El CatoblepasSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas · número 214 · enero-marzo 2026 · página 10
Artículos

Los contactos de José Antonio Primo de Rivera con Ángel Pestaña. Realidad y mito

Jeroni Miquel Mas Rigo

El objeto de este artículo es establecer qué hay de verdad y de mentira en las relaciones que tuvo José Antonio Primo de Rivera con el sindicalista Ángel Pestaña Núñez.{1}


1. Introducción

motivo

Era el mes de agosto de 1931 cuando Ángel Pestaña (1886-1937) y Joan Peiró, líderes del sector sindicalista puro de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), firmaron con otros 28 un manifiesto –conocido como el «Manifiesto de los Treinta»–, en el que renunciaban a la insurrección armada como vía adecuada para la revolución libertaria. Esto supuso un enfrentamiento con la Federación Anarquista Ibérica (FAI), dirigida en aquellos momentos por Buenaventura Durruti y Joan García Oliver, que controlaba el sindicato.

Pestaña, en marzo del año siguiente, cesaría en el cargo de secretario general y, a finales de este mismo año, sería expulsado de la Confederación. Los «treintistas», que crearon la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), fueron readmitidos en la CNT en el Congreso de Zaragoza de 1936. A principios de 1934, Pestaña abandonó la Secretaría General de la FSL, al considerar que el sindicalismo apolítico –es decir, sin en el apoyo de una organización de lucha específica en el terreno político– era demasiado limitado para acabar con el capitalismo, y fundó el Partido Sindicalista (PS).

José Antonio Primo de Rivera (en adelante, JAPdR), que vio la posibilidad de atraer a sus filas a un dirigente obrero del prestigio de Ángel Pestaña, mostró interés en mantener contactos con el líder sindicalista. Según Mota Muñoz, fue el sindicalista revolucionario Hubert Lagardelle –que manifestó amplias simpatías por el fascismo–, quien, en una visita de JAPdR a Roma, le sugirió el nombre del sindicalista español.{2} En cambio, para el escritor Ángel María de Lera –que en su juventud militó en el PS–, fue Mussolini quien le habló de Pestaña.{3} La fuente de Lera era el propio Pestaña, y la fecha, según esa versión, sería un poco después de las elecciones de febrero de 1936, ya que dice: «a raíz de haber sido elegido [Pestaña] diputado a Cortes por Cádiz».

En nuestra opinión, es posible que Julio Ruiz de Alda fuera el que más influyera en los deseos de JAPdR de conocer al sindicalista, ya que antes de la fundación de FE, Ruiz de Alda se había entrevistado con Pestaña, según se desprende de lo que escribe su hermano Pablo en el prólogo a las Obras completas de Julio (Ediciones FE, 1939, p. 27).

Más adelante, Lera, después de referirse a las elecciones de noviembre de 1933, nos informa de que «por aquellos días» llegó a Pestaña, a través de intermediarios, la noticia de que JAPdR deseaba tener un cambio de impresiones y que aquel, por curiosidad, «accedió a acudir a la cita, preparada por Sancho Dávila, primo de José Antonio, si bien a título personal». Según este autor, Pestaña le preguntó a JAPdR:

«Que por qué no se unían a uno cualquiera de los movimientos sociales que ya existen en España, y él me contestó que por dos razones: la primera porque eran antimarxistas, lo que les hacía incompatibles con los partidos y organizaciones de ese signo; y la segunda, por su patriotismo, por poner la Patria por encima de todo. Ello les alejaba también, por lo tanto, de los internacionalistas como el anarquismo y el sindicalismo revolucionario. […] Dimos muchas vueltas en torno a estas cuestiones sin llegar a ningún resultado. […] Yo pienso que José Antonio Primo de Rivera es un joven inteligente y quizá bien intencionado, pero sin ideas claras, con un desconocimiento absoluto del pueblo. […] En el relato de Pestaña, en sus palabras y en su voz, no advertí ninguna muestra de desdén ni, por supuesto, de admiración. Sí de respeto y, acaso, un ligerísimo sentimiento de disgusto o contrariedad por no haber podido disuadir de sus propósitos a su joven oponente.»

Esta versión, considerada la única «canónica» por los pestañistas, fue publicada más de cuarenta años después del acontecimiento. En nuestra modesta opinión –y como expondremos más adelante– nos parece un relato reconstruido con algunos recuerdos y ensamblado con las informaciones que circulaban en aquellos momentos, sin que con ello queramos decir que faltase a la verdad en lo esencial. Lera no era historiador, sino fundamentalmente un novelista. De hecho, lo más importante que cuenta ya era conocido y los detalles que da, seguramente aportados con la intención de adornar el relato y darle más credibilidad, presentan serias dudas de verosimilitud. Veámoslo:

  1. Dice que fue Mussolini quien sugirió a JAPdR el nombre de Pestaña. Ya hemos dicho que la cuestión no es pacífica. Además, eso pudo haberlo sacado de Heleno Saña. Este, ya en 1970, escribió que fue Mussolini quien había dicho al fundador de FE que «el único hombre con personalidad suficiente para realizar en España lo que él había hecho en Italia era Ángel Pestaña.»{4}
     
  2. También nos informa que Pestaña dijo que JAPdR era «inteligente y quizá bien intencionado, pero sin ideas claras». Sin embargo, en una entrevista de finales de 1935 concedida a un periodista, Pestaña dijo con relación al líder de FE: «Me parece bien intencionado, pero tiene una gran confusión mental». Sorprende, por tanto, la buena memoria del novelista.
     
  3. Afirma que Sancho Dávila, primo tercero de JAPdR, organizó el encuentro, referencia a la cual Dávila jamás se refirió, al menos en los libros que publicó. Es absurdo pensar que él pudiera organizar la entrevista –que se celebró en Barcelona– ya que vivía en Sevilla. Por otra parte, Dávila no era precisamente un representante del sector radical de FE.

De lo expuesto por Ángel de Lera, se desprende que solo habría habido una reunión; pero no indica la fecha («por aquellos días», es muy impreciso), ni tampoco el lugar ni el local donde se celebró. Vamos a intentar clarificar todo esto, que es objeto de muchas versiones contradictorias entre los especialistas que han estudiado la cuestión.

 
2. Primera entrevista (diciembre de 1933)

Según Joan Vidal Salvó –abogado laboralista, exmilitante de la Lliga Regionalista, fundador y primer jefe de la Falange en Catalunya–,{5} en una entrevista de 26 de mayo de 1967, declaró:

«Por el mes de junio [de 1933, es decir cuando FE todavía no estaba constituida y era el Movimiento Español Sindicalista el grupo que dirigían JAPdR y Ruiz de Alda]; José Antonio le pidió desde Madrid, que le preparase una entrevista con Ángel Pestaña. Vidal no lo conoce, no lo ha visto nunca. A través del capitán López Pando, un amigo de este de apellido Comenge [sic, por Comenges] presenta un sindicalista de acción, Martínez “el Viejo” [seguramente, se trata de Rafael Martínez], que dispone la entrevista.

—¿Dónde se celebró?

—Justamente en mi casa. Vivía entonces en la Ronda de la Universitat, 17. Era el mes de agosto. Y asistieron con José Antonio y Pestaña, naturalmente, también Ruiz de Alda, el aludido Martínez “el Viejo”, otro Martínez conocido por “el Joven” [posiblemente, Manuel Martínez Ibáñez, que era del grupo de Rafael Martínez, y que en octubre de 1935 sería elegido presidente de la Juventud del Partido Federal Ibérico], Robert Bassas Figa, Luis Fontes de Albornoz y yo. […]

—Bien. ¿Y Pestaña, por su parte, que opinaba?

