El Catoblepas · número 202 · enero-marzo 2023 · página 10

Nicasio Álvarez de Sotomayor y la escisión de Ramiro Ledesma
Jeroni Miquel Mas Rigo
Sobre la intervención del excenetista Álvarez de Sotomayor en la escisión ramirista de Falange Española, que fue orquestada por los monárquicos alfonsinos ante la negativa de José Antonio Primo de Rivera a integrar el partido en el Bloque Nacional.

1. Algunos datos relativos a la biografía política de Nicasio Álvarez de Sotomayor
Nació el 13 de diciembre de 1899 en Cilleros, provincia de Cáceres. Hijo de una relación extramatrimonial, nada más nacer fue abandonado en otra localidad cacereña y recogido por una vecina. Fue registrado como Nicasio Sánchez de la Iglesia. En 1915 sería reconocido por su padre, Ángel Álvarez de Sotomayor y la esposa de este Inés Gordillo. Sus nuevos apellidos fueron Álvarez de Sotomayor Gordillo y Aguilar (este último por su madre biológica).{1}
En 1918 comenzó sus estudios universitarios, que no acabaría hasta el año 1931 en que al parecer obtuvo la licenciatura en medicina, si bien no ejercicio nunca. Durante su época de estudiante fue miembro de la Federación Universitaria Escolar (FUE), de la que llegaría a ser vicepresidente.
En 1928 fue procesado por distribuir propaganda del Partido Comunista. En esa época utilizaba el alias de “Ángel Aguilar”. Al año siguiente, fue elegido presidente del Ateneo de Divulgación Social de Madrid, que tenía como vocales a dos destacados anarquistas: Cipriano Mera y Miguel González Inestal. Esa entidad –que después de unos años de persecución por la Dictadura de Primo de Rivera, había resurgido para dar amparo legal a la reorganización de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)–, estaba controlada por la Federación Anarquista Ibérica (FAI).
En el mes de septiembre de 1930 participa en la fundación del Sindicato de Sanidad de la CNT, siendo tres meses después detenido por su intervención en la intentona golpista del capitán Fermín Galán, que pretendía acabar con la Monarquía. El 15 de abril de 1931, con la proclamación de la República, sería puesto en libertad.
En el número 11 del semanario La Conquista del Estado (23-V-1931) aparece una entrevista realizada al «camarada Álvarez de Sotomayor» por Ramiro Ledesma Ramos, que cinco meses después fundaría las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). En esa época, el extremeño militaba en el grupo Los Intransigentes de la FAI, al que también pertenecía González Inestal.
El 17 de junio de 1931, en un congreso extraordinario de la CNT, fue elegido, junto a otro compañero, delegado directo del sindicato al congreso de la Asociación Internacional del Trabajo (AIT). Durante la primera semana del mes siguiente tuvo lugar la famosa «huelga de la Telefónica», convocada por los trabajadores de la Compañía adscritos a la CNT, que supuso un saldo de treinta muertos, doscientos heridos y dos mil detenidos. Esa huelga fue muy criticada por los socialistas, que temían que pudiera servir de excusa a los militares para dar un golpe de Estado que acabase con la naciente República. Según el dirigente de las Juventudes Libertarias, Jacinto Torhyo, en la CNT tampoco veían con buenos ojos esa huelga, pues creían que podía desestabilizar el Sindicato; pero los empleados de la Telefónica no cedieron en sus pretensiones. Sotomayor, que no pertenecía a la plantilla de la Compañía, fue, con González Inestal, quien más alentó la continuidad de la huelga. El 12 de julio intervino en un mitin, celebrado en el Teatro Fuencarral de Madrid, atacando violentamente a la CTNE y al Gobierno, siendo muy ovacionado por los seis mil asistentes.{2} Con relación a ese conflicto social, Ramiro Ledesma Ramos escribe:
«La Conquista del Estado encontró en la huelga motivo de agitación contra el pulpo capitalista yanqui, aposentado en a la Compañía Telefónica. De ahí que no ahorrase esfuerzo alguno en favorecer la huelga, aun sabiendo de sobra el director [que era el propio Ledesma] que tras ella existía un propósito y un plan subversivos para derribar el Gobierno provisional.»{3}
El 14 de agosto, fueron detenidos Nicasio Álvarez de Sotomayor y Juan Sama, al ser sorprendidos por una pareja de la Guardia civil cuando se disponían a colocar un explosivo en la ronda de Toledo. Al parecer pretendían volar el cajetín de registro de la Telefónica.{4} Al mes siguiente volvería a ser detenido, junto a un compañero comunista, por colocar un petardo en la pila del agua bendita de la Iglesia de los Luises de Madrid. Su compañero lo acusaría de haber tomado parte en varios actos de sabotaje.
El 11 de febrero de 1933, la Junta General del Sindicato de Sanidad acordó la expulsión de Sotomayor –y de dos miembros más– del sindicato y de la CNT por crear la agrupación TECTRA (Técnicos y Trabajadores). Los expulsados manifestaron que no querían estar sometidos a la dictadura que ejercía la FAI sobre la CNT.{5} Álvarez de Sotomayor era, en aquelles fechas, secretario de la Federación Local de Sindicatos Únicos de Madrid. Ni que decir tiene que la nueva organización resultó un fracaso absoluto. Según sus Estatutos{6} tenía por objeto: «reunir a todos los hombres que, bajo el lema “Trabajo, Cultura y Libertad”, deseen prestarse ayuda mutua para conseguir la máxima aplicación de estos principios.» (Art. 1º). Es probable que en la expulsión de Nicasio influyeran otras motivaciones; ya que en ningún sitio se dice que la TECTRA pretendiese constituir un nuevo sindicato. Es más, según el excenetista Guillén Salaya: «La Tec-tra deseaba vivir en el seno de la Confederación, pero ampliando sus cuadros con la adhesión de los técnicos.»{7}
En el mes de agosto de 1933, Sotomayor –junto a otro cenetista, el periodista Francisco Guillén Salaya– ingresa en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. En el número 5 (octubre de 1933) de la revista doctrinal JONS, escribe el artículo «Del anarcosindicalismo al Sindicalismo Nacional de las J.O.N.S.», donde dice que el anarquismo y el sindicalismo son dos fuerzas antagónicas que se repelen. Acaba el escrito diciendo: «Y por sentirme revolucionario y a la par patriota, he ingresado en las J.O.N.S.»
En el mes de noviembre, junto a Ledesma, Salaya y José Olalla (otro excenetista), participa en un mitin electoral en la ciudad de Cáceres. Tres meses más tarde, el Consejo Nacional de las JONS decide fusionarse con Falange Española (FE). Nicasio, sorprendentemente y a diferencia del excomunista Santiago Montero Díaz –que no aceptó la fusión, por considerar derechista a FE, y se alejó del partido–, se mostró decidido partidario de ella, según se desprende del acta de la reunión del Consejo:
«Nicasio Álvarez de Sotomayor, de Madrid, dice: Que es partidario de la unión hasta que desaparezca el marxista enemigo y, en caso de que no aceptasen la unión, lanzar un Manifiesto de acercamiento y cordura.»{8}
A finales de julio de 1934 empezaron los trabajos para constituir un sindicato falangista (la Central Obrera Nacional Sindicalista). En el número 11 –y último– de la revista JONS (11-VIII-1934), Ledesma Ramos da cuenta de que se ha creado una Secretaría sindical, que estará dirigida por Nicasio Álvarez de Sotomayor.
