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El Catoblepas, número 148, junio 2014
  El Catoblepasnúmero 148 • junio 2014 • página 10
Artículos

España desde «El Monreal», España desde «El Carbayu»: Sobre paisaje, paisanaje, país y la Idea de Nación

Miguel Ángel Navarro Crego

Meditación filosófica en favor de la unidad de España.

Pensando en mis padres, dos humildes labradores españoles, como homenaje a las víctimas del terrorismo secesionista y por la encomiable labor de la Fundación DENAES.

Pico Monreal en Salamanca

Lucha es la vida y el arado es arma,
arma la reja de la odiada idea.
(De «La flor tronchada». Poesías. Miguel de Unamuno).

Y al salir en el río de la gente
bajo el cielo a que lavan lagoteras
brisas del mar latino,
sentí en mi pecho
la voz grave del mar de mi Vizcaya,
la que brizó mi cuna,
voz que decía:
¡seréis siempre unos niños, levantinos!,
¡os ahoga la estética!
(De «L’aplec de la protesta». Poesías. Miguel de Unamuno).

España es España y su circunstancia, y si no se la salva a ella no se salva España. Y esto es así y lo ha sido desde los históricos y míticos tiempos de Don Pelayo. De esta suerte cuando el alma meditabunda de Ortega y Gasset tomó la alternativa filosófica, en nuestro cainita y fratricida ruedo ibérico, lo hizo con sus Meditaciones del Quijote, obra cuyo centenario se celebra este año: el perspectivismo y la razón vital del «yo» y la «circunstancia» como programático designio filosófico con el que pensar y reconstruir España, nuestra Nación.

Y Ortega lo concibió proyectando su espíritu (como alma histórica al decir de Unamuno), y ya germanizado por la disciplina kantiana, asomándose al paisaje ontológico de la idea de España para contemplar las cosas en derredor, que siendo mudas de tanto oídas (las creencias, los mitologemas), constituyen «la circunstancia». Esa salida venadora al universo patrio desde la atalaya paisajística de los puertos del Guadarrama o del campo de Ontígola, fueron y son, como para Platón y Santo Tomás, forma cazadora, filosófica, de amar. Y en este caso, para Ortega, de meditar España. Porque como él afirmo, es la meditación ejercicio erótico, es el concepto rito amoroso.

Luego filosofar sobre España, que es una realidad que es una idea: compleja, plural y dialéctica (es decir contradictoria sólo en apariencia), supuso para Ortega tomarse al Quijote, cual inventor de Cervantes, como la selva ideal, como libro escorzo por excelencia donde se aúnan y se penetran, a veces en trágica cópula, la diversa pluralidad de paisajes, paisanajes y países que a todos nos componen y conforman por igual. Mas nuestro filósofo sabía, al modo platónico, que todo «desvelamiento» implica, como sagrado cortejo ritual en el que se desnuda a una doncella antes de poseerla, que en el socrático oficio es necesario, con paciencia y fortaleza, con ternura y firmeza, con tesón y generosidad, iniciar y recorrer el camino con ese esclavo que ha de convertirse en ciudadano de la Patria España; y esto de forma y manera que sea él mismo, el futuro ciudadano, quien arribe, allende la tenebrosa caverna, a la verdad que se le quiere mostrar (como también poetizó Machado).

Y ese desvelamiento, esa verdad que también es la mía, es que España existe, es que España es. La esencia sigue pues a la existencia.

Por eso Ortega con su meditación y al enfrentarse a la mediocridad política de su tiempo, como antesala histórica de nuestra actual corrupta casta de politicastros, recordó la «Antropología kantiana» y desde ella reflexionó con el de Königsberg que es España «Tierra de los antepasados». (¡Ahí es nada!). Lo cual quiere decir que nuestros muertos, como las sepulcrales sombras que invocan al homicida Tenorio de Zorrilla, siguen mandando y gobernando a su manera sobre los vivos.{1}

España fue imperio y apenas podías susurrar su nombre desvanecíase en la mente del envidioso oyente (la Leyenda Negra).{2}

Mas frente a las «nieblas germánicas», de las que con tanta frecuencia hablaba Menéndez Pelayo y que hoy de nuevo nos amenazan con el Cuarto Reich presidido por Führer-Merkel, opone Ortega la diáfana y polisémica claridad latina de nuestras pasiones, emociones y sentimientos patrios, que no por ser plurales en su manifestación dejan de ser unívocos en su esencia. Porque es la patria la tierra de nuestros mayores, el llar, el lecho, la mortaja y sepultura de nuestros ancestros queridos.

