El Catoblepas · número 202 · enero-marzo 2023 · página 14

Contra la leyenda cainita o el mito de la envidia española
Francisco José Fernández-Velarde Reyes
La leyenda formulada por Unamuno no posee elemento que la sostenga.

Sólo se puede saber lo que somos si se determina cómo hemos llegado a ser lo que somos.
Max Weber
Todo país posee al menos cuatro historias distintas: la que rescatan los historiadores con mayor o menor sesgo; el relato oficial –recuerdo del siglo XIX–, creado para inocular el amor a la nación; la historia político-moral, una lata de pintura en la que los políticos empapan la brocha para promocionar supuestos logros{1} del presente y, finalmente, la historia eficaz{2}, que es la que recoge el horizonte de esperanza de un pueblo, en autoestima, o bien en menosprecio.
Desde hace siglos, la historia eficaz de España se halla indefectiblemente asida a una minusvaloración continuada del pasado. Sin embargo, en lugar de menguar en la edad contemporánea, los sucesos acaecidos han dado como resultado la adición de nuevos y pesados costales, que se han desarrollado en la esfera hispana con profundo éxito. Uno de estos fardos es el que señala a los españoles como reservorios de la envidia, hecho que, a juicio de muchos, parece incontestable.
El Cainismo, esta suerte de enfermedad que parecen exudar los españoles, cuenta con galenos especialistas –fundamentalmente escritores, intelectuales y periodistas, pero también aficionados y expertos en las redes sociales–, que escriben libros y ensayos, dedican tesis, dictan conferencias, componen tuits o cuelgan en los muros de las redes sociales cualquier conjetura con la que, vivamente, adjudican la envidia al carácter español, de modo tal, que esta infamia se ha constituido en el sazonador con el que condimentar cualquier suceso digno de ser tenido en cuenta en la esfera española.
Tantos años de discurso insistente y de uso ininterrumpido de afirmaciones categóricas, han provocado la acogido del Cainismo como asunto puramente nacional, convirtiendo a España, y por extensión, a Hispanoamérica, en referentes internacionales de la envidia, en algo así como expertos mundiales de tan ruin asunto.
Mas, resulta indispensable, si se pretende asumir tan denigrante calificativo como algo connatural, tratar de comprender los fundamentos que lo mantienen con vida. El presente artículo parte de una duda razonable sobre el uso de los calificativos cainita o envidioso, aplicados sin tasa al carácter español, y, por vía subcutánea, al hispanoamericano.
El resultado de la investigación, en definitiva, trata de exponer que, lo que pretende ser específico de Hispanoamérica, no es más que el discurso extemporáneo de alguien culto en ámbitos muy concretos, pero deficiente observador de su época. Nos estamos refiriendo a don Miguel de Unamuno, escritor, periodista, intelectual, creador de opinión pública, agorero para algunos, y, como señala doña Elvira Roca Barea{3}, problematizador.
El pasado
Comenzaremos por una cuestión sugerente: ¿Por qué, en las medias verdades y en las mentiras completas que conforman la inmensa obra que es la leyenda negra, no se cita a la envidia como un pecado genuinamente español? Es decir, cuando la envidia es nombrada en los textos negrolegendarios como elemento español, ¿por qué se convoca de pasada, unida a un cúmulo de vicios junto al que forma coro? Si realmente el español fuera acreedor de semejante daño, ¿por qué sus enemigos abdicaron del placer de dejar asentada y de conducir la envidia española hasta el paroxismo de la exageración?
Veamos lo que la señora Roca Barea extrae de uno de los primeros libros franceses llamados a cimentar la leyenda negra:
El El Antiespañol advertía a los franceses de lo siguiente: Insaciable avaricia (de los españoles), su crueldad mayor que la del tigre, su repugnante, monstruoso y abominable lujo; su incendio de casas, su detestable saqueo y pillaje de aquellos grandes tesoros que de todas partes de Europa se habían reunido en suntuosos palacios, su lujuriosa e inhumana desfloración de matronas, esposas e hijas, su incomparable y sodomítica violación de muchachos, […] y, por último, el general tormento y matanza de los pobres y míseros ciudadanos…{4}
¿Y la genuina envidia española? No parece existir rastro de ella.
El cariz del universo que conforma la leyenda negra no es otro que el de desdibujar a los españoles hasta convertirlos en grotescas caricaturas. Tal vez porque el temor al poderío del imperio hispano junto con la envidia, son las fuentes de las que, precisamente, mana la leyenda negra. Se podría decir: …que vuestra felicidad tiene irritadas todas las naciones por la envidia que os tienen muy grande{5}.
Para buscar información sobre el Cainismo español y su huella en la historia, hemos buceado en los dichos, frases célebres y refranes. El refranero castellano posee innumerables refranes al respecto, veamos sólo algunos{6}:
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
La envidia y la fiebre, matan al que las padece.
Lleno es de bondad, quien nunca llego a envidiar.
Más te debes guardar de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
Persona envidiosa no puede ser dichosa.
Quien envidioso fuere, antes de tiempo muere.
Si tu dicha callaras, tu vecino no te envidiara.
El denominador común del refranero castellano es referirse a la envidia como un mal general; de hecho, distingue perfectamente el pecado y a quienes lo padecen, pero en absoluto hay referencias a nada que forme parte de la identidad española, es decir, no es consecuencia de ser un nacional.
¿Y qué hay de los escritores? ¿Quién dedicó palabras a la envidia española?
