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El Catoblepas, número 162, agosto 2015
  El Catoblepasnúmero 162 • agosto 2015 • página 3
Artículos

Filosofía del monte

Rafael Casado Hernández

Propuesta de una definición del monte como institución de la capa basal del cuerpo de las sociedades políticas estatales.

Filosofía del monte

1.- INTRODUCCION

Pertenecería a las conclusiones la explicación del título «Filosofía del monte», no obstante, adelantando parte de las conclusiones, este rótulo se utiliza en genitivo objetivo, por tanto, no es que se considere al monte como un sujeto «filosofante», que transpire filosofía de sus hojas, y que quién penetrase en él saldría más sabio, aunque, sí quizás, si sabe buscar debajo de la hojarasca, con más sabores ( lo cual no es poco), sino como un objeto que puede y debe ser analizado filosóficamente. La pertinencia y necesidad de esta filosofía se demostrará, esa es la intención, en el ejercicio de este artículo, cuyo objetivo es analizar el concepto de monte, no desde el punto de vista de su morfología «natural», sino en tanto que recursos naturales que se representan como objetivos reales de los planes y programas de las sociedades políticas, es decir, en tanto que capa basal, que en sí es económica, hecha política, y en tanto que concepto que se manifiesta envuelto por el mito de la Naturaleza{1}. Se va a intentar analizar este concepto a ras del suelo, desde el dominio de la ciencia forestal y bajo el auxilio del materialismo filosófico (MF) de Gustavo Bueno.

Para analizar este concepto no se pretende elaborar una teoría de la ciencia forestal que de cuenta de él, ni realizar a cuenta suya un análisis gnoseológico de la misma, que sería objeto de un trabajo mucho más ambicioso que el presente artículo; ni se pretende hacer una síntesis entre ciencia forestal y MF que diese como resultado algo así como una ciencia forestal materialista. Este concepto se quiere analizar con el auxilio del MF, que no se puede aplicar como un método con una serie de pasos más o menos protocolizados a seguir, sino que, en sí mismo, es una metodología en curso{2} y con la necesidad de contar con doctrinas moldeadas por sus exigencias propias. Se va a organizar el material relevante de esta doctrina (la ciencia forestal en este caso) para el análisis del concepto de monte, de tal manera que quede como un conjunto referencial de operaciones, fenómenos, estructuras y teoremas, que, a su vez, si resulta con trabazón suficiente, pueda considerarse más que como término final, como un principio, incluso como un instrumento de la propia metodología en curso.

Sin perder de vista que este conjunto referencial no puede pretender aproximarse a la condición de un conjunto originario o primitivo de términos o de proposiciones que estuviese a la base del concocimiento, sino a un conjunto de términos y conceptos del mundo práctico (fenoménico, operatorio), del mundus adspectabilis, propio de un estadio histórico avanazado{3}.

Para los lectores habituales de esta revista, a los que se les suponen conocimientos de la obra de Gustavo Bueno y que no tienen porqué tener conocimientos de la actividad forestal, se les recomienda ver el documental «El Bosque Protector- A Ambos lados de Peñalara»{4},y, a los lectores que tengan conocimientos de la actividad forestal y, en cambio, no conozcan la obra de Gustavo Bueno, se les recomienda ver la conferencia de Luis Carlos Martín Jiménez «Refluencia Institucional o Historia de la Impotencia» y la de Lino Camprubí Bueno «El mito de la naturaleza, Doñana»{5} .

2.- CIENCIA FORESTAL

Como se ha dicho en la introducción, no se va a realizar un análisis gnoseológico de la ciencia forestal, sino vislumbrar las coordenadas básicas desde el MF, dejando entre paréntesis el material desescombrado que ha ido apareciendo en el proceso.

Lo esencial de la ciencia forestal (CF) es la organización dasocrática del monte. Esta organización dasocrática tiene como fin la organización económica de la producción del monte, atendiendo siempre a las exigencias biológicas y beneficios indirectos{6} y se plasma, técnicamente, en los denominados Proyectos de Ordenación (PO). Los Proyectos de Ordenación constan, resumidamente, de un Inventario Forestal y de un Plan General y un Plan Especial; las partes más relevantes del Plan General son la elección del turno y determinación de las edades de maduración, la elección de la forma fundamental y forma principal de la masa, la elección del método de ordenación y la división dasocrática; como partes más relevantes del Plan Especial tenemos el plan de cortas y el plan de mejoras. Evidentemente, los PO incluyen una serie más o menos compleja de cálculos y de decisiones selvícolas, esta descripción es simplemente una presentación elemental para su consideración gnoseológica desde la capa básica del cuerpo de la ciencia.

En este punto habría que aclarar que los estudios reglados, y la competencia profesional, de los Ingenieros de Montes{7} no se reducen a la organización dasocrática del monte. Más difícil es, y no es objeto de este artículo, determinar si la CF se reduce a la dasocracia, o sí, toda vez que en la organización dasocráticaz se tiene que servir de la selvicultura, la economía, la botánica, la zoología, la física, la topografía, la dasometría, etc, la CF no sea más que un conglomerado de partes de estas disciplinas seleccionadas y orientadas a un fin concreto. Dicho de otra manera, que la CF se reduzca a una caja de herramientas interdisciplinares utilizadas para la organización económica de la producción forestal, donde, en todo caso, el éxito haya que ponerlo en la selección adecuada y suficiente de esas herramientas más, que en la existencia real de una producción forestal organizada científicamente.

En cualquier caso, lo que interesa es, constatar la existencia real de los PO como documentos técnicos de la ingeniería forestal, como partes materiales del cuerpo de la CF. También, como parte material, habría que considerar el campo mismo de los fenómenos cuando se convierten en un laboratorio a escala 1:1, mediante monitoreo de parámetros; por ejemplo, cuando es imposible recrear en un laboratorio intramuros las condiciones de un incendio forestal, y hay que monitorearlo in situ.

Así pues, tomando como referencia cierta, dejando entre paréntesis el resto, a los PO, un concepto clave de la CF es la masa forestal. La masa forestal es un todo atributivo de árboles, puesto que en la masa los árboles se dan por clases de edad, por relación de dominancia/subdominancia, vigorosos/decrépitos,..., frente al conjunto distributivo de árboles que aprovechan los leñadores (previo señalamiento de los destinados a corta), y, sólo a través de la masa, se individualizan los árboles para la CF, de tal manera que de los Ingenieros de Montes habría que decir que sin el bosque no ven los árboles. La masa forestal se va a tratar (como objeto de transformación operatoria) como una morfología definida in media res. En los Proyectos de Ordenación, con sus planes y programas (Plan General y Plan Especial), se pretenden alcanzar determinadas morfologías (definidas previamente según ciertos protocolos y datos estadísticos), no por arte de emergencia desde la masa presente, sino por operaciones concretas y programadas de transformación. En resumen, lo esencial de la organziación dasocrática es la transformación de unas morfologías en otras, con la asistencia del ingeniero operador.

Otro concepto a estudiar es el turno o edad de madurez productiva: punto en el que se alcanza el óptimo productivo vegetal y que en los PO representa el número medio de años requerido para la renovación del vuelo. El turno marca toda la división dasocrática del monte que, en función de la Posibilidad (que brevemente, está formada por la producción final de madera, calculada en metros cúbicos) articula en el tiempo, y también en el espacio ( porque normalmente determina la superficie de los tranzones y tramos de corta en submúltiplos del periodo de regeneración, o bien determina la clase diamétrica máxima para una estructura ideal de masa), las operaciones, básicamente el plan de cortas (pero también el plan de mejoras), para la transformación aureolear proyectada. El turno medio de los PO ronda el siglo, si como dice G Bueno en el Ensayo de una Definición Filosófica del Deporte, «la planificación y la programación supone una rotación en el tiempo espiral que propone (propositivamente) al después como realidad aureolar (ya dada), como condición de lo que hay que hacer desde ahora para llegar objetivamente al después aureolado», los PO, en función de la escala secular del turno, en realidad, son proyectos aureolares, transgeneracionales.

El cálculo del turno, como edad en la que se produce el máximo rendimiento en volumen acumulado de madera, en los sucesivos e indefinidos turnos, se obtiene, a priori, como una identidad sintética obtenida por el cruce de la curva de crecimiento medio (cociente de las exsitencias en ese momento por la edad de la masa) y la curva del crecimiento corriente (variación instantánea, anual o quinquenal, del volumen). No obstante, este no es el turno utilizado para articular la división dasocrática, sino que a este criterio de la máxima producción en especie hay que añadir criterios financieros, técnicos (tamaño comercial de los fustes), ecológicos, etc, por tanto, las operaciones, lejos de ser eliminadas en los resultados, son requeridas de nuevo por estos, a título de decisiones y estrategias{8}.

La Gloriosa Turno de máxima renta en madera para un rodal de Pinus halepensis de Calidad 14 sometido a un régimen moderado de claras (Montero et al., 2001). La flecha señala el lugar geométrico del turno, aunque la máxima producción se mantiene en el intervalo entre 60 y 78 años. Fuente: Manual de Ordenación de Montes de Andalucía, Consejería de Medioambiente 2004

Es un ejemplo de que en los PO, como parte de la capa básica de la CF, aparecen estructurados o entretejidos operatoriamente los fenómenos del monte según un curso de concatenación, no cerrado por identidades sintéticas, sino por ciertas estipulaciones ad hoc del ingeniero ordenador{9}. Por tanto, en la ordenación no hay cierre posible que no sea el cumplimiento de los planes del ingeniero, es decir estamos en metodologías Beta 2.

Otro de los conceptos clave para poder entender la CF, y con repercusiones en la comprensión del mito de la Naturaleza, es el de la persistencia, Serrada lo enuncia diciendo:

«El hecho de que la producción que la Selvicultura persigue deba ser, por definición, continua, nos enfrenta con el principio de persistenciade la masa vegetal, tradicionalmente enunciado y aplicado por los forestales, que concuerda con lo expresado al hablar de la permanencia del monte y que es lo mismo que lo preconizado recientemente por las estrategias de conservación de la naturaleza al hablar del uso racional de los recursos naturales renovables o de sustentabilidad o sostenibilidad»{10}.

La persistencia en los proyectos de ordenación es una condición mínima de la ordenación en la medida que impone como objetivos «Que se utilicen por el vuelo las energías del suelo y del ambiente sin interrupciones previstas», que «el vuelo no deje de ocupar el suelo durante tiempo alguno apreciable»..., teniendo como fundamento de estos objetivos «la condición de extensión suficiente»{11} .

