. La visión de Martínez de Pisón quiere ser una interpretación cultural –vemos, claro está, que el geógrafo ejerce una concepción mitológica de la cultura en tanto que cultura circunscrita–: «El paisaje es un territorio interpretado culturalmente. Los geógrafos, como yo mismo, hemos resaltado con frecuencia el carácter territorial de los paisajes pero también hemos explorado la frontera del aspecto paisajístico de los territorios»{13}. Pero, sobre todo,  lo importante es verificar que esa cosa llamada literatura –en su versión novelística o cuentística– despierta una especial atracción en los geógrafos{14}. La literatura es fuente historiográfica pero es también manantial donde el geógrafo encontrará inspiración para su trabajo como científico. Hay que leer la obra de los novelistas –de los narradores– porque ellos cultivarán el estilo, formarán una ciencia más ajustada a los intereses humanos del campo geográfico y, en todo caso, constituirán sugestivas y sugerentes ideas de interés metodológico. La literatura tendría para los geógrafos una naturaleza soteriológica. Nada de ciencia fría y aséptica. Volvamos –o acudamos– a Balzac, Zola, Galdós, Baroja, Tolstoi, Borges, Kafka, Cela, Cunqueiro o Ítalo Calvino{15}.

Esta actitud de los geógrafos, como sabemos, no es cosa exclusiva ni original de nuestro presente. Nada menos que Estrabón veía en Homero a un filósofo geógrafo y Alejandro de Humboldt mostraba ya un singular interés por las artes. Así pues, entre literatura y geografía cabe reconocer cierto encuentro –como se dice hoy día sin disimular la afectación–. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, nos inclinaremos por reconocer que este encuentro en modo alguno puede ser considerado geográfico, con exclusividad, ni mucho menos literario. Hay que romper con estas representaciones epicíclicas para dar cuenta de las atracciones y repulsiones efectivas entre geografía y literatura.

3. Borges, encantador de geógrafos

Ahora bien, si es cierta esta querencia de la geografía por la literatura difícilmente podremos negar la fascinación que algunos escritores ejercen sobre los geógrafos. Y si hay algún escritor sobre el que se ha posado especialmente la mirada de la geografía en este tiempo del llamado giro espacial, este ha sido Jorge Luis Borges. Ciertamente, Borges ha cautivado la palabra de algunos sociólogos como Foucault, pero tampoco podemos negar su impacto entre los geógrafos, incluso admitiendo que, en ciertos casos, este haya podido ser canalizado a través de las lecturas que algunos geógrafos han realizado del propio Foucault. Tan solo bastaría echar un vistazo a la bibliografía citada por algunos de aquellos para darnos cuenta de la pregnancia que ejercen las redes literarias del imaginario borgiano. Pero en numerosas ocasiones ni siquiera se lo cita explícitamente en el aparato bibliográfico al uso, simplemente se hace uso de él, es utilizado metafóricamente y empleado en comparaciones metodológicas en sustitución de conceptos claros y distintos. En el misceláneo compendio sobre el geógrafo Claude Raffestin titulado Claude Raffestin. Territorio, frontera, poder, editado por Marcella Schmidt, Mario Neve y Rosa Cerarols Ramírez{16}, Borges hace su aparición como un referente imprescindible{17}, aunque no se anote la referencia bibliográfica. Sobre la elección de los artículos de Claude Raffestin confirmarán los autores la estructura laberíntica de su obra como en Borges, como en El jardín de los senderos que se bifurcan. Borges aparece aquí, pues, para decirlo en términos gnoseológicos, como un prototipo estilístico dado en el estrato de los dialogismos. Pero volvemos a encontrarnos con él páginas más adelante, en el capítulo en el que se reproduce la entrevista, donde los interlocutores preguntan a Raffestin sobre las relaciones del autor con la literatura. Y este les habla de sus autores preferidos: Rilke, Thomas Mann, Jünger, Kafka, como «vientres de ideas» para las ciencias humanas: «Dos autores, uno sudamericano, Jorge Luis Borges –que ha sido uno de mis grandes favoritos– y Italo Calvino, son los que me han hecho pensar más»{18}. Ya no se trata de que interpretemos el ejercicio del geógrafo: el mismo Raffestin declara que Borges es uno de los escritores que más le ha ayudado a pensar –no queremos dejar de advertir el evidente círculo vicioso en que incurre con esta afirmación, pero esto corresponde a otro asunto–.

Hagamos referencia –ahora, entre nosotros– a uno de los geógrafos españoles más importantes desde el último cuarto del siglo XX hasta la actualidad: Horacio Capel{19}. Precisamente en su obra titulada Dibujar el mundo, Borges aparece ya mencionado en el subtítulo de la misma, Borges, la ciudad y la geografía del siglo XXI{20} . La fascinación por la obra de Borges se manifiesta en el primero de los artículos del mismo libro («Borges y la geografía del siglo XXI»{21}) así como en el último («Dibujar el mundo»{22}). Se reiteran idénticos lugares sobre el estilo y el estímulo al pensamiento que hemos visto en  otros geógrafos. Borges habría sido un «profundo e imaginativo escritor que tanto ha hecho pensar a científicos de todo el mundo»{23} –dice Capel–. La perspectiva de Capel tiene un alcance dialógico, pedagógico: «¿Qué puede enseñar a los geógrafos del siglo XXI un escritor como Borges, el que imaginó mundos fabulosos e imposibles, el erudito de los mil libros extraños, el filósofo que sintió la perplejidad metafísica y se declaró decidido nominalista, el poeta sensible y profundo creador de atrevidas metáforas, el escritor laborioso que trabajó incansablemente durante toda su vida? ¿Qué tienen que ver con la geografía sus reflexiones sobre los laberintos, sobre los espejos, sobre los sueños, sobre el ajedrez, sobre la memoria?»{24} ; así, el artículo de Capel procede intentando dar respuesta a estas preguntas. Pero no queremos tampoco proseguir por esta vía. Tan solo estamos interesados en verificar la fascinación de los geógrafos –en este caso de Capel– por la literatura y específicamente por Borges.

Con todo, se demuestra de paso el ejercicio «metageográfico» de Horacio Capel, porque, aunque las opiniones vertidas en estas dos largas preguntas se refieren a la geografía, no son propiamente geográficas{25}. Finalmente, queremos destacar una cita de Capel en la que alude directamente a Borges por su interés para lo que diremos más adelante: «En lo que se refiere a la obra científica personal, es posible que ocurra que siempre estemos haciendo lo que de forma indirecta explica Borges: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”»{26}. Capel toma el texto del epílogo de El hacedor y lo interpreta desde una orientación subjetivista. Desde nuestra perspectiva, entenderemos la narración borgiana, sin ningún tipo de asombro, en un doble sentido gnoseológico y ontológico. En todo caso, prosigamos nuestro argumento con un envite: las redes borgianas acaso deban su pregnancia a la borrosidad de sus metáforas y a la indeterminación de su significado.

Pero Horacio Capel no es el único geógrafo enredado en los hilos de la tela literaria borgiana. Antoine Bailly, Alejandro Salazar y Andrés Núñez acuden a Borges en su libro Viaje por la geografía precisamente para darnos a conocer su teoría «geográfica» sobre los mapas{27}. Borges será interpretado ahora como un crítico de la cartografía en cuanto disciplina ligada al poder{28}. Se fijan estos autores principalmente y nada menos que en una corta narración borgiana tomada de El hacedor, titulada Del rigor en la ciencia, aunque los autores en su interpretación parecen olvidar esta crucial circunstancia. El texto de Borges no es muy largo y merece la pena transcribirlo un poco más adelante. Ahora nos contentaremos con exponer la opinión de estos geógrafos sobre el mismo.

El criterio de interpretación de Bailly, Salazar y Núñez remueve argumentos sociológicos –el mapa como acuerdo social– combinados con argumentos politológicos genéricos –sed de poder, imperialismo (diapolítico)–. El mapa sería interpretado desde la ciencia cartográfica en perspectiva neutral y aséptica, pero los cartógrafos construirían un instrumento cartográfico ajustado a la mecánica del poder del imperio y a las convenciones epistemológicas. La argumentación de los autores no da para mucho –pero llueve sobre mojado–. En todo caso, una vez más, vemos a los geógrafos fascinados por el sugestivo simbolismo de la obra de Jorge Luis Borges. ¿Es verdaderamente esto así?

A nuestro juicio, tal fascinación por Borges responde a una sobreabundancia de criterios en torno a la naturaleza de su disciplina los cuales, dando lugar a un polígono de fuerzas, se anulan mutuamente, impidiendo una interpretación adecuada de su labor como «científicos sociales»{29}. Se demuestra así la ausencia de criterios sistemáticos para interpretar determinadas instituciones discursivas a las que se aferran los geógrafos para entender su quehacer{30}.

4. Del rigor en la ciencia como «institución discursiva»

Precisamente, con la intención de mostrar lo que queremos decir vamos a realizar una lectura de la misma institución discursiva borgiana (Del rigor en la ciencia) que interpretan estos autores utilizando, por nuestra parte, las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Sin embargo, este comentario en modo alguno pretende realizar un análisis gnoseológico, pues nuestras pesquisas quieren orientarse principalmente hacia el modo noetológico{31}. Consecuentemente, este trabajo constará de dos partes: una primera parte en la que abordaremos la narración Del rigor en la ciencia, caracterizando su estructura institucional y orientando nuestro análisis desde una perspectiva noetológica; y una segunda parte, en la que intentaremos desvelar el simbolismo de la misma, criticando finalmente la perspectiva que suponemos es ejercida por el propio Borges. Ahora bien, lo que finalmente perseguimos es mostrar cómo la interpretación de Bailly, Salazar y Núñez, no pasan de una utilización de ideas adventicias que dependen del objeto determinado que más a mano tienen sin que este guarde, acaso, ninguna relación con el símbolo. Comenzaremos, por tanto, caracterizando la narración Del rigor en la ciencia desde la perspectiva antropológica institucional.  Para ello, nos apoyaremos en el articulo «Poemas y Teoremas» en el que Gustavo Bueno realiza una comparación entre el soneto CLXXXVIII de Lope de Vega y el teorema L, 1 de Euclides{32}.

Ahora bien, conviene ante todo tener presente el texto de Borges, inserción que queda facilitada por su breve extensión.

Del rigor en la ciencia

…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes, IV, cap. XLV, Lérida, 1658{33}

No sin razón, pero incurriendo en una ausencia de claridad y distinción los filólogos suelen denominar a este tipo de textos con el término de «microrrelatos», como si con esto ya estuviera dicho todo, suponiendo incluso que estamos ante un nuevo género literario. No se trata de negar que esta figura literaria sea un microrrelato –algunos autores hablan de minificción metaficcional{34} – o no, sino de partir del supuesto según el cual el microrrelato titulado Del rigor en la ciencia es una institución antropológica{35} dada en el conjunto de otras instituciones; en concreto, una institución discursiva cuyas características racionales{36} vamos a exponer seguidamente. En este contexto, conviene decir unas palabras a propósito del paralelismo entre el presente microrrelato de Borges y el famoso pasaje de Lewis Carroll sobre la cartografía incluido en su obra Silvia y Bruno{37} . He aquí el párrafo de Lewis Carroll:

– Ésa también es algo que hemos aprendido de su nación –dijo Mein Herr–: la cartografía. Pero lo hemos llevado mucho más lejos. ¿Cuál considera que es el mapa más grande que poseería verdadera  utilidad?

