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El Catoblepas, número 156, febrero 2015
  El Catoblepasnúmero 156 • febrero 2015 • página 8
El mundo no es suficiente

Syriza

Grupo Promacos

Se trituran las interpretaciones de izquierdas y derechas a propósito de la victoria de la coalición Siryza en Grecia

Syriza

«El desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha precisamente hacia la subordinación suya a la ideología burguesa, sigue precisamente el camino trazado en el programa del Credo, pues el movimiento obrero espontáneo es tradeunionismo, es Nur-Gewerkschaftlerei, y el tradeunionismo no es otra cosa que el sojuzgamiento ideológico de los obreros por la burguesía» (Lenin, Qué hacer)

Hay dos interpretaciones ideológicas del triunfo de la coalición de Syriza en Grecia que insisten en los tópicos pertinentes al caso; esto es, de un lado, los mitómanos de la izquierda quienes ven este triunfo electoral como una reacción de los oprimidos -del «pueblo» que sufre las consecuencias de una crisis provocada, intencionadamente, por la avaricia de los banqueros, de los capitalistas y prestamistas- orientada a la restauración del estado del bienestar; de otro, la propia de los mitómanos de derechas quienes consideran que este triunfo electoral arrojará a Grecia al infierno del malestar en lo que se convierten los estados gobernados por la izquierda.

Estas interpretaciones ideológicas aparecen revestidas con la autoridad de los conceptos científicos de la economía, los primeros apelan a alguno como el de redistribución de la riqueza, afirmando que la codicia capitalista hunde al codicioso, dado que el empobrecimiento de las masas redunda en el descenso del consumo y la demanda; los segundos prefieren hablar de fracaso de estas políticas keynesianas, redistributivas e intervencionistas que necesitan de un aparato estatal de recaudación de tributos que gravan abusivamente la riqueza de los individuos y de las empresas e impelen a estas, en un contexto de globalización capitalista, a «deslocalizarse», esto es: a salir pitando de los estados que aplican esta medidas para establecerse en otros de los que gozan de un mayor «índice de libertad económica».

Y como las ideas confusas y oscuras, como advirtiera Benito Espinosa, se siguen unas de las otras con la misma necesidad que las claras y distintas, por lo que se refiere al pago de la deuda contraída por los estados, en nuestro caso particular Grecia, los unos creen que esa deuda no puede ser la excusa para empobrecer a los ciudadanos y, aun peor, privarles de la «calidad en los servicios públicos» y los otros aducen que si no se paga la deuda, Grecia no podrá financiarse y, por consiguiente, habrá más pobreza y peores servicios, más un corralito bancario, fuga de capitales y desabastecimiento de los mercados a la «moda venezolana».

Si nos mantenemos bajo el manto de estas coordenadas ideológicas en donde el proletariado ha sido sustituido por el «pueblo indignado» (confusa expresión, tanto intensional como extensionalmente, que lleva camino de convertirse en un eufemismo que evita referirse al «funcionariado», cuyo espesor en Grecia alcanza al 20 por ciento de la población activa) las propuestas de Syriza se asientan sobre la hipótesis de la espontaneidad de un pueblo que se levanta contra ¿la opresión?, no, contra el recorte en servicios sociales. Y lo mismo en España, con los movimientos espontáneos de ciudadanos indignados del Quince de Marzo y su convergencia en el partido Podemos.

Syriza y Podemos representan, en palabras de Lenin (de 1902 en Qué hacer) la quintaesencia de la socialdemocracia , en tanto ésta, desvinculada de la dialéctica de la historia, se rige por un actualismo economicista que brotaría espontáneamente de las masas obreras: «los obreros se dejaban llevar por el argumento de que conseguir aumentos de un kopek por rublo estaba más cerca y valía más que todo socialismo y toda política; de que debían "luchar, sabiendo que lo hacían no para imprecisas generaciones futuras, sino para ellos mismos y para sus hijos"» Donde Lenin dice «obreros», pongan «funcionarios» y el retrato es perfecto para describir la ideología socialdemócrata de Syriza o de Podemos.

Ahora bien, estas coberturas ideológicas dejan de serlo en cuanto Syriza alcanza el poder en Grecia (o en cuanto Podemos lo consiga en España, hipótesis que no parece improbable según las encuestas) y tiene que enfrentarse a la realpolitik.

Es en este momento empírico -desconectado de un momento formal meramente propagandístico e ideológico, en cuanto carece de un sentido de la historia, en cuanto que no se rige por más norma que una colección de tópicos y una nada desdeñable dosis de demagogia orientada a alcanzar el poder- cuando Syriza, o Podemos, tendrá que decidir si sigue navegando en las aguas de la Unión Europea, eufemismo de los intereses de los EE.UU y sus aliados en contra de China y de Rusia, o bien si busca otras vías de financiación, en un contexto en donde los aliados europeos de EE.UU. empiezan a quejarse del descalabro que producen las sanciones a Rusia por el asunto de Ucrania. Grecia, como cantidad cuasi despreciable en el seno de la UE, podría tener a su favor la necesidad de los aliados europeos, de atenuar su crisis para evitar su deslizamiento al este, pero también el peligro de duras sanciones al impago para servir de escarmiento. En cualquier caso, la ausencia de un ortograma definido, de un momento formal no meramente ideológico, sino formalmente político, en tanto debería ir conectado a su momento empírico (en otras palabras, la ausencia de un proyecto definido que pudiera incorporar las desviaciones, que de modo necesario han de producirse en él por los accidentes del terreno por el que ha de desenvolverse, como fases ineludibles de su propia realización) convierte a Grecia en un «estado flotante», a la deriva y a expensas de los vientos. Aquí radica la clave de la misma indefinición de los voluntariosos y voluntaristas militantes e ideólogos de Podemos. Detrás de la propaganda habrá que buscar si hay proyecto y si ese proyecto incluye la disolución de España en la «Europa de los pueblos» o la defensa de la unidad de la Nación. O si, como sospechan los liberales, nos arrojarán a las fauces de China, Rusia o Venezuela, o, antes bien, como sospechamos nosotros, seguiremos bajo el paraguas de la OTAN.

Concluimos en que en el interregno de las ideologías socialdemócratas de Syriza y Podemos, una cuestión que ambos deben dilucidar es si esa masa de votantes sedientos de justicia social que les votaron o les votarán, estará dispuesta a sacrificar su ordenada e indignada vida de individuos consumidores e improductivos que reclaman «calidad» en la educación, en la sanidad, en la oferta deportiva y gastronómica, en aras de una futura igualdad y justicia sociales. O si, por el contrario, en cuanto las decisiones políticas de estos grupos impliquen un debilitamiento del área de influencia de los EE.UU. y esto arrastre problemas en «el pueblo» como los que padecen los venezolanos, esas mismas masas de votantes por el cambio quedaran escaldados y volverán a votar a «la casta». Seguramente consideraciones de este tipo tendrán que hacer los finos analistas de la actualidad económica y política que circulan por las tertulias y los diarios de información de todo el mundo.

Por nuestra parte, y dada la filiación helena de nuestro nombre, deseamos a Syriza muchos éxitos en la defensa de la soberanía griega frente a terceros, aunque somos escépticos respecto a la posibilidad de que los griegos sigan manteniendo, mediante el endeudamiento, su «calidad de vida», la que les permite tener, junto a Francia, el porcentaje más elevado de funcionarios vitalicios de todo el mundo, a la vez que dicha soberanía. A ver cómo lo soluciona Podemos.

 

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