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El Catoblepas · número 204 · julio-septiembre 2023 · página 10
Artículos

La concepción de la persona en la filosofía de Edith Stein y su relevancia en la ética contemporánea

Eduardo Alberto León León

Se destaca la relación entre su doctrina y la ética personalista y del cuidado

Introducción

santa

Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en Breslau, una antigua ciudad prusiana que hoy es parte de Polonia. Era la más joven de 11 hermanos en una familia judía de comerciantes (Feldmann, 2009). En su adolescencia, Stein atravesó una crisis y abandonó la escuela y la religión. Posteriormente, en sus años universitarios, se unió a la asociación prusiana a favor del voto femenino, postulando la igualdad política de derechos para la mujer (Feldmann, 2009). En 1913, Stein se trasladó a la Universidad de Gotinga para estudiar filosofía con algunos de los más destacados representantes de la fenomenología alemana, como Edmund Husserl y Max Scheler. Allí elaboró su tesis doctoral sobre El problema de la empatía (1989).

En 1919, Alemania firmó el tratado de paz de Versalles y, ese mismo año, Stein intentó acceder a una cátedra universitaria en Gotinga, Friburgo y Kiel, pero le fueron negadas debido a su género. Paralelamente, se inició la República de Weimar y la mujer conquistó el derecho al voto. Edith Stein destacó tanto por su obra filosófica como por su faceta como mística y religiosa. Falleció en 1942 a manos de los nazis en Auschwitz, donde había sido deportada junto a otros judíos. A lo largo de su carrera, Edith Stein se interesó por temas como la filosofía de la psicología, la teoría del conocimiento y la ética, entre otros (Feldmann, 2009).

La obra filosófica de Edith Stein está centrada en la persona como centro de la reflexión filosófica, lo que la convierte en una fuente significativa para entender la concepción de la persona en la ética contemporánea (Sánchez, 2018). En este sentido, el análisis de la filosofía de Edith Stein puede contribuir a abordar los desafíos éticos y sociales de nuestra época, en la que el valor de la persona parece ser postergado a un segundo plano. En este aspecto, este artículo analizará la concepción de la persona en la filosofía de Edith Stein y su relevancia en la ética contemporánea. La persona, como se verá a lo largo del artículo, es uno de los conceptos clave en la obra de Stein y es fundamental para entender su pensamiento filosófico y su aportación a la ética (Giudice, 2018). Ya que en la obra de Stein se enfatiza en la importancia de la persona como concepto central en su ética personalista y del cuidado. Estas corrientes éticas valoran la dignidad y el valor intrínseco de cada individuo como una persona única e irrepetible. En la actualidad, en la que el individualismo y la falta de valores éticos pueden llevar a la deshumanización y al deterioro de la calidad de vida de las personas, esta perspectiva ética se vuelve aún más relevante. La ética personalista y del cuidado nos invita a reflexionar sobre nuestras relaciones con los demás y a adoptar una actitud de preocupación y responsabilidad hacia el bienestar de los demás, fomentando así la convivencia y el desarrollo humano integral.

La concepción de la persona en la filosofía de Edith Stein

Edith Stein, discípula y asistente de Edmund Husserl, desarrolló una antropología fenomenológica que se basa en la intencionalidad, la empatía y la intersubjetividad para comprender la centralidad del ser humano. Como bien afirma Haya, «Edith Stein es una auténtica pensadora como que no pretende un tipo de antropología meramente empírica, sino que sitúa sus estudios antropológicos» (Haya, 2004, 64). Su enfoque antropológico no solo se centra en el estudio empírico de la naturaleza humana, sino que profundiza en la dimensión subjetiva y en la experiencia personal del ser humano. En su obra Ser finito y Ser eterno (2017), Stein distingue entre tres niveles de la persona, es decir, un «ser corpóreo-anímico-espiritual (leiblich-seelisch-geistiges Sein)» (Giudice, 2018, 218) que deben estar en armonía entre sí. En el nivel de la vida sensible, la persona es un ser biológico que está sometido a las leyes de la naturaleza. En el nivel de la vida espiritual, la persona es «un ser que tiene capacidad de reflexión y que puede tomar decisiones conscientes» (Stein, 2017, p. 20). En el nivel de la vida personal, la persona es «un ser que se relaciona con los demás y que puede amar y ser amado» (Stein, 2017, 21).