– Uno de en torno a quince centímetros por milla.

– ¡Sólo eso! –exclamó Mein Herr–. Nosotros no tardamos en llegar a los seis metros por milla. Luego probamos con cien metros por milla. ¡Y después vino la idea más grandiosa de todas! Hicimos un mapa del país, en serio, ¡a una escala de una milla por milla!

– ¿Y lo han usado mucho? –inquirí–.

– Todavía no ha sido desplegado nunca –apuntó Mein Herr–, los granjeros se opusieron: decían que cubriría todo el campo, ¡bloqueando la luz del sol! De modo que en la actualidad usamos el propio campo, como mapa, y le aseguro que funciona casi igual de bien.{38}

El parecido, como es sabido, indica que Del rigor en la ciencia es una transformación de este mismo pasaje{39}. Pues, en efecto, conserva su mismo planteamiento temático y su misma estructura ternaria (noetológica), sin perjuicio de que en Carroll se presente la argumentación de forma dialogada y no bajo el formato de una narración como hace Borges{40}. En todo caso, queremos hacer hincapié en el hecho según el cual este diálogo de Lewis Carroll cumple ajustadamente los caracteres de una institución discursiva de la misma manera que los cumple Del rigor en la ciencia.

Pues bien, Del rigor en la ciencia sería asimilable a otras instituciones como pudieran ser los «sonetos canónicos» de Lope de Vega o los «problemas» de Euclides{41}. A nuestro juicio, la posible comparación entre el relato de Borges y los sonetos de Lope o los problemas de Euclides nos permitirían interpretar este relato como una construcción artificiosa, como se revelaría ya por su propia estructura ternaria y por la reiteración de esta misma estructura en otros relatos cortos en los que eventualmente apareciera cierta circularidad irónica. Pero también porque, en paralelo con los sonetos de Lope y con los teoremas de Euclides, sería posible subdividir su estructura en seis fases siguiendo el método de Gustavo Bueno: las seis fases propuestas por Proclo{42}. Otro aspecto decisivo que nos ha empujado a considerar esta comparación es el hecho según el cual el relato de Borges se circunscribe casi a la extensión de las catorce líneas a las que se refiere Bueno{43}, lo que permite de alguna manera coordinarlo con el teorema de Euclides y el soneto de Lope. Así pues, tanto por su estructura y composición artificiosa como por sus dimensiones, parece que las tres instituciones discursivas serían comparables. Cuáles sean las razones de esta coincidencia en dimensiones  no podemos decirlo, pero, como dice Bueno{44}, no cabe atribuirlo a fundamentos cabalísticos o aritmológicos –añadamos, o a ideas adventicias–. Sin embargo, acaso cupiera decir que Borges, un consumado sonetista, habría ajustado objetivamente su relato a una extensión aproximada a la del soneto por razones objetivas de la propia demostración atinente al mismo. Dicho de otra manera, la estructura argumentativa de Del rigor en la ciencia en su extensión se estaría adaptando al canon del soneto –sin perjuicio de la ausencia de rima– es decir, el poeta seguirá en prosa la norma del soneto aun faltando la rima, diríamos, porque lo requiere la propia argumentación del mismo (anamnesis-prolepsis).

En todo caso, sí cabe caracterizar el relato Del rigor en la ciencia por su carácter institucional y, consiguientemente, por su estructura racional. Dicho con otras palabras, Del rigor en la ciencia, en cuanto que institución discursiva, se caracteriza por su racionalidad. Ahora bien, desde una perspectiva holótica, en cuanto que institución, Del rigor en la ciencia puede ser entendido como una institución mereomorfa o como una institución holomorfa. Si consideramos el engranaje del relato de Borges en el conjunto de su obra y más específicamente en el libro titulado El hacedor, cabría ver Del rigor en la ciencia como una institución mereomorfa. De hecho, el propio Borges en el epílogo con el que se cierra El Hacedor vendría a reconocer desde su punto de vista emic el carácter mereomorfo de las partes del conjunto al que considera como una «miscelánea» o «silva de varia lección»{45}. El sentido literal de este microrrelato, por su presentación paradójica, denota su coloración borgiana, es decir, su relación con otras obras como La biblioteca de Babel o La lotería de Babilonia. Por esta razón, aunque Del rigor en la ciencia pueda ser considerada como una parte atributiva de El hacedor, también permite ser contemplada como una parte distributiva, si consideramos ahora otras obras del mismo autor que contengan relatos agrupables desde una perspectiva intensional en un nuevo conjunto de partes distributivas. Ahora bien, cabe reconocer una cierta unidad constitutiva en Del rigor en la ciencia –unidad que por otra parte, no excluye una retotalización más amplia. Y esta unidad del relato nos permitiría ver en él una institución holomorfa. Desde nuestro punto de vista, como tendremos ocasión de señalar más adelante, este relato se puede presentar como constituyendo un sistema de relaciones que explicaría su estructura como unidad holomorfa. Como ha señalado tan acertadamente Gustavo Bueno al hablar de determinadas instituciones discursivas, en el campo de la literatura podríamos reconocer en este relato borgiano el carácter exento o disociable del resto de las piezas que conforman El hacedor y por extensión de la obra borgiana en su totalidad. Consecuentemente, diremos Del rigor en la ciencia que es una unidad holomorfa disociable, en cuanto parte mereomorfa del conjunto de la obra de Borges. Del rigor en la ciencia debe ser considerada, pues, en cuanto que unidad holomorfa, como una institución discursiva o argumentativa –mantendremos la tesis de su naturaleza argumentativa a pesar de su representación narrativa{46}, suponiendo que esta narración esconde, en cambio, un argumento o discurso en relación con la verdad–.

Así pues, este relato contendría o constituiría él mismo un discurso autónomo organizado como un razonamiento. Si estamos en lo cierto, tendríamos que decir con Gustavo Bueno que el razonamiento borgiano del que nos estamos ocupando verificaría puntos en común con algunos silogismos aristotélicos o estoicos, así como con las aporías de Zenón o los dilemas de Protágoras{47}. El discurso de Borges, pues,  habría que situarlo a un nivel intermedio entre otros discursos atómicos del propio Borges y el discurso masivo cuyo ejemplo podría ser, como indica el propio Gustavo Bueno, la Fenomenología del Espíritu de Hegel. Desde nuestro punto de vista, parece, entonces, pertinente considerar Del rigor en la ciencia como una institución discursiva completamente comparable con los prototipos constituidos por los teoremas de Euclides y los sonetos de Lope de Vega. Habida cuenta de lo anterior, tendremos que convenir en que el método de análisis de Del rigor en la ciencia tiene que ser el método noetológico. Un método que no pretende reducirse a una interpretación lógica pero tampoco a una perspectiva psicológica.

5. Estructura noetológica de Del rigor en la ciencia

Ahora bien, si proponemos la aplicación del método noetológico para la interpretación de Del rigor en la ciencia tendremos que reconocer, entonces, que, de alguna manera, el propio relato tiene una estructura noetológica. Con todo, no haría falta reducirlo a un teorema, pero ni siquiera a un poema. Paralelismo no significa aquí reducción. La racionalidad de este relato es de otro género contradistinto al de los teoremas de Euclides y, aunque reconozcamos su carácter discursivo –pero circular a la vez–, este es de otra índole –no científica, por supuesto–. Consecuentemente, nos alineamos con la tesis fuerte de Bueno: «la racionalidad no se circunscribe exclusivamente al ámbito de la racionalidad científica»{48}. Sin embargo, tendremos que decir que la racionalidad de este relato tampoco es puramente literaria; no cabe separar literatura de ciencia ejerciendo una dicotomía a la manera, por ejemplo, de la distinción sujeto/objeto. De lo que se trata, pues, es de aplicar lo que Bueno llama el «circuito noetológico elemental» a Del rigor en la ciencia. Lo más interesante de nuestra tesis, en la línea de distinción entre la Noetología y la Gnoseología es que Del rigor en la ciencia, sin perjuicio de su estructura noetológica, tendría como tema un asunto de naturaleza gnoseológica. Veremos esta cuestión un poco más adelante.

Al hablar de estructura noetológica de los teoremas euclidianos, Gustavo Bueno hace hincapié en las figuras o dibujos que acompañan a la exposición de los mismos. Las figuras geométricas no pueden ser reducidas a mero instrumental pedagógico del que se pudiera prescindir posteriormente. Los componentes gráficos (rectas, triángulos, círculos) que aparecen en los teoremas de Euclides no son externos a los mismos problemas. En efecto, las figuras aparecen como necesarias (internas) a la propia exposición del discurso del teorema concreto. Pero conviene también volver a insistir en la brevedad relativa de los teoremas cuyas dimensiones son más o menos de catorce líneas coincidiendo así en este punto con el soneto de Lope. Estas catorce líneas encierran no un sistema de proposiciones sino una «estructura circular», una suerte de circuito: un encadenamiento donde el primer eslabón nos remite al último. Ahora bien, este circuito desplegado en catorce líneas fue organizado por Proclo en seis fases que a su vez clasificó en tres etapas de dos pasos cada una. Pero si las tres etapas de Proclo adolecían de cierto sesgo descriptivo, puramente empírico, de manera que tampoco lograba profundizar en la naturaleza de lo que llamamos circuito noetológico, dado el horizonte pedagógico (retórico) en el que se movía{49}, la perspectiva que propone Bueno construye un circuito de racionalidad diaéctica. La cuestión que plantea Gustavo Bueno es la siguiente: hay que dar cuenta del encadenamiento de las distintas fases superando la interpretación en términos de pura retórica, como, por ejemplo, sería el reducir la estructura de Del rigor en la ciencia al esquema de «enlace», «nudo» y «desenlace». Así pues, este circuito constitutivo del teorema es a lo que llamamos «circuito noetológico». Gustavo Bueno nos ofrece las etapas en las que se estructura el circuito noetológico:

- Etapa I. Propuesta o proposición (de composición-segregación) que tiene a su vez dos fases: (1) Prótasis y (2) Ekthesis.

- Etapa II. Contraposición, que consta también de dos fases: (1) Diorismós y (2) Kataskeué.

- Etapa III. Resolución, que contiene dos fases: (1) Apódéixis y (2) Sympérasma.

Conviene explicar brevemente el sentido de las distintas etapas así como el de cada una de las fases. Comenzaremos primero por cada una de las tres etapas del circuito. Ante todo debemos tener en cuenta la pertinencia institucional del circuito noetológico. Es decir, que la racionalidad inmanente a las instituciones supone, como ha establecido Bueno en el «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», tres momentos o etapas{50}.