—Se sentía muy subyugado por las palabras de José Antonio. Entrega una copia del programa del Partido Sindicalista. Empiezan a discutirlo. No se ponen de acuerdo. Seguirá una segunda entrevista, más entretenida. Cuatro horas seguidas, una mañana, en el local del Círculo Tradicionalista de Portaferrissa. No hay manera de atar cabos en dos puntos capitales para José Antonio: Dios y la Patria. Pestaña entiende que todo eso no le dice nada a él ni a ninguno de sus seguidores. Se niega a aceptarlos como principios fundamentales y substanciales. Se despiden con cordialidad. (Sobre estas conversaciones precisa Vidal que Pestaña le dijo: “Me haría falangista. Pero tengo un lastre. El Sindicato Único. No puedo desentenderme.”)».{6} (La traducción del catalán es nuestra.)

Es obvio que en ese relato hay dos anacronismos: uno, en agosto de 1933 no existía ningún programa del Partido Sindicalista, aunque es cierto que Pestaña ya trabajaba con la idea de crear un partido nuevo; otro, que Pestaña no podía hacerse falangista porque FE todavía no existía. Esas dos objeciones las utiliza Mota Muñoz para negar verosimilitud a los manifestado por Vidal Salvó. Sergio Giménez, el investigador que con más exhaustividad ha estudiado los contactos entre los dos líderes,{7} no recoge lo reseñado –probablemente porque no ha leído el libro de Sariol Badía–; aunque no sería descabellado suponer que, de haberlo leído, coincidiera con Mota.

Ahora bien, en nuestra opinión esas dos objeciones no son insuperables. Es perfectamente posible que la referencia al Partido Sindicalista sea un error involuntario (habían pasado muchos años), y que lo que Vidal vio fuera simplemente un borrador del programa del partido que pretendía fundar Pestaña. La otra objeción –lo de hacerse falangista–, pudo ser un exceso verbal de Vidal; aunque, también, cabe pensar que lo que dijo Pestaña fuera simplemente «me haría de vuestro partido».

De todas formas, lo más probable es que Vidal se equivocara al datar el encuentro en el mes de agosto. Un poco más adelante dice que: «El octubre siguiente se unifican los de la Falange con las JONS de Ledesma Ramos. La nueva organización es presentada oficialmente. El acto se celebra en el teatro de la Comedia de Madrid.» Como es sabido, FE y JONS se unificaron en febrero de 1934 y la presentación del nuevo partido tuvo lugar el 4 de marzo, en el Teatro Calderón de Valladolid. La fundación de FE fue el 29 de octubre del año anterior, en el Teatro de la Comedia de Madrid. A dicho acto asistió Vidal Salvó.

La referencia a Robert Bassas nos inclina a pensar que la entrevista –de ser cierta– pudo realizarse el 3 de diciembre de 1933, cuando JAPdR y Ruiz de Alda visitaron la ciudad condal y se entrevistaron con Vidal. Esa es también la opinión de Jerez Riesco.{8} La expresión «por aquellos días» de Ángel María de Lera cobra mucho más sentido si la referimos a principios de diciembre de 1933, que no a febrero de 1934, como sostiene Sergio Giménez en su libro.

Por otra parte, el filósofo anarcosindicalista Heleno Saña escribe que: «Poco después de la fundación de la Falange, Pestaña se entrevista en Barcelona con José Antonio.»{9} La opinión de Heleno es importante porque es hijo de Juan Saña, el cenetista que facilitó el encuentro. Así lo cuenta el escritor Joan Llarch, también de ideología cercana al sindicalismo revolucionario:

«Se sabía también que José Antonio Primo de Rivera había intentado atraer a la Falange a la organización sindicalista CNT y que inclusive se había celebrado una entrevista entre José Antonio y Ángel Pestaña en un café de la plaza Real de Barcelona. El encuentro se celebró en el año 1933, y la realidad de la entrevista fue facilitada por Juan Saña, quien formaba parte del grupo de afinidad «Salud» integrado por el mismo Saña, Ángel Pestaña, Pere Foix y Joan Peiró. Al parecer una de las incompatibilidades entre el creador del Partido Sindicalista y el de la Falange fue la irreligiosidad, como ya se observó, de Pestaña.»{10}

 
3. La improbable entrevista de enero/febrero de 1934

Según Sergio Giménez, la entrevista a que se refiere Ángel de Lera

«aconteció, muy probablemente, en febrero de 1934. Fue en el popular café Glaciar de la Plaza Real de Barcelona, en el Barrio Gótico, junto a las Ramblas, un lugar donde eran frecuentes las tertulias filosóficas e intelectuales.»{11}

Sorprende que, ante un dato tan importante, el autor no mencione la fuente; pero como, unas páginas más adelante, se refiere a una carta –a la que, dice, «damos bastante credibilidad»– de Isaías Ruiz Adalid, antiguo militante del PS,{12} dirigida a Ceferino Maestú,{13} pensamos que esa es la fuente, ya que la misiva dice así:

«Fui amigo íntimo de Ángel Pestaña y uno de los invitados a la cena íntima, conjuntamente con José Antonio, en el Restauran Glaciar de las Ramblas, en la ciudad condal, el 28 de febrero de 1934. De esto también sabe mucho mi buen amigo –añadía Adalid– Luis Santamarina.»{14}

Maestú añade: «No tuve oportunidad de contrastarlo con el dirigente falangista, tal como Isaías sugería, pero le creí porque Olcina{15} lo aseveró.» El problema es que no hay ninguna constancia de que Olcina estuviera en esa cena. Por otra parte, es más que probable que, en esa fecha, este todavía no fuese guardaespaldas del jefe de FE. Olcina, como veremos, sí estuvo en la reunión de otoño de 1935. Seguramente haya una confusión, ya sea debida a Olcina, ya sea por culpa de Maestú. Este, seguidamente, transcribe otra carta de Ruiz Adalid, de 29 de julio de 1965, donde se especifica que:

«La cena íntima en el Restaurant Glaciar, de las Ramblas en la Ciudad Condal, fue algo como para plasmar conversaciones íntimas sostenidas entre los inolvidables José Antonio y Ángel Pestaña. Se trazaron las primeras líneas de la Falange en Barcelona y su región, en la que era principal figura el malogrado Roberto Bassas. Nosotros fundamos el Partido Sindicalista en marzo de 1934.Todo eso convenido en conversaciones anteriores, pues tenía que ser así por la variedad de personas que tenían que engrosar el movimiento salvador de nuestra Patria. No podía haber una sola línea sino dos convergencias.»{16}

Ahora bien, la memoria de Ruiz Adalid flaquea en algunos puntos: el restaurante Glaciar no se hallaba en las Ramblas, sino en la Plaza Real (aunque no muy lejos de la famosa calle, sorprende que erre dos veces). Tampoco acierta con el día de la cena. Seguramente por eso Giménez no menciona el 28 de febrero, sino que dice que la reunión fue «probablemente en el mes de febrero».  Ya que la fecha del 28 de febrero de 1934 es, en todo caso, imposible, pues ese día JAPdR intervino en el debate celebrado en el Congreso de los Diputados sobre el Estatuto de Autonomía del País Vasco.

