El Catoblepas · número 215 · abril-junio 2026 · página 12

La balcanización de la Internet
Juan Manuel Yacovino
El ciberespacio como ampliación tecnológica y política de la ciudad.
El paso de “la Internet” a “las internets”
La Internet de la globalización
Las ideologías de la Internet primitiva
El momento nematológico de la La Internet
Pensar es pensar contra alguien
Clarificación de la idea de la Internet primitiva como “mundo virtual”
¿De qué está hecho el ciberespacio?
Los programadores son albañiles
El “mundo virtual” no es un Mundo
El “mundo virtual” no está separado del Mundo
El “mundo virtual” es una parte del Mundo
El “mundo virtual” es una ampliación construida del Mundo
Las instituciones que regulan estructuralmente a el/la internet
Ni descentralizada, ni pacífica, ni anónima, ni neutra, ni inofensiva
Ciber-criminalística y una posible línea de investigación
¿La internet primitiva o civilizada?
Si el ciberespacio es real, ¿todo lo que hay en él es verdadero?
¿Quién y cómo debería controlarse la internet?
Nuevos cursos históricos-políticos se abren:
El ciberespacio institucionalizado
El ciberespacio como plataforma de integración política continental
Introducción
La tesis que expone este artículo es que el proceso de balcanización de la Internet nos revela al ciberespacio como un espacio igual de real, material e imperativo que el espacio aéreo, el terrestre o el marítimo y el espacial que conforman al territorio nacional del Estado-nación. O, dicho de otra forma, como una ampliación de la Ciudad.
Un ciberespacio, entonces, que no sería ya un “mundo virtual”, “una dimensión paralela”, absoluto, desconectado, distinto y con distintas reglas del nuestro, del “mundo real”, como sostienen las teorías cibernéticas clásicas. Si no que, sería una parte más, entretejida con las otras partes de nuestro Mundo; una parte bien real, material, una construcción que amplía a nuestro propio y único Mundo.
Un ciberespacio que mantiene el mismo estatuto ontológico que todas las otras realidades de nuestro Mundo, ni superior ni inferior. Y esto sin perjuicio de que las cosas que se encuentran en él están compuestas por otro “tipo” o “clase” de realidad o materia. Una Red Social o un Like son cosas reales y materiales, aunque distintas, por ejemplo, a las cosas tangibles y corpóreas como una computadora, un enrutador, un cable, un barco, o intangibles y psicológicas como el dolor de muelas o la ansiedad por escuchar un audio de WhatsApp o incorpóreas fuera de tiempo y espacio como las leyes de Maxwell o el Teorema de Pitágoras.
Un ciberespacio como recurso/espacio real y crítico para las sociedades políticas que lo habitan y entonces para su Defensa Nacional. Un espacio que ahora que es tan real que estaría susceptible de ser asimilado o de ser “traído” al “mundo real”, de “civilizarlo”, es decir, de ponerlo bajo la órbita de las instituciones del Estado-nación; de su moral, de su ética, de sus normas, de su derecho.
Un ciberespacio institucionalizado, que reemplazaría usuarios por ciudadanos, que requerirían del mismo Documento de Identidad usado para viajar por la ciudad o para tomarse un avión, pero ahora también para navegar por la internet. Que tendría aduanas para importar o exportar tal o cual sitio web o aplicación y podría pedir permisos, avisos o Pasaportes para pasar de un país a otro.
Navegar ahora sería mucho más parecido a caminar por las calles de una ciudad, en la que por lo menos las personas pueden reconocerse entre sí por la silueta y el rostro. El anonimato sería recordado como lejano estadio de barbarie en la que todo el mundo se paseaba con pasamontañas.
En esta nueva calle lo que los ciudadanos digan o hagan tendrían sus implicaciones morales entre otros ciudadanos y obligaciones y responsabilidades frente a las normas, la ética y el derecho.
Normas iguales o similares, o no, o quizás nada de todo esto porque nadie puede saber qué valores tomarían estas variables, pero sí puede saberse que al menos estarían en función de la prudencia de sus sociedades políticas determinada a través de sus órganos políticos propios y no en función de los intereses de unas compañías transnacionales y Estados extranjeros
Algunas aclaraciones…
Ahora bien, a pesar del título marketinero, en este artículo no nos dedicaremos a recopilar información y analizar los riquísimos casos que hay disponibles cómo si tuviéramos que “demostrar” que efectivamente este proceso de balcanización sea real. Lo daremos, por hecho, ya en marcha; porque además no es ninguna novedad y ya mucho se ha escrito sobre el tema. Más bien este artículo pretende mostrar cuales son las implicaciones que tiene y que podría tener.
Y lo haremos partiendo in media res desde este proceso político ya en marcha, de su tecnologías subyacentes y de las polémicas nebulosas ideológicas formadas alrededor, para que, al ponerlos en coordinación con algunas nociones filosóficas (en una especie de círculo virtuoso en el que estos saberes se retroalimentan) se puedan arrojar algunas directrices políticas, tecnológicas y filosóficas sobre este complejo fenómeno.
Y hablamos de nociones filosóficas, no porque queramos mostrarnos como eruditos o porque simplemente nos guste más éste saber sobre otros, como el sociológico, el religioso o el de la Teoría de la Información, o la psicología o la etología si no porque necesariamente tenemos que hacerlo así ¿Y por qué?
Porque de alguna manera discutiremos sobre la “naturaleza” misma de la realidad. Entendiendo a la filosofía como este saber de segundo grado que trabaja con Ideas que brotan de las polémicas de los saberes de primer grado que son los conceptos técnicos, tecnológicos, científicos, políticos. De aquí que las Ideas puedan envolver, atravesar a todos los otros saberes y a veces rectificarlos, por eso de alguna manera la filosofía es un saber dirigido a toda la realidad.
Así pretendemos “encontrar” una directrices que aún borrosas puedan indicar, más o menos, qué es la Internet, qué es el ciberespacio y qué podría llegar a ser.
Pero es imposible hacer todo esto sin una cierta perspectiva filosófica y no ya sólo una filosofía espontánea (como hacen la mayoría de los autores al hablar de estos temas) sino que una verdadera filosofía crítica y sistemática por eso aquí lo haremos directamente tomando partido por las coordenadas que nos ofrece el sistema filosófico del materialismo filosófico de Gustavo Bueno.
Algunas distinciones…
Así y todo procuraremos usar el lenguaje más vulgar posible y las distinciones justas y necesarias para mostrar las ideas generales y no hacer de esto un tratado de filosofía. Además queremos pedir disculpas a los lectores ya que éste artículo tiene ciertas deformaciones, por momentos se muestra como un ensayo académico por otros alterado y tosco tomando partido como un panfleto o un manifiesto. La vorágine de la época y la criticidad de este tema obliga a presentarlo así pero prometemos rectificar todo esto en desarrollos futuros.
En primer lugar distinguiremos “la Internet” de “el internet”. Distinción que estuvo bastante presente en el lenguaje doméstico hispano hace unos años pero que hoy parece haber sido unificada en la forma masculina. Sin embargo, aquí la recuperamos porque (como en todo los contextos mundanos) sí que tiene un fulcro de verdad y utilidad:
“La Internet” en cuanto “La Red”, “la gran red occidental-norteamericana”. “La internet” usada también como sinónimo de “la Web” con la forma de “la Nube”. “La Red” en la perspectiva de su momento nematológico (ideológico y geopolítico) más que en la de su momento tecnológico (de su infraestructura tecnológica). “La Red” como institución global, como el espacio o bloque geopolítico occidental en el que pudieran haber convivido y comunicarse casi todo el mundo indistintamente en el periodo de la globalización de los Estados Unidos
La internet más abstracta, más como “software” que estaría montada principalmente sobre la WWW, los portales, los navegadores, los foros y los sitios webs pero además junto a la nebulosas de ideologías y filosofías espontáneas que la envuelven y la nutren.