La etapa de propuesta o proposición es un momento de posición operatoria de las partes. Dada una serie de términos o relaciones, las operaciones entre los mismos supondrán una composición-segregación{51} o una composición y descomposición{52} de las mismas. La segunda etapa{53}, o momento{54}, es la de contraposición. La contraposición va referida al medio entorno{55} o a las partes del dintorno{56}. Efectivamente, la operación de composición-segregación nos remitirá a otras realidades del entorno en sus funciones obstativas, directivas o canalizadoras. Finalmente, llegamos a la tercera etapa o de resolución{57}. Se trata ahora, de un momento de recomposición de las partes contrapuestas. También podemos hablar de resolución en la totalidad inicial. Por último, solo resta decir que el ciclo noetológico no puede ser reducido a otras fasificaciones como el silogismo de Aristóteles o las triadas de la dialéctica hegeliana. Habría que pensar más bien en una reducción del silogismo de Aristóteles y de la dialéctica hegeliana al ciclo noetológico, aunque aquellas serían expresiones simplificadas de circuitos noetológicos{58}. En todo caso téngase presente la dialéctica reducción-absorción.

Así pues, en virtud de la exposición de las distintas etapas o momentos del ciclo noetológico tal y como acaban de ser presentadas, podríamos reorganizar el relato de Borges Del rigor en la ciencia precisamente identificando en el mismo estas tres etapas o momentos, de manera que quedaría como sigue:

Etapas del circuito noetológico en Del rigor en la ciencia

I Propuesta o proposición (de composición-segregación)
…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia.

II Contraposición
Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

III Resolución
Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Aunque no es nuestra intención entrar en el análisis del diálogo de Lewis Carroll, lo presentamos a continuación en paralelo con Del rigor en la ciencia a fin de ilustrar su común estructura ternaria (noetológica).

Lewis Carroll
Jorge Luis Borges
 

– Ésa también es algo que hemos aprendido de su –dijo Mein Herr–: la cartografía. Pero lo hemos llevado mucho más lejos. ¿Cuál considera que es el mapa más grande que poseería verdadera  utilidad?

– Uno de en torno a quince centímetros por milla.

…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia.

 

– ¡Sólo eso! –exclamó Mein Herr–. Nosotros no tardamos en llegar a los seis metros por milla. Luego probamos con cien metros por milla. ¡Y después vino la idea más grandiosa de todas! Hicimos un mapa del país, en serio, ¡a una escala de una milla por milla!

Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

 

– ¿Y lo han usado mucho? –inquirí–.

– Todavía no ha sido desplegado nunca –apuntó Mein Herr–, los granjeros se opusieron: decían que cubriría todo el campo, ¡bloqueando la luz del sol! De modo que en la actualidad usamos el propio campo, como mapa, y le aseguro que funciona casi igual de bien.

Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

 

Se hace necesario comentar brevemente la división en tres etapas de este relato desde la perspectiva del ciclo noetológico. Ante todo nos vemos obligados a salir al paso de la siguiente objeción, a saber: se podría decir que no cabe interpretación alguna –y ya no solo en general sino en este caso específico– en términos del circuito noetológico porque difícilmente cabria comparación o coordinación alguna entre este relato de Borges y cualquier otra institución discursiva o argumentativa como pudieran ser los sonetos de Lope de Vega. Dicho de otra manera, estaríamos ante un género estilístico del que no cabría predicar su estructura argumentativa, cosa que sí sería posible, como demostró Gustavo Bueno, con los sonetos de Lope. En efecto, cabría decir que Del rigor en la ciencia es una narración y no una argumentación y que esta naturaleza estilística nos obligaría a retirar nuestro intento de buscar una interpretación noetológica. De hecho, la forma de comenzar con la expresión «en aquel imperio» recuerda sin duda la forma «Érase una vez…». Ahora bien, desde nuestro punto de vista no habría que comenzar por esta línea sino precisamente por el título mismo, el cual ya nos sitúa más cerca de los discursos argumentativos: «Del rigor en la ciencia». Esto nos pone, pues, delante de algo que vendría a negarlo o a demostrarlo. ¿Acaso no tendríamos que hablar mutatis mutandis de una suerte de teorema? Al menos, en las intenciones irónicas del autor, así sería. Y con esto ya nos bastaría{59}. Por otro lado, es posible identificar en la narración de Borges un campo de términos, relaciones y operaciones que facultarían la interpretación desde el punto de vista noetológico. Este campo de términos, relaciones y operaciones, por otro lado, es contradistinto del campo estructurado por los teoremas de Euclides y por los sonetos de Lope de Vega. Este campo de términos será interpretado aquí en un sentido literal  -no alegórico, cuestión en la que entraremos más adelante– con el fin de restringirnos lo más posible a la estructura del circuito noetológico.

Pues bien, Del rigor en la ciencia define un campo de términos formado por «mapas», «ciudades» y «provincias». Este conjunto de términos con ser heterogéneo constituye una escala determinada –hablaremos de una escala gnoseológica–. También hay que reconocer un conjunto de relaciones (proporciones) entre los términos. Estas relaciones aparecen mencionadas en el relato a través de la comparación entre los términos por mediación del territorio. Finalmente, el relato nos remite a las operaciones de los cartógrafos, consistentes en componer y separar mapas y territorio a fin de obtener nuevos mapas estructurados en virtud de nuevas relaciones. Así pues, Del rigor en la ciencia podría ser considerado como una institución constitutiva de un conjunto de partes cuyas relaciones serían interpretables desde la estructura del circuito noetológico. Teniendo en cuenta esta estructura, trataremos de establecer las diferentes etapas del circuito noetológico dadas en esta narración. Así, los términos del campo podrían entenderse como los distintos mapas y secciones del territorio –aquí nombrados por una «provincia» y una «ciudad», &c–.

La primera etapa de propuesta o proposición (de composición-segregación) habría que entenderla a partir ya del título que tendríamos que interpretar como la definición del rigor en la ciencia. Este rigor encontraría la perfección cuando las operaciones líticas de separación entre el mapa y el territorio pueden dar lugar a operaciones de composición (tética) a través de la escala{60}. La segunda etapa de contraposición tendría que ver con la perfección de aquellos mapas; más precisamente con la negación de esta perfección. Los mapas no se considerarán satisfactorios. Lo que se contrapone aquí son términos que pretenden conmensurarse siguiendo todo tipo de operaciones. Ahora no hay discriminación entre el mapa y el territorio porque son lo mismo. Los mapas de la fase de propuesta o proposición deberán entenderse como imperfectos porque el mapa perfecto es el de escala 1/1. En la fase de resolución se ve que todo intento de construir un mapa de escala 1/1 no es operacional porque impide las relaciones entre los términos y las operaciones de los sujetos. El mapa del imperio de escala 1/1 no es posible. Cabría añadir que el proceso noetológico en este texto estaría recorrido de una forma apagógica –he ahí la ironía implícita–, acaso como una reducción al absurdo que desde una perspectiva positiva podríamos formular de otra manera. Como proposición se trataría de buscar el rigor en la ciencia cartográfica imperfecta cuyos mapas no pueden dar cuenta puntual de la realidad que describen. Como contraposición se mantiene la tesis de que el mapa perfecto es el del imperio, del tamaño del propio imperio. Finalmente, la resolución regresa a los mapas imperfectos porque precisamente en esto consistiría su operatividad. Se ha culminado el circuito noetológico volviendo a la situación primera original pero a través de un proceso racional circular.

6. Fases del circuito noetológico en Del rigor en la ciencia

Por lo que respecta a las distintas subdivisiones constitutivas del circuito noetológico, que ya hemos ofrecido de forma global atendiendo a las consabidas etapas de propuesta, contraposición y resolución, ahora, tendríamos que ir descomponiendo el texto de Borges según transitemos por la correspondiente fase de  prótasis, ekthesis, diorismós, kataskeué, apódeixis y sympérasma. En la siguiente tabla, se presenta la subdivisión completa en etapas y fases, procediendo a continuación al comentario de cada una de ellas.

Etapas y fases del circuito noetológico en Del rigor en la ciencia
 
I Propuesta o proposición (de composición-segregación)
 
  (1) Prótasis …En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que
 
  (2) Ekthesisel mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia.
 
II Contraposición
 
  (3) DiorismósCon el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y
 
  (4) Kataskeuélos Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.
 
III Resolución
 
  (5) ApódeixisMenos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos.
 
  (6) SympérasmaEn los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
 

(1) Así pues, comenzamos por la prótasis propositiva. Ya hemos advertido del hecho según el cual era preferible comenzar por el título de la narración: «Del rigor en la ciencia». Hay una gran diferencia entre comenzar por el título de este relato o atenernos exclusivamente al cuerpo del mismo. Si comenzamos por el título, este relato se acercaría más al teorema de Euclides en la medida en que el interlocutor o destinatario al que se refiere el autor queda fuera del texto. Si prescindimos del título el destinatario de la prótasis son los mismos cartógrafos del imperio. Dicho de otra manera, el dialogismo constitutivo de la prótasis propositiva desborda el texto o no según aceptemos como parte del mismo el propio título. Seguramente ahí radica la ambigüedad o la ironía de Borges. La forma de la prótasis propositiva se podría reexponer como sigue. El rigor en la ciencia cartográfica consiste en alcanzar la perfección –¿valdría tanto decir la verdad?–, pero esta queda asociada al rigor científico, un rigor científico –suponemos suspenso el sentido irónico, por ahora– que hay que poner en coordinación con la verdad. Por otro lado, no se pierda de vista que este comienzo de la prótasis puede ser interpretado como una negación de la imperfección –sentido dialéctico por reducción al absurdo del argumento–. Esta prótasis sin haber definido los términos los propone de una manera muy abstracta (imperio y cartografía). Las operaciones son las que nos llevan a la perfección.

(2) Es necesario, para que la prótasis propositiva cobre sentido, pasar a la fase de ekthesis. Pero la ekthesis no podría considerarse simplemente como una ampliación o explicación de la prótasis. Ahora se introducirán aquí nuevos términos que superan la perspectiva metamérica anterior. Mediante esta fase por un sistema de aproximación y separación de términos llegamos a las relaciones. Aparecen mapas diferentes según la escala, que remiten a territorios diferentes. De manera que entre el Imperio y la Cartografía tras haber descompuesto los términos asistimos a la puesta en funcionamiento de todo un sistema de términos, relaciones y operaciones. Aquí, pues, se completa el ciclo de la parte o etapa de posición o propuesta.

(3) A partir de este momento, entraremos en la etapa de contraposición que se desarrolla en dos momentos: el diorismós y la kataskeué. Mediante el diorismós se introduce un concepto nuevo; ya no se trata de mantener la distancia entre el territorio y el mapa mediante escalas relativas. El diorismós, además, nos conduce a saber que la cartografía del imperio en realidad no era tan perfecta{61}. Ahora bien, la interpretación que realizamos del diorismós solo es posible –contexto de justificación– tras conocer la kataskeué.

(4) En efecto, a partir de la kataskeué percibimos que la insatisfacción producida en los cartógrafos del imperio –o en el interlocutor/destinatario externo– se debe a que los mapas no coinciden puntualmente con el territorio. Parece que en la etapa de contraposición podríamos encontrarnos con la posibilidad de un cierre en el que los términos y las relaciones quedasen fundidos por el mismo contexto determinante. Pero no hay que olvidar la norma introducida por la reducción al absurdo en el principio.