Un aspecto que hay que resaltar de la persistencia es que da lugar al denominado «diagrama clásico de la Valoración de Montes»{12}:

Valor: V0, V1, V2,....................VT...................................V2T..........

Años:   0,  1,  2, …................... T …................................ 2T …......

V: valor monetario del monte T: turno o edad de madurez óptima

En el contexto cronológico de este diagrama el turno adquiere un significado transcendental, por un lado porque la duración media del turno es superior al siglo, que sería el radio del presente histórico humano (pues más o menos ocupan un siglo los hombres vivos que influyen sobre mi generación y aquellos en los que mi generación influye ){13}, y, porque supone una sucesión de turnos tras turnos hasta el 8, no hay que confundir con la situación inversa: que este turno vaya, en alguna medida, a ser la unidad del tiempo histórico, puesto que esta unidad se pondrá en la duración de los individuos humanos, en la muerte de los ciudadanos{14}. Además, el turno es la edad de madurez productiva de la masa considerada atributivamente, que normalmente es bastante inferior a la longevidad natural de cada árbol distributivamente.

Como ejemplo, algunos de los métodos utilizados por la CF en relación al término masa forestal, podrían ser:

- Modelo de cánones: Por ejemplo, la morfología final a la que se tiende es la de Monte Normal o regulado con una densidad, estructura y composición específica normal (estadísticamente), y con una distribución normal de clases, para la producción regularizada de madera.

- Clasificación por tipologías: Por ejemplo, una morfología es «Masa monoespecífica de pino laricio con fracción de cabida cubierta del 50%»

- Definiciones: además de las abundantes definiciones deícticas de masa forestal, existen otras definiciones que pretenden ser lo que Gustavo Bueno denomina «capsulas taxonómicas»{15} . La dificultad, no resuelta, es la de la consideración de la masa como todo atributivo o como todo distributivo, la de la relación del todo con las partes, y la de la distinción de partes materiales y partes formales de la masa.

Finalmente, y aunque ya se ha dicho que no se pretende realizar un análisis gnoseológico, se deja apuntado que, quizás sea en el concepto de espesura, como relación entre el vuelo y el suelo (competencia, densidad,...) donde habría que rastrear la busqueda de esquemas materiales de identidad, cristalizadores de contextos determinantes de las variables dasométricas. De echo, los simuladores informáticos predictivos del comportamiento de una masa forestal ( crecimiento y producción) utilizan dos estrategias comunes de modelización (BUENO y BEVILACQUA, 2010), (i) la formulación de una componente de crecimiento potencial combinada con funciones modificadoras que consideran los efectos de los procesos de competencia, regeneración, reclutamiento y mortalidad sobre el crecimiento potencial y (ii) modelos compuestos, basados en ecuaciones que predicen el crecimiento diamétrico en función de las variables que caracterizan al árbol individual o el rodal{16}.

3.- CONSTRUCCION DE UNA DEFINICION DE MONTE.

1) Existen muchas definiciones enumerativas del monte, sin ánimo de ser exhaustivos, ni de intentar hacer un muestreo sistemático, se exponen algunas de las que se considera más relevantes, por estar construidas utilizando conceptos de distintos dominios:

En el inventario de existencias del monte, que se realiza sobre una superficie definida y cerrada «El monte es una unidad administrativa, natural y económica expresamente reconocida por la legislación vigente. Responde a una persistencia, y a una extensión de amplitud suficiente para planificar su producción»{17}. Como campo donde aplicar las técnicas selvícolas la definición es más borrosa, por ejemplo, Ramos Figueras se refiere a «masa forestal o monte natural» como el mismo concepto y da una definición que lejos de ser manejable convierte al monte en un concepto totalmente inoperativo, «toda agrupación de vegetales en espesura y que ocupa una gran extensión, es decir una entidad biológica natural y autónoma constituida por la masa vegetal y el medio. Cuando las especies vegetales más superiores de todas las que constituyen la masa son del estrato arbóreo la masa se llama arbórea o bosque»{18}. En el Manual de Ordenación de Montes de Andalucía el monte se considera como un sistema compuesto tanto de «valores vivos de fauna y de flora, como de las infraestructuras que permiten su conservación y aprovechamiento»{19}.

Mención especial merece la investigación, de lectura imprescindible, que realiza Luis Gil Sánchez de la voz «Montes», no tanto por el análisis etimológico de la voz monte, palabra romance derivada del latín silva (próxima al griego selva, también madera, materia) que aparece ya en textos del año 822, sino por el análisis del significado con que se utiliza esta palabra. La voz monte se utilizaría para referirse a terrenos elevados y abruptos, originariamente con cubierta arbórea, frente a terrenos llanos y cultivados, que tienen que ser desmontados para su cultivo. Durante el siglo XIV se incorporaría el extranjerismo (propio del italiano septentrional, occitano, francés y catalán) bosque para referirse a superficies arboladas, y forestal (siglo XIX del alemán forst) aplicado a un monte con dueño y sobre el que se invierte y se trabaja heredamos montes y legamos forestas. Cuando se produce la pérdida de la condición arbolada del monte comunal, por sobreexplotación y usurpación, se seguirá utilizando bosque para terrenos arbolados reservados para lo nobles o la Corona (por ejemplo del famoso Bosque de Doña Ana del ducado de Medina Sidonia), pero no se sustituye la voz monte, sino que se sigue utilizando, a pesar de ya no ir referido a terreno con cubierta arbórea, para referirse, ahora, al «terreno de lo arcaico». Con la intensa actividad reforestadora del 1940-82 y con el crecimiento «espontáneo» de masas forestales, por abandono de cultivos en la acutalidad, se produce la situación inversa, la de heredar «forestas» y tener el reto de transformarlas en «montes»{20}.

Esta acepción de bosque, como terreno arbolado prístino, frente a monte, como terreno arcaico trillado por las vicisitudes históricas queda bien reflejado en el libro «Los Bosques Ibéricos»{21}sus autores tratan de distinguir el bosque del monte, de manera que «lo que tipifica al bosque es el predominio de árboles» y el monte es una de las tres partes de la dehesa (que se diferenciaría de los bosques por ser un sistema antropizado) caracterizado por ser el sistema (los otros dos sistemas serían los pastos y la labor) más maduro de la dehesa, «resto en muchos casos del bosque original»; ese bosque original es aquel en el que «el árbol es un elemento conspicuo y repetido en la fisonomía de la formación vegetal, con independencia de su talla, densidad (número de pies por hectárea) o grado de sombra porporcionado por su cubierta». Sin prejuicio de la confusión de términos, lo interesante de este análisis es la afirmación de que el bosque existiría con independencia de cualquier medición practicada sobre él, o dicho al revés ¿sería la medición practicada al bosque lo que lo convertiría en monte?.

Más precisa, sin prejuicio de la amplia casuística que despliega en su aplicación, es la definición técnico-jurídica: «se entiende por monte todo terreno en el que vegetan especies forestales arbóreas, arbustivas, de matorral o herbáceas, sea espontáneamente o procedan de siembra o plantación, que cumplan o puedan cumplir funciones ambientales, protectoras, productoras, culturales, paisajísticas o recreativas. Tienen también la consideración de monte: a) Los terrenos yermos, roquedos y arenales. b)...» (Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes).

2) El concepto de monte engloba conceptos de diferentes dominios del campo y de campos diferentes (Botánica, Edafología, Topografía, Economía...), como reconoce Luis Gil Sánchez «los términos que aluden al espacio arbolado responden a ideas y estratos ligüísticos distintos, ligados a diferentes etapas históricas; cuyo empleo y significado evolucionan o surgen de acuerdo con los conceptos que designan.» Se podría decir que desde este contexto «monte» es una idea y que estas definiciones idiográficas están dadas desde la perspectiva de las esencias fijistas, porfirianas, que oscurecen y confunden, más que aclaran y distinguen. El objetivo es, siguiendo la «metodología» de las definiciones recogida en el libro de Gustavo Bueno «Ensayo de una definición filosófica de la idea de deporte», la construcción de una definición más eficaz, que de cuenta del monte, para lo que se va a recurrir a la perspectiva de las esencias evolucionistas (núcleo+curso+cuerpo).

En primer lugar hay que recortar de otros dominios de Mi (mundus adspectabilis), más o menos amplios, una morfología de fenómenos sobre la que construir la definición de monte. Para fundamentar el recorte de esta figura, sobre el fondo fenomenológico, se va a utilizar el concepto de estroma del MF{22}. Hay un sujeto operatorio responsable de la organización del estroma (estroma ί) puesto que, como hemos entredicho anteriormente en la definición de bosque que se da en el libro Bosques Ibéricos, el monte se segregaría a escala antrópica por medición paramétrica respecto de otro(s) estroma(s) dado(s) a otra escala. No es ya que el estroma (que denominaremos monte), como unidad, haya que considerarlo como estroma de una unidad mayor, como podría ser el estroma bosque o el estroma selva virgen , sino que se configura frente a ellos que, a su vez, se configurarían por otras categorías. Dicho de otra manera, el contorno del monte se recorta en el contexto de un territorio, por tanto inserto en la capa basal actualizada de una sociedad política, y está formado por una linde que separa su dintorno, que se verá en que consiste, del entorno donde se cruzan diversas corrientes energéticas y materiales.

En segundo lugar, esta configuración, puesto que el recorte o segregación se hace en el contexto del territorio de una sociedad política, nos permite considerar al monte como una categoría del espacio antropológico (que nos permitirá eludir la dicotomía natural/artificial) con una serie de características objetuales que nos permitirá definirlo como institución (dada, a priori, en el eje radial), y, como institución económica, en tanto que institución de la capa basal. La institucionalización de este estroma, a su vez, tendrá que dar cuenta del paso del bosque como categoría biológica al monte como categoría económica.

3) Para todo lo que tiene que ver con el análisis de las características del monte que permita poder definirlo como institución, se va a seguir el «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones» de Gsutavo Bueno{23}.

a) «Estructura hilemórfica». En el estroma que se recorta con la figura del monte se pueden ditinguir, entre otras:

- Como partes materiales habría que contar los árboles considerados distributivamente, uno a uno; las hectáreas de suelo destinadas a distintos usos; las señales, hitos y postes, no georreferenciados de la linde; etc.

- Como partes formales habría que contar las formas concretas y definidas de masa forestal; la composición teselar de usos a que se destina el suelo; los mojones georreferenciados de la linde; etc.