Stein argumenta que el ser humano es una entidad compleja y estructurada que engloba el pensamiento, la emoción, la voluntad y la acción, y su enfoque comprensivo se extiende a la dimensión corporal, anímica y espiritual de la persona. Según Gutiérrez, «la experiencia de la persona tiene un valor constitutivo» (Gutiérrez, 2017, 7), lo que resalta la importancia de considerar todos los aspectos de la experiencia humana. En este sentido, la antropología integral de Stein ofrece una perspectiva que contempla la totalidad de la persona, lo que permite una comprensión más amplia y profunda de la misma (Giudice, 2018).

Según Stein, la unidad del ser humano es fundamental y no puede ser entendida como una simple conexión entre cuerpo y alma. La persona humana es una realidad que debe ser vista tanto desde fuera como desde dentro, lo que implica tener en cuenta tanto la dimensión física como la espiritual (Giudice, 2018). En este sentido, la antropología integral de Stein es una perspectiva que busca integrar todas las partes de la persona en una unidad coherente y armoniosa. Como Stein afirma en su obra:

Para la mirada exterior, el cuerpo en cuanto objeto de los sentidos es lo primero y el espíritu, lo último. Visto desde dentro, es el espíritu autoconsciente lo primero y el cuerpo, lo más alejado y último. Y, sin embargo, visto tanto desde fuera como desde dentro, el hombre existe no como un compuesto de partes separadas, sino como unidad (Stein, 2007,  288).

Edith Stein resalta la complejidad y la unidad del ser humano, y muestra la importancia de considerar tanto el cuerpo como el espíritu en la comprensión de la persona. La percepción externa del cuerpo como objeto sensorial a menudo se considera como el punto de partida en la comprensión del ser humano, mientras que la dimensión espiritual es vista como algo más abstracto y difícil de comprender. No obstante, Stein sugiere que, desde la perspectiva interna, es el espíritu autoconsciente lo que está en primer plano, y es a través de esta dimensión que el ser humano experimenta y comprende su propia existencia.

La unidad del ser humano también se destaca en esta cita, ya que Stein argumenta que el ser humano no es simplemente una combinación de partes separadas, sino que existe como una totalidad. En este sentido, la comprensión de la persona como una unidad integral puede llevar a una comprensión más profunda y completa de su experiencia y naturales. Es decir, para Stein, la unidad del ser humano no es solo una cuestión filosófica, sino que es algo que se experimenta y se vive en la realidad concreta de cada persona. En este sentido, su antropología integral se enfoca en el valor y dignidad de cada individuo como persona única e irrepetible,

Si pensamos en un espíritu que lo abarcara todo, entonces tendríamos una subjetividad que sería pura actualidad y que no mostraría ninguna fijación en un ser que fuera de algún modo substancial: no habría vinculación a una estructura psicofísica, pero tampoco habría limitación a una personalidad; toda individualidad estaría asumida en él, pero él mismo no mostraría ninguna individualidad (entendida cualitativamente), aunque habría que pensar necesariamente en él como un ser único (Stein, 2008,  822)

Edith Stein, discute la idea de un espíritu que lo abarca todo, lo que implicaría una subjetividad puramente actual sin ninguna conexión con una estructura psicofísica o personalidad. Este espíritu único y sin individualidad cualitativa asumiría toda individualidad, pero no mostraría ninguna en sí mismo. Esta reflexión filosófica sobre la naturaleza de la subjetividad y la individualidad, sugiriendo la idea de que, si se asume que todo está conectado, entonces la noción de individualidad puede desvanecerse, pero aun así habría algo único y singular que lo abarca todo. Lo que resulta especialmente relevante en la actualidad, en la que el individualismo y la falta de valores éticos pueden llevar a la deshumanización y al deterioro de la calidad de vida de las personas (Giudice, 2018).

La mirada fenomenológica de Stein penetra en la persona humana con seriedad y profundidad, buscando siempre hacer evidente la integración y unidad que hay en ella. Para Stein, el hombre es una unidad sustancial de cuerpo y alma, una totalidad que se distingue por la armonía entre sus múltiples dimensiones, es decir, «el yo humano no es solamente un yo puro, ni únicamente un yo espiritual, sino también un yo corporal» (Stein, 2017, 383). De esta forma, su antropología se distancia de la psicología experimental que busca establecer conexiones entre cuerpo y alma, ya que, para Stein, la unidad sustancial es lo que define la persona humana.