¿Por qué entonces tanto odio?, ¿por qué tanto cainismo?, ¿por qué tanto resentimiento?, ¿por qué toda «generación» (según Ortega y Julián Marías), sólo aspira a vengarse de la anterior como un trágico Edipo que no quiere saber a quién mata en un cruce de caminos,…a quién penetra en un tálamo mancillado?

Y Ortega matiza que España deja de ser dinámica y anda a la greña en hondísimo letargo, soñando quijotesca que vive, cuando no aborda empresas de altura: España en y frente Europa, España con y contra el mundo (la Globalización).{3}

Pero hasta aquí el comentario sobre Ortega, porque Unamuno, coetáneo y antípoda del anterior en tantos aspectos, también se dolió más que ningún otro hasta su postrer día en una España en guerra, de ese cainismo que tanto denunció y que hizo mella en sus emocionales carnes como hermano «existencial» que era del danés Kierkegaard. Él trascendió con su mística poética, con su erótica en suma, las contradicciones de su alma. Don Miguel, como sus contemporáneos que formaron y padecieron la Generación del 98, quiso resucitar a Alonso Quijano el Bueno para que, muriendo Don Quijote, surgiera con aquél lo mejor del Espíritu Español. El sentido de lo intrahistórico, el valor unificador en lo plural de las tradiciones, que son la tierra y la simiente común sobre la que se labra y hunde su reja el arado de la Historia. Él, Unamuno, al igual que San Agustín respecto a la definición de tiempo, podría haber dicho: si no me preguntáis qué es España lo sé, si me lo preguntáis no lo sé. Por eso él, de trémulo espíritu de poeta, añoraba entrañable las bilbaínas brumas de su infancia, y se extasiaba ascético y místico ante las vastas mieses y rebaños de los campos de Salamanca,… ¡su Salamanca!

Pero más allá del certero y sentido comentario unamuniano, «País, Paisaje y Paisanaje» (publicado el 22-8-1933), entronco yo ahora con la lógica de la Filosofía y la filosofía de la Lógica.

Estos tres conceptos ocurriéronseme a mi antes de haber leído el escrito de Unamuno, haciendo en mis años mozos tal vez la ruta del Cares, tal vez la ruta del Alba,… tan nuestras, tan asturianas, tan españolas. Inmediatamente yo, que frecuentaba en aquellos años los Ensayos Materialistas de Gustavo Bueno y la Lógica de Hegel, pensé y sigo pensando, que estas tres expresiones eran algo más, mucho más, que tres sintagmas de poéticas remembranzas. De ahí el intencionado orden filosófico, ontológico, de mi título: paisaje, paisanaje y país.

Como bien sabía Unamuno es el paisaje el entorno envolvente, el medio circundante aún no hollado por la mano del hombre que aparece ante la «visión» (la conformación originaria de la idea en sentido platónico), cual realidad fisicalista. Mas el paisaje cobra vida cuando lo habita y lo transforma el alma humana: el paisanaje. Es el paisano y la paisana el prístino ser humano apegado a su terruño que lo ama y lo desdeña, pero que nunca le es indiferente. Es entonces el paisanaje la realidad fenoménica, antropológica, que aún no está desalmada (como decía Ortega del Espíritu Objetivo de Hegel, de la Historia en suma). Y esa fusión entre paisaje y paisanaje es afirmación, negación y sublimación superadora, formando ya el horizonte fraterno de lo que llamamos un país. Éste, el país, tiene ya intrahistoria y apunta hacia lo que será la dimensión histórica (historia con minúsculas); como intrahistórica es el alma dolida, doliente y explotada de figuras de la «Fenomenología del Espíritu» de lo que ha sido nuestra Nación, nuestra España, cuando nos sentimos hijos y deudores de personas y personajes como «Paco, el Bajo», «la Régula», o «el señor Cayo» (cuyo voto se disputan los políticos). Porque la prosa de Delibes es también nuestra prosa, la prosa de la Castilla que siente y sufre como país, como síntesis (aufhebung) entre paisaje y paisanaje.