“El internet” en cuanto “el servicio” que contratamos en nuestros hogares. “El servicio” en la perspectiva de su momento tecnológico (de su infraestructura tecnológica concreta) más que en la de su momento nematológico (ideológico y geopolítico). El internet como esa impresionante invención del siglo XXI; la gran arquitectura de “hardware”, “software”, de cables, de interconexión entre redes distintas, redes con distintas tecnologías y topologías, postes, repetidores, enrutadores, modems, antenas, satélites y sobre todo la construcción ingenieril más sofisticada de los últimos siglos, la pieza de logicial (software) encargada de “pegar” y “unir” todas las computadoras y dispositivos para que puedan comunicarse óptimamente en una red homogénea; el “lugar” donde muchas de las “reglas” de cómo funciona el Internet están inscritas, literalmente codificadas; la pila de protocolos TCP/IP.
Tecnología diseñada y construida por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos (DARPA) a través de todo su entramado público, privado, académico, industrial y científico en un plan de emergencia por salvaguardar las comunicaciones en su territorio ante un eventual conflicto bélico que pudiese cortarlas durante la Guerra Fría. Queremos remarcar bien esto; el internet como la tecnología más sofisticada y avanzada fruto de la máxima racionalidad, planificación, liderazgo y ejecución de corte militar, imperial, de guerra y estatal.
Distinciones que ya aclaran algunas cosas importantes de entrada: que la Internet de ninguna manera puede reducirse a el internet, a su infraestructura tecnológica, pero tampoco puede darse sin éste. Así como pasa con el “software” y el “hardware”. Y algo más; que éstas dos “entidades” no son cosas tajantemente separadas como si fuesen una dualidad dicotómica sino que están entremezcladas entre sí dialécticamente, de manera que una determina a la otra y viceversa.
También usaremos la palabra “ciberespacio” vagamente por momentos como sinónimo de la Internet pero en general como un “espacio” más amplio que envolvería a La internet, a el internet, y otras tecnologías computacionales, cibernéticas y digitales o analógicas, como, los videojuegos, el metaverso, Realidad Virtual y Realidad Aumentada, la Inteligencia Artificial, Machine Learning, streaming, redes sociales, criptoactivos, Bitcoin, Tor, WWW, Web 1.0, Web 2.0, Web 3.0, smallinternet, Cloud computing, Deep Web, Dark Web, &c., pero que por lo general están construidas sobre el internet o redes similares.
El paso de “la Internet” a “las internets”
«La Internet», en femenino, singular y en mayúscula, hace años que dejó de existir. «La gran red de la globalización» se está rompiendo en pedazos y precisamente, cómo gran bloque geopolítico, se está balcanizando. Así cómo reflejando el nuevo orden multipolar los Estados levantan murallas que “cercan” al ciberespacio según el contorno de sus propias fronteras nacionales.
Los Estados de vanguardia reaccionan con políticas que circunscriben la Internet global a su propia jurisdicción estatal; son las «internets» –en minúscula y en plural–: redes nacionales o regionales que se desconectan de La Internet occidental con tal de ejercer verdadera soberanía, dominio y Defensa Nacional en pos de proteger, construir y explotar este nuevo imperativo espacio estratégico.
Existe ahora mismo una guerra mundial en este nuevo campo. Unidades políticas y compañías transnacionales en guerra total entre sí -en él- y -a por él- control del ciberespacio en cuánto nuevo espacio estratégico repleto de recursos a explotar.
Una guerra por el dominio, que desde las primeras etapas de la internet viene siendo ejercido por mafias, gangster, tribus o grupos de poder como sucede en todo estadío de barbarie; a saber, las grandes tecnológicas trasnacionales norteamericanas, chinas, israelíes, rusas, etc, pero que progresivamente empezaron a ser reguladas por sus respectivos Estados.
Los casos más significativos
Las noticias no paran de llegar. Los casos más significativos son los de China con su “The Great Firewall” y Rusia con la “RuNet” que han logrado construir auténticas internets o redes internas soberanas que los protege de lo que entra y lo que sale de su “radio de influencia” usando mecanismos estructurales que actúan como aduanas, “checkpoints”, murallas, cercos, radares, filtros y sensores exactamente igual como si del espacio terrestre, marítimo, aéreo, o espacial estuviesemos hablando pero en el espacio “cibernético” (tan reales, materiales y mundanos unos comos los otros). Técnicas como filtrado de IPs, de DNS, firewalls, VPNs, modificaciones a TCP/IP hasta el uso de sistemas operativos, computadoras y “hardware” alternativo al occidental.
Pero no solo ellos, países nórdicos, europeos, árabes, asiáticos; Australia, Francia, Brasil, la Unión Europea, Irán, Corea avanzan en esta dirección en sus congresos (democráticos o no) estableciendo fuertes controles sobre lo que pasa dentro las fibras ópticas submarinas, los sitios web, las aplicaciones y las redes sociales que sus ciudadanos-usuarios consumen.
Mientras tanto Estados Unidos hace lo imposible para evitar esta ruptura (o como la bibliografía ya ha adoptado peyorativamente la “splinternet”). Proceso inadmisible para su poderío global porque así como el espacio marítimo, el aéreo, el espacial y otros recursos componen a su territorio total así también lo hace su espacio cibernético extendido por todo occidente. Recursos y espacios que estarían incluidos en lo que llamamos la capa basal del cuerpo de su sociedad política.
Es por esto que, la balcanización de la Internet es la balcanización del Imperio Norteaméricano mismo. Así como cuando las colonias británicas nacionalizaron los ferrocarriles y las redes telefónicas de la metrópoli, fragmentando entonces al Imperio Británico. Y no, no es una metáfora poética, es real, realísimo. Tan real que se invierten sumas monstruosas de dinero, quizás tanto como en ninguna otra industria de la historia.
Tan real, que la OTAN declara al ciberespacio como un “dominio más de operaciones” y reconoce la aplicación legítima del Derecho Internacional a este espacio. Pero la OTAN por sí misma es un formalismo de abogados y burócratas; ya desde hace décadas las Fuerzas Militares de prácticamente cuanta Nación exista vienen ejerciendo y tratando (más o menos) al ciberespacio de esta manera, real, de ahí que se invierta en oficinas, infraestructura, estudios, ciber-soldados y jerarquías enteras dedicadas al ciberespacio, a la “ciberdefensa” y a la “soberanía digital”.
Entre muchísimas otras operaciones de inteligencia informática que EUNA lleva a cabo frente al resto del planeta, son muy recientes las noticias que llegan por ejemplo del Departamento de Estado de EUNA y el lanzamiento del sitio web que vendría a funcionar como “VPN estatal” que permitiría a los usuarios europeos saltarse las barreras de navegación que países suscritos al Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la Unión Europea han establecido.
Es reciente el escándalo “Cablegate” generado por el cable submarino que uniría directamente Hong Kong con Valparaíso sin ningún tipo de control en la terminal chilena. Elon Musk, Starlink y X en Brasil. Brasil y sus instrumentos que tratan esto en la Ley de Protección de Datos Personales (LGPD)
Miles de noticias así llegan todos los días pero desde medios alternativos y especializados en este sector. Sorprendentemente en grandes medios masivos estas noticias son raras de ver, cómo si las implicaciones geopolíticas que tienen no fuesen importantes, cómo restándole valor.
Por eso sorprende tanto lo inadvertida que ha pasado la noticia, que debería haber resonado en todos los círculos de las élites políticas, militares y empresariales a lo largo de Hispanoamérica por su criticidad, de cuando Dilma Rouseff en una asamblea general en las Naciones Unidas denunció una operación criminal de espionaje masivo sin escrúpulos sufrido por su gobierno a manos de Estados Unidos. Al mismo tiempo, heróicamente, llamó a todos los países a desconectarse del internet occidental y construir los suyos propios y soberanos. Claro, hace 10 años su racionalidad política ya estaba viendo el futuro en lo que estaban haciendo China, Rusia y la Unión Europea en vivo y en directo.