En este aspecto, la antropología fenomenológica de Edith Stein se centra en la descripción de la persona como un ser único e irrepetible que no puede ser reducido a una mera sustancia o conjunto de atributos. Según Stein, la persona es un ser consciente que se presenta a sí mismo y está abierto a las relaciones con el mundo y con los demás (Stein, 1997). En sus propias palabras, Stein (1997) afirma: «Si no hemos de hablar únicamente del género hombre, que sólo se puede realizar especificado en individuos, sino de una especie «hombre» (no de este hombre), debemos concebirla a su vez como individual» (Stein, 1997, 667). En este sentido, la persona vive y experimenta el mundo desde su propia perspectiva, como un ser consciente y único.

La antropología fenomenológica de Stein se basa en la idea de que la persona es «un ser único e irrepetible» (Stein, 2017, 18). La persona es «un ser consciente que vive y experimenta el mundo desde su propia perspectiva» (Stein, 2017, 22) y está abierta a las relaciones con el mundo y con los demás. La concepción de la persona en la obra de Stein tiene una gran importancia ética. Para Stein, la persona es «un ser que tiene una dignidad intrínseca» (Stein, 2017, 24), y por lo tanto, debe ser respetado y valorado. La idea de la persona como un ser único e irrepetible es fundamental para entender su pensamiento filosófico y su aportación a la ética.

La importancia de la persona en la obra de Stein es especialmente relevante en un momento histórico en el que el individualismo y la falta de valores éticos parecen dominar en muchos ámbitos de la sociedad. En conclusión, la antropología fenomenológica de Edith Stein nos recuerda la importancia de la persona como centro y fundamento de toda reflexión ética. Como afirma Stein, «la persona es el único fundamento de la moral» (Stein, 2017,  23).

La concepción de la persona como un ser único e irrepetible puede servir como fundamento para una ética centrada en el respeto, la solidaridad y el cuidado de los demás. La obra filosófica de Stein nos invita a reflexionar sobre la importancia de la dignidad y el valor de cada ser humano y sobre la necesidad de construir una ética centrada en el cuidado de los demás y en la búsqueda del bien común. La ética debe estar centrada en el cuidado de los demás y en la búsqueda del bien común, tal como lo propone Stein en su obra. La antropología integral de Stein es, por tanto, una propuesta ética que nos invita a tomar en cuenta la importancia de la persona como fundamento de toda reflexión ética. Como afirma Stein, «el respeto a la persona es el principio básico de toda ética» (Stein, 2017,  24).  

La relevancia de la concepción de la persona en la ética contemporánea

En la actualidad, la reflexión ética se enfrenta a numerosos desafíos en relación con la concepción de la persona. En un mundo cada vez más tecnológico y globalizado, la dignidad y el valor de la persona pueden verse amenazados por una concepción utilitarista que la subordina a otros fines. Como afirma el filósofo alemán Jürgen Habermas: «El mundo moderno ha desplazado el enfoque ético de la persona a la racionalidad instrumental» (Habermas, 1983).

En la actualidad, la injusticia social, la discriminación y la exclusión de los más vulnerables son problemas urgentes en el ámbito de la ética. En respuesta a esta situación, la ética del cuidado se presenta como una forma de ética relacional que reconoce la interdependencia de las personas y la importancia de las relaciones en nuestras vidas. En este marco, «la dimensión ética empieza cuando entra en escena el otro. Edith Stein señala que la experiencia del otro es la experiencia más natural» (Gutierrez, 2017, 169), De esta manera, la filosofía de Edith Stein destaca la importancia de la empatía y la comprensión de los demás en la ética, una perspectiva que resulta especialmente relevante en el contexto actual de desigualdad y exclusión social. Como afirma Edith Stein: «Solo podemos comprender al otro si somos capaces de ponernos en su lugar, de compartir sus sentimientos y pensamientos» (Stein, 2002, 189). 

En este aspecto, la ética de primera persona es una abstracción que poco tiene que ver con la vida real, según la perspectiva de Edith Stein en su aproximación fenomenológica sobre la persona (Monjaraz, 2016). Desde el primer momento de la existencia de una persona, se da una relación con otros en todas las dimensiones de su ser, lo que constituye su estructura sobre la que se realizará su dinamismo, es decir, su modo de actuar, existir, relacionarse y ponerse en el mundo se da en un nosotros (Monjaraz, 2016). Por tanto, el acto empático es el acto fundante de la ética que se deriva de la comprensión del hombre propuesta por Edith Stein, ya que permite conocerse a uno mismo al reconocer al otro como otro yo, es decir, reconocerse y reconocer al otro como persona. La ética como ethos no puede considerarse solamente desde la primera persona, ya que la misma primera persona no se constituye como «yo» sin lo otro, y más específicamente, sin «el otro como yo» (Monjaraz, 2016).