Cuando nos referimos a la institución monte, su forma continente es la de una unidad de explotación económica de una parte del territorio, desbordada por la materia contenida, en tanto orden impuesto a esa materia con leyes y mecanismos propios.

b) Carácter sistático. El monte es una institución compleja, constituida por ensamblaje sistático, co-determinado estructuralmente, de diversas instituciones simples o complejas. El recorte territorial procedería, emic, por ensamblaje de la institución «finca privada» con la producción propia de su dintorno cuando la producción es institucionalizada como bien comercializable (incompatible con un aprovechamiento comunal de servicios). Etic, se demostrará cuando se analice el curso de la institución, que el recorte es un corte entre una categoría biológica y una categoría económica.

c) Coexistencia.La institución monte coexiste con la institución jurídica «finca privada», con la institución económica aprovechamiento comercial planificado, etc, no como complejo de instituciones sino como institución compleja.

d) Racionalidad. Los tres momentos o fases de la racionalidad del monte(racionalidad ordinaria) se van a analizar, por similitud con el ejemplo de institución compleja del soldado fusilero que analiza Gustavo Bueno en «Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones», con el ejemplo de la institución compleja del Ingeniero de Montes.

- El momento (I) o de posición operatoria de partes, respecto del monte se reconocerá en la circunscripción, dada in media res, de una parte de los productos aprovechables, y respecto del ingeniero en la operación de la elección del territorio apropiado.

- El momento (II) o de contraposición, a nivel del monte se establecerá en la estructura de la masa forestal que resulte de ser explotado, y a nivel del ingeniero se establecerá en la contraposición entre la dinámica natural de la formación vegetal y la dinámica de la masa forestal explotada.

- El momento (III) de recomposición se cumplirá en el monte que alcance el estado de monte normal y por parte del ingeniero cuando vea cumplidos, aureolarmente, sus planes (sus Proyectos de Ordenación) sobre el territorio seleccionado.

e) Normatividad. No se refiere a las normas preceptivas aplicables a los montes, impuestas legalmente, a los derechos y obligaciones de los propietarios y usuarios, sino a la norma inmanente, constitutiva del monte. La normatividad del monte estaría no solo en los procesos de delimitación efectiva de la linde, la linde victoriosa de los pleitos de propiedad con los colindantes, sino también en la circunscripción de una parte de territorio efectiva, de un monte con las dimensiones adecuadas para constituirse en unidad de explotación que garantice la recurrencia económica.

f) Condición axiológica. La condición axiológica del monte queda de manifiesto en la continua variación de la composición teselar del aprovechamiento del territorio. La «puesta en valor» del monte adquiere su polaridad por la incompatibilidad con los otros dos grandes usos institucionales de aprovechamiento del territorio: uso agrícola y uso urbano (considerando incluido en el uso urbano las infraestructuras, explotaciones mineras, embalses,...).

Una clasificación metódica de la institución desborda los límites de este trabajo, la clasificación que más interesa, para la posterior definición nuclear, es la realizada según criterios semánticos materiales, es decir, según la materia o contenido del espacio antropológico. En el monte se pueden identificar contenidos radiales: árboles, mojones, casas, caminos, cortafuegos, ganado, fauna silvestre, etc; contenidos circulares: guardabosques, leñadores, ganaderos, cazadores, excursionistas, etc; y, si como sostiene Alfonso Tresguerres{24} la caza es una ceremonia constitutivamente angular, habría que considerar también en el monte contenidos del eje angular.

Sin embargo, tanto los contenidos del eje circular como los del angular hay que considerarlos de modo oblicuo, y no ya porque los contenidos del eje angular, a efectos de la dinámica del monte, se pueden reducir a su condición de herbivoría sobre el vuelo, a un balance entre la carga pastante y capacidad sustentadora mediante tablas de equivalencia para carga pastante, especie cinegética/Unidad de Ganado Mayor ( por ejemplo, un ciervo equivale a 0,25 vacas), y, los contenidos del eje circular, de manera similar, se puedan reducir a la condición de superficie ocupada (senderos, áreas recreativas, edificaciones...) a descontar de la superficie útil destinada al vuelo, sino porque, es el monte, en su dimensión territorial, el que es efecto de la capa conjuntiva y cortical. De la misma manera, se puede decir que la ceremonia angular de la caza, que por otro lado se puede considerar como institución ceremonial con su propio desarrollo, más que ser fruto de la institución monte, se organiza en el espacio antropológico y recae oblicuamente sobre el monte. En Etimologías, San Isidoro deriva nemun (divinidad) de nemus (bosque) porque los paganos colocaban en los bosques a sus ídolos{25}. Cuando se considera a la caza y demás relaciones circulares que se den, como ejecutadas oblicuamente en el monte desde el cuerpo de las sociedades políticas, y no a la inversa como relaciones emanadas de modo recto del monte, es cuando se puede clasificar al monte como institución inmueble y, por tanto, del eje radial, cuyo nexo es a través de la riqueza que aporte a la capa basal de esa sociedad política.

Esquemáticamente, la institución monte se podría clasificar:

1) Eje semántico

1.1.- Criterios semánticos formales (holóticos)

1.1.1.-Desde categorías sistáticas …......................I holotética

1.1.2.- Desde catetorrías sistemáticas.....................I partitiva

1.2.- Criterios semánticos materiales …...................I radial*

2) Eje sintáctico

2.1.- Criterio 1....................................................... I operativa

2.2.- Criterio 2....................................................... I holotética

2.3.- Criterio 3....................................................... I local

2.4.- Criterio 4....................................................... I fría

3) Eje pragmático …...............................................I normativa

4) Definición nuclear.

La definición nuclear parte de un núcleo, emanado de una raíz genérica, que no es la esencia del concepto, del definiendum, sino que equivale a un «programa» de construcción de la esencia, desarrollado según un curso que da lugar a las sucesivas capas de un cuerpo.

a) La raiz genérica del monte, como institución económica, es una categoría biológica que se corresponde con las comunidades vegetales terrestres. El estudio de las comunidades vegetales (composición florística, características ecológicas y dinámica de relación de unas comunidades con otras) corresponde a la Fitosociología; sin prejuicio de los resultados de la Fitosociología en relación al modo que tienen de agruparse las especies vegetales sobre un territorio concreto (en «forma» de asociaciones), a efectos de la consideración de las comunidades vegetales como raíz genérica del núcleo del monte, interesa saber que en estas comunidades se dan, tanto relaciones paratéticas (por contigüidad) entre sus componentes (competencia, dominancia, espesura...), como relaciones apotéticas de aprovechamiento energético por parte de los productores secundarios (incluido el hombre) del ecosistema.

El paso de comunidad vegetal (categoría biológica) a monte (categoría económica) no se dará por llegar a un punto crítico, inmanente, entre los distintos niveles tróficos que soporta la comunidad vegetal, en cuyo caso se seguiría perteneciendo a la categoría biológica; tampoco se dará por algún tipo de agente externo que establezca un corte ad hoc, y en cuyo caso nos moveríamos en categorías metafísicas; se dará cuando el aprovechamiento energético consista, no en una transformación biológica (de proteina a proteina) o meramente instrumental (de palo a lanza o de tronco a canoa) sumergida, aún, en la comunidad vegetal, sino cuando consista en una segregación de objetos enclasados, es decir, en una operación proléptica, consistente en la extracción de esos objetos enclasados hacia un atractor que sea distinto de los poblados neolíticos (que se regirían, aún, por leyes biológicas), dicho atractor no puede ser otro que la ciudad, por tanto, esta operación «de paso» será presentada como el plan de una sociedad política.

Dicho de otra manera, movilizando los conceptos de economía política del MF{26}, las comunidades vegetales serían una despensa, de ciclo continuo, de servicios (madera, pastos, cortezas para taninos,...), que funciona por rotación permanente del vuelo al suelo y del suelo al vuelo, movida por la fotosíntesis, el ciclo del C, el ciclo del N, etc, cuando estos servicios, por motivos sociológico-históricos, con la ciudad como atractor, se convierten en soporte de un valor de cambio, es cuando adquieren significado económico, es decir, cuando se convierten en un bien (evaluable en una cantidad de dinero), por tanto, la diferencia específica es la producción humana, consistente en una extracción; sin extracción habrá que hablar de tasa de descomposición de la materia orgánica. Ahora bien, la ciudad no ejerce de atractor por una supuesta ubicación geográfica, privilegiada, respecto de su hinterland, sino por la misma dialéctica del desarrollo de las ciudades respecto de los bienes. Es decir, no funciona de atractor una castorera en la que, se puede decir que la «madera» es concentrada más que extraída, acabando por descomponerse sin convertirse en un bien, en tanto que esta «concentración», aún siendo ex situ, se hace como condición de supervivencia de la especie. Otro tanto se puede decir del aprovechamiento que hace del tronco de los pinos, como soporte de galerías para el desarrollo de la fase larvaria, el Tomicus piniperda, los árboles afectados mueren y se descomponen en la misma ubicación de su lugar de crecimiento, por tanto, más que de extracción se trata de eliminación, en esta caso, in situ.

De lo dicho, podría interpretarse que en la categoría biológica está inserta una «conducta etológico-leñadora» y que a la categoría económica se llega por una «praxis técnico-maderera» (núcleo técnico de la ciencia forestal), existiendo entre ambas conductas un hiato infranqueable, inexplicado, que nos coloca en el dualismo natural/artificial. Este hiato se resuelve reconociendo, en ambas «conductas», la existencia tanto de un momento subjetual como de un momento objetual{27}, institucionalizado, en la praxis económica, el momento objetual, la oposición natural/artificial jugaría, ahora, a través de la oposción entre servicio/bien. Precisamente, es en este plano categoríal, donde el monte, como institución no ceremonial a-operatoria* (dinámica) actuaría como causa formal de la praxis técnico-maderera. * La segregación del sujeto operatorio se produce en el momento en que encajen todas las piezas del puzzle de la delimitación territorial, sin prejuicio de que se trate de un encaje dinámico, dialéctico, en continua revisión.

La conversión de estos servicios en bienes es posible, pues, cuando los servicios empiecen a darse como insertos en la capa basal, descubierta y actualizada, de una sociedad política concreta, siendo entonces cuando la institución del monte «aparece», no súbitamente, sino en un curso de desarrollo del núcleo en las capas de un cuerpo, curso que se despliega correlativamente al paso de la «conducta etológico-leñadora» en explotación económica. Llegados a este punto, el ciclo continuo de dispensa de servicios de las comunidades vegetales queda subcoordinado a los imperativos económicos, y el monte, a su vez, se injerta, con el núcleo en su raíz genérica; El núcleo consistirá en lo que en el apartado 2 se ha definido como persistencia: «Que se utilicen por el vuelo las energías del suelo y del ambiente sin interrupciones previstas», es decir en la rotación recurrente y transcendental del suelo al vuelo y del vuelo a suelo.