La Internet de la globalización
A la par de la colosal invención tecnológica, de guerra, militar y estatal que supuso él y la Internet (a la que muchos países han contribuido) Estados Unidos (o la angloesfera) tomó rápida conciencia del poderío que traería el estratagema de extender estas nuevas tecnologías por todo el planeta en un intento de “conquista universal” o “globalización” a la manera que todo Imperio hace. Extendiendo sus “calzadas romanas”, sus “vías férreas británicas”, sus rutas comerciales, sus “canales marítimos portugueses”, “sus puentes españoles” (pero ahora son fibras ópticas submarinas, centro de datos inmensos, computadoras, cables, hardware, antenas, obreros, burócratas, leyes, postes, satélites [mucha de esta infraestructura ya había sido montada para ingenios anteriores como el teléfono, la radio, televisión y las computadoras]). Así, a través de ellas, trasladar sus intereses, mover, importar sus materias primas; datos, información, espionaje y exportar sus commodities; sus valores agregados; sus navegadores, sus Google, sus aplicaciones, sus redes sociales, sus OnlyFans, sus YouTube, sus Instagram, su pornografia, sus películas, sus religiones, llevar sus ideologías, sus instituciones, su democracia liberal y su gobierno.
Y repetimos, no son simples metáforas ni símbolos poéticos, son analogías propias en cuánto los términos mantienen la igualdad en “realidad” o “materia” sin perjuicio de que no sean totalmente idénticos ya que aunque son reales, son parcialmente distintos en el “tipo de realidad”, o géneros de materialidad
The Great Firewall
“Imaginen cuánto [la Internet] podría cambiar a China”... elevando las cejas y con una sonrisita sobradora se despacha: “Buena suerte..” “..es cómo clavar gelatina en una pared..” Guillermo Clinton en referencia al intento de China por desconectarse del internet en un reportaje frente a las cámaras en el marco de la discusión por el United States-China Relations Act of 2000.
Es este el momento cuando se rompe La internet por primera vez, cuando los estadounidenses no pudieron extender sus “vías”, sus “venas”, meter sus “carreteras” en su contrapeso, China.
El vídeo no puede ser más explícito de lo que estamos contando. China, en su racionalidad política de primerísimo nivel -como no puede ser de otra manera en los Imperios- nos muestra cómo ha desplegado al máximo su fuerza político-económica y tecnológica de defensa nacional para construir su ciberespacio soberano e independizarse de otras potencias occidentales. ¿Y qué implicaciones tuvo todo esto?
China no solo ha puesto aduanas para controlar la entrada y salida de “información” (que no es poco desde la dialéctica de imperios). China ha protegido toda su incipiente industria técnica, científica y tecnológica asociado a este y también a toda la cosmovisión y la producción cultural e ideológica que se forma alrededor de esta. Ha seguido el mismo camino de sustitución de importaciones, proteccionismo e industria nacional que otras potencias, y que ella misma ha aplicado en otros sectores de la economía pero ahora en una industria y en un espacio distinto a los “naturales”.
De esta manera pudo crear su propio “Silicon Valley”, sus complejos industriales, fábricas y productos tecnológicos que compiten contra los occidentales. Sus propios Google, Instagram, Facebook, navegadores, computadoras, smartphones, sus grandes tecnológicas Alibaba, Huawei, Tencent. Nadie puede negar hoy las tasas de crecimiento económico sostenidas de China.
Las ideologías de la Internet primitiva
Ahora bien, a pesar de que estamos exponiendo fenómenos muy reales que el Mundo nos está arrojando como saberes políticos de primer grado habrá muchos incrédulos que tratarán de negar estos hechos o que todo lo que acabamos de exponer es un “error de la realidad”, que no “debería ser así” o dirán que estamos tomando “muy enserio” la Internet, al ciberespacio o que hay que frenar este proceso de inmediato (cómo si unos sujetos sueltos con unas opiniones despreciables como nosotros puedan encauzar o detener semejante proceso civilizatorio supra-subjetivo)
Estas son las personas que militan las ideas de la internet “primitiva”, “la anarquista”, la primera, la original, "la Web entre la 1.0 y la 2.0”, son los que forman parte del renacimiento de las “tribus digitales” que denuncian el creciente “control” sobre la Internet. Son los mismos que ven una mezcla onírica de anarco-capitalismo con libre-mercado con utopía marxista post-Estado y “hippismo” realizados dentro de las computadoras. Casos muy populares como Juan Barlow en su: “Declaración de independencia del ciberespacio”.
Nos referimos a todos los fundamentalista de la internet que son los que abunden en las revistas o sitios en los que se publique este artículo. Son los que ven en la Internet la clásica idea mitológica de la cibernética como “mundo virtual”, “realidad paralela”, “dimensión alternativa”, “Tercer Entorno como Telépolis”; que han tratado metafísicamente, oscura y confusamente a este “espacio”, “medio”, “plano” con un estatuto ontológico inferior y desconectado de “nuestro mundo real”.
Son los embajadores de la internet, los gurús digitales, fanáticos, frikis, los “geeks” de la internet, los de las comunidades y los de los foros que predican por todos lados las deformadas ideas de Libertad de Expresión, Democracia y Anonimato como ideas fuerzas de la Internet, de la “aldea global”. Neutra, en la que ningún poder estado o corporación regiría y donde cada uno haría lo que quisiera pacífica- inofensivamente navegando como “usuarios anónimos”, donde no habría jerarquías ni autoridades que controlasen la internet, e idealmente nadie podría rastrear a nadie.
Son los que tratan a la Internet, como un “otro mundo”, “un más allá”, o “un más adentro”, adentro, de la computadora o de la pantalla que nos conectaría con la “matrix”, con el mundo separado del otro, del nuestro que caminamos, “del real”, el tangible. Como si la internet fuese un mundo irreal, ficcional, una simulación a la que uno “se mete” y “navega” usando la computadora como “portal”. Mundo tajantemente separado del real y como no es el real, rigen y deben regir otras reglas. Un mundo absoluto y separado que se parece a una combinación socialdemócrata de Mercado, hippismo, anarquismo y marxismo tardío que estaría vivo dentro de las computadoras.
Ellos creen en la internet descentralizada, sin fronteras ni bordes, pacífico y neutro, una suerte de barbarie idílica (como muchos creen que vivían las tribus indígenas antes de 1492) que separa y debe separar la identidad digital de la identidad real. Identidad digital anónima que nos permitiría “desconectarnos” y “des-aparecernos” del mundo real para poder “des-comprimir” nuestras más bajas “pasiones” o “expresarnos libremente” (cosa que no podríamos hacer en el mundo real vigilado, porque estaríamos “bajo la Ley”) en La Red, en el “mundo digital”; en la pornografia, los videojuegos, pasatiempo, foros, redes sociales y otros lugares oníricos, o polémicos como Reddit o informativos como Wikipedia.
El momento nematológico de la La Internet
Pero estas personas no son delirantes o autistas que se crearon esta idea de la nada. Porque, en realidad, este es el conjunto de pensamientos más difundidos sobre Internet, Cibernética y Computación (hoy multiplicados por las mitologías de la IA) que se tiene en casi todo el mundo, todos más o menos creemos, teóricamente, estas ideas a día de hoy. “Salí de las redes sociales”, “desconéctate del mundo virtual”, “volvete a la realidad, al mundo real”. “No pases tanto tiempo con el celular, es un aparato irreal”, “mirá la naturaleza, el jardín, las flores, que sí son reales, que sí se pueden tocar, son tangibles”
Estas ideas siguen la misma línea de los grandes autores anglosajones difundidas por todos lados en el momento más poderoso del imperio estadounidense. Apareció en programas de televisión, en revistas, en foros, en libros, en flyers, en la revolución de las .com, en asambleas, congresos, películas, en series, novelas, cómics, por todos lados.
Son filosofías espontáneas de los propios ingenieros y científicos que crearon la infraestructura tecnológica del Internet. Muchos fueron y son los pioneros en las ciencias positivas de la electrónica y la computación, muchos de los grandes teóricos de la Teoría de la Información, McLuhan, Norbert Wiener, etc. Buenos ideólogos, muy malos filósofos pero sin perjuicio de que hayan podido ser los mejores científicos e ingenieros de su momento. Es desde este momento nematológico/ideológico mismo de la invención tecnológica desde donde arrastramos estas ideologías, que por supuesto, a su vez, están enmarcadas en una tradición filosófica anterior, tampoco salen de la nada.
