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El Catoblepas, número 161, julio 2015
  El Catoblepasnúmero 161 • julio 2015 • página 8
El mundo no es suficiente

El laberinto griego

Grupo Promacos

Se ofrecen algunas claves interpretativas para mejor entender los sucesos acaecidos en Grecia a propósito del referéndum sobre el Euro y el tercer rescate de la Unión Europea sobre el país heleno.

El laberinto griego

En los últimos tiempos hemos asistido, sufriendo en nuestras propias carnes, a un bombardeo por «tierra, mar y aire» de noticias sobre Grecia, hemos vivido minuto a minuto cómo entraban y cómo salían los griegos del corralito económico, cómo votaban en un referéndum, cómo un ministro estrella dimitía, cómo se agudizaban los disturbios callejeros, etc, etc…

Mientras que unos interpretan lo ocurrido como una especie de «traición» de los gobernantes griegos a su «pueblo» que se habría manifestado en el referéndum como contrario a continuar en la unión monetaria, otros, entre ellos los propios gobernantes griegos, hablan de la «única» salida dejada por Alemania y el FMI, como si no hubiera habido otra opción que solicitar el tercer préstamo-rescate. Pero ni el pueblo griego, entendiendo aquí pueblo en el sentido de «nómina de electores» para alejarnos de cualquier tipo de metafísica, ni el gobierno de Syriza pueden servir para dar por zanjados por sí mismos las interpretaciones sobre el asunto. Ambos tipos de análisis tienden a una de las ideologías más extendidas y «viscosas» del presente: el fundamentalismo democrático. Si el pueblo lo decide, los gobernantes están actuando por su cuenta al hacer lo contrario de lo que el pueblo decidió. La democracia habrá sido «traicionada».

En definitiva, en virtud de tantas informaciones recibidas por todos los medios y por gracia de las múltiples interpretaciones leídas y escuchadas nos vemos sumidos en un auténtico «laberinto griego», totalmente desorientados y habiendo perdido de vista al auténtico «minotauro»: Alemania.

Los días previos al referéndum, Paul Krugman sostuvo incansablemente desde su blog de The New York Times que las políticas de austeridad impulsadas por el gobierno alemán son las responsables de habernos traído a este punto de desencuentro entre Grecia y el resto de la Unión monetaria. Después, tras la actuación del gobierno griego tras la votación, se ha visto obligado a rectificar su posición, acusando al gobierno de no tener un «plan B» y dando a entender que al final, efectivamente, «no hay otra salida» que lo que ofrece Alemania y el FMI. Desde luego que nadie, ni si quiera un premio Nobel, está libre de hacer el ridículo más espantoso, pero ¿quién nos paga ahora todas las tonterías de Krugman, publicitadas desde una atalaya tan potente como puedan ser las páginas digitales de The New York Times? El famoso «momento de la verdad» con el que estuvo atormentando a sus lectores llegó y ¿qué pasó? Que el gobierno de Syriza encabezado por A. Tsipras tuvo que aceptar todas las condiciones de «capitulación» impuestas por Alemania. ¿Por qué? Esto es lo que trataremos de explicar en estas líneas.

Para explicar los resultados del referéndum y el posterior desarrollo de los acontecimientos, es fundamental tener en cuenta que el consenso y el acuerdo no se identifican siempre. Supuesta la distinción entre consenso y acuerdo observaremos que pueden existir «consensos sin acuerdo», lo cual nos obliga a tratar las cuestiones electorales, como el mismo referéndum griego, de tal manera que supere las distinciones meramente aritméticas.

Con Gustavo Bueno{1}, llamaremos consenso a la aceptación de la resolución tomada por una mayoría de electores conforme con un candidato, es decir con una opción, un contenido k del acervo connotativo. El consenso así entendido es una relación de los electores a contenido-k. Mientras que el acuerdo es una relación de los contenidos-k a los electores. Según esto, el acuerdo es imposible sin consenso. El acuerdo debe ir siempre unido a un consenso ya sea mayoritario o unánime. «Sin embargo –señala Bueno– puede existir el consenso en medio de una profunda discordia, diafonía o desacuerdo y cabría llamar a esta situación «paradoja democrática».»

«El consenso sin acuerdo podría considerarse como el resultado de la composición de un consenso de primer orden –el de la mayoría– y de un acuerdo mayoritario, nemine discrepante, de segundo orden. Es decir de un «acuerdo antifrástico» en la medida en que consiste en dar más peso a un consenso minoritario frente al desacuerdo mayoritario.» Gustavo Bueno, Panfleto contra la democracia realmente existente, pág. 157.