La persistencia, por un lado se opone a esquilmación proléptica, tanto positiva como negativa (por dejación de planificación ó por superposición de otras planificaciones incomposibles), de las energías del suelo y del ambiente, que interrumpiría este ciclo «permanente»; y por otro lado, se opone opone al ciclo continuo de utilización por el vuelo de las energías del suelo y del ambiente, de las comunidades vegetales, así, toda vez que dicho ciclo continuo es cortado por la Edad de madurez ó Turno de la masa forestal, la persistencia será una persistencia transcendental a la repetición de sucesivos Turnos. Un caso extremo es cuando en la ordenación el Turno se haga coincidir con la longevidad de la especie principal, en este caso los criterios económicos quedan subsumidos a los biológicos, pero sin inversión de categorías, que, en todo caso, únicamente se produciría cuando no hubiese explotación.

Definida así la persistencia permite distinguir la explotación forestal de otras explotaciones: en una explotación minera no tendría sentido hablar de un nucleo de persistencia puesto que los ciclos de reposición no es que sean transcendentes, es que se dan a escala geológica, que desborda completamente la escala humana; en una explotación hídrica, por ejemplo, de un acuífero, hay ciclos anuales (año hidrológico) de recarga y la explotación se ordena por un balance de entradas y salidas; una explotación de ganadería, por ejemplo de ganado bravo en una dehesa, es un factor más en la ordenación de la persistencia del monte en el que pasta; en una explotación agrícola intensiva, en la que se pueden incluir los cultivos forestales (con método de ordenación por cabida: choperas, ecualiptares, pinares de Pinus radiata, etc.), el nucleo no es la persistencia sino la cosecha del cultivo; en una explotación agrícola integral, por ejemplo, un olivar (o un viñedo ecológico), el núcleo no sería la persistencia de un olivar tras otro, en el mismo suelo, sino la sucesión de cosechas; lo característico, la diferencia específica, de la persistencia como núcleo del monte, además de la sucesión de cosechas, es que no haya interrupción en la rotación del suelo al vuelo, que la raíz genérica sea el patrón donde se injerta el monte.

b) El curso que desarrolle el núcleo, por tanto, será la explotación que logre la persistencia, es decir la explotación ordenada o, lo que es lo mismo, la ordenación de la explotación. Por ordenación, que no tiene porqué ser una ordenación «científica», se entenderá:«Ordenar un monte es organizarlo conforme a las leyes económicas, sin infringir las biológicas que la investigación selvícola y epidométrica revelan», «Ordenar un monte es dar realidad económica a su capacidad rentable, en grado máximo y por tiempo indefinido» (Mackay 1944).

De las distintas condiciones de la ordenación, la que nos interesa es la «condición de extensión suficiente» (Mackay 1944), entendiéndola, no tanto como una superficie mínima a partir de la cual sea procedente la ordenación, sino como la condición de que es necesario una delimitación extensional para poder ordenar. Poniendo aquí, precisamente, el origen material de la ordenación: en el momento histórico en el que, posteriormente a la apropiación territorial que da lugar a la formación del Estado, se procede a la delimitación concéntrica (reparto) de la capa basal de ese Estado en extensiones distintas, como dice Gustavo Bueno en el Primer ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas{28} «un Estado en el que la propiedad territorial no estuviese repartida no sería todavía un Estado»; dicho sin prejuicio de que esta delimitación se produzca en sucesivos frentes de onda, como cuando, tras la Guerra de la Independencia, y ya bien avanzado el «reparto» del territorio arrebatado al Al-Andalus, se promulga el decreto de 4 de enero de 1813 que intenta conciliar las propuestas reformistas y las decididamente liberales en torno a los propios, baldíos y realengos y se dispone que la mitad de las tierras se repartan, gratuitamente, en plena propiedad también, entre quienes habían participado en la guerra de la Independencia{29}. Una nota característica de esta delimitación es que, en el seno del Estado, no implica, necesariamente, el cerramiento, sino únicamente mojones; arca (mojón) toma su nombre de arcere, pues custodia las lindes del campo y prohíbe entrar en ellas (San Isidoro). En un hipotético Estado sin delimitación de su capa basal, la ordenación abarcaría la capa cortical completa, en planes quinquenales ó de cualquier otra duración.

Lo importante, en todo caso, es que será en unas extensiones territoriales concretas donde surgirá, tangencialmente, una fuerza centrífuga, que representa las extracciones efectuadas, y una fuerza centrípeta, que representa la condición de raíz genérica. El producto vectorial de estas fuerzas representará el eje rotacional, de módulo variable, por tanto, la rotación no es un Perpetuum mobile. El colapso del monte, el bloqueo de la rotación, se producirá por descompensación de los módulos de esas dos fuerzas, tanto por exceso, como por defecto. Por ejemplo, es fácilmente comprensible que una extracción de energía por exceso conduciría a la esquilmación del monte, pero un caso de discusión muy actual, es que si la extracción es por defecto (caso de montes poco explotados) se produce una acumulación excesiva de biomasa (una deficiente descarga de combustible), dando lugar a una estructura que conforma un modelo característico de combustible forestal, que es la causa de mega incendios forestales que, por su severidad en la combustión, consumen el monte hasta reducirlo a sus partes materiales, desde las que no es posible la regeneración que, sí sería posible, en el monte mediterráneo, con incendios de menor severidad que se producen en montes explotados. Del lado de la raíz genérica, de discusión muy actual también es la denominada Fire Paradox{30} que, en esencia, consiste en la paradoja que supone un exceso de intervención de los operativos contraincendios, que al acudir, por presiones mediáticas, a sofocar cualquier incendio, se produce el efecto contraproducente de incrementar del riesgo de mega incendios forestales por interrupción del régimen «natural» del fuego. Con la raíz genérica puede ocurrir, también, que se tome como forma aureolar ideal, como objetivo de la ordenación del monte, la de un bosque «natural», autorregulado, sin perturbación humana, etc, es decir, que se tome como forma aureolar a la propia raíz genérica del monte, nos encontraríamos, en este caso, con un ejemplo típico de refluencia institucional.

c) La acción del núcleo del monte, a través de la ordenación envolvente de ese núcleo (respecto de procesos que tienen lugar en el eje radial), dará lugar a una reorganización de las partes afectadas de la comunidad vegetal, en la cual se da inserto el núcleo, que, a su vez, recibirá una impronta de unidad en un cuerpo con tres capas coodeterminadas. La acción del núcleo en el soporte de la comunidad vegetal determinará una capa de contenidos estructurales que denominaremos suelo. La acción del núcleo en la parte cíclica, rotacional, de la comunidad vegetal, determinará una capa de contenidos funcionales que denominaremos vuelo. La acción del núcleo respecto de la circunscripción (condición de extensión determinada) de la comunidad vegetal determinará una capa de contenidos delimitativos que denominaremos linde.

De estas capas, sobre las que recaerá la acción ordenadora, se va a hacer un breve apunte y en el apartado siguiente, donde se realizará una interpretación de la ordenación, considerada como caso particular de la aplicación de los 9 poderes del Estado, es donde se comprobará su mayor o menor eficacia:

- El vuelo constituye el volumen del monte. Su límite inferior es el perfil del solum al que alcanzan las raíces vegetales, o en todo caso, hasta donde se dan procesos de edafogénesis, puesto que será el límite de la rotación del suelo al vuelo. El límite superior coincidirá con la altura media de vuelo de las aves nidificadoras (las aves migratorias no se consideran pertenecientes al vuelo del monte, sino al espacio aéreo de la capa basal limitado por la capa cortical), puesto que será el límite de la rotación del vuelo al suelo (Ave que vuela a la cazuela). No pertenece al monte la rotación del dióxido de carbono y el oxígeno, este es un ciclo de la dinámica atmosférica que envuelve al monte, el monte en este ciclo envolvente actúa de filtro percolador.

- El Suelo es el solar, la porción de terreno que sirve de soporte estructural en competición con otras producciones que pueda soportar.

- De la linde hay que dejar hablar a San Isidoro cuando dice: 1. Se da este nombre a los confines (fines), porque los campos se dividen con cuerdas (funiculus).En el reparto de las tierras se tienden las cintas métricas para que las medidas resulten justas. 2. Las lindes (límites) se denominaban con el antiguo nombre de transversi, pues nuestros antepasados llamaban lima a todo lo que estaba atravesado (transversa). De aquí viene el que los umbrales de las puertas se conozcan como limina, porque hay que cruzarlos al entrar o al salir; y también el nombre límites (lindes) porque se cruzan para entrar o salir de los campos.

5) Una vez construida, en el regressus, la definición esencial del monte, se va a dar una definición en forma de cápsula taxonómica que permita, en el progressus, volver a los fenómenos del monte:

El monte es una institución económica que, en su desarrollo evolutivo, racionaliza las masas forestales según morfologías operatorias.

Determinar que sean esas morfologías, corresponde a la Ciencia Forestal, determinar cuales deban ser esas morfologías, corresponde al poder de la capa basal del Estado.

6) Sobre la eficacia de esta definición nuclear del monte habría que indagar en algún momento histórico de alguna sociedad política concreta, en el que se haya producido algún tipo de ordenación de los aprovechamientos forestales. Así, por ejemplo, en Columela la ordenación es más bien enfocada al monte como entorno, distingue tres géneros de terrenos: el de las llanuras, el de las colinas y el de las montañas con seis especies cada uno, y, de los terrenos cubiertos de árboles y matas únicamente dice que hay dos modos de reducirlos a cultivos. En San Isidoro aparecen conceptos más enfocados a la ordenación del dintorno, habla de recidiva que son los árboles que se plantan para repoblar el lugar que otros han talado, aunque dice que hay quienes opinan que recidiva deriva de cadere, porque nacen después de que otros han caído, y otros autores creen, en cambio, que deriva de recidere (talar) y de repoblar, en definitiva, concluye, recidivum es el lugar en que hay muerte o caída.