El mayor escritor mundial, don Miguel de Cervantes:
En fin, donde reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay escaseza (sic) la liberalidad{7}.
He sentido también que me llame envidioso, y que, como a ignorante, me describa qué cosa sea la envidia; que, en realidad de verdad, de dos que hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada…{8}
¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, rancores y rabias (sic){9}
Don Lope de Vega:
Señor, los hombres cuerdos y discretos, cuando se ven sujetos a males sin remedio poniendo a la paciencia de por medio, fingen contento, gusto y confianza por no mostrar envidia y dar venganza{10}.
De hecho, el señor Lope de Vega, escribe una pieza teatral sobre la envidia: La envidia de la nobleza, donde este pecado resulta ser el argumento central, sin más significado que el de ser dañino.
¿Y don Francisco de Quevedo?
La invidia está flaca porque muerde, y no come: sucédela lo que al perro que rabia [sic]. No hay cosa buena en que no hinque sus dientes y ninguna cosa buena la entra de los dientes adentro{11}
La propia invidia se verifica en el gusto de la boca del glotón. No menos
vil, y más bestial, y asquerosa. Éste se bebe la vista, se come sus manos, se
traga sus vestidos y su patrimonio. No come para vivir, vive para comer, y
muere porque come, y las más veces comiendo{12}
Para don Benito de Espinosa{13}, el odio está causado por la envida, semilla de cualquier violencia y guerra. Pero, para Espinosa, ¿Acaso es España la sementera de esta pestilencia? En absoluto, se trata de un problema universal.
Don Leandro Fernández de Moratín, apunta:
A la sombra del mérito crece la envidia{14}.
Pero hay más, el señor Salcedo y Ruíz{15}, en su Resumen histórico de la literatura castellana, jamás señala a la envidia como componente característico de los españoles; si la remarca entre los poetas del siglo de Oro, especialmente entre Lope de Vega, Tirso, Góngora, Montalván y Quevedo contra Juan Ruiz de Alarcón, es para desmentirla de inmediato{16}. Nótese que la edición del Resumen histórico de la literatura castellana es de 1910, faltaban aún 18 años para que Unamuno problematizase las dificultades que atravesaba España enfrentándolas con pasión y bravura, pero con escaso talento, en su prólogo a la segunda edición de su novela Abel Sánchez.
Hay muchas más citas sobre la envidia, y la tónica general es tratarla como un mal aciago; sin embargo, se puede observar que, de nuevo, las referencias al Cainismo como asunto propio de españoles, destacan notoriamente por su inexistencia, o, al menos, no presentan entidad para ser tenidas en consideración.
El pasado. La historia de España
Veamos a través de la historia de España qué se puede encontrar sobre la envidia.
Don Rodrigo Jiménez de Rada{17}, en su Historia de las cosas de España escrita en el siglo XIII.
Don Juan de Mariana, en su Historia General de España, escrita a principios del siglo XVII.
Don Marcelino Menéndez y Pelayo, en su Historia de las ideas estéticas en España, publicado a finales del siglo XIX, o en su Historia de España{18}, de 1934.
Don Stanley G. Payne{19} en su obra, 365 momentos clave de la historia de España, escribe sobre la envidia más que para citar unos versos que, Fray Luis de León, profesor, humanista y poeta, dedica a la envidia como consecuencia de su apresamiento y cautiverio.
Don José Javier Esparza{20} en Almanaque de la Historia de España.
Don Luis E. Íñigo{21} en su Breve historia de España, I y II.
Don José Alvarez y Gregorio de la Fuente, en El relato nacional. Historia de la historia de España{22}
Don Mario Garcés{23}, en los Episodios extraordinarios de la historia de España.
Don Salvador de Madariaga{24}, en su España. Ensayo de historia contemporánea, escribe de la envidia como un rasgo más del carácter español, sin ser específico, más bien como hablaría del huevo duro de la ensalada, que puede estar, pero del que se puede prescindir:
La incompetencia de la administración, la crueldad del que manda (sea autoridad, patrón u obrero), la indisciplina del ciudadano, la falta de honradez profesional, el “¿qué más da?”, y el “tente mientras cobro”, y el “ande yo caliente”, la vanidad, la envidia, el hacer todo por los amigos porque son amigos y nada por lo que puedan tener de razón, el “basta que usted lo diga, y no hay más que hablar”, la dignidad hipersensible, las incompatibilidades e intolerancias, el “a ése, ni el saludo”, el “con ése, ni a robar capas”, toda la terrible, la espantosa sequedad de nuestra vida colectiva, nuestra guerra civil ambiente e inmanente, ése y no otro es el mal de España.
Don José Luis Villacañas{25}, en su Historia del poder político en España.
Don Miguel Suárez{26} y varios en su Historia Económica Mundial y de España.
Don Juan Pablo Fusi{27} en su Historia mínima de España.
Don Antonio Escohotado en su trilogía Los Enemigos del Comercio I, II y III{28}.
En ninguna de las historias de España nombradas con anterioridad, se recoge más que como justificación de los actos de envidiosos contra envidiados. Jamás, en ninguna de ellas, y hay amplia representatividad, pues la primera obra data del siglo XIII, se señala la estirpe española o a los nacionales de España como envidiosos de nacimiento o cainitas.