En el mes de septiembre, Mundo Obrero (órgano del Partido Comunista de España) publica una serie reportajes sobre Falange, donde proporciona informaciones y datos confidenciales que ha obtenido, mediante pago, de un dirigente de la CONS, Aníbal Calero.{9} En el reportaje publicado el 24 de septiembre se puede leer con relación a Sotomayor:
«Un individuo vomitado de la Confederación, donde jugó en cierto momento un papel dirigente. Individuo sin moral, eterno vividor con recursos de sucio origen. Militando en la C.N.T. se sabía en los últimos tiempos que era confidente de la policía. Cuando fue arrojado de los Sindicatos Únicos de Madrid se hizo fascista. Y hoy es el encargado por el mando de la cuestión sindical en las filas fascistas. Vive en la calle Preciado nº 29.»
El diario Informaciones (17-XI-1934) publica una entrevista a Nicasio Álvarez de Sotomayor en la que manifiesta que:
«Falange Española es el futuro de nuestra acción. Tenemos depositada nuestra confianza en el señor Primo de Rivera y él asume íntegramente la responsabilidad de nuestros destinos y de nuestro triunfo.»
El jonsista no era en absoluto sincero, pues el diplomático italiano Celesia, doce días después de la publicación de la entrevista, envió una nota a su Gobierno informando que
«Sotomayor estaría a punto de incorporarse al “nuevo partido” de Calvo Sotelo, lo mismo sucedería con Ansaldo y el propio Ledesma estaría pensando en recuperar su independencia, alejándose de la organización.»{10}
A principios de diciembre se dio a conocer el Manifiesto del Bloque Nacional, que agrupaba a los partidos monárquicos y que dirigía el exministro de la Dictadura José Calvo Sotelo. La censura (el país estaba en estado de alarma, equivalente al actual estado de excepción, por los sucesos de octubre) no dejó publicar el Manifiesto. Santiago Galindo Herrero y Joaquín Arrarás mencionan a un Álvarez de Sotomayor como firmante del Manifiesto;{11} ahora bien, como ha puesto de manifiesto Rodríguez Arroyo, no se trataba de «Nicasio, sino del pintor del mismo nombre.»{12}
El 14 de enero de 1935, se publica en la prensa nacional una nota firmada por Ramiro Ledesma, Nicasio Álvarez de Sotomayor y Onésimo Redondo dando cuenta de la escisión de las JONS de Falange Española. Como suele ocurrir en estos casos, para los otros, los falangistas, no se trató de una escisión, sino de una expulsión.
Los escindidos, con la ayuda económica de los monárquicos del Bloque Nacional, publican un semanario, La Patria Libre (un total de siete números, del 16 de febrero al 30 de marzo), donde se dedican a insular a José Antonio Primo de Rivera y a intentar resucitar «las viejas JONS». En el número 1, aparece una entrevista a Nicasio en la que reconoce que
«todos estos últimos días he estado consagrado a consolidar esta independencia necesaria del nacionalsindicalismo, que había quedado reducida a ser bandería de enganche de un partido político.»
Después de esa entrevista, son pocas las noticias que tenemos de Nicasio.{13} En este mismo año, Ramiro Ledesma escribe que: «Mateo{14} hizo bien, por otro lado, en apartarse de la labor sindical de Sotomayor, individuo, al parecer, un tanto averiado.»{15} Sabemos, por su biógrafo Rodríguez Arroyo, que regreso a su pueblo Cilleros y que, después de las elecciones de febrero de 1936, que ganó el Frente Popular, fue designado concejal (representando al PSOE) por el gobernador civil de Cáceres y que, durante un mes y medio, actuó como alcalde. En mayo de 1936 se hallaba en la Cárcel Modelo de Madrid, cumpliendo una condena antigua por su participación en la huelga de la Telefónica de 1931. Allí coincidió con destacados militantes falangistas. A Maestú le contó uno de estos militantes –Diego Aparicio–, que al extremeño lo sacaron de la cárcel los socialistas.{16}
Estallado el conflicto civil, buscó refugió en el monte y cercado por milicianos falangistas y guardias civiles, al no querer entregarse, fue abatido. Era el 2 de agosto de 1936.
Seguidamente, vamos a trascribir la opinión que el general Emilio Mola tenía de nuestro personaje, porque creemos que puede ayudar a desentrañar la extraña biografía política de Sotomayor que, en uno pocos años, fue: comunista, anarcosindicalista, anarquista, sindicalista de Tectra, jonsista, falangista, cercano al Bloque Nacional i, finalmente, socialista.
Antes de nada, debemos señalar que Mola, que solo fue directos general de Seguridad durante un corto período de tiempo (del 13-II-1930 al 17 abril-1931), cita, en varias ocasiones, al cenetista en sus Memorias de mi paso por la Dirección General de Seguridad (que se publicaron en tres sucesivos libros). Así, refiriéndose al mes de junio de 1930, escribe:
«A los anarcosindicalistas, pese a las activas propagandas de Nicasio Álvarez de Sotomayor, espíritu por demás inquieto, les parecía mejor, mucho mejor, la táctica de agitación sindical iniciada en todo el territorio nacional […]».{17}
La referencia a Sotomayor parece un tanto forzada en el contexto de la información que el general pretende dar. Por otra parte, al mencionar que es un «espíritu inquieto», parece que quiere dar a entender que lo conocía personalmente. Lo cual no es extraño, ya que se entrevistó con Ramon Sales, el líder de los Sindicatos Libres, y con Ángel Pestaña, dirigente de la CNT. La diferencia radica en que con esos dos sí menciona que se reunió con ellos. Además, da a entender que Nicasio no era muy partidario de la agitación, sino de la propaganda. En cambio, sabemos que, en la huelga de la Telefónica, cuando había el peligro de golpe de Estado militar, se mostró como uno de los dirigentes más intransigentes, a pesar de no ser empleado de la CTNE. Más adelante, con relación a los alborotos del mes de noviembre de 1930, provocados por el derrumbe de una casa en construcción con el resultado de la muerte de cuatro obreros, Mola nos informa que:
«Un confidente, por teléfono, me señaló, entre otros, como principal promotor de los disturbios a Nicasio Álvarez de Sotomayor, elemento destacado del Ateneo de Divulgación Social […]. A Nicasio Álvarez de Sotomayor no fue posible detenerle: prudentemente había adoptado la resolución de ocultarse.»{18}
Es curioso que quiera remarcar la presencia, como principal promotor, de Nicasio y que este, precisamente, no fuese hallado al ser clausurado el local por la policía. ¿Estaría protegiendo la imagen de Sotomayor de las sospechas de sus compañeros?
Con relación al atentado frustrado contra los cajetines de registro de la Telefónica, al que antes hemos hecho referencia y que ocasionó la detención de Nicasio en el mes de agosto de 1931, o sea ya durante la República, Mola nos explica que los artefactos explosivos provenían de los que los revolucionarios habían preparado para el frustrado golpe de Estado de diciembre del año anterior.{19} Ahora bien, ¿cómo lo sabía, si ya no era director general de Seguridad?
Para demostrar que la CNT estaba dispuesta a sumarse a la menor revuelta, Mola cita un artículo de Sotomayor, publicado en Solidaridad Obrera el 22 de enero de 1931, y reproduce dos frases de dicho artículo.{20}
Sabemos que todo eso es insuficiente para considerar que Sotomayor fuera un confidente de Mola. Pero sí que todo ello resulta un tanto sospechoso, o por lo menos, sorprendente; sobre todo, si a eso le añadimos lo que hemos reproducido de Mundo Obrero (aunque se trate de un medio en absoluto fiable, los mentirosos a veces dicen la verdad). Con anterioridad, hemos mencionado que en la expulsión de Sotomayor de la CNT, además del motivo de la creación de la Tectra, pudieron haber otros; quizás tenían sospechas sobre su lealtad y los comunistas, en su panfleto (donde daban el domicilio de los denunciados, para que pudieran ser víctimas de atentados), convirtieron las sospechas en certezas.