Como caso más emblemático (por la posibilidad de poder establecerlo como un punto cero) se propone el estudio, que desborda el ámbito de este trabajo, del curso de la ordenación de los aprovechamientos forestales (con el correspondiente desarrollo del núcleo y conformación del cuerpo) que se produce en la hispania de la «Reconquista», cuya unidad global interna se co-determina frente al Al-Andalus, al rebasarlo arrebatándole sus riquezas{31}, y, que posteriormente a la unidad de este rebasamiento se reparte, delimitándose concéntricamente mediante establecimiento de realengos, señorios, comunes y propios, baldíos, etc, y con las operaciones de rompimientos de tierras y roturaciones como métodos generales de usurpación y apropiación interna. Obviamente, como continuación de la implantación de la institución del monte en esta etapa, también es interesante el estudio de la evolución del «transplante» de la institución en las tierras de Ultramar, con la «Conquista» de América.

Más estudiado, y documentado, está el papel, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, de los Ingenieros de Montes, principales protagonistas, a partir de la fundación de la Escuela de Ingenieros de Montes en 1846, del monte como Ingenieros ordenadores. Por abreviar se apunta, por un lado, la tesis que defiende José Ramón Moreno{32} de que «los Ingenieros de Montes no fueron creados para presentar oposición a otras medidas de signo liberal –la desamortización-, pues ello hubiera supuesto una clase de masoquismo del Estado liberal imposible de justificar, sino para proporcionar a aquella los datos estadísticos necesarios para su puesta en práctica, y como medio de afianzar el dominio sobre las economías de los pueblos ayudando a la supresión de los privilegios que, hasta entonces, conferían una notable capacidad autorreguladora a los municipios en el terreno clave de la gestión de los patrimonios forestales», y por otro lado, la tesis que defiende Luís Gil Sánchez{33} para el que un número reducido de facultativos nacidos a la profesión en Villaviciosa, estaban ya inmersos en lo que, en palabras de un geógrafo (CASALS; 1988), «fue la más dura y prolongada contienda mantenida por un Cuerpo de funcionarios del Estado: la batalla por evitar la privatización de los montes españoles». Posición más ecléctica es la mantenida por Juan Ruiz de la Torre{34}que defiende, que tanto la Marina, como las grandes propiedades y los regímenes de propiedad o disfrute comunal tuvieron un papel destacado en la conservación de los montes, que la influencia negativa de la desamortización en la deforestación es exagerada, y que sin embargo es gracias al Catálogo de Montes de Utilidad Pública, obra del Cuerpo de Ingenieros de Montes, como se salvaron muchos montes hasta nuestros días de la codicia de la deforestación.

7) Una manera de clasificar los distintos tipos de montes que se usan en la ordenación y legislación forestal que, sin pretender ser exhaustivos, se podría resumir en: Montes de Utilidad Pública, Montes Protectores, Montes Productores y Montes con otras figuras de espcecial protección, es teniendo en cuenta que capa del monte predomina sobre las otras (consideradas una a dos ó dos a una). Montes de Utilidad Pública serán cuando el mantenimiento de la linde y el suelo prevalezca sobre el vuelo, cuando el objetivo es el reconocimiento de la propiedad de los montes con interés público ; Montes Protectores serán cuando el suelo prevalezca sobre el vuelo y la linde, pero no ya considerando la conservación, frente a la erosión, del suelo edáfico (que forma parte del vuelo), sino, considerando la protección (prevención de inundaciones, protección de colmatación de embalses...) que el solar que ocupa el monte proporciona al resto de predios, que serán ahora su nueva delimitación funcional ; Montes productores será cuando el vuelo y la linde prevalezcan sobre el suelo, cuando la baja rentabilidad de los cultivos agrícolas permita destinar parte de la superficie cerealística a cultivos de biomasa, donde incluso se pueden hacer aportes de fertilizantes al suelo. Montes con otras figuras de espcecial protección será cuando el vuelo y el suelo prevalezcan sobre la linde, cuando por motivos, no ya extra-forestales, sino, oblicuos a los criterios forestales (biodiversidad, valores forestales sobresalientes,...) se «des-delimitan» integrándose en otra categoría extensional.

VUELO

SUELO

LINDE

Montes de Utilidad Pública

X

X

Montes protectores

X

Montes productores

X

X

Montes con otras figuras
de espcecial protección

X

X

4.- INTERPRETACION DE LA ORDENACION DE MONTES COMO CASO PARTICULAR DE LA APLICACION DE LOS 9 PODERES DEL ESTADO.

Siguiendo la aplicación, de Gustavo Bueno, que la teoría sintáctica del poder político, hace del sistema gnoseológico (que distribuye el eje sintáctico en tres momentos: términos, relaciones y operaciones), la ordenación, gnoseológicamente, se distribuirá en tres momentos: como formación de términos(momento determinativo), como establecimiento de relaciones(momento estructurativo) y como ejecución de operaciones (momento operativo). Estos tres momentos de la ordenación, como es lógico, se aplicarán sobre las tres capas del cuerpo del monte, resultando de este cruce nueve fases de la ordenación, es decir, los Proyectos de Ordenación se articularían según estas nueve fases.

Ahora bien, sin prejuicio de esta estructuración gnoseológica de los PO, la capacidad ordenadora es política, procede de los tres poderes de la capa basal. En palabras del alemán Heinrich Cotta (1763-1844), considerado como el creador de la ciencia forestal, «Sólo el estado tiene la vida, el interés y los medios necesarios para criar, conservar y aprovechar el monte alto maderable»{35}, en esta línea su discípulo español y cofundador de la Escuela de Ingenieros de Montes, Agustín Pascual (1818-1884), en el periódico La España, inició una colección de artículos con el siguiente planteamiento: «¿De qué el ausilio de la ciencia si no se organiza por medio de un cuerpo facultativo?»{36}.

Así pués, y siguiendo el ejemplo de Felicísimo Valbuena en su conferencia de «Los nueve poderes políticos»{37}, se van a poner en relación, estas nueve fases con los tres poderes políticos de la capa basal.

La posible dificultad de entender la siguiente tabla es que en las columnas tenemos a las capas del monte que, todas ellas, pertenecen a la capa basal de la sociedad política, y, en las filas tenemos a los tres poderes de la capa basal (producto, a su vez, de los tres momentos del eje sintáctico con la capa basal) que actúan como momentos sintácticos de la ordenación. No hay que entender que exista una correspondencia biunívoca entre las 3 capas del monte y las 3 capas de la sociedad política (el vuelo con la capa conjuntiva, el suelo con la capa basal y la linde con la capa cortical), sino que el nexo del monte, a título de riqueza, con la sociedad política se produce a través de la capa basal, que es donde tiene su desarrollo el núcleo del monte; los poderes de la capa conjuntiva y cortical (legislación específica, creación de cuerpos facultativos, convenios internacionales...) se aplicarán a través de este nexo con la capa basal, sin prejuicio, de que como se sostiene en el Primer ensayo sobre las categorías políticas (BUENO 1991), el nexo de la capa basal con la sociedad política sea, preeminentemente, a través de la capa conjuntiva (la tierra, la patria, donde están enterrados los antepasados) y a través de la capa cortical (el territorio como resultante de la tendencia de cada sociedad política a mantener su identidad en cualquier lugar del espacio radial y de la presión de los otros Estados movidos por unas tendencias semejatnes).

Capas

Fases

Vuelo

Suelo

Linde

Poder gestor

Operaciones

Ejecución material (9)

Replanteo de la planificación (8)

Posesión (7)

Poder planificador

Relaciones

Normalización del monte (4)

División dasocrátrica (5)

Cartografía y Registro (6)

Poder redistribuidor

Términos

Determinación de espesuras (1)

Determinación de usos (2)

Investigación de la propiedad (3)

Tabla de las fases de la ordenación de montes.

Considerando la tabla registro a registro:

(1) Sería por ejemplo la clasificación en el Inventario Nacional Forestal entre monte arbolado Con fracción de cabida cubierta (fcc)> al 20%; monte arbolado raso fcc entre el 10 y el 20%; monte arbolado disperso con fcc entre el 5 y el 10%; bosque adehesado con fcc>5% y monte desarbolado con fcc<5%.

(2) Por ejemplo la clasificación de cuarteles de producción, cuarteles de recreo, cuarteles de protección,etc.

(3) Cuando en el artículo 20.1 de la vigente Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes establece que «Los titulares de los montes demaniales, junto con la Administración gestora en los montes catalogados, investigarán la situación de terrenos que se presuman pertenecientes al dominio público forestal, a cuyo efecto podrán recabar todos los datos e informes que se consideren necesarios».

(4) Esta fase se corresponde con el plan de cortas, plan de repoblaciones y plan de mejoras que es la ley que va a regir el monte. Según el tipo de monte, también puede incluir el plan de aprovechamientos secundarios (corcho, resina, pastos, caza...), pero en cualquier caso va a ser la norma directora del monte.

(5) Reparto superficial de las unidades inventariadas en tranzones y tramos anuales ó intermitentes de corta, con el mínimo sacrificio de cortabilidad.

(6) Aquí cobra especial relevancia el mapa como institución pragmática{38}, con función clasificadora, que se puede utilizar como prueba, que no como demostración, de la propiedad (Catastro y Registro de la Propiedad).

(7) Posesión pacífica o auxiliada por las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

(8) Cercas perimetrales o interiores, replanteo de cuarteles y cantones, trazado de caminos y cortafuegos...

(9) Ejecución de proyectos de obra, firma de contratos de aprovechamientos, construcción de infraestructuras...

Considerando las filas completas de la tabla:

- En la fila de los términos nos estaríamos moviendo en la parte del Proyecto de Ordenación denominada Inventario.

- En la fila de las relaciones nos estaríamos moviendo en la parte del PO denominada Planificación que comprende tanto al Plan General como al Plan Especial.

- En la fila de las operaciones nos estaríamos moviendo en lo que se corresponde con la ejecución del PO.

Considerando las columnas completas de la tabla:

- La columna de la linde representa el contorno, una membrana bidimensional con funciones de permeabilidad (por ejemplo, los cercados cinegéticos con una luz de malla que permita el paso de alimañas y otras especies silvestres).

- La columna del suelo representa las relaciones de valorización respecto del entorno, la superficie irá siempre referida al total nacional (en un hipotético imperio universal iría referido al total del globo terráqueo).

- La columna del vuelo, coincidente con el dintorno, representa la producción del monte, las masas forestales nacionales (parte formal) y la químioteca vegetal nacional (parte material).

Considerando la tabla completa tenemos, aureolarmente, el ortograma de la explotación ordenada, del monte ordenado o monte normal (normal estadísticamente).

5.- EL MITO DE LA NATURALEZA SE DICE DE MUCHAS MANERAS.

