El Catoblepas · número 214 · enero-marzo 2026 · página 17

Un libro de Iván Vélez
José Luis Pozo Fajarnés
Sobre el libro Torquemada. El gran inquisidor. Una historia del Santo Oficio (La Esfera de los Libros, Madrid 2020).
Nuestro interés por este libro de Iván Vélez se ha visto renovado por los intereses presentes en los últimos trabajos realizados por este comentador. De ahí que hagamos la reseña de Torquemada. El gran inquisidor. Una historia del Santo Oficio en lugar de otras de textos más actuales del mismo autor. También por considerar que lo que en este libro del que comentamos sus virtudes, no es un libro “de moda” sin uno que puede y debe leerse en cualquier momento, dada su relevancia en la ingente tarea de los que nos dedicamos a desmontar la mentiras vertidas sobre España a lo largo de los últimos siglos.
Si nos interesamos por buscar en la archifamosa “vulgopedia” datos sobre la Inquisición, en pocos saltos de pantalla nos encontraremos con la Inquisición española y con el dominico Tomás de Torquemada. En esas páginas interactivas no encontraremos lo que supuso para España y para el orden mundial tanto la una como el otro. Lo que allí podremos leer es lo que los autores negrolegendarios se han preocupado de trasmitir. Iván Vélez da en el libro “Torquemada. El gran inquisidor” una visión veraz de la figura de ese importante político español, para de ese modo desactivar las falsedades vertidas desde hace siglos, y que podemos leer en la enciclopedia mencionada.
El libro de Iván Vélez va mucho más allá de un mero homenaje a la figura del Gran inquisidor Torquemada –figura imprescindible para entender la historia española, un actor clave en procesos históricos complejos de su época y un modelo para sus sucesores– sin quitar importancia a la efeméride que supone el 600 aniversario del nacimiento del primer Gran Inquisidor. El libro desvela, ante las falsedades vertidas sobre su persona, la relevancia de su trayectoria política. Para ello el autor desarrolla una argumentación perfectamente estructurada, en base a unas ideas tendentes a clarificar no solo quién fue Torquemada sino el marco de actuación en el que desarrollo su actividad: la España en el umbral de la Edad Moderna.
Unas ideas trabadas que Vélez maneja con su habitual maestría y que nos permiten describirlo no solo como historiador, tal y como lo consideran sus habituales lectores, sino como filósofo. No en vano el texto que ahora están leyendo se ha publicado en una revista en la que los Investigadores Asociados a la Fundación Gustavo Bueno escriben sus textos, y Vélez es uno de ellos.
Si en la “vulgopedia” pueden leerse el cúmulo de falsedades a las que hemos hecho una velada referencia –pues abundar en ellas no es nuestro cometido actual– es debido a que existen muchos intereses en seguir afianzando las mentiras y las tesis interesadas de los que, pese a mostrar una máscara engañosa, odian a España y a su Historia. Muchos han sido los que desde el siglo XVI han expresado críticas a la acción imperial española, acción en la que debemos incardinar el papel de la Inquisición de cuño español.
Los argumentos que contrarresta Iván Vélez en este libro y en otros anteriores y posteriores, derivan de una ingente cantidad de enemigos de España. Podríamos destacar a muchos de entre los que, en un gran alarde de erudición, Vélez nos presenta en su libro, además de otros de los que se denuncian sus panfletarias posturas, haciéndose eco de ellas de modo implícito a lo largo de las páginas de “Torquemada. El gran inquisidor”. Tenemos que destacar, como hace el autor, la figura de Juan Antonio Llorente –un afrancesado, jansenista, además de simpatizante del movimiento carbonario– que fue, como otros autores negrolegendarios considerados en el texto, aunque de un modo muy destacado, fuente de otros autores negrolegendarios, entre los que incluimos a los metodólogos negros{1} de la actualidad. También las opiniones de de Benzión Netanyahu, vertidas en su libro “Los orígenes de la Inquisición en España”, de una factura muy cercana. Netanyahu (padre del actual presidente israelí). Netanyahu tiene al autor anterior como referencia para extraer conclusiones que no se adecuan a un criterio que podamos compartir en absoluto. Tampoco queremos dejar de mencionar otros autores, sin menoscabo de los que se explicitan. Por ejemplo: Reginaldus Gonsalvius Montanus (quizá seudónimo del protestante español, traductor de la Biblia, Casiodoro de Reina; autor, en 1567, de “Sanctae Inquisitionis Hispanicae Artes”, una fuente de la que se aprovecharon otros detractores de la Inquisición española), Guillermo de Orange–Nassau (en “Apología” instrumentaliza lo que, según él, suponía la Inquisición para criticar a Felipe II), John Foxe (en su obra “Libro de los mártires” convierte a las víctimas de la Inquisición en mártires de la verdadera fe, la de su Iglesia reformada); los ilustrados, Voltaire y Montesquieu (para ambos, Torquemada era un símbolo de intolerancia y fanatismo); el liberal William Robertson (en sus textos sobre Carlos V describe la falsa imagen de una España decadente y presa del oscurantismo).
