El Catoblepas · número 214 · enero-marzo 2026 · página 2

Arqueología, Arquitectura e Ingeniería
Tomás García López
Consideraciones en torno al escrito de Ángel de la Rosa Velasco

Imperando Augusto (-27-14) se construyó la calzada entre Caesar Augusta y Augusta Emerita (Zaragoza y Mérida), numerada XXV en el Itinerario de Caracalla
(en la foto parte de un tramo de 300 metros que así se conserva dos milenios después en Chillón, provincia de Ciudad Real)
Preámbulo
Después de leer con suma atención el interesante escrito de Ángel de la Rosa: Análisis crítico del papel del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en la conservación y recuperación del patrimonio histórico de la obra pública en España, y contestando a su correo, en el que nos pide a Marcelino Suárez Ardura y a quien esto escribe algún comentario a su propuesta que califica de aproximación: “os sugeriría algún comentario que pudiera completarla”, procedo a realizar estas consideraciones “complementarias”.
Vaya por delante mi sincera felicitación por tan valioso trabajo, cargado de sabiduría tecnológica, dada la formación científica de su autor. Tengo que confesar, de entrada, que me han fascinado sus sabios apuntes relativos al Puente de Alcántara y a las Calzadas romanas, y, por ello, le sugiero que “corone” estos estudios, ofreciéndonos razones que puedan dar cuenta del paso de su condición de obras adjetivas, al servicio de la movilidad y tránsito del hombre de una orilla del río Tajo a otra o de una ciudad romana a otra, a su valoración como Obras sustantivas.
En torno a la Idea filosófica de Crítica
Además, su escrito de naturaleza científico-tecnológica no está exento de componentes filosóficos tomados del Materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Nos referimos al uso que hace de la idea de crítica, que el profesor Bueno desarrolla en su artículo La filosofía crítica de Gracián.
Nos tomamos la libertad de sugerirle, en este punto, que acaso lo que el profesor Bueno entiende por crítica translógica, perfectamente apuntada por el mismo Ángel de la Rosa en la página 4 de su escrito, sea más adecuada que la crítica logoterápica que él toma como primer analogado de crítica para este caso, con independencia de que no sobren las correcciones verbales (p) a las conductas de los poderes descendentes implicados en la mala gestión de la “conservación y recuperación” del Patrimonio histórico-cultural (Q).
La razón que ofrecemos para fundamentar esta sugerencia se basa en la perspectiva técnico-moral, más que técnico-pedagógica, desde la que, a nuestro juicio, se nos presenta este asunto del reproche a las actuaciones de conservación y recuperación del Patrimonio histórico-cultural; ello supone el recurso a instrumentos reales, corpóreos, es decir (q), para cuestionar las opiniones, teorías, doctrinas expresadas en un lenguaje, (P) y que han llevado al estado actual de la cuestión, sin tener porqué llegar al fuego inquisitorial, pero sí a procesos administrativos o penales que conlleven algún tipo de pena o sanción, dado que no estamos ante jóvenes en edad de aprender, sino ante profesionales supuestamente negligentes.
Tampoco están ausentes las otras dos modalidades de crítica en su estupendo escrito. En efecto, hay crítica dialógica en sus comentarios críticos (p) a la legislación vigente en su tramo práctico-aplicativo (P), al detectar él grados de incumplimiento respecto a la ausencia/presencia de ingenieros en las actuaciones reales de conservación y recuperación del Patrimonio histórico-cultural; y hay crítica ontológica, “demoledora”, en su valoración negativa de la rehabilitación de las carreteras romanas de la Península ibérica en el siglo XXI (Q). Tomando nosotros la metáfora, utilizada por Gustavo Bueno para esta modalidad de crítica, se diría que Ángel de la Rosa está sugiriendo algún tipo de piqueta (q) para “deshacer” tal desaguisado y “hacerlo” de otra manera.
Razones mejor que causas
Pero lo que destacaría como logro máximo de su análisis, de entre los muchos asuntos que Ángel de la Rosa aborda con acierto en este trabajo, es el haber sabido mostrar la “cruda realidad” de la dialéctica entre las tecnologías existentes y sus posibles “corporativismos”.