Por eso el sentimiento y el concepto de ser de un país (lo que antes se llamaba una «región»), se encamina hacia los albores de la dimensión esencial del Hombre pero sin constituirla todavía. De ahí también que se quejase Unamuno con razón de que los secesionistas, los que falseando la historia común de lo que es esencial al alma humana al erigir ídolos de barro sobre falsas identidades, inventasen lo de llamar al otro meteco, maqueto, charnego, forastero, o sea marrano. Y quienes así proceden, apuntaba, lo hacen porque se consideran «arios», que no son más que «señoritos de aldea», no verdaderos aldeanos, no paisanos, no hombres del país y del paisaje{4}. Porque el verdadero paisano y paisana, y lo afirmo como hijo de acogidos emigrantes, siempre ampara y protege, nunca excluye y no crea guetos pseudoculturales ni te señala con el dedo. (La poética Delina que«cuando murió, díxome que nun llorase, que chase murnies a l’aire pero que nun la escaeciese…», como dice la canción del grupo asturiano Nuberu).

Pero por encima y a la vez a través de los citados conceptos: paisaje, paisanaje y país, se levanta con la madurez de los tiempos, de la Historia con mayúsculas, la idea de Nación. Y digo idea y no concepto. Ésta opera como idea, como realidad esencial pues, porque para que surja es necesaria la Libertad Objetiva, estoica y cristiana, ulterior a la «lucha de las autoconciencias»; la famosa dialéctica del Amo y el Esclavo, y de la Base y la Superestructura como diría Marx.

Y así más allá de la profunda metáfora cervantina, donde las descalabradas ensoñaciones quijotescas fenecen en combate singular en las playas de Barcelona frente al Caballero de la Blanca Luna, nació de esta muerte por melancolía Alonso Quijano, nació España como sentimiento nacional. Y decir Nación es decir una idea política, filosófica, fundacional. Porque mentar Nación (y no nacionalidad como nacencia, «nación étnica», en suma sinónimos de país o región intrahistórica), es situarnos en el horizonte de la dialéctica histórica. La intrahistoria queda «superada», al modo de Hegel y Marx, por la Historia y sus determinaciones.{5}

Como sabemos España toma conciencia plena como Nación, renace pues cual autoconciencia en el «en sí y para sí», cuando los paisanos y las paisanas de esos múltiples países o regiones que vertebraban ya de forma articulada en lo costumbrista y sociológico el paisanaje del Estado, se levantaron y se enfrentaron como un solo cuerpo, como un solo espíritu, contra el invasor francés, en algo que fue muchísimo más que «un novelado día de cólera» (Pérez-Reverte).

Han pasado doscientos años y la meditada por Ortega vertebración de España como Nación sigue siendo cuestionada{6}. No hay soluciones fáciles que a todos nos contenten y la Filosofía, que es saber menesteroso, sólo puede mostrar los problemas, hacer las preguntas,…insinuar los caminos.

Mucho se discute en la prensa (por ejemplo en el diario asturiano La Nueva España), por eminentes personalidades en lo jurídico y constitucional, sobre el Estado de las Autonomías y la autonomía del Estado, sobre si ya funcionamos en la práctica como una nación federal (el mito del federalismo español que ha sido desmontado hace un año por Gustavo Bueno Sánchez{7}), y pocos escriben sobre un republicanismo jacobino y centralista. A la gente de la calle que hizo la Transición en paz y «sin ira y libertad», lo que les interesa aquí y ahora es lo más perentorio: ¿Cómo van a pagar la hipoteca?, ¿en qué y cómo van a trabajar sus hijos?, etc. Estamos en el fondo de la caverna, todo parece vanidad de vanidades en la telebasura con casi nada nuevo bajo el sol. Aunque yo, modestamente, leo gustoso y casi siempre estoy de acuerdo con las crónicas de los Argüelles-Meres, García Pérez, Esteban Greciet, Sosa Wagner, Bastida, etc. Doctores tiene el mundo de las categorías políticas, jurídicas y educativas que a todos nos ilustran y es muy de agradecer la cordura destilada.

Así pues yo, como hijo de emigrantes, sólo sé que, no sabiendo nada, tengo en igual forma el alma escindida, y que queriendo emular con humildad a los tres grandes: Unamuno, Ortega y Bueno, también me duele España en similar herida, a la que quiero como una cuando los hijos de los prejubilados de HUNOSA me dicen entre ingenuos y sorprendidos: «Profe, tu pa que estudies tanto. Mi pa nunca garró un libru, ta prejubilau, vive como dios y tien un Audi a la puerta». ¡Santa inocencia!