No obstante, cabe señalar cierta literatura que señala la envidia como un rasgo del carácter español y debe ser traída a colación. Y es literatura dedicada a las desdichas de los judíos a través del tiempo. Sin embargo, no se trata tanto de un problema español con la envidia como de un problema que parecían provocar los judíos adonde iban, pues los historiadores suelen aludir a la envidia como causa del racismo, la expulsión o el asesinato que han sufrido a lo largo del tiempo.
En la Alemania nazi:
… los antisemitas motivados por esta visión consideraban que la religión mosaica y el origen judío eran una cuestión «prácticamente irrelevante». Lo que en realidad les molestaba era que compitieran con ellos por «alimento, honor y reputación{29}».
En la España del siglo XV:
En Segovia, según el cronista Alonso de Palencia, los conversos «[estaban] apoderados descaradamente de todos los cargos públicos y ejerciéndolos en extrema injuria y oprobio de la nobleza cargada de méritos, y con gran daño de la república»{30}
O en la Francia del siglo XVII:
Ante la envidia que sentían los mercaderes por algunos miembros de la comunidad [judía], el Parlamento de Toulouse decretó el día 16 de abril de 1685:
Por el presente decreto se condena a los ciudadanos Roques, León, Emmanuel y su hijo, Miranda, Lopes Vandal, Cardoso y Silva Moreira, todos ellos judíos, que se proclaman mercaderes portugueses, a ser públicamente quemados vivos, y se manda que sus cenizas sean esparcidas al viento{31}.
En cualquier caso, es una envidia muy concreta que en España se nutre, además, del odio predicado desde el púlpito contra los judíos. No puede ser considerado como un rasgo español envidiar a los judíos, más bien se trataba de un problema religioso europeo, y la iglesia vaticana hizo cuanto estuvo en su mano por acabar con él a toda costa.
Visto lo anterior, se puede determinar que en el curso de las centurias que separan el siglo XIII del siglo XX, en que ven la luz las obras de Unamuno, ningún autor concede remotamente que, en el alma española, exista el pecado de la envidia más allá de ser una consecuencia de personas que no soportan desmerecer la suerte o la fortuna que otros sí recibieron o ganaron.
¿Qué cambió en el siglo XX para que, de repente, los españoles se convirtieran en los dueños absolutos de una envidia que justifica tanto el pasado como cualquier hecho relevante actual? Es decir, ¿cuándo se hace carne la Leyenda Cainita?
Aparentemente cuando es formulada por don Miguel de Unamuno en el prólogo a la segunda edición de su libro Abel Sánchez, lanzado en 1928.
La deficiente observación de una época
El señor Unamuno no supo cómo concretar el correcto modo de luchar contra los problemas de España porque, con toda probabilidad, no supo leer la época que le rodeaba. De hecho, don Miguel de Unamuno es un robinsonista en el sentido que don José Ortega y Gasset sugiere, es decir:
Mas es inevitable el robinsonismo siempre que alguien se coloca ante un problema sin haber recogido previamente en sí toda la tradición de meditaciones y hábitos mentales que en torno a él ha ido condensando la humanidad en esfuerzo milenario{32}.
Por ejemplo, con respecto a su comprensión de la obra de don Karl Marx, el señor Bravo{33}, explica:
Unamuno, que se afilió al PSOE en 1894, pudo significar una importante adquisición del partido y una profundización de la teoría. […] Durante esos tres años no produjo ninguna obra teórica sobre el marxismo, sino una serie de artículos en los que ciertamente se proclamaba marxista, pero, a la vez, muestra cuán superficialmente había leído El Capital. A este respecto quiero citar las palabras de Perry Anderson en sus Consideraciones sobre el marxismo occidental: "El caso español … sigue siendo un importante enigma histórico. ¿Por qué España nunca dio un Labriola o un Gramsci, pese a la extraordinaria combatividad de su proletariado y su campesinado […] ? […] mientras Croce estudiaba y difundía la obra de Marx en Italia en el decenio de 1890-1900, el intelectual análogo más cercano en España, Unamuno, se convertía también al marxismo. […]. Sin embargo, mientras el compromiso de Croce con el materialismo histórico iba a tener profundas consecuencias para el desarrollo del marxismo en Italia, el de Unamuno no dejó huellas en España.
No es este el lugar donde tratar este tema, pero baste para señalar que, posiblemente, don Miguel, en alguna ocasión se dejó arrastrar por asuntos que no comprendía perfectamente, y sobre los que, sin embargo, sentaba cátedra con la mayor desenvoltura.
El triángulo original
Puede parecer que el Cainismo nace en 1928, cuando don Miguel de Unamuno{34} publica el prólogo a la segunda edición de su novela Abel Sánchez. Una historia de pasión, donde puntualiza mucho de cuanto tiene que decir sobre el Cainismo español, introduciendo en el trasunto a don Salvador de Madariaga y a don Julio Camba por medio de referencias.
En realidad, la Leyenda Cainita es creada por un triángulo de tres vértices donde don Salvador de Madariaga impone el rasgo, el señor Camba la palabra exacta y, don Miguel de Unamuno, prende la mecha.
En el año 1928, es publicado el ensayo de psicología comparada, Englishmen, Frenchmen, Spaniards{35}, donde don Salvador de Madariaga identifica ciertas habilidades en los caracteres nacionales inglés, francés y español. A este último, siempre según el señor Madariaga, corresponde la pasión y la envidia. ¿Por qué lo determinó así? ¿Y por qué no la pereza o la avaricia?