(5) A continuación entramos en la etapa de resolución. Vemos que la resolución nos hace regresar a la propuesta o proposición. Pero este regressus no podrá ser considerado una reproducción o una repetición. En primer lugar, está la fase de apódeixis. En este caso, la apódeixis parece repetir el esquema del diorismós. A nuestro juicio, es una apariencia como resultado del hecho según el cual somos conocedores de los términos. Sin embargo, enseguida observamos que los operadores son nuevas generaciones de cartógrafos y, por lo tanto, dictaminan ya no de la desmesura y la insatisfacción por los mapas sino la inutilidad práctica. La demostración de la perfección –negación de la imperfección– acaba convirtiendo a la apódeixis en una refutación. Si estos mapas no pueden ser verdaderos porque son inútiles es porque su inutilidad deriva de falacias o falsedades como tales. Así pues, lo que parecía su momento tético se convierte ahora en su momento lítico.

(6) Finalmente entramos en la fase de sympérasma. Si reparamos mínimamente en esta fase podríamos describirla de esta otra manera. El verdadero rigor de la ciencia cartográfica no puede consistir en el mapa de escala 1/1; los mapas de escalas menores son tanto o más útiles o más satisfactorios en la medida en que se alejan de la escala 1/1. Pero Borges no lo presenta así. Nos habla de ruinas del mapa despedazadas que solo pueden entenderse con relación a las disciplinas geográficas en tanto que ruinas. Lo que comenzaba como una reducción al absurdo, la negación de la imperfección, ha concluido con la negación de la negación.

Con los cambios pertinentes realizados, creemos haber mostrado la familiaridad de este relato de Borges con las instituciones discursivas o argumentativas. Debemos admitir, sin embargo, la dificultad del texto borgiano, sobre todo, a nuestro juicio, al tener en cuenta el título del mismo y su inclusión o no en la prótasis propositiva. Por otro lado, debemos advertir que este texto está considerado aquí exclusivamente desde un punto de vista literal no alegórico. Y desde este punto de vista literal el texto de Borges querría decir algo así como que es imposible la construcción de mapas perfectos porque el mapa perfecto sería aquel de escala 1/1. Pero este mapa no tendría sentido por su inutilidad. De ahí se deduce la insatisfacción de la cartografía. En este sentido el argumento de Borges coincidiría con el de Lewis Carroll.

Como colofón a este apartado, presentamos este cuadro en el que se exponen las distintas fases y etapas del ciclo noetológico con relación al teorema I, 1 de Euclides y al soneto CLXXXVIII de Lope de Vega. Esta comparación  ha sido tomada del mismo artículo de Gustavo Bueno titulado «Poemas y Teoremas». Por nuestra parte, añadimos una columna más que acoge las distintas fases del ciclo noetológico desde la prótasis hasta el sympérasma{62}.

EtapasFasesTeorema I,1 de Euclides
I
Propuesta
(composición/segregación)
(1)
Prótasis Propositiva
Construye un triángulo equilátero sobre una recta delimitada1 Suelta mi manso, mayoral extraño,
2 pues otro tienes de tu igual decoro,
…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que
(2)
Ekthesis
Es decir, sobre la recta AB construye un triángulo equilátero
Euclides
3 deja la prenda, que en el alma adoro,
4 perdida por tu bien y por mi daño.
el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia.
II
Contraposición
(3)
Diorismós
Describe un círculo AΓΔ con centro en A y radio AB...
Euclides
5 Ponle su esquila de labrado estaño
6 y no le engañen tus collados de oro,
Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y
(4)
Kataskeué
A partir del punto Γ donde los círculos se cortan traza dos rectas formando el triángulo AΓB y el círculo BΓE, &c.
Euclides
7 toma en albricias este blanco toro,
8 que a las primeras hierbas cumple un año.
los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él
III
Resolución
(5)
Apódeixis
A es el centro del círculo ΓΔB; luego AΓ es igual a AB [por la definición 5], B es el centro del círculo ΓAE, luego BΓ es igual a BA [definición 15]; luego ΓA y ΓB son iguales a AB; luego [noción común 1: dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí] los tres segmentos de rectas son iguales entre sí.9 Si pides señas, tiene el vellocino
10 pardo encrespado, y los ojuelos tiene
11 como durmiendo en regalado sueño.
Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos.
(6)
Sympérasma
Luego el triángulo ABΓ es equilátero y construido sobre la recta delimitada AB.
Q. E. D.
Euclides
12 Si piensas que no soy su dueño, Alcino,
13 suelta, y verásle, si a mi choza viene,
14 que aun tienen sal las manos de su dueño.
En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

7. Sobre los símbolos prácticos

Sin embargo, cabría ensayar la posibilidad de una interpretación alegórica del texto de Borges. A nuestro juicio, una interpretación alegórica habría de atenerse a los términos simbólicos que interpretamos, es decir, los mismos términos que aparecen en el texto. Lo difícil de la cuestión sería acertar con los símbolos adecuados al objeto simbolizado. Pero, antes de embarcarnos en una interpretación alegórica del relato Del rigor en la ciencia, nos parece conveniente realizar unas consideraciones sobre el concepto de símbolo al que nos vamos a acoger aquí.

Este trámite parece necesario sobre todo teniendo en cuenta que nuestra interpretación de Del rigor en la ciencia en el contexto de la reflexión sobre la geografía va dirigida contra la interpretación de Bailly, Salazar y Núñez. La cuestión, tal como queremos plantearla, es la siguiente. Del rigor en la ciencia de alguna manera desborda el marco de la propia narración y de otras narraciones del mismo autor. Si toda referencia se circunscribiese al marco de la narrativa de Borges tendríamos que decir que Del rigor en la ciencia exigiría una interpretación autogórica{63} pero Del rigor en la ciencia dice o simboliza algo más que no está en el texto, y que por otra parte, no podemos determinar al margen de toda interpretación. Desde nuestro punto de vista, Del rigor en la ciencia en la medida en que es interpretado por otros autores con independencia del sentido que pude haberle querido dar Jorge Luis Borges se convierte en un símbolo. En concreto, y siguiendo la conceptuación dada por Gustavo Bueno, entenderemos Del rigor en la ciencia desde la perspectiva de los símbolos prácticos{64}. En esta dirección habría que considerar su naturaleza institucional. Del rigor en la ciencia, en cuanto símbolo práctico, habría sido producido por la actividad humana y a la vez, en cuanto símbolo sería el causante del propio referente al que simboliza. Por otro lado, también en cuanto símbolo, Del rigor en la ciencia, cumple la condición de tener una materialidad corpórea, que aunque no podamos decir que se trate de una materialidad corpórea fruto del facere, si puede entenderse desde el agere (como una alegoría). Así mismo, podemos acudir a la idea de ensamblamiento para confirmar su naturaleza simbólica. Finalmente, como característica determinante de Del rigor en la ciencia, en cuanto que símbolo, hay que destacar principalmente el hecho según el cual el objeto del símbolo, aquello a lo que el símbolo simboliza es «esencialmente indeterminado»{65}. Es esta, su ambigüedad u oscuridad, lo que caracteriza a todo símbolo práctico. Consecuentemente, habría que decir, por lo que respecta a Del rigor en la ciencia, que aquello a lo que alude el texto no es algo que sea consabido y que solamente haya que denotar. En efecto, la determinación de lo que simbolice Del rigor en la ciencia dependerá siempre de nuestra actividad práctica. En concreto, frente a otra práctica hermenéutica que se organizara en el contexto de otro objeto. Ahora bien, Del rigor en la ciencia es, como ya hemos dicho, una institución discursiva, una narración en la que aparecen ensamblados una serie de términos y relaciones cuya comprensión requiere su ensamblaje a través de un logos envolvente del mismo. En este sentido, no podremos decir que el propio Borges haya pensado en este significado, pero tampoco importa mucho esto, es decir, la consciencia o inconsciencia de Borges a propósito del significado de su texto forma parte de una más entre otras muchas posibilidades. Lo que interesa aquí es la interpretación victoriosa. De alguna manera, nuestra interpretación alegórica del texto de Borges quiere ser carta de fundación del símbolo en el sentido que defendemos del mismo. Pues bien, teniendo en cuenta la naturaleza simbólica de Del rigor en la ciencia –en cuanto que símbolo práctico– tendremos que construir un envolvente narrativo que dé cuenta de él como tal símbolo práctico. Nuestro punto de vista será entonces el del  circularismo gnoseológico{66}.

8. Del rigor en la ciencia en el contexto del sistema de familias gnoseológicas

Por de pronto, hay que advertir que caben al menos dos planos posibles de interpretación. Nos referimos al plano dado al mismo nivel que los dispositivos literales del texto –plano que llamaremos de primer grado– y el plano dado a un nivel de grado distinto al de los dispositivos literales del texto –al que llamaremos plano de segundo grado–. Podríamos decir que la interpretación de Bailly, Salazar y Núñez es una interpretación de grado uno, mientras que la interpretación que vamos a proponer aquí debería ser entendida como de segundo grado.

Según Bailly, Salazar y Núñez habría que suponer que Del rigor en la ciencia se refiere a la cartografía en cuanto una disciplina perteneciente al ámbito de las ciencias geográficas. Sus criterios de interpretación suponen ciertas esferas de poder político que controlan a las ciencias y entre ellas a las ciencias geográficas. El poder en su determinación de poder imperial (diapolítico) buscará extenderse utilizando el conocimiento geográfico –acaso resuenan los ecos de La geografía: un arma para la guerra de Lacoste{67} –. Implícitamente, la geografía –se estaría diciendo– es un arma para el imperio. El cuento de Borges habría tenido esto en cuenta y por ello cabría ver en la totalización geográfica del imperio a través de la cartografía un proyecto abocado al fracaso. El texto de Borges pondría esto de manifiesto mediante una fabulación que debería entenderse como una crítica al poder –una denuncia, se dirá– y a sus programas megalómanos.