La ética del cuidado también se centra en la experiencia concreta del otro, es decir, «la persona vive de la necesidad de los demás. Solamente el otro es capaz de constituir a la persona como fin en sí mismo» (Gutierrez, 2017, 169), lo que la hace similar a la filosofía fenomenológica de Stein, que sostiene que la experiencia es el punto de partida de la reflexión filosófica. En este contexto, la antropología fenomenológica de Edith Stein puede aportar importantes reflexiones. Como afirma Edith Stein, «no se puede olvidar que las cosas materiales tienen su razón de ser en la persona, que es el fin de la creación» (Stein, 2002, 136). En este sentido, podemos ver la a relevancia de la concepción de la persona en la ética contemporánea desde tres aspectos.

En primer lugar, «la consideración de la persona humana desde la perspectiva fenomenológica de Edith Stein abre importantes horizontes para el desarrollo de una ética que pueda considerar a la persona humana en su peculiaridad, 'en su ser estrictamente único e irrepetible y en su ser esencialmente un ser-con-los-demás'» (Monjaraz, 2016, 2015). Desde esta perspectiva, se reconoce que la persona es única e irrepetible, lo que significa que su dignidad y valor no pueden ser subordinados a ningún otro fin. Por lo tanto, cualquier acción o decisión que atente contra la dignidad y el valor de la persona sería éticamente inaceptable. Como destaca el filósofo Emmanuel Lévinas, «la persona humana no es un objeto, sino un ser que se impone a mí y que me exige, por lo tanto, una actitud ética» (Lévinas, 1961, 354).

En segundo lugar, la concepción de la persona de Edith Stein resalta la importancia de las relaciones interpersonales. Según Monjaraz (2016), «el ethos del hombre no puede ser un ethos individual ni un ethos encerrado en sí mismo, sino un ethos necesariamente estructurado en la relacionalidad humana, en la relación yo-tú de la que emerge el nosotros» (Monjaraz, 2012, 216) Así, la ética implica considerar no solo el bien propio, sino también el bien del otro, ya que en el momento en que el otro aparece en el horizonte de la existencia, existen otros como yo, y es ahí donde surge la ética, que es prereflexiva y constituyente. La concepción de la persona de Stein permite superar la idea de que la persona es un mero objeto o recurso al servicio de otros fines (Monjaraz, 2016).

En última instancia, la persona es un ser que se relaciona con los demás y encuentra su sentido en la comunión con ellos es un «sentido‟, fin‟, algo por llegar a ser siendo lo que se es, un más allá‟ de lo ya dado» (Monjaraz, 2016, p2012). Esta idea puede ser de gran relevancia en la reflexión ética sobre la justicia social, la solidaridad y el cuidado de los más vulnerables «desde esta aproximación se comprende que la persona humana no está determinada por un mecanismo estímulo-respuesta, ya que precisamente por ser «sí mismo‟ se autodetermina a aquello que conoce como «bueno para sí‟. De manera que el ethos no es una meta a la cual llegar, como si estuviera fuera o dado previamente como «un objeto‟ a alcanzar» (Monjaraz, 2016, 2012). Como afirma el filósofo francés Paul Ricoeur, «la ética no puede ser construida al margen de la solidaridad humana» (Ricoeur, 1990, 77). En un mundo donde la individualidad y el egoísmo parecen prevalecer, la antropología fenomenológica de Stein puede recordarnos la importancia de la relación con los demás y la responsabilidad que tenemos hacia ellos.