A estas personas, que prácticamente son la mayoría, todo lo que dijimos les parecerá muy raro. Hasta les parecerá más artificial nuestro tratamiento a base de “materializar al ciberespacio”, esto es; de hacerlo real, de “traerlo” a tierra, y de darle el mismo trato que a otros cosas bien reales y propias de nuestro único mundo, que la propia separación metafísica que ellos establecen en dos mundos el “real” y el “irreal” y entonces en dos identidades la “real” y la “digital”.
Más o menos ésta sería la idea “madre” de la que se derivan varias otras familias de ideologías. Familias que tienen en común el estatuto ontológico disminuido frente a otras partes de la realidad.
Pero es más. Esta ideología de la Internet primitiva no es solo una “cosa inofensiva”, “una moda que se abrió paso por sí sola”, no son las ideas más difundidas en todo el mundo porque sí, “porque así se dió”. No.
La ideología de la Internet Primitiva es y ha sido la ideología oficial que el gobierno de los Estados Unidos le ha predicado a todas las otras Naciones del Mundo (ideología que sigue perfectamente la línea del liberalismo). Algo muy similar a la estratagema bicéfala de Inglaterra con el predicamento del liberalismo económico a toda nación del mundo mientras por detrás el proteccionismo económico fortalecía sus industrias nacionales.
De aquí que mientras EUNA promueve esta ideología al resto del mundo sus Big Techs Companies , su aparato estatal y militar desarrollen tecnologías en la dirección opuesta, sí opuesta, pero bajo el presupuesto de que los usuarios de otros países del mundo ya están bajo su “radio de influencia”.
Ideología “formalizada” poco después de la génesis de La internet que se ha convertido en el Caballo de Troya de este país (a través de sus tecnólogos, escritores, editores, politólogos o políticos) para llevar Internet y Democracia liberal hasta donde ha podido. La Internet Primitiva ha funcionado y sigue funcionando con mucho poder como punta de lanza de las ideas de Libertad, Democracia y Libertad de Expresión como política sistemática de Estado. La muestra más actual verídica es la referencia [1]
Pensar es pensar contra alguien
Contra ellos pensamos, usándolos de frontón, o mejor dicho contra sus ideologías. Estas personas lo que estarán denunciando es el estatuto ontológico que le estamos confiriendo al ciberespacio al igualarlo en realidad e “importancia” a otras materialidades físicas, corpóreas de nuestro mundo (que es el único) que por ejemplo aparecen en la “vida real”, “la vida que caminamos” dirán ellos, en donde están, por ejemplo, los otros espacios o recursos de la capa basal del Estado que hemos puesto en correspondencia (como hacen las Fuerzas Armadas de todos los Estados) con nuestro “espacio cibernético”, como ser el marítimo, el aéreo, el terrestre, el espacial.
Nosotros estamos poniendo sobre la mesa, teórica, representativamente, el cómo es que, de hecho, todo el mundo está tratando y operando con realidad al ciberespacio. Todos nos preocupamos por nuestros perfiles en las redes sociales, de cómo se vé nuestra “persona” o negocio en Instagram (recordemos persona significa máscara), de cómo llegamos a otras personas, de cómo será tomado nuestro correo por los ejecutivos de la empresa a la que trabajamos o cuánto dinero podremos hacer vendiendo este sitio web o cuánto deberemos pagar por mes por los servicios de streaming o cuánto debemos cuidarnos de las estafas digitales y de nuestros billeteras virtuales.
Lo paradójico de esto, es que a pesar de que todos estamos “ejercitativamente” operando al ciberespacio como un espacio bien real, sin embargo, “representativamente” tenemos una idea menos real del ciberespacio. Es decir, la paradoja que se da, es que la práctica “lo que hacemos” y la teoría “lo que sabemos” (que tenemos en nuestra cabeza) parecen ir en direcciones opuestas.
El ciberespacio formal
Ahora bien, nosotros no estamos “creando” mágicamente desde cero una Teoría de la Internet Nueva Y Real que luego iría a dar en un proyecto en el Congreso Nacional para llevarlo a cabo “en la realidad”. Como si estuviéramos construyendo una arquitectura teórica a partir de un conjunto cero de premisas para luego adaptar la realidad a ésta, en una suerte de adecuacionismo.
No, no es eso. Nosotros partimos desde-entre las cosas y fenómenos mismos del presente en marcha. Éstos son los conocimientos de primer grado que nos está arrojando la praxis política, la dialéctica de estados. Partimos de las polémicas y las inconmensurabilidades que éstas ideas y conceptos generan: Realidad, Verdad, Apariencia, Libertad, Mundo, Virtual, Libertad de expresión, Anonimato, Democracia, &c.
Nosotros partimos del hecho de que las más altas esferas políticas y militares, élites corporativas del mundo y en general todas las sociedades políticas están ejerciendo (aunque no coincida con la representación “teórica” que tengan en sus cabezas o en los libros) y operando al ciberespacio con la misma criticidad y realidad que cualquier otro recurso/espacio estratégico. Al mismo tiempo que partimos de entre estos fenómenos los cruzamos con las ideas del materialismo filosófico para arrojar determinaciones políticas y filosóficas en una suerte de circularismo virtuoso.
Clarificación de la idea de la Internet primitiva como “mundo virtual”
Desde el materialismo filosófico no podemos oponernos más a los ideólogos militantes o mejor dicho criticar tajantemente a sus pseudo teorías de la internet primitiva como mundo virtual clásico. Crítica que nos permite reinterpretar, clarificar y rectificar un poco estas ideas. Solo unos comentarios:
¿De qué está hecho el ciberespacio?
De lo mismo que están hechas todas las cosas de nuestro Mundo, de materia.
Las entidades, las cosas que están en el ciberespacio en principio son tan materiales y reales como todas las otras cosas materiales y reales de nuestro Mundo, que dicho sea de paso, es uno solo. En nuestro mundo todo es material, sin perjuicio de que existan distintos “géneros” de materialidad, digamos, distintos “tipos” o “clases” de materias. No es lo mismo la materia física y corpórea de un cable óptico submarino que la materia física incorpórea de las ondas electromagnéticas. Tampoco es lo mismo que la materia de Las leyes de Maxwell o el Teorema de Pitágoras o el tipo de materialidad que hace a la distancia que hay entre mis dos manos o la materialidad de un sitio web o un Like. El “mundo virtual” estaría compuesto por un tipo de “materia informática (electrónica o logística(software)”
Un sitio web, es una totalidad muy compleja y homogénea, en alguna escala holótica, es decir, en alguna de sus partes, estaría compuesto de archivos (probablemente en cuanto partes formales) y en otras estaría compuesto de “bits” (probablemente en cuanto partes materiales) que residen en la memoria RAM o el disco rígido de una computadora, pero que de ninguna manera puede reducirse a ellas, porque un sitio web es más que archivos y bits. Así es como el software no puede reducirse de ninguna manera al hardware, pero tampoco puede darse sin él.
Un Like es una institución antropológica, es una cosa bien real, como lo es un bastón, o un martillo, un color, o una cordillera, aunque uno sea corpóreo y “tangible” y el otro no, son reales los dos, pero “reales de otra manera”.
Las redes sociales son reales
Las redes sociales son muy reales; Instagram es una cosa muy real, es una versión “ciberespacial” de los boliches y de los “centro sociales” que encontramos en una ciudad, como los bares, las plazas públicas, los restaurantes, los moteles o los prostíbulos. ¿Acaso no tiene tremendas implicaciones en nuestras subjetividades lo que se diga malo o bueno de nosotros en una red social (y en otras subjetividades exteriores a las nuestras)? ¿Acaso los famosos “escraches”, difamaciones, no nos muestran que el ciberespacio es real, REALÍSIMO, hasta por momentos más amplificado que otras partes de la realidad? ¿Y los nervios que sentimos antes de escuchar un audio o la adrenalina que genera una discusión en un grupo de WhatsApp?