¿Pero cómo es posible que tenga más peso un consenso minoritario, el de pongamos por caso, el Parlamento o el del consejo de ministros griego, frente al desacuerdo mayoritario del Pueblo griego respecto a la pregunta del referéndum?

Desde el Grupo Promacos sólo entendemos esta pregunta formulada desde supuestos fundamentalistas democráticos o desde supuestos que tengan que ver con filosofías políticas de corte formalista. Sólo quien desconozca la teoría de las capas, ramas y vectores del poder o desconozca la capacidad de «reagrupamientos» de esas mismas capas, ramas y vectores, es decir, sólo desde filosofías o ideologías idealistas, formalistas o fundamentalistas como decíamos, cabe formularse esa pregunta, ya que o bien supone la omnipotencia «conjuntiva» o la absoluta determinación «basal» de las acciones políticas.

Efectivamente, sólo desde la posibilidad de estos agrupamientos y en concreto desde el más universal de ellos, el agrupamiento propio del eje pragmático de la tabla de categorías de las ciencias políticas, es decir de la reagrupación por ramas de los vectores descendentes, por un lado, y de todos los vectores ascendentes de las mismas ramas por el otro, se puede dar cuenta de lo que Gustavo Bueno ha denominado «armadura reticular» y «armadura básica» respectivamente y con ello se nos abre la posibilidad de explicar, desde posiciones no idealistas y sin recaer en la metafísica de los «explotadores y los explotados», esta «paradoja democrática», que nos arroja este laberinto griego.

En primer lugar hay que decir que estas armaduras son inseparables, no cabe representárnoslas estéticamente como dos hemisferios separados o, siguiendo las metáforas organicistas, como un cerebro y un cuerpo. Lo que sí nos encontraremos serán partes de la armadura básica a través de las cuales podamos observar a los mismos elementos de esa armadura básica transformarse en elementos de la armadura reticular. Por tanto, las armaduras básica y reticular son inseparables, pues están unidas a través de algunas partes y una depende de la otra; pero son disociables, pues cada una tiene sus propios ritmos evolutivos y leyes internas.

De esta manera cabe explicar en román paladino y basándonos en todo lo anterior, la situación presente de Grecia, como una situación tal en la que no vale la «voluntad política», del partido en el gobierno y de su electorado, para que les perdonen la deuda o para abandonar la eurozona, pues resulta que desde la perspectiva de la armadura basal, eso resulta imposible so pena de poner en riesgo la propia recurrencia interna del cuerpo de la sociedad política, es decir, de la Eutaxia

Más claramente todavía: no hay para Grecia más dinero que el de Alemania después de años y años de destrucción de su campo, de su industria y del fomento de turismo y la inflación de la burocracia estatal, del funcionariado (como ya señaló hace meses el grupo Promacos). Al final, no aparecieron apoyos rusos, chinos o de cualquier otra plataforma a escala continental necesaria para el «rescate» griego. No ha habido más dinero que el del propio imperialismo depredador que está manteniendo en estado catatónico a todas las naciones del sur de Europa. Traducido políticamente para Grecia en ese consenso sin acuerdo, en ese consenso dentro de la más absoluta discordia interna, del que hablábamos más arriba.

Pero cuidado, porque mantenerse en esta perspectiva de los motivos basales sobre las voluntades reticulares, que explican en gran medida la situación actual, nos puede hacer entender que unas son un epifenómeno, una superestructura de los otros, y nada más lejos de la perspectiva del grupo Promacos. La capa reticular de la sociedad griega podría haber salido del euro y negarse a las condiciones alemanas y no solicitar el tercer rescate, etc., pero a un precio que esa misma capa reticular ha considerado «muy alto». Salir del euro sigue siendo posible, siempre y cuando la nación de referencia esté dispuesta a sufrir muchos quebraderos de cabeza de entrada y después a reestructurar todas sus capas y ramas en una convulsión tal que comprometan su propia recurrencia.

La salida del Euro para Grecia (y también para España) es a la salud del cuerpo político lo que la medicina heroica era para la salud del cuerpo: la administración de una droga tan potente que al comprometer el conjunto del organismo, provoca una reacción tan fuerte en el resto del cuerpo, que fuerza una recuperación en cadena, haciéndole superar la catatonia presente y donde se empieza a vislumbrar la salida del laberinto. De la otra manera, aceptando el rescate y luego «socializando la deuda» lo que se eterniza es el status quo actual de dominación alemana y postración inerte de las naciones del sur de Europa. Y esa elección, no pertenece a la armadura basal.

Notas

{1} Gustavo Bueno, Panfleto contra la democracia realmente existente, La esfera de los libros, Madrid, 2004.

 

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