Nódulo materialistaSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
publicada por Nódulo Materialista • nodulo.org


 

El Catoblepas, número 159, mayo 2014
  El Catoblepasnúmero 159 • mayo 2015 • página 3
Artículos

La gestión institucional en el «Reino del Hombre»

Gustavo Casanova Esteban

Comunicacion presentada a los decimonovenos Encuentros de Filosofía de la Fundacion Gustavo Bueno donde el autor expone las líneas más relevantes de su tesis doctoral.

Introducción

Muchas gracias a la Fundación Gustavo Bueno y a Don Gustavo por el apoyo moral a mi último trabajo, única razón por la que he seguido trabajando y por la que hoy estoy aquí presentando las cuestiones más relevantes de mi tesis doctoral, por otra parte inacabada, «Los Anti-Principios de la Gestión Institucional» que trata sobre la naturaleza de ésta según creemos que se podría entender desde el materialismo filosófico y de si se pueden derivar, por así decirlo, unos Principios positivos de gestión de la misma.

Una Gestión Institucional referida a «Todos Institucionales», es decir a composiciones de instituciones entendidas éstas con Gustavo Bueno como categoría antropológica universal. Son «Todo Institucionales», sin perjuicio de sus diferencias, tanto el Estado, como sus organizaciones intermedias (empresas, ONG’s, asociaciones, partidos políticos, etc) como en el límite la persona (entendida como composición de sujetos). Un isomorfosimo que ya fue planteado tanto por Jenofonte cuando habló de los distintos niveles de Economía como por Platón cuando se refirió a la analogía entre el sujeto y la ciudad. Por ello, todo lo que sigue a continuación se aplica a todas estas entidades específicas del Reino del Hombre.

La «Gestión Institucional» que se propone tiene componentes técnicos y científicos pero también políticos y, de forma relevante para esta comunicación, filosóficos. Componentes filosóficos importantes como los que estarían a la raíz del fracaso de la URSS como «Todo Institucional». A este respecto, diremos que, no existe en la «Gestión Institucional» una dicotomía entre lo político y lo filosófico como la que pretendía Althusser («Cuando el filósofo no tiene nada que decir, interviene el político»).

Términos como Valor, Racionalidad, Efectividad y Eficiencia no son en la «Gestión Institucional» conceptos inmanentes a un solo contexto o categoría institucional porque «trascienden» a todas las regiones del campo, y en este sentido, podría decirse que son Ideas Filosóficas sui generis. Por ejemplo, y dentro del mismo campo de la Gestión Institucional, la racionalidad se dirá de muchas maneras y a muchos niveles.

Dado su contenido filosófico, una «Gestión Institucional» así entendida, se enfrenta a todas las visiones cientifistas tanto de la Economía como del Management o Ciencia de la Administración. Una categoría sui generis que no construiría teoremas «estrictos» sino que está referida a Teorías Prácticas y Praxio-Filosóficas en tanto éstas tienen valor, sin negar por ello toda conexión con las verdades científicas situadas en otro plano.

Por ejemplo, Filosofías de Gestión en la «Economía-Política» serían tanto el Capitalismo como el Socialismo cuando se los entiende como términos unívocos puros que una Filosofía Institucional solidaria del filomat debe negar en ambos extremos. En el propio Ensayo sobre las Categorías de la Economía Política, Gustavo Bueno había criticado tanto los planteamientos liberales como los planteamientos socialistas-comunistas, postulando además diferencias irreconciliables entre ambos puntos de vista. Lo que Gustavo Bueno hacía en este ensayo no era definir una alternativa sincrética o ecléctica respecto de ambas sino simplemente poner límites a tales disyuntivas. Por un lado, negaba que la planificación al modo soviético, neoclásico o keynesiano pudiera entenderse como «cerrada», pero por otro, también negaba el individualismo metodológico exclusivo que tan ardientemente había defendido Mises. No existe un capitalismo puro ni un socialismo puro en la gestión de la «Economía Política» y este es un Anti-Principio de la Gestión Institucional.

Y es más, una tal Filosofía Institucional que niegue estos fundamentalismos puede tener «valor» cuando es sustancial y se refiere a la «salud» de un «Todo Institucional» realmente existente. La aplicación de una tal Filosofía Institucional, no obstante, nunca podrá disociarse ni separarse plenamente de la Praxis a la que se refiere. Por así decirlo, siempre tendrá una perspectiva estoica y no epicúrea, ó en términos de Benveniste, se referirá tanto a la «énonciation» (dependiente del contexto sustancial) como a la «énoncé» (independiente de éste){1}.

¿Cómo negar el valor que hubiera podido tener para un político el haber leído algunas páginas del final de «España frente a Europa» si en ellas se predice al milímetro el destino que le esperaba a España en su integración en la Unión Europea?. El materialismo filosófico es, en definitiva, una Filosofía Sustancial con valor praxiológico para la «Economía-Política» española sin que ello implique que deba tenerlo para cualquier otra Praxiología económico-política o incluso para la Praxiología Personal de un ciudadano español. Tampoco la política tiene valor para la mayoría de los electores si hacemos caso a la Escuela de «Public Choice» de Buchanan.

Y este valor sustancial potencial de una teoría praxiológica o Filosofía de Gestión es posible cuando existe una referencia antrópica al sujeto operatorio práctico y praxiológico. Cuando no se tiene en cuenta tal referencia no existe un Todo Institucional sino más bien un caos teórico sin un contexto práctico definido. Gustavo Bueno pone el ejemplo de que internet es una selva en la que todo está enredado aunque cada noticia, por separado, pueda ser clara y distinta. Un caos en la nube, en el que todo estaría conectado con todo, si no se tuviera la referencia de un sujeto práctico que tuviera que buscar la información adecuada a una determinada finalidad práctica. Es decir, es necesario tener en cuenta que siempre hay que conectar mediante operaciones de clicks y de corta-pega la información en internet con una finalidad práctica. Son pues los sujetos prácticos los que definen los contextos prácticos de su inmanencia e «incumbencia».

Los componentes filosóficos de la «Gestión Institucional» tienen que ver tanto con las conexiones como con las relaciones y es que cuando en vez de relaciones «paratéticas» pensamos en conexiones «apotéticas» entre las distintas categorías prácticas pensamos al modo praxiológico (mediado por la Filosofía). Incluso podríamos sugerir que existe una Filosofía Esencial que se realiza cuando hay incomensurabilidades geométricas entre términos que no tienen que ver directamente con la significación práctica, mientras que la Praxiología Sustancial o «Gestión Institucional» se referiría sobre todo al valor sustancial y a las incomensurabilidades políticas realmente existentes en el seno de un campo de partes políticas y mercados prácticos interconectados (no todos con todos).

Por el contrario, serían Filosofías Esenciales (y no Sustanciales) por ejemplo la brillante crítica a la Axiología de Luis Carlos Martín Jiménez{2} sobre la evolución del Valor como Idea Filosófica pero sin referirse a ningún «Todo Institucional», y ello sin perjuicio de que ésta sea perfectamente aplicable en el presente en marcha como hace el propio Luis Carlos Martín Jiménez con sus alumnos de secundaria. Por ejemplo, dentro también del entorno del filomat, podríamos también referirnos a la Teoría General de la Información de Felicísimo Valbuena como una Praxiología Esencial o Filosofía Esencial especificada para las organizaciones productoras de noticias (como clase esencial, no refiriéndose a una de ellas en particular). Por otra parte, sustancial sería la Filosofía de Luis Carlos Martín Jiménez pero cuando en este caso, la representa y ejerce para negar la disyuntiva Europeismo puro frente a Hispanidad pura en el caso de España{3}.

En cualquier caso, tampoco toda Praxiología Sustancial está libre de su consideración como «ideología» (desde la perspectiva marxista) ya que siempre se ejerce desde el compromiso con un «Todo Institucional» y con la parte (hegemónica) con el que la identificamos. Desde este prisma, llamaremos más bien ideologías a las que tratan de romper el «Todo Institucional» de referencia para conformar otros «Todos Institucionales» alternativos.

Por lo demás, la distinción entre Filosofía Esencial y Sustancial y entre Praxiología Esencial y Sustancial no es dicotómica. Toda Filosofía Sustancial, exotérica, no puede darse a si misma todo su contenido filosófico y necesita por tanto de una base esencial, más esotérica, sin la cual no podría alcanzar un mínimo cierre o sistematicidad.

En este artículo, proponemos una Praxiología Esencial pero formulada para su ejercicio sustancial por gestores (empresarios, Hombres de Estado, etc.) o consultores comprometidos con «Todos Institucionales» realmente existentes, aplicación en donde podría, in media res, tener un potencial valor praxiológico. Tal ejercicio no buscará tanto la sostenibilidad «deontológica» de tal gremio de gestores o consultores sino una herramienta metodológica en la propia batalla de «destrucción» y lucha praxiológica de unos «Todos Institucionales» a expensas de otros, y de unos gestores respecto de otros.

Además diremos que en la medida en que el campo praxiológico es dialéctico se constituye siempre en cooperación y/o lucha frente a otros con los que, sin embargo, mantiene analogías (identidades esenciales y materiales parciales) y sinalogías (conexiones e identidades sustanciales parciales). Es el caso de las diversas empresas que compiten sustancialmente en un mercado a la vez que mantienen isologías esenciales (al producir, por ejemplo, productos similares) y sinalogías (al compartir, por ejemplo, un mismo lineal en el supermercado). Además, la «Gestión Institucional» está definida tanto por tal campo praxiológico, un «umwelt» materialmente plural, como por el «Todo Institucional» que es la symploké o trama que lo mantiene unido y limita. Y además tal campo y tal «Todo Institucional» lo son siempre, como hemos dicho, respecto a un «Sujeto Gnoseológico y Praxiológico» colectivo de referencia.

Dado que la Praxis no es caótica, el «Todo Institucional» y el campo praxiológico asociado presentan siempre una preordenación de partida (default o en dialelo) con términos referidos, y esto es crítico, a necesidades, contextos prácticos o mercados materialmente heterogéneos. Tal preordenación no es desde luego tampoco amorfa sino que sus patrones tienen que ver con instituciones más o menos estables.

La institución es una categoría que, según Gustavo Bueno, nos permite distinguir la Antropología de la Historia. Instituciones, siempre in media res, que no pueden ser creadas ex novo, pero tampoco destruidas. Esto es, en su dialéctica, las instituciones nunca se destruyen totalmente en todas sus variantes complejas. Un ejemplo sería la Cultura de Tabasco como fusión asimétrica de las culturas indígenas y españolas. En relación a estas instituciones podríamos hablar de los «Anti-Principios» ontológicos: «Caos vs. Determinismo» y «Creación pura vs. Estabilidad pura».

Por ejemplo, la praxis de toda persona parece repetir patrones «ceremoniales» a lo largo de fines plurales y contextos prácticos. En este sentido, y referidos por ejemplo a una Praxiología Personal de un sujeto cualquiera, serían términos del campo praxiológico, por ejemplo, la ruta hacia el trabajo, su dieta, la ropa que se pone, etc. y ello aunque ésta se concrete en la rebeldía institucionalizada y en el fondo tan normalizada de los jeans deshilachados{4}. Tales patrones institucionales son precisamente los que conectan en cooperación y/o lucha a unos sujetos con otros sujetos.

En cualquier caso, no pretendemos confundir esta preordenación institucional del campo con un «primum originario» o acaso un «Grundnorm» sino que más bien el default o dialelo praxiológico sería un cierre factual y metodológico del campo, siempre provisional, que permite avanzar al «Sujeto Praxiológico» en el propio ejercicio de su Praxis. Podríamos decir que se trata de un preorden siempre necesario (Benveniste ya habló de que siempre es necesario un contexto en la comunicación lingüística) aunque no determinante (los psicólogos conductutales nos hablan de los «frame effects»{5}).

Por ejemplo, en el caso de la Economía-Política, las alternativas institucionales se refieren a oposiciones como: Ahorro frente a Deuda, Ataque frente a Defensa, Gestión de la institución i frente a Producción de la institución i, Producción de la institución i frente a Producción de la institución j, etc. Instituciones asimismo identificadas técnica, geográfica y políticamente con partes o clases de sujetos, también por tanto materialmente heterogéneos, por lo que, dada la heterogeneidad y complejidad, será segura la incomensurabilidad entre tales partes políticas y/o regiones del campo a menos que se cuente con una metaestructura que los conecte, acaso «provisionalmente». Una metaestructura que «una y conecte lo diverso» y que contenga tanto a los sujetos de la clase hegemónica que resuelva la poliarquía potencial que siempre se da en el «Todo Institucional» como también a otros términos sustanciales (por su trascendencia «práctica») como el lenguaje, las normas básicas, la moneda y la capa basal y cortical en general. Una metaestructura complexa que nos permite decir que no existe en la «Gestión Institucional» un único nexo que conecte todas las regiones prácticas del campo al modo del Dios del Ocasionalismo o de la glándula pineal del cartesianismo (nexo entre el cuerpo y el alma), sino una metaestructura relativa a una complejidad de nexos y conexiones de términos sustanciales y términos prácticos que nos permitirá hablar de identidades sustanciales complexas.

La «Gestión Institucional» es pues la selección y composición de finalidades e instituciones particulares respecto al complejo de alternativas diferenciadas de las mismas que se dan en cada contexto práctico, alternatividad compleja que sólo se da en el Estado por otra parte, pero también respecto a las alternativas del resto de contextos prácticos materialmente incomensurables con éste pero también necesarios. Además, ninguna alternativa práctica es neutra por afectar disrrítmicamente a cada parte o clase política necesaria. Unas, por ejemplo, preferirán producir más de la institución i, otras de la j, otras ahorrar, etc.

La Praxiología o «Gestión Institucional» como Práctica de 3º grado (idea sugerida por la Idea de Praxis en Revueltas en un artículo de Ismael Carvallo en el Catoblepas{6}) implica una alternatividad compleja que sólo se da en el Estado. Tal técnica de tercer grado habría surgido con la figura histórica del Estado que es la que habría roto el sínolo característico de las sociedades naturales y que hizo posible la aparición de contextos o mercados pletóricos de necesidades o finalidades prácticas n-arias, incomensurables, a su vez, desde la perspectiva de una plétora complexa de clases y subclases políticas n-arias. Praxiología significa "espesor" y «superabundancia» y heterogeneidad de alternativas a la escala operatoria práctica del «Sujeto Praxiológico». Alternativas en cada contexto práctico que, por otra parte, sólo a partir del Estado y la «Gestión Institucional» habría sido necesario codificar, es decir, sólo entonces habría sido relevante comensurarlos y pre-objetivarlos en la heterogeneidad de su heterogeneidad.

La aparición de la Praxiología no tendría por lo demás que haber coincido con una reflexión filosófica (meta-praxiológica) sobre la misma, del mismo modo que podríamos decir que la aparición del ego es aún anterior también a la aparición de la persona (que es su plasmación positiva en las categorías jurídicas{7}). Un surgir de la Praxiología o «Gestión Institucional» que sólo habría podido, como decimos, alcanzarse en una plataforma política mínimamente estable (Estado = «lo stato»), y gracias por otra parte a su origen, despliegue y actualización violenta. Y es más, diremos que sólo sigue siendo posible gracias a él. Un Estado Nación que no está ni puede estar periclitado. El Leviatán es inevitable en el contexto praxiológico y en definitiva, la Praxiología necesita del Estado tanto como el Estado de la Praxiología. Una estabilidad «estatal» que es la que hizo posible que se dieran los sucesivos niveles de diferenciación (en las clases y subclases sociales) a nivel técnico-territorial y que se conformaran las situaciones de ventaja de unas clases y subclases respecto de otras en relación a la plusvalía generada y protegida (precisamente respecto a otras sociedades políticas). En el «Enfoque Praxiológico» asimilamos tales situaciones de ventaja a nuestra definición de «Kapital», un término, por tanto, de naturaleza relativa y que por tanto difiere de la naturaleza absoluta que le es conferida por ejemplo en la Contabilidad Mercantil. Una ventaja o Kapital «que siempre se aprovecha» ya que en último término estaría determinada por sus componentes apetitivos a los que sin embargo no podemos reducir.

Una diferenciación recursiva de las clases y subclases «políticas» que se da en toda Praxiología pero que estará también limitada tanto por arriba (ya que todo término individual o subclase conservará su capacidad de articulación política) como por abajo (ya que la holización es siempre una idea límite; es decir, no todos los individiduos podrían considerarse praxiológicamente flotantes). Por ello decimos que en la «Economía-Política» o en la «Gestión Institucional» existen términos intermedios internos (subclases políticas, organizaciones, empresas, etc) que mantienen su operatividad praxiológica.

Llamaremos composición al esquema que define la conexión entre los contextos heterogéneos del campo praxiológico. Por ejemplo, el cuerpo en su naturaleza metaestructural conecta la necesidad de respirar contrapesándola con otras como la de comer, dormir, etc. Una composición que dibuja un plano sustancial y que precisamente se deja definir como una conjugación entre los diversos planos esenciales de términos o necesidades prácticas. Una conexión de suyo abierta (esencialmente) porque tales contextos son esencialmente incomensurables, no fusionables ni articulables ni reducibles unos a otros pero, a la vez, una conexión también potencialmente cerrada (sustancialmente) que permitirá al gestor avanzar en su praxis.

Gráfico 1

El plano praxiológico

Por ello diremos que la Praxiología o Gestión Institucional es un encaje que refunde y compone «prácticas» de distintos contextos en una praxis sustancial. Una recomposición de prácticas que siempre tiene, a posteriori, algo de anamorfosis y por tanto, tampoco es plenamente representable por ejemplo en un «organigrama» ministerial o empresarial. Y esta conexión es, de suyo, abierta porque los contextos prácticos no se codeterminan los unos a los otros como el huevo y la gallina. Esta última era la propuesta del Enfoque Enactivo de Varela y Maturana{8} que ve al mundo como no predefinido pero circulando por atractores categoriales con grados de libertad. Ésta era también la interpretación de la Fenomenología de la percepción de Merlau-Ponty cuando veía una actividad circular que eslabonaba acción y conocimiento. Una interpretación que posteriormente criticamos por ser análoga a una codeterminación entre Teoría y Praxis.

La «Gestión Institucional» en este sentido implicará categorías que podrán ponerse a la escala de la línea del todo u «holotéticas» (praxiológicas) y categorías merotéticas o de las partes o contextos prácticos (que a su vez, volverán a tener partes merotéticas, al articular otros factores categoriales):

· También será preciso distinguir entre aquel tipo de categorías que pueda ponerse a escala de la «línea del todo» y aquel otro tipo de categorías que pueda ponerse a escala de las «líneas de las partes». Hablaremos de categorías holotéticas y de categorías merotéticas, respectivamente.

· Cuando se dice que los «conceptos dimensionales», tales como L (longitud) y M (masa), son «categorías de la Mecánica», estamos utilizando un concepto merotético de categoría, puesto que L y M son partes determinantes de las ecuaciones dimensionales (pongamos por caso, V = L³){9}.

En cualquier caso tal conexión holótica sólo se conforma cuando hay cierto dominio o racionalización de los distintos contextos prácticos, es decir cuando éstos se han contrapesado y encajado unos con otros. Dice Gustavo Bueno, «nadie negará que las zonas interdisciplinarias deban ser sistemáticamente cultivadas y atendidas (a nivel praxiológico). Pero sólo cabe hablar de interdisciplinaridad ("praxiológica") objetiva si previamente hay "disciplinas" (prácticas)».

Así también podríamos decir que la Praxiología no es más que un intento de cerrar (en falso desde el punto de vista gnoseológico) los conflictos teóricos y políticos que siempre se dan en la conceptualización del valor en todas las categorías prácticas que tienen que ver con el propio sujeto praxiológico de referencia.

Cada uno de estos contextos merotéticos o mercados o sistemas práctico-materiales funcionales y geográficos definen sus categorías prácticas respectivas y sus términos o valores prácticos. Por ello diremos que la Praxis está «parcialmente» institucionalizada respecto a éstos. Ello también quiere decir que el campo praxiológico nunca es un mero agregado empírico como pueda serlo el conjunto que forman las múltiples posiciones de la lengua, la glotis o los labios.

Llegado a este punto de segmentación del campo en regiones prácticas es en el que podemos hablar de una pluralidad de «finis operis» relativos a una «Gestión Institucional» y por tanto, tal finalidad siempre se nos presenta como categoría práctica (merotética, no holotética y praxiológica). Una finalidad práctica o necesidad que puede asimilarse a la capacidad de un «término práctico» de insertarse de forma recurrente en otras prácticas (institucionales) pertenecientes o no al mismo «Todo Institucional»:

· Por ello, una finalidad práctica puede verse filosóficamente como una modulación de la idea de identidad de un proceso y su resultado cuando el resultado es condición del proceso (en realidad un isomorfo suyo). Ello nos permite huir del mentalismo y la intencionalidad al referirnos a la conjugación de prolepsis y anamnesis objetivas prácticamente. Una idea de finalidad práctica que participa, por tanto, de las 6 accepciones filosóficas de la Idea de Fin{10}.

· Sólo en este sentido práctico el fin es el principio y podemos hablar de pre-ordenación de las regiones prácticas del campo praxiológico y sólo en este sentido, el fin puede definir un contexto determinado (técnico-territorial; sincategoremático) en el que pueda conformarse una razón práctica (gnoseológica-esencial). Cuando las "piedras del rayo" se consideraban como fenómenos naturales -"caprichos de la naturaleza"- no constituían el tema de ninguna ciencia cultural; cuando fueron vistas por Boucher de Pêrtes como "piedras talladas" (con una finalidad práctica diríamos) abrieron el campo de la prehistoria humana{11}.

Las instituciones y fines plurales en los que se preordena el campo praxiológico no son por lo demás una heterogeneidad pura e indeterminada (partes extra partes) puesto que siempre es posible su clasificación en segmentos prácticos «funcionales» y tecno-territoriales más o menos «generales» y o «particulares», pero limitados en número. El campo praxiológico es, respecto de las instituciones, anómalo (en sentido estoico), pero no, desde luego, atomístico o monadológico.

En el caso específico del campo praxiológico, la multiplicidad y complexidad de fines prácticos determina que no se conforme un objeto unitario formal (i.e. la Vida en Biología) sino que éstos se compongan pero manteniendo, además de la naturaleza atributiva que les confiere el «Todo Institucional», una naturaleza distributiva respecto de los demás. Ocurre como con el «valor moral» de Scheler que no es un objeto y, aunque permite ordenar los valores decía Scheler, está «a la espalda de la intención».

¿Cómo asegurar en estas condiciones la finitud del campo?. ¿Están conectados estos contextos heterogéneos?. Al respecto diremos que en toda sociedad compleja (es decir, una sociedad que mantiene una dimensión orgánica pero no exclusivamente sinolótica), los términos necesarios para satisfacer las necesidades prácticas segmentadas son siempre producidos por sujetos institucionalizados intermedios que compiten en mercados pletóricos de necesidades segmentadas. Por ello, ningún «Sujeto Praxiológico» puede realizar todas las «conexiones posibles» ni evaluar todas las alternativas com-posibles dentro de un contexto práctico segmentado ya que se enfrenta a otros competidores en el mismo, y además, porque tiene que satisfacer de cara a la recurrencia y plusvalía del «Todo Institucional» otras necesidades prácticas segmentadas, también necesarias.

Los términos prácticos «merotéticos» son por otra parte, a su vez, una articulación (sistática) de factores categoriales según una «Función Práctica» y ello aunque ningún término práctico quede agotado ontológicamente por una categoría científica en exclusiva. Esta «Función Práctica» objetiva explica y relaciona el valor de los términos prácticos en un mercado, por otra parte, conectado en symploké siempre con otros mercados pero no con todos los demás. Como resultado, hablar de mercado en general sería un mito y toda institución o producto de mercado es desde el punto de vista práctico una esencia analógica en la que caben conexiones y relaciones de generalidad y/o particularidad pero también necesariamente desconexiones con otros términos del campo.

En cualquier caso la «Función Práctica» permite comparar la alternativa práctica default que tiene «a la mano» el sujeto práctico con las alternativas más relevantes del mercado («cuando me analizo me deprimo pero cuando me comparo me ensalzo» decía San Agustín). Sin embargo, siempre existirán alternativas prácticas incomensurables a las relacionadas en la «Función Práctica» bien por no haber pertenecido todavía a tal mercado (i.e. nuevos productos) o bien por pertenecer a otros mercados heterogéneamente distintos.

El «Enfoque Praxiológico» no consiste tanto en analizar la evolución histórica de las distintas alternativas institucionales que un «sujeto gnoseológico» pudo haber tenido accesibles en cada segmento práctico tecno-territorial (materia de la Axiología Institucional en el «Enfoque Praxiológico») sino estudiar los fundamentos competitivos que sistematizan en una «Función Práctica», e «in media res», todas las alternativas relevantes del mercado, y ello apoyándose no obstante en su historicidad y en su desempeño histórico en el mismo.

La taxonomización práctica del mercado que efectuaremos con la «Función Práctica» tiene que ver tanto con Plotino (Darwin) como con Porfirio (Linneo) en el sentido de que no existe un núcleo técnico canónico compartido por todas las alternativas praxiológicas (la relación práctica en un contexto práctico es universal pero no conexa). Es el «mito del mercado». Ello redunda en la naturaleza analógica de las esencias prácticas:

·….y dado que las relaciones de generación entre los vivientes, aunque universales, no son conexas, cabe concebir la posibilidad de formación de series de vivientes que se diversifiquen de otras clases de vivientes que proceden sin embargo de una estirpe común; de este modo, los géneros que la tradición circunscribía al formato de los géneros porfirianos, podrán ser entendidos como géneros plotinianos. p102 ¿Qué es la bioética?

· …..es decir, los «Términos Prácticos», en su complexidad, no comparten todas las «notas» generales comunes de un núcleo técnico «prístino» sino que éste es más bien un «gérmen técnico o territorial como bien se ve en la Teoría de la Esencia de la Zarzuela de Raúl Angulo{12} en la que los géneros intermedios se desconectan «esencialmente» de tal género generador.