En definitiva, la concepción de la persona de Edith Stein puede contribuir a la reflexión ética en el ámbito empresarial. En este contexto, la idea de que la persona es «en su ser estrictamente único e irrepetible y en su ser esencialmente un ser-con-los-demás» (Monjaraz, 2016, 2015), puede servir como fundamento para una ética centrada en el respeto y el cuidado de los trabajadores, así como en la garantía de unas condiciones laborales dignas y justas. Además, la idea de que la persona se presenta a sí misma y está abierta a las relaciones con el mundo y con los demás puede contribuir a la reflexión sobre la responsabilidad social de las empresas y su impacto en la comunidad. Como afirma el economista indio Amartya Sen: «el desarrollo económico no puede evaluarse únicamente en términos de la maximización del crecimiento, sino que debe centrarse en la realización de las capacidades humanas» (Sen, 1999, 98). Esta perspectiva nos invita a reconsiderar la forma en que medimos y evaluamos el progreso económico, poniendo en primer plano las necesidades y capacidades de las personas como eje central de cualquier estrategia de desarrollo.

Conclusión

La obra filosófica, la obra de Edith Stein ha dejado una huella profunda en la reflexión ética contemporánea y en la filosofía del siglo XX. Como menciona Stein, «la persona es un ser único e irrepetible» (Stein, 2007, 342) y esta concepción de la persona puede servir como fundamento para una ética centrada en el respeto, la solidaridad y el cuidado de los demás. Esta antropología fenomenológica nos recuerda que la persona es el centro y el fundamento de toda reflexión ética. Como señala Marta López-Jurado, «Stein recuerda que la persona no es simplemente un objeto o una entidad a considerar, sino el sujeto moral y ético por excelencia» (López-Jurado, 2019, 45).

La obra de Stein también nos muestra la importancia de considerar las dimensiones espirituales y personales de la vida humana en cualquier reflexión ética. Como menciona Roman Ingarden, «la antropología fenomenológica de Edith Stein puede ser vista como un intento de restaurar el equilibrio entre la dimensión espiritual y material de la persona» (Ingarden, 1964, 15). Su distinción entre los diferentes niveles de la persona puede ser útil para entender la complejidad y la riqueza de la vida humana y para valorar la importancia de cada una de estas dimensiones en cualquier reflexión ética.

A pesar de los avances en la reflexión ética, aún existen desafíos éticos que requieren una reflexión más profunda y que podrían beneficiarse de la contribución de la antropología fenomenológica de Edith Stein. Temas como los derechos humanos, la justicia global y la relación entre la persona y el medio ambiente podrían ser abordados desde esta perspectiva. Como menciona López-Jurado, «la obra de Stein nos invita a reflexionar sobre cómo podemos construir una ética más humana y solidaria, que tenga en cuenta la dignidad y el valor intrínseco de cada persona» (López-Jurado, 2019).

Con suerte, a partir de los bocetos presentados, podemos ver claramente que estamos tratando con dos enfoques filosóficos y éticos muy similares el de la concepción de la persona y su relevancia en la ética contemporánea. Ambos se centran principalmente en la persona concebida como un ser fundamentalmente relacional. Ambos se basan en la reflexión sobre experiencias concretas de la vida relacionadas con las prácticas de cuidado, apoyo, amor y fomento del bienestar/florecimiento de todos los afectados. Ambos enfatizan fuertemente la dimensión emocional de la vida humana como un medio único para acceder al ámbito de las relaciones personales, sin embargo, ambos también enfatizan que las emociones no deben separarse de las capacidades intelectuales. Ambos nos invitan a alejarnos de la moralidad de las reglas y obligaciones abstractas y a abrazar una comprensión moral concreta, que sea sensible a las singularidades particulares de cada contexto y situación. Por último, la actitud personalista relacional promovida en ambos enfoques se concibe como algo que no se limita en absoluto al ámbito de las relaciones privadas e íntimas. Ambos la desarrollan hasta sus implicaciones para el ámbito social, político y global.

En definitiva, la obra de Edith Stein ofrece una perspectiva única y valiosa para reflexionar sobre la importancia de la persona en la ética contemporánea y sobre la necesidad de construir una ética centrada en el respeto, la solidaridad y el cuidado de los demás. La perspectiva de Stein es especialmente relevante en la actualidad, en la que la falta de valores éticos y el individualismo pueden llevar a la deshumanización y al deterioro de la calidad de vida de las personas. Como señala David O'Connor, «la antropología fenomenológica de Edith Stein nos recuerda que la persona es el fundamento de todo pensamiento ético y moral» (O'Connor, 2012, 183). La obra de Stein nos invita a mirar a la persona en su totalidad, con una mirada abarcadora que permita una comprensión más profunda y una atención más cuidadosa de sus múltiples dimensiones, por tanto, se abre un campo de investigación y reflexión muy interesante para aquellos interesados en la ética y la filosofía de la persona.

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