Y de manera directa, plantea críticamente la escasa presencia de los ingenieros de Caminos, Canales y Puentes en el complejo entramado de la “conservación y la recuperación del Patrimonio histórico-cultural en la introducción de su trabajo, preguntándose por las causas de semejante “desconsideración”: “El objetivo principal de este trabajo es comprender las causas de la escasa participación del ICCP y reivindicar su rol activo en la conservación del patrimonio de la obra pública”. [Subrayado nuestro] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 1)
Como se puede ver, Ángel de la Rosa utiliza el término causas (comprender las causas), precedido por el verbo comprender, mi sugerencia al respecto es la de cambiar el término causas por el de razones, al plantear él esa escasa presencia de ingenieros en un ámbito histórico (Historia del Derecho español, Historia de la Técnica y la Tecnología española, Historia de la política española…):
En las ciencias históricas, por ejemplo, la mayor parte de los procesos que ellas consideran…, aún siendo resultados deterministas no pueden considerarse como secuencias causales; y no ya porque no se den relaciones causales, sino porque se dan en múltiples líneas de secuencias, cuya reunión, aún sin ser aleatoria, tampoco es necesariamente causal: la llamaremos transcausal. En ellas aunque no haya causas, habrá razones. [Subrayados nuestros] (Gustavo Bueno, En torno a la doctrina filosófica de la causalidad, Revista Meta, Editorial Complutense, 1992, pág. 227).
Y, cambiar también el verbo comprender por el verbo entender, con el fin de alejarnos de la teoría idealista de la “comprensión historicista”.
Por tanto, la pregunta que nos debemos hacer ahora sería: ¿Cuáles son las razones de la escasa presencia de los ICCP en la conservación y recuperación del Patrimonio histórico-cultural de España?
Una primera razón para entender esta escasa presencia, es, a nuestro juicio, el conflicto objetivo entre las profesiones tecnológicas en su grado máximo de enfrentamiento, es decir el corporativismo sociológico, marcado por factores económicos y sociológicos como: remuneraciones enfrentadas, prestigio profesional, status social… &c. Ángel de la Rosa lo ve, fundamentalmente establecido entre los arquitectos y los ingenieros, pero que se podría ampliar a los que puedan darse entre arquitectos y arqueólogos, o entre arqueólogos e ingenieros.
Por otra parte, estas razones económicas y sociológicas se verían cruzadas por otras múltiples líneas de secuencias transcausales en múltiples ocasiones. Pongamos algunos ejemplos.
Aún recuerdo los pleitos y contenciosos que se dieron en la ciudad de Atenas entre constructores contra arqueólogos que defendieron “con uñas y dientes” la exploración y estudio de las ruinas del Liceo de Aristóteles, descubiertas precisamente cuando las excavadoras de una empresa constructora se disponían a realizar los planes y los planos arquitectónicos de lo que iban a ser unos grandes almacenes. Aquí el conflicto se establece entre la “conservación de los vestigios, reliquias y ruinas de la Historia antigua” y las necesarias construcciones de almacenes en la Historia contemporánea.
Pero podríamos remontarnos a la Prehistoria para encontrar un conflicto entre Arqueólogos e Ingenieras de Caminos y Carreteras. Me refiero al que tuvo lugar a propósito del yacimiento prehistórico de Atapuerca, descubierto precisamente cuando los ingenieros de Caminos preparaban el firme de lo que iba a ser una autovía.
Si en el caso del Liceo de Aristóteles los arquitectos se toparon con una razón histórico-arqueológica para detener sus operaciones, en el caso de Atapuerca son razones prehistóricas las que hicieron deponer los planes iniciales de los ingenieros de Caminos ante los razonables argumentos arqueológicos.
La cosa no termina aquí, porque en estos mismos ejemplos podemos encontrarnos con otras razones de índole ideológica como puedan ser las razones “fetichistas” (fetiches prehistóricos, fetiches filosóficos) en función de las cuales se verían a aquellos arquitectos atenienses o a estos ingenieros españoles como “enemigos de la cultura”; o bien razones “etnologistas” de este jaez: “como los tiempos pasados fueron mejores, hemos de impedir que la civilización del presente en marcha pise los sublimes restos del pasado”, esgrimidas ambas por algunos posibles usuarios de aquella plaza y de esta carretera.