Como decimos, los contextos prácticos y mercados se definen sincategoremáticamente respecto de funciones internas, técnicas finalísticas y/o territorios. Es decir, las técnicas se diferencian por territorios y los territorios, a su vez, se diferencian según técnicas. De este modo «Técnica vs. Territorio» sería un «Anti-Principio» práctico: no todos los términos de la misma técnica pertenecen al mismo mercado ni éste se define únicamente por cubrir un territorio. Esto quiere decir que se producen desconexiones a nivel sincrónico, y que por ello, no existe un punto de vista normativo de mercado, lo que casi nunca se tiene en cuenta, por ejemplo, en los estudios de «Inteligencia de mercado». Es incorrecto preguntarse por ¿qué piensa el mercado? si por éste entendemos todos los términos que comparten finalidad práctica o territorio.

Además de estas desconexiones sincrónicas podríamos hablar también de desconexiones diacrónicas cuando la diferenciación por técnicas y territorios se producen en el tiempo, es decir, cuando, por ejemplo, un mercado manifiesta un proceso de diferenciación en el «comportamiento» de sus consumidores, por ejemplo, a medida que aprenden. Es obvio que en tales mercados una empresa deberá cambiar de estrategia práctica y posicionamiento, en el sentido de que, en puntos críticos, la «Función Práctica» (o «estrategia práctica parcial» por la que se gobierna en el mismo) perderá significación práctica. Toda generalización estratégica en el análisis de un mercado supone disminuir la incertidumbre esencial a fuerza de perder significación práctica sustancial, es decir, de no estar lo suficientemente pegada al terreno (como cuando el mariscal de campo mueve batallones por un mapa bidimensional sin atender a su orografía).

Por su parte, un mercado siempre se debe definir «antrópicamente» es decir, en referencia a un centro de coordenadas sinalógicas realmente existente (un «Todo Institucional»). Tal referencia imprescindible es la que, con las «Figuras Generales de la Dialéctica» que veremos luego, limita el tamaño del mercado…:

· ….tanto por arriba: Por ejemplo, no puede haber un mercado «global» (el mito del mercado) ya que siempre existen necesidades heterogéneas en los distintos territorios (i.e. los "outlet on line" sólo han funcionado en Europa) y porque toda territorialización se vuelve siempre a diferenciar técnicamente de forma recursiva. El «Enfoque Praxiológico» niega por ejemplo, en este sentido, la existencia de «monopolios naturales», concepto que muchas veces se utiliza para justificar la intervención pública ante fallos del mercado.

· ….pero también por abajo. Los mercados no estudian individuos o agregados catalácticos de conductas individuales racionales, todos distintos, sino segmentos de individuos parcialmente «enclasados». Por ejemplo, mucha gente está preocupada por la privacidad en relación a Google, sin embargo, Google no cometería suicidio corporativo por los datos de ningún individuo ya que su negocio es procesar y comercializar los datos de individuos parcialmente «enclasados». A modo ilustrativo diríamos que incluso en Topología hay límites a la diferenciación según se percibe en los siguientes teoremas:

§ El viento no puede soplar simultáneamente en todas las partes del planeta.

§ En un determinado momento en la Tierra hay un punto y su antípoda con la misma temperatura y el mismo grado de humedad.

Desde el «Enfoque Praxiológico», nos impediremos hablar por tanto de «mercado». Antes bien deberemos siempre hablar de mercados segmentados referidos a un «Sujeto Práctico», y del mismo modo, nos impediremos hablar de «crisis» o «ciclo económico» ya que ello es siempre tendente a lo «metafísico». En el «Enfoque Praxiológico» la crisis siempre va por barrios o «Todos Institucionales».

Por ejemplo, para decidir qué tipo de coche fabricar en un mercado geográfico en relación a un segmento de clientes, podríamos hablar de una función objetiva práctica que relacionaría las clases de coches que tienen más valor técnico gracias a como articulan factores como la seguridad, la velocidad, la fiabilidad, etc. respecto de otras clases de coches, por así decirlo conónimas, con menor valor técnico pero que pueden estar más cercanas prácticamente (por tener, por ejemplo, un menor precio, por ubicación, por estar el cliente más habituado, etc).

Esta valoración de los términos que deriva de la Función Práctica sería una especie de teorema de la Praxiología pero circunscrito al nivel práctico mientras que al nivel praxiológico, por el contrario, hablaríamos de la Teoría política-filosófica no científica que compone estas Funciones Prácticas y que en último término es por la que se conduce el Sujeto Praxiológico.

«Valor Técnico vs Distancia Práctica» es un Anti-Principio de la «Gestión Institucional» y se refiere a la comensurabilidad entre la morfología y la sinalogía de los términos o alternativas de un contexto práctico concreto, si bien, ésta última, no sólo referida a la distancia métrica o apotética sino también relativa a un «esfuerzo» in cognoscendo y ello siempre que los términos estén accesibles al sujeto práctico. Como ejemplo de inaccesibilidad diríamos que el Australopitecus no tenía la idea de Dios a una «distancia práctica» sino que para él, ésta idea era praxiológicamente inaccesible, independientemente de su esfuerzo.

Al partir de la Teoría del Cierre Categorial, la «Gestión Institucional» es en este sentido una teoría basada en la «construcción operativa de términos apotéticos». Por ello, se puede decir como decía Gustavo Bueno en el Ensayo sobre las categorías de la Economía Política que los productos (términos prácticos) son escasos porque hay que producirlos. En el «Enfoque Praxiológico» añadiríamos simplemente que además hay que tenerlos accesibles (es decir, en cuanto necesidades que se dan «históricamente»).

La metodología de construcción de la «Función Práctica» no es la intuición (Gigerenzer{13}, la Escuela Austriaca, etc) sino una metodología Beta 1-II. Es decir, se debe partir siempre para el regressus a los factores categoriales objetivos de inputs pre-clasificados por una experiencia práctica o un «feed-back» previo, por ejemplo, partiendo emic de las clasificaciones o valoraciones que hace el «Sujeto Agente» y/o los consumidores a pie de campo, y que la metaestructura debe hacer accesibles para efectuar el regressus, sin que por ello se deba considerar que estas opiniones deban ser determinantes («if I had listened to my customers I would have given them a faster horse" Henry Ford). Posteriormente, la «Función Práctica» así construida es susceptible de «Generalización» vs. «Particularización» en distintas técnicas o territorios en conexión (otro «Anti-Principio» praxiológico).

Además, en determinadas situaciones, la «Función Práctica» para explicar el valor en un mercado puede reducirse en último término a dos valores generales: «Valor Técnico» vs. «Distancia Práctica» sin que por ello, excepto como veremos en casos de hipercomplejidad e hiperrelevancia, uno pueda absorber al otro como por ejemplo sugiere el Teorema de Hotelling en mercados en los que sólo cuenta la ubicación.

En este sentido, el «valor alfabeta» o Beneficio Práctico dentro de la «Función Práctica» se refiere al valor práctico que tiene una alternativa para el sujeto práctico por ser más efectiva o tener más valor técnico (cumplir más finalidades) o por estar más cercana prácticamente, es decir, por ser más eficiente respecto de la media del segmento del mercado o contexto práctico en donde el sujeto práctico está enclasado.

Objetos enclasados

La efectividad como abarcando diversas finalidades que pivotan sobre la de referencia

En este contexto, suponemos que si un «Término Práctico» satisface una necesidad con un mayor «Valor Técnico» es siempre porque satisface simultáneamente además otras finalidades prácticas relacionadas además de la de referencia (en último término, acaso un mero placer o «ingreso sensacional»). Y por ello, siendo igual de eficaz respecto de ésta, es también más efectivo. Y ese será su mayor «Valor Técnico». Por ello, en relación al «Anti-Principio» Efectividad vs. Eficiencia, diremos que la efectividad es definida de manera sui generis en el «Enfoque Praxiológico», abarcando diversas finalidades que pivotan sobre la de referencia. Así también, la eficiencia es entendida ahora, al modo praxiológico, como menor «distancia práctica» respecto a una finalidad compleja de referencia (sincategoremática) y además no siempre en comensurabilidad con la eficiencia en otros contextos prácticos del mismo campo praxiológico. Por todo ello, un bien en un mercado complejo sólo podrá ser «bien sustitutivo» de otro de forma parcial.

Creemos que tanto el valor alfabeta o beneficio práctico de un término en un mercado cualquiera como las verdades categoriales que éstos articulan tecnológicamente se encuentran en el plano esencial del «Enfoque Praxiológico», que incluso puede ser cerrado beta1-I o beta1-II en algún caso. No obstante, tales valores prácticos no dejan de ser fenoménicos en el plano praxiológico o sustancial porque toda optimización en un contexto o mercado es incomensurable a optimizaciones en otros escenarios alternativos en el mismo contexto o mercado (por ejemplo, cuando tenemos en cuenta el crédito para producir nuevas alternativas) o incomensurable también respecto a las optimizaciones en otros mercados necesarios pero distintos al de referencia.

Entonces la racionalidad praxiológica sólo puede apelar a una Teoría con componentes filosóficos borrosa y que siempre mantiene un reducto subjetivo (y, acaso por ello es, siempre susceptible de ser formulada con heurísticos atractivos pero míticos: «sin España seríamos Suiza»). Por ello, y esto es crítico, la racionalidad praxiológica no es matematizable y sólo es capaz de determinar su prudencia e imprudencia en casos extremos.

Por otra parte, además del beneficio práctico en el plano esencial, como veremos, es preciso también definir un nuevo atributo para cada término en otro nivel del campo, un valor relacionado esta vez con el resultado praxiológico dual en la composición de términos prácticos para el «Todo Institucional» (Anti-Principio «Valor sustancial vs. Plusvalía»). Un valor praxiológico y sustancial que es siempre dual. No obstante, incluso con estas salvedades y reservas, a la larga, es esta Filosofía borrosa según se aplica una y otra vez de forma diferencial en cada contexto o mercado según relevancia relativa y «complejidad y apertura práctica» la que puede determinar la competitividad del «Todo Institucional», es decir, su estatus en términos de valor sustancial y plusvalía. Y ello sin negar la importancia de la parte técnico-práctica que permite dominar la construcción de alternativas en los distintos contextos o mercados prácticos.

Vemos, por otra parte, que en el «Enfoque Praxiológico» debemos hablar de distintos tipos de valor: desde, por ejemplo, el valor alfa esencial de la «Mesa» cuando la definimos como suelo de las manos{14} (¿cómo negar que la Mesa tiene valor para el «Hombre» en su lucha en la supervivencia con otras especies?), pasando por el valor alfa2-II esencial de los distintos tipos ideales de mesa en un contexto histórico (si Luis XIV utilizó su famosa mesa fue por su valor práctico), el valor alfabeta o beneficio práctico en un mercado realmente existente, como ya por último, en el plano sustancial el resultado o valor praxiológico definido dualmente para cada «mesa» alternativa en tanto se compone en un «Todo Institucional» con otros términos prácticos como «coche», «abrigo», etc (Valor Sustancial vs. Plusvalía).

Con estas consideraciones se nos dibuja un «Todo Institucional» que, en primer lugar, no es propiamente una sístasis pero tampoco un sistema (noción a la base de todas las teorías organizativas en tanto suelen derivar de la Teoría General de Sistemas). Por ejemplo, la diferencia entre la totalidad sistática abstracta y el «Todo Institucional» la situaríamos sobre todo en que las partes en este último no están todas plenamente cosificadas, sino que conservan su capacidad de articularse políticamente internamente y externamente. Por ello, mantienen siempre un momento distributivo real y la armonía en el «Todo Institucional» y su naturaleza plenamente sistática no podría prestablecerse. Tal momento distributivo es por lo demás diferente del que se daría entre las partes de un sistema de 2º grado (subordinado a una totalidad sistática común) ya que el momento distributivo de tal sistema de 2º grado está siempre referido isológicamente y respecto a partes sistemáticas de otras totalidades sistáticas externas (y no respecto de partes del «Todo Institucional» de referencia). Por lo demás, las partes políticas del «Todo Institucional» no están plenamente «cosificadas» porque se diferencian unas de otras no sólo funcionalmente sino también «políticamente», es decir, en términos del valor praxiológico (valor sustancial vs plusvalía; downside vs. upside) que para ellos tiene «cualquier» política que se proponga a nivel del «Todo Institucional». Tanto une a las clases políticas la isología funcional como la suerte que les espera cuando se tiene en cuenta por ejemplo la ubicación en el territorio.

Tampoco es el «Todo Institucional» en términos puros y prístinos una institución, una esencia, un proceso o una estructura que emerje o se autoorganiza. Igualmente el «Todo Institucional» no es una teoría o práctica pura así como tampoco una totalidad atributiva ni una totalidad distributiva sino una entidad que presenta ambos momentos. Y ésta es además la principal diferencia entre la Praxiología o Gestión Institucional y otras ciencias institucionales. La Gestión Institucional no se agotará, por ejemplo, en construir una teoría sobre una institución (entendida como esencia analógica) como pueda ser la Religión, el Lenguaje, la Música o más en concreto la Zarzuela. Tampoco su cometido será teorizar exhaustivamente sobre «sistemas musicales» ni teorizar sobre el Lenguaje como una estructura que emergió determinada genéticamente al modo de Ángel López García{15}. La Gestión Institucional teorizará sobre el uso de religiones, músicas y lenguajes concretos y accesibles a un «Todo Institucional» de cara a establecer políticas competitivas.

También cabrá distinguir el «Todo Institucional» de la idea de sínolon, definido únicamente por su momento atributivo. Un sínolon que podría presentarse como el límite al que tiende una totalidad en la que la interdependencia de las partes alcanzase un grado tal que la distinción entre ellas llegase a excluir toda posibilidad de disociación. Así era también la sustancia concreta para Aristóteles o «compuesto» de materia y forma: «la concavidad es la forma de la cual junto a nariz (materia) resulta la nariz roma{16}». Sínolo, cabe recordar, fue traducido precisamente al latín como compositum. En este sentido también veremos que el «Todo Institucional» puede ser precisamente definido por una composición (de círculos prácticos secantes, no meramente yuxtapuestos) que da lugar a una identidad sustancial.

El campo en la «Gestión Institucional» no se define por un objeto y por ello no entra en flagrante contradicción con el Principio de multiplicidad o Complexidad de la «Teoría del Cierre Categorial» referido al hecho de que las Ciencias no tienen objeto sino campo. Por ello, la única posibilidad es considerar al propio campo y al «Todo Institucional» como compuesto de diversas instituciones o finalidades objetivas heterogéneas, sin por ello tratarse de una superinstitución sistática o sistemática.

Al igual que hace Gustavo Bueno en el Primer Ensayo sobre las Categorías Políticas podemos hablar también de un isomorfismo entre el «Todo Institucional» y una Ciencia pero siempre que entendamos esta categoría praxiológica sui generis como composición de categorías. Así, por ejemplo, por analogía, el poder gestor y planificador en la capa básica del Primer Ensayo sobre las Categorías Políticas se desplegaría a lo largo de contextos prácticos heterogéneos y ahí se daría una la contradicción segura entre tales poderes gestores y planificadores diversos. Ello implica por tanto que el poder praxiológico no puede tener una consideración meramente sintáctica ya que la contradicción se da también en el plano político, que es también semántico praxiológicamente. La matización que haríamos al «Ensayo sobre las categorías de la Economía Política» estaría en esta misma línea. Reconocemos además explícitamente que la apetura del campo es todavía mayor cuando consideramos que toda «Economía-Política» se encuentra sobre todo en coopetición con otras «Economías-Políticas». Aspecto que, por ejemplo, está ejercitada en este libro pero no específicamente desarrollada a partir de la brillante tabla de categorías de la «Economía-Política».

También es preciso diferenciar el «Enfoque Praxiológico» de una disciplina que está ganando en fuerza en los últimos tiempos. La metapolítica. Respecto a ella Gustavo Bueno ya ha erjcitado una crítica potente al conectarla con algunas escuelas filosóficas de la tradición que se quisieron «independizar» de la Filosofía (acaso ideológicamente o por meros motivos gremiales). Gustavo Bueno pone el ejemplo de que el propio poder judicial es estrictamente político como es político cualquier término que influya en la propia eutaxia de una «Economía-Política», por ejemplo, las filosofías o ideologías por las que se gobierna.

Desde el «Enfoque Praxiológico» simplemente matizaríamos que toda «metapolítica» es política dado que toda Filosofía Política pertenece, como veremos, a la capa metodológica de una Praxiología que la mantiene accesible. Es decir, la metapolítica en el enfoque praxiológico sería más bien una plétora de Filosofías Políticas sobre diversas categorías praxiológicas (igualdad, consenso, etc), algunas compatibles y otras opuestas, pero nunca meta-praxiológicas cuando son consideradas en el plano sustancial, es decir, como pertenecientes al mismo campo praxiológico y accesibles a las partes, por ejemplo, para ejercer su crítica política.

Respecto a la desconexión con la tradición a la que hace referencia el meta-político Buela{17}, diríamos, por el contrario que, algunas de estas Filosofías Políticas mantienen conexión con la tradición. Es decir, han sido desarrolladas y se siguen desarrollando en continuidad con aquellas de la tradición aunque atendiendo sobre todo a nuevas totalidades praxiológicas que han venido cristalizándose: empresas, ONG’s, multinacionales, las democracias homologadas del presente, etc. Creemos en este sentido que la referencia a la tradición es siempre pertinente, como estamos tratando de demostrar en este artículo, pero en tanto pueda ejemplificarse en situaciones del presente en marcha para su mayor claridad expositiva y conexión con los nuevos tipos institucionales.

Continuando, diríamos que el «Todo Institucional» es más bien una symploké de categorías prácticas, es decir una unidad que tiene que ver tanto con las relaciones entre estas categorías prácticas pero también con sus conexiones y desconexiones. Una unidad sinalogica complexa (no meramente compleja) que puede alcanzar cierta identidad sustancial retrospectivamente, y por tanto, no asegurada de antemano. Y ello además sin significar que sean las conexiones las que determinen las relaciones en el plano sustancial (conexionismo praxiológico) ya que éste resulta siempre de la dialéctica conjugada en los diversos contextos prácticos entre relaciones y conexiones.

Por tanto, diríamos que el «Enfoque Praxiológico» respeta la tesis fundamental del materialismo pluralista según establece que en cada unidad que afecta a un ente están siempre «actuando» diversas modulaciones de la identidad, si bien confusa y oscuramente. Esto supuesto, cabría decir que la identidad, más que añadir alguna determinación a la unidad, suprime o abstrae determinadas modulaciones confusamente incluidas en ella; o, si se prefiere, ejercitadas en ella. Esto nos permite afirmar el carácter intrínsecamente dialéctico (negativo) de la identidad, respecto de la unidad, lo que constituye una interpretación característica del lema omnis determinatio est negatio{18}.

Por ende, la identidad se establecería siempre sobre la unidad. Fundamentum identitatis est unitas, rezaba la sentencia escolástica, y ello sin duda, aunque cuando, desde coordenadas materialistas, interpretamos la unidad no en su sentido absoluto (o reflexivo) sino sólo cuando la unidad tiene lugar en función de otras unidades. Brevemente, la identidad se establece sobre otras unidades, sobre una multiplicidad de unidades{19}.

Siguiendo con esta necesidad de apelar a la tradición que estamos sugiriendo, no creemos, por tanto, posible definir una Nación Política o una Empresa sin aludir, acaso indirectamente a la idea de Unidad o Identidad. Del mismo modo, no creemos tampoco posible definir la esencia o la sustancia sin posicionarnos ante la tradición filosófica. Estas ideas son siempre desarrollos de ideas filosóficas tradicionales tratadas en relación al Ser (Parménides, Platón, Aristóteles, el desarrollo escolástico posterior de éste, etc.). Ideas que en estas escuelas fueron asociadas principalmente a totalidades metafísicas (Dios, etc) lo que sin duda contribuyó a su «mitificación» y a su confusión objetiva (muy clara en el caso de la sustancia). De forma interesante, apunta también Gustavo Bueno en el caso de la identidad, tal confusión ideológica ha supuesto su conversión en un auténtico ideal político (por encima de la unidad o la igualdad). Por ello, ha sido especialmente importante para el desarrollo del «Enfoque Praxiológico» que Gustavo Bueno haya dedicado dos artículos a su desmitificación constatando sus múltiples acepciones (Predicables de la Identidad) y explicando sus relaciones (Unidad e Identidad).

La identidad sustancial en el filomat siempre determina una unidad fenoménica previa y por ello no se agota en el individuo que no es una unidad-sustancia exenta y megárica sino sólo la determinación parcial de una unidad «grupal» por medio de una identidad material-k (por ejemplo, un práctica institucional). Por ello, la identidad sustancial en el filomat no es una simple modulación de la identidad individual, sino que puede también ser referida a singularidades colectivas formadas por individuos (siendo la identidad individual un caso específico de aquella). Es decir, no sólo los individuos pueden tener identidad sustancial en el filomat (la de la metamorfosis de la mariposa, la que pueda establecerse en el proceso de desarrollo ontogenético de un ser humano individual, etc.) sino que también pueden tener identidad sustancial los agregados de individuos heterogéneos o más específicamente, las composiciones de clases de individuos. De este modo la identidad sustancial en el filomat podría partir de una unidad sinalógica (más o menos compacta; regla de Letamendi) y diferente a otras unidades sinalógicas alternativas composibles (que pueden darse pero que no se dan). Es decir, no es en ningún caso, una identidad estática invisible ni es una identidad unívoca, sino dialéctica.

La identidad sustancial en el «Enfoque Praxiológico», por su parte, la entendemos sobre todo como una conceptualización categorial de la idea de identidad sustancial del filomat aunque nunca referida a términos abstractos (i.e., el baricentro). Otra matización sobre la identidad sustancial del filomat se daría cuando consideramos que no se da como actualizada a cada momento (actualismo) ya que en el «Enfoque Praxiológico» ésta es siempre parcialmente provisional hasta la «escala temporal adecuada» (en la que puede confirmarse, permitiendo por ello la descapitalización o reparto de la plusvalía). Ello es así debido a que todo cambio en los esquemas de identidad parciales a nivel práctico debe contrapesarse con los ajustes en los restantes «mercados» y de ahí, la naturaleza parcialmente empírica y, desde luego, residual de tal composición. La identidad sustancial en el «Enfoque Praxiológico» está fundada sobre todo en unidades complexas que albergan en su seno tanto sistemas de identidades isológicas (entre los términos o esencias parciales de un mismo o diferente contexto práctico) como sistemas de identidades sinalógicas (conexión sintáctica y/o en el tiempo de términos de un mismo o diferentes contextos prácticos gracias a una metaestructura plural común).

¿Es ajustado, por tanto, el «predicado» sustancial para el «Todo Institucional»?. La respuesta creemos que es afirmativa en tanto entendemos, primero que es necesario apelar a la sustancia (el «Enfoque Praxiológico» no sería energetista desde el punto de vista de Spengler) para entender la conexión de un campo tan plural y además, porque también, como decimos, la identidad sustancial en el «Enfoque Praxiológico» es una especificación/categorización de la propia idea de identidad sustancial del filomat que, a su vez, es una reexposición sistemática de las diversas tradiciones que hablaron de la sustancia. En este sentido incluso podríamos decir que la noción de sustancia en el «Enfoque Praxiológico» mantiene ciertas notas comunes con algunas escuelas de la tradición:

· Con la tradición aristotélica diríamos que el «Enfoque Praxiológico» mantiene la referencia a la sustancia como sujeto del que se pueden predicar esencias plurales, si bien, teniendo en cuenta, que ahora tales esencias no sólo tienen un momento atributivo sino que también tienen un momento distributivo en tanto son compuestas en el propio el «Todo Institucional» con otras esencias prácticas heterogéneas (siendo además algunas de ellas más o menos relevantes, más o menos sustanciales, pero nunca completamente accidentales).

· Es decir, ahora la sustancia es una unidad complexa de partes sustanciales. Esta nota es diferente al carácter compuesto de la sustancia «hilemórfica» en Aristóteles ya que en el «Enfoque Praxiológico» la propia materia y forma son también complejas distributivamente. Las partes en el «Enfoque Praxiológico» son ahora «disrrítmicas» y no dan lugar a un «individuo compuesto» sustancial (al modo de Spinoza) o a un sistema de estructuras metafinitas. Ello abre también posibilidad a la existencia de identidades sustanciales parciales, por ejemplo, la que se da a la «escala temporal adecuada» entre las diversas clases políticas del «Todo Institucional». Una identidad sustancial parcial, positiva o negativa, que se refiere precisamente a la que Darwin llamaba identidad esencial:«Un corolario de la mayor importancia puede deducirse de las observaciones precedentes [relativas a la «lucha por la vida»], a saber: que la estructura de todo ser orgánico está emparentada de modo esencialísimo, aunque a menudo oculto, con la de todos los demás seres con que entra en competencia por el alimento o residencia, o de los que tiene que escapar, o de los que hace presa»{20}.

El concepto de identidad sustancial parcial nos permite afirmar, por ejemplo, que siempre existirá Religión ya que todo sujeto praxiológico mantiene siempre un fulcro de identidad sustancial parcial con el animal o el numen (derivado de la necesidad de coexistir y mantener conexión con él). Una identidad sustancial parcial con otros sujetos que es inicialmente accesible a través de la imagen. Sin una imagen concreta, la identidad sustancial parcial emic no está accesible (como puede ser comprobado en el caso del aborto o como podría ser comprobado si se hiciera un experimento en el que se asegurara el anonimato y se realizara la siguiente pregunta ¿qué prefieres que haya 3.000 muertos «in abstracto» en el otro confín del planeta o tener un fuerte dolor de muelas mañana?).