Como apunte para la discusión, a la luz de la definición propuesta de monte, en el progressus, se van a abordar algunas de las cuestiones que se presentan más o menos enmarañadas por el mito de la Naturaleza. De las distintas «versiones» del mito de la Naturaleza{39},la que más relevancia tiene, con relación al monte, es la que está presente en el ecologismo, veganismo, la valoración de lo Natural, la que se podría resumir en que hay que dejar la Naturaleza intacta y evitar lo artificial; un análisis detallado se encuentra en el Catoblepas, en el artículo de Leoncio González Hévia «El mito de la Naturaleza»{40}. Esta «versión» presente en el ecologismo participa de la definición, que se expuso al principio, que da Gustavo Bueno en el Antílogo al libro de Zerzan, y según la cual, el mito de la Naturaleza consistiría en suponer que existe una «Madre Naturaleza» que es «la naturaleza de las naturalezas», frente a la ontología del MF que considera que lo que hay es una pluralidad de fenómenos, estructuras, etc, referidas al universo, pero con un principio de discontinuidad expresado en la Materia Ontológico General.

No se considera posible, al menos en este artículo, desmitificar este mito oscurantista, por la cantidad de material que habría que remover y dejar huérfano de Madre. Sería suficiente con desbloquear la racionalidad, enfrentado al mito oscurantista la definición de institución propuesta.

- Biodiversidad. Por "diversidad biológica" se entiende: la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas{41}.

Esta definición que, al menos, tiene la virtualidad de ser un tanto heurística, no se corresponde con lo que la biodiversidad representa mundanamente, para hacerse una idea el mejor indicador es una visita (24 de abril de 2015) a la wikipedia:

«El valor esencial y fundamental de la biodiversidad reside en que es resultado de un proceso histórico natural de gran antigüedad. Por esta sola razón, la diversidad biológica tiene el inalienable derecho de continuar su existencia. El hombre y su cultura, como producto y parte de esta diversidad, debe velar por protegerla y respetarla.

Finalmente desde nuestra condición humana, la diversidad también representa un capital natural. El uso y beneficio de la biodiversidad ha contribuido de muchas maneras al desarrollo de la cultura humana, y representa una fuente potencial para subvenir a necesidades futuras.»

El enfoque que habría que dar a esta perspectiva esencial de la biodiversidad debería ser el que Gustavo Bueno le da, en Etnología y Utopía, al Museo, como «templo» en el que se custodian objetos intocables, y que, como objeto de la categoría de los objetos que contiene, es un objeto que queda fuera de categoría al no poder contenerse a sí mismo (entiéndase la biodiversidad como Laboratorio y sustitúyase Museo por Laboratorio). En el contexto de esta incontinencia se puede reinterpretar a la Exobiología como el intento de alcanzar una posición exterior, angular, desde la que obtener una perspectiva convexa del Laboratorio al completo.

Con los pies en el suelo, de vuelta a la tierra, hay que situarse en el plano fenoménico. Cuando a la biodiversidad se la considera como un todo distributivo, se le pueden asignar morfologías específicas mediante inventarios de especies e índices diversos que relacionan riqueza, variación, uniformidad,etc. Estas morfologías son posibles como catálogos referidos a una superficie concreta de estudio, es decir, las morfologías posibles son los distintos tipos de catálogos posibles circunscritos a un territorio. La acción política se produce con la creación de catálogos locales o nacionales, como epitome de los cuales, en españa, se crea por el Real Decreto 556/2011, de 20 de abril el Inventario Español del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad como «instrumento para el conocimiento y la planificación del patrimonio natural y de la biodiversidad, junto con el Plan Estratégico Estatal del Patrimonio Natural y la Biodiversidad y los Planes de Ordenación de los Recursos Naturales,de acuerdo a la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad»{42}.

Este Inventario, en realidad, es un inventario distributivo de inventarios específicos; no llega, aunque en cierto modo deja las puertas abiertas (puesto que cada comunidad autónoma tiene los suyos propios), y esta vía merecería un análisis más detallado, a ser un catálogo de catálogos autonómicos, en sintonía con la nación de naciones. Sin descender a la escala de los nacionalismos fragmentarios, considerando, por ejemplo, el Inventairo Español frente al Inventrio Francés, es fácil comprobar que, en catálogo, la biodiversidad adquiere connotaciones identitarias desde el eje radial. La consideración identitaria adquiere su máximo exponente en el proyecto de creación de bibliotecas nacionales de códigos de barras genéticos (D.N.I){43}.

No quiere decirse que la biodiversidad sea una magnitud despreciable, siquiera sea como campo de las ciencias naturales, como recurso económico, turístico, o incluso, si se quiere, como actividad soteriológica (prismáticos, cámara y guía en mano), ahora bien, cuando desde perspectivas lisológicas se sustantifica, adornado con su nomenclatura propia en latín y cuyo conocimiento erudito encarece al sujeto poseedor, se equipara, como contenido del eje radial del espacio antropológico, a lo que Luis Carlos Martín Jiménez dice sobre los bienes artísticos y culturales que «como «valores supremos» son los grandes fetiches que hay que adorar en el tiempo de ocio; tanto como las palabras que míticamente se refieren a ellos»{44}.

Por su parte el paisaje, cuya definición en el Convenio Europeo del Paisaje (año 2000) es: «cualquier parte del territorio, tal como es percibida por las poblaciones, cuyo carácter resulta de la acción de factores naturales y/o humanos y de sus interrelaciones», salvo las valoraciones estéticas y sentimentales, en su dimensión territorial, quedaría englobado en el concepto de monte o de catalogo de montes. De echo, la división inventarial del monte, a efectos de ordenación, va precedida de la segregación, en el plano general topográfico del monte, de las superficies agrícolas, de las superficies destinadas a pastos y de las superficies inforestales (no aptas para vegetación arbórea, donde se puede incluir el suelo urbano). Esta segregación, que se corresponde con la condición axiológica de la institución del monte, nos remite, en un cambio de escala, a la denominada Ordenación del Territorio (Planes Generales de Urbanismo, Planes de Ordenación de los Recursos Naturales, Planes de Ordenación de ámbito cormarcal,...) que cubre teselarmente todo el espacio, todo el paisaje.

- Rompimientos. Los regímenes de aprovechamiento de baldíos y comunales en la España medieval constituían un ámbito estructurado en comunidades de villa y Tierra de muy diversa extensión superficial, y determinados por los diferentes modelos de organización política (señorío laico o eclesiástico, y realengo){45}. Conforme avanza el tiempo desde los primeros repartimientos de la reconquista, la nobleza y los nuevos propietarios (la incipiente burguesía) aspiran a incrementar sus propiedades, la fuente de nuevas propiedades para satisfacer estas necesidades de tierras eran las propiedades obtenidas, la mayoría de las veces usurpadas, e incluso usurpadas a señoríos próximos, por roturación de baldíos. Siendo la misma nobleza la que se oponía a la roturación de nuevas tierras, con el fin de mantener el monopolio del comercio de cereales y exigiendo que las nuevas roturaciones de otros propietarios fuesen dedicadas a viñedo u olivar, y sin prejuicio de que fuera la nobleza la que realmente consiguió extender sus dominios a costa de los del común o de los propios, sobre todo en el siglo XVI{46}. En 1581 Felipe II, para sanear las arcas, decreta el «Plan General de venta de Baldíos» , la reducción de estos baldíos benefició especialmente a los grandes propietarios terratenientes.

Se podría decir que los baldíos representaban el reducto de la capa basal, la parte no descubierta (no des-montada) aún de la capa basal, y la dialéctica que presentan las roturaciones en esta época es, antes que por la desaparición de comunidades vegetales y bosques virginales, por la merma de capa basal todavía no des-montada que suponen esas nuevas roturaciones, en tanto que otorgadoras de la propiedad a sus roturadores. Por ejemplo, bajo la fórmula «El pino, la caída y el vuelo del hacha» se roturaban tierras, cuya propiedad se adquiría, una vez roturadas. Así se podría interpretar la representación que en 1687 se dirige a la reina madre para que no se den más licencias autorizando nuevos rompimientos de tierras.

En la actualidad las roturaciones, sin entrar en detalle sobre la protección jurídica de los montes públicos (inalienables, imprescriptibles e inembargables) y sin prejuicio de que, contra la usurpación, únicamente son autorizables ocupaciones temporales por interés general, se sustancian como cambios de uso, que se definen en la legislación vigente como toda actuación material o acto administrativo que haga perder al monte su carácter de tal. Además, los cambios de uso, con independencia de que el monte ha de ser particular, en la legislación vigente únicamente son autorizables, salvo que sean de interés general, como caso excepcional. Por tanto, la nueva dialéctica de las roturaciones, no es, tanto por el rompimiento, otorgador de propiedad, de la capa basal no des-montada, cuanto por la alteración que el des-monte (cambio de uso) pueda causar a unas propiedades, ya dadas, con funciones ambientales, protectoras, productoras, culturales, paisajísticas o recreativas. Es decir, lo que se rompe ya, no es el territorio no desmontado en tanto remanente de propiedad «sin repartir», sino, las funciones a las que, legalmente, queda sustraído ese territorio no desmontado aún.

- Espacios Naturales Protengidos (ENPs). Como precedente territorial (¿núcleo?) de los Espacios Naturales Protegidos se cuenta con el Catálogo de Montes de Utilidad Pública. No es objeto de este artículo reconstruir la historia del Catálogo, no obstante, como contextualización histórica, hay que decir que el Catálogo tiene sus antecedentes en la ley desamortizadora de Madoz de 1855, que establece la creación de una Junta Consultiva de Montes encargada de realizar la Calsificación General de los Montes Públicos (1859) en tres grandes grupos: 1) Montes que no podían ser enajenados 2) Montes que para autorizar su venta debían ser previamente reconocidos 3) Montes que podían ser declarados en estado de venta. Esta Clasificación, además de dar origen al primer mapa forestal, evoluciona hasta que, en 1901, se crea el Catálogo de Montes de Utilidad Pública que, con algunas revisiones, ha llegado hasta nuestros días.

Interesa aquí resaltar que el origen del Catálogo es contar con una estadística científica de la superficie forestal, según pueda ser, o no, enajenada. Los montes incluidos en el Catálogo tienen una conexión de tipo atributivo, respecto de la capa basal, dicho de otro modo, gnoseológicamente, el Catálogo es un procedimiento de clasificación ascendente y atributivo (una agrupación).

