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El Catoblepas, número 149, julio 2014
  El Catoblepasnúmero 149 • julio 2014 • página 11
Libros

La experiencia de Israel: profetismo y utopía

Alberto Fernández-Diego Rodríguez

Sobre el libro de Julio Trebolle La experiencia de Israel: profetismo y utopíaI. Editado por Akal en 1996.

La experiencia de Israel: profetismo y utopía El profesor Trebolle dedica esta obra al análisis del pensamiento judío desde su nacimiento hasta la actualidad, pasando por el desarrollo que ha experimentado a lo largo de los siglos y hace hincapié en la idea de monoteísmo como único posible denominador común de todo el judaísmo. Para todos aquellos que estamos comenzando a tomar contacto con él y su historia, una de las principales y más sorprendentes lecciones que aprendemos es que no cabe hablar de un judaísmo perenne y normativo{1} (y que ya en la época helenística había varios judaísmos).

Dice el autor que otro de los rasgos característicos del pensamiento bíblico es el carácter moral de la personalidad divina, de lo que se sigue que las relaciones del hombre con Dios son de un tu y un yo. El hombre ha sido creado por Dios y no forma parte de la naturaleza, y el contenido de la Biblia versa sobre dichas relaciones (Dios-pueblo), fundamentándose en la experiencia colectiva del pueblo de Israel, que incluyen a su vez las vivencias de cada profeta.{2}

El pueblo de Israel tuvo carácter nómada y su religión era una variante del politeísmo cananeo.{3} Si bien podría parecer razonable pensar que su nomadismo fuera lo que otorgó sus particularidades al judaísmo, la clave no fue sino la vivencia de su propia historia como una experiencia religiosa, una historia de liberación (de la esclavitud en Egipto y de la opresión en Canaán).{4} En efecto, su religión no se sostiene inicialmente en mitos ni legitima un determinado orden establecido, sino que hunde sus raíces en la toma de conciencia de pueblo oprimido y después liberado.

Por su parte, los profetas fueron clave en el avance y desarrollo posterior de la historia del pueblo y la religión judía. Trebolle hace un recorrido por sus proclamas, señalando la especial importancia de un profeta anónimo –el Segundo Isaías– que instó al pueblo de Israel a dejar de lado la concepción étnica por una concepción religiosa, lo que significaba convertirse en un colectivo religioso separado del resto y con la misión de ser testigo de Yahvé ante los pueblos, esto es, de ser luz para los pueblos.{5}

De modo que el contenido de la Biblia refleja los acontecimientos del pueblo judío, tales como esclavitud-éxodo, exilio-retorno, pecado-redención, muerte-resurrección. Por ejemplo, en palabras del autor, el Éxodo se convirtió en un hecho paradigmático para futuros acontecimientos posteriores, así como para la construcción de la escatología apocalíptica. Los esquemas vividos y reflejados posteriormente en la Biblia se convirtieron en fuente inagotable de aliento y capacidad de reinvención con los que afrontar las adversidades que, como señalaremos, aún a día de hoy sirven de impulso.

El autor dedica toda una sección de su obra al pensamiento judío clásico y medieval, dados los fructíferos resultados de los diferentes contactos que se establecieron a lo largo de su historia. En efecto, tras el contacto con la filosofía griega, el judaísmo resultó enriquecido (conviene señalar que el pensamiento judeohelenístico constituye el paso previo al desarrollo de la filosofía medieval cristiana): el autor ofrece un recorrido por donde resuenan ecos griegos –el libro de la Sabiduría de Salomón, el libro IV de los Macabeos, autores como Filón de Alejandría, etc.–. Con el paso de los siglos, los rabinos fueron consolidándose como una figura clave en el entramado ideológico judío: sintetizaba en sí las figuras bíblicas del sabio-escriba de la Ley, del sacerdote y del profeta mesiánico.{6}

El año 70 d.C. representó un punto de inflexión en la historia del judaísmo: la destrucción del Templo y la caída en picado de la espera del Mesías hizo que la religión deviniera en una doctrina algo distinta, dejando de lado la trayectoria histórico-mesiánica{7} y haciendo hincapié en la eternidad de la vida (debidamente regulada por los textos sagrados y las autoridades religiosas que significaban los rabinos). El eje de la reforma fue la reorganización de la vida –tanto la previa como la posterior a la muerte–. Como hemos mencionado ya, las características particulares sobre las que se funda y articula la religión judía le permitieron redefinir siempre su identidad y su razón de ser.{8}

Durante la Edad Media, el judaísmo recibió influencias decisivas de la filosofía islámica, asimilando todas las corrientes intelectuales de la época:{9} mutazilismo, neoplatonismo, aristotelismo, etc. Ahora bien, Trebolle señala que no es adecuado clasificar a los pensadores judíos –Maimónides, Jehudá Halevi, Bajya ibn Paquda, etc.– bajo un mismo rótulo.

La obra concluye señalando la tendencia que tuvieron algunos sectores del judaísmo a orbitar alrededor de corrientes pietistas del mundo de la Cábala en la época medieval (una escuela esotérica que sostiene que las prácticas y los ritos que se efectúan tienen un peso especial y un efecto clave en el cosmos). Finalmente, se ofrece un desarrollo doctrinal de ella.

Por último, como fin de la obra se hace un balance de la situación actual del mesianismo, que Trebolle ofrece dividido en dos vertientes: uno más realista, que pretende restaurar Israel en la misma tierra de Israel; otra, más idealista, que busca la redención universal.{10} De acuerdo con el autor, si bien son dos tendencias bien distintas, pueden darse unidas –como de hecho ha sucedido–.

{1}Trebolle, J. La experiencia de Israel: profestismo y utopía. Ed. Akal. 1996. Pág. 45.

{2} Ibíd. Pág. 4.

{3} Ibíd. Pág. 10.

{4} Ibíd. Pág. 19.

{5} Ibíd. Pág. 44.

{6} Ibíd. Pág. 44.

{7} Ibíd. Pág. 49.

{8} Ibíd. Pág. 48.

{9} Ibíd. Pág. 50.

{10} Ibíd. Pág. 56.

 

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