· También se mantiene en el «Enfoque Praxiológico», como en la tradición, la referencia a la continuidad de la sustancia pero no tanto en cuanto a lo que permanece (incorruptible y autista) sino más bien a la continuidad que se da como resultado de lo que une lo heterogéneo. Por ello, en el «Enfoque Praxiológico», la armonía no estaría asegurada al modo leibniciano.

· En cuanto al actualismo de la sustancia, diremos en el «Enfoque Praxiológico» que si bien toda operación praxiológica actualiza el valor del «Todo Institucional» (actualizándose, por ejemplo, al modo en el que lo hacían las sensaciones en el monismo neutro de William James y el Bertrand Russell de The Analysis of Mind{21}), tal actualización «instantánea» se referirá sobre todo a la plusvalía. La actualización de la plusvalía puede ser compatible con el mantenimiento de la identidad sustancial y el valor sustancial del «Todo Institucional» (que por así decirlo, no tendría porqué actualizarse sino revalidarse a la «escala temporal adecuada»). En este sentido es en el que podemos decir que en el «Enfoque Praxiológico» una misma identidad sustancial no es unívoca (i.e, compatible con diversos grados de plusvalía) y por ello, reconocemos la actualización dual de la sustancia praxiológica a intervalos adecuados. La actualización a la «escala temporal adecuada».

· Cuando un emprendedor lanza una start-up, ésta no puede considerarse todavía una sustancia o «Todo Institucional» que tenga valor y autonomía por si misma, al estar ligada inextricablemente a la Praxiología Personal del emprendedor.

· Como nota original aportada por el materialismo filosófico hablaríamos de la Complexidad. Creemos que no es violento poner este término en conexión con la naturaleza del «Todo Institucional» y la sustancia praxiológica. Definida por Gustavo Bueno, la complexidad alude ante todo a «la unidad de una multiplicidad». Ejemplo de complexidad sería la unidad complexa de un dodecaedro regular cuando decimos que se trata de una sístasis o totalidad atributiva en la que entre todas las partes sinalógicas hay fuertes isologías morfológicas (i.e, sus caras están pegadas y son iguales). Así, en el «Todo Institucional», como unidad complexa, por ejemplo, una empresa que produce motos y coches, todas las partes objetuales y subjetuales tienen con otras (no todas con todas) tanto isologías morfológicas (e incluso identidades esenciales parciales, claras en el caso de los coches y las motos) como sinalogías (ya que tanto las motos como los coches son producidos en las mismas estructuras productivas y compartiendo recursos). Nos parece claro que el «Todo Institucional» u output praxiológico es una unidad complexa: los inputs de productos distintos mantienen conexiones sinalógicas, cercanía, etc. más intensa en aquellos que comparten estructuras de producción sustanciales (economías de alcance). Por su parte tanto los inputs como los outputs también mantienen relaciones isológicas/distributivas entre ellos (como en la diversificación estratégica relacionada y no relacionada).

· Además, cuando esta unidad complexa del «Todo Institucional» mantiene su recurrencia en el tiempo entendemos que podemos hablar de transformación idéntica y de la conformación de una identidad complexa, es decir composición de sistemas tanto de identidades sinalógicas «a lo largo de su línea de continuidad longitudinal» como de sistemas de identidades isológicas.

· La identidad «complexa» del «Todo Institucional» llegado el caso, es una identidad de «unidades de partes unitarias conectadas». Una identidad que deberá establecerse en más de un parámetro (si no, sería equivalente a la mera igualdad) y que tampoco se reduce a una mera reflexibilidad ya que estamos aludiendo a un proceso en el que como mínimo se produce una «transformación idéntica».

· En este sentido diremos que todas las identidades sustanciales praxiológicamente son complexas pero no todas las identidades complexas son sustanciales praxiológicamente. El phylum en este sentido, ejemplo puesto por Gustavo Bueno de identidad complexa, no es una identidad sustancial praxiológica. Ante todo porque las partes del «Todo Institucional» no descienden como los taxones de un ancestro común pero, sobre todo, porque las relaciones y conexiones no se agotan en este plano filogenético sino que toda conexión entre las partes está mediada por el valor de otros términos ajenos al plano filogenético.

En este contexto podemos hablar de la composición como el modus sciendi clave del «Enfoque Praxiológico». Una composición esencialmente abierta, siempre in-fecta, pero también, metodológicamente, potencialmente cerrada a nivel sustancial porque asimilamos, como decimos, el «Todo Institucional» a una unidad «sinalógica» y «complexa», que mantiene un cierre mínimo. Gustavo Bueno hablaba de la persona como institución y de un sentido de la vida global, entendido éste como resultancia de la composición de múltiples líneas heterogéneas prácticas a nivel biográfico. El sentido de la vida de una persona es una resultancia de la composición de líneas biográficas borrosas, que aunque exante se mantienen abiertas, son también susceptibles de cierta planificación a nivel metodológico.

Por otra parte, además del paradigmático uso de la symploké que hacemos en el «Enfoque Praxiológico», tampoco podemos «dar un paso» en cuanto a la descripción de lo que pueda ser la «Gestión Institucional», Praxiología o el campo praxiológico sin referirnos también a una cantidad importante de términos e ideas tradicionales (apotéticidad, unidad/identidad, esencia/sustancia, «complejidad práctica y apertura», conceptos conjugados, anamórfosis, Ciencia), en especial, tal y como han sido reexpuestas por el propio materialismo filosófico cuando éste define como conceptos conjugados a todas las disyuntivas tradicionales Sujeto vs. Objeto, Saber vs. Hacer, etc. El «Enfoque Praxiológico» simplemente añadiría que estos pares de conceptos son conjugados porque son referidos a contextos que no se agotan en sí mismos (ya que hay que ponerlos en conexión con otros contextos necesarios) y que por tanto, por ejemplo, no se pueden sustancializar como hace el enfoque epistemológico metamérico. Contextos que hay que romper en un plano dialéctico y diamérico en el que participan otros objetos, sujetos (incluso animales o númenes) mediados además por términos intermedios y «mediadores plásticos» como signos e instituciones (análogamente a como hace la doctrina del Hiperrealismo de Gustavo Bueno para entender la relación entre Sujeto y Objeto).

Por ejemplo, desde el punto de vista praxiológico, Teoría y Praxis (o «mutatis mutandis»: Saber vs. Hacer; Representación vs. Ejercicio, etc.), en tanto conceptos conjugados, nos definirían un «Anti-Principio» práctico (la actividad del sujeto praxiológico no es propiamente una Teoría pero tampoco una Praxis estricta), que por su confusión, preferiremos reexponer como el «Anti-Principio» del Regressus vs. Progressus y que se referiría a lo siguiente:

· En el «Enfoque Praxiológico», toda teoría práctica tiene siempre un momento de ejercicio pero también otro de representación práctica. La representación de una teoría en la inmanencia de una categoría práctica es la representación de la razón práctica en la misma. Es decir, la Función Práctica de la que hemos hablado, una explicación del valor en tal contexto práctico. Por ello, para evitar la ambigüedad de distinguir una teoría práctica de una teoría práctica-práctica, preferimos referirnos a la más neutra y metodológica distinción entre Regressus vs. Progressus, en tanto, referidos a tal categoría práctica. Además es siempre necesario en cualquier caso ser escrupuloso y hablar de «saber-hacer» práctico (todo saber es un hacer y todo hacer es un saber dice Bueno) para asegurarse de no reducir la teoría únicamente a su momento representativo (ya que éste es siempre indisociable de su momento ejercitativo).

· Por ello cuando hagamos énfasis en el momento representativo tal y como se reparte asimétricamente entre las diversas categorías prácticas de una «Gestión Institucional» hablaremos de Praxiología mientras que la Praxis la referiremos más bien al momento ejercitativo respectivo, también asimétricamente distribuido a lo largo de las diversas categorías prácticas. Y ello sencillamente porque unos saber-haceres prácticos del «Todo Institucional» pueden estar en su momento de regressus y otros saber-haceres prácticos en su momento de progressus. De este modo no hay una Praxiología que se puede separar «metaméricamente» de una Praxis porque ninguno de los términos puede definir homogéneamente y apresar lo que está ocurriendio al nivel del «Todo Institucional».

· Podremos hablar de conjugación entre Praxiología vs. Praxis siempre que la entendamos de forma compleja y ante todo, interponiendo o intercalando el término intermedio metaestructural que limita tanto el momento praxiológico como el momento práxico. De alguna manera Praxiología vs. Praxis podrían fusionarse en el límite en tal «tertium» en la medida en que tal metaestructura es la que hace accesible los distintos saber-haceres prácticos (y los términos para construirlos). Si bien esto es sólo un límite y por tanto no equiparamos la metaestructura a un «mediador plástico» al modo de Cudworth (i.e., en el cuál el alma y el cuerpo quedaban unidos).

· Por su parte, el saber-hacer praxiológico tendrá dos momentos: uno representativo o «filosófico-doctrinal» (la «Función Praxiológica» construida por el Sujeto Praxiológico y no exenta de borrosidad e incluso misticismo respecto a otras categorías con teorías más claras y que desde luego no se agota en su tecnicidad) y otro momento ejercitativo, práxico, acaso llevado a cabo por las «partes agente» necesarias que lo llevarán adelante. No es por tanto ni una Praxiología exenta de Praxis ni una Praxis exenta de Praxiología. Es importante remarcar que entre ambos momentos, en la medida en que son indisociables, hay que interponer también una ideología que debe ser definida en el regressus (como contradistinta a la «Función Praxiológica» filosófico-doctrinal) pero en este caso para ser comunicada a las «partes agente». Una ideología praxiológica que va siempre dirigida a la propia «justicia praxiológica entre las partes necesarias». El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice (Aristóteles). Una ideología política por tanto imprescindible para el equilibrio entre las partes (es decir, siempre es necesario contar con intelectuales orgánicos en fórmula de Gramsci). Una ideología política que cuando haga posible tal equilibrio no podrá ser tildada de ideológica (peyorativamente) sino ideológica descriptivamente, es decir, por responder a los intereses sustanciales parciales de la parte hegemónica del «Todo Institucional». A su estrategia comunicativa. Una estrategia comunicativa que es un término más a construir (y representar y ejercitar) si se quiere llevar adelante la verdadera estrategia praxiológica, que emana de la Función Praxiológica por la que se conduce.

· La composición de «saberes-hacer» prácticos, dada la incomensurabilidad entre algunos saber-haceres prácticos con otros (no con todas), está siempre limitada en número y pluralidad. A esta limitación praxiológica le corresponde una ontología analogista en tanto ésta se refiere a la heterogeneidad y las proporciones de tal composición, es decir, donde la necesidad de una tal razón praxiológica no pueda residir en una sustancia simple sino compuesta de términos intermedios plurales en distintas proporciones. Un pluralismo limitado en symploké y que verá como univocista a cualquier monismo (como los que ponen la necesidad en la Naturaleza, en la Religión o en cualquier otra sustancia al modo pre-socrático) pero también a cualquier pluralismo radical (como el de Demócrito, pero también como los subjetivismos e idealismos que reducen a los sujetos a voluntades espirituales o abstractas/puras y que derivaron del desarrollo del racionalismo científico cartesiano y leibniciano hasta el idealismo de Kant o el atomismo lógico de Wittgenstein). La Función Praxiológica no es un saber-hacer unívoco pero tampoco un caos de saber-haceres desconectados ya que limitadas son las categorías científicas y prácticas que las articulan según las necesidades limitadas de un Sujeto Praxiológico.

· Tales Principia Media praxiológicos necesarios son las instituciones, que a su vez, son el resultado de la conexión de términos objetuales, signitivos y subjetuales. Tales instituciones, en tanto implican además una pluralidad de niveles, fracturan esencialmente la realidad praxiológica sin perjuicio de su conexión sustancial. Tales instituciones o términos intermedios serán representativos del analogismo siempre que no sean sustancializados y se interpreten por ejemplo como el acceso al conocimiento supremo (el Dios de Spinoza, el Estado en Hegel o el conocimiento técnico de la clase universal en el marxismo).

Del mismo modo, todo Anti-Principio de la «Gestión Institucional» se caracterizaría por negar los dos extremos de cada polémica tradicional, y al mismo tiempo, por permitir praxiologizar tales polémicas. Las siguientes son las que se han venido desarrollando en nuestro trabajo y su correlación praxiológica.

La conexión de los Anti-Principios con la tradición

Gráfico 2

Gráfico 2

La praxiologización de la tradición

En el «Enfoque Praxiológico» no existen Principios de Gestión o Científicos que puedan formularse de forma positiva con valor o éstos son auxiliares o incluso puro material como los Psicológicos, Matemáticos, Lógicos, Económicos, etc. Por ejemplo si un Teorema práctico de la «Economía-Política» y de la Ciencia de la Administración es científico lo será pero a costa de perder toda significación praxiológica. En este sentido diremos, por ejemplo, que los teoremas económicos y administrativos son puro material para el gestor tanto como las leyes trigonométricas son puro material para el gestor de una empresa de fabricación de satélites.

Por lo demás, no existe una Teoría General de la Praxis (i.e., Praxiología Esencial General) si con ella nos queremos referir a Principios trascendentales y aplicables a todas las Praxiologías. En Praxiología no existen Principios que puedan ser entendidos como Principios o ideales (un Sollen en Kelsen) sin excepciones. Es decir, no existen Principios que pudieran desarrollarse axiomática, silogística o coherentemente como meros formalismos praxiológicos.

· La razón no aparece propiamente a escala de un principio o axioma aislado, entre otras cosas porque de un único principio nada puede deducirse salvo su propia recurrencia; la razón comienza a actuar en el discurso, que sólo puede darse en la composición de principios o axiomas independientes (como estableció David Hilbert){22}.

Cuando un «Sujeto Praxiológico» se deja guiar por estrategias «fundamentalistas» reduce su campo a una simplicidad vacua. «Respecto a semejante esquema simplificador, nos preguntamos al modo nietzscheano: «La verdad es simple. ¿No es esto una mentira duplicada?»{23}. Y es que el lenguaje praxiológico no es digital (de sí o no) sino, como hemos dicho, analógico y plural. Complexo.

En el «Enfoque Praxiológico» existen Anti-Principios a los que sin embargo es posible asignar un contenido positivo según la máxima de Espinosa de «Omnis negatio est determinatio». Negar los extremos muchas veces y en múltiples dimensiones y mercados puede ser determinante para la sostenibilidad y recurrencia del «Todo Institucional». Y esta negación, en tanto compuesta, sólo puede hacerse cuando la metodología praxiológica está institucionalizada. Los Anti-Principios nos ayudan a discernir que alternativas prácticas son extremas en todas las dimensiones (i.e. por ejemplo, no sólo en la dimensión rentabilidad vs. riesgo; dimensión praxiologizada como Valor sustancial vs. Plusvalía).

La mayor preocupación en el desarrollo de los «Anti-Principios» de la Gestión Institucional era, por otra parte, no caer en unos formalismos abstractos que no tuvieran valor al haber perdido contacto con la materia. Un peligro al cabo de la calle si pretendíamos dirigirnos a todas las organizaciones con sistemas institucionales complejos y abiertos. No obstante, los «Anti-Principios» al estar materializados en reglas gracias a la metaestructura, pueden alcanzar un mínimo de cohesión «sustancial» en su composición. Por ello, podemos decir que, en tanto, negación de Principios, los «Anti-Principios» son un Principio en la propia metodología de construcción de los términos praxiológicos.

Cuando se componen sustancialmente (y en las proporciones adecuadas como reglas), los «Anti-Principios» implican un default praxiológico y una metaestructura que positivizan la propia teoría praxiológica o Filosofía Sustancial que ha participado en su composición. Es decir, los «Anti-Principios» funcionan como límites («Omnis negatio determinatio est»…) impuestos por la propia complexidad de la materia que se quiere organizar. No reconocer límites en la aplicación de los Principios Esenciales es negar el materialismo. Además tales límites no son auto-evidentes (sino, no existiría la Filosofía o, mutatis mutandi, la Consultoría empresarial).

Lo que sí puede entrar en contradicción es una Filosofía Praxiológica basada en «Anti-Principios» y otra basada en Principios Esenciales (de los que se deriven normas extremas contrapuestas). Por ejemplo, una Filosofía basada en «Anti-Principios» podrá entrar en contradicción con una Filosofía basada en el «Principio de la Excelencia» ya que éste no es un principio praxiológico específico. Según Gustavo Bueno, tanto se aplica a un Hospital como a un taller mecánico en el que se reparan las averías con el mayor esmero posible (de acuerdo, con las normas establecidas por ejemplo en la Oficina del Consumidor). Una empresa que trate de orientarse por la Excelencia comprobará que la única manera segura de no ser excelente es tratar de ser excelente en todo.

En este sentido, por ejemplo también, la Filosofía de la «Economía-Política» implícita en el famoso libro neokeynesiano «Principios de Economía» de Mankiw contradice los «Anti-Principios» básicos del «Enfoque Praxiológico» al situarse en un campo donde una plétora de individuos racionales se auto-cierran en una «Economía Global». Es decir, Mankiw no se sitúa en el plano praxiológico ya que no reconoce la existencia de Praxiologías intermedias coopitiendo y fracturando esa supuesta «Economía Global», sino que se sitúa siempre en el punto de vista de un sistema económico global y esencial o en el punto de vista del preferidor racional. Contradice el Anti-Principio Top-down vs. Bottom-up. Mankiw sólo reconocería dos polos de operatividad y por consiguiente dos tipos de categorías económicas. Cuando se utiliza este enfoque reductivo, la distinción «entre economía subjetiva (categorías "psicoeconómicas": "elección", "preferencia.", "cálculo de utilidad personal", del marginalismo) y economía objetiva (estructuras económicas, ciclos económicos) se correspondería también con esta estratificación» alega Bueno{24}.

En cuanto a Anti-Principios praxiológicos concretos, por ejemplo, podemos hablar de la contraposición entre crisis externas y crisis internas. Desde el «Enfoque Praxiológico» diríamos que las crisis de los «Todos Institucionales» no son ni propiamente externas como decía Espinosa cuando hablaba de que «la duración y existencia de una sustancia que no es Dios no está contenida en su esencia»{25} pero tampoco propiamente internas al modo hegeliano en el que toda tesis genera su antítesis. Por ello, Crisis internas frente a Crisis internas es un Anti-Principio explicativo de la «Gestión Institucional». La crisis española actual no es una crisis externa provocada, por ejemplo, por el fenómeno sub-prime estadounidense pero tampoco es una crisis totalmente endógena del ladrillo y las cajas de ahorro españolas.

Por su parte, el «Enfoque Praxiológico» reconoce que la Gnoseología del Cierre Categorial es su tierra firme y dique de contención para contener los posibles excesos a los que nos pudiera llevar la deriva praxiológica, pero, no obstante, entendemos, que no se puede decir propiamente que el campo praxiológico esté abierto o cerrado, o en situación alfa o beta. Ello habría que referirlo siempre a cada contexto del nivel práctico-esencial ya que en el «Enfoque Praxiológico», la distinción alfa vs. beta, no la entendemos como la distinción entre dos teorías gnoseológicas dilemáticas entre las que fuera preciso escoger para definir la situación del campo.

Por ejemplo, tales debates se reflejaron también en el caso de la «Economía-Política» en la dialéctica entre Keynes y Schumpeter. Para Keynes, existían contingencias alfa imprevisibles (shocks) que en cualquier caso se podían contrarrestar con inversión y crédito. Por el contrario, para Schumpeter, la «Economía-Política» era siempre ciencia abierta (beta) gracias a la acción del empresario (término intermedio) cuya acción no podía enclasarse plenamente, provocando por ello a la larga, una ruptura estructural del sistema gracias a su «destrucción creadora». En este sentido, para Schumpeter, la «Economía-Política» debía centrarse en estudiar la innovación y la generación de «beneficio genuino» por parte del empresario.

El «Enfoque Praxiológico», más en la línea schumpeteriana, considera que «Ciencia vs. Valor» es un Anti-Principio fundamental. Las operaciones del «sujeto gnoseológico» en las ciencias humanas son para la Teoría del Cierre Categorial «esencialmente» idénticas (en beta1) y/o «sustancialmente» idénticas a las de «sujeto temático» del campo (en beta2). Por ello en la Praxiología o Gestión Institucional, en tanto compuesta de categorías prácticas que son «ciencias humanas», las operaciones del Sujeto Praxiológico serán bien idénticas esencial o sustancialmente a las de los sujetos prácticos aunque en este caso sólo de un modo parcial porque parciales desde el punto de vista del campo praxiológico, son los contextos prácticos en la que el Sujeto Praxiológico despliega su Praxis.

Por ejemplo, diríamos que, a partir de operaciones, podemos reconstruir el Escorial estructural o técnicamente (de forma aproximada dada la naturaleza de anamórfosis de este proceso según tesis de Iván Vélez{26}) e incluso diríamos que podemos estimar el valor praxiológico que tuvo el Escorial no tanto para Carlos V sino para la Monarquía Hispánica ya que hoy podemos situarnos en una perspectiva histórica adecuada. Una estimación del valor histórico, que aún concediendo que pudiera ser científica, nada nos dice acerca del valor praxiológico que pueda tener el Escorial para la España actual dado que para esta nueva predicción, nos falta ahora perspectiva histórica. Es decir, la estimación científica del valor de un término en un contexto histórico (Axiología) no permite conocer en detalle la estimación fenoménica del valor de tal término en un campo praxiológico actual (in media res), aunque sin embargo, debemos partir para ello de tal valor histórico. Y ello es así porque nos movemos más en el terreno de la sinalogía y la composición que en el terreno de la sinexión y la articulación.

La Praxiología es un límite en las metodologías beta1-II. Una metatécnica con componentes científicos que no excluye cierres tecnológicos beta1-I y beta1-II (en las tecnologías hay un camino óptimo, «impuesto por la misma conexión causal de los objetos» dice Gustavo Bueno) pero afirmando que ninguna tecnología puede llegar a envolver el campo praxiológico sino más bien al contrario, el campo praxiológico a las diversas tecnologías compuestas.

En el plano esencial del campo de la «Gestión Institucional» cada región práctica alberga unos términos realizados, otros posibles y otros composibles, mientras que en el plano sustancial, hablaremos sobre todo de términos accesibles y de materia inaccesible para el «Sujeto Praxiológico». Una materia inaccesible que nos recuerda a M en el sentido de que puede pasar a ser accesible cuando el «Sujeto Praxiológico» construye su mundo operatoria y praxiológicamente, pero hasta ese momento nada se puede decir de ella («está fuera del Mundo»). La praxiologización de M indicaría también que M no es una materia que una mónada praxiológica «sin ventanas» pudiera ya contener en sí inconscientemente según su infinidad de percepciones y que mediante la «apercepción» pudiera irse haciendo consciente (accesible). Precisamente, la existencia de esta materia inaccesible es la mejor definición que podemos dar de la propia apertura del campo praxiológico («Cierre Praxiológico» vs. «Apertura Praxiológica» como Anti-Principio praxiológico fundamental). Cuando decimos que la consciencia implica inconsciencias estamos diciendo que estas inconsciencias han sido conscientes en un momento anterior del proceso cognitivo mientras la materia inaccesible, al contrario, es sobre todo materia que actualmente no forma parte de la historia «cognitiva» del «Todo Institucional», y ello sin perjuicio de que pudo haber sido accesible históricamente. Por ello, como Anti-Principio diremos que no todas las alternativas «históricas» deben estar accesibles para efectuar el regressus en los contextos prácticos o mercados de la «Gestión Institucional», aunque sí algunas de ellas. Ello querría también decir que, en su caos determinista, el campo praxiológico debe ser permeable al azar entendido de forma compleja y ello hay que tenerlo en cuenta para definir las políticas organizativas en relación a la innovación y el cambio. Tener en cuenta únicamente las alternativas históricas puede dar lugar a una especie de «falsa conciencia» en el «Todo Institucional».

Nos parece de una inusitada luminosidad llamar a esta situación ontológica «caos determinista» tal y como hace el materialismo filosófico. Tal término, en sí mismo, no es más que la negación de dos extremos, y por ello, nos parece proporcionado y solidario al «Enfoque Praxiológico» de los «Anti-Principios» que estamos desarrollando. En la misma línea, es también posible hablar de «cambio estable», «estabilidad cambiante» o «proceso estructural». Todos ellos términos paradójicos pero no contradictorios del mismo modo que pudiera ser contradictoria la alocución «círculo cuadrado» o «dodecaedro regular». El «Enfoque Praxiológico» se debe mover precisamente en los términos a los que acabamos de referirnos, si bien, refractados por el prisma praxiológico. El «Enfoque Praxiológico» debe hablar del Anti-Principio «Apertura Praxiológica vs. Cierre Praxiológico» en tanto se refiere con éste a la naturaleza de «cierre abierto» o «apertura cerrada» del campo praxiológico. Como decía Sir Arthur Clarke: lo difícil será será explicar a la multitud que algo puede ser cierto y falso al mismo tiempo.

Esta «apertura cerrada» es precisamente la que genera incomensurabilidades entre las distintas partes «políticas» y en los distintos plazos temporales sin por ello negar una mínima posibilidad de cierre metodológico cuando se confirma la identidad sustancial del «Todo Institucional», momento en el cual se puede distribuir la plusvalía como luego veremos.

En primer lugar, se dan estas incomensurabilidades porque hay términos y materia (M) que «afectan» al campo pero no están accesibles al «sujeto gnoseológico» (las contingencias alfa y beta en cada contexto). Incomensurabilidades entre el valor praxiológico en t1 y el valor praxiológico en t2 de un mismo término técnico o la incomensurabilidad en el t1 de dos términos técnicos. La incomensurabilidad o «apertura-cerrada» es una propiedad del campo praxiológico indisociable a su vez de la no neutralidad o «partidismo complejo limitado» del que luego hablaremos. Una incomensurabilidad que no deriva del mero incremento de la complejidad práctica de un contexto (que en el límite de la hipercomplejidad, veremos que se torna en simplicidad) sino de la irreductibilidad de unos contextos prácticos a otros que sin embargo se pueden conectar por medio de las partes sustanciales que les son comunes en su entretejimiento en symploké.