La diferencia del Catálogo con Los ENP es que estos no se constituyen por agrupación atributiva bajo el criterio de la propiedad, salvo indirectamente (por interés de algún propietario influyente), sino por agrupación ascendente bajo el criterio de los hábitats o las especies de interés. Es decir, los ENP son una clasificación ascendente de hábitats catalogados previamente (Directiva hábitats). Ahora bien, como el concepto de hábitats, en tanto que carece de un dintorno claro y distinto, es un concepto lisológico, la agrupación de hábitats, bajo un mismo ENP, no deja de ser una agrupación por superposición distributiva de hábitats. Únicamente, cuando vaya referida a un lugar geográfico, cuando tenga la condición de territorialidad, esta agrupación tendrá una morfología distinguible, por tanto, cuando tenga una estructura como la del Catálogo.

Un caso, entre otros muchos en Andalucía, que puede servir de contraste con la constitución de Doñana{47}, que primero se compra para conservar la biodiversidad y actividades científicas, y, posteriormente se entrega al ICONA para su gestión territorial, es el del Parque Natural de la Sierra de Baza en Granada. En 1942 se propone la declaración de la Sierra de Baza como Zona de Interés Forestal, que se concreta en un Proyecto de perímetro de repoblación obligatoria en 1961, y se pasa de 136 has de monte pertenecientes al Estado, antes de 1961, a la adquisición para el Estado de 25.000 has, y, a la repoblación de un total de 28.700 Has (incluyendo montes pertenecientes a Ayuntamientos y conveniados con particulares) a la finalización del proyecto. En 1989, lo construido con ese proyecto, es el núcleo sobre el que se declara el actual Parque Natural Natural de la Sierra de Baza y sobre lo que posteriormente, en su Plan de Ordenación de los Recursos Naturales, se procede, gnoseológicamente, a una clasificación descendente y distributiva (tipología) de sus hábitats.

También, con este y otros ejemplos, es reseñable, como, habiendo sido la oposición a la desamortización el origen para la creación del Cuerpo de Ingenieros de Montes, posteriormente, la labor de este Cuerpo se continúa con la declaración de determinadas superficies como zona de Interés Forestal para su repoblación, previa compra asociada, por parte del Estado. Se podría decir que estaría actuando bajo la fórmula de «por la repoblación hacia el territorio», que se estaría utilizando la repoblación forestal como pretexto para restablecer, mediante compra de montes, un remanente público de capa basal estatal. En Doñana, el procedimiento de adquisición de la propiedad es la invención de una identidad fundada en la biodiversidad (mito de la Doñana salvaje). En este caso, se podría decir que la fórmula seguida sería «por la biodiversidad hacia el territorio», pero, no tanto encaminado al restablecimiento de un remanente público de capa basal estatal, sino, a la sustracción (mediante compra, no de montes, sino, de «territorios vírgenes») de una parte del territorio como Mueso viviente, como Laboratorio de interés internacional. Por esta fórmula no se constituyen montes que guarden un nexo, a título de riqueza, con la capa basal nacional, sino territorios vírgenes, de los que, ya vueltos a la raíz genérica, el nexo, por el interés internacional ( «biodiversidad sin fronteras»), habría que preguntarse si se desplazaría a la capa cortical. Una fórmula parecida siguen la declaración de Lugares de Interés Comunitario (LIC) y Zonas de Especial Conservación (ZEC) que constituyen la Red Europea Natura 2000.

- Incendios Forestales. El carácter traumático de las noticias de los incendios forestales, para quienes no pierden sus bienes ni ven peligrar sus vidas, sino que ven las llamas desde la televisión formal (en directo), solo se entiende, porque convertida en cenizas, la masa forestal ve comprometida su racionalidad como institución, comprometida y no desparecida, porque en las próximas lluvias se regenerará; para el propietario será una pérdida económica, sentimental, …, pero la racionalidad del monte no desaparece, antes bien, puede verse incrementada con una recalificación del suelo ó con unos abundantes pastos primaverales. Por ejemplo, en el monte mediterráneo que es un monte adaptado a la regeneración pos-incendio, la masa forestal es una formación de «entrefuegos». Así, metafóricamente, se puede decir que las cenizas, al menos en los montes mediterráneos adaptados al fuego (plantas rebrotadoras, serotinia, bancos de semillas, bradisporía...), aún no son las partes materiales del monte, desde donde sería irrecuperable; para llegar a las partes materiales habría que regresar a un episodio torrencial de lluvias y erosión que disgregase al suelo en sus partes materiales:arcilla, limo y arena. Es decir, tras el incendio no queda interrumpida, salvo por la pérdida del solum, la rotación del suelo al vuelo. «Serán ceniza, más tendrán sentido» que dejó escrito Quevedo en el soneto Amor Constante Más Allá de la Muerte.

La tecnología de extinción de incendios forestales merece un estudio aparte, como caso relevante, únicamente se va a apuntar el significado gnoseológico de una técnica de «empleo» del fuego. Se trata de una de las herramientas que forman parte del equipo de protección individual de los operarios antiincendios, la fire shelter o refugio personal antiincendios (similar al refugio antinuclear, pero portátil), que consiste en una especie de tienda de campaña, realizada de un tejido especial ignífugo y refractario al calor por la parte exterior, de despliegue automático, que en caso de atrapamiento por las llamas actúa de refugio, de espacio con evacuación del calor, que protege al operario de la radiación del incendio pudiendo salvarle la vida (aunque de eficacia muy discutida). Brevemente, el significado que se le quiere dar a este refugio, en el contexto del desarrollo de las técnicas que expone Luis Carlos Jiménez{48}, es el de ser, no un anti-horno, sino un horno vuelto del revés, un horno de tipo convexo.

-Ingeniero de Montes versus Conservacionistas. En la Administración Pública la gestión de los montes públicos, y la de los montes privados (autorización de actuaciones) tradicionalmente ha estado encomendada al Cuerpo de Ingenieros de Montes (con todas las vicisitudes que se quieran y con todo el desarrollo histórico que ha conllevado). Fundamentalmente, a partir de la Democracia del 78, y por motivos gremiales, los Conservacionistas han entrado en escena con el papel (emic), mito de la Naturaleza mediante (consistente en que el bosque es lo que es, con independencia de su talla, densidad (número de pies por hectárea) o grado de sombra porporcionado por su cubierta), de racionalizar la visión productivista de los Ingenieros. Dese esta perspectiva lisológica, el Conservacionista, por más que quiera, no puede entender la racionalidad del Ingeniero de Montes (soldado fusilero) en sus momentos operatorios, de contraposición y de recomposición, y viceversa, el Ingeniero de Montes, que tiene como núcleo esencial la persistencia transcendental del monte, no comprende las razones del Conservacionista que, sin tener presente la distinción servicio/bien, se mueve en la dicotomía, más superficial, natural/artificial.

En el libro «Historia del Cuerpo de Ingenieros de Montes (1853-2010)»{49} se recogen los hitos más importantes de la historia de la administración forestal-ambiental española, que sirve de reflejo de esta situación. Por ejemplo, teniendo en cuenta, como aspecto relevante, la denominación que, a lo largo del tiempo, se va dando a los Departamentos Estatales con la competencia en los montes, se puede comprobar esta influencia. Así, en 1833 se crea la Dirección General de Montes con una Inspección General de Montes; en 1856 se encarga la gestión de los montes al Cuerpo de Ingenieros de Montes, y se crean siete distritos forestales en todo el territorio nacional (estando el Jefe de cada distrito bajo la dependencia inmediata del Gobernador de la provincia) más los que, integrados en el Ministerio de Ultramar, ejercían las mismas funciones en Filipina, Cuba y Puerto Rico. Tras varias modificaciones que pasan por las actividades en las Colonias de España en África, la creación del Patrimonio Forestal del Estado, etc, se llega, en nuestros días, a la denominación (con las correspondientes variantes autonómicas) de los departamentos competenciales como Servicios de Gestión del Medio Natural. Sin entrar a analizar la sustitución de los rótulos de monte o patrimonio forestal por el de medio natural (que daría para mucho), llama la atención que al Servicio se le denomine de Gestión. En la misma Ley 43/2003, de 21 de noviembre, de Montes se define gestión como el conjunto de actividades de índole técnica y material relativas a la conservación, mejora y aprovechamiento del monte, cuando en la anterior Ley de 8 de junio de 1957, de Montes, este concepto ni siquiera aparece, sino que el Capítulo I del Título II se denomina de Aprovechamientos, conservación y mejora de los montes públicos y de particulares. Es decir, es como si concepto de gestión actuase como moderador (introductor de una visión conservacionista, «racionalista frente a la productivista»), que cambia el orden de prelación de aprovechamiento, conservación y mejora, por el de conservación, mejora y aprovechamiento, esto dicho sin prejuicio de que en la ordenación, como hemos visto, además de gestionar hay que redistribuir y planificar.

La «crisis» reciente ha tenido el efecto catártico sobre muchos conservacionistas de que la dicotomía natural/artificial juegue por debajo de la distinción servicio/bien, desde el momento en que , tanto parte de la mano de obra excedente del ladrillo que busca alternativas laborales, como el elevado (con sus fluctuaciones características) precio del petróleo, han hecho rentable en muchos montes la explotación de biomasa forestal con destino energético.

- Sistema de coordenadas. Hemos dicho que el nexo entre el monte, a título de riqueza, y la sociedad política es a través de la capa basal, sin prejuicio de que el nexo de la capa basal con la sociedad política sea, preeminentemente, a través de la capa conjuntiva (la tierra, la patria, donde están enterrados los antepasados) y a través de la capa cortical ( el territorio como resultante de la tendencia de cada sociedad política a mantener su identidad en cualquier lugar del espacio radial y de la presión de los otros Estados movidos por unas tendencias semejatnes). Sí, como refería San Isidoro de Sevilla, nemun (divinidad) deriva de nemus (bosque) porque los paganos colocaban en los bosques a sus ídolos, la dimensión territorial del monte se puede considerar por ser este, tanto lugar de encuentro con los otros hombres, como lugar de encuentro con sus ídolos. Ahora bien, cuando por refluencia institucional se regresa a condiciones de raíz genérica, a categorías de tasa de reposición de materia orgánica, se pretenderá que el nexo entre el monte y la sociedad sea a través de relaciones radiales «directas» (sin «pasar» por la capa basal), quedando comprometida la dimensión territorial del monte.