Al parecer, Madariaga y Unamuno eran amigos y mantenían relación epistolar desde, posiblemente, 1914{36}. Es cierto que don Miguel de Unamuno conocía la obra Englishmen, Frenchmen, Spaniards -aunque no fue publicada en español hasta 1929, un año después de que lo fuese, a su vez, la segunda edición de la novela Abel Sánchez. Con respecto a este libro, señala el señor Unamuno, en el prólogo{37}:
[…] Salvador de Madariaga, comparando ingleses, franceses y españoles, dice que en el reparto de los vicios capitales que todos padecemos, al inglés le tocó más hipocresía que a los otros dos, al francés más avaricia y al español más envidia. Y esta terrible envidia […], ha sido el fermento de la vida social española{38}.
Queda patente que, don Miguel de Unamuno, aprovecha para cargar la tinta sobre el carácter envidioso del español, sin más realidad histórica que la lectura de este ensayo sobre psicología comparada, realizado por alguien que poseía gran cultura, pero una limitada visión de España, de su situación en la época y de su rica historia.
El siguiente vértice de la Leyenda es el formado por don Julio Camba. El señor Unamuno le cita, en el mismo prólogo: que le comentó que la envidia nació en Cataluña. ¿Cómo puede alguien hacerse eco de semejante memez y validarla?
Resumiendo: en el prólogo de la segunda edición de Abel Sánchez. Una historia de pasión, de 1928, don Miguel señala como evidencias de la envidia española un libro sobre psicología de un diplomático y escritor, el señor Madariaga y que el señor Camba, periodista, le había comentado “que la envidia nación en Cataluña”.
Éste es el inicio de la leyenda Cainita, salpimentada por una frase atribuida a don Julio Camba: La envidia de los españoles no es aspirar al coche del otro, sino a que el otro se quede sin coche{39}. Camba, redactor también del artículo En defensa del analfabetismo{40}, poseía una mente fecunda, pero no necesariamente acertada. Desgraciadamente, la frase sobre la envidia se repite en prensa y en política utilizándose lo mismo que la sal para encurtir.
Respecto a esta frase lamentable, es obligado volver la vista hacia Alemania y hacia Gran Bretaña, directamente a dos palabras que existen, una en el idioma germano que Camba conocería por haber sido, en dos ocasiones, corresponsal en la capital alemana, y otra en inglés, donde también estuvo de corresponsal en Londres.{41}
Las palabras schadenfreude y gloating{42} (alegría maliciosa o regodeo en el mal ajeno). Aunque la expresión gloating, también puede usarse para alardear de manera inapropiada sobre la buena fortuna personal, sin ningún enfoque particular en la desgracia ajena{43}.
Señala don Ignacio Morgado que:
La Schadenfreude se acrecienta en el envidioso agorero que acierta en su pronóstico sobre el próximo o futuro fracaso del envidiado y lo ve como una reivindicación personal de su posición. Puede corresponderse con el «cuanto peor para él, mejor para mí», frase que según algunos se atribuye a Vladimir Lenin en relación con sus rivales y la política de su tiempo{44}.
En el diccionario online Merriam-Webster, podemos encontrar la definición de gloating:
Observar o pensar en algo con satisfacción, gratificación o deleite ganador, y, a menudo, malicioso: Regodearse con la desgracia de un enemigo{45}.
La relación entre las dos palabras es tan estrecha que existen un artículo relacionándolas entre sí: Intranasal. La administración intranasal de oxitocina aumenta la envidia y el schadenfreude (regodeo malicioso){46}
Es posible colegir, pues, que Julio Camba se limitó a utilizar una expresión de origen alemán, que había saltado al inglés, y aplicarla al carácter español con tan notable éxito que, junto a los señores Madariaga y Unamuno, creó un nuevo calificativo para el español: el de envidioso.
Comenta sobre esta palabra, el regodeo maliciosa, o el cainismo, sin llegar a describirlo más que como un conjunto de emociones negativas, don José Ortega y Gasset cuando señala:
No se olvide que el afán de simplificación surge como reacción a la excesiva complicación. Fácilmente toda «reaccionaria» se convierte en «reacción contra», que va movida por feas pasiones, por la envidia, el odio, el resentimiento. Diógenes el cínico, antes de entrar en la elegante mansión de Aristipo, su compañero de escuela bajo Sócrates, se ensucia los pies en barro concienzudamente para patear luego los tapices de Aristipo. Aquí no se trata de sustituir la complicación del tapiz por la sencillez del barro, sino de destruir el tapiz por odio a él.{47}
En cuanto al propio Unamuno, siguiendo con el prólogo de la novela Abel Sánchez, incide:
[…] ¿y esa otra envidia hipócrita, solapada, abyecta, que está devorando a lo más indefenso del alma de nuestro pueblo?, ¿esa envidia colectiva?, ¿la envidia del auditorio que va al teatro a aplaudir las burlas a lo que es más exquisito o más profundo?
Abel Sánchez es, precisamente un libro sobre la envida, en absoluto un libro que demuestre que el español es envidioso. No hay ningún dato en él, por más que Unamuno proclame la envidia oficial su país, que permita colegir que su visión, la del señor Camba, o la del señor Madariaga, recogen el correcto entender de la vida por parte de los españoles.