Como existe el crédito, el uso de éste en cualquier política (es decir, para construir un término praxiológico u otro) no será neutro «axiológicamente». El uso del cre´dito en un campo abierto implica que haya siempre incomensurabilidad entre las partes políticas (y no entre el todo y las partes) ya que afecta a sus distintos ritmos e inercias. Por ello decimos que son indisociables los tres tipos de incomensurabilidades: la incomensurabilidad del valor praxiológico de una alternativa para el «Todo Institucional» en dos momentos del tiempo (t1 vs t2), la incomensurabilidad del valor praxiológico de una alternativa para cada parte política y la incomensurabilidad para el «Todo Institucional» de todas las alternativas de todos los distintos contextos prácticos (no siempre es posible elegir entre «honra sin barcos» y «barcos sin honra»). Y sin embargo a pesar de la omnipresencia de la incomensurabilidad, también es cierto, que los «Todos Institucionales» «siguen adelante» a pesar de tales incomensurabilidades.

En este sentido, aunque el campo praxiológico se mantiene siempre abierto e in fieri también se puede hablar al mismo tiempo de un cierre metodológico para poder progresar. Tal cierre supone una kenosis de la influencia de esos otros contextos «in absentia». Un cierre metodológico que también nos permite retrospectivamente, a la «escala temporal adecuada», hablar de cierta necesidad en las conexiones que dan lugar al «Todo Institucional». Además, la armonía entre las partes sustanciales necesarias no puede darse por prestablecida ya que las partes valoran diferencialmente y siempre conservan su capacidad de articularse en otros «Todos Institucionales», pero tampoco podemos hablar de un conflicto prestablecido ya que ante escenarios de ruptura se reconoce siempre la posibilidad de que una parte hegemónica lleve adelante su proyecto praxiológico manteniendo una metaestructura que cohesione a tales partes potencialmente divergentes. Por ello, la razón praxiológica siempre tendrá que ver parcialmente con el resultado. Conexión que ya fue anticipada, por ejemplo, por Platón y Maquiavelo.

«En las acciones de todos los hombres, y máxime en la de los príncipes, cuando no hay tribunal al que reclamar, se juzga por los resultados. Haga pues el príncipe lo necesario para vencer y mantener el Estado, y los medios que utilice serán considerados honrados y serán alabados por todos»{27}.

Lo que ocurre es que el campo no es, por así decirlo, termodinámico y el «Todo Institucional» no es un sistema. Cuando se toma el sistema termodinámico como «paradigma» de los campos praxiológicos se debe a que se toman los conceptos de homeostasis y retroalimentación como si fueran suficientes para explicar su dinámica. Es decir, negando la existencia de la heterogeneidad categorial práctica. Los Sistemas que perfila la Teoría General de Sistemas son sistemas abiertos pero su campo puede considerarse termodinámicamente cerrado, y por ello, se ocupa de entidades objetivas, tales como calor y trabajo (o mutatis mutandis, de entidades objetivas como comunicación y significado en Luhman), estableciendo principios de equivalencia entre ellas.

Precisamente fue la supuesta imposibilidad de predecir en los sistemas sociales, cuando la entropía superaba cierto límite, lo que fue tomado como paradigma por Bertalanffy en su Teoría General de Sistemas (TGS) para resolver el dilema entre el «vitalismo y mecanicismo» en Biología. Un Bertalanffy a su vez influido por el armonismo de Leibniz y Kant. En Sociología esta concepción influyó también en Luhman para quien la categoría de «significado» en un sistema se actualiza como resultante de operaciones, decisiones y comunicaciones y gracias a ello era posible mantener la entropía del sistema, lo que aseguraba que éste pudiera explicarse sintáctica y autorrecursivamente. Por su parte, la Teoría General de Sistemas tuvo también influencia en la Ciencia del Administración a través de Akoff y Drucker (considerado por muchos como padre del Management), que a su vez había sido influenciado por Schumpeter (en su polémica con Keynes), y que había pasado a concebir la Economía como una categoría abierta en la que se debía tener en cuenta al empresario. Para Drucker la Empresa pasaba a ser un sistema, que aunque abierto e inmerso en la sociedad, era posible gestionar en base a una totalidad atributiva de objetivos. Management by objectives, dado que se podía asumir que existía cierta estabilidad, la estabilidad de la «Corporación», según el modelo de la General Motors de los años 70.

En el «Enfoque Praxiológico», por el contrario, la «gestión» está tanto en la «selección» borrosa y cambiante de objetivos (en realidad, en la definición de los no-objetivos) como en la propia gestión por objetivos de Drucker (i.e, implantación y redefinición, una vez han sido seleccionados). En el «Enfoque Praxiológico», el campo no está nunca cerrado termodinámicamente y por ello no existe un tipo de sistema que pueda reducir o articular atributivamente a todos los demás. Ello implica que hay materia que influencia al propio campo pero que no está accesible (symploké), materia que no es que sea contingente respecto del campo praxiológico, sino que no está conectada termodinámicamente con éste. Por tanto, sobre esta «influencia» no puede establecerse probabilidad alguna. No se nos ocurre otra posibilidad que apelar de nuevo a M para representar praxiológicamente lo que podría ser tal materia, de la que, por tanto, nada podemos decir a priori.

Finalmente, la doble presión praxiológica (la existencia de incomensurabilidad entre alternativas junto a la necesidad de elegir y llevar adelante algunas de ellas) y la propia importancia de la sinalogía (la imposibilidad de conocer la «distancia práctica» y valor de cada alternativa respecto del Sujeto Praxiológico) determinan la anamorfosis de la razón praxiológica y que no exista retrodicción al 100%. La reconstrucción de la categoría o sustancia praxiológica no se puede hacer al 100% a partir de sus esencias prácticas (como decía Kant «si bien toda característica humana comienza con su substancia zoológica no por ello, toda característica humana procede de esta substancia zoológica»{28}). Por ello, la razón praxiológica sólo se puede reconstruir de forma aproximada del modo en que se puede reconstruir esencialmente la categoría antropológica por medio de la convergencia de semejanzas de especies distintas de cultura extrasomática: la piedra tallada, más el fuego, más la aguja de coser solutrense &c. cuando cada una de las cuales, por sí sola, carecería de todo significado antropológico{29}. Así también, cuando los economistas nos explican las crisis a toro pasado a través de modelos esenciales (i.e., la razón de porqué el gestor implementó una serie de políticas dentro de su sistema de alternativas), tal conocimiento carecerá de valor praxiológico en el corto plazo, es decir, no podrá ser generador de bienestar (plusvalía), y ello no sólo porque la situación haya cambiado (que es la razón que normalmente se aduce) sino también porque no podemos conocer la propia situación (o campo praxiológico) en el que el gestor se encontraba inmerso y la distancia práctica que tenía a los términos.

Por todo ello, la Praxiología tanto se debe guiar por la prudencia como por la imprudencia («If everything is under control you are just not going fast enough») aunque siempre que circunscribamos tal imprudencia al propio ámbito de la plusvalía y no al recinto del valor sustancial. El gestor puede ser imprudente en cuanto a su plusvalía pero no puede serlo en cuanto a la recurrencia del «Todo Institucional». Ya Platón decía que si el capitán estrella el barco no es capitán. De hecho, no se puede negar el riesgo en plusvalía sin eliminar la propia plusvalía. Es el Anti-Principio «Prudencia vs. Imprudencia».

Acercándonos también al debate Empirismo vs. Racionalismo (y/o al debate Deducción vs. Inducción) lo que negamos también desde el «Enfoque Praxiológico» es que al existir contingencias alfa y beta específicas a cada contexto, las evidencias (hechos) y/o las hipótesis teóricas puedan ser inducidas con un grado de probabilidad (Keynes en su lógica inductivista y probabilística llegó a decir: "la probabilidad de que algo suceda es para nosotros la guía de la vida").

En el «Enfoque Praxiológico», el problema no es la probabilidad ya que ésta se dibuja solamente en el plano esencial, y por ello, el dato flotante de la «Gestión Institucional» no se reduce al riesgo probabilístico sino que más bien tiene que ver con la incertidumbre en el sentido de Knight{30} (ignorancia sobre el riesgo). Asimismo, la incertidumbre puede derivar no sólo del azar sino también de: a) la imprecisión en la definición técnico-práctica (aquí Zadeh, partiendo de su Principio de Incompatibilidad, tuvo que desarrollar su Lógica Borrosa) pero también b) de las incomensurabilidades en el plano del valor praxiológico a las que antes nos hemos referido (boulesis). Por ejemplo, la posibilidad del resultado «aprobar un examen» depende también de cuanto se prepare tal examen (i.e. de cuanto se valore respecto de otros objetivos). Es decir, en resumen lo que decimos es que es necesario complementar la Lógica borrosa de la posibilidad de Zadeh (Lógica que, según Velarde, complementaba, más que negaba, la aristotélica{31}) con un tercer atributo, el valor.

A diferencia del enfoque epistemológico, en la Gestión Institucional nos situamos en un plano diamérico de creencias, por tanto no científicas pero tampoco plenamente subjetivas ya que toda creencia ostenta un fulcro objetivo. En este sentido la posibilidad trabajará en el plano práctico conjugándose con la creencia. La creencia de que una alternativa (com-posible) es preferida en términos de valor se conjugará con la posibilidad de las alternativas, acaso obtenidas borrosamente. Esta conjugación entre creencia y posibilidad nos alerta de que la creencia no es matematizable al 100% (por ejemplo, al modo de Dempster-Shafer ya que las evidencias de los distintos contextos son contradictorias e incomensurables). Es la creencia en tanto se conjuga con la posibilidad la que nos permite entender la incertidumbre praxiológica y el «Anti-Principio Prudencia vs. Imprudencia» y siempre que nos refiramos dualmente a la recurrencia y a la plusvalía (algo que no hizo Knight, que simplemente hablaba de beneficios).

En cualquier caso, Empirismo vs. Racionalismo es una distinción epistemológica (similar a otras relacionadas como Consciente vs. Inconsciente; Razón vs. Sentidos; Razón vs. Experiencia) que el filomat reexpone brillantísimamente mediante la conjugación de conceptos y apoyándose además en el argumento zoológico referido a la necesidad de apelar (además de únicamente a un Sujeto y a un Objeto) a terceros objetos (acaso símbolos o signos) y sujetos (acaso, animales o númenes). Ante esta disyuntiva epistemológica, el «Enfoque Praxiológico» se sitúa en otro plano (apoyándonose en el plano gnoseológico) ya que considera que no es sólo que las «sensaciones articuladas» o lo «a priori» o racional sean la conjugación en el plano práctico esencial de lo «a posteriori», lo empírico o de las «sensaciones separadas» sino que también considera que avanzar en el conocimiento «a priori» de una región del campo tiene siempre un precio respecto al valor de este conocimiento a priori en el resto de regiones.

En cualquier caso, tanto el apriorismo como el racionalismo (frente al empirismo) tienen también un fulcro desde el punto de vista de la «Gestión Institucional», el de que sólo se puede hablar de material empírico y positivo desde una teoría praxiológica mínima (que dé forma a tal material). Aunque siempre que tal forma a priori no se entienda como derivada de una capacidad esencial humana como la que se deduce de la lógica praxiológica de Mises ni como se deduce en el terreno de la cognición de la Ley de la energía específica de los sentidos de Johannes Muller (bajo influencia del Idealismo Kantiano, en contra del empirismo de Hume). Esa teoría «mínima» default o de partida sería la «Función Praxiológica»o teoría filosófico praxiológica por la que se gobierna el Sujeto Praxiológico en la que SER y el DEBER SER se tratan de imponer el uno al otro sin conseguirlo plenamente, lo que, también nos obliga a hablar tanto de «juicios de valor» relativos al «momento práctico» y/o «momento praxiológico» (en contra de Weber) como de «juicios de hecho» o «juicio de posibilidad» respecto del «momento técnico». Por lo demás, la posibilidad de una Inteligencia Artificial que iguale el SER y el DEBER SER queda imposibilitada de raíz en la «Gestión Institucional» ya que supondría por otra parte su negación absoluta.

Es fácil entender en este contexto que el «Enfoque Praxiológico» sea una crítica tanto a la Praxiología de Mises{20} como a la de Kotarbinski{33}, y a su vez, una crítica tanto a la apertura pura del campo postulada por la Escuela Austriaca como también una crítica a la «ergocidicidad» del Neo-keynesianismo de la que habla el premio Nobel Stiglitz{34} e incluso también una crítica a la Teoría de la Eficiencia de los Mercados (e Irracionalidad) de los últimos premios Nobel 2014 de Economía: Fama (y Shiller).

Como hemos descrito cuando hemos aludido a la polémica entre Keynes y Knight, el campo económico no es cerrado y por tanto no es ergódico. Y ello es debido a que un sistema económico es ergódico cuando es probabilísticamente arriesgado, pero no incierto, de manera que la información de los agentes les permite tener unas expectativas racionales (y ello aunque algunos agentes partan con ventaja por su ventaja en términos de información asimétrica). Siendo así la naturaleza de tal campo económico, la información actual sobre el pasado sería un estimador fiable, desde el punto de vista estadístico, de los acontecimientos futuros. Y por ello, el argumento ergódico dice que existe también una «senda óptima de desarrollo económico». Todo ello negado por el «Enfoque Praxiológico» y su concepción de apertura-cerrada del campo.

Así también, la posición del «Enfoque Praxiológico» frente a Fama & Shiller (premios Nobel de Economía en 2013) haría referencia a que, para empezar es preciso dejar de hablar de mercado (el «mito del mercado») o mercados, sin hacerlo «aliorrelativamente», es decir, sin entrar en materia y sin referirnos a un mercado y Sujeto Praxiológico concreto. Por ello, el «Enfoque Praxiológico» debe siempre referirse a mercados segmentados y, por tanto, dentro de campos abiertos en los que hay un sujeto operatorio que trata de precedir o componer en base a predicciones ya que en tal tarea «se la juega».

En tales mercados segmentados por un Sujeto Praxiológico, el peso (precio) de una alternativa práctica no puede separarse indefinidamente respecto del resto de alternativas en el mismo pero tampoco del peso de las alternativas en el resto de mercados, lo que supondría negar las Leyes Generales de la Dialéctica procesual{35} a las que aludiremos y negar también la propia heterogeneidad de las necesidades o finalidades prácticas. Por ejemplo, el precio de la vivienda no se puede separar indefinidamente del resto de necesidades porque éstas también deben ser cubiertas, y además con la misma renta; Conviene recordar que, por ejemplo, en España el 45% del capital neto acumulado en 2010 estaba invertido en inmuebles. En este sentido, cuanto más se separa el precio de una necesidad práctica, respecto de la «media» conformada por el resto, más difícil es que siga separando y ello sin poder predecir el momento de ruptura estructural: Keynes solía decir que «el mercado puede ser irracional durante más tiempo que el inversor puede ser solvente». Pero ello tampoco significa que el «mercado» sea racional (o eficiente en Fama) o irracional (en Shiller).

Del mismo modo diremos que la Praxiología debe tener en cuenta metodológicamente tanto la información de la génesis de los contextos prácticos o mercados como la estructura de los mismos, conocimientos que son hasta cierto punto disociables como postularon Aristóteles y Hintikka, pero no separables por completo. En este sentido, es preciso mantener accesibles (sin precisar cuanto) algunas de las alternativas históricas o valores prácticos históricos de los respectivos contextos. Por ejemplo, toda alternativa praxiológica de «real politik» relativa al gobierno de España debe tener en cuenta, acaso mínimamente, que España fue una parte del Imperio Hispánico, impronta que siempre puede «refluir» y aconsejar que se estrechen las relaciones políticas y comerciales entre los países hispánicos.

En relación a la crítica a la Praxiología de Mises diremos que para Mises y la Escuela Austriaca los fines humanos son aparentemente heterogéneos pero, paradójicamente, a la vez, potencialmente comensurables o al menos «ordenables» por una razón subjetiva utilitarista (mientras que el «Enfoque Praxiológico» afirma que sólo se pueden negar algunas alternativas). Una racionalidad ordinal (no cardinal-aritmética como la de Bentham o Edgeworth) que posteriormente tratarían de matematizar Samuelson y Hicks con escasos resultados. Por tanto, una racionalidad que «armoniza» los distintos fines y los subordina unos a otros, negando por tanto que se refieran a esferas heterogéneas, es decir, refiriéndolos a una única Acción Humana.

Una racionalidad praxiológica en Mises que tanto une a todos los seres humanos «a priori» («equipados» con un mismo equipamiento de computación lógico y una misma capacidad de conducirse según los axiomas praxiológicos) como los separa según cómo aplican intuitivamente tal «esencia humana común» a un mundo de complejidad dinámica de causas y efectos interrelacionados e inconstantes, lo que les llevará a diferentes resultados tanto en el valor subjetivo de los términos o productos a intercambiar como en sus «recompensas». Resultados «meritocráticos» para Mises porque las reglas del juego son las mismas para todos y porque si se parte con ventaja se debe únicamente al ahorro meritocrático y capitalizado del individuo (o sus antepasados). Para Mises, como este orden es ya de suyo meritocrático, todo cambio (político) es inmoral, lo que implica una negación de la Política.

Este enfoque praxiológico es muy atractivo y seductor pero contiene errores filosóficos de base que explican porqué no existe, ni puede existir, tal orden humano «justo» sino, por el contrario, siempre órdenes políticos «realmente existentes» cuya justicia e injusticia la alcanzan frente a otros órdenes políticos. La principal crítica que hace el «Enfoque Praxiológico» a la Escuela Austriaca es que desprecia la capacidad que mantiene todo individuo de articularse políticamente en términos intermedios. Podríamos decir que es tan útil (y lícito) para el individuo producir apoyos políticos y cooperar políticamente como cooperar contractualmente y producir productos para el mercado en busca de su beneficio. Tales términos intermedios (la persona, la organización, el Estado, los entes supranacionales, etc) deben ser también considerados sujetos praxiológicos y, por tanto, no se les debe negar nunca cierta «operatividad» praxiológica. Esta fractura interna en instituciones, no corregible, impide irremediablemente hablar siquiera de la existencia de un sistema económico cuya eficiencia se pudiera maximizar sino se interviniese en el mismo. Se podría decir que la Teoría de la Escuela Austriaca y el anarcocapitalismo son potentes experimentos mentales para entender por qué el Estado es insustituible y porqué existen inexorablemente organizaciones «políticas» como los partidos políticos y los sindicatos.

En el «Enfoque Praxiológico», todo sujeto mantiene su capacidad y necesidad de enclasarse parcialmente (articularse técnica o políticamente con otros sujetos) pero también su capacidad de «desclasarse» para volverse a enclasar posteriormente en otros «Todos Institucionales» distintos al de referencia a través de los distintos contextos prácticos. El grado de «movilidad» «individual» puede ser incluso alto dado el número de alternativas. Podemos pensar, por ejemplo, en un futbolista que cambia de equipo y país a lo largo de varios fichajes, aunque no «flotando» sobre todos ellos, sino comprometiéndose con cada uno de esos equipos cuando lleva su camiseta. Sin embargo, no podemos pensar en masas de individuos enclasándose y desclasándose al mismo tiempo, i.e. maximizando su utilidad y moviéndose por el globo según su razón maximizadora. Del mismo modo diríamos, ahora que se ha puesto de moda el término, no todos los desempleados de un país como España, en el momento en que se escribe este ensayo en un número cercano a 6 millones, podrían convertirse en «emprendedores» y/o autoemplearse a la vez o en un porcentaje importante. No todo el mundo puede emanciparse y desclasarse de forma efectiva en todos sus contextos parciales porque para ello se necesita de un «Kapital» previo, que por definición y por su naturaleza relativa, no todo el mundo puede poseer al mismo tiempo.

Por su parte, bien en los grupos complejos en los que se articula políticamente el sujeto o con los grupos que contrata técnicamente de forma consensuada, existen, a su vez, partes diferenciadas pero necesarias. Cuanto más complejo son los productos que por ejemplo quisiera producir un «sujeto gnoseológico» o empresario (el sujeto supuestamente desclasado de Mises), más deberá cooperar técnica y contractualmente con otros y remunerarlos meritocráticamente si quiere aspirar a controlarlos «contractualmente». Y ello no tanto por encima de su voluntad como empresario sino haciendo residir precisamente su voluntad como empresario en tal cooperación. Del mismo modo, podríamos decir, el sujeto moral más que autónomo es autodeterminado, es decir, puede desconectarse causalmente de los demás miembros de los múltiples grupos a los que pertenece (no de todos), pero no puede darse a sí mismo sus reglas o normas. Y lo mismo pueda decirse también a nivel político: cuanto más grande es la clase política de acólitos que se quiere liderar y controlar, mayor es su heterogeneidad y complejidad. O también cuando decimos con Gustavo Bueno que la Sociedad civil es un conjunto de instituciones no políticas enfrentadas entre sí, sino de instituciones que encuentran precisamente la posibilidad de supervivencia a través de la sociedad política. De hecho, no hay diferencia dicotómica entre las dos situaciones y toda cooperación técnico-territorial no estará exenta de cooperación política (y viceversa). En el «Enfoque Praxiológico» hablaremos, más adelante, de un «Kapital Técnico» conjugado y limitado por un «Kapital Político». Un «Anti-Principio» inexcusable de la Gestión Institucional.

Por ello, además de una mínima igualdad material entre las partes, por lo menos en cuanto a su downside o supervivencia como partes necesarias (sin perjuicio de la mortandad de individuos sustituibles dentro de ellas) deberá también darse una mínima desigualdad meritocrática en el upside, en las ganancias por arriba. El Kapital se basa siempre en la diferencia Y tal remuneración dual se da, además, siempre en función de que tales partes puedan ser sustituibles unas por otras (a nivel técnico o político). Y esta desigualdad por arriba es el fulcro de la propia Praxiología de la Escuela Austriaca respecto de la Praxiología de Lange-Kotarbinski (que ahora pasamos también a explicar), que a su vez, también ostentará un fulcro respecto a la Escuela Austriaca (i.e., la mínima igualdad por abajo en cuanto a la retribución o derechos básicos; en su downside).

Respecto a la crítica a la Praxiología de Lange-Kotarbinski diremos que también es posible contraponer los «Anti-Principios» praxiológicos a los Principios de esta Escuela. Lange, por ejemplo, habla de que los Principios de Racionalidad (efectividad y eficiencia; la lógica del Beneficio{36}) no aplicarían: ni a la RACIONALIDAD SOCIAL por arriba, ni a la Esfera DOMÉSTICA por abajo, en tanto ésta última, por ejemplo, no sería racional sino consuetudinaria y/o tradicional. Tales Principios por el contrario, dice Lange, sí que podrían extenderse, en cambio, a la Ciencia (ejemplo de la Estadística) y por ello, definirían una disciplina general (agrupando tanto la propia Economía Capitalista como a la Ciencia).

Para Kotarbinski, por su parte, existirían contextos técnicos definidos por un sólo fin, y por tanto, sin contradicción con otros fines. En tales contextos, aplicarían desde luego los Principios de Racionalidad básicos (como los de Lange), pero, además, en ellos sería también posible conducirse de la forma más eficiente posible profundizando gracias a unos Principios Generales (y «trascendentales» a todo contexto técnico) como el de la mecanización. Admite, no obstante, Kotarbinski que, cuando trascendencemos tal contexto (monofinalístico), los fines pueden entrar en contradicción y nos salimos del recinto definido para la Praxiología, e incluso de la Filosofía Práctica, para adentrarnos en el terreno de la Filosofía Moral y de los Valores. Un enfoque similar al de Bunge{37}.

En el «Enfoque Praxiológico», aunque vemos también límites para las distintas esferas materiales (SOCIAL, ORGANIZACIÓN, DOMÉSTICO), a diferencia de Lange, no los atribuiríamos a una lógica distinta sino antes al contrario, al hecho de que por compartir la misma lógica, la razón praxiológica, los límites de sus Praxiologías y sus campos praxiológicos, sólo pueden definirse dialécticamente en el mismo momento en que limitan a los demás, de forma similar a como ocurrió cuando se generaron las capas corticales de los Estados.

Además negamos también de forma decidida que la Praxiología se circunscriba a sólo un terreno práctico cerrado y que ésta se reduzca a estudiar la maximización de la eficiencia. Y ello ante todo porque la eficiencia de un contexto se ve limitada precisamente por la efectividad y eficiciencia en el resto de contextos necesarios, abstraidos por el propio Kotarbinski. En el «Enfoque Praxiológico» no hablamos de Principios de efectividad y eficiencia aplicables a todo contexto práctico sino del Anti-Principio «Efectividad vs. Eficiencia» de todo contexto práctico en su relación con los demás, lo que no permite establecer reglas concretas a priori. No siempre, por ejemplo, la mecanización mejora la eficiencia en el campo institucional.

Asimismo la «Gestión Institucional» no se puede guiar únicamente por maximizar el Kapital técnico sino que hay que tener en cuenta también el Kapital político frente a terceros, en tanto deriva de la cohesión relativa de las partes. Por ello, la Economía es siempre Economía Política. No obstante, este Anti-Principio, por separado, tampoco se puede desarrollar a priori en mayor medida, debiendo esperar a que se componga con el resto de Anti-Principios para emitir juicios sobre si la proporción es correcta. Es decir, estamos obligados a entrar en materia para ser capaces de decir que el Kapital Técnico o Político de un «Todo Institucional» puede no ser suficiente para asegurar su supervivencia. A priori, simplemente podríamos decir que el Sujeto Praxiológico no es nunca ni un líder puro pero tampoco un tecnócrata puro.