Otras veces arquitectos e ingenieros han tenido que batallar contra “el mito de la Naturaleza”, comandado por la “barbarie ecologista”: “La construcción de este edificio en este litoral marítimo, o el trazado de esta corretera por este bosque rompe la belleza natural de ambos parajes”.
Razones gnoseológicas y razones ontológicas
Pero las razones de mayor peso para separar, deslindar, demarcar estas disciplinas de la “discordia”: Arqueología, Arquitectura e Ingeniería, son de naturaleza gnoseológica y ontológica.
En efecto, Arqueología, Arquitectura e Ingeniería tienen campos gnoseológicos diferenciados con cierres fenoménicos que impiden su comunicación y por eso les hace inconmensurables entre ellos.
Ateniéndonos a los sujetos operatorios de los mencionados campos, el arqueólogo es el “guardián de las reliquias”, por medio de las cuales podemos reconstruir las operaciones del pasado; pero las operaciones del arquitecto van dirigidas a la construcción “en vertical” de volúmenes vacios (kenós, κενός) que sirvan de morada a los hombres; y las del ingeniero de Caminos consisten en trazar carreteras por cuyas superficies sólidas han de transitar los hombres y sus vehículos. Los canales son también superficies para que circule el agua de forma encauzada, y los puertos tanto marítimos como de montaña están pensados para el tránsito, no la morada.
En resumen, una cosa es el homo antiquus, cuyas operaciones están disueltas en las reliquias que estudia el arqueólogo, otra cosa es el homo domus, dispuesto a habitar un espacio vacío, construido por un arquitecto, y otra bien distinta es el homo viator{1}, siempre preparado para recorrer las carreteras trazadas y pavimentadas por los ingenieros de Caminos para cubrir las necesidades de desplazamiento a otros lugares.
Además, las metodologías técnicas y tecnológicas de estas tres disciplinas difieren en tanto se desarrollan en geometrías materiales diferentes: unas voluminosas otras superficiales, unas “escarbando”, la superficie terrestre de antiguos asentamientos humanos, o bien horadándola o penetrando en el subsuelo, otras operando sobre ella, unas con verticalidad “hacia arriba”, otras “hacia abajo”, unas terceras horizontalmente, otras sumergiéndose en zonas subacuáticas…, &c., lo que hace que el intercambio entre ellas sea imposible.
Ahora bien esto no es incompatible con la existencia de intersecciones entre las tres “artes” o tecnologías que puedan deberse al uso de dispositivos comunes de medida o de cuantificación, a estudios académicos comunes… &c. Intersecciones como las que se dan, por ejemplo, entre la Física y las Matemáticas, sin que ello suponga negar los cierres categoriales de una y otra; o las que puedan darse entre la Biología y la Medicina: decía Don Gustavo, hijo y nieto de médicos, que un biólogo se entusiasma ante el descubrimiento y estudio de un tumor en nombre de la Ciencia, mientras que un médico pone todo su empeño en extirparlo y hacerlo desaparecer en nombre de la Ética, pero ambas disciplinas tienen que converger en el conocimiento de la Anatomía y la Fisiología humana.
Mutatis mutandis, un arquitecto o un ingeniero no contemplan las reliquias del pasado con la misma mirada del arqueólogo que, además de contemplarlas con “embeleso” trabaja con ellas porque es su campo de operaciones, mientras que un arquitecto no edificará sobre las ruinas de un edificio emblemático del foro romano, porque lo hace sobre el soporte firme de unos cimientos situados en otra parte de la ciudad de Roma; y un ingeniero de Caminos calcula la resistencia de los materiales para que el firme de las carreteras sea duradero y permita después que sobre el asfaltado se produzca un tránsito fluido.
