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El Catoblepas, número 177, noviembre 2016
  El Catoblepasnúmero 177 • noviembre 2016 • página 9

El número 177, es la última entrega mensual de la revista El Catoblepas.
A partir de 2017, se publicará de forma trimestral

Artículos

Los orígenes del Naturalismo Obstétrico

Juan Acosta Díez

Reflexiones surgidas a raíz de las diferencias surgidas entre los hábitos quirúrgicos ortodoxos y la tendencia deliberativa y pronaturalista.

Nota preliminar

El siguiente artículo recoge una serie de reflexiones surgidas a raíz de diferentes experiencias y conversaciones acerca de la creciente confrontación entre los hábitos quirúrgicos ortodoxos y la tendencia deliberativa y pronaturalista promovida desde diversos foros. La Obstetricia es elegida en este caso a modo de ejemplo del modo en que está teniendo lugar este movimiento envolvente. Se han recogido diversas piezas que, puestas unas junto a las otras, pueden reproducir al menos en parte el relato de la evolución de la técnica médica aplicada en un contexto sociopolítico concreto. No se trata de juzgar de manera psicologista o teológica las ideas que aparecen en el redactado sino de disecarlas y segregarlas para analizar los significantes una vez contrapuestos con sus oponentes. No trata el autor, por lo tanto de expresar su opinión sino de buscar iluminación en un asunto que aparece oscuro, al menos cuando se mira en perspectiva emic.

El campo científico-técnico de la Obstetricia.

El campo de la Obstetricia (del latín obstare) se ha desarrollado de manera paralela al de la Medicina. Esta oblicuidad obedece al hecho de que originariamente la atención al nacimiento estuvo en manos de matronas (mujeres que adquirían sus conocimientos de manera empírica) si bien históricamente se fue impregnando de los conocimientos que la Ciencia Médica iba sedimentando, desde el Corpus Hipocraticum y Sorano de Efeso hasta De Lee, Williams o Caldeyro-Barcia más recientemente.

Así, el viejo arte del parto fue derivando por una parte en un campo de conocimiento sobre la gestación y su problemática y por otra en un campo técnico, la tocurgia, consistente en descripciones detalladas de maniobras y operaciones relativas a las diferentes situaciones normales y patológicas que se presentan al nacer.

Esta transición de arte popular (por decirlo de alguna manera) a saber científico-técnico no sucedió de manera discontinua sino sutil y progresiva a lo largo del tiempo y la geografía (de hecho aún no es una realidad «global» como lo denotan los informes de instituciones internacionales que revindican una atención medicalizada para los países africanos). Las matronas históricamente van cediendo su lugar protagonista a los cirujanos en dos trayectorias:

- Trayectoria social: de las clases más acomodadas a las más desfavorecidas. Es evidente que los estratos más inferiores de la capa basal de la sociedad se incorporaron de manera tardía a la asistencia hospitalaria respecto a las más altas.

- Trayectoria geográfico-política: de las áreas urbanas del centro de Europa a las de los países periféricos. Así lo señala Gabriel González Navarro en su Historia de la Obstetricia y Ginecología Española:

«No es exacta pero se aproxima a la realidad la afirmación que consignó Witowski en su Historia de los partos en todos los pueblos de que las españolas se servían exclusivamente de matronas hasta que Clement hizo tres viajes a Madrid en 1713,1726 y 1730 para asistir a la reina de España (Luisa Gabriela de Saboya, esposa de Felipe V) siendo desde entonces admitidos los tocólogos en la asistencia a los partos naturales. Siguiendo el ejemplo de la Real Familia es posible que algunos cirujanos se aviniesen a atender a algunas mujeres que querían ser atendidas por ellos en los partos normales.» (Historia de la Obstetricia y Ginecología Española, Habe editores, 2006)

Igualmente, en el plano epistemológico el proceso de la medicalización sucedía en un doble sentido:

- De la ciencia a la técnica. Las Escuelas de Medicina aportaban descripciones anatómicas y fisiológicas que modelaban las técnicas, por ejemplo para perfeccionar la cesárea (que pasa de ser una intervención sobre cadáver a realizarse in vivo)

- De la técnica a la ciencia. Los hallazgos o accidentes de las operaciones obstétricas servían para inspirar nuevas vías de investigación. Puede ser el caso de una hemorragia puerperal tras asistir un parto con fórceps o realizar una versión para extraer un segundo gemelo.