Según José del Castillo y Santiago Álvarez:

«Así, en uno de sus viajes del año 1934, con Cuerda y Alfaro, celebró [JAPdR] una reunión con los disidentes de la Confederación Nacional del Trabajo, llamados treintistas, partidarios de Ángel Pestaña.»{17}

Estos autores no dicen, explícitamente, que Pestaña estuviera en la reunión. La fuente que utilizan es, con mucha probabilidad, el relato que dejó escrito uno de los asistentes, Rafael Martínez{18} –al que antes, como hemos visto, se refirió Vidal Salvó–, quien dirigía a un grupo de obreros que se integrarían en FE:

«La presencia de José Antonio se nos comunicó con seis horas de anticipación, lo que no fue óbice para que nosotros organizáramos una cena íntima que tuvo lugar en los sótanos del Restaurant Glaciar de la Plaza Real. Dicha cena, a la que asistieron muchos obreros sin trabajo, fue de matiz económico, ya que el tíquet valía 5 pesetas. Durante la que hubo derroche de entusiasmo y camaradería. Fue una noche memorable. La hoja oficial [sic] salió el lunes dando cuenta del banquete y diciendo que el mismo había tenido lugar en el Restauran Patria. Fue una equivocación lamentable. Al finalizar la cena y antes de los brindis, se firmó un acta en la que se hacían constar las directrices que habían de ser la norma del programa Nacional-Sindicalista. José Antonio firmó sin vacilar y con el entusiasmo que se dibujaba en su rostro la citada acta, junto con los camaradas Roberto Bassas, Juan Díaz y Rafael Martínez, que firmaron en nombre de los demás camaradas. […] A la citada cena, entre otros que sentimos no recordar, asistieron José Antonio, Roberto Bassas, Luis Fontes de Albornoz, Ricart, Agustín Comenges, José Maciá, Rafael Martínez, Juan Díaz, Manuel Martínez, Diodoro Valle, Ramón Carrasco, Fulgencio Pelegrín, José Soria, etc. hasta treinta comensales […].»{19}

Pero hay más, Rafael Martínez, en el mismo documento, nos informa de que la reunión tuvo lugar:

«En febrero de 1936, en ocasión de un viaje que nuestro José Antonio, viaje que oficialmente hacía por primera vez a Barcelona, y a fin de depurar ciertas anomalías que habían surgido en el seno de la organización, y dejar bien sentado el triunvirato oficial de Falange Española de las J.O.N.S.»

Ahora bien, hay datos que nos dicen que la reunión no fue en febrero, sino el día 22 de enero de 1934. Primero, ese día JAPdR llegó a Barcelona (Diario de Barcelona, 24-I-1934) y fue su primera visita oficial. Segundo, según la Hoja Oficial del Lunes la cena había tenido lugar en el restaurante Patria, pero ese error se cometió con ocasión de la cena del día 22 de enero. Así La Tierra (23-I-1934) publicó que en Barcelona: «Anoche, en el restaurante Patria, se reunieron con don José Antonio Primo de Rivera, unos doscientos amigos […]». Tercero, Ruiz Ardid habla de que se establecieron «las primeras líneas de Falange», y esas directrices se establecieron en la reunión del día 22. Cuarto, que se plasmaron acuerdos «mantenidos en conversaciones anteriores», y eso fue lo que se firmó con el grupo de Rafael Martínez.

Después de lo expuesto, debemos concluir que la reunión del Glaciar tuvo lugar el 22 de enero y que no existe constancia alguna de que a ella asistiera Pestaña. En nuestra opinión, lo más probable es que Ruiz Ardid hubiera padecido un fallo de memoria y confundiera el acuerdo con el grupo de Martínez con un supuesto acuerdo con Ángel Pestaña. Habría otra posibilidad, que hubiera habido ese día dos reuniones distintas. Una, la que acabamos de referir entre JAPdR y el grupo de obreros amigos de Rafael Martínez; y otra, íntima (no pública), entre el líder de FE y Pestaña. Pero no hay ningún testimonio que la respalde. Martínez tampoco menciona que él actuase en representación del líder sindicalista.

Mota también considera, sin dar más detalles, «harto improbable» que Pestaña estuviera en la reunión del Glaciar.{20} Giménez, por el contrario, concede bastante credibilidad al relato de Ruiz Ardid, como hemos dicho, pero considera inverosímil que «los dos líderes hubieran acordado algo desde el principio».{21} Debe señalarse que Sergio Giménez no menciona el escrito de Martínez, seguramente porque desconocía su existencia.

 
4. Segunda entrevista (septiembre/octubre de 1935)

De Ceferino Maestú, que refiere tres entrevistas (la de Ruiz Adalid, otra casual en un tren y la del Tibidabo), recogemos lo que dice de la última:

«Pero la más importante fue, sin duda la tercera. La gestionó Roberto Basas, jefe provincial falangista de Barcelona, y se celebró en un restaurante del Tibidabo, en septiembre u octubre de 1935. Allí comieron, juntos, José Antonio, Ángel Pestaña y los acompañantes de José Antonio, Camilo Olcina, antiguo militante destacado de la CNT, y Luis Aguilar Salgedo, jefe nacional de Milicias de la Falange [esos dos asistirían como guardaespaldas]. Fuera, montaban la guardia dos famosos pistoleros cenetistas, conocidos de Olcina. A los postres, José Antonio y Pestaña se quedaron solos, durante largo rato. Cuando terminaron, Olcina me contaba que sólo se pudo sacar a José Antonio que no había encontrado diferencias ideológicas pero que Pestaña consideraba que su incorporación personal a la Falange serviría de poco y que, de hacerlo, tendría que ser arrastrando a una masa de sindicalistas catalanes, y del resto de España, para lo que haría falta dinero. […] José Antonio había comentado a Camilo Olcina que era mucho dinero lo que pedía.»{22}

Nos interesa destacar que de esa entrevista, Maeztú contaba con el testimonio de dos personas, por separado, que no se habían vuelto a ver desde hacía muchos años:

«Una de ellas era Camilo Olcina. La otra, quien era, en 1965, presidente de la Sección Social del Metal, en Zaragoza, y que también me aseguró su amistad con Ángel Pestaña.»{23}

Abad Santillán también se refiere a esta última entrevista: «Hubo alguna otra entrevista a fines de 1935, sin resultados positivos.» Y añade que «Pestaña sostuvo entonces ante militantes libertarios conocidos que habría sido razonable un encuentro y un diálogo con Primo de Rivera.»{24}

Maestú lo tiene claro: la cuestión financiera fue lo que motivo que Pestaña, dos meses después, entrase en la coalición del Frente Popular. Además, añade que:

«La integración en el frente de izquierdas, con los demás partidos, fue la gota que rebasará el vaso de los faístas de la CNT. Yo estuve presente en el intento de Ángel Pestaña de dar un mitin, en la campaña electoral, en un pueblo del Campo de Gibraltar. No pudo hacerlo ante los ataques verbales tremendo de los faístas llegados de la Línea de la Concepción donde sí que, según Narciso Perales,{25} logró que, tras de soportar durísimas agresiones iniciales, le dejaron exponer su mensaje.»{26}

En este mismo sentido se expresa el que fuera jefe provincial de FE en Tarragona:

«José Antonio se interesaba muchísimo por nuestros contactos con la C.N.T. En uno de sus viajes mantuvimos una charla y celebramos una cena con un grupo de directivos. No llegamos a nada, pero simpatizamos mucho. Sólo el grupo de los hermanos Velasco [sic, por Velázquez] estaba ya con nosotros. En cambio, el acercamiento con Pestaña fue un fracaso; nos recibió muy bien, manifestó estar dispuesto a todo, pero nos pidió dinero; y José Antonio ordenó romper toda relación».{27}

Sergio Giménez, seguramente inducido por el error de otro autor, afirma que Fontana «sitúa el encuentro en torno al 3 de mayo» (p. 199); pero lo cierto es que el falangista no lo ubica cronológicamente. Aunque creemos probable que la cena con los directivos de la CNT, no con Ángel Pestaña, hubiera tenido lugar a principios de mayo.