Yo nací una primavera de 1963 en Sama de Langreo, en el barrio de La Xarrota y El Carbonero, muy poco después de que mis padres emigraran de Casafranca (Salamanca), una oscura, sencilla, castellana aldea, próxima a Guijuelo y perteneciente antaño al ducado de Salvatierra. Cuando Bueno, el filósofo, empezaba a descollar como orador tratando sobre el escolástico Juan de Santo Tomás, allá por el año 49 o 50, mi joven padre tenía que hacer 90 klms., campo a través entre ida y vuelta del pueblo a la capital, andando o en una burra con el fin de comprar medicinas para su madre enferma y eso tras malvender una vaca o una tierra de pan llevar, o trocar como furtivo unas pieles de jineta o de gatos salvajes. Mi madre de chica cuidaba un atajo de más de cien ovejas paridas cuando bajo un frío aguacero la sorprendió su primer periodo. Eran tiempos de posguerra en tierras de lobos de cuatro y de dos patas,…y algunos con sotana; pues la memoria biográfica es memoria intrahistórica, y no debemos ni queremos olvidar las sombrías y dañinas heridas que el caciquil nacionacatolicismo dejó en nuestros mayores y en la paupérrima educación sentimental recibida. Como también hacemos por comprender, por asumir, el sobrecogimiento, el impacto existencial, que suponía a principios de los sesenta pasar de una Castilla anclada en estructuras decimonónicas a una Asturias troquelada por la realidad y el mito de la Revolución del 34 y por las luchas mineras antifranquistas en las Cuencas Hulleras.

Cuando nos enfrentamos pues como autoconciencia con la herencia atesorada en las vivencias de nuestros seres queridos y meditamos cómo ellos sintieron y padecieron la difícil adaptación por la que pasa todo emigrante forzoso, o la muerte de Franco con toda aquella parafernalia mediática necrófila, o la noticia en 1977 de que un pariente, que había sido presidente de la traída de aguas del gran Bilbao y diputado en Cortes por el tercio de familia, acababa de aparecer en una lista de ETA como posible victima de un atentado terrorista, asumimos que nuestra ontogenia del Espíritu, la fenomenología que nos constituye como «yo», es un «nosotros» contradictorio y sufriente. Porque esa es en sustancia el «alma» de España desde el siglo XIX. No es de extrañar pues que, desde su altivez intelectual, Unamuno se manifestara contra los «hunos y los hotros». Y este sentir, esta melancólica y a veces trágica pasión vital, se complace poco con el conjunto de estereotipos y tópicos más o menos mitificados, revisionistas o nostálgicos, de series televisivas como Cuéntame cómo pasó. Que toda catarsis, como sabía Aristóteles, es expiación personal,…que lo de la «Memoria Histórica» no es más que una torpe e ideológica quimera.

Así pues, y como el lector sabe, muchos de los problemas políticos que España tiene en la actualidad son parte de aquella herencia y de cómo se constituyó la Transición. Por ejemplo, el hecho de que la «clase política» haga inviable un sistema educativo en Secundaria y Bachillerato con un mínimo de decencia, es síntoma de ese vivir dependiendo de los antepasados (al que aludía Ortega citando a Kant), porque es el resentimiento, que es un gran motor psicológico en la dinámica de las generaciones e ideas como sabía Nietzsche, quien preside tan alocada carrera de despropósitos en materia de legislación docente. Y esto que afirmo vale tanto para las feministas que se atrincheran tras las siglas del PSOE como para los obispos que hacen lo propio tras las del PP. La Enseñanza en España no interesa más que como una torpe e inmadura mediación psicoanalítica para seguir matando o resucitando al «padre Franco» y los que lo estamos pagando con sufrimiento y menoscabo incluso de nuestra propia salud somos los docentes y, por supuesto, las actuales y venideras generaciones de españoles, que en su estulticia seguirán utilizando el resentimiento como menguado motor vital y paupérrimo horizonte existencial.