En el «Enfoque Praxiológico», el Kapital nos aparece como «concepto relativo» con el Estado y la sociedad política que surge con el mismo a partir del control violento de la capa basal (frente a terceros; «Kapital Político») en tanto, esta capa basal en su nueva organización política es capaz de contribuir sustancialmente a generar una plusvalía respecto a otros repartos no violentos de la capa basal. Una plusvalía que por otra parte sólo se conforma también gracias a la posesión de «Kapital Técnico» (agricultura) y/o metaestructural (coordinación, por ejemplo, gracias al lenguaje escrito, de todas las partes necesarias y especializadas técnico-territorialmente). Es decir, el Estado no nacería de un pacto roussoniano, una justicia rawlsiana o de un patriotismo constitucional habermasiano sino que es, más bien, solidario de una apropiación originaria de tal capa basal (frente a terceros) según tesis de Gustavo Bueno y su «vuelta del revés» a Marx (para quien con el Estado comienza la explotación). Incluso diremos que tal «vuelta del revés» no se produce en un «tiempo eje» o en un «momento de emergencia» sino que derivaría de un proceso de conjugación y diferenciación complexa de las partes de la sociedad natural que se realizaría precisamente en el acto de apropiación de la capa basal y en la constitución de la sociedad política (zoon politikon). Es en ese acto de apropiación originaria donde se conforma y «realiza» una ventaja «relativa» (antes inexistente) de una subclase «política» respecto a los de su propia clase «natural». Una ventaja que se capitalizaría, por ejemplo, en el reparto desigual de las rentas de las tierras.

En relación a la aparición de la ciudad y el Estado será importante la integración de elementos externos como los exclavos por deudas (a través de instituciones como el año sabático y el año jubilar).

La ciudad y el Estado empiezan a aparecer cuando la tierra de nadie comience a escasear y los depauperados, de varias tribus, no puedan sobrevivir sino es integrándose en un estado «propio», en una tierra de promisión.

De esta suerte, los miembros del grupo adscritos a áreas menos fértiles acaban trabajando al servicio de los miembros ubicados tradicionalmente, según una tradición que funda derecho, en áreas de mayor fertilidad (siempre que la hayan podido defender) los cuales alcanzan así el dominio sobre el excedente.

La teoría del vórtice de Bueno trata de explicar el núcleo de la esencia de la ciudad y dice que dada una situación previa de tribus heterogéneas que ya mantienen relaciones comerciales, se produce en un punto geográfico privilegiado un lugar para acumular comida (capital) e intensificar las relaciones comerciales con las otras tribus{38}.

Así tal ventaja de Kapital es la de una «subclase práctica» respecto del resto de subclases de su «clase práctica» o la de un «individuo práctico» respecto de su «subclase práctica», por ejemplo, por estar más cercano prácticamente (poseer, controlar) a términos con valor práctico. Es decir, es una ventaja relativa que «variará» según se mire desde distintos prismas. El Kapital genuino de un «Sujeto Praxiológico», no obstante, es el que se acabará conformando como resultado de la composición de tales ventajas prácticas parciales de Kapital.

En este sentido, es crítico tener en cuenta que siempre existen y existirán capitalistas dentro de un campo praxiológico (al ser éste un concepto relativo) y, por tanto, toda acción política (de una parte respecto a otras, internas y/o externas) no es neutral. Hasta podríamos llegar a decir que una revolución, sea del signo que sea, es, desde un punto de vista praxiológico, la mera sustitución de unos capitalistas por otros. Y según Canfora esto es precisamente lo que ha sucedido en todas las revoluciones desde la inglesa{39}.

En cualquier caso, los distintos tipos de Kapital sólo pueden ser comensurables (por ejemplo, a través del «Kapital Financiero») en referencia a un mismo «Todo Institucional». De hecho, sin referencia a un mismo «Todo Institucional», toda teoría praxiológica, es un mero formalismo o esencialismo que conduce a conclusiones erróneas. Por ejemplo, en Antifrágil, Taleb llega a decir que la escala política óptima (a nivel esencial) es la de las Ciudades Estado. Para Taleb, las Ciudades Estado permiten la asunción de riesgo en por parte de los ciudadanos sin que tal riesgo acabe haciendo sucumbir a la sociedad política ya que al mantener una escala mínima, están dotadas de una mayor flexibilidad.

Aunque la especialización compleja es interna a toda organización humana, sobrepasado un punto de especialización praxiológica en una necesidad (por parte de una parte), hay que atender a otras necesidades y/o partes. Ello equivale a decir que sobrepasado un punto el upside de una parte necesaria va contra el downside (mínimo aceptable) de otra parte necesaria. Y también podemos decir que sobrepasado un punto, el crecimiento del «Kapital Técnico» se genera dialécticamente contra el crecimiento del «Kapital Político». Por ello, la especialización interna o la hiper-diversificación, sobrepasado un punto, equivale siempre a un crecimiento desequilibrado. En cualquier caso, diremos, no podemos dejar de especializarnos relativamente en algo, como bien desmostró el Teorema de la Ventaja Comparativa de Ricardo.

Por su parte, toda política implica una «Diversificación» o una «Especialización» (Anti-Principio) y, en este sentido, en el «Enfoque Praxiológico» es imposible hablar por tanto de una neutralidad política. No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo decía Woody Allen. Toda diversificación o especialización extrema pone siempre en peligro la eutaxia ya que ésta no deja de ser el equilibrio de fuerzas entre partes especializadas y diversificadas a la vez. Y ello en el mismo sentido implícito en la propia definición de eukrasia médica.

Es este equilibrio entre las partes múltiples es, precisamente, aquello en que consiste la salud. La enfermedad es vista como desequilibrio, como desproporción, desmesura, destemplanza (decía Huarte de San Juan), y la desmesura hay que recuperarla mediante la intervención médica{40}.

El campo praxiológico no es tampoco a su vez ni armónico ni conflictivo (más bien, diríamos sería coopetitivo). Es tesis del «Enfoque Praxiológico», como decíamos, la existencia de términos intermedios (clases, subclases, organizaciones, empresas) circunscritos tecno-territorialmente, y por ello, en este contexto de diferenciación complexa, la armonía de las partes (Leibniz, Adam Smith) no está asegurada (Teorema de Arrow, «Efecto Condorcet»). Y ello no tanto por una imposibilidad material de cálculo (tesis de Mises y Hayek), sino porque existe un partidismo (complejo y limitado) y una apertura del propio campo. Es decir, porque no existe un único canon (común para las partes), y por tanto, éste no se puede computar. La apertura de todo campo praxiológico implica siempre un momento de ruptura en el «Todo Institucional» ya que las partes diferenciadas funcional y territorialmente siempre pueden llegar a mejorar su posición «relativa», llegado el momento, aliándose con «potencias externas» (enclasándose, desclasándose). Es la praxiologización del «Dilema del Prisionero».

Un partidismo complejo limitado (Anti-Principio «Complejidad Praxiológica vs. Simplicidad Praxiológica») que implica que todo «Sujeto Praxiológico» coopite con otros «Sujetos Praxiológicos» debido a que su praxis necesita desplegarse a lo largo de diversas partes (funciones internas, finalidades prácticas y territorios), pero partes, que son también ellas mismas Praxiologías y que, por tanto, vuelven a diferenciar su campo praxiológico en nuevas partes funcionales, finalísticas o territoriales, aunque siempre con un límite, nunca individual. Se niega en este sentido, ante todo, la Simplicidad Praxiológica, el individualismo metodológico.

La coopetición que estamos describiendo, como característica interna del campo, implica negar de plano cualquier posibilidad de neutralidad en la propia Praxiología. Sin embargo, en este punto fue clave la distinción entre neutralidad material y gnoseológica de Gustavo Bueno, ya que nos permitió terminar de visualizar la Gestión Institucional como esa metodología interna neutral «gnoseológicamente» pero con valor para un partido, es decir, con valor para una organización frente a otra. No neutral «materialmente». Esta neutralidad gnoseológica es también correlativa a la propia meritocracia interna que también veíamos como necesaria para la duración y eutaxia en el tiempo del Todo Institucional.

Como decimos, tampoco el campo es complejo ni simple a nivel sustancial, sino que tales términos deben ir siempre referidos a los contextos o mercados parciales. Por ejemplo, la «Complejidad y Apertura» definen la racionalidad práctica institucional en un contexto o mercado pero para llegar a la racionalidad praxiológica es preciso también atender a la relevancia relativa de cada contexto respecto al resto de contextos del campo. Esta sería la diferencia entre la complejidad sintáctica y la complexidad praxiológica.

En este sentido, Gustavo Bueno nos habla de la racionalidad institucional. Tanto la idea de Razón como la idea de Dios se dicen de muchas maneras. Desde el materialismo filosófico, la racionalidad se predicará de determinadas estructuras o procesos constitutivamente hilemórficos. Consecuentemente, la racionalidad hilemórfica estará involucrada en contextos operatorios en los que los sujetos corpóreos manipulan objetos. No hay racionalidad sin manipulación de objetos (no es formal, debe haber también materia). La concepción de la racionalidad así dibujada conecta con la idea de racionalidad institucional. Son dos de las características de las instituciones las que recortan morfológicamente la idea de Razón; por un lado, las instituciones se presentan como totalidades corpóreas hilemórficas y, por otro, como estructuras racionales normativas.

Una racionalidad institucional que es práctica y «compleja» cuando existen diversos factores alfa relevantes y «abierta» cuando no se controlan todos ellos. Cuando la racionalidad es compleja y abierta, Gustavo Bueno nos habla de racionalidad «ordinaria» que es la que se daría en las ciencias humanas, contraponiéndola a la racionalidad cerrada (sea simple o compleja). En el «Enfoque Praxiológico» llamamos complejidad praxiológica a tal racionalidad ordinaria, es decir a una complejidad práctica, pero cuando no nos referimos a un solo contexto práctico. Lo que es complejo praxiológico y abierto es el campo mientras que los contextos pueden ser «complejos prácticamente y abiertos» o «simples y cerrados», pero no todos a la vez. «La claridad y distinción del sentido sólo puede afectar a situaciones muy precisas y delimitadas (por ejemplo, dominar una fuga del Clavecín Bien Templado), pero no al ensamblaje y coordinación de programas de cada individuo con el contexto del medio social y biológico cuyos sentidos han de componerse»{41}.

Es decir, mejor que heterogeneidad usaremos el término complejidad praxiológica y sustancial que es una complejidad heterogénea (de contextos materialmente heterogeneos y formalmente complejos). La complejidad praxiológica es, por tanto, la diferencia entre complejidades prácticas diferentes. La forma de la forma en fórmula de Ana Agud{42}.

Por su parte, la complejidad praxiológica no depende exclusivamente de la complejidad ontológica de un término sino de las conexiones (acaso sinalógicas) y relaciones con otros términos de su contexto práctico o esencial y de la conexión con términos de otras categorías prácticas de su campo sustancial. El individuo en el modelo de Harrod-Domar de la «Economía-Política» podría considerarse muy simple (es brillante la analogía de Gustavo Bueno entre tal modelo y el de Gay-Lussac{43}) sin perjuicio de su consideración complejísima para la Biología. Pero lo importante es que un mismo término, el propio sujeto praxiológico puede considerarse parcial y simultáneamente inmerso en contextos prácticos simples y complejos. Un sujeto praxiológico puede conducirse de forma compleja en la partida de ajedrez que está jugando, para al terminar, enchufar la televisión y pasar a formar parte de una masa de televidentes indiferenciada.

La complejidad ontológica, por su parte, es condición de todo sístasis y sistema y acaso de toda unidad ontológica fenoménica. Sobre toda unidad caben siempre conceptualizaciones (gnoseológicas) con diferente nivel de complejidad formal (alfa1, alfa2-I, alfa2-II, beta1-I, beta1-II y beta2). Por ejemplo, el sujeto en alfa1 (cuando sólo existe un factor alfa) puede ser conceptualizado como un no-sujeto (en la Psicofísica o en la Frenología de Gall), o como un vector en alfa2-I (como cuando existen dos factores alfas sinectivamente unidos; por ejemplo, un punto que se mueve en una dirección con una aceleración por ejemplo «dentro de un cine en llamas», es decir, según la intensidad de un estímulo), mientras que cuando tal unidad ontológica fenoménica es conceptualizada de forma más compleja (con al menos tres factores alfa), el sujeto pertenecerá a otras categorías no etológicas o conductuales sino institucionales (alfa2-II), históricas (beta1-I), prácticas (beta1-II) o categorías praxiológicas (composición de las anteriores).

· Por ejemplo, no podemos decir que La Guerra Civil Española fue una guerra entre «sólo» dos bandos sino que como mínimo es necesario acudir a tres factores esenciales aunque interdependientes.«Es decir desde una perspectiva en la que España circa 1930 sería una intersección entre una pluralidad de líneas de fuerza (comunismo vs. capitalismo, catolicismo vs. laicismo, España rural vs. España urbana, republicanismo democrático vs. formas no democráticas, etc.)»{44}.

En este sentido, no es que un término categorial adquiera, por emergencia (Murray Gell-Man) una mayor complejidad o nuevas propiedades formales respecto al anterior nivel sino que se constituye en término de una nueva categoría y ello sin perjucio de que siga manteniendo factores cogenéricos (que por así decirlo, permitan su «recosificación» y recategorización en las categorías menos complejas cuando sea pertinente gnoseológicamente). Todo cambio cualitativo es más bien un cambio estructural y, por tanto, material. Lo importante es tener en cuenta que, por ejemplo, la nueva totalización (por ejemplo, la praxiológica) es disociable pero no separable de las otras (por ejemplo, prácticas) ya que si éstas se mantienen en un nivel k, la totalización praxiológica debe siempre mantenerse siempre en contacto con ellas en un nivel superior (k+1, k+2…).

En cualquier caso, la complejidad formal sólo coadyuba «in oblicuo» a la hora de diferenciar unas categorías praxiológicas de otras. La complejidad y escala no tienen pertinencia gnoseológica «in recto» en el caso de la Praxiología y ello es así porque también existen otras dimensiones con las que la complejidad de los contextos prácticos debe componerse tales como la relevancia, la urgencia, etc. Factores, estos últimos, que no se daban, por no ser pertinentes en ciencias naturales, en el análisis gnoseológico que hace Evaristo Álvarez Muñoz en el caso de la Geología{45} para determinar la influencia o no influencia gnoseológica de la complejidad, la escala y el tiempo.

Por todo ello, trataremos de sostener, pese a la extendida opinión en contrario, que no ha habido incremento de la complejidad praxiológica en la «Economía-Política» desde la aparición del Estado. La Praxis del Estado no es más compleja hoy para un Obama de lo que lo fue para un Alejandro Magno. Ello es debido a que los Anti-Principios «Apertura Praxiológica» vs. «Cierre Praxiológico» y «Complejidad Praxiológica» vs. «Simplicidad Praxiológica» se autolimitan dialécticamente al no poder disociarse como dimensión exclusiva del campo praxiológico. Es decir, si existe una mayor complejidad práctica en la «Economía-Política» del EE.UU actual al haber mayor heterogeneidad de clases sociales y sectores productivos (en relación a la época helenística), Obama contará con un mayor número de niveles tecnocráticos de apoyo de modo que sólo existirá una mayor complejidad en su Política Económica (en realidad una Filosofía Económica) cuando trate de cerrar/predecir cada uno de los contextos prácticos con un detalle superior al que la propia naturaleza del campo, en su apertura, le permite.

Además, en el ápice estratégico, el gestor de primer nivel, no puede ser «analfabeto» a nivel técnico como así propone la Escuela Austriaca. Desde el enfoque que estamos proponiendo, el «Enfoque Praxiológico», más bien diríamos que no es necesario que sea un experto de cada contexto práctico merotético que le afecta pero sí debe entender sus fundamentos esenciales y sustanciales, muchos de ellos, atravesados de componentes científicos y tecnológicos. Es decir, no debe ser un analfabeto «funcional» completo de todos los contextos prácticos relevantes. Y por ello diremos que el regressus práctico en tales contextos no es 100% delegable tecnocráticamente.

Sin duda el gestor, en la sociedad actual, tardará más tiempo en asimilar una mínima cultura objetiva, pero, de la misma manera en que Alejandro tardaba más tiempo en asimilar y entrenarse en las categorías prácticas más relevantes de la época: la Lucha militar y la Retórica. Además deberá conocer también la capa política del campo, es decir, ni mucho menos podrá ser analfabeto de la parte «técnico-política». Como dice Gustavo Bueno deberá conocer al menos 40 presidentes{46}

A nivel de clase, tampoco la Praxiología Organizacional (su campo) es más abierta praxiológicamente hoy que en los albores de la Revolución Industrial. Si esto fuera así no existirían organizaciones sino sólo Estados e Individuos. En este sentido, como la apertura praxiológica se conjuga con la complejidad praxiológica, diremos que tampoco al nivel de la Praxiología Organizacional el «sujeto gnoseológico» en el ápice estratégico percibe una mayor complejidad praxiológica a la hora de construir sus términos. No se niega, de nuevo, que hayan aparecido más niveles y segmentos tecnocráticos (desde el punto de vista del «sujeto gnoseológico» del ápice). Tampoco se niega que esté habiendo acortamientos en los ciclos de vida de los productos (el DVD ha durado 10 años hasta ser sustituido por el Blue-ray o las descargas). Es decir, tampoco se niega que los contextos prácticos parciales sean más heterogéneos, abiertos y dinámicos. Pero, siempre, tal mayor complejidad práctica es reducible tecnocráticamente y por tanto, no puede afectar a la complejidad praxiológica y a la apertura del campo. Cuando, por ejemplo, existe un incremento en la complejidad y apertura de un contexto práctico éste pasa a gestionarse en «cartera» junto a otros si se quiere obtener plusvalía. Como la escala «eficiente» aumenta en este sentido, también lo hará la necesidad de «dotarse» financiera y políticamente.

Además negaremos también que la complejidad praxiológica de las estructuras organizacionales sea la respuesta a un entorno «global» que crece en complejidad, como aseguran casi todas las teorías organizativas. Theories of the organization-environment relationship predict that as the external environment increases in complexity, organizations should and do increase the differentiation of their internal structures (Lawrence & Lorsch, 1967; Galbraith, 1973){47}.Y es que cuando hablamos del «entorno global» estamos situados en el plano esencial y no se tiene en cuenta queun incremento en la complejidad práctica esencial no implica un incremento en la complejidad praxiológica sustancial ya que como decimos aquélla sería reducible (tecnocrática y sustancialmente), por ejemplo, a través del enfoque de cartera.

Tampoco se descartará que en momentos de su desarrollo, todo «Sujeto Praxiológico» necesite simplificar los niveles jerárquicos y tecnocráticos. Y ello debido a que las líneas prácticas de complejidad no son metaméricas y lineales sino dialécticas y diaméricas y sólo en los mercados concretos in media res renuevan su validez. Por así decirlo no existe, como creía Spencer, una creciente integración y diferenciación que incremente monótonamente la heterogeneidad definida (complejidad) determinada en todas las cosas{48}.

Por lo demás, en los últimos 25 años el tratamiento de la complejidad en la Ciencia de la Administración ha aumentado en el mundo «académico», sin embargo, según Vasconcelos y Ramires ha habido poco análisis de la complejidad según su naturaleza ontológica y por ello, por ejemplo, no se habría alcanzado la distinción entre complejidad práctica y complejidad praxiológica:

The complexity of organizations and its environments is a common subject in the management literature. For some 25 years at least, scholars have argued that organizational environments are becoming more complex (Emery and Trist, 1965 and Schön, 1971). Sources of this increase in complexity include enhanced competition, deregulation (or more regulation), internationalization and accelerated technological change (Ohmae, 1990, Savage, 1990 and Hamel & Prahalad, 1994). Other authors analyze the managerial consequences of the rise of complexity (Handy, 1990 and Quinn, 1992), and its learning requirements (Argyris & Schön, 1978, Ackoff, 1981, Ramirez, 1983, Morgan and Ramirez, 1984 and Senge, 1990). However, only a few management studies explicitly analyze the nature of complexity and its dynamics (Boulding, 1956, Simon, 1962, Emery and Trist, 1965 and McCann & Selsky, 1984){49}.

Dada la diferencia entre la complejidad práctica y apertura entre los distintos contextos prácticos, diremos que, aunque pudiéramos optimizar nuestros movimientos en un juego cerrado en el seno de la organización (si por así decirlo dedicáramos todos los recursos de computación al mismo), el resultado, aún siendo potencialmente óptimo a nivel esencial, no compensaría el coste praxiológico incremental de no haber elegido una alternativa más cercana prácticamente (por ejemplo porque tal juego es irrelevante).

Por su parte, en relación al Anti-Principio «Cientificidad vs. Valor», en particular diremos que, la verdad gnoseológica y la verdad praxiológica (valor) no se contraponen sino que pertenecen a planos distintos. En este sentido, la «Teoría del Cierre Categorial» define una categoría como un conjunto de términos tan relacionados entre ellos (y por tanto, tan poco relacionados con otros) que se pueden eliminar las conexiones que fueron necesarias para establecer su contexto determinante. En tal caso, tales términos relacionados pueden ser vistos como sinectivamente y paratéticamente unidos. Cuando en el «Enfoque Praxiológico» se relaja la intensidad de tales relaciones, cuando las conexiones pasan a ser apotéticas (y no paratéticas), los términos de referencia también se empiezan a relacionar/comensurar, a través de contextos determinados como los mercados, con otros términos de otras categorías heterogéneas (si bien, hasta un límite). Y ello nos permite hablar de composición praxiológica tanto de relaciones como de conexiones.

Por así decirlo, el «Todo Institucional» siempre compone alguna alternativa que a nivel práctico, por separado, y exante, no es óptima de forma similar a lo que sucede en la «paradoja de Parrondo» (Madrid, 1964: La combinación de dos estrategias perdedoras puede dar lugar a una estrategia ganadora, conclusión a la que llegó cuando, por diversión, se había entretenido traduciendo al lenguaje de los juegos de azar, un fenómeno que se producía en el campo de los motores brownianos). También podríamos hablar del "Teorema de las imperfecciones útiles" según lo expone Conthe y que fue formulado en 1956 por un economista canadiense, Richard Lipsey, en colaboración con otro australiano, Kevin Lancaster, cuando ambos investigaban sobre la teoría del comercio internacional en la London School of Economics. El teorema afirma que cuando una economía está sujeta a varias restricciones o imperfecciones que la alejan del ideal de una economía de mercado perfecta e impiden que alcance una situación de máxima eficiencia (esto es, un "óptimo de Pareto" o first best, en lenguaje económico), suprimir sólo una de tales imperfecciones -pero no todas- puede resultar contraproducente.

Inversamente las alternativas desarrolladas desde una perspectiva praxiológica concreta pueden alcanzar su valor práctico como una resultancia respecto a su aplicación en otras Praxiologías (i.e., los epiciclos tuvieron valor sobre todo para los navegantes y no tanto para los astrónomos). El Viaje de Colón en el contexto de «descubrimiento» no encuentra tanto su «justificación» histórica en «coger a los turcos por la espalda» (aunque este fuera el ortograma de los Reyes Católicos) sino que encuentra su valor praxiológico a la escala histórica en la medida en que fundamentó la constitución del Imperio Hispánico. Es decir, el contexto de justificación a nivel praxiológico sería aquel en el que se dibuja el valor praxiológico, a la «escala temporal e histórica adecuada».

Estamos diciendo también que el Valor Práctico puede ser asimilado a la cientificidad gnoseológica y contrapuesto en otro plano al valor praxiológico en tanto este último es más asimilable a la verdad sustancial sui generis de la Praxiología. De toda cientificidad práctica podríamos predicar un cierre tecnológico (transformación idéntica, recurrente) mientras que del valor praxiológico sólo predicaríamos, llegado el caso, cierta necesidad sustancial, resilience o recurrencia en la composición de alternativas prácticas que, por otra parte, no pueden estar todas ellas alejadas totalmente del canon científico, aunque sin necesidad de ser óptimas en cada contexto.

Por último, a este respecto, diremos que la Praxiología no es una ciencia, ni necesita serlo para ejercer sus funciones críticas.

Desde el «Enfoque Praxiológico», de ninguna manera llamaremos «sesgo cognitivo» (como hacen los psicólogos behavioristas en la actualidad) a la tesis que introducimos en este ensayo de que en ocasiones la «distancia práctica» determina nuestra percepción del valor, sino que consideraremos que «cuando el contexto práctico es hipercomplejo (o hipersimple), hiperrelevante (o hiperirrelevante), la mejor opción es siempre la más accesible, independientemente de su morfología». Esta es una tesis importante para el gestor de la «Economía-Política», por ejemplo, porque le permite analizar y neutralizar diferencias individuales y enclasar adecuadamente a los sujetos de cara a las políticas económicas o en el caso de la Praxiología Organizacional, por ejemplo, para definir políticas de marketing. Así, el mismo Conthe habla de que es posible enclasar a los individuos porque por ejemplo «Los salarios y precios nominales son inflexibles a la baja ya que su reducción se ve como una pérdida; por el contrario, su falta de ajuste a la inflación se tiende a ver como la renuncia a una ganancia, cosa menos dolorosa», en nuestros términos, porque la valoración del salario real está más alejada prácticamente ya que exige al ciudadano realizar operaciones de ajuste sobre el salario nominal. Por ello, el Hombre de Estado prefiere muchas veces evitar una devaluación del salario nominal a evitar una devaluación del salario real.

Por su parte, los antecedentes de la importante distinción praxiológica entre el «momento técnico» vs. «momento práctico» podrían buscarse en Galileo, Descartes o Locke (y antes que ellos en Demócrito y Aristóteles) cuando separaron las cualidades primarias de las secundarias, colores, sonidos y gustos, que eran las que producían sensaciones a partir de las primarias pero exigiendo la participación del sujeto. Luego, de modo reduccionista, los sensualistas (Helvetius, Condillac, Diderot) racionalizaron el empirismo de Locke y atribuyeron una única facultad al ser humano, la de ser impresionados por los objetos, por lo que negaron, por así decirlo, la distinción entre el «momento técnico» y el «momento práctico» de un término praxiológico.