Por lo que hace referencia al fracaso del encuentro con Pestaña, son varios los testimonios falangistas, entre ellos José María Poblador y Luys Santa Marina, que insisten en que fue por desavenencias en el tema económico. También tenemos que Heleno Saña hace referencia al tema económico como motivo del encuentro:

«Ángel Pestaña, por su parte, se proponía utilizar el dinero y los cuadros intelectuales de la Falange por fortalecer a su Partido Sindicalista, que cabalgaba solitario entre los trágalas de la FAl y el dogmatismo antipolítico de la CNT. Pero los contactos habidos entre José Antonio y Pestaña a través de Ruiz de Alda y de Luys Santamarina no pasaron de las tomas de contacto y no se tradujeron en acuerdo o pacto alguno.»{28} [La cursiva es del original].

A pesar de estos testimonios, a Sergio Giménez le parece inverosímil la petición de dinero.Mota, sin dar más detalles, también considera «improbable el desacuerdo financiero».{29} Pero para José Peirats, el Frente Popular fue el cable salvador del Partido Sindicalista{30} y, según el propio Giménez, el PS tuvo siempre problemas económicos, hasta el punto de no poder costear, en ocasiones, los desplazamientos de su líder.{31}

En junio de 1934, Pestaña había aceptado la integración del Partido Republicano Valorista (PRV) –fundado por Emilio Vellando Vicent, que había sido director general de Agricultura y de Administración local durante la Dictadura del general Primo de Rivera– en el PS. El motivo de dicha aceptación, según Giménez, fue porque «Vellando era el único con los medios económicos suficientes para hacerse cargo del pago del alquiler de local.»{32} Al cabo de unos pocos meses, con motivo de la Revolución de Asturias, los militantes del PRV abandonaron el PS. El programa del PRV era más parecido al falangismo que al PS; pero Vellando, que se consideraba de izquierdas, rechazaba el fascismo por ser un régimen de violencia:

«Los adaptadores presuntos del fascismo en España no se han dado cuenta de lo que está en la entraña de este movimiento universal. Y empezaron por encargar unos centenares de camisas azules. […] Los españoles no se uniformarán jamás, por dentro ni por fuera, sin una violenta coacción como la empleada en el cuartel.»{33}

Este antifascismo no se compadece con lo aseverado en la Historia de la Cruzada española. Esta, sin aportar fuente alguna, nos informa que Vellando en el mes de junio de 1934:

«Realizó gestiones cerca de Ángel Pestaña para ingresar reunidos en Falange Española: “Me hallo –declaró Pestaña– más cerca de los falangistas que del socialismo”. Primo de Rivera […] habló con Pestaña en un merendero en las afueras de Madrid. El diálogo no prosiguió, los sindicalistas ponían excesivas esperanzas en un complot que urdían encaminado a producir un formidable estallido revolucionario.»{34}

Los motivos que alega el historiador mallorquín para justificar su «inverosimilitud» en relación al fracaso de las negociaciones por motivos económicos, son los siguientes:

«En diciembre de 1935, el Comité Nacional envió una circular firmada por Medrano y Pestaña a las organizaciones y comités del PS en que se indicaba, ante una probable situación de golpe de Estado o elecciones generales, pactar con partidos de clase y, en su defecto, de izquierdas.» (p. 201).

Pero este argumento tiene el inconveniente de que el acuerdo del Comité Nacional es posterior, en dos o tres meses, a la ruptura de las conversaciones del Tibidabo, y cuando Pestaña ya había decidido buscar apoyos en los partidos de izquierda. Es significativo que se menciona a las próximas elecciones generales. Quizá sea interesante reproducir lo que, al respecto, relata Maestú:

«César Moreno Navarro, que fue jefe de milicias de la provincia de Madrid y dirigente de la CONS [Central Obrera Nacional Sindicalista], me contó que, unas semanas después de la reunión del Tibidabo, José Antonio le entregó una carta que debía entregarla, personalmente, en mano, al relojero barcelonés.

Pestaña abrió el sobre y leyó el escrito. Entonces le pregunté: “Que, ¿cuándo te vienes con nosotros?”

La respuesta escueta que recibió fue: “Ya es demasiado tarde”.»{35}

De aceptar la autenticidad de todos estos testimonios, es plausible que el escrito del jefe falangista fuese la respuesta a la petición de dinero hecha por el sindicalista. De ahí el comentario de este último: «Ya es demasiado tarde».

Otro argumento de Sergio Giménez es que al discutirse en el Congreso de los Diputados –el día 30 de abril– la anulación de la candidatura de JAPdR, en las elecciones por la provincia de Cuenca (mayo de 1936), Pestaña se posicionó a favor dicha anulación:

«Gira la cuestión en torno a un principio jurídico y a otro ético. Jurídicamente tienen razón los Sres. Diputados que impugnan el que esta sea una segunda elección [sic, por vuelta]; pero éticamente tenemos razón los que opinamos lo contrario. […]. En esta forma de proceder hay una delicada cuestión de ética, y es la siguiente: que quienes se denominan parlamentarios no pueden apoyar a un candidato que saben que es antiparlamentario. Es decir, se debaten ahora fascismo y antifascismo, y resulta que hasta aquellos que en sus propagandas combaten el fascismo, pretenden con sus votos traer a la Cámara a un fascista. Esta es la cuestión de ética política que deberían tener en cuenta los parlamentarios y que no deberíamos olvidar los partidos. Y nada más.»  

El expresidente del Consejo de Ministros Portela Valladares –masón del grado 33 y republicano centrista– tenía una opinión muy diferente a la del líder sindicalista; así escribe: «el que menos importancia daba a su diputación era el propio Primo de Rivera. Mas ¡qué diferente habría sido la política española si se hubiese sentado en el Congreso!»{36}

No obstante, el puritanismo ético-político de Pestaña se puede interpretar en un sentido opuesto al que pretende Giménez. Es decir, que es una manifestación de que aquel actuaba con resentimiento por la negativa del líder falangista. Aunque, en nuestra opinión, lo más probable es que Pestaña, simplemente, sintiera pánico –ahora que era diputado gracias al Frente Popular– de que JAPdR pudiera ponerlo en evidencia en sede parlamentaria. Ello vendría corroborado por el hecho de que se trata de palabras gratuitas por su debilidad argumental –el Diario de Sesiones no recoge ningún aplauso ni ninguna expresión de asentimiento–, que solo perseguían dejar claro su antifascismo. Se trató de una intervención improvisada, ya que el mismo empieza diciendo que no tenía pensado participar en la discusión, y ello se confirma por el hecho de que la suya fue la última del debate.

Lo que llama más la atención es de que se trata de un discurso cínico, pues, además de los testimonios aportados, está lo manifestado por Abad de Santillán al periodista Vicente Talón: «Pestaña tenía mucho interés en que yo me entrevistase con Primo de Rivera.»{37} Pero, incluso aunque no hubiera habido ningún contacto entre los dos líderes, sus palabras seguirían siendo cínicas.