De esta suerte y pensando en lo que se fraguó en el imaginario político durante la Transición, recuerdo que en la pequeña aldea de mis padres (y esto no es más que una anécdota sintomática), se formó una asociación cultural, animada por los pocos mozos y mozas que iban quedando y que ya empezaban a estudiar en la Universidad. Evidentemente el relevo generacional impuso los usos y modos de la «desinformada progresía» de la época, y entre estos estaba el enaltecer a Bravo, Padilla y Maldonado, los famosos cabecillas de la rebelión comunera, como si se tratase de Marx, Engels y Lenin. Y todo ello cantado, mitificado pues, en las letras y voces de grupos como Nuevo Mester de Juglaría. Aunque fuese al son de una jota castellana el caso era ser «comunista o comunero». Daba lo mismo bajo aquel caos mental. Había que ejercer de «antifranquista de toda la vida» aunque se tuvieran poco más de veinte años, estuviésemos en 1978 y España fuese ya la décima potencia económica mundial. Evoco también que a algunos jóvenes universitarios vinculados con Casafranca las ideas renovadoras del PSP, el partido liderado por Tierno Galván, les parecían muy atrayentes, pero pronto toda aquella supuesta avidez intelectual quedó en humo de pajas y dejó paso a la pragmática picaresca, tan hispana, de subirse al carro de los vencedores, léase PSOE, para así asegurarse una colocación en las Administraciones Autonómicas que iban surgiendo. El citado Tierno, al que se le atribuyó cierto mérito intelectual en el ámbito académico, se plegó a las consignas populacheras y demagógicas de la «movida» con aquél «a colocarse y el que no esté colocado que se coloque»{8}. Y es que el refundado socialismo hispano tras renegar del marxismo entraba en la acomodaticia senda del pragmático posibilismo y de la corrupción.

A mayores este grado de grave confusión intelectual y sentimental yo lo viví por muchos de mis parientes lejanos y amigos del pueblo. Y lo reconozco así porque también Gustavo Bueno ha denunciado en múltiples ocasiones el espejismo moral de los que daban por sentado que España era un «erial sin maestros».También destaco lo siguiente: los que residían en Vascongadas, en ciudades como Bilbao, Durango, Santurce, Baracaldo, etc., pues sus padres habían emigrado como los míos a regiones en vías de industrialización, un buen año, un buen verano, ya no venían diciendo padre, madre, abuelo y abuela (con esa gravedad tan castellana con la que se usan esas expresiones en familia), sino que de pronto se expresaban en vascuence: aita, ama, aitona,... ¿Qué había sucedido? Yo creo que al echarse una novia vasca y perder la virginidad con ella y al enraizar su mundo de vínculos, afectos, emociones y sentimientos a través de esa gran mediación ontológica que es el Amor, se produjo en ellos una ósmosis espiritual y cultural, como muy bien saben todos los poetas desde tiempos inmemoriales y reconocía el propio Hegel. Evidentemente no quiero ser un reduccionista, un psicologista en este caso, pero la compleja vertebración de España pasa por tener en cuenta también esta dimensión vital, que anida y da sentido al «bucle melancólico» que sustenta, de forma irracional, el alma de muchos sentimientos nacionalistas cuando se convierten en secesionistas.

Con los jóvenes convecinos que habían ido a trabajar a Cataluña sucedía casi tres cuartos de lo mismo.

Todo esto me parece algo muy serio y no puedo evitar evocarlo con temor y temblor, aunque sólo sea como angustioso síntoma autoconsciente de una España próxima al esperpento valleinclanesco, género poético que pronto se vio revitalizado por cineastas y cantautores durante los años de la Transición y de la «movida madrileña», que pretendieron ser la voz del pueblo (películas casi tan tendenciosas como las franquistas sobre la guerra civil y el maquis, el famoso «destape», etc.), desde un supuesto progresismo que a poco que se analizase no podía ocultar las vergüenzas de su miope perspectiva intelectual. En España todo había quedado atado y bien atado, y por ende se cumplía como inexorable ley lógica e histórica el principio que afirma «contraria sunt circa eadem». La España de charanga y pandereta, despelote, enchufismo y mamandurria seguía, y hasta hoy, ganando la partida a la España de la rabia y de la idea.