Entre ir a la plaza a sentarse en el banco a tomar unos mates y recorrer sus sendas y entrar a Instagram a ver otros perfiles, a “scrollear” las feed no hay muchas diferencias, no es una simple metáfora (aunque nos ayude a pensarlo), son realidades que mantienen analogías bien propias. Entrar al marketplace de Facebook o ir a los barrios o al mercado son operaciones igual de reales aunque reales de “otra manera”, por eso se siente una adrenalina, un miedo similar. Así se producen robos y mentiras o ventas concretadas o conflictos en ambos “lugares”.
Los programadores son albañiles
Por eso tampoco es solo una simple metáfora decir, como se dice hoy que los millones de “obreros” programadores de la industria del software y de la computación están literalmente construyendo el “mundo virtual”, el “ciberespacio” y que ellos son los albañiles y los arquitectos mismos del ciberespacio como lo son los albañiles y los oficiantes de las obras de construcción de ladrillo y piedra.
Pero no solo ellos, si no que muchos otras industrias y oficios; marketineros, “community managers”, artistas, diseñadores de páginas web, de videojuegos, de experiencias, etc, etc, que estarían como “espejando” los oficios e industrias “reales” al mismo tiempo que nacen nuevos oficios que no estarían en el “mundo real”. Esto no es solo una metáfora, esto es real, bien real. Tanto que todas las sociedad políticas de hoy día dependen de este nuevo espacio construido del Mundo.
El “mundo virtual” no es un Mundo
El “mundo virtual” no es un Otro Mundo, como separado del nuestro, porque Mundo hay solo uno (y por eso el concepto de “mundo virtual” está mal formado). Más bien el “mundo virtual” es una parte formal más de nuestro mundo, es una parte conformada por otro “tipo de materialidad” con unas entidades que algunas aparecen ya en otras partes del Mundo pero también con unas entidades características nuevas construidas y operables que no se encuentran en otras partes del mundo.
Precisamente por éstas características que lo hacen diferente es que podemos hablar de “mundo virtual” y analizar su momento de “disociación” respecto de las otras partes del Mundo. Pero sin que nunca jamás se pueda separar del Mundo tajantemente (jorismáticamente), es decir, fuera de la symploké de sus partes.
Porque el “mundo virtual”, así reinterpretado junto a todas las otras partes del mundo no están “existencialmente separadas” (como sostiene la teoría clásica del mundo virtual paralelo), están entretejidas como las urdimbres y las tramas de un telar, intercaladas unas con otras, más o menos mezcladas unas con otras. Podemos analizarlas “esencialmente disociadas” pero nunca encontrarlas “existencialmente separadas”.
El “mundo virtual” no está separado del Mundo
Por eso podemos analizar el “mundo virtual” o el ciberespacio al “disociarlo esencialmente” (analíticamente)” pero en realidad nunca podríamos encontrar al “ciberespacio” ahí en el Mundo: “Mirá, está ahí! Ahí se lo vé al ciberespacio” como si fuese un bulto corpóreo o como una proyección en nuestras pantallas.
La materialidad de un sitio web está entremezclada con otras realidades como la madera de la mesa que sostiene la pantalla, como la pantalla misma corpórea, las personas que mantienen la refrigeración del datacenter donde reside, la casa de ladrillos y cemento desde donde se lee, que a su vez pertenece al territorio de un Estado-nación, sitio web con una información que puede estar siendo interceptada desde un avión o una nave marítima pero que además seguro que viaja por miles de cables ópticos bajo el mar y satélites en el espacio.
Así se ve que el ciberespacio es una parte constitutiva y construida del Mundo que co-existe, se co-determina, se entreteje, se “intercala” con otras realidades y otras partes (pero no con todas) del Mundo construido y ampliado.
El “mundo virtual” es una parte del Mundo
Sí, “construido y ampliado” porque desde el hiperrealismo del materialismo filosófico sostenemos que el Mundo no “está ahí” dado absolutamente “por sí mismo” o “por Dios”, sino que es construido y ampliado operatoriamente por los sujetos operatorios (hombres y animales) y por sus técnicas, tecnologías, ciencias, y saberes de primer grado pero más que nada por entidades políticas o religiosas supra-subjetivas como los Imperios. Exactamente eso es lo que vemos, en este fenómeno histórico del ciberespacio como construcción y ampliación del Mundo por el Imperio estadounidense.
El “mundo virtual” es una ampliación construida del Mundo
De la misma manera la civilización hispana construyó el espacio marítimo, las ciencias de la navegación, sus técnicas, sus tecnologías, barcos, anclas, marinos, vías, canales, vientos, astronomía y todos sus instrumentos, sus políticas de estado, etc; un espacio construido y una aplicación del mundo en primera instancia por el imperio portugués y por el español.
De hecho, espacio de máxima importancia histórica en cuanto supuso la “construcción misma del Mundo”. Es decir, el Imperio Español, con la Circunnavegación de la Tierra como hecho positivo literalmente “hizo al mundo uno y redondo” en ese preciso momento en el que Juan Sebastian Elcano regresó a España por el océano índico. Por muchas teorías que ya se tenía de hacía siglos que la Tierra era redonda, no fue hasta ese momento en el que a la Tierra “se la construyó”, “se la hizo redonda” en una especie de primer experimento científico colosal de la Modernidad en la que el propio planeta Tierra completo era el objeto de estudio mismo, como nos enseña Carlos Madrid Casado.
Detractores
A los fundamentalistas de la internet primitiva; liberales, libertarios, anarcocapitalistas, tecno feudalistas, comunistas les parecerá un Pecado Mortal el hecho de que una vez demostrada la importancia, criticidad y realidad del ciberespacio entonces lo empecemos a tratar como tal, realmente. Es decir, como si fuese el espacio aéreo de una Nación y entonces “bautizarlo en la civilización” sacándolo del estadio de barbarie en el que está y poniéndolo bajo la órbita de todas las instituciones del Estado-nación.
Así como asimilando el “mundo virtual” a el “mundo real”, unificándolos, legislandolo y poniéndolo bajo el “Estado de Derecho”, bajo la misma Ley que cualquier otro espacio de los Estado-nacionales. La Inquisición mereceremos en ese momento, porque esto destruiría todos sus ideales, de neutralidad, anonimato, descentralización, ficción y delirios oníricos.
Nos defenderemos diciendo que precisamente es este rejunte metafísicos de paraideas (porque La internet jamás fue ni descentralizada, ni neutral, ni pacífica, ni anónima) lo que subordina nuestro pensamiento e impide que tomemos consciencia real y praxis política de lo que es el Internet y el ciberespacio. Logran así evitar que pensemos cabalmente a la Soberanía de nuestro ciberespacio como hacen los chinos, los rusos y otras potencias que están saliendo de la órbita occidental estadounidense.
¿La Internet está controlada?
Aunque parezca tan ridículo tener que decirlo; la Internet nunca jamás fue libre de control alguno, y nunca lo será. Quien piensa esto está reproduciendo la idea de “mundo virtual clásica”, y muchas otras construcciones metafísicas idealistas y falsas, están procediendo de la misma manera que los que creen en “la autorregulación del Mercado” o en el “Dios autónomo”.
¿Acaso la internet no está, en principio, controlada por nosotros mismos, sus “usuarios”? ¿y por sus comunidades? ¿no la intervenimos voluntariamente todo el tiempo? Acaso, las grandes comunidades conformadas de “usuarios a pie” por ejemplo ¿no tienen gran influencia en los grandes foros que luego impactan sobre todo la Internet como ser Reddit o Twitter? ¿No es noticia de todos los días “los hackeos” o “ataques cibernéticos” a pequeña o gran escala?
¿Acaso no sería suficiente que los 40 millones de argentinos al mismo tiempo abrir 2 pestañas en un navegador dirigiendo tráfico al sitio web de OnlyFans para lograr una denegación de sus servicios “haciendo caer” su aplicación temporalmente y todos los servicios conectados a esta?