Llama la atención que Pestaña, que como anarcosindicalista había sido antiparlamentario, ahora –con el fervor del converso– quiera limitar el acceso a un cargo electo por cuestiones que él llama de ética parlamentaria, cuando él, como veremos, estaba en contra del parlamento liberal. Lo más curioso es que reconoce que jurídicamente la candidatura era legal –ya que no se trataba de una segunda vuelta, sino de una nueva elección–, pero por motivos éticos había que anularla. En el  mejor de los casos, desconocía que, en un Estado de Derecho, solo la ley –interpretada por los jueces y tribunales–puede establecer los requisitos exigidos para ser diputado, no la ética particular de cada diputado.

Por otra parte, hablar de ética política en aquel Parlamento resulta como mínimo chocante. Todos los diputados del Frente Popular habían participado, directa o indirectamente, en la Revolución de Asturias o en la rebelión militar de la Generalidad de Catalunya, en octubre de 1934. La mayoría parlamentaria había anulado, por motivos espurios, una cantidad importante de actas de diputados electos de derechas. Tampoco muy ética –y de legalidad discutida– fue la destitución del presidente de la República, Alcalá-Zamora.  Un Parlamento donde se cantaba La Internacional, puño en alto, en el hemiciclo. Pero es que, además, había diputados que iban al Congreso armados y que incluso se establecieron controles rutinarios –cacheos incluidos– para acceder al recinto. Para no hablar de las graves amenazas que se pronunciaban contra los diputados de la oposición.

En aquel Congreso de los Diputados, había muchos miembros que no creían en el parlamentarismo de corte liberal. Así un compañero de Pestaña, Luis Araquistáin, teórico del sector del PSOE que dirigía Largo Caballero, en un editorial de la revista Leviatán (agosto de 1934), titulado «¿Para qué seguir en el Parlamento?», escribía, bajo el epígrafe: «Los daños del Parlamentarismo»: «Nuestra opinión es que el partido socialista pierde en la participación parlamentaria mucho más de lo [que] pudiera ganar en este Parlamento como en cualquier otro.» Al parecer, al ilustre intelectual lo único que le preocupaba era el Partido, no el país o los ciudadanos. Para concluir que lo que mejor que se podía hacer, para frenar el fascismo –que dicho de paso tenía muy poca fuerza– era abandonar el Parlamento.  Dos meses después iniciaban la Revolución de Asturias. En 1936 volvieron a amenazar: «Si triunfan las derechas, no habrá remisión: tendremos que ir forzosamente a la Guerra Civil.» (discurso de Largo Caballero en Alicante, Claridad, 30.01.1936). El 2 de febrero, en Valencia, volvió a repetir lo mismo Visto lo anterior, no se puede decir que iban de farol, como pretenden determinados historiadores.{38} Todos ellos, curiosamente, se ubican en la misma banda del espectro ideológico.

Pestaña –ese santo laico{39} al que algunos han denominado el Caballero de la Triste Figura, como si se tratara de un trasunto de Don Quijote–, el día de su intervención parlamentaria, no estuvo afortunado, para decirlo suavemente en reconocimiento a su trayectoria humana y sindical. Para colmo, a finales de 1935, a la pregunta formulada por un periodista sobre qué opinaba de los sindicatos fascistas, había respondido:

«Que son guardias de corps de la burguesía o no son nada. Yo he leído con alguna atención los discursos en la Cámara de Primo de Rivera. Me parece bien intencionado, pero tiene una gran confusión mental. Pugna en él la lucha por una orientación social de la justicia en contra de un atavismo de raza aristocrática y de privilegio.»{40}

Es decir, leía los discursos de JAPdR, le parecía bien intencionado y que tenía una orientación social de la justicia; pero no consideraba ético que estuviera en el Parlamento. Huelgan los comentarios.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, tenemos el testimonio de Miguel Primo de Rivera, hermano de JAPdR, que publicó el 18 de julio de 1961, en el diario Arriba, un artículo en el que decía que, a principios de 1936, revisó por última vez el fichero de miembros de la Falange y que, «protegido por la palabra “reservadísimo” y con una nota “para prestar la más conveniente colaboración”, había otro nombre: Ángel Pestaña.» Ahora bien, Miguel no dice, por lo menos explícitamente, que Pestaña fuera falangista, sino que «estaba en la misma línea política.»

Como no sabemos de cuando era la nota, ni exactamente a qué se referiría lo de la «colaboración», no está en nuestro ánimo sugerir que Pestaña era un militante encubierto de FE, como sí hace Antonio Gibello.{41} Pero sí hemos de reconocer que es un dato importante (sí aceptamos su veracidad, obviamente) para creer que tuvo que haber algo más que un solo encuentro motivado por la curiosidad, ocurrido dos años atrás, como pretendía Ángel María de Lera.

 
5. José Antonio y Ángel Pestaña

Entre JAPdR y Pestaña existían evidentes diferencias en cuanto a procedencia social y estudios. Uno –familia humilde, relojero y con una formación autodidacta– procedía del internacionalismo libertario; el otro –grande de España, abogado de prestigio y con una educación esmerada– venía del nacionalismo autoritario. Ello influyó en su distinta cosmovisión; aunque ambos tenían en común el sentimiento trágico de la vida, en el sentido unamuniano.

Pestaña siempre tuvo claro que el fascismo italiano era un régimen autoritario con una fachada social. En cambio, JAPdR creía que había dos tipos de fascismo: el conservador –el de Mussolini a partir de 1925 y, en cierta medida, también el de la derecha fascistizada– y el revolucionario, el de los nacionalsindicalistas de los Fasci di Combattimento; sin embargo, él debía sentirse más próximo al «comunismo jerárquico», también denominado «corporativismo integral», del filósofo Ugo Spirito. El fascismo del jefe de FE era, en realidad, una amalgama de nacionalismo palingenésico, democracia orgánica y socialismo sindicalista no marxista. Solo al final de su corta vida, se dio cuenta de que:

«El fascismo es fundamentalmente falso porque quiere substituir la religión por una idolatría. Nacionalismo. […] Falso además en lo económico porque no se remueve la verdadera base: el capitalismo. […] Es decir, persiste el esquema liberal de la relación de trabajo y, atenuada o no, la mecánica capitalista de la plus-valía{42}

Aunque es cierto que JAPdR era persona culta, de talante liberal y que, en unos pocos meses, evolucionó del corporativismo fascista al sindicalismo autogestionario; no es menos cierto que no tuvo tiempo de desprenderse del lastre que había acumulado, en su adolescencia y primera juventud, de educación burguesa, elitista y tradicional. Ledesma Ramos, que tenía una inteligencia analítica, lo vio muy claro y nos ha dejado el retrato más completo de la compleja personalidad del fundador de FE:

«Distingue y caracteriza a Primo de Rivera que opera sobre una serie de contradicciones de tipo irresoluble, procedentes de su formación intelectual y de las circunstancias político-sociales de dónde el mismo ha surgido. […] Véasele, repito, con su culto por lo racional y abstracto, con su afición a los estilos escépticos y suaves, con su tendencia a adoptar las formas más tímidas del patriotismo, con su afán de renuncia a cuanto suponga apelación emocional o impulso exclusivo de la voluntad, etcétera. Todo eso, con su temperamento cortés y su formación de jurista, le conduciría lógicamente a formas de tipo liberal y parlamentario. Varias circunstancias han impedido, sin embargo, esa ruta. Pues ser hijo de un dictador y vivir adscrito a los medios sociales de la más alta burguesía son cosas de suficiente vigor para influir en el propio destino. En José Antonio obraron en el sentido de obligarle a torcer el suyo, y a buscar una actitud político-social que conciliase sus contradicciones. Buscó esa actitud por vía intelectual, y la encontró en el fascismo. Desde el día de su descubrimiento, está en colisión tenaz consigo mismo, esforzándose por creer que esa actitud suya es verdadera, y profunda. En el fondo, barrunta que es algo llegado a él de modo artificial y pegadizo. Sin raíces. Ello explica sus vacilaciones y cuanto en realidad le ocurre. […]»{43}

Ahora bien, en el ámbito económico y social hay muchas similitudes entre el pensamiento de Pestaña y el de JAPdeR. Vamos a verlo citando fragmentos del librito de Pestaña Por qué se constituyó el Partido Sindicalista (citamos por la edición de Zero, Madrid 1969):

«El régimen capitalista ha fracasado, cierto; pero igualmente que él fracasó han fracasado otras muchas cosas. […] ¿Qué duda cabe que el liberalismo burgués ha fracasado? ¿Y qué lo mismo que el liberalismo burgués ha fracasado la democracia burguesa y la economía que lo sirvió de base de sustentación?»  (p. 20).