Escribe su biógrafo:
«Es incluso extraño que hasta en los archivos del Ministerio del Interior, en donde se conservan los informes de la Policía, Guardia Civil e Instituciones Penitenciarias no se encuentre ningún documento referido a Nicasio, cuando éste no paró de entrar y de salir de la cárcel y sobre quién el Director General de Seguridad, General Mola, decía tener una amplia ficha de todas sus actuaciones.»{21}
Sí que es extraño. Demasiado extraño, diríamos nosotros. Puede que aquí radique la solución del enigma, pero nos movemos en suposiciones que, si bien no se pueden descartar a priori, no están confirmadas.
En nuestra opinión la clave está en lo que Ramiro Ledesma dice del personaje: que era un «individuo al parecer un tanto averiado». Por su parte, el también «escisionista» Guillén Salaya, que no le tenía ninguna estima, dice que «era vanidoso, un ególatra».{22} Puede que tuviera un trastorno de personalidad narcisista, producto de su accidentada infancia. Se trataría de un personaje que le gustaba figurar y que necesitaba que se hablase de él constantemente. Curiosamente, ninguno de sus excamaradas jonsistas habla bien del personaje, a lo sumo lo ignoran o lo mencionan de pasada. Es cierto que Emilio Gutiérrez Palma, también excenetista y que sería de los poquísimos de la sección de Valladolid (la más importante juntamente con Madrid) y que seguiría a Ramiro en la escisión, lo cita con cierta deferencia y lo llama camarada; así escribe:
«Uno de estos elementos era un anarquista, Sotomayor. Este camarada, viejo cenetista, anarquista después, fue el organizador y propulsor de la famosa huelga de la telefónica. Ello le valió que al finalizar la huelga le condenasen a dos años y un día de cárcel como responsable de la huelga.»{23}
Vemos que menciona, dos veces, que Sotomayor era anarquista; pero parece que su subconsciente lo traicionase, pues cuando intenta justificar su afiliación a las JONS, tres líneas después, lo hace así: «Nada tiene de particular esta decisión de Sotomayor si tenemos en cuenta que él era cenetista pero nunca anarquista.»
2. La escisión de Ramiro Ledesma
Ledesma Ramos en carta a Montero Díaz –sin fecha, pero escrita poco después del mitin celebrado en Valladolid, el 4 de marzo de 1934, para dar a conocer la unión de FE y JONS–, le comenta que: «La fusión con FE es puro oportunismo» y añade, que cuando no estén francas las metas jonsistas, él será «el primero en recoger velas y virar cuando así ocurra.»{24} Cinco meses más tarde, el 23 de agosto, escribe de nuevo a Montero:
«En estos días, en estas horas, hay planteada, en el seno del Partido un espinosísimo conflicto entre José Antonio y yo. Que se resolverá con su eliminación del Partido, o con la escisión jonsista con los viejos elementos y muchos otros.»{25}
Al final no se produjo ni una cosa ni la otra, puesto que Primo de Rivera firmó un acuerdo, datado el 20 de agosto de 1934, con su amigo Antonio Goicoechea donde este –¡ojo, no Renovación Española!, como se suele escribir– se comprometía a financiar a la Falange con un mínimo de 10.000 pesetas mensuales. Ramiro se apaciguó al creer que este acuerdo le permitiría poner en marcha la CONS. Pero este pacto, como expusimos en otro lugar con más detalle,{26} fue seguramente una artimaña pergeñada por José Antonio para engañar al líder jonsista. Es decir, se trataba de un documento que solo pretendía hacer creer a Ledesma que había financiación para su proyecto sindical. En cualquier caso, no parece que FE llegara a cobrar ninguna mensualidad y cuando, en noviembre, José Antonio se negó a que FE ingresara en el Bloque Nacional –y con ello a la renuncia a las posibles subvenciones o ayudas económicas de los alfonsinos–, Ramiro y Sotomayor comprendieron que la CONS estaba condenada al fracaso y consideraron llegado el momento de «recoger velas y virar.» El fundador de las JONS no había creado el nacionalsindicalismo para ser un segundón a las órdenes del marqués de Estella, a quien, si bien le reconocía méritos, no consideraba –seguramente por su condición aristocrática– que fuera el líder que necesitaba el fascismo español.
Una tarde de finales de diciembre de 1934, se reunió la Junta Política de FE de las JONS. Ledesma lo narra así:
«En el salón hacía un frío enorme, pues el gran edificio de la calle del Marqués de Riscal, 16, lleva varias semanas sin calefacción. Apenas iniciada la Junta, se hizo de noche, y hubo que encender dos velas, porque también aquella aristocrática mansión se encontraba sin luz eléctrica cortada días antes por falta de pago a la Compañía. […] Primo reconoció en esa reunión que la situación del Partido era angustiosa, que había entrado en un bache de gran profundidad y peligro»{27}
Para Ramiro, el principal culpable de la desastrosa situación de la organización era Primo de Rivera:
«Sería quizá injusticia atribuirle toda la responsabilidad por la situación lamentable a que había llegado el Partido, precisamente en la etapa de su mando único y supremo. Pero no es, desde luego, injusto atribuirle una gran parte.»{28}
En realidad, a la mala situación económica contribuyó no poco la creación de la CONS, que fue una imposición del propio Ledesma y de Sotomayor para tener su parcela de poder autónoma dentro del partido.{29} No se puede culpar a Primo de Rivera de que los obreros inscritos en los sindicatos falangistas hubieran pasado de 15.000 a 2.000 en apenas cuatro meses. La culpa sería, en todo caso, de los dirigentes del Sindicato, que habían ideado un fraudulento sistema para ocupar a obreros en paro forzoso y que resultó un fracaso, al no tener el apoyo de la Patronal. Por otra parte, la creación, en aquellos momentos, de la CONS fue un grave error estratégico. El historiador falangista García Venero ha escrito con lucidez:
«En la España de 1934 a 1936, la mayoría de los obreros que podrían nutrir a la Central Nacional-Sindicalista sería una carga onerosa. Hubieran procedido del “lumpenproletariat”, y, en efecto, así ocurrió. Eran peones, inmigrantes del campo a las ciudades, usuales “amarillos” o “esquiroles” … Acudían a los sindicatos falangistas en demanda de la “sopa boba”, y con la creencia de que se trataba, como otras veces, de una organización sostenida por el capitalismo. […] Una orientación máxima hacia el incremento de los sindicatos, habría paralizado el crecimiento político, y arrojado enorme y estéril balance trágico. No es posible dudar de que habría ocurrido una reanudación del terrorismo más intenso que en los días de la lucha entre el Sindicato Único y el Sindicato Libre.»{30}
Sigue relatando Ramiro:
«La casualidad hizo que a la salida de la Junta tomasen el mismo rumbo tres de sus miembros: Ledesma, Onésimo Redondo y Sotomayor. Con este último iba, además, uno de los dirigentes sindicales, Mateo, antiguo comunista. […] Todos coincidieron en que si no se hacía algo con rapidez para evitar la descomposición total del movimiento, ésta era inevitable.»{31}
Obviamente, no fue casual la reunión; sino que Ledesma había convocado en el café Fuyma a los ya citados y, además, a Juan Aparicio y Javier Martínez de Bedoya. Y para evitar la descomposición (de la cual era responsable, según el jonsista, José Antonio), tomaron la decisión de escindirse. Así, sin más, sin tan siquiera discutirlo con el jefe nacional. Sigamos con Ramiro:
«Predominaba entre los reunidos la creencia de que a ellos, como antiguos dirigentes de las J.O.N.S., les correspondía, a la vista de los escollos, declara caducada su unificación con Falange, quedando libres para reverdecer de nuevo la gloriosa (sic) plataforma jonsista. Esta propuesta pareció excelente a Onésimo Redondo, quién afirmó que toda la sección de Valladolid la adoptaría como un solo hombre.»{32}
Según Javier Martínez de Bedoya, que parece más fiable, fue todo lo contrario:
«Onésimo precisó que daba su acuerdo, pero que no estaba seguro de que la organización de Valladolid le secundase, pidió unos días de plazo y adelantó que no se quedaría al margen de su grupo vallisoletano.»{33}
Continua Ledesma Ramos (oculto, como hemos dicho, bajo el seudónimo de Roberto Lanzas):
«Ramiro Ledesma opuso algunos reparos. Manifestó que, en vez de una actitud escisionista, él preferiría, por su parte, dimitir todos sus cargos y quedar al margen de la organización, haciendo esto público mediante un manifiesto.» {34}
Ledesma falta a la verdad; ya que el 11 de enero, tres días antes de hacerse pública la escisión, se habían presentado en las oficinas del Gobierno General de Cataluña los Estatutos de una nueva asociación: el Partido Español Nacional Sindicalista (PENS), integrado por una treintena de jonsistas catalanes, al mando de su anterior líder, José María Poblador{35} (que, en 1930, había sido redactor de La Razón, diario de los Sindicatos Libres).