Podríamos decir pues que el campo obstétrico se cierra en la sistematización de las relaciones entre las descripciones (anatómicas,biológicas, fisiológicas, genéticas) y las técnicas operatorias (asistencia manual, sutura, cesárea,versión, instrumentación) de manera recíproca y continua. En la segunda mitad del siglo XX la implantación de los sistemas de previsión social hace que los cuidados médicos lleguen a todos los estratos de la capa basal. Tanto los estados de planificación estatal como los de corte liberal convierten la salud maternoinfantil en una de sus prioridades y la obstetricia-tocurgia con todo su aparatotecnológico se convierte en el instrumento con el que proporcionar seguridad en el parto a una población cada vez menos fértil; un instrumento prestigiado en su implantación por el soporte científico-médico de su ya depurada metodología.

La irrupción del naturalismo

La antítesis de esta tecnificación masiva de la atención al parto comienza a configurarse en los años 60 y 70 del siglo XX en una corriente que podríamos llamar naturalista y que bebe de fuentes tan variadas como el mayo del 68, los movimientos anarquistas, la antipsiquiatría, el psicoanálisis, el pacifismo, el ecologismo y diversas pseudoreligiones esotéricas. Este naturalismo denuncia la «deshumanización» de la obstetricia que a su juicio ha transformado la manera de nacer idílica del humano-mamífero en una suerte de proceso industrializado en el que ya cuesta diferenciar dónde comienza lo orgánico y dónde la máquina. Frente al ideal «parto natural» se presenta el «parto medicalizado» que es condenado por lo que tiene de artificioso, de ajeno a la naturaleza por violentarla y no dejar que ésta siga su curso.

Pero el naturalismo no consiste simplemente en una suerte de idealización de lo auténtico frente a lo procesado por el aparato científico o tecnológico. La medicalización se considera un escenario de apropiación por parte del estamento médico-científico del cuerpo del paciente que pasa a un estado de «sometimiento». Un estamento médico que, además está compuesto por personas de género masculino o con actitudes «propias» de tal condición, que no pueden pretender otra cosa que la postración delcontrario. Así, desde una publicación activista se apunta que:

«Muchos de los casos denunciados apuntan a problemáticas relacionadas con dinámicas de medicalización, abuso de autoridad y sexismo dentro de las instituciones médicas.» (La violencia obstétrica desde los aportes de la crítica feminista y la biopolítica . S. Sánchez. Revista Dielmata, 2015)

«Varios estudios acerca de este tipo de violencia mencionan la existencia de actitudes misóginas reproducidas por el personal de salud acerca de la sexualidad y potencial reproductivo de las mujeres (Belli, 2013; Campero et al., 1998; Camarco, 2009; Castro, 2000, 2010; Chiaroti et al., 2003; d'Oliveira et al., 2002; Erviti, 2010, 2012 y Magnone, 2011).» (La violencia obstétrica desde los aportes de la crítica feminista y la biopolítica . S. Sánchez. Revista Dielmata, 2015)

La crítica a la obstetricia no se fundamenta pues en sus errores de sistematización o el cuestionamiento de sus procesos operativos sino en su carácter opresivo tanto respecto a la naturaleza como al sujeto-gestante en cuanto a organismo autónomo.El concepto de autonomía es clave para entender la confrontación naturalismo-medicalismo y enraíza en la llamada ética biomédica (término redundante puesto que la Medicina es ya Ética por su propia definición) de Beauchamp yChildress.

«Una persona autónoma actúa libremente de acuerdo con un plan elegido, de la misma manera que un gobierno independiente maneja sus territorios y establece sus territorios de acción. « (Principios de ética biomédica. Beauchamp y Childress. Masson, 1999)

«Podríamos decir que todas las teorías sobre la autonomía están de acuerdo en que hay dos condiciones esenciales: a) la libertad (actuar independientemente de las influencias que pretenden controlar), y b) ser agente (tener capacidad de actuar intencionadamente).» (Principios de ética biomédica. Beauchamp y Childress. Masson, 1999)

Esta corriente bioética imperante hoy en día en los Comités de Ética de la mayoría de hospitales ha inspirado leyes de autonomía del paciente como la que rige actualmente en España. Esta ley, como indica en la exposición de motivos, está inspirada por la Declaración Universal de los derechos Humanos de 1948. En su Artículo tercero, dicepor ejemplo:

«El paciente o usuario tiene derecho a decidir libremente, después de recibir la información adecuada, entre las opciones clínicas disponibles.» (Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica)

La tan mencionada autonomía se relaciona en todo momento con la condición de sujetos libres que actúan ajenos a codeterminaciones de ningún tipo, ejercitando plenamente los derechos humanos otorgados directamente por la Naturaleza. Pero la autonomía exige recuperar el control del cuerpo, que le ha sido arrebatado y violentado al paciente. Desde foros naturalistas se denuncia no sólo la pérdida del cuerpo sino del proceso del parto, objeto ahora de propiedad («El parto es nuestro», «La voz es nuestra»).