«Aun siendo genéricamente socialistas, no somos marxistas. Conste bien claro así: NO SOMOS MARXISTAS. No somos tampoco antimarxistas, como ahora se estila. En eso no seguimos la moda. […] No somos marxistas porque no creemos en el fatalismo económico. […] Según ellas [las hipótesis marxistas], basta modificar la economía para que, automáticamente, sin más esfuerzo ni más preocupaciones, se modifique todo lo demás. Moral, cultura, ética, política, y sociabilidad […] Es decir: se destruye en él la espiritualidad y cuanto le impulse a buscar lo superior y elevado. Se reduce casi, a la condición de bestia.» (pp. 42-44).

«Al marxismo, con su fatalismo económico, le ocurre lo que al anarquismo con su fatalismo determinista. […] En el anarquismo, pues, es el determinismo ambiental el que hace del hombre su juguete. En el marxismo es el determinismo económico el que juega a su capricho con el hombre. […] Por eso dejamos de ser anarquistas. Y por eso no somos marxistas. Y tampoco somos marxistas porque no creemos en la omnipotencia absoluta del Estado». (p. 48).

«Somos un PARTIDO SOCIAL que aspira a transformar la economía, la política y lo social de nuestro país. […] Aspiramos a la transformación social, económica y política de España. A su desintegración de un pasado borroso y vacilante, y a su incorporación al plano de los pueblos guía; […] Partido de carácter acentuadamente social, aspira a tener en sus filas a cuantos crean que el régimen capitalista debe ser sustituido y transformado. Pertenezca a la clase que pertenezcan […] Se objetará quizá, que renunciamos a la lucha de clases. En tanto que partido, sí; renunciamos a ella. Porque la lucha de clases no debe salir del marco natural de los Sindicatos […] Por eso el Partido Sindicalista NO ES UN PARTIDO DE CLASE, es un PARTIDO SOCIAL que tiende a subvertir la economía capitalista […]». (pp. 66-68). [Las mayúsculas y la cursiva son del original].

En el Programa de Partido Sindicalista (marzo de 1934) se establece que la legislación y las normas de convivencia social apropiadas, tanto en lo económico como en lo político, serán elaboradas y aprobadas por una Cámara del Trabajo, que substituirá al Parlamento, «y a la que solo tendrán acceso delegados de los sindicatos, de las cooperativas, de las corporaciones profesionales y de los municipios.» Esta democracia corporativa se asemeja a la democracia orgánica de la Norma programática de FE de las JONS: «Todos los españoles participarán en él [Estado] a través de su función familiar, municipal y sindical.» Naturalmente, eso sería después de haber desmontado el sistema capitalista, que para JAPdR «no solo era una tarea económica, sino una alta tarea moral.»

En definitiva, el programa del Partido Sindicalista era perfectamente asumible por el líder de la Falange. El propio Giménez reconoce, con una imparcialidad y objetividad poco habitual en estos tiempos de «memoria democrática», que:

«Existieron concomitancias ideológicas y programáticas entre el pestañismo y el falangismo, como el rechazo al marxismo y la preocupación por la justicia social, la sindicalización de la política y de la economía o el papel fundamental encargado al Municipio en el entramado de la nueva sociedad.»{44}

Según este autor, las diferencias estaban en el diferente posicionamiento ante el internacionalismo y en la función que otorgan, «en la realidad más inmediata», a los sindicatos:

«para el PS son el espacio natural donde desarrollar la lucha de clases, defendiendo además su independencia respecto de cualquier partido, incluido el propio; el falangismo, por el contrario, niega la lucha de clases en pos del interés superior de la economía nacional y, en última instancia, la Patria.»{45}

Para finalizar, mencionaremos que, poco antes de la Guerra Civil, Ángel Pestaña ya estaba desilusionado con el Parlamento por su inoperancia. Consideraba que en el Congreso se perdía el tiempo en discusiones absurdas y no se aprobaban leyes que pudieran resolver los problemas del país. Por ello, en la sesión del día 24 de junio de 1936, presentó en la Cámara un ruego: «La clausura del Parlamento ante su inactividad». Lo fundamentaba de este modo:

«Mientras nosotros perdemos así el tiempo, el pueblo, además de no ver la justicia por ninguna parte, presencia una desorganización absoluta de todos los órganos del Poder, una descomposición en todas las esferas. […]»

Añadió que si se consideraba que el Parlamento y la democracia no servían:

«Vayamos a ensayar otros procedimientos de gobierno, que permitan que en España por lo menos se pueda trabajar, vivir con tranquilidad. Porque hoy ni se trabaja ni se tiene tranquilidad de espíritu, ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera, en ninguna parte.»

El sindicalista no exageraba.El día antes del «ruego», La Vanguardia publicaba queDolores Ibárruri, a la pregunta: «¿Qué opina del Parlamento?», respondió: «Yo creo que la función parlamentaria, para nosotros los comunistas, debe ser tribuna de agitación y propaganda revolucionaria.» No hace falta decir más.

Y pensar que, menos de dos meses del «ruego», Pestaña había considerado que no era ético traer a la Cámara al jefe de Falange porque era antiparlamentario. Curiosamente, el 9 de febrero de ese mismo año, en una entrevista concedida a El Sol, cuando le preguntaron a JAPdR si era partidario del sistema parlamentario, respondió:

«Mientras el Parlamento sean cuatrocientos hombres que representan a la nación no hay efectividad posible. NI en nuestro país ni en ningún otro hay “élite” para reunirla en un recinto parlamentario. Pero no se crea que esto quiere decir que yo participe en la beatería antiparlamentaria. Lo preciso es que el Estado tenga un quehacer, y cuando se tiene esto los Parlamentos funcionan bien.»

——

{1} Se trata de una ampliación, revisión y reformulación de un apartado de mi libro De los Sindicatos Libres a los Sindicatos Verticales. Aproximación histórica al sindicalismo nacional (1931-1937).

{2} MOTA MUÑOZ, José Fernando: ¡Viva Cataluña Española! Historia de la extrema derecha en la Barcelona republicana (1931-1936), Universitat de València, pp. 143 y 318. Este autor tuvo la amabilidad de comunicarme que había perdido la referencia de la fuente, pero que creía que sería «alguna carta de las que militantes del Partido Sindicalista envían en 1940, desde el exilio, a Carlos Trías Bertrán a través de Rafael Martínez y Alfonso Codina.»

{3} LERA, Ángel María de: Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Argos Vergara, Barcelona, 1978, pp. 309-311.