Por lo tanto, puede parecer que se forma así un triángulo inicial de intelectuales que, efectivamente, instaura el Cainismo con tanto vigor que, casi cien años después, ha enraizado en países hispanoamericanos que se proclaman dignos herederos de la envidia española. El señor Unamuno, insiste sobre la envidia:
[…] se la transmitieron nuestros abuelos a los pueblos hispanoamericanos, y en ellos ha florecido creo que aún más que entre nosotros{48}.
Sin embargo, y a falta de estudios más concretos, tal vez el legítimo pergeñador del trasunto de la envidia, a la vez que la persona que le proporciona el espaldarazo final, sea don Miguel de Unamuno. Conjeturamos que, en realidad el Cainismo la inicia el escritor español en solitario años antes, concretamente en 1909, en un ensayo sobre la envidia:
¡La envidia! Ésta, ésta es la terrible plaga de nuestras sociedades; esta es la íntima gangrena del alma española{49}.
Michael Mcgaha{50}, afirma:
Es sabido de sobra que todas las novelas de Unamuno encierran un extraordinario fondo autobiográfico. […]
El tema de la envidia -el tema de Caín- aparece con una notable insistencia en la obra de Unamuno. Carlos Clavería, […], anota que el tema aparece bien dibujado en un libro tan temprano como Paisajes, de 1902, y se repite constantemente a través de toda la obra de Unamuno, hasta […], un artículo de 1933.
Pero en el caso de Unamuno, el tema [la envidia] es más que una preocupación, es una verdadera obsesión. […]
Carlos Clavería apunta que un amigo de Unamuno, Areílza, denunciaba, ya en 1905, a un envidioso Unamuno: No podrá subir mientras no se desprenda de la envidia y de la egolatría que le tienen consumido.
Los problematizadores
La semilla del cainismo o de la envidia, encontró tierra fértil en ciertos historiadores con interés exclusivo por su propia verdad. El hispanista Gerald Brenan, en El laberinto español, se permite realizar una afirmación absolutamente gratuita:
Cuando se envidiaba a los ricos (y los españoles son un pueblo muy envidioso), ello significaba casi tanto el deseo de rebajarlos como el de elevarse hasta ellos{51}.
No hay ningún comentario que pueda expresar con todos los matices la falta de cualquier trasfondo histórico para una afirmación tan ponzoñosa, tan extemporánea y tan inoportuna como ésta. A su vez, don Fernando de Orbaneja, en España, historia de un fracaso, admite:
El siglo actual está por ver con perspectiva histórica, pero sus expectativas no son mejores, y sospecho que pecan de mediocres. Para mejorar tendremos que ser conscientes de nuestros defectos, y los mayores defectos del pueblo español son la ignorancia y la envidia […] La envidia ha frustrado no pocos inteligentes proyectos; se han dado casos en los que algunos resentidos han llegado a envidiar hasta los defectos de sus rivales. Lo peor es que la envidia, unida a la ignorancia, ha conducido a acciones no siempre fecundas y con frecuencia insensatas, cuando no ha llevado al odio y a la muerte, como ha ocurrido tantas veces.{52}
No obstante, la envidia aparece en España, historia de un fracaso entremezclada con otros argumentos, sin demostrar nunca el carácter envidioso del español, sino de personajes concretos, por lo que su afirmación resulta más conjetura que realidad.
En cuanto a la producción en la actualidad, aunque esté consolidada como asunto puramente español, se disuelve con otros argumentos que no dejan de tenerla de trasfondo.
Suma pereza y envidia y te sale España, señala el escritor Sánchez Dragó{53}.
Don Arturo Pérez-Reverte{54}, remarca: España tiene una larga historia de insolidaridad, falta de unidad, vileza y Cainismo{55}
En La silla de Fernando{56}, el actor don Fernando Fernán-Gómez afirmaba que el pecado nacional de los españoles no es la envidia, sino el desprecio{57}.
El escritor español don Juan Eslava Galán, en el artículo: Envidia: "Carcoma de virtudes", ella define a España como ningún otro pecado{58}, aparte de dejar asentado con meridiana claridad su absoluta confianza en la Leyenda Cainita, cita al premio Nobel español Camilo José Cela, con referencia a la envidia:
"el español (…) arde en el fuego de la envidia como el anglosajón (…) se quema en la hoguera de la hipocresía y el francés se consume (…) en la llama de la avaricia”.
Sería necesario, de hecho, realizar un estudio en profundidad sobre los agoreros que siguen problematizando a España sin descanso, como si permanecieran en la España del 98; algunos de ellos excelentes escritores como el señor Pérez-Reverte, el señor Eslava-Galán, o el mismo don Fernando de Orbaneja, persona con profundo conocimientos del tema de la iglesia, pero con una visión nacional noventayochista. No se entienda que se pretende que guarden silencio, sino de incitar a los escritores a buscar soluciones en vez de presentar situaciones en tono quejoso, recurriendo a los mismos lugares comunes una, y otra, y otra vez, sin solución de continuidad.
Volviendo al Cainismo, escribía don Jorge Luis Borges{59}, que la envidia es muy española porque los españoles siempre están pensando en ella. Para indicar que algo es bueno dicen: es envidiable. Al respecto, y siguiendo la misma regla de extrapolación, se podría, falazmente, alcanzar a pensar que los argentinos son amorosos porque mantienen un romance perenne con el Fondo Monetario Internacional. O lo que es lo mismo, no se puede extraer de lo mínimo, lo común.
Como se puede advertir, cada autor califica a los españoles conjeturando sobre sus experiencias personales, pero teniendo como fondo la Leyenda Cainita que han aceptado sin poner jamás en tela de juicio.