Sin embargo, a nuestro juicio, esta interpretación pasa por encima de un componente crucial como es el mismo título{68}. No se puede obviar el título del texto, porque este título lo involucra con la idea de verdad de las disciplinas geográficas –dicho esto sin salir de la escala de grado uno en la que entendemos que si sitúa Bailly–. Así pues, la interpretación de Bailly, Salazar y Núñez resulta ser una reducción política o sociológica pero, a nuestro entender, insatisfactoria. Dese luego, se trata de una interpretación del microrrelato en términos alegóricos –no autogóricos–, pero considerando como referente la crítica a la cartografía y a «la utopía del mapa a escala 1/1»{69}. Se interpreta el texto desde la consideración de los imaginarios geográficos:

Por último, el notable escritor argentino Jorge Luis Borges también colabora a comprender que el mapa es un acuerdo social, subrayando los límites de la representación cartográfica. Cuenta en su Historia universal de la infamia (1935) (El Hacedor?) la historia de un grupo de cartógrafos que movidos por la sed de poder de un imperio decidieron hacer un mapa perfecto de su país, un mapa que diese cuenta cabalmente de su territorio. Para ello se entregaron a la tarea de elaborar aquel territorio en escalas cada vez más grandes, hasta llegar a tener algún día un éxito total con una representación perfecta, es decir, un mapa del territorio ¡en la escala de 1 a 1!{70}

Situados ahora en una perspectiva de segundo grado habrá que exigir que los términos literales que aparecen en el cuento de Borges digan una referencia alotética. Así mismo, incorporaríamos la consideración del título como parte de la misma interpretación. Suponemos, como venimos diciendo, que precisamente el título es el polo que orienta en un sentido gnoseológico todo el texto y que por tanto, la interpretación del mismo tiene que estar pensada en sus términos. El título pues, remitiría a la idea de verdad de manera que solo hablaremos de rigor científico cuando las ciencias nos remitan a determinadas construcciones que puedan ser entendidas como verdaderas. Desde la perspectiva del materialismo gnoseológico hablaremos de identidades sintéticas{71}. Supuesto que la geografía fuese una ciencia, habría que exigirle la condición de construcción de identidades sintéticas. Admitido el título como parte del discurso, tenemos que reinterpretar los términos literales como funciones de conceptos gnoseológicos que nos remitan a la idea de verdad en cuanto idea que está atravesando los diferentes campos gnoseológicos de las ciencias. Así pues, tendremos que identificar a los mapas, sin perjuicio de su escala, con la «forma» de las ciencias y el «territorio» (las ciudades, las provincias, el mismo imperio) con la «materia» de las ciencias.

A partir de aquí solamente hay que aplicar este esquema a las distintas partes del texto de Borges para obtener el sistema de familias gnoseológicas según que los diferentes valores sean concedidos a la materia o a la forma de las ciencias. Las diferentes teorías gnoseológicas son como sabemos, el adecuacionismo, el descripcionismo, el teoreticismo y el circularismo{72}. Consecuentemente, proponemos la tesis según la cual el texto de Borges supone precisamente la simbolización de las diferentes alternativas gnoseológicas y la apuesta –por parte de Borges– por una de ellas. Podríamos utilizar la misma estructura ternaria del ciclo noetológico para presentar las distintas alternativas en liza a la vez que la reflexión borgiana que las contiene. Esquemáticamente, la argumentación de Borges quedaría como sigue:

Etapas del circuito noetológico
en Del rigor en la ciencia
Sistemas de alternativas gnoseológicas en Borges –emic– desde la perspectiva del circularismo –etic–.

I Propuesta o proposición (de composición-segregación)

…En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el mapa del imperio, toda una Provincia.

Teoreticismo

La ciencia rigurosa busca la verdad como una perfección consistente en la construcción de formas (Mapa) que dan cuenta del territorio (materia) (0, 1). La escala nos permite sucesivas aproximaciones (cada vez más prefectas).

Circularismo

La perspectiva del circularismo, por supuesto, no podemos pensarla como ejercida por Borges. Borges –emic– estaría dando cuenta del sistema de alternativas que supone la contraposición entre teoreticismo, adecuacionismo y descripcionismo. El conjunto de estas tres alternativas solo desde la perspectiva –etic– circularista puede ser pensado, como negación de todas ellas.

II Contraposición

Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisfacieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.

Adecuacionismo

Pero este tipo de mapas (por aproximación según la escala) resultan insatisfactorios. La verdad en la ciencia solo se conseguiría con un mapa (Forma) del tamaño del Imperio (Materia) (1, 1). Pero de aquí resultan dos vías irreconciliables:

a) Vía del regressus (de las partes al todo): teoreticismo (0, 1).

b) Vía del progressus (del todo a las partes): descripcionismo (1, 0).

III Resolución

Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Descripcionismo

Desechada la propuesta del teoreticismo (0, 1), tampoco es satisfactoria la respuesta que por contraposición ofrece el adecuacionismo isomorfista (1, 1) porque en el regressus vuelve a contener al teoreticismo. Por lo tanto como resolución tan solo nos queda la opción del descripcionismo (1, 0). El planteamiento adecuacionista es inútil. Lo importante es el territorio (materia). Así, se explicaría el famoso nominalismo de Borges a este respecto.

Así pues, ya desde el mismo título, Borges nos remite a una cuestión a todas luces gnoseológica{73}. Sin embargo, el texto de Lewis Carroll se mueve en el nivel de la propia ciencia cartográfica, sin perjuicio de que la paradoja a que nos somete pueda ser interpretada en nuestros términos. Al encabezar el relato haciendo alusión a las ideas de ciencia y verdad comienza a movilizar argumentos que sin duda nos remiten a una escala gnoseológica. Ante todo, las primeras ideas que salen al paso son las ideas de materia y forma, de suerte que el rigor científico del que se habla podría ser interpretado como una suerte de articulación de la materia y la forma de las ciencias.

Borges comienza diciendo que hay un imperio donde florece el arte de la cartografía con un gran nivel de perfección, consistente en la construcción de mapas con escalas cada vez más próximas a la verdad. Aunque pueda parecer que estamos ante una primera simbolización del adecuacionismo, por lo que veremos más adelante, debemos interpretar esta propuesta o posición como un símbolo del teoreticismo. La perfección nos remitiría a la forma, es decir, a los mapas y la verdad de los mismos; no se trata de un isomorfismo sino de una relación de escala. El mapa, es la función de la forma. La escala, desde luego, es traída aquí mediante la alusión al tamaño del mismo: «el mapa de una provincia ocupa una ciudad». Pero en todo caso, lo determinante es el mapa, o sea, la forma. Cada nuevo mapa es un modelo cada vez más perfecto, y la perfección viene dada por la escala. Lo importante sería aquí la relación que supone la escala porque ella podrá ser considerada como una función proposicional. Como función no es ni verdadera ni falsa, la verdad consistirá en las sucesivas perfecciones. La escala servirá de regla para mapas cada vez más perfectos. Así pues, desde esta perspectiva teoreticista la verdad no es empírica.

Ahora bien, Borges da un paso más y nos introduce en la etapa noetológica de contraposición como ya ha sido expuesto. Tenemos, por nuestra parte, que volver a interpretar los términos. Parece ser que el sistema de acercamiento por escalas cada vez mayores no sirve; o, lo que es lo mismo, que los modelos teoreticistas son insatisfactorios porque no tienen conexión con el territorio, es decir, los términos referenciales. Por lo que se pide un ajuste entre el mapa y el territorio. Entonces se busca un mapa del imperio (forma) que tenga el tamaño del imperio (materia). Dicho de otra manera, un mapa del imperio isomorfo con el mismo imperio (materia). Los valores de materia y forma reproducen los valores de la escala 1/1 (1,1). Estamos, por tanto, ante una de las alternativas al teoreticismo, es decir, el adecuacionismo. El adecuacionismo se basa en el desdoblamiento de la realidad, en el mapa, por un lado, y el territorio, por otro. Repárese ahora en que esta operación de Borges es la que mayor fidelidad mantiene en relación con el texto de Carroll (en Borges: «un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él»; en Lewis Carroll: «Hicimos un mapa del país, en serio, ¡a una escala de una milla por milla!») a la vez que disimula u oculta las coordenadas de escala. Sin embargo, no podemos perder de vista que esta perspectiva adecuacionista, en cuanto es formulada, se desdobla en dos vías las cuales suponen una sustantificación simultánea de la materia y la forma. Dos vías contradistintas que siguen dos trámites opuestos, el regressus y el progressus respectivamente. La vía del regressus, de alguna manera, supone ir de las partes al todo. El todo aquí es la forma (mapa) que desempeña las funciones de totalización. Estaríamos recayendo de nuevo en el teoreticismo (0,1). La otra vía es la del progressus, que va del mapa al territorio. Es interesante observar que quien totaliza aquí es el territorio que es la explicación del mismo mapa (1,0). Se ve muy bien en Carroll cuando dice: «De modo que en la actualidad usamos el propio campo, como mapa…». Por supuesto, estamos en el punto de vista descripcionista.

Finalmente, Borges, que nos había introducido en la tercera etapa noetológica, quiere imponer su punto de vista. En este nuevo contexto y siguiendo con la interpretación simbólica que estamos llevando adelante suponemos que Borges toma partido por el descripcionismo –que por otra parte es el punto de vista de Lewis Carroll–, declarando la inutilidad de todo mapa (forma) del que solamente permanecerían algunas reliquias del mismo; un procedimiento que, de nuevo, guarda una gran similitud con Carroll (en Lewis Carroll: «De modo que en la actualidad usamos el propio campo, como mapa, y le aseguro que funciona casi igual de bien.»; en Borges: «en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas»). Y sobre todo porque las alusiones van dirigidas hacia la materia (desiertos). En todo caso, hay que hacer hincapié en la idea de que toda la construcción borgiana se mueve en esquemas de conexión metamérica. Las ideas de materia (ciudad, provincia, imperio) están tomadas globalmente, acaso por la elección de los propios términos simbólicos. De ser cierta nuestra interpretación, se entendería mucho mejor la famosa postura nominalista de Jorge Luis Borges, tanto como el hecho de que ciertos autores posmodernos caigan rendidos a sus pies.

9. Final

Tras este breve ensayo de comentario de la minificción o microrrelato de Borges se confirma que la interpretación de los geógrafos, en cuanto que geógrafos, adolece de la ausencia de unas coordenadas hermenéuticas apropiadas para entenderla correctamente. La interpretación de Bailly, Salazar y Núñez es demasiado evidente y no agota ni mucho menos el simbolismo de Del rigor en la ciencia. Además ejerce el supuesto, por otra parte erróneo, según el cual el significado de «mapa» habría de remitirnos siempre a la acepción geográfica del mismo. Pero muy diversas categorías, según su propia escala gnoseológica, tienen que ver con los mapas, que ni siquiera son reducibles a mapas geográficos. Los mapas de distribución de la población mundial son mapas geográficos y también lo son los mapas de la civilizaciones según los medios biológicos y los mapas de civilizaciones según los materiales y el desarrollo de las formas de construcción tal y como fueron presentados por Vidal de la Bache en su obra Principes de géographie humaine{74}. Los mapas históricos como por ejemplo los escenarios estratégicos o los mapas de difusión de instituciones económicas no son mapas geográficos más que en un sentido débil. Numerosas ciencias tienen que ver con los mapas internamente sin que ello signifique que estemos en el campo gnoseológico de la geografía: las ciencias biológicas utilizan mapas de distribución de dominios florísticos y de especies vegetales, la geología utiliza mapas de localización de diferentes tipos de rocas o en los que se representan los contactos entre las placas tectónicas. Podríamos decir, parafraseando las palabras de Aristóteles que el mapa se dice de muchas maneras. «Mapa» es un término sincategoremático.