{4} SAÑA, Heleno: El anarquismo. De Proudhon a Cohn-Bendit. Índice, Madrid, 1970, p. 201

{5} En enero de 1934 ya había dejado la jefatura del partido, al ser designado delegado en España del Anti-Komintern de Berlín, según su versión; aunque creemos que no debe descartarse que a JAPdR no le gustase el antisemitismo del personaje, que había traducido el libro Hilter de O. Scheid.

{6} SARIOL BADÍA, Joan: Petita història de la Guerra Civil, Dopesa, Barcelona, 1977, pp. 212-213. Vidal Salvó, que pasó toda la guerra civil escondido en la montaña del Montseny, nada más ser liberada Barcelona se encontró con Sariol, y este anotó lo que aquel le dijo. Traduzco un fragmento: «José Antonio –dice esto con una punta de emoción– admiraba Catalunya. Más de una vez incluso me había dicho que “si fuese catalán sería separatista”. Conocía nuestro idioma. Recuerda que residió unos años en Barcelona [en realidad unos once meses, en dos períodos]. Le había prestado muchos libros nuestros, Blanquerna de Llull, entre otros.»; ibidem, p. 210. La frase que hemos puesto en cursiva seguramente fue un exceso verbal (aunque lo cierto es que JAPdR mantenía muy buenas relaciones con los dirigentes del Bloc d’Estudiants Nacionalistes), pero eso no justifica su eliminación sin más, como hace JEREZ RIESCO, José Luis:  Barras y flechas. Historia de la Falange en Cataluña, Ediciones Fides, Torredembarra, 2014, v. 1, p. 248.

{7} GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña, falangista. Anatomía de una mentira histórica. Piedra Papel Libro, Jaén 2020, p. 191. Se trata de una obra interesante, donde el autor mallorquín busca la verdad; aunque, en nuestra opinión, no logra desprenderse del excesivo apego que muestra al líder sindicalista e incurre en los mismos defectos que él atribuye a los demás que se han ocupado del tema. Así en la contracubierta del libro podemos leer: «una escuadra de autores franquistas y falangistas, auxiliada por historiadores, periodistas y escritores aposentados sobre cómodos mitos, y con el silencio de una buena parte del mundo libertario, forjó una mentira histórica [que Pestaña era falangista] que ha acabado por incrustarse en la losa de tópicos que pesa sobre uno de los hombres más interesantes de nuestro siglo.» Para rematar la faena, declaró que la finalidad de esa «escuadra de autores» fue: «lavar la cara de su líder y presentarlo como alguien alejado del fascismo» (Diario de Mallorca, 12/02/2020).

{8} JEREZ RIESCO, José Luis:  Barras y flechas…, ob. cit., p. 275. Otra fuente nos informa que: «José Antonio vino a Barcelona con Julio Ruiz de Alda, en noviembre de 1933, donde celebró varias entrevistas. Acompañados de Luis Fontes de Albornoz, amigo particular de los tiempos mozos del Fundador de Falange, visitaron a Vidal Salvó en su despacho de la Ronda de la Universidad, quien les presentó a varios obreros dirigentes de la C.N.T.» CASTILLO, José del y Santiago ÁLVAREZ: Barcelona…, ob. cit., p. 132. Aunque estos autores no mencionan la reunión con Pestaña.

{9} SAÑA, Heleno: Líderes obreros (Biografías). Editorial Zero, Bilbao, 1974, p. 146. En el mismo sentido se manifiesta Abad de Santillán: «Primo de Rivera tuvo entrevistas con Ángel Pestaña pocas semanas después de la fundación de Falange, en el curso de una visita a Barcelona»; cf. ABAD DE SANTILLÁN, Diego: De Alfonso XIII a Franco, Tipográfica Editora Argentina, Buenos Aires, 1974, p. 280. Conviene señalar que Abad de Santillán, seudónimo de Sinesio García (1897-1983), era el secretario del Comité Peninsular de la FAI.

{10} LLARCH, Joan: Negrín ¡Resistir es vencer!, Planeta, Barcelona, 1985, p. 167.

{11} GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña…, ob. cit.,p. 191.

{12} Isaías Ruiz Adalid sería, durante la Guerra Civil, comisario delegado de compañía del Ejército de la República. Según Sergio GIMÉNEZ: «Después de la guerra le perdemos el rastro y aparece en los años 60 como alcalde y jefe local del Movimiento en la localidad de Vallanca (Valencia).», ibidem.

{13} Ceferino Maestú Barrio (1920-2016), periodista, sindicalista y militante –a pesar de que su padre, gobernador civil de Huelva, fue fusilado en los primeros días de la Guerra Civil por los nacionales– del falangismo de oposición, participó en la fundación de Comisiones Obreras junto a Marcelino Camacho y Julián Ariza.

{14} Luys Santa Marina, seudónimo de Luis Gutiérrez Santa Marina (1898-1980), periodista y escritor bohemio, organizó las milicias de FE de las JONS de Cataluña. Por tres veces fue condenado a muerte, pero no se ejecutaron las sentencias por la intervención a su favor de intelectuales de izquierda. Después de la Guerra Civil, fue director del diario Solidaridad Nacional. Si Robert Bassas representaba el sector burgués, catalanista e intelectual de la Falange catalana, él representaba el sector combativo, españolista y proletario. Como Pestaña, murió como había vivido, en la más estricta austeridad.

{15} Camilo Olcina Álvarez (1900/1901-1974), radiotelegrafista, había sido secretario del Sindicato de la Marina Mercante de la CNT. Julio Ruiz de Alda lo conoció en 1932, en una travesía marítima desde Nueva York, y un año después lo captó para la Falange. JAPdR lo nombró su guardaespaldas personal y le encargó, juntamente con Juan Orellana, la redacción de los estatutos de la CONS. Se dice que su segundo apellido era Álvarez de las Navas y que, cuando se hizo de la CNT, su madre lo desheredó y no volvió hablarle nunca en su vida. Puede que este fuera el motivo por el cual acortó su segundo apellido. Es el de la fotografía que figura al principio de este artículo, donde se le ve escoltando a  JAPdR (Madrid, febrero de 1936).

{16} SAN ROMÁN, José Mª: «La Falange que quiso ser de los rojos-rojos y de las JONS», p. 16-17; en yumpu.com. Los que editaron el estudio cometieron un error, el autor es Ceferino MAESTÚ. Tampoco se trata, como creen Sergio Giménez y Mota Muñoz, de que José Mª San Román sea un seudónimo de Maestú. Es un seudónimo, sí, pero de José María García de Tuñón Aza (1936-2024), que es el autor del anexo que figura al final del ensayo.

{17} CASTILLO, José del y Santiago ÁLVAREZ: Barcelona Objetivo Cubierto, Editorial Timón, Barcelona, 1958, p. 133.

{18} Se trata de Rafael Martínez García, «un veterano sindicalista de acción», que según Mota: «había sido expulsado del Partido Democrático Federal, por haber sido detenido y acusado de robar en una peletería junto con dos antiguos pistoleros anarquistas.»; MOTA MUÑOZ, José Fernando:  ¡Viva Cataluña¡, ob. cit., p. 184. A partir de 1935, siempre según Mota, Martínez abandona FE y pasa, brevemente, a presidir el Partido de Coalición de Defensa Obrera fundado en junio de ese año.

{19} MARTÍNEZ, Rafael: «Fundación de F.E. de las J.O.N.S. en Barcelona», Arxiu Joan Maria Thomàs, documentación de José del Castillo. Debo hacer constar que las dos primeras páginas de este documento, que consta de 7 folios mecanografiados, son ilegibles debido a que se trata de fotocopias en muy mal estado de conservación. Agradezco al profesor Mota Muñoz que, desinteresadamente, me haya facilitado copia de dicho documento. Agradecimiento que hago extensivo al titular del archivo.