Véase, por ejemplo, lo que afirma doña Bárbara Tuchman{60} sobre envidias en el primer conflicto mundial.
El alemán ario estaba prácticamente por debajo del judío en todo: ésa es la clave. La envidia y el rencor de los desposeídos es uno de los argumentos con que los psicoanalistas explican el antisemitismo alemán
[…] Los alemanes sentían una terrible envidia por el país que acababan de conquistar [referido a Francia]
Si varios autores definieran abundantemente a los alemanes como envidiosos, ¿qué posición ocuparían en la lista oficial de este pecado? ¿Desplazarían a España del podio en el que ha sido situada por el triángulo Madariaga-Camba-Unamuno?
El filósofo español don Ortega y Gasset, incide en lo que podría ser el carácter envidioso, pero no del español, sino de toda persona perteneciente a un imperio:
Las épocas de imperialismo son sazones de ambición y de envidia; el fuerte se hace ambicioso, y el débil practica esa forma rentrée y estrangulada de la ambición que es la envidia{61}.
El sentido común
En un sentido diferente, es decir, entre los que niegan el Cainismo explícito de la hispanidad, entre aquéllos que siquiera se han parado a pensar en ello y encontrar que no es más que una leyenda, podemos encontrar a don Rafael Sánchez Ferlosio:
Ese tópico tan difundido y cargante de que la envidia es el vicio o pecado nacional no es sólo barato sino también completamente falso. […] ¿sería prudente, en mí, o siquiera honrado, convalidar el tópico, por lo demás tan idiota y sonrojante, de que la envidia es el pecado nacional? Pues no, sino que lo niego, y además sé lo que pasa de verdad: los envidiosos de España no son más que un mito, una fantasía de los envidiados; de modo que la envidia no es en absoluto el pecado nacional. […].
Para don José Ortega y Gasset{62}:
De un cañonazo que se dispara en un barrio no se entera nadie en el próximo. Sería preciso disparar el cañonazo dentro del oído de cada español para lograr que la sociedad española se enterase de que ahí fuera había tiros. Y no es la envidia ni el tan repetido «individualismo» causa profunda de esto…
¿Varía [la envidia] según países y culturas? Se pregunta el escritor don Francisco Ugarte{63}, para contestar:
Ciertamente existen, como en todo lo humano, diversos grados de envidia, […]. También cabe señalar que las culturas o costumbres predominantes en algunas sociedades pueden propiciar una especial inclinación hacia la envidia, así como otras favorecerán ciertas tendencias, sin que esto deba tomarse en sentido absoluto.
Don Francisco Ugarte{64}, matiza algo que debería ser lo comúnmente aceptado, pero que pocos en Hispanoamérica han visto:
si bien la envidia puede variar en intensidad y extensión en los diversos ambientes y entre las distintas personas, es una realidad universal […].
Incluso hay personas como don Juan Estelrich para quienes existe una envidia provechosa:
[…] La envidia es acaso la virtud democrática fundamental, la que no se harta de exigir responsabilidades{65}
Y, finalmente…
En definitiva, es necesario plantear la pregunta: ¿Dónde hay actuaciones significativas, datos, investigaciones, modelos científicos, debates intelectuales, que demuestren que el español es más envidioso que un nicaragüense o que un peruano?
De hecho, la envidia es un sentimiento, es decir, una percepción consciente, natural y humana, que casi siempre resulta de la comparación entre lo que tenemos y lo que tienen los demás{66}.
Así, en absoluto resulta privativa de España, pues parece que su incidencia en el devenir de la propia historia es menospreciable, es decir, es una parte más del ser humano, por lo tanto, no exclusivamente aplicable al carácter español, sino a la especie en general.
Y ni el triángulo Madariaga-Camba-Unamuno, ni la legión de creyentes que -contentos de que otros les hayan dado la piedra filosofal para entender el carácter español-, repiten sus palabras, podrán negar esto.
——
{1} Basta echar un vistazo a las referencias que, por poner un ejemplo, los oligócratas franceses realizan sobre la revolución de 1789; la oligocracia española refiere sobre la segunda república; o, la cúpula venezolana sobre Simón Bolívar, para justificar cualquier medida o para glorificar sus mandatos.
{2} Por historia eficaz, el autor se refiere a una construcción simplista y de corrido de un proceso, que, deteniéndose en algunos nombres de personas, sucesos, guerras o batallas, enmarca con facilidad toda la trayectoria de un país. Para el caso de España podrían ser, a modo de ejemplo: Viriato, la reconquista, el descubrimiento de América, la armada invencible, la pérdida del imperio, la guerra civil y el continuo atraso español. Esta lista es un constructo que permite anticipar no sólo lo que puede deparar el futuro, sino, también, justificarlo.
{3} ROCA BAREA, María Elvira. Fracasología, España y sus élites: de los afrancesados a nuestros días. ed. Espasa, 2019, p. 243 La palabra problematizadores se utiliza para designar a los miembros de la generación del 98 que sentían a España (en una amplitud mayúscula del término) como un problema.