«En el año 2004, en el cortometraje «Por tu bien» la cineasta IcíarBollaín mostró a un hombre dando a luz para visibilizar el maltrato que sufrían las mujeres españolas en el parto. El corto terminaba con la frase: «¡El Parto es Nuestro, que nos lo devuelvan!». (El parto es nuestro: El impacto de una asociación de usuarias en la reforma del sistema obstétrico de España. Villarmea y cols. Revista Dilemata, 2015).

Por tanto, la autonomía va unida a un cierto concepto monista en el que el cuerpo es propiedad de un sujeto cuya entidad no queda muy clara aunque bien podría depender de alguno de los dos cerebros (el antiguo y el nuevo) de los que habla Michel Odent cuando dice:

«El proceso del parto se desarrollará más fácilmente cuanto mejor acepte el otro cerebro, el nuevo cerebro, permanecer en reposo.Este nuevo cerebro, el neocortex, cuyo enorme desarrolloes la principal característica de nuestra especie, sólo alcanza su madurez en la vida adulta. Si está activo durante el parto, perturbará la actividad del cerebro antiguo.» (El bebé es un mamífero. Michel Odent, Ed. Obstare, 2009).

Las hormonas dirigen el parto y la lactancia pero proporcionan además, según Michel Odent, el amor necesario para conseguir un mundo utópico, sin fórceps ni cesáreas, una especie de arcadia obstétrica donde el bebé vuelve a ser plenamente mamífero.

«¿Qué características tendría un medio culturalen el que se segregara prolactina en abundancia?. Podemos imaginar que la actitud hacia la vida en aquella sociedad sería completamente distinta de la nuestra. Las necesidades de los bebés y de los niños serían respetadas, incluso serían prioritarias. No abundarían los estímulos eróticos. El sometimiento a las leyes de la naturaleza, al destino, sería extremo.» (El bebé es un mamífero. Michel Odent, Ed. Obstare, 2009).

Obsérvese que la responsabilidad de la secreción hormonal ha pasado de la glándula del individuo corpóreo concreto al medio cultural en su conjunto (seguramente desbordando el concepto de cultura circunscrita utilizado habitualmente).

El activismo naturalista ha permeado los límites del campo obstétrico quedando sus operaciones condicionadas mediante los métodos democráticos del mismo. La doble vía de la sistematización técnico-científica ha de pasar ahora por el filtro del consenso y la participación. Así, en 2007, el ministro Bernat Soria, del Gobierno socialista de J.L. Rodríguez Zapatero presentaba un Nuevo Documento de estrategia de atención al parto normal que, en un alarde de democracia integral, lograba consensuar posturas de sociedades médicas, organizaciones naturalistas y políticos.

«La presente Estrategia responde a una demanda social, profesional y de las administraciones sanitarias autonómicas, que se viene manifestando de manera creciente en los últimos años y ante la que el Ministerio de Sanidad y Consumo ha correspondido liderando el proceso participativo con todas las personas y colectivos implicados, necesario para lograr su elaboración y consenso (...) Los contenidos de este documento son el fruto de la revisión de la evidencia científica, de la investigación existente, del análisis de las experiencias innovadoras identificadas, de modelos de buena práctica, y se ha construido con el trabajo conjunto de sociedades profesionales, organizaciones de mujeres y las administraciones sanitarias autonómicas» (Estrategia de atención al Parto Normal. Ministerio de Sanidad y Consumo, 2007: 9).

Una propuesta de análisis

El debate naturalismo-medicalismo se ha popularizado gracias a la difusión proporcionada por los medios de información y tiene lugares comunes en sus vertientes gremialísticas o políticas sin mayor interés que el que afecta a los interesados en el mismo. Pero creo que ofrece contenidos de gran valor si se consideran desde la Filosofía y la Bioética materialistas. Por desgracia no estoy capacitado para entrar a fondo en estos niveles que creo que clarificarían bastante los términos de la polémica. Osaré a pesar de elloaportar al menos los retales desde los que sería posible iniciar un examen fructífero y productivo.