Pero además, ¿cómo algo podría no estar controlado o dependiendo al menos de alguna otra cosa?
¿Acaso, la gran infraestructura global de la internet, no depende de hardware, de cientos de empresas con sus servidores, aplicaciones y empleados, de fabricantes de microchips, de computadoras que mañana por una bomba en sus centrales podrían dejar de fabricarse para cortar el suministro o simplemente porque sus dueños decidieron no fabricarlos más?
Pero si queremos ver como la internet sí está controlada y depende de otras cosas ¿a caso no podría cortarse instantáneamente el servicio de la internet si hay un corte global del suministro eléctrico?
¿Entonces de alguna manera las centrales eléctricas, sus empresas públicas y privadas no ejercen un control infraestructural de la Internet en cuanto mantienen a su infraestructura prendida? Pero ni siquiera tendría que ser global, tan solo con que se apaguen algunos datacenters la internet se desploma.
Las instituciones que regulan estructuralmente a el/la internet
Pero dejando de jugar con las ambigüedades, esta pregunta se plantea generalmente a escala geopolítica o de grandes grupos. Se preguntan si existen instituciones mundiales que gobiernan toda la internet.
Primero hay que decir que precisamente lo estamos mostrando en este artículo es que no es un “solo grupo de poder” sino que así como en relaciones internacionales hay varios grupos de poder controlando ciertos “radios o círculos de influencia”. Nadie controla todo, ni puede hacerlo por el principio de la symploké. Y además estos poderes van cambiando con el tiempo.
De alguna manera ya mostramos que las grandes tecnológicas lo hacen pero las grandes tecnológicas siempre han funcionado sobre los Estados, por eso, los Estados siempre han intervenido de alguna u otra forma en el ciberespacio, mediata o inmediatamente. Claro, la cuestión es qué Estados y cómo.
Desde la génesis misma de la Internet existen instituciones y entidades políticas regulando y estandarizando a la Internet casi todas naturalmente en Estados Unidos. Y esto es evidente con una rápida búsqueda en google.
La regulación y estandarización de Internet, aunque global en operación, tiene sus raíces y principales sedes en Estados Unidos. La entidad central es ICANN, responsable de DNS e IPs, junto con IETF (estándares técnicos), IANA (asignación de recursos) y el gobierno federal (FCC/NTIA), formando una jerarquía desde políticas gubernamentales hasta la gestión técnica.
Un rápido pedido del Departamento de Defensa al ICANN podría desconectar a un país entero del sistema DNS internacional y haría difícil el acceso a todos los sitios web de ese país generando probablemente una desconexión masiva en toda la internet occidental como ha pasado en eventos recientes en los que solo China pudo cortar el fuego.
Ni descentralizada, ni pacífica, ni anónima, ni neutra, ni inofensiva
Por todo esto,
No sólo negamos de hecho que la internet haya alguna vez sido, es, o pueda ser libre de control, pacífica, neutra e inofensiva si no que denunciamos justo lo contrario; que la internet está sobre controlada, centralizada, caótica e intervenida por todas sus partes.
Precisamente denunciamos lo contrario, que el problema es que la internet es muy fácil de controlar y sus usuarios pueden hacerse de un control o poder desmesurado sobre el resto. Los usuarios con un cierto dominio técnico pueden causar grandes estragos, con varios mecanismos, pero por ejemplo, creando millones de “bots” que no están identificados por un Documento o Identidad Nacional o al menos asociados a una persona. Denunciamos que la internet está hiper-controlada.
Denunciamos que es muy fácil para el gobierno de los Estados Unidos infiltrarse y espiar al gobierno de Brasil o al gobierno que quiera. Denunciamos que el “radio de influencia” de un usuario más o menos experto puede ser tan grande que un par de sátrapas dueños de una compañía israelí están interviniendo nuestros celulares con total impunidad ahora mismo. Es como si este grupo de israelíes hubiera entrado a nuestro territorio sin ningún tipo de control aduanero, sin presentar documentos ni pasaporte en el aeropuerto.
Denunciamos que es de cierta facilidad que un “grupo de hackers” con una “granja de bots” pueda denegar cualquier servicio estatal y robar datos fiscales y bases de datos enteras del Estado argentino, por ejemplo. Denunciamos este caos, este descontrol que abre la puerta a las teorías fatalistas de la Internet como la de “La Internet Muerta” en la que en un futuro todo el ciberespacio podría estar copado solo por bots, bots que distintos grupos estarían generando y controlando a mansalva.
¿Pero, acaso, no nos estamos contradiciendo por un lado, al denunciar la facilidad para la que se presta el internet al descontrol y al mismo tiempo al afirmar que la internet no es ni ha sido nunca “anónima”? Algunos dirán que este descontrol es precisamente lo que muestra que la internet sí es totalmente anónima e irrastreable. Esto es parcialmente verdad, sucede que las cosas tienen graduaciones y escalas y que la y el internet tienen muchas capas de complejidad y abstracción.
La Internet es anónima pero en apariencia, a cierta escala, a la escala de los “usuarios de a pie” (y cada vez menos), pero no es verdaderamente anónima ni irrastreable a la escala más baja, a la de los “usuarios expertos”. En dos palabras, aunque parezca anónima e irrastreable simplemente, en el fondo, no lo es. ¿Pero cómo sucede esto?
Por cómo ha sido diseñada la arquitectura de la internet, el protocolo TCP/IP. Es decir, por la dialéctica constitutiva a la que nos referimos al principio entre La internet y El internet cuando mencionamos que estas dos “cosas” no eran una dualidad dicotómica, si no que éstas se determinaban entre sí dialécticamente y así El internet en su pila de protocolos TCP/IP tiene inscritas unas reglas que determinan cómo es La internet y al mismo tiempo desde La Internet podríamos llegar a determinar unas nuevas reglas a inscribir por los ingenieros en esta pila de protocolos.
Anonimato en apariencia
El internet aparece construida a partir de la dialéctica misma entre aparentar a sus usuarios ser “virtual”, “separada” y “anónima” (siguiendo los principios ideológicos que mencionamos antes) y a su vez por la imposibilidad ingenieril de lograrlo perfectamente, y esto es por la naturaleza de su infraestructura tecnológica en la que prácticamente es imposible borrar los rastros de la identidad real de un usuario. Dicho de otro modo, el anonimato en esta Internet es una apariencia, en el fondo siempre es posible reconstruir la identidad real de una persona a través de la digital y viceversa.
Los ingenieros que construyeron el protocolo TCP/IP en sus capas más altas y abstractas lo hicieron pensando en usuarios pero en sus capas más bajas, de niveles físicos; de cables, antenas, postes, repetidores, enrutadores para entregar quirúrgicamente los datos que corresponden al dispositivo que corresponde, lo tuvieron que hacer necesariamente para personas. ¿Y por qué?
Porque para mandar el mensaje correcto al usuario correcto es decir al dispositivo de la persona real correcta, necesariamente tiene que registrarse toda una cadena causal bien real, material y hasta muy voluminosa de información que vincularía al dispositivo con la persona real. Y esto sigue siendo así por muchos proyectos y tecnologías que existan que traten de vender la panacea de la privacidad y el anonimato total como las criptomonedas, Tor, VPNs, la encriptación cuántica, etc.
Ciber-criminalística y una posible línea de investigación
Proponemos aquí una posible línea de investigación sobre esta cuestión en la que no podemos detenernos ahora: si “la dificultad de borrar los rastros en internet (o en el mundo mejor dicho)” es una dificultad ingenieril temporal o si es un imposible ontológico por la naturaleza del Mundo mismo.
Quizás la novedad que podemos aportar en este enfoque, pueda ser, que ahora que entendemos al internet como algo “refundido” en el Mundo mismo, como una “parte” suya más, y no como un “mundo virtual separado” podemos ver que la cuestión se transformaría así en realidad es acaso posible el anonimato y la irrastreabilidad en el Mundo mismo. Por que el internet es parte del mundo mismo, y está entretejido, entremezclado con las otras partes del mundo, tiene muchos y distintos “puntos de contactos” con otras realidades mundanas, de acá que podamos pensar que el contacto con la internet dejaría rastros no solo en la infraestructura del internet si no en otras partes del Mundo por ejemplo, desde ya, en otras personas que también estarían en la Internet o en los registros del “cibercafé” al que vamos a navegar, o en sus cámaras de vigilancia, etc.