En el artículo segundo de los Estatutos del PENS se recoge, al igual que en las JONS: «la sindicación obligatoria de todos los productores, dentro de un Estado Nacional-Sindicalista como base de la unanimidad social española.» Ni que decir tiene que este partido –que, a diferencia de la falange catalana, participaba «de las conspiraciones golpistas y de los espacios unitarios de coordinación de la extrema derecha barcelonesa»–{36} no tuvo ningún recorrido. Es más, Poblador y la mayoría de sus camaradas, una vez fracasado el proyecto escisionista, reingresarían en FE.
El día 14 de enero, en el Heraldo de Madrid (diario vespertino republicano de izquierdas), se publica una declaración firmada por Ledesma Ramos, Álvarez de Sotomayor y Onésimo Redondo dando cuenta de que han decidido «organizar las JONS fuera de la órbita de Falange Española y de su jefe, José A. Primo de Rivera.» Las finalidades que persiguen son:
«Afianzar el carácter nacional sindicalista revolucionario que nos ha distinguido siempre y que incorporamos a Falange Española cuando hicimos la fusión que hoy declaramos rota. […] Extender con eficacia y vigor los ideales nacional sindicalistas en los sectores más propiamente populares de España.»
No deja de sorprender que cuando José Antonio se niega a entrar en el Bloque Nacional, se alegue como motivo de la escisión «afianzar el carácter nacional sindicalista revolucionario». Meses más tarde, Ledesma atribuirá la separación no a una discrepancia ideológica; sino a una circunstancia de tipo táctico: el hecho de que FE no se hubiera puesto al frente de un movimiento subversivo, que aprovechare la represión de la fracasada revolución de octubre para suprimir el sistema parlamentario. Así escribe:
«Falange de las JONS no debió poner ni un minuto su confianza en el Gobierno de Lerroux,{37} y considerarlo una vez vencida la insurrección, como su peor enemigo. […] Hubo un momento en que el pueblo español, las grandes masas, estaban propicias a aceptar, como consecuencia lógica de los sucesos de Octubre, el aplastamiento del marxismo, y grandes sectores de la clase trabajadora se encontraban asimismo dispuestos a desvincularse de sus organizaciones. […] El deber de Falange consistía en dirigir y absorber la capacidad insurreccional de esos elementos, uniéndolos a sus propios grupos para organizar la toma violenta del poder. […] Afirmo sin vacilar que en las primeras semanas de noviembre estaba dentro de las posibilidades reales de la organización el haber promovido eficazmente una acción armada.»{38}
Parece que Ramiro, en vez de querer la revolución nacionalsindicalista, solo pretendía acabar con el régimen republicano y democrático y que las derechas monárquicas y fascistizadas ocuparan el gobierno. Pues es increíble que pensara que, con sus escasos efectivos, FE pudiera apoderarse del poder. Un partido que, además, por no tener no tenía un programa ideológico, ni mucho menos un programa de gobierno y que carecía de cuadros para gobernar. Y aunque, con la ayuda de una parte del Ejército y de los requetés, hubiese contribuido a derribar el sistema constitucional, era del todo imposible que le hubiesen dejado aplicar un programa de contenido social avanzado.
Cuando Ledesma menciona las «primeras semanas de noviembre», se está refiriendo a una intentona golpista, promovida por los oficiales y jefes de la Unión Militar Española (UME) –cuyo jefe supremo era el general Sanjurjo, exiliado en Portugal– y los monárquicos alfonsinos, para acabar con el régimen democrático. Se trataba de aprovechar el estado de guerra en vigor, así como el desconcierto y malestar ocasionados por los graves sucesos de Asturias y Cataluña. Así lo relata Ansaldo, el eterno conspirador monárquico:
«Se trataba de recoger al general Sanjurjo en Portugal, trasladándolo en avión a las proximidades de Oviedo, capital de Asturias. Allí, de acuerdo con el teniente coronel Yagüe, jefe de una columna de operaciones, utilizaría ésta como núcleo inicial de partida para la toma del Poder. El “estado de guerra”, según queda dicho, regía en toda España y las fuerzas izquierdistas, dispersas, descontentas o desmoralizadas, para nada contaban. No hay duda que en aquel momento hubiera logrado Sanjurjo, con su prestigio personal, su nombre y la falta de ambición mezquina que le caracterizaba obtener el apoyo de las Fuerzas Armadas y de una gran opinión en el país. […]»{39}
El 16 de julio de 1935, Antonio Goicoechea, jefe del partido monárquico Renovación Española, en un documento sobre la «Visión de la situación política compartida por la UME [Unión Militar Española]», dirigido a Mussolini, manifiesta que:
«La CEDA y su jefe Gil Robles han cometido el enorme error que pudiera llegar a ser histórico, de no utilizar la enorme reacción nacional ante el fracaso revolucionario para intentar algo definitivo. Perdieron la ocasión en noviembre […]»{40}
No obstante, eso no fue así; ya que Ansaldo nos informa que, mientras esperaba las órdenes para ir en busca de Sanjurjo y trasladarlo a Oviedo, llegó Pujol, director del diario vespertino Informaciones (cuyo propietario era el financiero mallorquín Juan March): «Vengo del Ministerio de la Guerra y las cosas parece que han cambiado. El general Franco no cree sea el momento de actuar.»{41}
Por lo tanto, Ramiro se equivoca cuando dice que era posible que Falange liderase, en el mes de noviembre de 1934, un movimiento insurreccional. En primer lugar, el Ejército estaba muy dividido (según le hicieron llegar a Gil Robles los generales Fanjul y Goded){42} y no hubiera secundado la sublevación. En segundo lugar, la UME hubiera entregado el poder a los alfonsinos (que eran sus financiadores), no a la FE, que en aquellos momentos era un partido que, para subsistir, necesitaba la ayuda económica, precisamente, de los monárquicos.