Dentro de estos autores influidos por la tradición negrolegendaria destacaremos a Henry Kamen, sobre todo en la primera versión de su libro “La Inquisición española”, publicada en 1965. Aunque en las versiones posteriores de 1999 y 2013 corrigió exageraciones tradicionales sobre la Inquisición. Y también a José Luis Villacañas{2}, que repetirá algunas mentiras recogidas en su libro “Imperiofilia y el populismo nacional–católico” –en el que ataca a la historiadora María Elvira Roca Barea; “Imperiofilia” es el ejemplo paradigmático de una metodología dialéctica antiacadémica ofensiva e injuriante– en el posterior escrito en 2023 titulado “Érase una vez España”. Un libro, este último, que no tiene en cuenta lo que dice Vélez (algo que es de agradecer para así no tener que escandalizarnos por calificativos despectivos que pudiera hacerle, dada la perversa costumbre que como hemos denunciado le caracteriza.
Villacañas: impostura y oportunismo (1h 29m)
17 de julio de 2019
En “Torquemada. El gran inquisidor. Una historia del Santo Oficio” encontramos, entre las tesis defendidas por el autor, que la Leyenda Negra es una construcción ideológica armada a lo largo del tiempo por los enemigos de España, cuando esta era el Imperio que fue, pero también por los que hoy siguen defendiendo tesis igual de falsarias. Los códigos morales que les sirvieron de argumentario a los previos y los que les sirven a los actuales no son los adecuados para expresar el papel histórico de España. Sus relatos, desarrollados en base a ese argumentario y a las mentiras asumidas, cumplieron y siguen cumpliendo una función política destructora de España y de lo español (y de lo hispano, pues España no puede circunscribirse a las lindes actuales de su nación política. Lindes que están hoy constantemente amenazadas interna y externamente). La historia, en base a reliquias y sus relatos veraces tiene su propio campo operatorio. No puede reducirse a moralismos y propaganda. Iván Vélez lo deja muy claro en el texto.
La inquisición fue un mecanismo con fines eutáxicos, los fines dirigidos a mantener el orden y la estabilidad del cuerpo político, en el presente y a futuro. Un instrumento de estabilidad estatal, con tintes religiosos. la Inquisición española era una institución eminentemente política, efecto de lo que fue siempre la marca del Imperio español, desde el siglo VIII: el catolicismo fue la koinonía que solidarizó el empuje conquistador frente al islam. Una koinonía que está implícita en el texto de Vélez cuando defiende que lo católico tuvo relevancia para la cohesión política de los reinos que se unieron en la Monarquía hispánica y que, por lo mismo, fue un principio de unidad civilizatoria, sobre todo en los territorios que fueron ampliándose a esa monarquía tras 1492. El catolicismo fue de la mano de la generación civilizatoria que supuso el Imperio español, la cual permitió que se incorporaran a España infinidad de pueblos distintos, a los que les dio una estructura política que iba a permitirles evolucionar hacia las sociedades modernas en que se convirtieron (esto contrastó con lo que llevó a cabo el imperialismo que tomo el relevo al español: el depredador imperialismo inglés).
La personalidad de Torquemada no aparece como una individualidad que pueda desagregarse de los intereses del Imperio, Torquemada fue un engranaje más en la dialéctica de imperios que rige la Historia, y por tanto, también en la consecución de la eutaxia del Imperio. Su papel, como el de otras importantes figuras situadas en los engranajes institucionales generados por el Imperio fue de gran importancia. Aunque aquí debemos hacer una relevante matización, implícita en el texto de Vélez: que la efectividad de su papel histórico solo puede encumbrarse si remarcamos la relevancia de la racionalidad institucional implicada en el “fecho del imperio” (aprovechamos este sintagma derivado de la política de Alfonso X, para aplicarlo al Imperio realmente existente: al español y no al germánico, pues este último fue solo un imperio nominal).