Los elementos de fricción entre el naturalismo y el materialismo que podríamos esbozar tras una primera (y por supuesto insuficiente) visión se centrarían en varios ejes

En primer lugar la reivindicación del mito de la Naturaleza. Se revindica un ser humano pretendidamente originario, «mamífero», sin atributos nacionales, étnicos o gnoseológicos más allá de los que pueda aportar su pura animalidad. Se debe respetar un nacimiento que sea lo más parecido al nacimiento de los otros mamíferos, incluso de aquellos que nacen en un medio acuático. Por tanto, cualquier recurso técnico o instrumental está de más ya que viene a romper el equilibrio del hombre con la naturaleza de la que procede.

«Yo sostengo que lo prioritario debería ser la génesis de un hombre diferente, la génesis de un hombre ecológico, de un hombre que tenga una actitud positiva hacia la vida». (El bebé es un mamífero. Michel Odent. Ed Obstare, 2009)

Ahora bien, esta idealización de la Naturaleza como punto absoluto de referencia no puede hacer más que evocarnos ese intento de organizar el complejo fenoménico del Universo como un todo (holon) que Gustavo Bueno calificaba como mito de la naturaleza.Este monismo universal persiste en nuestros días, como el propio Bueno advirtió, en formas no filosóficas que ignoran la discontinuidad existente en la materia o el principio de symploké.

También relacionado con el mito de la naturaleza subyace un cerebrocentrismo que hemos visto en la lucha de los dos cerebros que explicaba Odent o incluso en el absoluto protagonismo que da a las hormonas segregadas por la hipófisis en el comportamiento humano y hasta en la construcción de una sociedad utópica. Psicólogos «sin complejos» como Marino Pérez han hecho frente a esta tendencia:

«Preguntas cómo el cerebro genera el yo o la conciencia, son preguntas mal formuladas, por prejuiciosas y presuntuosas, que dan por supuesto que son cosa del cerebro, a la vez, que ignoran el carácter institucional e histórico-cultural del yo y la conciencia».(Frente al cerebrocentrismo, Psicología sin complejos. Marino Pérez. Infocop, 2012).

«Son los desarrollos culturales, empezando por la escritura, los que han reorganizado el funcionamiento del cerebro y continúan haciéndolo».(Frente al cerebrocentrismo, Psicología sin complejos. Marino Pérez. Infocop, 2012).

La tocurgia es criticada también por su falta de componentes democráticos. La institución de la democracia integral no sería compatible con la apropiación de la asistencia al nacimiento por parte de los miembros del estamento científico-médico. Es preciso debatir y consensuar con todas las partes que intervienen en el proceso y llegar a acuerdos.

«Democracia deliberativa o discursiva es como se denomina en teoría política al tipo de democracia en el que la deliberación forma parte constitutiva del proceso de decisión. Como sistema político, incorpora de manera integrada elementos de la toma de decisiones por consenso y a través de la regla de la mayoría.»(El parto es nuestro: El impacto de una asociación de usuarias en la reforma del sistema obstétrico de España. Villarmea y cols. Revista Dilemata, 2015).

Queda claro pues,desde la perspectiva deliberativa, que las ciencias (al menos en su estado β-operatorio) no pueden continuar cerradas en su campo sino que se han de dejar impregnar por el espíritu democrático e incorporar las opiniones. Se reabre pues el campo obstétrico que ha de pasar ahora el filtro de la opinión no ya de los implicados en el debate científico sino de los entes autónomos que envuelven y condicionan ahora las operaciones mediante un entramado de opiniones libremente configuradas. Contra este fundamentalismo advertía Bueno al afirmar:

«Por ello, hay que rechazar la tendencia creciente a juzgar, positiva o negativamente en nombre de la democracia sobre asuntos que no tienen que ver directamente con ella» (Zapatero y El pensamiento Alicia. Gustavo Bueno. Temas de hoy, 2006).

El principio de autonomía, tan presente en toda la terminología naturalista deriva de esta inspiración democrática. Sus creadores no ocultan las analogías con el mismo principio aplicado a la política como hemos visto en una cita anterior. Tal principio, que está muy presente en la práctica operatoria a través de la Ley de Autonomía del paciente, es sin embargo abiertamente criticado desde la bioética materialista contraponiéndolo al concepto mucho más circunscrito y definido de autodeterminación:

«La idea de la autodeterminación del individuo, en cuanto concepto global, puede ser presentada como idea límite de las intersecciones de todos los círculos causales en una unidad procesual.»