Cuando José Antonio vio la jugada de los alfonsinos, y a pesar de la opinión contraria de Ruiz de Alda,{43} se opuso a esa intentona, y el 17 de noviembre de 1934 escribe al general Sanjurjo esta misiva:
«Le decía que el nuevo intento sólo va a nutrirse, implicando una nueva fragmentación, con gente de la derecha. Y mientas no salgamos de ahí no haremos nada. Los países en que se ha hecho la verdadera revolución nacional la han visto hecha por gentes nada derechistas; por gentes conquistadas al socialismo, al sindicalismo, al anarquismo, gracias a la fuerza inmensa de lo patriótico. No uniendo lo patriótico a lo popular, es decir conservando el patriotismo como una especie de patrimonio de los acomodados, no haremos nada. Por eso yo, con el modesto esfuerzo del que, sin duda, tiene usted noticia, me afano por penetrar entre los obreros y estudiantes revolucionarios. Si a estos se les gana para la causa de España, ofreciéndoles de veras todo lo que hay que darles y renunciando de veras a imponerles cosas que les son antipáticas, España puede alcanzar grandes días. Todo lo demás es perder el tiempo.
Si esta aspiración a nacionalizar las cosas revolucionarias y populares estuviera ya adelantada el nombre de usted podría ponerse a la cabeza sin temor a interpretaciones torcidas. Pero aún estamos muy lejos de la madurez de tal propósito. […]».{44}
Pero, aunque hubiese habido posibilidades de éxito, el papel de FE hubiese sido el de una fuerza auxiliar del ejército golpista al servicio de la derecha radical. Una vez más, la táctica de Ledesma Ramos coincide con las intenciones de los monárquicos reaccionarios. Es por eso, que resulta difícil creerle cuando escribe:
«Los propósitos de los escisionistas consistían en asfixiar toda supervivencia reaccionaria y dar a la organización bases nuevas, tanto de funcionamiento, a los efectos interiores, como de índole social-económica, a los efectos de la propaganda.»{45}
O sea, José Antonio pierde la subvención de los alfonsinos por no querer integrarse en el Bloque Nacional (que era una entidad reaccionaria, según él propio Ramiro), y los escisionistas se separan porque quieren «asfixiar toda supervivencia reaccionaria.» Y, naturalmente, con ellos iba Onésimo Redondo, que era de lo más revolucionario. Pero Ledesma no tuvo suerte con sus camaradas separatistas:
«Este [Mateo] fue a Valencia a influir en aquella sección, y a la vuelta creyó más conveniente para él quedarse con Primo de Rivera, sustituyendo a su compañero [Álvarez de Sotomayor] en el cargo de dirigente sindical.»{46}
Onésimo, al ver que el grupo de Valladolid, ganado por la oratoria del líder falangista, se decantaba en su práctica totalidad por permanecer en FE, decidió no escindirse y continuar como miembro de la Junta Política. Con relación a la actitud de Onésimo, el jonsista Vicente de Cadenas, que permaneció fiel a Primo de Rivera, relata que:
«Tuve que ir a Valladolid a contarle personalmente todo lo sucedido concluyendo, lo recuerdo perfectamente: “Yo me quedo con José Antonio; se me había contado otra versión.”»{47}
Todo indica que fue Sotomayor el principal culpable de la escisión, al hacer creer a Ledesma que los afiliados de la Central Obrera Nacional Sindicalista (CONS) les seguirían en la escisión de FE. Pero no fue así, y con ello se perdió la gran basa para poder negociar una sustanciosa ayuda económica con los del Bloque Nacional, que estaban interesados en crear unos sindicatos de corte corporativista que, como contrapartida a la subvención, no obstaculizaran en su actividad y propaganda una futura restauración monárquica.{48} Así lo cuenta el propio Ledesma:
«Afirmaron [Sotomayor y Mateo], asimismo, que los motivos de la enclenquez sindical eran de tipo político, procedían de la palidez política del Partido. Y dijeron más, y es que ellos dos venían ya, desde hacía algunos días, estudiando el medio de alzar la independencia de los sindicatos, a cuyo efecto habían gestionado algunos medios económicos.»{49} [La cursiva es nuestra].
Ramiro se cuida mucho de decir que eran los monárquicos de Renovación Española, integrados en el Bloque Nacional, los que se habían comprometido a financiar los sindicatos que se independizasen de Falange. No es de extrañar que, cuando la escisión fracasa porque los obreros no actuaron como Sotomayor había prometido, Ledesma escribiera: «Mateo hizo bien, por otro lado, en apartarse de la labor sindical de Sotomayor, individuo, al parecer, un tanto averiado.»
El día 15 de enero, el Heraldo de Madrid publica una nota redactada por Primo de Rivera:
«El jefe de Falange Española de las JONS, en uso de las facultades que le conceden los estatutos, ha acordado expulsar del movimiento a Ramiro Ledesma Ramos y Nicasio Álvarez de Sotomayor.
Se sanciona con esta medida su constante conducta de indisciplina y conspiración contra la unidad del movimiento y sus infatigables negociaciones encaminadas a granjearse la protección de grupos políticos diametralmente opuestos al sentido revolucionario nacionalsindicalista. […]»{50} [La cursiva es nuestra].
Según Ximénez de Sandoval:
«Algún camarada, con motivos para estar bien enterado, nos anunció que se había descubierto un complot para sublevar contra el Jefe a los sindicatos, y que el cabecilla de aquella conspiración era Ledesma Ramos.»
Al día siguiente, y siempre según Ximénez de Sandoval, Primo de Rivera –que no iba con la camisa azul proletaria, sino con un magnífico traje gris– se dirigió a las dependencias de la CONS –donde fue recibido por los obreros que, convenientemente motivados por sus líderes, gritaban «¡fuera los señoritos!»– y pronunció estas palabras: «Quizá salga muerto de este cuarto. Pero lo que aseguro es que antes de matarme habréis oído a este señorito.» Al cabo de un cuarto de hora de explicaciones, José Antonio abandonaba la central obrera entre vítores. La posibilidad de división en la Falange había fracasado definitivamente.{51}
El día 17 de enero, el jefe nacional de Falange escribe una carta a su pariente Sancho Dávila, jefe territorial de Andalucía:
«No se trata de una discrepancia entre falangistas y jonsistas, sino, ni más ni menos, entre personas decentes y gentes del hampa, salida de los fondos infrasociales más turbios y completamente inasimilable.»{52}
Curiosamente, el jefe de Falange coincidía con el periódico CNT que, unas semanas antes, había calificado a Sotomayor y a otros cenetistas pasados a Falange de ganapanes enyugados, de traidores y de infrahombres.{53}
Al día siguiente, en el Heraldo de Madrid, aparece una entrevista realizada a Ledesma Ramos y a Álvarez de Sotomayor. En ella, Ramiro declara que se han separado de Falange porque:
«Primo de Rivera tiene una mentalidad feudal, que opera en política con unas docenas de mercenarios y un grupo reducido de amigos equivocados, aunque sinceros, que tienen un espíritu pretoriano incompatible con nuestro sentido de la dignidad humana. […] Nosotros somos antimarxistas y revolucionarios por creer precisamente al marxismo en una posición fracasada que escamotea la revolución nacional española.»
A pesar de esta autoproclamada actitud revolucionaria, en esa misma entrevista, Álvarez de Sotomayor declara:
«Y diremos a los obreros que sus enemigos no son siempre los patronos, y que los verdaderos beneficiarios de la actual economía son los especuladores y los grandes prestamistas, enemigos de los patronos y obreros juntamente.»