En todo caso querido lector, cuando yo contemplo Casafranca, la aldea de mis mayores, o Endrinal o Fuenterroble o Frades de la Sierra, desde ese mirador natural que es el pico Monreal, admiro y amo parte de mi patria chica, y en lo más alto de ese regio monte, donde hubo un castillo medieval en tiempos de contiendas fronterizas entre Leoneses y Castellanos, y entre estos y los moros (pues fueron sus ruinas estratégica atalaya mora), recito y medito los amorosos versos de Gabriel y Galán cuando siento como mi entraña lo que expresa en «El Ama». (Yo aprendí en el hogar en qué se funda / la dicha más perfecta, / y para hacerla mía / quise yo ser como mi padre era / y busqué una mujer como mi madre / entre las hijas de mi hidalga tierra. / Y fui como mi padre, y fue mi esposa / viviente imagen de la madre muerta. / ¡Un milagro de Dios, que ver mi hizo / otra mujer como la santa aquella!…), o en su «Castellana». (¿Por qué estás triste, mujer? / ¿Pues no te sé yo querer / con un amor singular / de aquellos que hacen llorar / de doloroso placer? / Crees que mi amor es menor / porque tan hondo se encierra, / y es que ignoras que el amor / de los hijos de esta tierra / no sabe ser hablador…), o en su «Canción» postrera en la que presagia el poeta su propia muerte (¡Quiero vivir! A Dios voy / y a Dios no se va muriendo, / se va el Oriente subiendo / por la breve noche de hoy. / De luz y de sombras soy / y quiero darme a los dos. / ¡Quiero dejar de mi en pos / robusta y santa semilla / de esto que tengo de arcilla / de esto que tengo de Dios!).

Porque Casafranca y el pico Monreal son parte de mi veraniega infancia (la patria de todo hombre al decir de Rilke), y como tal de mi propio paisanaje, de mi austero y poético talante vital y del mismo modo de mi nación española.

Mas de igual modo cuando paseo por la calle Covadonga de Sama de Langreo y cuando desde El Carbayu y su ermita contemplo el paisaje y el paisanaje de mi Cuenca del Nalón (de esa «Cuencona» a veces hosca, a veces cariñosa y fanfarrona como le gusta nombrarla a mi compañera del alma), pienso que mi «transterrado» corazón de hijo de emigrantes, que nunca hicieron más que trabajar muy duro y poco por integrarse en la «fala», usos y costumbres «llariegas», hállase escindida pero también enriquecida. Porque es como tener dos amantes y serle fiel a ambas por igual.

Luego entonces me emociono a la par con el paisanaje de La aldea perdida de Palacio Valdés o de la reciente Muñecos de sombras del novelista langreano Francisco J. Lauriño, y por eso también se me alegra el corazón cuando oigo por mor de las bien templadas voces del laureado Coro Santiaguín, los «Ecos de la Quintana», el «Cantar de mozos» y, ¡como no!, el «Mocina dame un besín». Porque desde el mirador de «El Carbayu», esa santina que es «corona de las cumbres», vela por nosotros y ablanda con su gracia las duras escombreras clavando en nuestras minas las rosas de la fe.

Concluyo sin más que soy langreano y salmantino, asturiano y castellano-leonés, pero como ciudadano de la Nación, de España, soy por lo mismo, gallego o vasco, catalán o andaluz, extremeño o levantino, aragonés o manchego,… canario o balear.

Por eso, por todo eso y mucho más que no acierto a expresar, el alma de los mujeres y los hombres es compleja, como interpenetrado, rico y plural es el Espíritu de ambos que navega sobre el cauce de la Historia. Pero es una la madre que nos amamanta y es amor filial llamarla España, velando por la unidad del Estado como un mismo cuerpo que se alegra o sufre en todo su ser, como ya nos enseñó el Platón maduro en la República (libro V, 462 a-e){9}. A mayor abundamiento recordemos que también Aristóteles intuyó que el Todo es mucho más importante que la suma de sus partes. Por ello mencionar a España como una «marca» que hay que vender, cual capitalista mercancía de prostíbulo, o hablar de «Cataluña frente a España» como si la primera no fuese parte esencial y constitutiva de la segunda y carne de una misma carne, no es más que indigencia intelectual y un insulto a la razón común, a la «semilla inmortal» que habita en el Logos de todo ciudadano español que no se sienta siervo bastardo de intereses meramente feudales o pequeñoburgueses.