«Ahora bien, es preciso distinguir el concepto de autodeterminación, así expuesto, del concepto de autonomía de tradición jansenista y aún luterano-kantiana. (...) Desde las posiciones materialistas consideramos el concepto de autonomía, aplicada a los individuos humanos (autonomía de la voluntad frente a la heteronomía) como un concepto malformado, y en rigor como una metáfora procedente de la aplicación a los individuos de la estructura atribuida a sociedades políticas “que se dan a sí mismas su ley”.» (¿Qué es la bioética?. Gustavo Bueno. Pentalfa, 2001).

Y más adelante

«Pero un sujeto operatorio no puede darse a sí mismo sus leyes o normas.; porque las leyes son universales y la “legislación que el sujeto se da a sí mismo” es sólo metafórica».

Todo el argumento naturalista no es puramente especulativo sino que se ordena en función de unos fines sociales que son deseados y buscados. El fin técnico ya no viene internamente determinado sino que se subordina a una idea Es una brecha más por la que se abre el hasta ahora cerrado campo técnico de la tocurgia: el nacer mejor hace que el mundo sea mejor. Naturalizar el parto proporciona la base para que el mundo sea mejor, como metafóricamente relata Michel Odent:

«Si el respetado filósofo-el hombre sabio de la comunidad- estuviera aún vivo, podría asegurar que ahora, en la Tierra de la Utopía, la mayoría de las mujeres dan a luz sus bebés y alumbran sus placentas gracias a la liberación de un “coctel de hormonas del amor”.»

Final: las ciencias necesitan a la Filosofía para seguir siendo ciencias.

En conclusión, podemos decir que la Obstetricia, como rama de la Medicina que cerraba su campo en torno a relaciones centradas en unos términos delimitados dentro de la fisiología, la anatomía o la biología, ha pasado como otras especialidades o técnicas β-operatorias a resolver sus relaciones ahora en el terreno del consenso y de la opinión democrática. El naturalismo ha conseguido redefinir los términos y los parámetros de veracidad de un campo que operaba hasta ahora dentro de un marco puramente científico-técnico. Este naturalismo opera desde parámetros que nos son bastante familiares: monismo, cerebralismo, relativismo, finalismo y autonomismo.

Se podría reprochar a la anterior exposición que está hecha desde un fundamentalismo científico rampante. Y no negamos que pueda ser así. Lo cierto es que la Medicina por sí misma, a pesar de encontrarse envuelta por el método científico, o precisamente por ello, no dispone de la capacidad para, saliendo de su propio campo, revindicarse frente a la irrupción de diferentes mitos que operan en el que hasta ahora había sido un terreno puramente β-operatorio con sus propias tensiones y crisis internas.

Sin embargo, la metodología con la que el Materialismo Filosófico ha tratado el problema del conocimiento proporciona la munición argumental necesaria para afrontar la nueva situación de la Medicina desde unas mínimas garantías de rigor y honestidad intelectual. Recientemente, el profesor Tomás García López ofrecía una muestra al trazar claramente los límites de las ciencias frente al subjetualismo:

«En una palabra, la verdad de las ciencias en general y de las ciencias α-operatorias en particular es completamente independiente de la democracia, la aristocracia o de cualquier otro tipo de consideración sociológica o política.

Mención especial merece, claro está, la verdad de las Ciencias Humanas, porque ésta se resuelve en las propias operaciones o metodologías β-operatorias, siendo su estado límite β2 el reino de la praxis, la axiología, la deontología, la jurisprudencia..., reino éste en el que los componentes sociológicos o políticos de carácter democrático u aristocrático pueden jugar su papel. Pero resulta que en este estado β2 la ciencia humana en cuestión deja de ser ciencia para convertirse en algo simplemente humano “demasiado humano”.» (¿Democracia en las ciencias?. Tomás García López. El Catoblepas, octubre 2016).

Es por ello necesario apelar al arbitrio de la Filosofía y de la Teoría del Cierre categorial para delimitar bien los terrenos en los que puede interferir una tecnología como la tocurgia con loselementos procedentes de la metafísica que se reconocen en estaneolengua naturalista. La Medicina debe mirarse a sí misma (si se me permite la prosopopeya) y decidir si se puede permitir ser simplemente humana, demasiado humana.

 

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