Por nuestra parte, entendemos la distinción y desarrollo de la terna «momento técnico» vs. «momento práctico» vs. «momento praxiológico» como imprescindible para un mínimo entendimiento del «Enfoque Praxiológico». Distinción que distinguiremos en cualquier caso de otras afines (de las que no obstante deriva) como la oposición entre el momento tecnológico y nematológico de las instituciones o el momento teórico y doctrinal de una teoría, ambas propuestas también por Bueno:

· El «momento técnico» conceptualiza en el «Enfoque Praxiológico» a los términos de cara a su producción y construcción según sus partes sintácticas o especificaciones técnicas. Éstas pueden ser distintas a los atributos o factores que definen la propia razón práctica semántica (o «Función Práctica» que explica su valor, el «momento práctico», tanto a nivel connotativo como denotativo).

· El «momento técnico» también se puede referir a aquellos atributos o factores de los términos que son «natural assesments», es decir, que son accesibles para todos los sujetos{50}.

· La Praxiología critica al fetichismo (el prestigio del fetiche según el materialismo filosófico deriva de su estricta corporeidad o «momento técnico») ya que nunca es posible remontar del todo el momento técnico más accesible (el corporal) y abstraerlo completamente. Y este residuo, al margen de la significación y valor práctico, es la explicación antropológica del fetichismo.

· El «momento práctico» se referirá por su parte a la teoría del valor práctico del término. Su posición en la «Función Práctica». Es decir, cuando sí se remontan dialécticamente los atributos más accesibles. Lo más accesible o intuitivo no es siempre lo que tiene un mayor valor práctico. No obstante, como hemos dicho, en contextos simples (y/o hipercomplejos), esto no es así, y el «momento técnico» es casi coincidente con el «momento práctico» y el «momento praxiológico». Por su parte, añadiríamos también que mientras el «momento técnico» se refiere a la materialidad M1 del término, el «momento práctico» y el «momento praxiológico» se refieren tanto a M2 como a M3, sin perjuicio de su necesaria corporeidad M1.

· El momento praxiológico de un término, a su vez, se asimilaría más al momento nematológico pero referido a una Praxiología Sustancial (i.e, España como democracia homologada) y no una Institución Esencial (i.e. la democracia en abstracto). Es decir, cuando se resalta sobre todo el impacto o valor praxiológico de un término según la teoría praxio-filosófica de referencia, y ello, sin perjuicio de que pueda seguir manteniéndose cierta confusión nematológica respecto a como tal término se relaciona con otros.

· En cualquier caso, los tres momentos («momento técnico» vs. «momento práctico» vs. «momento praxiológico») son praxiológicamente indisociables.

Cuando el contexto es hipercomplejo (o hipersimple), hiperrelevante (o hiperirrelevante), la mejor opción es siempre la más accesible. Esto es como decimos una tesis importante en el «Enfoque Praxiológico» ya que permite explicar la razón de porqué en estos contextos no existe incomensurabilidad entre el momento técnico y práctico de un término y su momento praxiológico relativo al valor sustancial y a la plusvalía.

«Cuando no existe razón práctica, la accesibilidad es la razón». En tales contextos, la alternativa más valiosa praxiológicamente es la más cercana prácticamente. Una «Distancia Práctica» que habíamos puesto en correspondencia con el esfuerzo que supone construir «el todo desde las partes». El valor praxiológico desde las partes accesibles de cada alternativa práctica. Y ello siempre que sea posible para el «Sujeto Práctico». Siempre que sea composible dadas las restricciones de tiempo y relevancia del contexto. Al «todo» se accede desde las partes, que por otra parte están siempre asimétricamente «accesibles» (i.e, como nos muestra el cuento indio de Algalcel).

En este contexto holótico de todos y partes, lo más complejo está menos accesible (y más lejano prácticamente) que lo menos complejo. Y ello es análogo a lo que se pueda decir de la Ley de Zipf que tanto aplica a la Lingüística como al tamaño de las ciudades; es decir, en tanto Ley que alcanza su generalidad no como ley semiótica sino como ley estadística pura.

No obstante, esta desventaja de accesibilidad y de «Distancia Práctica» a veces se compensa y lo complejo demuestra su valor y se institucionaliza como ventaja de «Kapital» generando, además, dependencia de la vía en toda la práctica posterior. Y así, el valor de la complejidad puede suponer tanto un coste de entrada (y salida) en todo contexto o mercado:

· Otras veces, la ventaja de la complejidad de un término es irreal. Por ejemplo, para Copérnico, la complejidad de la Teoría del Sistema Solar no estaba justificada.

· En otros casos, la ventaja de la complejidad no se percibe hasta que se institucionaliza, es decir hasta que se acumula estadísticamente en clases de sujetos (o en un mismo sujeto multiplicado noéticamente).

· Asumiendo una accesibilidad mínima de las alternativas (algo que no es siempre posible suponer), la ventaja en «Distancia Práctica», en cualquier caso, está siempre basada en que hay que realizar un menor número de operaciones quirúrgicas apotéticas o cuando aunque el número de éstas es el mismo, éstas son de mayor dificultad o suponen un mayor esfuerzo práctico. Y ello aunque se trate de operaciones mentales que no dejan tampoco de reducirse a acercar y separar objetos sea en el espacio o en el tiempo.

La tesis de que «cuando no existe razón práctica, la accesibilidad es la razón» no es irracional ni es tampoco un sesgo cognitivo, que es el modo en que lo plantea, por ejemplo, el psicólogo premio Nobel de Economía Daniel Kahneman. Desde luego, no nos podemos conformar con decir que es una razón empírica.

Gráfico 4

Prospect theory

Pese a postularse como una crítica a la racionalidad canónica del homo economicus, Kahneman cree posible, por ejemplo, que con su Prospect Theory, es todavía posible definir un modelo de racionalidad formal y empírica que verdaderamente describa la conducta de elección de los sujetos.

Al igual que la Teoría de la Utilidad Esperada, dice Manuel Conthe, la Prospect Theory atribuye a cada alternativa (entendida como ganancia o pérdida respecto a nuestro nivel de referencia) un cierto valor. Esa función de valor tiene la forma aproximada de S que aparece en el gráfico 1, y se caracteriza por lo siguiente:

En materia de ganancias, el valor marginal -el que atribuimos a cada nueva unidad- es cada vez menor (esto es, la curva va perdiendo pendiente). Por eso, en materia de ganancias somos amarrones, y preferimos una ganancia cierta a otra mayor pero hipotética (más vale pájaro en mano...).

En materia de pérdidas ocurre algo parecido: su impacto marginal es cada vez menor. Por eso, no nos importa arriesgarnos a sufrir grandes pérdidas si con ello. evitamos una pérdida menor pero cierta (de perdidos, al río). Así pues, a diferencia de la Teoría de la Utilidad Esperada del homo economicus, la «Prospect Theory» pronostica que, en materia de pérdidas, somos amantes del riesgo (risk-seekers).

En las inmediaciones del origen de coordenadas, la pendiente de la curva en el tramo de pérdidas (esto es, en el cuadrante inferior izquierdo) es mucho mayor que en el de ganancias (cuadrante superior derecho). Así pues, la S es asimétrica, y su tramo descendente es más vertical que el ascendente. Esa asimetría refleja nuestra aversión a las pérdidas (loss aversion): siempre rechazamos una apuesta que nos ofrezca ganar o perder la misma cantidad con una probabilidad del 50%, pues las pérdidas nos duelen más que lo que nos alegran ganancias de igual importe.

Desde el «Enfoque Praxiológico» entendemos como valiosos los resultados de estas investigaciones, tanto, como para avalar el prestigio actual de la Escuela de la Psicología Financiera actual, pero siempre que se inserten en un marco teórico adecuado que explique la razón material de estos fenómenos empíricos y elimine su carácter de «membra disjecta». El «Enfoque Praxiológico» se convierte en este marco teórico cuando distingue entre la razón práctica y la razón praxiológica y cuando explica cómo se diferencian en contextos de hipercomplejidad, hiperrelevancia, etc. El «Enfoque Praxiológico» niega cualquier canonicidad en toda «Función Práctica» esencial al no ser posible abstraer la influencia de los términos sustanciales del campo praxiológico (i.e. el cuerpo del sujeto) que conectan el contexto práctico de referencia con los restantes contextos necesarios para el Sujeto Praxiológico.

También cabe señalar analogías y diferencias del proceso de la «cognición» con la Praxiología o Gestión Institucional. Las incomensurabilidades en la Praxiología Personal tienen que ver con las incomensurabilidades que se dan en el proceso cognitivo, ya que éste no deja de ser un proceso operatorio praxiológico. Por ello diremos también que los «Anti-Principios» que puedan darse en este proceso cognitivo son isomorfos a los «Anti-Principios» praxiológicos, y sin por ello querer decir, que la Praxiología Personal se reduzca a la cognición, ni que el valor praxiológico se reduzca a la accesibilidad cognitiva. Sugerimos sólo que del mismo modo que los diferentes tipos de verdad pueden tener conexión con el proceso de la percepción y la cognición (Gustavo Bueno desarrolla ampliamente estos procesos en su libro Apariencia y Verdad), la verdad cognitiva puede tener conexión con la verdad práctica y praxiológica. Es decir, con el valor.

Además, el proceso cognitivo no se reduce al proceso perceptivo. La cognición no es meramente un proceso en situación alfa1 (Psicofísica) sino un proceso apotético en el que para conceptualizar, es determinante la «posición» del sujeto ante una pluralidad categorialmente heterogénea a nivel práctico de objetos apotéticos. Asimismo, diremos, por ejemplo, que si el proceso cognitivo se desarrolla según el «Anti-Principio» «Top-down vs. bottom-up» (i.e las formas gesthalticas no se forman de arriba abajo sino que es necesario tener en cuenta también la integración en paralelo de estímulos desde abajo según el modelo de Treismann, es decir, existiendo niveles de procesamiento intermedios), este Anti-Principio aplica también a nivel praxiológico. Por su parte, el proceso praxiológico y sus regressus y progressus también se desarrollan dialéctica y diaméricamente según este mismo Anti-Principio «Top-down vs. bottom-up» y gracias a términos intermedios (y sustanciales) como la metaestructura y las instituciones intermedias. Análogamente en el proceso praxiológico podríamos hablar de la conjugación entre lo consciente y lo inconsciente (residuo subjetivo) cuando se elimina la duda en los extremos («Omnis negatio determinatio est») gracias a que los valores (pre-axiológicos) ya están presentes a nivel preconsciente.

No obstante, la gran diferencia entre el proceso cognitivo y el proceso praxiológico es que este último está institucionalizado y por tanto, no se puede «concebir» a nivel praxiológico un sujeto cognitivo exento de una metaestructura praxiológica.

Por su parte, las partes parciales prácticas de una Praxis sí pueden evolucionar (tanto en regressus vs. progressus) a formas más simples o a más complejas, e incluso coyunturalmente a episodios de hipercomplejidad (i.e. l'embarras du choix) e hiperrelevancia, lo que supondrá que tal práctica parcial puede tener incluso momentos de «conductualidad alfa2-I» (y por ello acomodarse puntualmente a los fenómenos de la Psicología Conductual como los descritos por Kahneman). Incluso podemos hablar de mera ejecución práctica algorítmica (beta2). Y esto es lo que dicen precisamente las «Figuras Generales de la Dialéctica». Unas «Figuras Generales de la Dialéctica» que el «Enfoque Praxiológico» siempre debe observar en tanto que junto al enfoque gnoseológico son ambos noetológicos.

Gráfico 5

Las «Figuras Generales de la Dialéctica» predicen que toda incomensurabilidad praxiológica debe siempre en último término resolverse. Es decir, el Sujeto Praxiológico siempre debe poder llevar adelante una práctica cuando compara dos alternativas que son llevadas al infinito (en el regressus o en el progressus).

Como la incomensurabilidad praxiológica implica una contradicción por ejemplo entre la propuesta complexa de partida (o default) y el no-default (el conjunto de alternativas que la niegan), eliminar esta contradicción siempre afectará a términos sustanciales, por ejemplos, los cuerpos a los que alude Luis Carlos Martín Jiménez cuando habla de la dialéctica institucional como motor de la Historia{51}. «Nadie sabe lo que puede un cuerpo», afirmaba Espinosa. Eliminar cuerpos, en este sentido, supone eliminar conexiones y, por tanto, bloquear la recurrencia de algún «Todo Institucional» realmente existente que descansa en tales conexiones. La incomensurabilidad praxiológica siempre se resuelve, por tanto manteniendo unos esquemas de identidad sustanciales inerciales (un «Todo Institucional») o dando lugar a otros. Negando alternativas que llevadas al límite de desarrollo dialéctico se tornan imprudentes o im-posibles.

Ello es así también porque siempre existe un residuo subjetual en la Gestión Institucional (similar a lo que ocurre en la distinción Amigo/Enemigo de Carl Schmitt). Ello permite introducir también dos tesis importantes: la tesis de que el valor praxiológico de un término es diferente dados dos sujetos y la tesis de que un mismo sujeto siempre valora praxiológicamente de manera diferente dos términos aunque en su momento técnico sean indiscernibles como los sacos de comida del asno de Buridán.

La tesis del residuo subjetual en la valoración práctica y praxiológica nos dice que la «Distancia Práctica» está siempre referida a un centro de coordenadas sinalógicas (como mínimo un conjunto de cuerpos) y que dos «Sujetos Prácticos» no pueden hacer exactamente la misma valoración práctica de un término: a) porque siempre están situados a una distinta distancia práctica del mismo (aunque sólo sea por el volumen que ocupa el «estuche corporal»; "We view things not only from different sides, but with different eyes." decía Blaise Pascal) y b) porque para cada sujeto difiere la finalidad práctica y praxiológica de tal término, es decir, porque son distintos los términos con los que el término o alternativo de referencia será puesto en conexión práctica (pueden coincidir algunos términos y hablamos de identidad esencial parcial) o composición praxiológica (pueden coincidir algunos contextos prácticos y hablamos de identidad sustancial parcial).

La tesis de la no indiferencia buridaniana podemos enunciarla como sigue: «dos términos no pueden tener la misma valoración praxiológica para un mismo sujeto práctico». Si seguimos apelando al problema del asno de Buridán en tanto contexto determinado de la Praxiología podríamos decir que el asno de Buridán nunca se moriría de hambre ya que no se puede encontrar con dos sacos de comida indiscernibles «praxiológicamente» (aunque lo puedan ser en su «momento técnico», es decir, en su descripción técnica)…

· ….y ello porque cuando ponemos ambos sacos en conexión entre ellos mismos y con un tercer término (el asno) pueden suceder dos cosas: o bien, el asno presenta una inercia diferente respecto a cada uno de ellos (está más cerca de uno de ellos, o uno de ellos está más alejado relativamente de sus teleceptores y de su campo sensitivo) o bien esta inercia se genera cuando echa andar por las imperfecciones del terreno. Incluso también cabe la posibilidad de que otro término se interponga en su camino, por ejemplo, una bonita asna que podría neutralizar su apetito con otro apetito epicrítico (y ello sin perjuicio de que el saco pudiera ser recordado autológica y protopáticamente a posteriori, tras satisfacer esta necesidad interpuesta).

· La tesis de la no indiferencia buridaniana nos dice precisamente que el valor o momento práctico y praxiológico de un término o alternativa cambia (al margen de su momento técnico) porque se refiere a la conexión entre términos con distintas inercias y ritmos.

Esta definición de «no indiferencia» nos ha sido sugerido por la propia definición de consciencia de Gustavo Bueno en «Cuestiones Quodlibetales» como percepción de diferencias y tratada ampliamente en relación a los animales en obras tan brillantes como «El alma de los Brutos» de José Manuel Rodriguez Pardo. No obstante, es preciso erradicar en su praxiologización todo sabor mentalista y por ejemplo ponerla en conexión y reexponerla en el «Enfoque Praxiológico» como la conjugación entre el Regressus en una práctica y el Progressus en esa u otras prácticas. Es decir, siempre refiriéndonos a alternativas prácticas parciales.

Además el gestor no se puede guiar únicamente por la recurrencia sino que ésta es más bien un resultado cuando hay una remuneración meritocrática y diferencial de las partes, no hegemónicas, pero necesarias. Remunerando tanto su participación en el regressus como en el progressus, en el que, por otra parte todas las partes necesarias participan. Por ejemplo, las partes agentes siempre registran en su propio ejercicio o progressus inputs e información valiosa y necesaria para el regressus, al estar más pegadas al terreno práctico.

Es necesario resaltar que la hegemonía de una parte en el origen del Estado no implicó la aniquilación de las otras, sino antes bien, su remuneración meritocrática y, en su momento histórico, el aseguramiento (respecto a terceros Estados) de la propia subplusvalía que tales partes hubieran podido ir generando (al mantener su propio margen de maniobra de forma necesaria).

· Aunque como hemos dicho en Praxiología, toda parte necesaria debe ver limitado su upside por su participación en el «Todo Institucional» de referencia, ello no quiere decir que éste no pueda ser meritocrático a la «escala temporal adecuada». Ello es así, cuando por ejemplo, la metaestructura insticionaliza procedimientos de regressus y progressus que permiten «flexibilidad» y «variabilidad» según los distintos plazos (adecuados a la «complejidad práctica y apertura» de los distintos contextos prácticos). La justicia praxiológica es en este sentido la relación parte-partes (no una relación parte-todo ni todo-todo).

· A su vez, como decíamos, el downside tiene que ver siempre con la remuneración mínima exigible por pertenecer al «Todo Institucional» y ello además según el coste de oportunidad que tiene toda parte según su poder técnico y/o político (que por ejemplo tiene que ver con la capacidad de articulación política que tal parte conserva, por ejemplo, a nivel sindical, político y revolucionario).

· El «Anti-Principio» de la remuneración «Downside» vs. «Upside» tiene, por tanto, que ver con la necesidad de que haya, en términos de retribución, un mínimo de igualdad por abajo y un mínimo de desigualdad por arriba. La desigualdad injusta no se cura con igualdad, sino con desigualdad justa. Ya lo decía San Agustín de Hipona: «En las cosas necesarias, la unidad; en las dudosas, la libertad; y en todas, la caridad.»

· Al tratarse de un campo praxiológico abierto debe existir corrección y actualización en tal política de retribución de las partes en los distintos plazos de tiempo. Ocurre normalmente en este sentido que el ajuste diferencial de los derechos en el downside es muy «rígido» a la baja ya que afecta a recompensas inmediatas mientras que el ajuste en el upside es siempre en el largo plazo (i.e. percibido como una menor ganancia). Por ello, las partes en las que recae el «recorte» del downside siempre opondrán fuertes resistencias políticas.

o A este respecto, el «Enfoque Praxiológico» prescribe que los ajustes, de ser necesarios, se hagan siempre sobre el componente de retribución variable a largo plazo que debe estar siempre presente en la remuneración de todas las partes y no a través de otros planteamientos como pudieran ser las «devaluaciones competitivas» lineales o la «inflación moderada» keynesiana, ya que no permiten diferenciar «meritocráticamente» entre los ajustes a realizar a cada una de las partes.

o Por otra parte, el downside adecuado siempre se conforma al nivel de clase y a la escala temporal adecuada. En este sentido, es muy aventurado decir, por ejemplo, que el desahucio en España penaliza una decisión 100% individual como muchos liberales sostienen, cuando los deshauciados (subclase de la clase de los hipotecados) podrían llegar en España a un millón en el total de la crisis y cuando su downside o «pena» es tan grande (a diferencia de la que tienen en países donde desde el principio de la crisis ha existido «dación en pago», figura a la que no nos adscribimos sin más en su carácter retroactivo desde este artículo ya que también existen otras opciones).

También diremos que no existe una dicotomía pura entre el sujeto praxiológico y el resto de agentes de la organización (Anti-Principio «Sujeto Gnoseológico» vs. «Sujeto Agente»). Ante todo porque ambos sujetos son colectivos, heterogéneos y complexos pero sobre todo porque no existe regressus sin progressus (llevado a cabo por los propios sujetos agentes, y en el que por otra parte se genere información valiosa para el regressus a realizar por el sujeto gnoseológico). Por ello en la «Gestión Institucional» deben existir siempre dialogismos jerarquizados, especializados e institucionalizados.

La necesidad de institucionalizar el momento dialógico bottom-up del regressus (a partir de la información registrada por los sujetos agentes) y permitirlo (pero en el tempus y las proporciones adecuadas), ya fue incluso reconocida por el propio Maquiavelo.

· No hay otro medio para preservarte del peligro de la adulación más que hacer comprender a los sujetos que te rodean que ellos no te ofenden cuando te dicen la verdad. Pero si cada uno puede decírtela, te perderán el respeto. Para evitar ese peligro, el príncipe prudente deberá seguir un curso intermedio y escoger a algunos sujetos sabios y otorgarles la libertad de decirle la verdad sobre aquéllo que les pregunte, pero no sobre ninguna otra cosa»{52}.

En este sentido, el «Anti-Principio» «Top-down vs. Bottom-up» se transforma precisamente en el Anti-Principio «Regressus vs. Progressus» cuando lo contemplamos desde la perspectiva de quién realiza este ciclo (según su posición en la jerarquía organizacional) y qué remuneración recibe por ello.

La particularidad praxiológica a este respecto la haríamos consistir en que a) existen una multiplicidad de procesos autológicos y dialógicos a muchos niveles, b) el «Sujeto Agente» participa en el regressus (sin por ello significar que el «sujeto gnoseológico» puede delegar esta fase 100% en él) y c) dados dos sujetos de la organización hay siempre una jerarquía relativa entre los mismos, y por ello, el dialogismo es siempre jerárquico.

Esta participación institucionalizada y proporcionada del «Sujeto Agente» en el regressus es el paradigma que puede encontrarse detrás de estrategias empresariales «bottom-up» actuales como el lean manufacturing, el software libre, la web 2.0 o la propia práctica de Google de hacer descansar parte importante de su innovación en la compra de empresas disruptivas. El «Enfoque Praxiológico» no puede mantenerse en la actualidad ajeno a tales paradigmas en tanto articulación de parte del dialogismo bottom-up necesario en la «Gestión Institucional», pero, en cualquier caso, debe estar atento y criticar a las potenciales derivas fundamentalistas que se pueden dar como cuando se afirma, por ejemplo, en la Filosofía Organizacional llamada «holacracy»{53}, que todo diseño organizativo debe emerger exclusivamente desde abajo.

Desde luego, la «Gestión Institucional» no se agota en el regressus que es el enfoque que le dio el premio Nobel de Economía Herbert Simon cuando redujo la Economía y el Management a Ciencias de la Decisión. Y ello porque no existe un regressus sin un progressus que salve los fenómenos y en el que por otra parte se genere información valiosa para áquel. Es decir, como en cualquier otra construcción racional en la que hay composición/oposición/recomposición, el «Anti-Principio» «Regressus» vs. «Progressus» se refiere directamente al hecho de que el momento del regressus no puede llegar a negar al propio momento de progressus. Y por supuesto viceversa.

El regressus y progressus entendido «complexamente» aluden siempre a distintos contextos, niveles y/o plazos a la vez que asumimos también cierta independencia en el desarrollo diamérico parcial del regressus y/o progressus en cada contexto práctico.

Además, el «Enfoque Praxiológico» también nos permite reexponer el famoso lema de «la sociedad del conocimiento» de Drucker. En el enfoque que proponemos, si bien todo sujeto de la organización es como el juez o «el entrenador, el quaterback o el wide-receiver en un partido de fútbol americano, desarrolladores parciales de la norma, a su vez, también debe seguir manipulando quirúrgicamente términos (referenciales fisicalistas) tanto en el momento teórico del regressus como en el momento ejercitativo del progressus.

A su vez, tanto los momentos de «Análisis vs. Síntesis» de un proceso racional (a nivel ontológico) como los momentos epistemológicos de «Deducción vs. Inducción», «Representación vs. Ejecución» o de «Teoría vs. Práctica» se reclaman mutua y dialécticamente como en toda construcción racional (científica, filosófica, práctica y praxiológica). No obstante, en el caso de la Praxiología esta circularidad es «complexa» y abierta, frente al cierre prístino y la codeterminación que pudieran darse en la construcción científica según la «Teoría del Cierre Categorial», y ello sobre todo, porque a lo largo de los distintos contextos prácticos (abiertos y/o cerrados) de la Gestión Institucional pueden coexisitir, como hemos dicho, distintas fases de regressus y progressus.

Si asimilamos la «Gestión Institucional» a una construcción científica «sui generis» es preciso distinguir entre construir términos para identificar los fundamentos del valor de las diversas prácticas en sus respectivos mercados (el regressus), respecto de construir términos finales para llevarlos al mercado (progressus). En la Gestión Institucional hablaremos de regressus cuando nos refiramos a la preclasificación objetiva de los inputs en su «momento técnico» y a la pre-objetivación de éstos según su «momento práctico» o «momento praxiológico» (fenoménico) mientras que hablaremos de progressus en referencia al aprovisionamiento, la fabricación, la comercialización, etc.

· No obstante, esta mínima disociabilidad relativa excluye su propia seperabilidad absoluta dado que el diseño y accesibilización de una norma sintáctica (de producción y/o uso de un término práctgico) y el plan estructural de un producto (por ejemplo, empresarial), en tanto pertenecen tanto al regressus como al progressus, afectan siempre al posicionamiento estratégico o de valor del «Todo Institucional» en el contexto práctico o mercado. Y por tanto al regressus y a la Función Práctica. Por ejemplo, una entidad financiera puede cesar la comercialización de un producto financiero que es óptimo a nivel de su valor práctico en el regressus, si su complejidad de producción y/o comercialización, impide una efectiva y eficiente comercialización en su red de oficinas (es decir, en el progressus).