No descartamos la posibilidad de entender Del rigor en la ciencia como un mapa analógico. El relato de Borges que hemos analizado sería un mapa analógico de la especie de los mapas anicónicos constituidos por «secuencias de palabras o de letras que pretenden esquematizar conspectivamente los contenidos de un campo en cuanto distinto de otros»{75}. En concreto el mapa consistiría aquí en la representación del sistema de familias gnoseológicas sobre la ciencia. Si podemos hablar de un sistema de alternativas gnoseológicas sobre la idea de ciencia ello se debe a que desde nuestro punto de vista estamos ejerciendo la cuarta alternativa diamérica sobre las relaciones entre la materia y la forma, es decir, el circularismo. Esta perspectiva es de alguna manera exigida por la perspectiva dialéctica que en la que estamos. Desde el circularismo entenderemos las alternativas descripcionista, teoreticista y adecuacionista como insuficientes y puramente fenoménicas. Así mismo, desvelamos la insuficiencia de la alternativa descripcionista ejercida por el propio Borges para entender la dialéctica entre la materia y la forma de las ciencias.

El cuento de Borges, atendiendo a su significado literal, tiene una estructura racional cuyas distintas etapas y fases guardan gran paralelismo con otras instituciones discursivas como los sonetos de Lope o el teorema L, 1de Euclides. La semejanza entre el texto de Borges y el de Lewis Carroll pone de manifiesto las operaciones que aquel ha llevado a cabo para construir Del rigor en la ciencia. No obstante hay una diferencia clave entre ambos textos que ahonda en la concepción gnoseológica escéptica de Borges. Mientras Borges parece regresar a una perspectiva en la que no se valora el papel del sujeto operatorio en la medida en que vuelve al «territorio» mismo (materia)  como fuente de toda verdad («En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.»), Lewis Carroll parece introducir la perspectiva del sujeto operatorio en el contexto de los referenciales gnoseológicos con los que ha de operar («Así que ahora utilizamos el propio país, como su propio mapa, y te aseguro que funciona casi tan bien.»).

Del rigor en la ciencia acaso podría interpretarse también en un sentido ontológico según el cual refleja la imposibilidad de todo mapamundi. Pero Borges aquí volvería confundir el concepto de mapa unívoco con la idea de mapa análogo. La idea de Ego transcendental estaría construida desde una perspectiva psicológica como se pondría de manifiesto en el epílogo de El Hacedor: «Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara»{76} la misma enumeración de cosas que aparecen dibujadas nos remite a un laberinto y al rostro del propio demiurgo. En otras narraciones como en La Biblioteca de Babel{77} nos pone ya ante la pista de los intereses ontológicos. También la biblioteca de babel se identifica con el mismo universo, («El universo (que otros llaman Biblioteca) se compone…»). Pero el universo es el lenguaje en su condición de significante y nada tiene que ver con las cosas mismas. Parece como si Borges estuviese considerando estas cuestiones exclusivamente bajo el aspecto de la suposición material y no bajo la suposición formal. Pero los mapas solo asumen su significado en suposición formal{78}.

Pola de Laviana, 3 de agosto de 2025

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{1} Aunque es cierto que La torre de Babel (1563) de Pieter Brueghel el Viejo se inspira a su vez en el conocido pasaje bíblico del Génesis, hay que situarla en la tradición inaugurada por los libros iluminados del siglo VI. Hay estrechas similitudes entre el relato de la torre de Babel y el relato Del rigor en la ciencia: en ambos casos nos encontramos con un proceso de tres etapas; en las dos hay cierta circularidad que nos devuelve en cierta manera al momento inicial; los dos casos nos conducen a situaciones paradójicas: la torre de Babel es la imposibilidad de una lengua universal, Del rigor en la ciencia es la paradoja del mapa isomorfo con el territorio. La torre de Babel de Brueghel el Viejo podría ser vista como la representación del momento noetológico de la contraposición al que nos referiremos más adelante.

{2} Utilizamos aquí los rótulos «ensayos metodológicos» y «reflexiones teóricas» en el sentido emic (véase Gustavo Bueno, Nosotros y ellos, Pentalfa, Oviedo 1990, 128 págs.); sentido al que nos remite la perspectiva de los geógrafos, en su taller, cuando se vuelcan sobre su propio hacer. Pero en realidad tales ensayos y reflexiones deben ser entendidos como reflexiones de carácter «metageográfico». En cierta manera, son partes del campo de la geografía, pero a la vez suponen el ejercicio de determinadas ideas antropológicas, ontológicas, epistemológicas, gnoseológicas, &c., lo que nos devuelve al ámbito filosófico. David Harvey ha utilizado un concepto de metodología muy próximo al sentido de una reflexión gnoseológica sobre las ciencias (David Harvey, Teorías, leyes y modelos en geografía, Alianza Universidad Textos, Madrid 1983, 499 págs.). Otras veces, los geógrafos usan el término «teoría» cargado del mismo sentido gnoseológico que hemos querido ver en Harvey.

{3} Cuando hablamos de «mirada geográfica» tampoco presuponemos que los geógrafos tengan un acceso especial a las morfologías constitutivas del mundo. Son abundantes los geógrafos que creen decir algo con tal expresión u otras afines. En el libro de Alexander B. Murfi, Geografía, ¿por qué importa?, encontramos sintagmas más o menos del mismo formato: «con visión geográfica», «reflexión geográfica», «a través de la lente geográfica», «razonamiento geográfico elemental», «en términos geográficos», &c. Si se concede que la geografía es una ciencia –para ser más exactos, la geografía humana– esa mirada será la propia escala constitutiva de su campo gnoseológico. En todo caso, la noción de mirada geográfica podrá entenderse teniendo en cuenta el eje pragmático de la geografía en relación con el sector de los fenómenos (véase Gustavo Bueno, ¿Qué es la ciencia? La respuesta de la teoría del cierre categorial, Pentalfa, Oviedo 1995, 112 págs.).

{4} Lo que no significa que desde las diferentes categorías literarias no se haya prestado atención a la geografía –sea entendida con minúsculas, como espacio geográfico, sea entendida con mayúsculas, en cuanto que disciplina científica–. Los ejemplos son numerosos, empezando por el del propio Jorge Luis Borges, quien en sus extensa obra toca, como ha demostrado Horacio Capel (Horacio Capel, Dibujar el mundo. Borges, la ciudad y la geografía del siglo XXI, Ediciones del Serbal, Barcelona 2001, 160 págs.), numerosos temas de naturaleza geográfica de forma muy sugerente. Recordemos también sencillamente, a titulo de ejemplos propios, los famosísimos libros de viaje de Camilo José Cela y Juan Goytisolo sobre La Alcarria y Níjar, respectivamente, o, extraños, la novela El mapa y el territorio de Michel Houellebecq (Michel Houellebecq, El mapa y el territorio, Anagrama, Barcelona 2011, 377 págs.) y la colección de breves relatos de Italo Calvino Las ciudades invisibles (Italo Calvino, Las ciudades invisibles, Siruela, Madrid 2003, 183 págs.). Parece como si entre geografía y literatura hubiera una especial conexión que habría que remontar a los oscuros tiempos de la Grecia arcaica.

{5} Dice Alexander B. Murphy «Leyendo a novelistas como Bárbara Kingsolver, James Michener y George Orwell comprendemos mejor las interconexiones que hacen de los distintos lugares lo que son.» (Véase Alexander B. Murphy, Geografía, ¿por qué importa?, Alianza Editorial, Madrid 2020, pág. 80-81).

{6} De un tiempo a esta parte, es muy interesante observar la proliferación de una gran variedad de términos con los que se pretende el aggiornamento «metodológico» –o «teórico»– de la geografía humana. Desde nuestra perspectiva, la cuestión es la de si tales barnices procuran el calado gnoseológico que se les espera. «Giro espacial» e «imaginarios de la geografía» forman parte de la amplia panoplia de novedades actuales. Una panoplia, por otra parte, tan oscura y confusa como heterogénea.

{7} Desde luego,  estos ejemplos nada descubren. El interés de los geógrafos por la literatura no es cosa de ahora ni algo que provenga allende los Pirineos. Carlos Carreras nos recuerda cómo el uso de textos literarios es frecuente en los trabajos de investigación y en los ensayos de los geógrafos tanto «para encabezar un artículo o un capítulo de un libro» como para «el análisis de textos como fuentes de información sobre lugares…» (pág. 163). La llamada geografía humanista sería en este sentido uno de los enfoques geográficos que hoy más acuden al encuentro con la literatura (véase Carles Carreras, «El uso de los textos literarios en geografía», en Aurora García Ballesteros, (coord.), Métodos y técnicas cualitativas en geografía social, Oikos-Tau, Barcelona 1998, págs. 163-176.). Así mismo, Joan Tort, en su trabajo sobre Pla, distingue entre el uso de la literatura como fuente de información y como objeto directo de estudio (véase Joan Tort i Donada, «La literatura com a font de recerca geogràfica: notes sobre la significació de l’Empordá en l’obra de Josep Pla», Revista de Geografía, número 21, 1992, págs. 57-66.).

{8} El libro de David Harvey es un interesante estudio sobre el París revolucionario de 1870 (véase, David Harvey, París, capital de la modernidad, Akal, Madrid 2006, 458 págs.) en el que se movilizan materiales tomados de distintas canteras, entre ellas la literaria. Balzac será una fuente de información inexcusable. Sin duda, esta obra puede ser comparada con el famoso libro de Carl E. Schorske La Viena de fin de siglo (Schorske Carl E., La Viena de fin de siglo, política y cultura, Siglo XXI, Buenos Aires 2011, 376 págs.). La reconstrucción que Schorske realiza de la Ringstrasse puede compararse con la que Harvey hace de la construcción de la basílica del Sacré-Coeur.

{9} Dese las coordenadas filosóficas que estamos ejercitando en este trabajo es de un interés crucial diferenciar claramente la escala de las operaciones. Todas las ciencias suponen la movilización de distintos sistemas de operaciones. En este sentido, las ciencias humanas y etológicas, desde un punto de vista etiológico, son iguales que las llamadas ciencias naturales. Sin embargo, cuando introducimos el punto de vista temático se distancian de estas porque en sus campos nos encontramos con operaciones análogas a las del sujeto gnoseológico. Cuando Harvey analiza los episodios revolucionarios del París de 1870 se mantiene a la misma escala operatoria que los revolucionarios que formaban parte de las trincheras hasta el último momento. Otro tanto diríamos de los análisis de Schorske sobre la remodelación urbanística de Viena a fines del siglo XIX.

{10} Gustavo Bueno, «La Colmena, novela behaviorista», El Basilisco, (Segunda época), número 2, 1989,   págs. 89-97.

{11} Pero, acaso, tampoco una actitud crítico literaria según la costumbre de los filólogos. Decimos esto sin perjuicio de los estupendos análisis de relevancia geográfica que Harvey elabora echando mano de una interesante cartografía sobre París en plena transformación urbanística.

{12} Véase Eduardo Martínez de Pisón, La montaña y el arte. Miradas desde la pintura, la música y la literatura, Fórcola, Madrid 2017, 614 págs. Advirtamos –de paso– de la justificación del libro en términos de cultura circunscrita. Desde nuestro punto de vista este tipo de criterios son puramente metafísicos por su oscuridad (en Gustavo Bueno, El mito de la cultura, Pentalfa, Oviedo 2016, 353 págs., podemos ver un análisis en forma del mito de la cultura y más en concreto de la idea de cultura circunscrita.). Por otro lado, cabe reconocer cierto aire de familia entre las tesis sobre la cultura ejercidas aquí por Martínez de Pisón y las vertidas por Ortega Cantero en su libro sobre geografía y cultura (Nicolás Ortega Cantero, Geografía y cultura, Alianza Editorial, Madrid 1987, 116 págs.).