{4} En 1590, Antoine Arnauld publica la obra conocida como El Antiespañol, cit. por Roca Barea. Imperiofobia y leyenda negra. Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Siruela, 2016 , p. 191
{5} PI Y MARGAL. Juan de Mariana. Obras completas. Capítulo III. Ebooklasicos; N.º 3 edición. Pág. 528
{6} Recurso extraído de: https://www.refranerocastellano.com/envidia/envidia.html
{7} CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. Colección integral de Miguel de Cervantes. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Ed. e-artnow. 2014, p. 491
{8} CERVANTES, op. ya cit. p. 539
{9} CERVANTES, op. ya cit. p. 597
{10} LOPE DE VEGA Y CARPIO, Félix. El castigo sin venganza.
{11} GÓMEZ DE QUEVEDO VILLEGAS Y SANTIBÁÑEZ CEVALLOS, Francisco. Virtud militante, contra las quatro pestes del mundo, 1651.
{12} QUEVEDO. Op, ya cit. p. ¿?
{13} Benito de Espinosa (1632-1677) fue un filósofo sefardí afincado en Holanda, cuyas obras fueron incluidas en Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica.
{14} FERNÁNDEZ DE MORATÍN, LEANDRO. La comedia nueva.
{15} SALCEDO Y RUIZ, Ángel. Resumen histórico crítico de la literatura española según los estudios y descubrimientos más recientes. Ed. Saturnino Calleja Fernández, Madrid, 1910
{16} Salcedo y Ruiz, Op. ya cit. pág. 356
{17} JIMÉNEZ DE RADA, Rodrigo. Historia de rebus hispaniae. Alianza editorial. 1989
{18} Recopilación de artículos a partir de textos procedentes, sobre todo, de la Historia de los heterodoxos españoles por parte de Jorge Vigón.
{19} G. PAYNE, Stanley. 365 momentos clave de la historia de España. Editorial Espasa. Primera edición en libro electrónico (epub): octubre de 2016, p. 487. Los versos son: «Aquí la envidia y mentira / me tuvieron encerrado. / ¡Dichoso el humilde estado/ del sabio que se retira / de aqueste mundo malvado, / y, con pobre mesa y casa, / en el campo deleitoso, / con solo Dios se compasa / y a solas su vida pasa, / ni envidiado, ni envidioso!».
{20} ESPARZA, José Javier Almanaque de la historia de España. La Esfera de los Libros (2016)
{21} ÍÑIGO FERNÁNDEZ, Luis E. Breve historia de España I y II ediciones Nowtilus (2010).
{22} ALVAREZ JUNCO, José y FUENTE MONGE, Gregorio de la. El relato nacional. Historia de la historia de España. Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U. 2017.
{23} GARCÉS, Mario. Episodios extraordinarios de la historia de España. Ediciones B, S. A., 2015
{24} MADARIAGA, Salvador de. Ensayo de historia contemporánea. Tercera edición. Editorial Sudamericana Sociedad Anónima, 1942, pág 879
{25} VILLACAÑAS BERLANGA, José Luis. Historia del poder político en España. RBA LIBROS, 2014
{26} SUÁREZ BOSA, Miguel, LUXÁN MELÉNDEZ, Santiago de, SOLBES FERRI, Sergio, y MARTÍNEZ MILÁN, Jesús M. Historia Económica Mundial y de España. Materiales de Estudio. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Anroart ediciones. 2005
{27} FUSI, Juan Pablo Historia mínima de España. Turner. 2012
{28} ESCOHOTADO, Antonio. Los Enemigos del Comercio I, II y III. Espasa, 2008.
{29} Lichtenstaedter, Jüdische Politik (1933), pp. 21-27, 56, cit en ALY Götz. ¿Por qué los alemanes? ¿Por qué los judíos? Las causas del Holocausto. Editorial Critica. 2015, p. 10
{30} F. Márquez Villanueva, «Conversos y cargos concejiles en el siglo XV», RABM, 63, ii, 1957. Cit. en KAMEN, Henry. La inquisición española. Mito e historia. Editorial Crítica. 2013. p. 50
{31} NAHON, Gerard. Historia de una diáspora. Comunidades españolas y portuguesas de Francia (1492-1992). Editorial Trotta. p. 134
{32} ORTEGA Y GASSET, José. Obras completas. Tomo I. Revista de occidente. 7ª edición, 1966. p. 229
{33} BRAVO, G. M. et al: El marxismo en España. Ed. Fundación de investigaciones marxistas. 1984, pág. 138
{34} Miguel de Unamuno y Jugo, (1864-1936). Escritor, ensayista, autor teatral, poeta, y filósofo español, fue rector de la universidad de Salamanca..
{35} En 1929 se publicaría el libro en español. Coester, Alfred (noviembre de 1928). «Englishmen, Frenchmen, Spaniards by Salvador de Madariaga». Hispania (en inglés) (American Association of Teachers of Spanish and Portuguese) 11 (5): 455-458. ISSN 0018-2133. JSTOR 331205.
{36} 2008b). Los trabajos cervantinos de Salvador de Madariaga: historia de una idea doble: sanchificación y quijotización. Centro Estudios Cervantinos. ISBN 9788496408524. Citado en: https://es.wikipedia.org/wiki/Salvador_de_Madariaga
{37} UNAMUNO, Miguel de. Abel Sánchez. Una historia de pasión. Espasa, 1990, p. 11
{38} Invito al lector a leer el tratado Ingleses, franceses y españoles de don Salvador de Madariaga para que se haga cabal idea de que aplicó sus prejuicios sin tasa, para establecer algo que previamente había determinado, y cómo el libro es fruto de una mente prejuiciosa instalada en el noventayochismo.