Además será importante para que se dé tal conexión normativa entre el regressus y el progressus que exista un lenguaje común dentro del «Todo Institucional». Y ello sin perjuicio de todas las ambigüedades que se puedan dar en el mismo. Este lenguaje común es lo que queremos significar con los Anti-Principios: «Pre-objetivación y Normalización 0-100%». Anti-Principios que deben ser institucionalizados de forma diferencial por la metaestructura según el contexto:

· en unos contextos prácticos, por ejemplo, se normalizan con completo detalle (como cuando se trata del montaje de un mueble de Ikea),

· …en otros, normalizando, por ejemplo, sólo el resultado (como ocurre cuando cogemos un taxi y el taxista «elige» la ruta por la que nos lleva a destino).

Sin embargo, la Praxiología Esencial que estamos dibujando no puede ir más allá a este respecto y no puede entrar a hablar de cómo instrumentalizar tales «Anti-Principios» a nivel concreto y sustancial. Nada puede decir, sin entrar en materia, sobre la forma concreta del dialogismo, sobre el nivel de normalización y/o sobre el circuito regressus/progressus. Nada puede decir la Praxiología a priori en relación a si por ejemplo, los trabajadores deben estar representados en el Consejo (al modo del capitalismo «renano») o si deben acceder a fuertes «bonus» salariales (según el modelo anglosajón).

Por ejemplo, en relación al regressus, la «complejidad práctica y apertura» del contexto práctico en el que «Sujeto Agente» participa, afecta a la proporción adecuada sobre cómo se institucionaliza positivamente el «Anti-Principio» del dialogismo «Regressus vs. Progressus»:

· Así, si la complejidad y apertura (práctica) relativa de un contexto aumenta respecto a un nivel previo, también deberá hacerlo la propia participación del «Sujeto Agente» en el regressus de tal contexto.

· En contextos complejos y abiertos, el «Enfoque Praxiológico» prescribe, no obstante, «más un chirimiri que un chaparrón» respecto de la participación del Sujeto Agente en la actividad de registro de inputs informativos para su preclasificación de cara al análisis estratégico. Según esto, no sería tan adecuado que el «Sujeto Agente» cese su actividad propia (el progressus) para centrarse en el regressus o reflexión estratégica sino que más bien, se prescribe que registre y preclasifique las alternativas y las monitorice mínimamente pero durante el propio ejercicio del progressus.

· Es decir, el «Enfoque Praxiológico» pide más bien, como decimos, que el «Sujeto Agente» registre esos «pensamientos estratégicos» tal y como se producen «a la contra» a pie de campo (pensar es pensar siempre contra alguien dice el filomat). Es decir, durante el ejercicio de su actividad. Para ello, se le deberán facilitar herramientas para que lo haga de manera eficiente y oportuna, dejando asimismo accesible el resultado de tal actividad. Esto último, por ejemplo, no suele hacerse según nuestra experiencia de campo.

· Asimismo, la metaestructura debe alertar sobre los cambios que se vayan produciendo en la «complejidad práctica y apertura» y en su nivel relativo de relevancia (por ejemplo, cuando se acumula masa crítica relativa de datos que lo indiquen).

· Además la metaestructura debe hacer accesibles, en la proporción adecuada, las alternativas estratégicas según el Anti-Principio «alternativas internas vs. alternativas externas».

· Respecto al momento en que se debe realizar el propio «Regressus», el «Enfoque Praxiológico» simplemente dice que éste debe ser siempre a varios plazos («Apertura Praxiológica»). Y con checks intermedios, etc.

En cualquier caso, como desarrollo del Anti-Principio «Preobjetivación 0-100%» diremos que éste se refiere a la construcción de la «Función Práctica» (a su vez, el output del regressus para el «sujeto gnoseológico»), siempre a partir de la propia preclasificación «emic» realizada previamente por el «Sujeto Agente» (en «momento técnico» o «momento práctico») o por los propios clientes. El «Enfoque Praxiológico» argumenta que es necesaria una mínima preobjetivación institucional de las alternativas estratégicas ya que, de lo contrario, sería imposible el dialogismo institucional (en el regressus) y se negaría la propia naturaleza de la «Gestión Institucional» como proceso colectivo. En cualquier caso no podemos hablar de un nivel de preobjetivación al 100% (con todo detalle) ya que para cerrar el propio ciclo del regressus, como hemos dicho, es necesario «progresar», y ello no sólo en la finalidad práctica de referencia sino también en las restantes.

Hablaremos por su parte del Anti-Principio «Normalización 0% vs Normalización 100%» como la especificación del Anti-Principio «Regressus» vs. «Progressus» en tanto referido a las normas sintácticas. Normas que, como hemos dicho, pertenecen tanto al regressus como al progressus, dado que tales normas son la expresión objetiva de la conexión entre el regressus y el progressus.

· La Praxiología es normativa pero como hemos dicho, no se agota tampoco en serlo ya que no existen normas canónicas (prácticas y/o praxiológicas).

· Al igual que en el caso de la «preobjetivación» y la «Función Práctica», ninguna norma puede quedar tampoco agotada por su representación sintáctica. Por ejemplo, nunca un «Todo Institucional» puede reducirse a un «organigrama funcional» como a veces se pretende.

· Además, las normas son siempre parciales a nivel institucional y su «Generalización» vs. «Particularización» (Anti-Principio), al nivel que se quiera, no las convierte en ideales en cuanto a su significación práctica sino, si acaso, en el límite, en meras normas formales, abstractas y/o lisológicas.

· En este sentido lo lisológico (vs. lo morfológico) se refiere en la Gestión Institucional a lo no válido (y ello aunque pueda tener la apariencia de un término completamente morfológico). Por tanto tal distinción tiene que ver con la efectividad y eficiciencia expost de una norma según se compone a nivel praxiológico con el resto de reglas sintácticas. Sólo en el plano holotético, podríamos hablar de la validez de una norma práctica parcial.

· Asimismo una norma poco detallada e incluso borrosa puede encontrar su propia validez praxiológica en contextos de restricciones o de hiperrelevancia. En este sentido es en el que Velarde en su Gnoseología de los sistemas difusos dice que necesitamos diferenciar y «alternar»: tratamientos lisológicos (uniformes, generales) y tratamientos morfológicos (diferenciales, delimitados){54}. Sensu contrario, diríamos también que la normalización no siempre disminuye la incertidumbre organizacional.

· Las normas sintácticas se diseñan y definen en el regressus enlazando mediante su comunicación a las partes agentes («accesibilización» o reducción de la «distancia práctica») con el progressus o momento ejercitativo de las mismas y volviendo a enlazar con el regressus mediante el control y el «feed back» tras la comprobación de los resultados. Obviamente en un entorno complexo este ciclo no debe entenderse como secuencializado metaméricamente (al modo en que Herbert Simon definía el proceso Inteligencia-Diseño-Choice). Y ello debido a que el propio regressus praxiológico resulta de fases de análisis en unas normas coexistiendo en su composición con momentos de síntesis respecto a otras normas, etc.

· Cuando hay relevancia, es decir, cuando hay «posibilidad» de equivocarse, es cuando podemos decir que la norma sintáctica «existe» y también cuando acaso podemos decir que tal norma o rutina es un input práctico imprescindible. Y es también cuando podemos decir que empieza a darse una dialéctica «Valor Técnico» vs. «Distancia Práctica» asociada a la propia norma. Es decir, es cuando importa afinar su «Valor Técnico» y/o hacerlo a la menor «Distancia Práctica». Ello no impide que si el contexto es poco recurrente o abierto, o es irrelevante, existan rutinas (ya que la propia normalización no tiene «Valor Técnico» en estos casos). En cualquier caso, la distinción entre rutina y norma sólo es clara en los extremos ya que admitimos también la posibilidad de normalizar gracias a símbolos y objetos (i.e., no sólo gracias a normas escritas).

· Además siempre existe la posibilidad de que existan normas iniciales que luego se rutinicen gracias a su repetición o recurrencia en tanto como resultado de tal proceso se acercan «prácticamente» tales normas. La clave en relación a la normalización (vs. la rutinización) está, y aquí seguimos el criterio del filomat, en que existan alternativas y por tanto, éstas sean relevantes. Por ello habla Gustavo Bueno de que las rutinas no victoriosas debe ser virtualmente recuperables, es decir, mantener su condición de «alternativa».

Además de las limitaciones que impone la metaestructura a la propia preobjetivación y/o a la normalización, la apertura-cerrada del campo, como «Anti-Principio», está relacionada tambie´n con otras herramientas que normalmente se utilizan para institucionalizar el «cambio organizativo» (o mutatis mutandis el proceso de reformas políticas en una «Economía-Política»). Precisamente, en el «Enfoque Praxiológico», entendemos además siempre que tales herramientas se deben dar diferenciándose por contexto práctico o mercado.

Por ejemplo, en relación al Anti-Principio «Prudencia vs. Imprudencia», además de la mera diversificación no relacionada (técnico y territorial), hablaríamos también de una diversificación financiera (y/o política) tal y como se instrumentaliza en políticas de cartera financiera como la gestión de «pool de proyectos» que propone la matriz de la cartera de negocios del Boston Consulting Group{55}.

A su vez, instrumentalizan también este Anti-Principio «Prudencia vs. Imprudencia», por ejemplo, la política de reservas y provisiones de las entidades financieras (el Banco de España como regulador del mercado bancario sería en este sentido metaestructural; en el «Enfoque Praxiológico» siempre existen provisiones obligatorias), la jerarquía de Principios o Valores Contables (son muchas las voces que para prevenir nuevas crisis financieras dicen que hay que dotar de más importancia si cabe al llamado «Principio de Prudencia Contable» sobre otros principios como el de «Imagen Fiel», etc.) o incluso la reciente incorporación de la política de Superávit vs. Déficit en la Constitución española. También son herramientas metaestructuralizadoras del «Anti-Principio» «Prudencia» vs. «Imprudencia» el desarrollo de pilotos o experiencias de prueba, los planes de contingencia (cuya idoneidad o valdiez, en cualquier caso, sólo puede ser analizada a nivel holotético concreto en cada caso), etc.

En cualquier caso, si hay una prescripción segura del «Enfoque Praxiológico», en tanto método filosófico dialéctico y de crítica sistemática, es que el Sujeto Praxiológico, debe cuidarse de la falsa conciencia, que, por ejemplo, seguro se produce, cuando no hay permeabilidad al azar a la hora de registrar nuevas alternativas.

Por último, como decíamos, a nivel praxiológico, Valor sustancial frente a Plusvalía es un Anti-Principio básico en la «Gestión Institucional». Por así decirlo, el «Enfoque Praxiológico» asegura que la eutaxia no se debe orientar exclusivamente por la rotación recurrente o la duración o pervivencia de la institución en el tiempo ya que el valor sustancial siempre se encuentra contrapesado por la plusvalía cuando se confirma la identidad sustancial del «Todo Institucional». Es fácil entender que alternativas estratégicas que tratan únicamente de optimizar la plusvalía acabarán poniendo en riesgo el valor sustancial, pero también es cierto lo contrario, estrategias orientadas únicamente a la duración del «Todo Institucional» acabarán sucumbiendo frente a otras que permiten realizar a las partes necesarias, incluido el Sujeto Praxiológico, ciertas plusvalías (relativas). Y ello tiene por ejemplo que ver con la «Regla de Ford»: «El bienestar de los trabajadores forma parte del bienestar de los empresarios»).

Además, cuando dos alternativas son incomensurables en términos de «valor sustancial vs. plusvalía» es siempre porque afectan a términos sustanciales y, por así decirlo, no a uno sólo en particular donde residiera la sustancia sino a términos sustanciales parciales (y diversos que participan en las conexiones y composiciones praxiológicas relativas a distintos contextos). Por ello, por ejemplo, el «Todo Institucional» puede incumplir la regla de Letamendi sin perjucio de mantener una mínima compacticidad sustancial.

Por ejemplo, el cuerpo en la Praxiología Personal es una composición de partes sustanciales en el sentido de que ni siquiera la pérdida de un miembro corporal (ojo, brazo, etc) neutraliza completamente el poder operatorio de las personas, sobre todo cuando las entendemos en conexión con otras en las que pueden apoyarse. No man is an island. Lo mismo pueda decirse de cualquier otro término sustancial como el territorio o capa basal en la «Economía-Política» en el sentido de que el «Enfoque Praxiológico» tampoco lo ve como una sustancia sino como una composición de territorios o partes sustanciales (parcialmente sustituibles), y por ello, tampoco conviene sustantivarlo.

Cuando el gestor remunera meritocráticamente a las partes necesarias en los plazos de tiempo adecuados (permitiendo ganancias relativas superiores a las que obtendrían en otros «Todos Institucionales» alternativos), el residuo expost que pueda darse es lo que llamamos en el «Enfoque Praxiológico» plusvalía. Es decir, cuando se ha confirmado la identidad sustancial del «Todo Institucional». Podemos incluso decir que el gestor pasa a identificarse con tal plusvalía, porque, por así decirlo, se ha desclasado de otros «Todo Institucional» para enclasarse precisamente como equilibrio meritocrático entre las partes del «Todo Institucional» de referencia. En este sentido, el «Sujeto Praxiológico» se encuentra siempre enfrentándose a un «trade-off» o relación de intercambio entre la propia rotación recurrente del Todo Institucional y su propia plusvalía como gestor (subordinada siempre a aquélla).

La plusvalía implica siempre distintas alternativas o formas de ser sustancial (equifinales en valor sustancial). Una plusvalía de la que es acreedor el gestor cuando ha demostrado dialécticamente frente a otros su propia insustituibilidad en la gestión a la «escala temporal adecuada». La plusvalía en la Gestión Institucional no se define meramente como propiedad formal. La plusvalía es más bien el upside de la parte que se demuestra hegemónica, pero siempre en tanto haya retribuido meritocráticamente a las partes restantes. Por ello, la plusvalía está subordinada al valor sustancial (y de ahí su residuabilidad). Es decir, tal residuabilidad es la única manera de tener en cuenta a las demás partes «meritocráticamente». Es en este sentido en el que la forma jurídica societaria encuentra su justificación filosófica.

En el «Enfoque Praxiológico», en cualquier caso, dado que el «Sujeto Praxiológico» es siempre complexo, tal responsabilidad praxiológica (y por tanto, la plusvalía) está siempre asimétricamente distribuida. Desde luego nunca es atribuíble a un solo sujeto. Es decir, no por complejo debemos dejar de considerar al «Sujeto Praxiológico» como irrepetible sino que más bien se trata de ver que hay una diferenciación de elementos dentro de esta propia clase sujetos praxiológicos «irrepetibles» (antes hemos aludido incluso a un residuo subjetivo). Sensu contrario, sólo en el límite, podríamos identificar al «Sujeto Praxiológico» con la propia metaestructura. Esta irrepetitibilidad del gestor implica también que la plusvalía es sólo parcialmente racionalizable, y por ejemplo, tampoco se puede explicar 100% retrospectivamente (no existe retrodicción; existe cierta anamorfosis).

Por ejemplo, diremos también que la plusvalía no se puede generar en la «inversión financiera» pura. Ello es así porque no existe ningún activo puramente financiero (con rentabilidad cerrada) en el sentido de que tal activo, si es «activo», lo es precisamente porque siempre se puede gestionar (comprar/vender; infraponderar/sobreponderar frente a otros de una cartera, etc.). También es impensable el extremo opuesto, aquél en el que toda rentabilidad estuviese abierta («Cierre Praxiológico» vs. «Apertura Praxiológica» como Anti-Principio de gestión). Es decir, aquel escenario donde no existieran ventajas (capital) ni instituciones sino sólo sujetos puros pactando exnovo y previamente una justicia rawlsiana. Ambos extremos o experimentos mentales son negados en el «Enfoque Praxiológico» ya que la estrategia en todo activo se dibuja siempre «en composición» en una cartera junto al resto de activos según el Anti-Principio «Diversificación» vs. «Especialización». Por así decirlo, sólo existe trade-off entre rentabilidad y riesgo a nivel práctico esencial, es decir, cuando nos abstraemos de otros activos trabados sustancial y atributivamente con el primero. El binomio rentabilidad-riesgo es un principio aceptado sin más en el mundo de la gestión de inversiones pero nos parece que si es entendido como un a priori o Principio Esencial nos lleva a errores de gestión. Por ello, preferimos el praxiológico «Valor Sustancial vs. Plusvalía» y siempre por tanto entendido en composición abierta e irrepetible de diversos contextos o mercados. En este sentido, la plusvalía tampoco podemos identificarla sin más con el beneficio contable de una empresa sino sólo acaso a la «escala temporal adecuada», momento en el que coincidiría con los flujos de caja neto acumulados en la misma.

Esta insustituibilidad del gestor es la que subyace también en el muy importante problema práctico de la Valoración de Negocios. En el contexto de la extendida técnica de valoración institucional por «comparables», el «Enfoque Praxiológico» prescribiría que es mejor «categorizar» y «contextualizar» el riesgo y realizar composiciones parciales de empresas especializadas de diversos mercados (pure players), en vez de buscar la mejor empresa comparable (por así decirlo, a nivel sustancial). Respecto a la técnica de los «Descuentos de flujos de Caja», el «Enfoque Praxiológico» prescribiría que hay que realizar una composición de la prima de riesgo necesaria para descontar financieramente tales flujos en función de los pesos de cada mercado en el total del producto, matizada por la complejidad y apertura de éstos. Un enfoque, por ejemplo, distinto al comunmente utilizado de la «beta de mercado» según prescribe el modelo CAPM ya que éste se refiere siempre a un comparable metafísico, el «mercado», además según su evolución en el pasado.

Por su parte, la dicotomía Valor sustancial vs. Plusvalía es reformulada como «Eutaxia vs. Bienestar» cuando nos referimos a la «Economía-Política». En la «Economía-Política» no es tan relevante la plusvalía de la clase política porque la escala temporal adecuada es «histórica», es decir, a muy largo plazo. Por ello, no sería posible remunerar al Gobierno por su contribución plusvalorativa a los resultados praxiológicos y ello sin negar que siempre, en su condición de capitalistas, la clase política obtendrá de una forma u otra, pingües remuneraciones. Lo que decimos es que la Razón de Estado no puede reducirse a los cálculos crematísticos que hiciera la clase política para su conveniencia ni que tampoco la Razón de Estado pueda reducirse a los componentes apetitivos más primarios de la clase política según una supuesta voluntad de poder. No se niega el lucro personal pero este no puede definir la acción política.

Tampoco diremos que es el lucro el que diferencia a los distintos tipos de organizaciones en los tres sectores (organizaciones públicas, empresariales y ONG’s). Siguiendo a Gustavo Bueno, los sectores empresariales se diferenciarían más bien por el grado de control objetivo y/o coacción a la hora de obtener sus recursos. Lo específicamente praxiológico en la Razón de Estado en relación a la Economía Política, por ejemplo, tiene que ver sobre todo con que el lucro o plusvalía (bienestar o «calidad de vida» en términos de Jonh Kenneth Galbraith) se distribuya asimétrica y meritocráticamente entre las diversas clases de ciudadanos por su participación en el regressus y progressus del «Todo Praxiológico». Un Bienestar que por otra parte es siempre relativo, de unas partes respecto a otras; A ello quizá se refiriese Séneca cuando alegaba que «la felicidad era de plebeyos».

No tiene sentido que el «Sujeto Praxiológico» de la Economía-Política trate de maximizar el bienestar de todos los ciudadanos al modo de Bentham, por ejemplo, cuando busca «maximizar» la eficiencia de su sistema económico. Ello es debido a que lo que se produce en toda acción política es un cambio asimétrico y no armonioso en la remuneración de las partes. Y ello negando cualquier propuesta de eficiencia en términos de Pareto. Es decir, lo que debe tratar el «Sujeto Praxiológico» es de no permitir grandes desequilibrios en el largo plazo de la remuneración de cada parte respecto de las partes homologadas de otras «Economías-Políticas» en los que tales partes podrían articularse.

El Anti-Principio «Valor sustancial vs. Plusvalía» niega de plano tanto la Teoría de la plusvalía como la de la explotación de Marx (al entender el capital como homogéneo y no como composición de capitales prácticos), como la Teoría de la Plusvalía como creación individual al modo liberal. Y también criticaría que en mercados relevantes, como el de las instituciones financieras, se puedan distribuir dividendos antes de haber confirmado la identidad sustancial del «Todo Institucional», desde luego no a una escala anual como actualmente.

En el «Enfoque Praxiológico», por otro lado, tampoco se puede contraponer metaméricamente la estructura organizativa con el entorno tal y como hacen todas las teorías organizativas cuando dicen que hay que adaptarse al entorno o como cuando Chandler aseguraba que la estructura debía seguir a la estrategia{56}.

El entorno, en el «Enfoque Praxiológico», se definiría más como la negación de la metaestructura, y no tanto, como una esfera «homogénea», es decir, no al modo en que lo hacen formalmente todos los teóricos de la organización cuando nos hablan de un equilibrio (metamérico) entre estructura y entorno (por medio de la estrategia). Esto es lo que pasa, por otra parte, en las múltiples versiones de esta teoría de la contingencia (Woodward, Burns & Stalker, Miles & Snow, Burton & Obel, Mintzberg y su Hipótesis de la Congruencia, etc{57}).

Por ello se seguirá fácilmente que para el «Enfoque Praxiológico» sea imposible un diseño radical previo del «Todo Institucional» en términos sintácticos al modo que parece propugnar, por ejemplo, la teoría de la Reingeniería Empresarial de Hammer y Champy. En la «Gestión Institucional», todo diseño «organizativo» es siempre parcial y referido a un contexto práctico y debe tener en cuenta, por tanto, las limitaciones que impone la metaestructura que los articula.

En todo diseño organizativo siempre hay que interponer una metaestructura complexa, es decir, con una dimensión tanto distributiva como atributiva, que conecta las distintas estructuras productivas y entornos diversos gracias a términos sustanciales parciales y a las normas trascendentales a todos los contextos prácticos. Y es la dialéctica o conjugación de esta metaestructura con las diversas estructuras productivas la que determinará a la escala adecuada el diseño organizativo.

Por ello, la existencia de la «Metaestructura vs. el propio «Sujeto Praxiológico»» es asimismo un «Anti-Principio» metodológico importante. La Gestión Institucional construye sus términos («Términos Prácticos», «Sujetos Agentes», clientes, etc) a través de las diversas estructuras productivas y de la metaestructura intercalada en las mismas. Esta metaestructura está formada por inputs normativos pero también por inputs no normativos (sustanciales). Por ello, la metaestructura no se reduce a un formalismo conjuntivo sino que debe tener en cuenta también la capa basal donde necesariamente y «fisicalísticamente» se encuentran tales términos sustanciales (operadores, relatores, etc) que pertenecen a la misma. Por ejemplo, hoy la metaestructura tiene componentes de base tecnológica como el programa SAP en muchas multinacionales.

Así por ejemplo, en el Estado, la metaestructura incluiría tanto los Ministerios (incluyendo sus normas, procesos, funcionarios y activos productivos «dedicados»), como aquellos procesos por los que otros entes administrativos «parciales» generan y comunican inputs para el regressus praxiológico en los diversos niveles, es decir, para la definición de las políticas estatales. También serían metaestructurales los símbolos y el lenguaje nacional, los términos basales o los procesos por los que el Estado hace llegar recursos «estatales» a las distintas partes subestatales. Además, la metaestructura debe proteger tanto los inputs para el regressus como los activos físicos y términos sustanciales para el progressus productivo al modo de la capa cortical en Bueno o la membrana celular.

Ante todo, el componente atributivo de la metaestrucutra nos permite «salvar los fenómenos» e incorporar la práctica universal de hablar de «estrategia corporativa» y de «política económica» o de «filosofía de vida», pero a la vez, su momento distributivo nos obliga a criticar la también extendida práctica de definir en positivo «la misión, la visión y los valores corporativos». Para el «Enfoque Praxiológico» esta última práctica no pasa de ser una declaración formal sin implicaciones praxiológicas y que acaso se sigue realizando dada la fuerza que sigue teniendo el paradigma de la «organización como sistema». Como veremos, cuando no se define negativa y dialécticamente respecto a otros, un valor sustancial es simplemente la constatación ex post de un incremento en alguna variable relevante. Y esta es nuestra principal crítica al modo en que hoy se enuncian «positivamente», por ejemplo, la Misión, Visión y Valores «Corporativos», normalmente un «desideratum» ideológico, sin consecuencias prácticas.

Asimismo, el «Enfoque Praxiológico», debe poder decir también algo frente a aquellos pares de estrategias opuestas que siempre se predican como las decisiones básicas que se pueden dar a nivel estratégico empresarial y que desde el «Enfoque Praxiológico» se verían como Anti-Principios: «Competir en costes vs. Competir en diferenciación», «Diversificación vs. Especialización», etc.

Por ejemplo, ¿puede la «Gestión Institucional» decir algo sobre si existe una estrategia a nivel sustancial?:

· Los valores sustanciales en la «Gestión Institucional» pueden ser considerados como traslaciones o movimientos estratégicos a lo largo de un «Anti-Principio» praxiológico, por ejemplo: el incremento en el «Kapital Político» a expensas del «Kapital Técnico» potencial; y/o mutatis mutandis movimientos sobre el posicionamiento del «Todo Institucional» en los pares: Valor sustancial vs. Plusvalía; Técnica vs. Territorio; Diversificación vs. Especialización; Cierre. Prax vs. Apertura. Prax; y sobre cualquier otro a nivel práctico que praxiologicemos «Calidad vs. Precio»; «Crecimiento vs. Margen», etc.