{13} Eduardo Martínez de Pisón, La montaña y el arte. Miradas desde la pintura, la música y la literatura, Fórcola, Madrid 2017, pág. 13.

{14} También Martínez de Pisón ha dedicado un ensayo a la obra de Julio Verne desde la perspectiva de la geografía física (Eduardo Martínez de Pisón, La Tierra de Jules Verne. Geografía y aventura, Fórcola, Madrid 2014, 393 págs.).

{15} Estos argumentos se repiten en el artículo de Carles Carreras citado en la nota 4. Sin embargo, no está nada claro que lo que se propone desde los mismos sea más propio de la geografía en cuanto ciencia que de otras disciplinas científicas. Y esto lo decimos estando plenamente de acuerdo con tales tesis. Sin embargo, la reconstrucción y reorganización de una ciencia nada tiene que ver con estas cuestiones, que son completamente adventicias.

{16} Marcella Schmidt, Mario Neve & Rosa Cerarols Ramírez (eds.), Claude Raffestin. Territorio, frontera, poder, Icaria,  Barcelona 2018, 302 págs.

{17} Así mismo, Jorge Luis Borges resultaría también una vaca sagrada para uno de los principales adalides de la geografía postmoderna como Edward William Soja. Según Soja, El Aleph, cuento conocidísimo del ínclito Borges,  vendría a ser un perfecto modelo heurístico de la cosmópolis moderna: «Comprender la cosmópolis, el lugar donde se globaliza lo local y al mismo tiempo se localiza lo global, es una tarea difícil e interesante. Contemplando de nuevo este desafío, recuerdo las palabras de Jorge Luis Borges, cuyo relato “El Aleph”, ya utilice una vez para caracterizar el Los Ángeles contemporáneo» (véase Edward W. Soja, «Los Ángeles, 1965-1992: de la reestructuración generada por la crisis a la crisis generada por la reestructuración», en Benach, Nuria & Albet, Abel (eds.), Edward W. Soja. La perspectiva postmoderna de un geógrafo radical, Icaria, Barcelona 2010, pág. 145.). Aprovechamos para señalar que no se puede ejercer un concepto más metafísico de la idea de globalización como el que Soja mantiene aquí. Seguramente estas cuestiones pueden ser acometidas desde la idea de estructuras metafinitas de Gustavo Bueno.

{18} Marcella Schmidt, Mario Neve & Rosa Cerarols Ramírez (eds.), opus cit.,  pág. 61.

{19} La trayectoria científica de Horacio Capel puede verse en su autobiografía. Con la distancia que permite el paso del tiempo, cabría ver a Capel no solo desde la perspectiva de un geógrafo más o menos relevante en el panorama geográfico hispanoamericano (Nuria Benach & Ana Fani Alessandri Carlos (eds.), Horacio Capel. Pensar la ciudad en tiempos de crisis, Icaria, Barcelona 2016, 300 págs.) sino también desde la perspectiva de un polígrafo que habría sabido contemplar el «punto de vista geográfico» en ámbitos muy variados (Horacio Capel, Azares y decisiones. Recuerdos personales, Doce Calles, Madrid 2019, 333 págs.).

{20} Horacio Capel, Dibujar el mundo. Borges, la ciudad y la geografía del siglo XXI, Ediciones del Serbal, Barcelona 2001, 160 págs. El libro agrupa trabajos muy heterogéneos entre artículos geográfico-urbanísticos y ensayos más bien metodológicos. Acaso una manifestación más de la deriva «interdisciplinaria» de la geografía humana.

{21} Ibidem, págs. 9-64.

{22} Ibidem, págs. 151-160.

{23} Ibidem, pág. 7.

{24} Ibidem, pág. 9.

{25} Nuestras premisas parten del supuesto según el cual la filosofía es un saber de segundo grado. La distancia que media entre la filosofía y la geografía es la distancia existente entre los conceptos científicos y las ideas filosóficas.

{26} Horacio Capel, Dibujar el mundo. Borges, la ciudad y la geografía del siglo XXI, Ediciones del Serbal, Barcelona 2001, pág. 154.

{27} Antoine Bailly, Alejandro Salazar & Andrés Núñez, Viaje por la geografía. Una Geografía para el mundo. Una geografía para todo el mundo, Ril Editores, Barcelona 2018, 153 págs.

{28} Se deja traslucir en esta visión de los vínculos entre mapa y poder cierta concepción ingenua del significado de los mapas. Efectivamente, los mapas siempre han estado relacionados con el poder –claro, con el poder en el sentido de poder político–, pero el significado de los mapas no se reduce a sus vínculos con el poder. Los imperios han necesitado de mapas tanto como la cartografía se ha desarrollado a través de los mismos. La geografía siempre ha sido un arma para la guerra y cuando se arroja esta característica como una novedad o como si fuera el descubrimiento del arcano se desvela un «secreto a voces». Pero, en todo caso, hay que tener en cuenta la doble dirección del poder a través de sus capas y ramas. Por otro lado, estas opiniones de Bailly, Salazar y Núñez adolecen una concepción univocista de mapa.

{29} En rigor, la expresión «científicos sociales» viene a querer remitir a un conjunto de ciencias que tendrían como «objeto de estudio» a «la sociedad» –otras veces, con un conocido tufo metafísico, «lo social»–. Serían ciencias sociales la economía, la sociología, la geografía, la historia o la antropología; pero ya no lo serían la filología o la lingüística. Más difícil veríamos la adscripción a este conjunto de disciplinas como la historia del arte y sus auxiliares o la historia de la literatura, que habría que entender ante todo como ciencias culturales. Hemos utilizado este sintagma queriendo reproducir las propias autoconcepciones emic de los geógrafos. Desde la perspectiva del materialismo filosófico, sería más correcto hablar de ciencias humanas y etológicas cuyo fundamento gnoseológico está más ajustado a su morfología.

{30} Como se verá en adelante, la tesis que vamos a defender a propósito Del rigor en la ciencia supone que los geógrafos en la oscuridad de su taller, y sin perjuicio de los brillantes resultados de su labor como científicos, deambulan entre sombras en lo referente a la naturaleza de su ciencia –y de la ciencia en general–. Acudir a Borges es como agarrarse a un clavo ardiendo, pues significa querer despejar la confusión con mayores dosis de oscuridad, y viceversa –¡hay que mirar bien antes la escoba con la que se barre!–.

{31} Gustavo Bueno ha definido la noetología como el lugar intermedio entre la Lógica y la Psicología (Gustavo Bueno, El papel de la filosofía en el conjunto del saber, Ciencia Nueva, Madrid 1970, 319 págs.). La noetología pretende «ofrecer un marco absolutamente general para comprender la dinámica de la conciencia científico-filosófica y racional en general, en tanto que dotada de una estructura procesual interna, que, procediendo de ciertos saberes, plantea preguntas e intenta resolverlas» (pág.166). En  El papel de la filosofía en el conjunto del saber el método noetológico ha sido establecido conforme a una axiomática estructurada en tres fases (I. Axioma de la composición idéntica; II. Axioma de la contradicción; III. Axioma de la asimilación o neutralización de la contradicción.) (págs. 168-192). Posteriormente, en otras obras como «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones» (Gustavo Bueno, «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», El Basilisco, número 37, 2005 págs. 3-50.) ha reformulado esta axiomática ligándola a la racionalidad de las instituciones antropológicas. Más tarde, en otros trabajos, Bueno aplicó los criterios del circuito noetológico a la racionalidad geométrica y a la poesía (Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2; Gustavo Bueno, «Poesía y Verdad», El Catoblepas, número 89, 2009, pág. 2. <https://nodulo.org/ec/2009/n089p02.htm> [Consulta: 31 de julio de 2025]). Este trabajo pretende ajustarse precisamente a estos parámetros.

{32} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{33} Jorge Luis Borges, Obras completas II, 1941-1960, Círculo de Lectores, Barcelona 1992, pág. 443.

{34} Lauro Zavala, «Las elipsis del narrador fractal: el rigor en “Del rigor en la ciencia” de J. L. Borges», La Colmena, número 29, 2017, págs. 18-22.

{35} Para entender con mayor profundidad el concepto de institución antropológica, véase Gustavo Bueno, «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», El Basilisco, número 37, 2005 págs. 3-50.

{36} Entre las características de las instituciones antropológicas, debemos destacar, por lo que se refiere a nuestros intereses hermenéuticos, la racionalidad. Todas las instituciones son intrínsecamente racionales. Precisamente la racionalidad institucional es lo que caracteriza a los seres humanos frente a los animales. La condición de microrrelato acaso le venga dada de su naturaleza institucional en cuanto que institución discursiva.

{37} Lewis Carroll, Silvia y Bruno, Akal, Madrid 2013, 580 págs.

{38} Ibidem, pág. 423.

{39} El propio Jorge Luis Borges, en el prólogo de El jardín de los senderos que se bifurcan, dice a propósito de La biblioteca de Babel: «los curiosos de su historia y de su prehistoria pueden interrogar cierta página del número 59 de Sur, que registra los nombres heterogéneos de Leucipo y de Lasswitz, de Lewis Carroll y de Aristóteles» (véase Jorge Luis Borges, Obras completas II, 1941-1960, Círculo de Lectores, Barcelona 1992, pág. 17).

{40} Aprovechamos esta nota para hacer unas breves observaciones a propósito de la llamada «creación literaria» y por extensión de la «creación artística». El vínculo entre ambos textos pondría de manifiesto que el proceso de creación artística es ante todo un proceso constructivo, quirúrgico, que involucra operaciones de los sujetos con objetos. En Del rigor en la ciencia se observan claramente las huellas –las reliquias– del texto de Lewis Carroll hasta el punto de que permite extrapolar las operaciones que el propio Borges hubo de ejercer en el texto de Carroll para transformarlo; por supuesto, Borges habría acudido a otras tradiciones literarias, incorporando rasgos suyos en este microrrelato, pero el sustrato principal nos remite sin duda a la institución holomorfa de Lewis Carroll. Desde el materialismo filosófico entendemos este proceso de producción –nunca de creación– artística en términos de finalidad proléptica. El artista o el escritor deberá ser entendido como un sujeto operatorio que en cierta manera estará siendo conducido en la construcción del nuevo objeto artístico por las líneas inscritas en el modelo preexistente –y no en una suerte de espiritualidad creativa interior (mental)–, expresión de la subjetividad, de la clase social o del espíritu del pueblo. Dicho con otras palabras, solo el influjo del texto de Lewis Carroll en cuanto que institución holomorfa, a través de las operaciones de Borges, nos pone en la pista de una verdadera «compresión» de la minificción, o nanorrelato, de Del rigor en la ciencia. El proceso completo deberá ser entendido como un encadenamiento de anamnesis y prolepsis consecutivas –autológicos y dialógicos–. Muy lejos, por tanto, de los supuestos mecanismos mentales a los que nos tiene acostumbrados la psicología ficción (véase Gustavo Bueno, «Ensayo de una teoría antropológica de las ceremonias», El Basilisco (Primera época), número 16, 1984, págs. 8-37).