Por todo lo expuesto (y contra la desnudez de las «vivencias» mías o ajenas), asumo, más allá de toda evocación emocional puramente subjetiva, que el patriotismo no es un acto de la «conciencia antropológica» (en el sentido que le da el romántico Hegel de la Fenomenología), o algo que pertenezca al mítico e insondable hondón de una metafísica de los sentimientos. El patriotismo real es pues un acto de la voluntad objetiva, no el desideratum de un «alma bella» o «conciencia desventurada» que actúa como un «individuo flotante», y que busca así salvarse o redimirse al modo epicúreo o psicoanalítico. El patriotismo emana de la razón y supone que hay asumir las verdades inherentes a las determinaciones históricas (geoestratégicas, demográficas, económicas, políticas, etc.), en cuanto que éstas, como ya nos enseñó Marx, tienen un lógica que desborda la conciencia y la voluntad subjetiva. Y todo esto supone, como afirma Bueno, que es necesario demoler las historias ficción basadas en mitos o patrañas. Y es que la única forma de superar las aparentes contradicciones es ejerciéndolas como cauce de reflexión para propios y extraños{10}. Esto es lo que hemos pretendido.

Finalizo así este ensayo de apasionada prosa, pues esto es lo que yo quería transmitirles a esos cortesanos, políticos y sindicalistas de oficio y beneficio que muchas veces cuando hablan sofísticamente juegan a no saber lo que dicen (y a lo peor no lo saben), y que, además de caer algunos de ellos en la egoísta corrupción, nos cobran por odiar (separar, secesionar), cuando deberíamos pagarles por amar, es decir por engrandecer a España y a los españoles todos. Espero y deseo que ese Roque Guinart, ese Arturo Mas que todo español lleva dentro de sí, comprenda mis palabras más allá de lo por ellas evocado,…espero y deseo, señores políticos secesionistas, que ustedes también las entiendan aunque fijan sentirse agraviados u ofendidos, tras la torpe mascarada con la que un día sí y otro también pretenden «seducir» a todos los ciudadanos y ciudadanas de España, o lo que es lo mismo a la Nación española. En tiempos de crisis económica global cambios los justos y necesarios, «experimentos» irracionales que pongan en peligro la eutaxia de España como Nación, ninguno.

Notas

{1} Ortega y Gasset, José. Meditaciones del Quijote. Ideas sobre la novela. Editorial Espasa-Calpe, S. A. Colección Austral.5ª edición 1985, pp.30, 33-34, 36, 39, 41 y ss, 51-52, 54, 77, 94-98, 102-103, 116-118, 128-130, 137-139.

La edición del Quijote que nosotros hemos manejado en otras ocasión es la siguiente: Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha, (2 volúmenes), Edición del Instituto Cervantes. Dirigida por Francisco Rico. Instituto Cervantes, Crítica (Grijalbo Mondadori), Barcelona 1998.

Sobre la «Filosofía del Quijote» véase la sección dedicada en la revista digital El Catoblepas: En http://www.nodulo.org/ec/quijote.htm

{2} Sobre el Imperio español véase la clásica obra de Hugh Thomas, El Imperio español. De Colón a Magallanes. (Título original: Rivers of Gold), Editorial Planeta en RBA, Barcelona 2005.

Para una crítica del mito de la Leyenda Negra véase la reciente y excelente obra de Iván Vélez. Sobre la Leyenda Negra, Ediciones Encuentro, Madrid, 2014.

Pedro Insua resulta filosóficamente muy esclarecedor en el prólogo a la obra de Iván Vélez, prólogo que se puede consultar en esta misma revista. Insua Rodríguez, P. Cuestiones negrolegendarias. Revista El Catoblepas, Nº 147, mayo 2014, p. 1.

{3} Nos referimos aquí a las obras de Gustavo Bueno desde las que está pensado este artículo, a saber: Bueno, G. Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas». Biblioteca Riojana 1, Cultural Rioja. Edita Gobierno de la Rioja, Ayuntamiento de Logroño, 1991. Bueno, G. España frente a Europa. Alba Editorial, Barcelona, 1999. Bueno, G. La vuelta a la caverna. Terrorismo, Guerra y Globalización. Ediciones B, Barcelona, 2004. Bueno, G. España no es un mito. Claves para una defensa razonada. Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2005.

{4} Véase Unamuno, Miguel. «País, Paisaje y Paisanaje» 22-VIII-1933. Consultado en internet el 19-5-2014. Fuente: http://es.youscribe.com/catalogue/prensa-y-revistas/otros/pais-paisaje-y-paisanaje-publicado-22-agosto-1933-1782869. Unamuno. M. En torno al casticismo. Alianza Editorial, Madrid, 1986. Unamuno, M. Vida de Don Quijote y Sancho. Edición de Alberto Navarro. Cátedra, Madrid, 2011. Unamuno, M. Del sentimiento trágico de la vida. Ed. Bruguera, Barcelona, 1983. Unamuno, M. La agonía del cristianismo. Espasa Calpe. Colección Austral, 8ª edición, Madrid, 1996. Unamuno. Miguel. Poesías. Edición de Manuel Alvar. Cátedra, 2ª edición, Madrid, 2001. (Las citas que ponemos en la introducción a nuestro escrito, se encuentran en las páginas 138 y 117-118 respectivamente de la última obra citada).