Esta racionalidad institucional era la que se desarrollaba en las Universidades. En ellas, de la que podemos destacar la de Salamanca, se desarrolló la teología. Una teología que incluso derivó en un marco de renombre, el de la “Segunda Escolástica”. Teología que fue la fuente del modo de entender el mundo y al hombre que guió la política imperial española. Teología que también fue la rectora del modo de actuar de la Inquisición española.
La España de la inquisición no fue una maquinaria de terror, como dicen los que ven en Torquemada a una figura diabólica. Algo absurdo sin paliativos. Los que siguen asegurando esto son, como los que fueron previamente, detractores del papel de España en la Historia Universal, y, por lo mismo, historiadores y ensayistas mendaces, pagados no solo de sí mismos sino de los intereses de los enemigos de la España imperial, y de la actual, sin olvidarnos de su impronta: el tan extendido idioma español, el que fue del Imperio.
Para desmontar ese cúmulo de falacias la voz de Vélez se deja oír en las páginas de este libro que no pueden dejar de leer, y que permiten que se dejen de lado los prejuicios derivados de unas ideas legendarias que hacen flaco favor a lo que supuso su papel en la Historia. A partir de aquí vamos a presentar los momentos claves que vertebran el libro “Torquemada. El gran inquisidor”: En el texto se nos clarifica cómo pudo ser que Tomás de Torquemada se convirtiera en un símbolo del fanatismo, de la intolerancia religiosa, de modo que se fijara el mito oscurantista sobre su persona y su obra; La Inquisición, o mejor, las diferentes Inquisiciones fueron azotes de la herejía; No hubo una Inquisición sino muchas, y muy diferentes en el tiempo y en los diferentes territorios en los que actuaron sus tribunales; En Castilla durante el siglo XV se daba una crisis política que debía solventarse, y la Inquisición española fue el instrumento eficaz que lo consiguió; La religión que había sido el factor fundamental para la expulsión del islam de las tierras de la península ibérica, iba a ser ahora fundamental para la unidad de la nación histórica inaugurada, y primera en conformarse en toda Europa: España;
La Inquisición fue proyectada por la necesidad política de la España de la época, con los Reyes Católicos como máximos y primeros responsables del orden presente y del que debía darse en el futuro; El proyecto que se materializó con la bula de Sixto IV de 1478; El nombramiento de Tomás de Torquemada como Gran Inquisidor, asistiendo en las páginas del libro a mucho más que una mera semblanza (u desarrollo necesario para entender quién era ese personaje fundamental de la Historia de España, alejándolo del mito falsario expresado en torno a su persona); La responsabilidad de Torquemada en la organización de la Institución y en su papel en la política imperial; Los procesos inquisitoriales, su modernidad; Los delitos más preocupantes para la política imperial. La metodología judicial que se llevaba a cabo y que tenemos como referentes de la metodología actual; La expulsión de los judíos; Las razones de una decisión sopesada, y la influencia que tal fenómeno supuso; Las razones políticas se sobreponen a las religiosas, de ahí que Torquemada no pueda considerarse el principal impulsor de la expulsión; El origen del mito en sus narradores: los enemigos del Imperio español…
La lectura del libro de Iván Vélez es una sana actividad que pese a no confrontar con autores como Francisco Bethencourt o Benzion Netanyahu, desmontan las tesis que estos defienden, relacionadas con un extemporáneo racismo español activado por una metodología inquisitorial no entendida. La que nos presenta nuestro autor razonadamente. O con las tibias propuestas del hispanista Joseph Pérez, que lejos de hacer justicia con el papel de España en la Historia tiende a devaluarlo. Algo que queda subsanado en el libro de Iván Vélez. Punto de vista que sigue la trayectoria emprendida por el primero de sus libros, “Sobre la leyenda negra”, un texto imprescindible como este dedicado a Torquemada y la Inquisición española, y que está presente en otros textos como el que lleva por título “Nuebas mentirosas”, o los que se centran en las figuras de los conquistadores y del imperio que los impulsó.
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{1} Gustavo Bueno señala a los autores negrolegendarios como desarrolladores de “metodologías negras”, en su artículo “La esencia del pensamiento español”, publicado en la revista El Basilisco (número 26, Pentalfa, Oviedo 1999, páginas 67–80).
{2} Un autor germanófilo con el que Iván Vélez ha departido intensamente en varias ocasiones. Entre ellas destacamos el debate que pude verse y escucharse en el canal “Trincheras ocultas”.
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