Más que una manifestación de sindicalismo revolucionario se trata de una declaración reformista, o mejor aún, fascista corporativista (Ledesma y Primo de Rivera habían dicho algo semejante), que no molestaría mucho a los amigos del Bloque Nacional.{54} En este sentido, es interesante recoger lo que escribió Areilza (amigo de Ramiro y de José Antonio) con relación a la ruptura:
«fue acogida con alborozo indisimulado en el campo adversario y quizá también en algún sector de la derecha conservadora [léase, derecha alfonsina] al que en el fondo todo aquello molestaba y parecía perturbar para el logro de otros objetivos puramente reaccionarios y defensivos.»{55}
No hay que hacer caso del «quizá también», porque lo que pretende con ello, el conde de Motrico, es quitar responsabilidad a su amigos monárquicos. No olvidemos que él también era miembro del Bloque Nacional.
Llegados a este punto, cabe preguntarse qué pretendía Ledesma Ramos con la escisión. Está claro que él no podía desconocer que la penuria económica de FE obedecía a la falta de ayuda de los monárquicos y que, después de haber rechazado Primo de Rivera el Bloque Nacional, no cabía esperar ningún cambio en su actitud. Ahora bien, ¿realmente quería que FE se integrase en el Bloque o simplemente aprovechó la mala situación económica como excusa para liderar un nuevo partido (el PENS)?
Según Ferran Gallego, fue la primera posibilidad:
«Pero el motivo real de su marcha estuvo determinado por lo que para él resultaba imperdonable: la pérdida de la posibilidad de integrarse en un Bloque con presencia parlamentaria abundante, que haría del Partido un aliado esencial, a la espera de tiempos mejores, ya que se había perdido la gran ocasión de las inmediaciones de octubre.»{56}
Sin embargo, en nuestra modesta opinión, ese motivo presenta varios puntos débiles: a) Ramiro, que ya llevaba a mal estar subordinado a José Antonio, ahora tendría por encima, además, a todos los líderes de los partidos integrados en el Bloque (Goicoechea, Calvo Sotelo, Rodezno, Albiñana…). Todos esos líderes lo eran de entidades más potentes que FE de las JONS y, en muchos casos, mejores oradores que él; b) la presencia parlamentaria carecía de importancia, puesto que Ledesma era un antiparlamentario visceral (precisamente, acusaba a Primo de Rivera de prestar demasiada atención a sus actividades de diputado); c) difícilmente FE hubiese crecido en credibilidad y en militancia; todo lo contrario, ya que hubiese sido visto, sobre todo a los ojos de los jóvenes y estudiantes, como «la partida de la porra» de la extrema derecha. Por otra parte, ya hemos dicho que la «ocasión de las inmediaciones de octubre» no existió, porque el Ejército estaba dividido y la sublevación hubiese terminado en otra sanjurjada.
Que Ramiro no quería integrarse en el Bloque Nacional queda patente cuando a finales de ese año de 1935 –con relación a la propuesta de José Antonio de crear un Frente Nacional para enfrentarse al Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936– escribe en ¿Fascismo en España?:
«Mal camino de deslizamiento es ése. Por ahí no llevará la organización sino al fracaso, camino de aparienciales victorias parlamentaristas. Los reaccionarios harían de Primo un nuevo Albiñana, con su partida de la porra correspondiente, para salvaguardar su posición antipopular y regresiva. La tendencia de Primo a pactar con los cedistas es también, evidentemente, un error considerable.»{57}
Por lo tanto, consideramos mucho más plausible que Ramiro aprovechara la ocasión para «recoger velas y virar». Esto vendría corroborado por la nota de 29 de noviembre de 1934, que el del diplomático italiano Celesia envió a su Gobierno, y que hemos transcrito anteriormente.
Insistimos en que, en nuestra opinión, la operación de Ramiro consistía en quedarse con los sindicatos de la CONS cuya financiación correría por cuenta de los monárquicos, que estaban interesados en que hubiera una central sindical de corte corporativista y combativa, es decir que hiciera frente a la UGT y a la CNT. Al final, ante el fracaso de Sotomayor, fueron los Sindicatos Libres (es decir, lo que quedaba de ellos) los elegidos para tal misión y así actuaron al servicio del Bloque Nacional. Los insultos entre los Libres y los falangistas, en Barcelona, fueron frecuentes.{58}
Con relación a los motivos de reales de la escisión, el jonsista Vicente Cadenas escribe:
«Opino que fue algo personal de Ramiro y bien lo sé, pues lo viví y me puse en contra de él, con gran sentimiento, pues para mí fue y lo será el verdadero creador de la doctrina de las JONS que tan perfectamente supo asimilar José Antonio.»{59}
* * *
Después de todo lo que hemos escrito, creemos que damos respuesta a las preguntas que formuló el periodista y escritor, y antiguo jonsista, Tomás Borras:
«¿Qué papel correspondió a Sotomayor y a Mateo en el episodio? ¿Se incrustó Sotomayor en Falange para zarpar su solidez desde dentro el antiguo comunista? ¿Engañó a Ramiro pintándole de color de rosa la adhesión de los irritados sindicatos?»{60}
Sobre los culpables de la escisión, escribe el sindicalista Ceferino Maestú:
«Por parte de José Antonio, muchas de las personas con quienes hablé coincidían en señalar a Raimundo Fernández-Cuesta como principal instigador, mientras que, de parte de Ramiro Ledesma, lo era Nicasio Álvarez de Sotomayor.»{61}
Por si quedase alguna duda, José Antonio, en el proceso de Alicante, contestando a la pregunta de un miembro del jurado, acusó directamente al antiguo cenetista de la escisión: «Entonces Sotomayor entró y armó la disensión.»{62} Más adelante, en el informe de la defensa, dirá:
«Y entonces me maquinan [las derechas] disensiones dentro de mi movimiento. Me organizan la de Ramiro Ledesma y Sotomayor, me someten a un cerco político, económico y personal espantoso, me vienen a dejar sin cuartos. Estamos cuatro meses sin poder pagar la casa en Madrid. Nos cortan el teléfono y nos quitan la casa en Madrid, y así estamos porque las derechas quieren a toda costa que no me interponga.»{63}
——
{1} Cf. RODRÍGUEZ ARROYO, Jesús C.: Auge y ocaso de un anarcosindicalista. Muños Moya Editores (Sarrión 2015), p. 15-18.
{2} La Tierra (Madrid 13-VII-1931) dedicó amplio espacio al mitin y recogió gran parte del discurso de Sotomayor. Queremos remarcar que este diario –propiedad del periodista Salvador Cánovas Cervantes (alias “Niní”, ni Cánovas ni Cervantes), que durante la Guerra Civil dirigió Solidaridad Obrera (órgano de la CNT)–, fue acusado por Manuel Azaña de estar subvencionado por el financiero Juan March. También, según el monárquico Pedro Sáinz Rodríguez, publicaba textos redactados por las derechas.
{3} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, en LEDESMA RAMOS, Ramiro: Obras Completas, Fundación Ramiro Ledesma Ramos, Madrid-Barcelona 2004, vol. IV, p. 173. Ramiro Ledesma, que utilizaba el seudónimo de Roberto Lanzas, no podía desconocer que derribar el Gobierno provisional solo podía acarrear o bien el comunismo libertario, como pretendían los anarquistas, o bien, con más garantías de éxito, favorecer un golpe de Estado de las derechas reaccionarias.
{4} Se instruyó el Sumario 394/1931 del Juzgado de Instrucción del distrito de La Inclusa de Madrid, por tenencia de explosivos, contra Nicasio Álvarez de Sotomayor y Juan Sama Ferragut. De este sumario se tramitó una pieza separada sobre insolvencia de Álvarez de Sotomayor. No sabemos, atendido que los dirigentes de la CNT no percibían retribución alguna por sus actividades sindicales, cómo se ganaba la vida. No es descartable que recibiera algún auxilio económico de su padre.
{5} La Tierra, 12 y 13 de febrero de 1932.