Como ejemplo de un cambio de sistema de coordenadas, se podría citar la «Fiesta del árbol», y no sería la crítica tanto por la adecuación de los medios (la metodología) a los fines, como por las connotaciones fundamentalistas de la fiesta. Por Real Decreto de 6 de enero de 1915 se declara obligatoria la «Fiesta del Árbol», que se había establecido, sin carácter obligatorio, por Real Decreto en 1904. Fiesta instituida en Estados Unidos desde 1872, e introducida desde allí en España de la mano del Ingeniero de Montes D. Rafael Puig y Valls. Un personaje característico de esta fiesta, como muestra del fundamentalismo que adquirió esta fiesta, es el Ingeniero de Montes de Cartagena D. Ricardo Codorniu Stárico (abuelo materno de Juan de la Cierva Codorniu, inventor del autogiro) y fundador de la Sociedad Murciana de Esperanto, que sería conocido como «El Apóstol del Arbol», cuando dice: «plantando y sembrando se inspira a los niños ideas generosas de trabajo, de paz y de amor a todo lo creado», dicho sin prejuicio del reconocimiento de su doble labor repobladora{50}.

Ruiz de la Torre, en Arboles y Arbustos (1979), se anticipa cuando se dirige «a los que aún no han abandonado el medio rural, por si aún fuera posible despertar en algunos la consciencia de su papel de guardianes de la Naturaleza» a la Ley 42/2007 del patrimonio natural y la biodiversidad, que crea la figura de custodia del territorio, como conjunto de estrategias o técnicas jurídicas a través de las cuales se implican a los propietarios y usuarios del territorio en la conservación y uso de los valores y los recursos naturales, culturales y paisajísticos. Sin embargo, siendo el objeto de culto el árbol, en la actualidad, también en el «medio urbano» aparecerán guardianes y baronesas de la Naturaleza que se encadenan a los árboles.

- Monte, institución económica. El monte es una institución económica que, en su desarrollo evolutivo, racionaliza las masas forestales según morfologías operatorias.

La crítica de esta definición es necesaria para medir su potencia en el enfrentamiento dialéctico con el mito, oscurantista, de la Naturaleza en «versión» ecologista. No se pretende hacer aquí la crítica que, en todo caso, tendrá que resultar de la aplicación de esta definición a su campo, si llega el caso. No obstante, sobre el fondo del terreno roturado anteriormente, y procediendo por despiece, esta definición se puede enfrentar esquemáticamente de la siguiente manera:

- Institución. Categoría del espacio antropológico diferenciable de otros contenidos o partes de ese material.

- Económica. La distinción clave se da entre servicio y bien.

- En desarrollo evolutivo. Con un curso propio inserto en una sociedad política.

- Racionaliza las masas forestales. No se parte de una supuesta racionalidad subjetiva originaria (espiritual o cerebral) que se proyecta sobre las masas forestales, sino que es en el desarrollo de la institución, como racionalidad objetual ( con relaciones dadas entre sus partes; por ensamblaje sistático de otras instituciones;por normatividad propia...) donde se alcanza la racionalidad.

- Según morfologías operatorias. Morfologías, dadas a la escala antrópica de un sujeto operatorio (unidad de medida).

6.- FINAL

Buldozzer forestalBasiliscoBulldozer forestal en labores de apertura de cortafuegos Basilisco en labores de trituración de ideologías y mitos{51}

Ahí queda el material de referencia generado en el intento de desbroce y allanamiento de la maraña que cubre el horizonte, consciente de su alto grado de mezcla con escombros, se somete, si procede, a la crítica del Materialismo Filosófico. No se pretende implantar la filosofía en el monte, sino que, parafraseando el título del libro de Gustavo Bueno «El papel de la filosofía en el conjunto del saber» (1970) con el lema del escudo de la Escuela de Ingenieros de Montes(1846) «Saber es hacer. El que no hace, no sabe", se pueda aplicar la potencia trituradora de la filosofía del MF, como saber de segundo grado, en el esclarecimiento del «papel del monte en el conjunto del hacer».

Por último, hay que decir que a cada avance que se ha ido dando en el intento de organizar el material de referencia, el MF ha ido saliendo al paso como en una emboscada que estuviese trazada previamente con tiralíneas, y como resulta imposible dar cuenta exhaustiva de cada cruce habido (distintas vías de abordaje desde el MF conducen, como en una red, al mismo punto), y sin conseguir despejar la duda de que realmente ya estuviese, previamente, todo el material referenciado y organizado, no queda sino que declararse deudor y persistentemente agradecido.

Notas

{1} Consistiría este mito en suponer que la Naturaleza (la «Madre Naturaleza») no fuera otra cosa sino «la naturaleza de las naturalezas» Gustavo Bueno, La nostalgia de la barbarie, como antiglobalización. Antílogo al libro de John Zerzan, Malestar en el tiempo Ikusager, Vitoria 2001.

{2} Bueno G. Prólogo a Los Dioses Olvidados de Fernández Tresguerres A. Pentalfa, Oviedo 1993. Pág 9

{3} Ibídem nota 2

{4} Video: El bosque protector

{5} https://www.youtube.com/watch?v=E73kuHXQaew

{6} Orden de 29 de diciembre de 1970, por la que se aprueban las Instrucciones Generales para la Ordenación de Montes Arbolados.

{7} En este texto se va a utilizar siempre la titulación de Ingenieros de Montes por ser históricamente la primera en impartirse, pero la referencia es válida igualmente para las titulaciones de Ingenieros Técnicos Forestales y de Graduados en Ingenería Forestal.

{8} García Sierra, Pelayo, Diccionario Filosófico.

{9} Bueno Martínez Gustavo, Teoría del Cierre Categorial, Tomo III, Pentalfa Ediciones, Oviedo 1993, P 894.

{10} Serrada, R. 2008. Apuntes de Selvicultura. Servicio de Publicaciones. EUIT Forestal. Madrid.

{11} Mackay, E; Fundamentos y métodos de la ordenación de montes. Primera parte: Conceptos fundamentales, ordenación teórica. Esculea Especial de Ingenieros de Montes. Madrid, 1944.

{12} Martínez Ruiz, Enrique, Manual de Valoración de Montes y Aprovechamientos Forestales , Ediciones Mudi Prensa, Madrid 1999, p9.

{13} Bueno Martínez Gustavo, ¿Qué es la Filosofía?, Pentalfa, Oviedo 1995.

{14} Bueno Gustavo, Etnología y Utopia, Júcar Universidad, Madrid 1987, p100.

{15} Bueno G, Ensayo de una Definición Filosófica de la Idea de Deporte, Pentalfa Oviedo, 2014

{16} Citado en Biomasa Forestal de Andalucía, Varios autores. Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente. Junta de Andalucía. 2012.

{17} Pita Carpenter, Pio Alfonso, Manual de Inventariación de Montes, Ministerio de Agricultura, Instituto Nacional de Investigaciones Agrarias, Madrid 1973.

{18} Ramos Figueras, José Luis, Selvicultura, Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes, Madrid 1979.

{19} Varios autores, Manual de Ordenación de Montes de Andalucía, Consejería de Medioambiente, 2004.

{20} Gil Sánchez, Luis, «La voz «Montes» y la Transformación del Espacio Natural», Sociedad Española de Ciencias Forestales, Actas de la II Reunión sobre Historia Forestal, 2003.

{21} VV.AA.. Bosques Ibéricos: una interpretación geobotánica. Planeta 1998.

{22} https://www.youtube.com/watch?v=IiY1rfMk2T0.

{23} Bueno Gustavo. «Ensayo de una teoría atropológica de las instituciones&rquo;, El Basilisco 2ª Época nº 37, págs 3-52.

{24} Fernández Tresguerres, A. Los Dioses Olvidados. Pentalfa, Oviedo 1993.

{25} Edición bilingüe preparada por José Oroz Reta y Manuel-A Marcos Casquero, BAC 647, 2004, P 1167.

{26} Bueno, Gustavo, Ensayo sobre las categorías de la economía política, La Gaya Ciencia, Barcelona 1972.

{27} Bueno, Gustavo. «La Etología como ciencia de la cultura», El Basilisco, 2ª época, nº 9, 1991, páginas 3-37.

{28} Bueno, Gustavo. Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas». Biblioteca Riojana, nº 1, Cultural Rioja, Logroño 1991.

{29} Miguel Bernal Antonio, Historia de Andalucía, Editorial Planeta especial para Diario16, Barcelona, 1992 .

{30} http://www.fireparadox.org/

{31} Bueno, G, España Frente a Europa. Alba Editorial. Barcelona 1991.

{32} Moreno Fernández, J.R. «La actuación estatal sobre los montes públicos españoles durante la segunda mitad del siglo XIX: naturaleza y objetivos del servicio forestal», en Fernández Prieto, L y Balboa, X, La sociedad rural en la España contemporánea. Mercado y patrimonio. A coruña, PP 313-339.

{33} Gil Sánchez Luis y González-Doncel Inés, Sociedad Española de Ciencias Forestales, Actas de la III Reunión sobre Historia Forestal. 2009.

{34} Ceballos L y Ruiz de la Torre J, Arboles y Arbustos. Sección de Publicaciones de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes. Madrid 1979. Prólogo.

{35} Citado por Pérez Borredá, Josep Rafael, Construyendo paisajes mediterráenos, Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2010, P179.

{36} Citado por Sánchez Gil Luis y González-Doncel Inés, Los inicios de una nueva administración forestal(1846-1860), Sociedad Española de Ciencias Forestales 2009.

{37} https://www.youtube.com/watch?v=aDq3akDX7mo

{38} http://www.nodulo.org/ec/2012/n126p02.htm

{39} https://www.youtube.com/watch?v=64B9mwRtBN0&index=109&list=PL09DB3A96B117C86A

{40} http://www.nodulo.org/ec/2007/n061p10.htm

{41} Convenio sobre Biod Biolog. ONU 1992 y Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad.

{42} http://www.magrama.gob.es/es/biodiversidad/temas/inventarios-nacionales/inventario-espanol-patrimonio-natural-biodiv/.

{43} http://www.insdc.org/

{44} Martín Jiménez LC, El valor de la Axiología. Pentalfa Ediciones, Oviedo 2014.

{45} Diago Hernando Máximo, Aprovechamiento de baldíos y comunales en la Extremadura soriana a fines de la Edad Media. Consejo Superior de Investigaciones Científicas,1990.

{46} Ibídem nota 29, p 559.

{47} Ibídem nota 1.

{48} https://www.youtube.com/watch?v=Bb0txszJ5-E

{49} García Álvarez, Antonio; Historia del Cuerpo de Ingenieros de Montes (1853-2010); Colegio y Asociación de Ingenieros de Montes, Madrid 2010.

{50} REPORTAJESPADRE

{51} Méndez Iglesias, Juán José; Panfleto Materialista; Pentalfa, Oviedo 2014; foto de portada.

 

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