· Es decir, podemos ver también un valor «corporativo» como la realización de la estrategia sustancial a lo largo de un «Anti-Principio» asociado a una dimensión praxiológica. Tal posicionamiento puede ser considerado un ortograma («morfológico») pero sólo en la medida en que supone negar alternativas extremas opuestas, i.e., negar alternativas prácticas que impliquen un incremento extremo en el valor sustancial dioscúricamente definido respecto a él. «Libertad, Igualdad y Fraternidad» pudieron ser valores sustanciales para la República Francesa en el momento de la Revolución Francesa y únicamente respecto a sus contrarios (el Trono y Altar en el Antiguo Regimen), pero hoy nada significan. Es decir, la estrategia sustancial, los valores sustanciales nos permiten únicamente desechar alternativas prácticas en tales dimensiones. Es decir, la estrategia sustancial y praxiológica no se formula sino que se despliega negativamente.

Por ejemplo, el Incremento/decremento de la «Diversificación» y/o de la «Especialización» pueden ser considerados valores sustanciales y por ello parte de una estrategia sustancial ortográmica y/o «morfológica» a la contra («Omnis negatio determinatio est»…), negando las estrategias contrarias en esta dimensión. En cualquier caso, la estrategia «alta diversificación» para un «Todo Institucional» sólo niega la estrategia «alta especialización», pero no otras estrategias de diversificación y/o especialización «intermedias» o parciales.

Cuando no nos movemos entre alternativas extremas, es decir, a nivel práctico, siempre emerge «indeterminación» respecto hacia donde movernos. De hecho, si me «diversifico» es siempre respecto a un contexto práctico previo (es decir, respecto a otros players en tal mercado, no respecto a todos los players de un entorno global metafísico), y por ello, tal diversificación parcial es perfectamente compatible con la «especialización» en otros mercados parciales del «Todo Institucional».

Es preciso no olvidar que la estrategia sustancial siempre tiene una dimensión financiera y contable (y por tanto, éstas, son técnicas auxiliares necesarias). Debido precisamente a esta dimensión financiera, se producen incomensurabilidades temporales (t1 vs. t2) y/o políticas (parte vs. parte). Sin tener en cuenta la imprescindible dimensión financiera ni siquiera es posible llegar a formular el «Anti-Principio» «Prudencia» vs. «Imprudencia».

· La estructura financiera de un «Todo Institucional» (por ejemplo, su mix «acciones vs deuda financiera») importa. Este Anti-Principio significa por ejemplo negar la tesis del nobel de Economía Modigliani basada en un riesgo empresarial perfectamente diversificable desde el punto de vista de un inversor «racional». Sin embargo, en el «Enfoque Praxiológico», un «Todo Institucional» no se puede definir por una relación de intercambio esencial perfecta entre dos valores, a saber, rentabilidad vs riesgo, en la medida en que el «Todo Institucional» no es la articulación distributiva de negocios con una rentabilidad y riesgo esenciales sino que es una composición atributiva de negocios con una rentabilidad/riesgo sustancial (irrepetible) y por tanto, no plenamente diversificable.

· El «Enfoque Praxiológico» matiza también la «nobelada» Teoría de los Costes de Transacción (Coase, Williamson, etc) ya que para el «Enfoque Praxiológico» no hay una dialéctica metamérica entre la «Jerarquía» y el «Mercado» sino una dialéctica diamérica. Es decir, una dialéctica diamérica entre diversas jerarquías que siempre participan en diversos mercados y en la que no sólo importa la «Distancia Práctica» (i.e, los costes de transacción) sino también el mayor Valor Técnico o efectividad de cada jerarquía en cada mercado. La jerarquía en el plano praxiológico sería más bien la conjugación de diversos mercados y el mercado sería más bien la conjugación de varias jerarquías. Nunca la ausencia de jerarquía.

o La Teoría de los Costes de Transacción asegura que la especificidad de activos y la frecuencia en las transacciones en un mercado puede determinar a priori si la «jerarquía» organizacional tiene más valor que el «mercado» como forma organizativa.

o Desde el «Enfoque Praxiológico», la dialéctica Jerarquía vs. Mercado se podría entender como una Filosofía dilemática Esencial de la capa metodológica praxiológica. Y en resumen, el «Enfoque Praxiológico» nos diría simplmente que cuando existe especificidad de activos y frecuencia en las transacciones organizativas, la especialización extrema no es adecuada. Y esto no es otra cosa que una mera formulación del «Anti-Principio» «Diversificación» vs. «Especialización».

o La Teoría de los Costes de Transacción, ni por lo demás el «Enfoque Praxiológico», pueden asegurar a priori que la dimensión Jerarquía vs. Mercado es la determinante de la forma organizativa ni tampoco pueden explicar ex ante cúal es la forma organizativa o jerarquía ideal que resultará victoriosa. Ello es debido a que toda jerarquía no se despliega exclusivamente en un sólo mercado sino en composición con otras jerarquías de otros mercados que, por así decirlo, contaminan tal idealidad y que hacen posibles estructuras que en cada mercado parcial nunca minimizan los costes de transacción. En el «Enfoque Praxiológico» una Teoría de los Costes de Transacción entendida como Teoría científica supone precisamente negarle todo valor praxiológico a priori.

Por otro lado, una norma metaestructural imprescindible es, como hemos dicho, por ejemplo la que define, independientemente de su función, la mínima igualdad que por abajo tienen que tener los sujetos de la organización (sus derechos por pertenecer al «Todo Institucional») pero la que también define una mínima desigualdad por arriba. La metaestructura nos pone en la vecindad de un aserto como el de «societas delinquere potest». «Si el valor/corrupción está asociado a una institución (conjunto de individuos en interacción circular constante) entonces sólo de un modo artificioso y extrínseco (sin perjuicio de su practicidad técnica) puede llevarse a cabo una holización de esa institución orientada a saber qué cuota del valor/corrupción es responsable cada uno»{58}. Por ello, la corrupción política es interna a la sociedad política, a la «Economía-Política», y, por tanto, lo que se debe medir es el nivel de corrupción relativo de unas «Economías-Políticas» «realmente existentes» respecto de otras. En cualquier caso, cuando el Estado es eutáxico es difícil hablar de ideología, demagogia y/o corrupción en «absoluto».

Además, «lo bueno» que es un gestor eligiendo y ejecutando alternativas prácticas y tácticas para su organización o empresa está siempre conectado con lo bueno que son otros haciéndole accesibles o más cercanas (a nivel del regressus práctico) tales las alternativas. Por ello la Praxiología debe poder verse también como una técnica y metodología colectiva y el «Enfoque Praxiológico», será ante todo entendido como la institucionalización metaestructural de los «Anti-Principios» praxiológicos. Esta metaestructura coadyuba precisamente en la resolución de conflictos políticos (en tanto define las reglas del juego) y no es otra cosa que la positivización material de los Anti-Principios y su composición en reglas

A su vez, las incomensurabilidades entre las alternativas prácticas a nivel praxiológico serán resueltas muchas veces por los distintos niveles tecnocráticos por ejemplo gracias a la capa metodológica de la Praxiología, es decir, gracias a una metaestructura que positiviza el «Anti-Principio» «Flexibilidad» vs. «Rigidez» (la dependencia de la vía que soporta el «Todo Institucional» en tal conflicto). Y ello de forma análoga, como hemos dicho antes, al Hiperrealismo como método que soluciona el conflicto entre Sujeto y Objeto y que también apela a términos intermedios (signos, símbolos, otros sujetos, otros objetos, etc.):

· Los mecanismos de ajustes y aprendizaje organizacional (institucionalizados) tienen coste y siempre deben vencer resistencias en el «Todo Institucional». Por ello existe siempre una inercia praxiológica ya que se necesitan varios ciclos para que unos ajustes se compongan y se vuelvan a reajustar antes de su consolidación. El resultado en relación al valor de un ajuste o «recorte» siempre tendrá algo de empírico y de resultancia. Podríamos decir que en la «Gestión Institucional» no todos los sujetos prácticos llegan a los mismos términos o conclusiones al mismo tiempo como decía la Epistemología de Piaget.

· Los ajustes o cambios organizativos tienen también unos límites de variación debido a la propia metaestructura. Por ejemplo, no podemos cambiar sin más todos los términos y normas sustanciales (generales). No podemos cambiar de barco en mitad de la travesía. Tal mínima rigidez metaestructural implica que en cualquier contexto práctico el «Valor Técnico» nunca pueda reducir a la «Distancia Práctica».

· Esta mínima «dependencia de la vía» da lugar a efectos red (como en el famoso ejemplo de la guerra del vídeo Beta vs. VHS) o efectos vagón (como los que se dieron en el éxito del estándar de teclado QWERTY). Gustavo Bueno ha llegado incluso a decir en otro contexto que «si tenemos dos brazos, ello tiene que ver con que los los peces tienen aletas». Es decir, lo que estamos diciendo en este sentido, es que la historia institucional «importa» (como se ve en las «refluencias institucionales») pero siempre reconociendo sus límites (la necesaria flexibilidad organizativa) ya que el «Todo Institucional» no es por así decirlo una cadena de Markow. Como ejemplo caprichoso de ello citaríamos el hecho de que durante un tiempo en Reino Unido fue beneficioso imprimir en hojas grandes debido a un impuesto. The so-called broadsheet format. Tras mucho tiempo, y una vez retirado el impuesto, esta práctica permaneció en el mercado, llegándose a asociar a «newspapers» de calidad, más antiguos, frente a los «tabloids».

· Todo ajuste, por otra parte, siempre supone un momento técnico y otro político. Y ello en el sentido de que en todo ajusrte es preciso cambiar diferencialmente no sólo en técnicas y territorios sino que también es preciso modificar la remuneración «política» diferencial de las partes (su downside vs. su upside) en tanto las partes políticas están identificadas con tales técnicas y territorios. Un cambio o ajuste que siempre implica «recortes», sea en el downside, sea en el upside, para algunas partes necesarias.

En definitiva, la metaestructura debe residir en la capa metodológica de la «Gestión Institucional». Y aquí sigo al 100% al propio Íñigo Ongay cuando dice que no existe una etología innatista ni una etología aprendicista sino una etología que niega ambas o las mantiene en la capa metodológica de la ciencia como límites críticos. Por ello, además, en la «Gestión Institucional» es preciso diferenciar entre normas pragmáticas sintáctico-prácticas y normas pragmático-praxiológicas:

Gráfico 5

Todos los tipos de términos de la Praxiología

Serán normas pragmáticas prácticas todas aquellas normas «intercaladas» que no marcan la diferencia (por su oblicuidad, por darse por supuestas como «el valor en la mili», etc) en tanto pueden considerarse puro material para la construcción de términos prácticos sintácticos o semánticos. Es decir, toda técnica auxiliar: Lógica bivalente y/o borrosa, Estadística, Matemática, Economía (y todos sus teoremas científicos) serán normas pragmáticas prácticas muy generales y sin semántica praxiológica estricta. Ejemplos son también la Teoría de Juegos, la Teoría General de Sistemas, las Redes Neuronales, etc. Como decíamos antes, las leyes de la Trigonometría para una empresa de navegadores de coche o de satélites.

En el momento en que la accesibilidad (cercanía práctica) a tales teorías pudiera ser decisiva, deberían considerarse en el eje semántico de la Gestión Institucional. Por ello siempre existe cierto solapamiento u «overlapping» entre el eje sintáctico, semántico y pragmático en la Praxiología.

Por ejemplo, si como dice Gil Aluja, la Lógica Borrosa es muy potente para resolver los problemas de optimización{59} productiva que se dan en una empresa, esta técnica debería hacerse más accesible para los gestores dado que podría contribuir a generar beneficio práctico de forma recurrente. En el «Enfoque Praxiológico» no se niega esta posibilidad sino que tampoco se reconoce a priori. Es decir, se pospone a demostrar su potencia en contextos prácticos muy específicos y restringidos, del mismo modo que tampoco se niega que un mercado pueda ajustarse «esencialmente» en alguna medida y en un momento dado a un juego de la Teoría de Juegos formal. De lo que se duda es de que tal formalización pueda tener una significación práctica a priori decisiva.

Serán normas de la capa metodológica (praxiológica) tanto las normas metaestructurales (en el eje sintáctico praxiológico) como todas las Filosofías Esenciales o Macrotendencias del eje pragmático praxiológico (Hardware vs. Software; estudios sobre la inteligencia de mercado global, etc.).

Incluimos aquí todas las filosofías o teorías praxiológicas relacionadas con la gestión de una organización sea ésta del tipo que sea. Ejemplos paradigmáticos en el caso de la «Economía-Política» sería la Filosofía de la Economía Capitalista y/o la Filosofía de la Economía Socialista que, como hemos dicho, son vistas como un «Anti-Principio» desde la propia Praxiología Esencial o Filosofía de la Gestión Institucional que proponemos.

Una Praxiología Esencial que es en sí misma desde luego una norma pragmática praxiológica perteneciente a la capa metodológica de la Praxiología junto a las Filosofías que tal Filosofía niega en su extremo. Es decir, toda Filosofía considerada fundamentalista por el «Enfoque Praxiológico» pertenecería a esta capa metodológica praxiológica del eje pragmático, es decir, al mismo tiempo que se reconoce su fulcro, eukasía, y pertinencia gnoseológica y dialéctica límite.

Nos parece que ello, es decir, la inserción de tal doctrina neoliberal en la capa metodológica de la economía política autorizaría a interpretar el propio liberalismo como un desarrollo nematológico mucho más que técnico, de la institución gnoseológica que conocemos como economía política. Y ello, justamente, permitiría tematizar el propio liberalismo como un fundamentalismo, enfrentado a otras nematologías intersectantes, &c{60}

Deben ser también consideradas Filosofías de Gestión (ideológicas) de la capa metodológica aquellas que tratan de construir líderes o gestores según sus características psicológicas por ejemplo basadas en el paradigma de lo «innato» o en el paradigma de lo «aprendido». Desde el «Enfoque Praxiológico» simplemente diremos que las Filosofías de Gestión deben estar determinadas por la naturaleza del campo praxiológico y no por la naturaleza personal del «sujeto gnoseológico», sin por ello negar que sea posible negar arquetipos psicológicos extremos. No es verdad en el «Enfoque Praxiológico» lo que decía Fichte "What sort of philosophy one chooses depends on what sort of person one is."

En este sentido, la pista respecto a la pertenencia de tales Filosofías a la capa metodológica de la Praxiología nos la habría dado, como decimos, el artículo de Iñigo Ongay en el Catoblepas: Ni innato ni aprendido: capas básicas y capas metodológicas de las ciencias de la conducta en el que se puede leer el siguiente párrafo al que hay que prestar una gran atención por su interés para nuestro enfoque:

Muy bien. Pero si ello es en efecto así, cabría en efecto preguntarse por el lugar de la distinción entre «innato» y «aprendido» en el campo de las ciencias de la conducta. Procediendo desde la perspectiva de la Teoría del Cierre Categorial, y en atención a la presencia recurrente de la controversia de referencia en la historia de disciplinas categoriales como puedan serlo la Etología o la misma psicología funcionalista del aprendizaje, nos inclinaríamos por nuestra parte, no tanto por negar en absoluto la importancia de tal distinción (como creemos que, a su manera, hacen tanto Bateson como Mameli al hablar de «conceptos folk», para-científicos o pseudo-científicos) cuanto por resituar críticamente tal importancia en la capa metodológica de tales disciplinas científicas más que en su capa básica. Una capa, tal y como lo advierte Gustavo Bueno, cuya misión no sería tanto «conseguir concatenaciones de fenómenos nuevos, cuanto reconducir (en un movimiento de progressus) y englobar las concatenaciones ofrecidas en los fenómenos anteriores. Este tipo de capas doctrinales de los cuerpos científicos, sin perjuicio de su importancia gnoseológica (pues en todo caso, los tejidos de la capa básica no podrían respirar al margen de la propia capa metodológica que los defienden, por razón de su robusto «metabolismo» conjuntivo, frente a las tentativas imperialistas de tejidos procedentes de terceros campos científicos), en absoluto meramente «externa», no forman parte de los teoremas estrictos, sino que tienden enérgicamente a organizarse bajo la forma de una capa sustantiva, autónoma, dada con entera independencia de los fenómenos de partida, llegando en este sentido a adquirir el formato que es propio de una ontología o de incluso de una metafísica (para todo ello, véase Bueno, 1993). En el fondo, esto quería decir que desde un punto de vista básico, ningún teorema etológico (por ejemplo, ningún etograma o ninguna pauta conductual especie-específico) se deja reducir enteramente por las distinciones dilemáticas de referencia: en el momento básico de los procesos de construcción científica, no hay una etología «innatista» igual que no hay una geometría «platónica» o una física «deísta» sin perjuicio de las especulaciones newtonianas sobre el sensorium dei.

Finalmente y a modo de conclusión, diremos que en este artículo se ha tratado de realizar un ejercicio de infantería del materialismo filosófico y situar a las categorías praxiológicas en sus quicios correctos a partir de las categorías gnoseológicas y filosóficas del filomat. Es decir, desarrollar el filomat en un campo, como el de las instituciones económico-políticas y administrativas-organizacionales, en el que creemos que éste tenía algo importante que decir y en el que hasta ahora los análisis del materialismo filosófico estaban más ejercitados que representados.

En este ejercicio se ha definido el «Enfoque Praxiológico» respecto del «Enfoque Gnoseológico» del que deriva y al que complementa en su critica del Enfoque Epistemológico, aquel en el que creemos implícitos todos los principios que desde el «Enfoque Praxiológico» son vistos como fundamentalistas y que son negados por los «Anti-Principios» praxiológicos. Principios epistemológicos Esenciales en los que se basan teorías políticas o del Management que se presentan como científicas o fruto de la experiencia pero que ante todo son Filosofías a criticar, y aún ideologías (i.e. alineadas con el bolsillo de una institución educativa y/o el bolsillo de una firma de consultoría).

En definitiva, un campo donde el filomat tiene un potentísimo rol crítico. Se ha tratado de dotar al «Sujeto Praxiológico» de un marco conceptual y filosófico que le haga entender su papel institucional y le impida encajar goles pseudo-científicos, muy onerosos.

No se quieren reducir con este enfoque las facultades de la Ciencia de la Administración a Facultades de Filosofía ni equiparar a un consultor de gestión con un filósofo académico. Se trata simplemente de dar entrada a Filosofías verdaderas en las Facultades de Ciencias de la Administración y, mutatis mutandis, en el ejercicio de la consultoría.

Nos despedimos diciendo que esperamos haber estado mínimanente a la altura y que se agradecerá enormemente cualquier comentario o crítica (gcasanovaesteban@gmail.com) ya que nos es necesario para seguir trabajando y enriqueciendo esta teoría en la medida de nuestras posibilidades, que son pocas.

Notas

{1} BENVENISTE, Émile (2004), Problemas de Lingüística General, tomo II (PLG II), México, Siglo XXI

{2} http://www.helicon.es/pen/7848555.htm

{3} http://www.nodulo.org/ec/2013/n131p01.htm

{4} http://www.nodulo.org/ec/2003/n020p08.htm

{5} http://en.wikipedia.org/wiki/Framing_effect_(psychology)

{6} http://nodulo.org/ec/2006/n050p04.htm. La práctica sin praxis es una práctica no dialéctica, es una práctica de primer grado, aquella en la que los hombres obran inmediatamente, en la que su vida deviene pero no acontece –en un sentido en virtud del cual una «vida como acontecimiento» es una vida que se configura ahí donde aparece un cierto grado de conciencia histórica y política, como vida dada en la praxis, y como dada, también, desde la premisa fundamental según la cual la vida de un hombre libre solamente puede darse desde la consciencia en la que aparece ésta como una vida necesaria.

{7} http://www.fgbueno.es/gbm/gb96sv3.htm

{8} MATURANA, Humberto y VARELA, Francisco (1984). El árbol del conocimiento. Bases biológicas del entendimiento humano. Edición revisada (1992) The tree of knowledge: biological roots of human understanding.

{9} http://www.filosofia.org/filomat/df163.htm

{10} http://www.filosofia.org/filomat/df108.htm

{11} http://www.fgbueno.es/med/dig/egch1114.pdf

{12} http://www.fgbueno.es/act/efo019.htm

{13} The Intelligence of the Unconscious. Gerd Gigerenzer. Viking, 2007

{14} http://www.fgbueno.es/med/tes/t035.htm

{15} https://www.youtube.com/watch?v=UiAWroDYA70. ¿Fue el lenguaje una emergencia neuronal?

{16} Metafísica 1037a29-b1

{17} http://www.filosofia.org/ave/002/b039.htm

{18} http://www.filosofia.org/filomat/df212.htm

{19} http://www.nodulo.org/ec/2012/n121p02.htm

{20} El Origen de las Especies. Charles Darwin. Akal 1985. Página 90.

{21} http://helicon.es/pen/7848557.htm .

{22} ¿Qué es la bioética?. Gustavo Bueno. p63

{23} Página 253 de la FILOSOFÍA Y CIENCIAS HUMANAS: ELEMENTOS PARA UNA CRÍTICA DE LA ANTROPOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO DE NORBERT ELIAS. MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Fernando Muñoz Martínez. Bajo la dirección del Doctor: Juan Bautista Fuentes Ortega. Madrid, 2004.

{24} http://www.fgbueno.es/med/dig/egch0983.pdf

{25} «los modos finitos, a diferencia de los infinitos se caracterizan por tener una esencia que no implica su existencia». http://www.filosofia.net/materiales/tem/espinosa.htm

{26} http://www.nodulo.org/ec/2012/n126p01.htm

{27} El Príncipe, XVIII, Espasa-Calpe, Madrid, 2000, p. 121.

{28} Crítica de la razón pura. (Introducción) B1/2.

{29} http://www.fgbueno.es/bas/pdf/bas10508.pdf

{30} Frank Knight. Risk, Uncertainty and Profit, 1921, ISBN 978-0-9840614-2-6.

{31} PENSAMIENTO DIFUSO, PERO NO CONFUSO: DE ARISTÓTELES A ZADEH (Y VUELTA). Julián Velarde Lombraña. Universidad de Oviedo.

{32} La acción humana: Tratado de economía. Ludwig Von Mises. Unión Editorial, 2011

{33} Praxeología. Una introducción a las ciencias de la acción eficiente/Praxiology. An introduction to the sciences of efficient action. Nueva York: Pergamon Press 1965.

{34} Real-world economics review, issue no. 59. Is economics a science? Should economics be rigorous? Paul Davidson [Journal of Post Keynesian Economics, USA].

{35} http://filosofia.org/filomat/df103.htm

{36} Oscar Lange, Economía política, Fondo de Cultural Económica, México, 1966. http://es.scribd.com/doc/105034266/Oskar-Lange-Economia-Politica-I-Problemas-Generales

{37} Página 11 del Praxiology and the Philosophy of Technology. Wojciech W. Gasparski, Timo Airaksinen. Transaction Publishers, 31/12/2011. http://books.google.es/books?id=N7A0DfuLuJ8C&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

{38} Página 341 y ss. de la FILOSOFÍA Y CIENCIAS HUMANAS: ELEMENTOS PARA UNA CRÍTICA DE LA ANTROPOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO DE NORBERT ELIAS. MEMORIA PARA OPTAR AL GRADO DE DOCTOR PRESENTADA POR Fernando Muñoz Martínez. Bajo la dirección del Doctor: Juan Bautista Fuentes Ortega. Madrid, 2004.

{39} Luciano Canfora, Crítica de la retórica democrática, Crítica, Barcelona 2003, pág. 94. Vía http://nodulo.org/ec/2008/n077p04.htm#kn02 de Ismael Carvallo.

{40} http://nodulo.org/ec/2002/n002p16.htm

{41} http://www.fgbueno.es/med/dig/gb96sv6.pdf

{42} Agud, Ana. (1980) Historia y teoría de los casos. Madrid:Gredos. pág. 18 y página 131 de ELEMENTOS PARA UNA CRÍTICA DE LA ANTROPOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO DE NORBERT ELIAS.

{43} http://www.fgbueno.es/med/dig/egch1300.pdf

{44} http://nodulo.org/ec/2005/n035p02.htm

{45} http://www.fgbueno.es/edi/bfe010.htm

{46} Página 375 de la tesis: LA TEORÍA POLÍTICA MATERIALISTA DE GUSTAVO BUENO: GNOSEOLOGÍA, ESTADO Y MORAL. José Andrés Fernández Leost

{47} The contingent effects of industry conditions on relationship between structural complexity and strategic change. Modarres, Mohsen; Beheshtian, Mehdi; Ispahani, Ahme. Journal of Academy of Business and Economics. ISSN: 1542-8710. http://www.freepatentsonline.com/article/Journal-Academy-Business-Economics/113563656.html

{48} Traducción de Tomás Muñoz Molina, en J. Rumney, Spencer, FCE, México 1944, págs. 29-30. Vía http://nodulo.org/ec/2007/n064p02.htm

{49} Complexity in business environments. Flávio C. Vasconcelos. Rafael Ramirez. Journal of Business Research. Volume 64, Issue 3, March 2011, Pages 236–241

{50} http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/economic-sciences/laureates/2002/kahnemann-lecture.pdf

{51} http://www.nodulo.org/ec/2013/n131p01.htm

{52} Capítulo 23 del Príncipe. http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080007122/1080007122_27.pdf

{53} http://en.wikipedia.org/wiki/Holacracy

{54} VELARDE, J.(1991), Gnoseología de los sistemas difusos. Serv. Publicaciones Univ. de Oviedo, Oviedo.

{55} http://es.wikipedia.org/wiki/Matriz_BCG

{56} Chandler, A.D. Jr. (1962). Strategy and Structure: Chapters in the History of the American Industrial Enterprise. Cambridge, MA: MIT Press

{57}http://revistas.unlp.edu.ar/CADM/article/download/689/672

{58} http://www.fgbueno.es/gbm/gb2010fd.htm

{59} Gil Aluja, J.: «Introducción a la Teoría de los Subconjuntos Borrosos a la Gestión de la Empresa». Ed. Milladoiro. Vigo, 1986.

{60} http://www.nodulo.org/ec/2010/n098p09.htm Fundamentalismo liberal y fundamentalismo democrático: en torno a dos concepciones formalistas de las sociedades políticas. Iñigo Ongay

 

El Catoblepas
© 2013 nodulo.org