{6} Los Estatutos fueron presentados en la Dirección General de Seguridad el 2 de febrero de 1932.
{7} GUILLÉN SALAYA: Historia del sindicalismo español, Editora Nacional, Madrid 1941, p. 53. Para su biógrafo, «el Sindicato de Sanidad madrileño, con Nicasio al frente, guardaba grandes similitudes con las logias masónicas. Motivo este último por el que Sotomayor junto a otros integrantes de dicho sindicato serán expulsados del seno de la C.N.T.»; cf.: RODRÍGUEZ ARROYO, J. C.: p. 85. En nuestra opinión, sería TECTRA, en todo caso, quien guardaría semejanzas con la masonería. Por otra parte, nunca nadie fue expulsado de la CNT por ser masón. Es más, muchos anarcosindicalistas fueron miembros de logias masónicas.
{8} JEREZ RIESCO, José Luis: En busca del acta perdida, Ediciones Barbarroja, Madrid 2012, pp. 33-34.
{9} Aníbal Calero Pérez (1901-1934), en los años del pistolerismo barcelonés se jactaba de ser un activista anarquista; cuando, en realidad, se trataba de un confidente remunerado de la Policía. Para escapar de las represalias de sus antiguos compañeros, se alistó en la Legión donde estuvo, en dos períodos comprendidos entre 1920 y 1929, cinco años. Nada más licenciarse asesinó a su novia por celos. En la prisión, como se le daba bien escribir, fue ayudante del general Sanjurjo. Al salir con libertad condicional, se afilió en la Falange, encargándose de la organización del sindicato de ferroviarios y Metro de la CONS, en Madrid. Calero vendió información confidencial de Falange al PCE (que no dudó en utilizar los servicios de una militante y empleada del Metro de Madrid, Carmen Meana, para engatusar al exlegionario). Al ser descubierto, en octubre de 1934, se marchó a Barcelona y a los pocos días fue asesinado por tres individuos que le dispararon cinco balazos en la cabeza. Nunca fueron hallados los asesinos. La policía, una vez descartado el robo como motivo, supuso que se trataba de un asesinato pasional (hoy, machista); ya que al parecer la víctima mantenía relaciones con una mujer casada con un anarquista. ¿Se repetía la historia de celos o se trató de un ajusticiamiento político? Ramiro Ledesma, que habla del sujeto en su libro sobre el fascismo español, deja el tema abierto. Sobre Aníbal Calero Pérez existe una biografía reciente de Moisés DOMÍNGUEZ NÚÑEZ: Aníbal Calero, primer legionario: crónica de un canalla, SND Editores, Madrid 2020. Curiosamente, el autor no menciona que el contacto de Calero en el PCE era Enrique Castro Delgado (el famoso comandante de las milicias del Quinto Regimiento). Castro –que en su libro Hombres made in Moscú (escrito cuando ya había renegado del estalinismo) relata la actuación de Calero y de Meana (aunque sin nombrarla)–, no oculta su repugnancia por el personaje.
{10} Cf. SAZ CAMPOS, Ismael: Mussolini contra la II República. Edicions Alfons el Magnànim (Valencia 1986), p. 123.
{11} GALINDO HERRERO, S.: Los partidos monárquicos bajo la Segunda República, Madrid 1956, p. 254. ARRARÁS, J.: Historia de la República Española, Madrid 1968, t. III, p. 58. Pedro Sáinz Rodríguez, que pasa por ser el autor del Manifiesto, lo reproduce en su libro Testimonio y Recuerdos (Barcelona 1978), pero sin incluir la lista de los que lo firmaron.
{12} RODRÍGUEZ ARROYO, J. C.: Nicasio Álvarez …, ob. cit., p. 158. Se trataba del pintor y miembro de Renovación Española Fernando Álvarez de Sotomayor y Zaragoza (1875-1960). En nuestro libro De los Sindicatos Libres a los Sindicatos Verticales. Aproximación histórica al sindicalismo nacional (1931-1937), cometidos el error –influidos por la nota de Celesia, antes transcrita– de aseverar que Nicasio había firmado el Manifiesto del Bloque Nacional. Desde aquí pedimos disculpas a Jesús C. Rodríguez por no haber sabido leer, en este apunte, correctamente su libro.
{13} SÁNCHEZ DIANA, J. M.: Ramiro Ledesma Ramos. Biografía política, Editora Nacional, Madrid 1975, p. 223, nos informa que: «Sotomayor, tras muchas vicisitudes particulares, se reincorporó a las filas extremistas, retirándose a su pueblo natal»; pero no nos dice en que consistieron las vicisitudes.
{14} Manuel Mateo y Mateo (1904-1936), que había sido secretario de organización del Comité Provincial de Madrid del Partido Comunista, fue el sucesor de Sotomayor en la dirección de la CONS. Según Enrique Castro Delgado, fue brutalmente torturado y asesinado por sus antiguos camaradas comunistas. Mariano García, administrador del semanario Arriba, órgano de FE, le hizo a Maestú esta valoración: «Mateo no era muy buen orador, aunque sabía arrancar los aplausos. Sotomayor era mucho más líder y más brillante que él. Sin embargo, Mateo era un tenaz organizador revolucionario.»; cf.: MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados de la revolución. Falange y la C.N.T. en la II República. Plataforma 2003, Madrid 2012, p. 410.
{15} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en…?, ob. cit., p. 281.
{16} MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados…, ob. cit., p. 409.
{17} MOLA, E.: Lo que yo supe…, Librería Bergua, Madrid [1932], p. 138.
{18} Ibidem pp. 230-231.
{19} Idem: Tempestad, calma, intriga y crisis, Librería Bergua, Madrid [1932], p. 101.
{20} Ibidem, p. 172.
{21} RODRÍGUEZ ARROYO, J. C.: Nicasio Álvarez…, ob. cit., p. 194.
{22} GUILLÉN SALAYA: Anecdotario de las J.O.N-S., Yugos y Flechas, San Sebastián, 1938, p. 85. Más adelante insiste: «Sotomayor seguía entusiasmado con su tontería de la “Tectra”. Como era muy vanidoso soñaba con crear un gran partido, por él acaudillado, de técnicos y trabajadores», p. 95. Como vemos, para Guillén, Tectra era más una asociación (un partido, dice él) que un sindicato. Con eso queremos poner de relieve, que tuvo que haber algún que otro motivo para la expulsión de Sotomayor de la CNT.
{23} G. PALMA, Emilio: Sindicatos y agitadores revolucionarios nacionalsindicalistas (1931-1936). La primera edición es de 1937; pero yo lo cito por la de Alternativa Europea, Barcelona 1998, p. 11.
{24} LEDESMA RAMOS, Ramiro: Obras…, vol. IV, p. 524.
{25} Ibidem, p. 525. Curiosamente, esta carta parece haber pasado desapercibida a los autores que han tratado de la escisión. En el mes de enero de 1935, Alejandro Salazar (1913-1936) jefe nacional del Sindicato Español Universitario (SEU) y miembro de la Junta Política de FE, escribe su Diario: «Surje [sic] una nueva intentona de motín dentro de la Falange. Ya en el mes de agosto se intentó despojar de la Jefatura a Primo de Rivera. Desde hace tiempo Ramiro Ledesma no es nuestro.»; cf. IBÁÑEZ HERNÁNDEZ, Rafael: Estudio y acción. La Falange fundacional a la luz del Diario de Alejandro Salazar (1934-1936). Ediciones Barbarroja, Madrid 1993, p. 34.
{26} MAS RIGO, Jeroni Miquel: De los Sindicatos Libres…, ob. cit., pp. 80-89.