Y la otra razón de peso para diferenciar estos saberes de primer grado es de naturaleza ontológica, pues mientras que las ideas de reliquias, ruinas, restos, yacimientos, culturas prehistóricas…, subyacen bajo las operaciones arqueológicas; las de construcción vertical, volumen, vacio, habitación, constitución, sillares, fundamento…, sostienen ontológicamente las operaciones de los arquitectos:
Construir, habitar, arruinar: una secuencia de tres verbos de acción a los que corresponden los nombres construcción, habitación, ruinas, que ya no se reducen a la condición de simples conceptos fenoménicos positivos, mundanos o vulgares puesto que son también Ideas que arrastran toda una concepción de la vida humana y de su historia. Son Ideas desde las cuales determinados fenómenos positivos alcanzan su verdadera dimensión arquitectónica. [Subrayados nuestros] (Gustavo Bueno, Arquitectura y Filosofía, Ediciones Libertarias, 2005, pág. 457)
Y las de construcción superficial, horizontalidad, circulación, tránsito, conducción, firme, curvas, rectas, finisterrae…, sustentan la ontología del ingeniero de Caminos.
Estas tres constelaciones de ideas ontológicas forman una symploké, en la que no todas ellas pueden “casar” con todas ellas, porque existen incompatibilidades como por ejemplo entre las ideas de: volumen y superficie, habitación y circulación, yacimientos y firmes…; por tanto, sólo algunas pueden encajar con algunas: “Pues es necesario una de estas cosas: que todo pueda mezclarse, que nada pueda, o que algunas cosas puedan y otras no”. (Platón, Sofista 252, e, Editorial Gredos, 1988, traducción de Néstor Luis Codero, pág. 430).
El propio Ángel de la Rosa da a entender o supone este dispositivo ontológico cuando en la página 3 de su escrito, al comentar el Artículo 1.2 de la Ley 4/2013 del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha habla de manifestaciones inmateriales:
El Artículo 1.2 define el Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha como los bienes muebles e inmuebles, así como las manifestaciones inmateriales, que posean valor histórico, artístico, arqueológico, paleontológico, etnográfico, industrial, científico, técnico, documental o bibliográfico de interés para la región. [Subrayado nuestro] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 3).
“Manifestaciones inmateriales” que, naturalmente, tenemos que reinterpretar desde el Materialismo filosófico como “manifestaciones terciogenéricas” (M3), pues nada inmaterial puede existir, es decir que esas “manifestaciones inmateriales” tienen que ser necesariamente “ideas filosóficas”, desde las cuales determinados fenómenos positivos alcanzan su verdadera dimensión arquitectónica, decía el profesor Bueno en el fragmento de su escrito Arquitectura y Filosofía que hemos resaltado en líneas anteriores, fragmento al que nos tomamos la libertad de añadir: verdadera dimensión arquitectónica, arqueológica e ingenieril. Por tanto las ideas ontológicas de las que hablamos a propósito de la Arqueología, la Arquitectura y la Ingeniería están presentes en el “espacio ontológico” de los bienes muebles e inmuebles del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha
En resolución, estas son las razones por las que, a mi juicio, la creación de una comisión interdisciplinar con intenciones categoriales sea “inviable” –nunca mejor dicho desde la perspectiva del homo viator- no siendo razón suficiente para ello la existencia de intersecciones, realmente existentes, entre la Arqueología, Arquitectura y la Ingeniería, porque esas intersecciones no pueden garantizar la “sustantividad” de un proyecto gnoseológico común para la conservación y la recuperación del Patrimonio histórico-cultural de España, a no ser que se haga entrar en juego al mito neopositivista de la “Ciencia unificada”:
8. La ciencia unificada […] Al analizar los conceptos de la ciencia, se ha demostrado que todos esos conceptos pertenezcan, de acuerdo con la clasificación habitual, ya sea a las ciencias naturales, a la psicología o a las ciencias sociales, pueden ser referidos a una base común, puesto que pueden retrotraerse a conceptos radicales (básicos) que se refieren a “lo dado”, a los contenidos inmediatos de la vivencia. […] Resulta así un sistema de constitución de los conceptos en el que todo concepto de la ciencia debe, en principio, hallar su lugar de acuerdo con la manera como se ha derivado de otros conceptos y, en última instancia, de lo dado. La teoría de la constitución de un sistema de todos los conceptos científicos sobre una base común, demuestra además que de una manera correspondiente, toda proposición de la ciencia puede ser retraducida a una proposición acerca de lo dado (“positivismo metodológico”).