{41} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{42} Gustavo Bueno, sin embargo, rebasa el plano retórico en el que se moverían las seis fases propuestas por Proclo interpretándolas desde la perspectiva del ciclo noetológico. En este sentido, es necesario advertir  que las tres etapas constitutivas del ciclo noetológico no pueden reducirse al esquema, por ejemplo, «enlace», «nudo» y «desenlace», que puede observarse tanto en Del rigor en la ciencia como en el texto de Lewis Carroll. Acaso desde las etapas del ciclo noetológico pueden verse dialécticamente las tres fases de «enlace», «nudo» y «desenlace» pero no al revés.

{43} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025]. En realidad, Del rigor en la ciencia, sobrepasa los catorce versos de un soneto en algo más de un largo estrambote. Sin embargo, en lo fundamental, esta circunstancia no parece que afecte al texto borgiano en cuanto que institución discursiva.

{44} Ibidem.

{45} Jorge Luis Borges, opus cit., pág. 451.

{46} Si comparamos Del rigor en la ciencia con el texto de Lewis Carroll observamos una serie de líneas que los diferencian pero también ciertos puntos en común. Efectivamente, llama la atención que el primero se presenta bajo la forma de una narración en estilo indirecto mientras que el segundo utiliza el estilo directo dialogado. Si en el primero el narrador está presente a lo largo de toda la historia, en el segundo el narrador solo aparece ocasionalmente para decirnos qué personaje interviene ahora o después. Con todo, los autores a utiliza tiempos verbales en paralelo: el primero es el dominio del pretérito imperfecto, pero coinciden en el uso del pretérito perfecto simple y del presente. Desde estos presupuestos, se observaría que Del rigor en la ciencia, es una narración sin más pretensiones que las puramente estilísticas (en este sentido véase Lauro Zavala, «Las elipsis del narrador fractal: el rigor en “Del rigor en la ciencia” de J. L. Borges», La Colmena, número 29, 2017, págs. 18-22). Pero precisamente a partir de los puntos en común con el texto de Lewis Carroll podríamos corregir esta interpretación. Ambos textos tienen en común el tema tratado y la estructura ternaria del mismo. El paralelismo entre ambos es sorprendente hasta el punto que es difícil entender la lectura de uno sin tener presente el otro. Apoyándonos en el texto de Lewis Carroll podemos interpretar el texto de Borges plenamente como una institución discursiva. Añadamos además que Borges incluye un título que facultaría esta interpretación. Finalmente, tomados ambos textos como instituciones holomorfas, debemos destacar el hecho según el cual en Del rigor en la ciencia aparece la referencia del autor, Suárez Miranda. Evidentemente, se trata de un autor apócrifo que, de la misma manera que Epiméndes el cretense, invalidaría la verdad del propio texto en virtud de su propia inexistencia, que Borges finge tomar de su libro de viajes. Nos hallaríamos ante un conjunto de paradojas encapsuladas que harían de esta narración una construcción metaficcional. Ahora bien, si nos enredamos en estas cuestiones es porque presuponemos que el objeto de este texto es un objeto determinado o, dicho con otras palabras, porque pensamos que el texto ha de simbolizar algo y que tal objeto simbolizado es un objeto determinado existente con independencia del texto. Solo cabría descubrir el objeto simbolizado. Pero si lo que ocurriese fuera que tal objeto no existe hasta que es determinado –construido– por el propio símbolo, las paradojas desaparecerían completamente.

{47} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{48} Ibidem.

{49} Ibidem.

{50} Véase la nota número 29.

{51} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{52} Gustavo Bueno, «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», El Basilisco, número 37, 2005 págs. 3-50.

{53} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{54} Gustavo Bueno, «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», El Basilisco, número 37, 2005 págs. 3-50.

{55} Ibidem.

{56} Ibidem.

{57} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{58} Ibidem.

{59} Véase nota número 36.

{60} A la hora de realizar un mapa, hay que tener en cuenta la esfericidad de la Tierra. Es necesario proyectar la esfera terrestre sobre un globo esférico de un determinado tamaño según el mapa que queramos conseguir. De esta manera, obtendremos un modelo o «globo de referencia» perfecto. La escala medirá entonces la diferencia entre la esfera terrestre y el globo de referencia. Para obtener la escala no tendremos más que dividir el radio del globo de referencia por el radio de la Tierra. Consiguientemente, si el radio del globo modelo mide 25 cm y el radio de la Tierra, como sabemos, es de 6.371 km, la escala será 25 cm/6.371 km, o sea 1/25.484.000. Esto se leerá como que cada centímetro en el mapa representa 25.484.000 cm en la superficie terrestre o, lo que es lo mismo, 2.548,4 km. Como se ve, en el relato de Borges –pero también en el de Lewis Carroll– se sugiere la idea de realizar un mapa cuyo nivel de perfección sea cada vez mayor. Pero la perfección a la que se alude no solo es la perfección tecnológica consistente en la constitución de la cartografía a través de las matemáticas, pues se hace también referencia a la «realidad». En ambos textos, aparte de cuestiones gnoseológicas se estarían sugiriendo asuntos de carácter ontológico con relación a la idea de mapamundi (Gustavo Bueno, El Ego transcendental, Pentalfa, Oviedo 2016, 348 págs.). En rigor, la consecución tecnológica de un mapa perfecto de la Tierra en el sentido de la representación de la esfera en un plano es imposible, porque la suma de los ángulos de un triángulo esférico de cualquier tamaño y forma es siempre mayor que p: «Aunque a lo largo de la historia los cartógrafos no pudieron construir esos mapas ideales de la Tierra, tampoco pudieron demostrar que no fuese posible diseñarlos hasta que el matemático suizo Leonhard Euler lo probó haciendo uso del anterior argumento en su trabajo  De representatione superficiei sphaericae super plano (artículo presentado en la Academia de Ciencias de San Petesburgo en 1775 y publicado en Acta Academiae Scientiarum Imperialis Petropolitanae) (véase Raúl Ibáñez, El sueño del mapa perfecto. Cartografía y matemáticas, RBA, Navarra 2010, 175 págs.). La perfección de la que habla aquí Borges es por lo tanto un asunto filosófico.

{61} Por supuesto tampoco el mapa de escala 1/1 es posible. Como dice Harvey: «Las relaciones entre los mapas y el terreno constituye un buen ejemplo de relaciones homomórficas, en tanto que a cada elemento en el mapa le corresponde un elemento en el terreno (pero el terreno contiene muchos elementos no registrados en el mapa) y cada relación geométrica que aparece en el mapa también tiene lugar en el terreno (es decir, en lo que se refiere a la distancia física), pero hay muchas relaciones geométricas que existen en el terreno que no aparecen en el mapa.» (Véase David Harvey, Teorías, leyes y modelos en geografía, Alianza Editorial, Madrid 1983, pág. 468.)

{62} Gustavo Bueno, «Poemas y Teoremas», El Catoblepas, número 88, 2009, pág. 2.  <https://nodulo.org/ec/2009/n088p02.htm>; [Consulta: 31 de julio de 2025].

{63} La distinción entre interpretaciones autogóricas e interpretaciones alegóricas quiere acogerse a los criterios de análisis propuestos por Gustavo Bueno en España no es un mito (Gustavo Bueno, «Don Quijote, espejo de la nación española», en España no es un mito, Claves para una defensa razonada, Temas de hoy, Barcelona 2005,  págs. 241-290.). En cierta manera la interpretación de Lauro Zavala según la cual Del rigor en la ciencia sería una suerte de minificción metaficcional podría ser interpretada, a su vez, desde el punto de vista autogórico (Véase Lauro Zavala, «Las elipsis del narrador fractal: el rigor en “Del rigor en la ciencia” de J. L. Borges», La Colmena, número 29, 2017, págs. 18-22.).

{64} Gustavo Bueno, «Imagen, símbolo y realidad», El Basilisco, Primera época, número 9, 1980, págs. 57-74.

{65} Ibidem, pág. 64.

{66} Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial 1, Pentalfa, Oviedo 1992, 334 págs.

{67} Yves Lacoste, La geografía: un arma para la guerra, Anagrama, Barcelona 1977, 156 págs.

{68} Al considerar el título inmanente a la argumentación borgiana, queremos mantener distancias con la concepción univocista del mapa ejercida por Bailly, Salazar y Núñez. Nuestra concepción del mapa no se reduce a la perspectiva geográfica que supone que todo lo que tenga que ver o involucre mapas está relacionado con la geografía en cuanto que disciplina científica. Ni siquiera todo lo que tiene que ver con el espacio es geográfico por derecho propio; de ahí que resulte ridículo hablar de giro espacial como algo propiamente geográfico: el giro espacial podría ser pensado como un síntoma de la descomposición de la propia geografía. Cuando hablamos de mapa no necesariamente tenemos que estar pensando en mapas geográficos. La concepción univocista es una concepción gremial que no resiste la mínima comparación gnoseológica: «Hay mapas de gran importancia que no satisfacen la definición unívoca, sin por ello merecer el nombre de mapas disparatados o equívocos» (véase Gustavo Bueno, «El mapa como institución de lo imposible», El Catoblepas, número 126, 2012, pág. 2.

{69} Antoine Bailly, Alejandro Salazar, & Andrés Núñez, Viaje por la geografía. Una Geografía para el mundo. Una geografía para todo el mundo, Ril Editores, Barcelona 2018,  pág. 98.

{70} Ibidem.

{71} Gustavo Bueno, ¿Qué es la ciencia? La respuesta de la teoría del cierre categorial, Pentalfa, Oviedo 1995, 112 págs.

{72} Ibidem.

{73} La relación que David Harvey ve entre las teorías y los mapas camina en este sentido: «Los filósofos de la ciencia alguna vez han asimilado las teorías a mapas.» […] «Mapas y teorías tienen un fin semejante.» […] «Igual que no debemos juzgar las actividades del topógrafo con criterios apropiados para la mesa de dibujo, no debemos juzgar al científico cuando está buscando una teoría con criterios que utilizamos para exponer esta teoría ya acabada.». Como se ve, Harvey ejerce aquí las dos modulaciones de mapa: el mapa como mapa unívoco y el mapa como mapa análogo. (Véase David Harvey, Teorías, leyes y modelos en geografía, Alianza Editorial, Madrid 1983, págs. 183-185).

{74} Paul Vidal de la Blache, Principes de Géographie Humaine, Armand Colin, París 1922, 320 págs.

{75} Bueno, Gustavo, «El mapa como institución de lo imposible», El Catoblepas, número 126, 2012, pág. 2.

{76} Borges, Jorge Luis, Obras completas II, 1941-1960, Círculo de Lectores, Barcelona 1992, pág. 451.

{77} Ibidem, págs. 55-61.

{78} Bueno, Gustavo, «El mapa como institución de lo imposible», El Catoblepas, número 126, 2012, pág. http://www.nodulo.org/ec/2012/n126p02.htm [Consulta: 31 de julio de 2025].


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