{27} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en…?, ob. cit., p. 279.
{28} Ibidem, p. 278.
{29} «Según conto Gregorio Pérez Ortega, aquellos días [de la escisión] había sostenido una larga conversación con Sotomayor a quien le preguntó cómo concebía que debería ser la estructura orgánica de la Falange. Para Sotomayor, la jefatura de la Central Obrera tenía que estar en pie de igualdad con la de la Falange y con plena autonomía.»; cf. MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados…, ob. cit., p. 389.
{30} GARCÍA VENERO, Maximiliano: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Ruedo Ibérico, París 1967, pp. 48-49.
{31} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en…?, ob. cit., p. 280.
{32} Ibidem, 280-281.
{33} MARTÍNEZ DE BEDOYA, Javier: Memorias desde mi aldea. Valladolid Ámbito, 1996, p.80. Javier Martínez de Bedoya (1914-1991), abogado, participó, junto a Onésimo, en la constitución de las JONS. Primo de Rivera lo nombró, pese a su juventud (20 años), jefe de publicaciones. En 1935, fue de los pocos que siguió a Ramiro en la escisión, y durante la guerra se reincorporó en el partido, casándose con Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo, que había creado Auxilio de Invierno. Durante el franquismo sería procurador en Cortes.
{34} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, ob. cit., p. 281.
{35} José María Poblador Álvarez (1900-1983), abogado, pasó la Guerra Civil encarcelado en Barcelona y se salvó, por estar enfermo, de ser fusilado en el santuario de Santa Maria del Collell. Poblador, a diferencia del jefe territorial de FE, Robert Bassas (1889-1939), que procedía del catalanismo de izquierdas, era anticatalanista. Bassas fue fusilado, en Collell en marzo de 1939, junto a unos cincuenta presos.
{36} MOTA MUÑOZ, José Fernando: ¡Viva Cataluña…!,(Historia de la extrema derecha en la Barcelona republicana (1931-1936), Universitat de València, 2020, p.284.
{37} El 7 de octubre de 1934, con motivo de la revolución de Asturias y la rebelión de la Generalidad de Cataluña, José Antonio, en pleno estado de guerra (lo que se conoce vulgarmente como “Ley marcial”), organizó, bajo los pliegues de la bandera española tricolor (republicana), una manifestación de apoyo al gobierno republicano. En la plaza de la Puerta del Sol, después de un breve discurso, Primo de Rivera gritó «¡Viva España! y ¡Viva Lerroux!» Ese día quedaron virtualmente rotas las relaciones con los monárquicos de Renovación Española.
{38} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, ob. cit., pp. 271-272.
{39} ANSALDO, Juan Antonio: ¿Para qué…? (De Alfonso XIII a Juan III). Buenos Aires, Editorial Vasca Ekin, 1951, p. 92. Más tarde, en julio de 1936, Ansaldo tuvo la oportunidad de trasladar a Sanjurjo, pero la avioneta, por él tripulada, no consiguió remontar el vuelo y se estrelló, ocasionando la muerte del general jefe de la sublevación militar.
{40} Lo tomo de VIÑAS, Ángel: ¿Quién quiso la Guerra Civil? Historia de una conspiración. Barcelona: Crítica, 2019, p. 422.
{41} Ibidem, p. 93.
{42} «Aunque haya que indultar a Pérez Farrás, no dimitan ustedes, porque el Ejército no está hoy en condiciones de impedir que el poder caiga en manos de las izquierdas, que en pocos días nos desharían»; cf. GIL ROBLES, José María: No fue posible la paz. Barcelona: Ariel, 1968, p. 147.
{43} Pablo Ruiz de Alda, en el prólogo (p. 36) a las Obras completas (Ediciones FE 1939) de su hermano Julio, escribe: «Por diversas causas aquel Movimiento Revolucionario no se efectuó. Tampoco la Falange –en contra de la opinión de Julio– quiso forzar en aquella ocasión con todo su ímpetu las puertas que la separaban del poder.» Debemos señalar que el aviador Ansaldo ejercía una gran influencia sobre su íntimo amigo y socio Julio Ruiz de Alda, que había sido, junto a José Antonio y Ramiro, triunviro de FE.
{44} PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Obras completas, Plataforma 2003, Madrid 2007 vol. I, 785-786.
{45} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, ob. cit., p. 281.
{46} Ibidem. Desconocemos los motivos por los cuales Mateo decidió no secundar la escisión. Si hacemos caso a Ramiro, influyó el hecho de que Primo de Rivera le ofreciera la jefatura de los Sindicatos.
{47} CADENAS Y VICENT, Vicente de: Actas del último Consejo Nacional de Falange Española de las J.O.N.S. (Salamanca, 18-IV-1937) y algunas noticias referentes a la Jefatura Nacional de Prensa y Propaganda. (Madrid 1975), p. 10.
{48} En este mismo sentido se manifiesta Joan Maria THOMÀS: «El corte de fondos alfonsinos había resultado fatal para su proyecto de Central Obrera Nacionalsindicalista»; cf. José Antonio. Realidad y mito. Debate (Barcelona 2017), pp. 202 y 210.
{49} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, ob. cit., p. 280.
{50} PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Obras…, ob. cit., vol. I, p. 828.
{51} XIMÉNEZ DE SANDOVAL, Felipe: José Antonio (Biografía apasionada). Fuerza Nueva Madrid 1980), p. 251-252
{52} PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Obras…, ob. cit., vol. I, p. 829.
{53} CNT (14-XI-1934), yo lo tomo de Jesús C. Rodríguez Arroyo, ob. cit, p. 147.
{54} Ledesma Ramos asistía a las tertulias de la redacción de Acción Española (revista teórica de los monárquicos). Así lo cuenta Vegas Latapié: «Y de las visitas rápidas y misteriosas de “don Aníbal”, pseudónimo con que, para evitar indiscreciones, se hacía anunciar Ramiro Ledesma Ramos.» cf. «Prólogo» a Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu, 3ª edición, 1938; aunque yo lo tomo de VEGAS LATAPIÉ, Eugenio: Escritos políticos. Cultura Española, Madrid 1940, pp. 244-245.
{55} AREILZA, José María: Así los he visto. Editorial Planeta, Barcelona 1974, p. 94.
{56} GALLEGO, Ferran: Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español. Madrid: Editorial Síntesis, 2005, p. 300. Aunque parezca increíble, el falangista ramirista Sánchez Diana escribe: «José Antonio y Ruiz de Alda eran partidarios de pactar con el bloque, oponiéndose Ramiro, que veía desviarse al partido de su marcha natural.»; en Ramiro Ledesma, ob. cit., p. 211. Naturalmente, no aporta ningún dato que avale su aseveración.
{57} LANZAS, Roberto: ¿Fascismo en España?, ob. cit., p. 280.
{58} MAS RIGO, Jeroni Miquel: De los Sindicatos Libres a …, ob. cit., pp. 239-246.
{59} Cf. JEREZ RIESCO, José Luis: El hidalgo de la Falange. Vicentre de Cadenas y Vicent. Ediciones Nueva República, Molins de Rei 2010, p. 115. Francisco Bravo, también jonsista, señala que la motivación de Ledesma era de «tipo psicológico y personal.»; cf. BRAVO, Francisco: José Antonio, El hombre, el jefe, el camarada. Ediciones Españolas, Madrid 1939, p. 82.
{60} BORRÁS, Tomás.: Ramiro Ledesma Ramos, Editora Nacional, Madrid 1971, p. 621.
{61} MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados…, ob. cit., p. 394.
{62} PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Obras…, vol. II, p. 1620.
{63} Ibidem, p. 1685.
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