Un segundo sistema de constitución, que incluye a todos los conceptos, tiene por base a los conceptos físicos, es decir, a conceptos que se aplican a procesos temporo-espaciales. Los conceptos de la psicología y de las ciencias sociales se reducen a conceptos de la física como corresponde al principio del conductismo (“materialismo metodológico”). [Subrayados nuestros] (Rudolf Carnap, La antigua y la nueva Lógica, El Positivismo Lógico, compilado por A. J. Ayer, Fondo de Cultura Económica, Primera edición en español, 1964, págs. 149-150)
Proyecto éste que, naturalmente, es incompatible con la Teoría del Cierre Categorial y con la doctrina gnoseológica de la distinción entre Metodologías alfa (α-operatorias) y Metodologías beta (β-operatorias), aplicada al campo de las Ciencias humanas.
Hay otra derivada importante en la ecualización de la parte sustantiva de las disciplinas con sus posibles intersecciones adjetivas, en nombre de las cuales se pretenda conservar la verdad (“autenticidad”) del pasado patrimonial histórico-cultural, porque esa pretendida búsqueda de la autenticidad puede estar guiada por una filosofía idealista de estirpe historicista. Los “bienes inmuebles” y los “bienes muebles” o instrumentos del presente sean musicales, arquitectónicos, técnicos o tecnológicos son diferentes a los del pasado, porque los materiales, las formas, los fines y las instituciones también lo fueron: es ridículo, a nuestro juicio, interpretar una sinfonía del siglo XIX con los instrumentos de aquella época en nombre de la “pureza” o de la “autenticidad”, o conservar los jardines del siglo XVIII, o los puentes romanos con las técnicas artesanales de entonces, pues hay que hacerlo con los procedimiento del presente en marcha, como demuestra Ángel de la Rosa en su escrito. Eso no significa que podamos prescindir de ellos, sería un delito de “lesa historia”, ya que tanto unos como otros nos permiten reconstruir, como antes apuntamos, las operaciones del pasado.
Leyes y mitos
Otro tema de gran interés, suscitado por Ángel de la Rosa tiene que ver con el Derecho. En efecto, nos ofrece, en su escrito, un análisis adecuado al tema que nos ocupa de un buen número de artículos de las Leyes: 13/1985 del Patrimonio Histórico Español, perteneciente a lo que denomina marco legal estatal, estampada en el Boletín Oficial del Estado, núm. 156, 1985, el 29 de junio de 1985, y la Ley 4/2013 de Castilla-La Mancha para un marco legal autonómico, recogida por el Diario Oficial de Castilla-La Mancha, núm. 99, 2013, el 23 de mayo de 2013, con el fin, entre otras muchas cosas, de fundamentar jurídicamente la inclusión de los Ingenieros de Cominos, Canales y Puertos en las comisiones o equipos de conservación y recuperación del Patrimonio histórico-cultural, pues, a su juicio: “el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos tendría competencia para actuar como órgano asesor” (pág. 2). Y añade, a continuación: “Sin embargo esta función no se aplica de manera sistemática sobre el conjunto de bienes inmuebles que integran el patrimonio histórico de la obra pública”.
Respecto a la Ley de “ámbito estatal” concluye:
En síntesis, la Ley 13/1985 de Patrimonio Histórico Español no sólo permite la incorporación del ICCP en un equipo arqueológico, sino que lo propone explícitamente al reconocer la necesidad de intervención técnica y tecnológica, así como el asesoramiento que pueda requerirse de otros organismos profesionales. [Subrayados nuestros] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 3).
Y en relación a la Ley 4/2013, Ángel de la Rosa pone el acento en aquellos artículos que subrayan la propuesta “integral”:
Cualquier intervención sobre estos bienes requiere autorización previa y la realización de estudios por técnicos competentes (Artículo 27), incluyendo la justificación de la intervención, la descripción del estado del bien, estudios históricos, una propuesta de técnica integral y multidisciplinar, así como un programa de mantenimiento. […]
Finalmente el Artículo 49 define el patrimonio arqueológico como el conjunto de bienes muebles e inmuebles y de manifestaciones con valor cultural que puedan ser estudiadas mediante metodología arqueológica estén o no extraídas y se encuentren en superficie, subsuelo o zonas subacuáticas, incluyendo su contexto y los espacios asociados. Esta disposición reafirma la necesidad de contar con un equipo arqueológico para su estudio, sin que ello sea incompatible con la colaboración inter ymultidisciplinar. [Subrayados nuestros] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 4)
Y de ahí su crítica al formalismo jurídico de los responsables políticos que no ponen en funcionamiento estas disposiciones interdisciplinares: “La presente investigación se sitúa dentro de un enfoque crítico sobre la limitada participación del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (ICCP) en la conservación del patrimonio histórico de la obra pública”. [Subrayado nuestro] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 4)
No negamos la conveniencia de contar en cada caso con los conocedores de las técnicas adecuadas para explorar, tratar, reparar… (¡Cuánto más expertos, mejor, y no hacerlo así es muestra de negligencia profesional!), los bienes tanto inmuebles como muebles del Patrimonio histórico-cultural, ni que éstos intercambien opiniones, lo que ponemos en duda es la posibilidad de confeccionar un “dispositivo integral” (categorial), bajo el “manto de la inter y multidisciplinariedad.