Es decir, si pasa lo mismo aquí que allí con los principios de las ciencias criminalísticas (como el Principio de Intercambio de Locard) que nos enseña que “todo contacto deja un rastro”.
Una imposibilidad ontológica que por muchos esfuerzos científicos, de computación y encriptación cuántica sería imposible de sanear. Al menos que estas tecnologías lo hagan posible y entonces tengamos que reestructurar nuestra doctrina ontológica. Imposibilidad ontológica que ya sospechamos que podría deberse a la symploké de Nuestro mundo y a otros principios
De lo que sí podemos estar seguros es que a día de hoy en la internet, efectivamente, “todo contacto deja un rastro” y de hecho, igual que en la criminalística clásica, en la ciber-criminalística se toma este principio como suficiente (por posibilidad mayor a cero) para estudiar una “escena del crimen”.
¿La internet primitiva o civilizada?
Así funciona la internet hoy pero nada nos impide hacerla funcionar de otra manera mañana. O avanzando en la dirección de la “internet primitiva” la cual tendría todas los problemas civilizatorios que venimos denunciando y los que no podemos ni imaginar; dirección en la que efectivamente existen movimientos e iniciativas actuales como la Web 3.0, el mundo cripto, Tor, etc (y mucho humo porque sabemos que ni éstas cumplen los ideales que prometen) o en la otra dirección, la de la “internet civilizada”; dirección que precisamente es la que estamos exponiendo en este artículo, que lejos de ser meras iniciativas privadas de nicho, de foros, de geeks, es la dirección más marcada y real que están tomando las grandes unidades políticas del Mundo en este proceso de balcanización de la Internet.
A contramano de la “internet primitiva” vemos en realidad que las potencias mundiales, a escala geopolítica, y las grandes tecnológicas, gastan cada vez más dinero en algoritmos que hacen malabares técnicos con las pruebas “anti-bots” para lograr identificar “usuarios reales” pero más aún buscan unificar en una sola credencial la identidad digital y real con mecanismos como identificación con DNI, selfies, etc. Pero esto no es solo para “tenernos controlados” y “saber quienes somos” (que posible) si no por cuestiones funcionales. Ahora mismo, Mercado Libre es una plataforma para personas, mejor dicho para civiles o ciudadanos más que para usuarios. Imaginemos lo que sería sin éstas garantías.
Si el ciberespacio es real, ¿todo lo que hay en él es verdadero?
Pero cuidado, que postulemos que el ciberespacio y sus instituciones como las redes sociales, sean reales y materiales, no quiere decir que las cosas o entidades que se desarrollen y se construyan en él sean “verdaderas per se”. Para nada, en este espacio material aparecen y acontecen falsedades, apariencia y verdad, ficciones, simulaciones, realidades, engaños, trampas como aparecen en todas las otras partes del Mundo aunque con otras formas.
¿Quién y cómo debería controlarse la internet?
Lo que queremos decir, es que quizás, luego de tomar consciencia de lo real que es el ciberespacio y ejercer sobre él la misma moral, la misma ética, las mismas normas y derechos que ejercemos sobre otras partes de los Estados o del Mundo entonces las “sociedades políticas” tendrán más control sobre cómo debería funcionar la Internet y “aplacar” las patologías de la internet y mejorar las cosas buenas que pueda tener.
Y no como es ahora, una plutocracia en la que legisla un fondo buitre israelí o chino, o de un friki como Marcos Zuckengber, al que tenemos que suplicarle “para ver si puede evitar almacenar videos privados de los usuarios en Facebook, Whatsapp, Instagram” en sus servidores (sin poder saber de ninguna manera si se lleva a cabo o no) o pedirle a Elonio Musk que pague los “impuestos brasileños” por infringir las reglas de no tener un legislador de X asentado en territorio nacional, o de una LLC anónima en Manhattan, a la que hay que pedirle y suplicarle que “haga tal o cual cosa” en sus aplicaciones o plataformas.
Proponemos al lector pausar la lectura y tratar de dar una respuesta concreta a la siguiente pregunta:
¿Por qué razón todos los canales de televisión en territorio nacional argentino tienen un horario de protección para el menor pero no lo tienen los “canales de streaming”? (O el internet en general) ¿Cuántos malabares oscurantistas y metafísicos hay que hacer para “justificar” esto? ¿Por qué deberíamos aceptar que cualquier menor pueda consumir pornografía sin ningun escrúpulo o apostar o desarrollar adicciones y otras enfermedades cognitivas?
Esto nos muestra el estadio de salvajismo en el que se encuentra el ciberespacio ahora mismo, el mismo estadio de infierno de tribus caníbales indígenas que encontraron los españoles en 1492 cuando llegaron a América.
Por de pronto estaría mucho más cercano un proyecto de ley para modificar al ciberespacio según nuestras conveniencias que una petición a Meta New York LLC para pedirle amablemente que no guarde accidentalmente los mensajes en sus discos rígidos. Y repetimos, no podemos a priori decir cómo exactamente habría que controlar o regular a la internet porque sus características, en principio serían variables, pero al menos, variadas por “nosotros”, y no por otros.
Decimos esto salvando todas las distancias que existen, sabiendo lo lejano que podría quedarle un proyecto de esta magnitud al Estado argentino, o en general a cualquier país de Hispanoamérica. Sabiendo la precisión quirúrgica política y tecnológica que supone semejante proyecto, pero no por eso descartarlo.
Dicho sin vueltas; La cuestión no es si el ciberespacio debería estar controlado o no, la cuestión es si lo controlamos nosotros o si nos controlan otros.
Nuevos cursos históricos-políticos se abren:
El ciberespacio institucionalizado
Durante siglos, el espacio político estuvo limitado fundamentalmente al territorio terrestre. Posteriormente los Estados incorporaron el espacio marítimo, estableciendo jurisdicciones, zonas económicas exclusivas y rutas estratégicas. Más tarde se reconoció la importancia del espacio aéreo, cuya regulación fue institucionalizada en acuerdos internacionales como el de Convenio de Chicago. En el siglo XX se añadió también el espacio ultraterrestre, objeto de tratados y disputas geopolíticas.
Cada una de estas incorporaciones respondió a una misma lógica: cuando un nuevo espacio/recurso se vuelve estratégico para la vida económica, militar o política de las sociedades, los Estados tienden inevitablemente a institucionalizarlo y someterlo a formas de soberanía.
El ciberespacio parece encontrarse hoy precisamente en ese proceso.
Durante décadas se sostuvo la idea de La Internet Primitiva que debía ser un territorio libre, abierto y casi anárquico, regido por una concepción maximalista de la libertad de expresión. Esta visión, heredera del espíritu libertario de los primeros desarrolladores de la red, imaginaba el ciberespacio como una suerte de nuevo “territorio sin soberanía”, un espacio global donde las instituciones políticas tradicionales carecerían de poder efectivo o en realidad, solo alguna de ellas tendría poder efectivo.
Esta idea fue defendida explícitamente por autores mitólogos como John Perry Barlow en su célebre Declaración de Independencia del Ciberespacio, donde proclamaba que los gobiernos del mundo físico no tenían soberanía sobre la nueva red.
Sin embargo, la evolución real de Internet parece contradecir cada vez más esta utopía. Lejos de ser un ámbito neutral, el ciberespacio se nos muestra hoy como un campo de conflicto político, económico y militar. En él se desarrollan campañas de desinformación, operaciones de influencia extranjera, espionaje industrial, sabotaje de infraestructuras críticas y una multiplicidad de delitos que afectan directamente la vida de los ciudadanos.