{20} MOTA MUÑOZ, José Fernando: ¡Viva Cataluña…!, ob. cit., p. 319, n. 77.

{21} GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña…, ob. cit., p. 192.

{22} MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados de la revolución. La Falange y la C.N.T. en la II República, Plataforma 2003, Madrid, 2012, p. 419. También, según Heleno Saña: «Los contactos de José Antonio con Pestaña me los confirmó hace años en Barcelona Luys Santamarina.»; SAÑA, Heleno: El franquismo sin mitos. Conversaciones con Serrano Suñer, Ediciones Grijalbo, Barcelona, 1982, p. 121. A resaltar que Saña habla de «contactos», en plural. Por las noticias que tengo, Santa Marina era una persona honrada, que se jugó el tipo, al final de la Guerra Civil, para intentar evitar, sin conseguirlo, el fusilamiento del dirigente de la CNT y amigo de Pestaña Joan Peiró.

{23} SAN ROMÁN, José Mª (Ceferino Maestú): «La Falange que quiso ser de…», ob. cit., p. 17. De uno de los testigos no nos da el nombre (es posible que por su cargo oficial no quisiera publicidad sobre su pasado), pero si da datos que permiten identificarlo. El otro, como hemos dicho, era escolta personal de JAPdR. Queremos dejar constancia que el testimonio de Maestú, persona íntegra, nos merece total credibilidad. En cuanto a los dos testigos que él menciona, al no ver motivos para que mintieran treinta años después de los hechos, creemos que gozan de la presunción de veracidad en cuanto a la reunión del Tibidabo.

{24} ABAD DE SANTILLÁN, Diego: De Alfonso XIII a Franco…, ob. cit., p. 280.

{25} Narciso Perales Herrero (1914- 1993), médico, Palma de Plata de la Falange, en 1942 dimitió de su cargo de gobernador civil como protesta por el fusilamiento del falangista radical Juan José Domínguez, que para más inri fue acusado de agente británico.

{26} MAESTÚ BARRIO, Ceferino L.: Los enamorados de la…, ob. cit., pp. 419-420.

{27} FONTANA, José Mª: Los catalanes en la guerra de España. Samarán (2ª edición), Madrid, 1956, p. 37.

{28} SAÑA, Heleno: El anarquismo. …, ob. cit., p. 201

{29} MOTA MUÑOZ, José Fernando: ¡Viva Cataluña…!, ob. cit., pp. 318-319.

{30} PEIRATS, José: Los anarquistas en la crisis política española (1869-1939), Libros de Anarres, Buenos Aires, 2006.

{31} GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña, …, ob. cit., p. 114.

{32} Ibidem, p. 126. Vellando, al terminar la Guerra, en el expediente de depuración instruido por el Colegio de Abogados de Madrid, declaró que era «Camisa vieja de FET y de las JONS.», y aportó el carnet correspondiente. Según un informe de la Dirección General de Seguridad había sido masón, grado aprendiz, de la logia «Life».  El alegó que, en 1921, había sido expulsado de la Orden.  Vellando, que también era ingeniero agrónomo, aparece, en 1941, en el escalafón del Cuerpo Nacional en la categoría de ingeniero jefe, lo que demuestra que no fue represaliado.

{33} VELLANDO, Emilio: Valorismo, Editorial Fígaro, Madrid 1934, p. 144.

{34} ARRARÁS, Joaquín (director): Historia de la Cruzada española, Ediciones Españolas, Madrid 1941, vol. II, tomo V, pp.77-78. El 18 de febrero de 1936– es decir, nada más saberse del triunfo del Frente Popular– Vellando, que debía ser un tipo curioso, envió a Largo Caballero su libro Economía agraria planificada (1935) con una carta en la que le decía: «he colocado un sol rojo simbólico en la cubierta, sol de justicia y de redención social.» AHN, Causa General, 589, exp. 11.

{35} SAN ROMÁN, José Mª: La Falange que quiso…, ob. cit., p. 17.

{36} PORTELA VALLADARES, Manuel: Memorias, Alianza Editorial, Madrid 1988, p. 165. Frente a la actitud mezquina –en esa ocasión– de Pestaña, contrasta la generosa del socialista Prieto, que en el Congreso de los Diputados se opuso al suplicatorio para procesar a JAPdR por posesión de armas (cf. Diario de Sesiones, 03.07.1934).

{37} TALÓN, Vicente: 1936-1939. Luchamos por la República, Grafite, Madrid, 2006.

{38} Julio Aróstegui, Santos Juliá, Julián Casanova y Paul Preston señalan que las palabras de Largo fueron una advertencia retórica, no una incitación literal a la guerra. Pero esas afirmaciones –sobre todo atendidos los antecedentes de octubre de 1934–, para no ser gratuitas, requieren de alguna prueba que las acredite. Según un historiador y politólogo, cercano al trotskismo, la situación revolucionaria estaba más desarrollada en España en 1936 que en Rusia en 1917; RUBIRA LEÓN, Antonio: 1931-1936. República y revolución, Laertes, Barcelona, 2017, p. 505. El 24 de marzo de 1936, Mundo Obrero–órgano del Partido Comunista, que tenía 14 diputados– pedía al Gobierno «armar al pueblo». Además, «No hubo un solo encarcelado de las MAOC [Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas] desde la llegada al poder del Frente Popular.»; cf. CAMPOS CACHO, Sergio y José Antonio MARTÍN OTÍN: Violencia roja antes de la Guerra Civil, Espasa, Barcelona 2024, p. 57.

{39} Narciso Perales asistió al mitin de la Línea de la Concepción (él era natural de allí), al que antes hemos hecho referencia, donde Pestaña fue presentado como un «un santo laico» y oyó como un supuesto faísta gritó: «¡Santo que mea, maldito sea!»

{40} MAESTÚ BARRIOS, Ceferino: Los enamorados de la…, ob. cit, p. 420. Maestú dice que lo manifestado por Pestaña fue distribuido por la Agencia Febus, pero no menciona en qué periódico se publicó; no obstante, para Giménez: «no nos cabe duda de que es el estilo de Pestaña.» GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña, …, ob. cit., p. 167, n. 175.

{41} GIBELLO, Antonio: José Antonio ese desconocido. Dyrsa, Madrid, 1995, p. 265. Este autor interpretó demasiado literalmente lo que escribió Miguel Primo de Rivera. Gibello,  a pesar de lo que afirma Giménez, es el único autor –que sepamos– que afirma que Pestaña fue falangista.

{42} «Cuaderno de notas de un estudiante europeo» en: PRIMO DE RIVERA, José Antonio: Obras completas, Plataforma 2003, Madrid, 2007, t. II, p. 1562.  Este cuaderno, posiblemente escrito en septiembre de 1936, no se publicó hasta 1993, en Razón Española.

{43} LANZAS, Roberto (seud.): ¿Fascismo en España? (Sus orígenes, su desarrollo, sus hombres), Publicaciones La Conquista del Estado, Madrid, 1935, p. 259.

{44} GIMÉNEZ, Sergio: Ángel Pestaña …, ob. cit., p. 179.

{45} Ibidem, p. 168. El último José Antonio, más que negar la lucha de clases, lo que quería era hacerla innecesaria al suprimir el capitalismo y atribuir la plusvalía a los sindicatos; véase mi trabajo: «Los sindicatos verticales en la concepción de José Antonio Primo de Rivera», en El Catoblepas, núm. 209, octubre-diciembre de 2024, p. 13.


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