Pues bien, en el recorrido hecho por los comentarios jurídicos de Ángel de la Rosa nos hemos encontramos con la idea de interdisciplinaridad, (“con la interdisciplinariedad nos hemos topado, amigo Sancho”) un sujeto esencial sincategoremático que resultó, a nuestro juicio, de la derivación del mito neopositivista de la “Ciencia unificada”, con la que operaron aquellos legisladores de 1985, mito muy en boga por esos años, y que se ha mantenido en primera línea de “fuego legislativo”, por lo que vemos, incluso en 2013. Quien esto escribe padeció las consecuencias nefastas de este mito a propósito de la LOGSE, y tuvo que mantener combates escolares contra él con las armas de la Teoría del Cierre Categorial.
Ahora bien, Ángel de la Rosa ha tenido el mérito de sacarlo oportunamente de nuevo a la palestra, y además ha sabido detectar otros mitos que también “anidaban” en las cabezas de aquellos legisladores, y en estos gestores del Ministerio de Cultura, o de las Consejerías autonómicas de Cultura, o de las Concejalías municipales de Cultura, a saber: El mito de la cultural y el mito de la felicidad.
En efecto, cuando Ángel de la Rosa se cuestiona el porqué de la preferencia de la Arquitectura frente a la Ingeniería pone el dedo en la llaga del mito de la cultura.
Esta aguda observación nos la encontramos en varias partes de su escrito. Así en la página 1 podemos leer: “El patrimonio histórico construido en España ha sido tradicionalmente abordado desde una perspectiva arquitectónica y monumental”. [Subrayado nuestro] (Ángel de la Rosa, op., cit., pág. 1)
En las páginas 5, 6 y 7 esta preferencia se extiende también a la Arqueología, dejando fuera de juego a la Ingeniería:
Arquitectos y arqueólogos: presencia consolidada
Los arquitectos han consolidado su papel en la conservación patrimonial gracias a varios factores: la tradición cultural que asocia patrimonio con monumento arquitectónico, la formación específica en restauración incluida en sus planes de estudio y una sólida presencia institucional. Por su parte los arqueólogos aportan conocimientos históricos o estratigráficos, desempeñando un papel imprescindible en las fases de prospección y excavación. Sin embargo, en el caso de las obras públicas históricas la dirección ténica recae en predominantemente en arquitectos, relegado al ICCP a un rol secundario o meramente consultivo. […]
“El análisis realizado revela que la escasa intervención del ICCP en proyectos de conservación de infraestructuras históricas no se debe a lagunas normativas sino a prácticas profesionales consolidadas centradas en la arquitectura y la arqueología”.
Conclusiones
Aunque la Ley 13/1985 y la Ley 4/2013 legitima la integración del ICCP en equipos interdisciplinarios junto a arquitectos, arqueólogos y restauradores, la práctica profesional muestra un predominio del enfoque arquitectónico y arqueológico, relegando las competencias técnicas esenciales del ICCP. [Subrayados nuestros] (Ángel de la Rosa, op., cit., págs. 5, 6 y 7)
¿A que puede deberse esta preferencia?
A nuestro juicio tal preferencia podría estar sustentada en el “mito de la cultura” plasmado en la falsa dicotomía “Bellas Artes”/”Artes útiles”, de clara raigambre religiosa:
¿Qué son las “bellas artes” como contenido principal de la “cultura” por antonomasia?