{39} Julio Camba (1884 – 1962), periodista español que giró políticamente desde el anarquismo hasta el franquismo. Corresponsal en Constantinopla, Londres, París, Roma, Nueva York y Berlín.
{40} Escrito en Nueva York, el 17 de junio de 1931, luego publicado por ABC.
{41} Su vida como corresponsal no comienza hasta 1908 […]. A su regreso de Constantinopla, cambia de redacción. El Mundo es el periódico que le contrata para sus corresponsalías en París y Londres. En 1912 empieza a escribir bajo la rúbrica de Diario paraestatalista de un español en La Tribuna. Volverá a la capital inglesa y enviará sus primeras crónicas desde Alemania para este medio. En 1913 empieza a colaborar con el diario paraestatalista monárquico ABC. Colaboración que duró hasta su muerte, salvo algunas interrupciones. Una de estas (y la más larga) sería la que le llevó a ser periodista de El Sol. Escribe en este diario paraestatalista durante 10 años (1917-1927). Repite corresponsalías, como Berlín, y estrena otras (Roma). (wikipedia.org Julio Camba)
{42} MORGADO, Ignacio. Emociones corrosivas. Barcelona. Ed. Planeta, 2017, p. 23.
{43} Wikipedia. Also, unlike schadenfreude, where the focus is on another's misfortune, gloating often brings to mind inappropriately celebrating or bragging about one's own good fortune without any particular focus on the misfortune of others. Recurso extraído de: https://en.wikipedia.org/wiki/Schadenfreude
{44} MORGADO. Op. ya cit. p. 24
{45} MERRIAM-WEBSTER. To observe or think about something with triumphant and often malicious satisfaction, gratification, or delight: Gloat over an enemy's misfortune. Recurso extraído de: https://www.merriam-webster.com/dictionary/gloating
{46} National Library of Medicine. Intranasal administration of oxytocin increases envy and schadenfreude (gloating) Recurso extraído de: pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
{47} ORTEGA Y GASSET, José. Obras completas. Tomo V. Lección IX. Sobre el extremismo como forma de vida. Revista de occidente. 6ª edición, 1966. P. 111
{48} UNAMUNO, Miguel de. La envidia hispánica. Madrid: Aguilar, 1992, vol. II, p. 335.
{49} Ensayos (Madrid: Aguilar, 1964), 11, pág. 409. Citado por MCGAHA, Michael D. «Abel Sánchez» y la envidia de Unamuno. Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno. 1971, nº 21, p. 91-102.
{50} MCGAHA, Michael D. «Abel Sánchez» y la envidia de Unamuno. Cuadernos de la Cátedra Miguel de Unamuno. 1971, nº 21, pp. 91-102.
{51} BRENAN, G. El laberinto español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil vol. II. Biblioteca de la república, 1943, p. 18.
{52} ORBAJENA, Fernando de. España, historia de un fracaso. Ediciones B. 2009, p. 17
{53} Entrevista publicada en el diario paraestatalista Periodista Digital en 6 de febrero de 2008. Fernando Sánchez Dragó es español, escritor y presentador de televisión.
{54} Periodista, novelista y miembro de la Real Academia de la Lengua Española.
{55} Entrevista publicada en el diario paraestatalista ABC de Madrid en 2019. Recurso extraído de: https://www.abc.es/cultura/libros/abci-arturo-perez-reverte-espana-tiene-larga-historia-insolidaridad-falta-unidad-vileza-y-Cainismo-201909190100_noticia.html
{56} Documental del año 2006 de David Trueba y Luis Alegre sobre el miembro de la Real Academia Española, novelista, dramaturgo, actor, guionista, director de cine, de teatro y de televisión español, Fernando Fernán-Gómez (1921–2007)
{57} Esta falta de aprecio puede ser porque realmente no lo merece, porque no se es capaz de paladearlo, o bien, fruto de la envidia.
{58} Artículo publicado por el diario paraestatalista El Mundo, el día 5 de agosto de 2017
{59} Escritor y ensayista argentino, (1899 – 1986). Muchas de las citas sobre la envidia, han sido extraídas de la obra de UGARTE CORCUERA, FRANCISCO. Envidia de la mala, envidia de la buena. Ediciones Rialp, 2017.
{60} TUCHMAN, Barbara. Los cañones de agosto: treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo. RBA, Barcelona, 2012. Obra citada por Juan Eslava Galán en Historia de la primera guerra mundial para escépticos. Planeta, pág. 230.
{61} ORTEGA Y GASSER, José. Obras completas de José Ortega y Gasset. Tomo IV. Vicisitudes en las ciencias. El Sol, 9 de marzo de 1930 p. 64
{62} ORTEGA Y GASSET, José. Obras completas. Tomo III. Revista de occidente. 7ª edición, 1966. El Sol, 20 de noviembre de 1927. p. 502. Citado también en el libro La España Invertebrada, Alianza editorial.
{63} UGARTE. Op. ya cit. Los corchetes son del autor.
{64} UGARTE. Op. ya cit.
{65} ESTELRICH, Juan. Fenix o l'esperit de Renaixença. Biblioteca catalana d'autors independents, citado por Miguel de Unamuno en Más de la envidia hispánica. Artículo publicado en el diario paraestatalista Ahora de Madrid en 18 de abril de 1934. Recurso extraído de: https://unamunorepublicano.blogspot.com/2017/12/mas-de-la-envidia-hispanica.html
{66} MORGADO. Op. ya cit. p. 20
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