Si aceptamos que el ciberespacio se ha convertido en una infraestructura crítica de nuestras sociedades políticas, entonces ¿debería seguir funcionando como un espacio prácticamente desinstitucionalizado?
En este contexto, la defensa irrestricta del anonimato comienza a mostrar sus límites. En el mundo físico nadie discute que la vida social requiere mínimos mecanismos de identificación y responsabilidad. Para conducir un vehículo se exige una licencia; para cruzar una frontera, un pasaporte; para participar en la vida jurídica de una comunidad política, un documento de identidad.
¿Por qué el ciberespacio debería constituir una excepción radical a este principio?
Una posibilidad sería comenzar a pensar la navegación en Internet de un modo análogo –al menos parcialmente– a la circulación en el espacio público físico. En una ciudad cualquier ciudadano puede caminar libremente por las calles y expresar sus opiniones; pero esa libertad no implica anonimato absoluto ni impunidad. Las personas siguen siendo sujetos identificables que pueden responder por sus actos si cometen delitos o daños contra otros.
Trasladado al “ámbito digital”, esto podría significar la introducción de mecanismos de identificación mínima en la infraestructura de la red. No necesariamente mediante sistemas de censura o filtrado semántico permanente, sino mediante la existencia por lo menos de identidades digitales verificables que vinculen las acciones en línea con sujetos reales y únicos.
Una arquitectura de este tipo permitiría preservar la libertad de expresión –cada individuo podría decir lo que quisiera– pero eliminaría una de las condiciones estructurales que hoy favorecen la proliferación de campañas de difamación, hostigamiento coordinado, manipulación informativa y ejércitos de bots.
El problema no es meramente social o jurídico, sino también técnico y arquitectónico. La propia estructura de Internet, basada en el protocolo TCP/IP, fue concebida en un contexto histórico muy distinto al actual. En aquella época la red estaba compuesta principalmente por instituciones académicas y centros de investigación que operaban bajo relaciones de confianza relativamente estables. Hoy, en cambio, el mismo diseño permite que un individuo cree miles de identidades digitales, automatice su comportamiento mediante bots y participe simultáneamente en múltiples operaciones de manipulación informativa.
Esto plantea una cuestión que hasta hace pocos años parecía impensable: la posibilidad de revisar o complementar la arquitectura original de Internet para introducir mecanismos que permitan distinguir entre personas reales, cuentas institucionales y agentes automatizados.
¿Por qué no se podría, acaso, intervenir el protocolo TCP/IP para que un usuario nativamente tenga que “identificarse” cada vez que quiera navegar? ¿Qué razones metafísicas impedirían esto? ¿Cuanto más ordenada estaría la “calle virtual”?
Siguiendo la analogía de la situación en las calles de la ciudad en la que por lo menos los sujetos se reconocen entre ellos por sus siluetas, vestimenta y rostro ¿A caso no se le podría obligar a cada usuario-ciudadano que se identifique portando una fotografía de su rostro en internet en cada intervención que haga?
Tal transformación podría tener efectos significativos. Reduciría la capacidad de amplificación artificial de ciertos mensajes, dificultaría las campañas de manipulación política y facilitaría el trabajo de investigadores forenses, fuerzas de seguridad y unidades de ciberdefensa.
Pero el problema adquiere una dimensión todavía más amplia cuando se lo observa desde la perspectiva de la soberanía estatal.
Si los Estados están comenzando a fragmentar la red global en distintos espacios regulados –lo que algunos analistas describen como la balcanización de Internet– entonces resulta lógico preguntarse si también aparecerán formas institucionalizadas de tránsito entre esos espacios digitales.
Así como los ciudadanos necesitan pasaportes para atravesar fronteras físicas, podría imaginarse la emergencia de identidades digitales soberanas que permitan a un individuo interactuar dentro de determinados ciberespacios nacionales o regionales. Este tipo de sistemas ya comienza a insinuarse en diversos proyectos de identidad digital impulsados por Estados y organizaciones supranacionales.
Lejos de ser una simple fantasía tecnocrática, la institucionalización de la identidad digital podría convertirse en un elemento clave de la gobernanza del ciberespacio en el futuro. Permitirá a los Estados defender mejor sus infraestructuras críticas, combatir el crimen digital y responder con mayor eficacia a las operaciones de influencia extranjera.
Naturalmente, estas transformaciones plantean dilemas profundos. Un sistema de identificación digital mal diseñado podría derivar en formas excesivas de vigilancia o control político. El desafío no consiste simplemente en regular Internet, sino en la eutaxia del Estado mismo.
En principio estas características del ciberespacio institucionalizado serían variables, pero preferimos que puedan ser variadas por la sociedad política que hace a por ejemplo, el Estado Argentino o una entidad similar, más que por Meta, Instagram y TikTok, IronSource.
Sin embargo, lo que parece cada vez más claro es que la idea de un ciberespacio completamente desinstitucionalizado pertenece al pasado. A medida que Internet se convierte en un componente estructural del poder político, económico y militar de los Estados, la presión por dotarlo de identidades, normas y fronteras seguirá creciendo.
La cuestión imperativa ya no es si el ciberespacio será institucionalizado, sino qué forma adoptará esa institucionalización y quién la determinará, si una compañía transnacional privada, un Estado-nación o una entidad similar
El ciberespacio como plataforma de integración política continental
Y aquí hablamos de una “entidad similar” porque, en la medida en que el ciberespacio se ha convertido en un territorio efectivo de la vida política, las transformaciones que se producen en él deben interpretarse también en términos geopolíticos reales.
Si la balcanización de la Internet occidental puede entenderse hoy como una manifestación de las tensiones internas y los procesos de fragmentación que atraviesan al propio Imperio estadounidense –como dijimos antes–, y si el ciberespacio ahora se nos muestra como territorio real de un Estado-nación, entonces, de alguna manera, la balcanización de la Internet es también la balcanización del Imperio norteamericano mismo.
Y si es verdad la operación inversa que también mencionamos –que Estados Unidos utilizó Internet como una plataforma político-tecnológica para integrar, extender sus arterias y proyectar su territorio por todo Occidente–, esto no sería algo inédito en la historia. Algo semejante ocurrió cuando el Imperio romano utilizó sus calzadas para unificar durante siglos a las provincias romanas, o cuando el Imperio británico extendió sus vías férreas por todas sus colonias, consolidando así su dominio y su integración imperial.
Queremos decir que, si el ciberespacio forma ya parte del espacio político efectivo, entonces su organización institucional abre necesariamente nuevos cursos histórico-políticos. Y es precisamente aquí donde puede trazarse una comparación sugestiva, a saber:
En el siglo XIX, Otto von Bismarck supo aprovechar una infraestructura político-económica ya existente –las uniones aduaneras entre los distintos Estados germánicos, cristalizadas en el Zollverein– para impulsar un proceso de integración que terminaría desembocando en la formación de una unidad política más amplia bajo la forma de la Unificación alemana.
Algo análogo podría pensarse, al menos como posibilidad histórica abierta, respecto del papel del ciberespacio en el ámbito hispanoamericano. Del mismo modo que las aduanas territoriales sirvieron en su momento como plataforma político-tecnológica para la articulación de los Estados germánicos, cabe imaginar, más lejos aún del consejo que arrojó Dilma Rousseff en las NU, que la construcción de infraestructuras digitales compartidas –redes, sistemas de identidad digital, plataformas tecnológicas y marcos regulatorios comunes– podría funcionar como un soporte material capaz de favorecer una integración política entre los países de Hispanoamérica.
En otras palabras, así como las estructuras económicas del Zollverein prepararon el terreno para la posterior unificación política alemana, el desarrollo de un ciberespacio hispanoamericano podría llegar a constituir una plataforma institucional desde la cual pensar formas nuevas de articulación política en la región.
La cuestión, por tanto, no sería únicamente tecnológica, sino profundamente geopolítica: se trataría de determinar si el ciberespacio puede convertirse en una plataforma de integración continental, capaz de transformar un espacio cultural compartido en una realidad política consistente con la recapitulación del proyecto de lo que supimos ser, un verdadero y católico Imperio Universal.
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