Pero las “bellas artes” constituyen un subconjunto denotativo obtenido por una selección clasificatoria del conjunto total de las artes, que se opone, como a su conjunto complementario a las denominadas artes mecánicas (también llamadas artes útiles o serviles… […]
Son las “bellas artes” el canal más importante a través del cual se comunica la religión con la cultura: música religiosa, escultura religiosa, pintura religiosa, arquitectura religiosa, poesía sacra, teatro sacro… Incluso cabe suscitar la hipótesis sobre si la construcción de una de una clase de arte denominada “bellas artes” no estuvo guiada por una inspiración espiritualista religiosa. [Subrayados nuestros] (Gustavo Bueno, La fe del ateo, temas de hoy, 2007, cap. 9 Religión y Arte, pág. 269)
Distinción ésta que el profesor Bueno ve ejercitada por Platón en su diálogo Ion:
Ese don –le dice Sócrates a Ion– de hablar bien sobre Homero es en ti no un arte [una técnica] sino una fuerza divina… Por ello los poetas épicos, y hablo de los buenos poetas, producen sus hermosísimos poemas no como efecto de un arte [técnica] que poseen, sino porque ellos mismos están inspirados o poseídos por un dios.
¿No cabe advertir aquí, en este texto platónico, la clasificación de las artes en dos grandes grupos, el de las artes nobles o bellas y el de las artes serviles o vulgares (mecánicas)? [Subrayados nuestros] (G. Bueno op., cit., págs. 270-271
Que trasladado a nuestro discurso resultaría ser la Arquitectura una de esas “Bellas Artes” y la Ingeniería, un arte servil o mecánico. ¡He ahí la razón equivocada de la preferencia!
Pero el texto del profesor Bueno prosigue, ofreciéndonos un agudo recorrido de la clasificación platónica que llega hasta el pensador español Jovellanos, pasando por San Isidoro:
Una clasificación que irá evolucionando a lo largo de los siglos. Varrón, en su Disciplinarum libri (siglo I antes de Cristo); Marciano Capella, en su Satyricon (siglo V después de Cristo); San Isidoro, Boecio, Alcuino, Thierry de Chartres… Y en el siglo XVIII europeo veremos ya consolidada la clasificación de las artes en mecánicas y nobles: la Academia de Nobles Artes de San Fernando fue fundada por Felipe V en Madrid en 1744, y allí pronunció Jovellanos, años después, su Elogio de las Nobles Artes (1781). [Subrayados nuestros] (G. Bueno, op., cit., pág. 271)
Vemos pues que también existen razones históricas que avalan esa preferencia por la Arquitectura frente a la Ingeniería, razones fundadas en dicotomías metaméricas. Por nuestra parte, al considerar que la contraposición “Bellas artes” y Artes mecánicas” constituyen un par de conceptos conjugados, contemplamos la otra posibilidad, es decir, el esquema diamérico de conexión, según el cual las partes de uno de los conceptos quedarían aunadas por las partes del otro y viceversa.
Hemos detectado también en el escrito de Ángel de la Rosa una clara referencia al “mito de la felicidad”, que muy posiblemente anidara en las cabezas de los legisladores y los gestores a los que alude en su análisis crítico:
La Ley 4/2013 de Patrimonio Cultura de Castilla-La Mancha establece el marco normativo para la protección del patrimonio cultural en el ámbito autonómico. Según el Artículo 1.1, su objetivo es garantizar la conservación, protección y enriquecimiento del Patrimonio Cultural de la Comunidad Autónoma, promoviendo la difusión y transmisión a las generaciones futuras, así como su disfrute por la generación actual, sin perjuicio de las competencias que correspondan al Estado según la Constitución y el resto d ordenamiento jurídico. [Subrayado nuestro] (Ángel de la Rosa, Análisis crítico del papel del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en la conservación y recuperación del patrimonio histórico de la obra pública en España, pág. 3)
Disfrutar del Arte fue desde la antigüedad una propuesta epicúrea, pues a pesar de la defensa que Epicuro hizo de un ateísmo sui generis:
Existen, pues, y hay dioses, y su conocimiento es evidente; pero no son cuales los juzgan muchos, puesto que no los atienden como los juzgan. Así no es impío el que niega los dioses de la plebe o vulgo, sino quién acerca de los dioses tiene las opiniones vulgares; pues las enunciaciones del vulgo, en orden a los dioses, no son anticipaciones, sino juicios falsos. [Subrayados nuestros] (Epicuro, Carta a Meneceo: Gozarse, en Vidas de los Filósofos más ilustres, Libro décimo, traducción de José Ortiz y Sanz, Espasa Calpe, 1950, pág. 122)
Sin embargo, consideraba que entrar en los templos y contemplar las Bellas estatuas de los dioses producía deleite, que a su juicio era el estado anímico ideal para vivir: “Nosotros necesitamos del deleite cuando nos dolemos de no tenerlo, más cuando no nos dolemos, ya no lo necesitamos. Por lo cuan decimos que el deleite es el principio y el fin de vivir felizmente”. [Subrayado nuestro] (Epicuro, op. cit., pág. 124)
Y por esa razón, Epicuro, en coherencia con ese principio y fin del vivir felizmente, construye una clasificación de los apetitos y los deleites:
De los apetitos unos son naturales y necesarios; otros naturales y no necesarios y otros ni naturales ni necesarios, sino movidos. Epicuro tiene por naturales y necesarios a los que disuelven las aflicciones como el de la bebida en la sed; por naturales y no necesarios a los que solo varían el deleite, más no quitan la aflicción, como son las comidas espléndidas y suntuosas; y por no naturales y necesarios tiene verbigracia a las coronas y erección de estatuas. [Subrayados nuestros] (Epicuro, op, cit., pág. 130)
Por tanto, los templos y las estatuas de los dioses no son apetitos naturales sino “culturales”, pero al mismo tiempo son “necesarios”, porque su permanencia en ellos y la contemplación de las estatuas de los dioses que hay dentro de ellos produce deleite, o dicho con la terminología de nuestros legisladores “la conservación, protección y enriquecimiento del Patrimonio Cultural” están pensados para el “disfrute” de la generación actual.
Final. El gran hallazgo de Ángel de la Rosa
Parafraseando estas palabras de Sócrates: “Parece que he tenido mucha suerte, Menón, pues buscando una sola virtud he hallado que tienes todo un enjambre de virtudes en ti para ofrecer”. [Subrayados nuestros] (Platón, Menón, 70c, Editorial Gredos, 1987, traducción de F. J. Olivieri, pág. 284), podríamos decir que Ángel de la Rosa, buscando un concepto interdisciplinar para abordar el tratamiento de la conservación y recuperación de los bienes arqueológicos, arquitectónicos e ingenieriles del Patrimonio histórico-cultural, se ha encontrado, insospechadamente, un enjambre de ideas filosóficas para ofrecer, albergadas en la Arqueología, la Arquitectura y la Ingeniería.
O dicho de otra forma, que buscando un encaje categorial entre la Arqueología, la Arquitectura y la Ingeniería, Ángel de la Rosa ha ejercitado una filosofía de muchos quilates, porque el Materialismo filosófico trabaja, precisamente, con ideas que resultan de la confrontación, la incomunicación, la inconmensurabilidad, la discontinuidad… entre las disciplinas científicas, sean físicas, naturales o humanas como el Derecho, o entre las técnicas y las tecnologías, sean arqueológicas, arquitectónicas, o ingenieriles. Y eso es lo que ha hecho.
Es decir, que reunir en un análisis, como el suyo, elementos y componentes procedentes de categorías distintas por científicas o tecnológicas que sean, no es una tarea científica o tecnológica sino filosófica.
¡Científico, tecnólogo y filósofo quiso Ángel ser, y un poco de todo lo fue sin querer!, decimos los receptores de este trabajo suyo, parafraseando ahora a Don Antonio Machado, para terminar.
Tomás García López
Oviedo, 29 de septiembre de 2025
——
{1} La expresión Homo viator fue acuñada por Gustavo Bueno en el Prólogo, cuyo título es precisamente ese sintagma, que tuvo a bien poner al libro de Pedro Pisa Menéndez Caminos Reales de Asturias y que Pentalfa Ediciones publico en el año 2000.
En otro orden de cosas, no deja de ser una coincidencia curiosa que el autor de la expresión Homo viator sea natural de Santo Domingo de la Calzada.
Separata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