Mencionamos a Unamuno como «hermano» de Kierkegaard porque él mismo se refirió a éste bajo tan poética evocación, lo cual no quiere decir, por nuestra parte y desde coordenadas materialistas, que sus filosofías sean semejantes y menos aún en las cuestiones de fondo. Sé que es un tópico citar a Unamuno como un filósofo «existencialista o protoexistencialista», y así queda recogido en biografías del autor, en las Historias de la Filosofía más en uso y en los Diccionarios de Filosofía más generales. No viene al caso ocuparse de esta interesante cuestión en este contexto, pero la lección de Pedro Insua dedicada a Unamuno nos pone en camino para reconstruir el pensamiento de Don Miguel desde las coordenadas de Materialismo Filosófico. Véase Insua, P. El materialismo de Unamuno. En http://www.fgbueno.es/act/efo060.htm

Nosotros en nuestro escrito hacemos también una reinterpretación materialista de Unamuno en Filosofía de la Historia, para mejor distinguir y clasificar los «conceptos» de paisaje, paisanaje y país, y la «idea» de Nación. De ahí que además de los explicado y citado por Pedro Insua sea también clave la bibliografía que mencionamos en la siguiente nota.

{5} Hegel, G. W. F. Fenomenología del Espíritu. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 5ª reimpresión, 1982. (Traducción de Wenceslao Roces). Hegel, G. W. F. Ciencia de la Lógica. Hachette, Buenos Aires, 1968 (reed.) (Traducción de Augusta y Rodolfo Mondolfo). Hegel, G. W. F. Filosofía de la Historia. Ed. Zeus, 2ª edic., Barcelona, 1971. Hegel, G. W. F. Filosofía del Derecho (introducción de Carlos Marx). Claridad, 5ª edic., Buenos Aires, 1968.

Marx, Karl. Manuscritos: economía y filosofía. Alianza Editorial, 11ª edic., Madrid, 1984. Marx, K. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (1857-1858). 3 volúmenes. Edición a cargo de José Arico, Miguel Murmis y Pedro Scarón. Editorial Siglo XXI, Madrid, 1976. Marx, K. Contribución a la Crítica de la Economía Política. (1859). Ed. Comunicación, Madrid, 1970. Marx, K. El Capital. OME/ 40, 41, 42. Obras de Marx y Engels V. 40 (L. I y V. 1), V. 41 (L.I y V. 1, 2). V. 41 (L. II). Editorial Crítica (Grijalbo), Barcelona, 1977. Marx, K. Palabras finales a la segunda edición del primer tomo de El Capital de 1872. En Obras Escogidas (III Vol.) Vol II. Progreso, Moscú, 1979, pp. 92-100.

Bueno, G. El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Ciencia Nueva, Madrid, 1970. Bueno, G. Etnología y Utopía. Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Etnología? Las ediciones de los Papeles de Son Armadans, Azanca. Valencia, 1971. (2ª edición en Júcar, Madrid, 1987). Bueno, G. Ensayos Materialistas. Editorial Taurus, Madrid, 1972. Bueno, G. Ensayo sobre las categorías de la Economía Política, Ed. La Gaya Ciencia, Barcelona, 1972. Bueno, G. «Sobre el significado de los «Grundrisse» en la interpretación del marxismo». Revista Sistema, Nº 2, Madrid, 1973, pp. 15-39. Bueno, G. «Los «Grundrisse» de Marx y la «Filosofía del Espíritu objetivo» de Hegel». Revista Sistema, Nº 4, Madrid, 1974, pp. 35-46. Bueno, G. La metafísica presocrática. Pentalfa Ediciones, Oviedo, 1974. (Léase con detenimiento la Introducción y en ella la Teoría de la Historia de la Filosofía, pp. 7-42). Bueno, G. El individuo en la Historia. Comentario a un texto de Aristóteles, Poética 1451b. Discurso inaugural del curso 1980-81. Universidad de Oviedo.

Para una aplicación del Materialismo Filosófico y de las tesis de «El individuo en la Historia» de Bueno, dentro del marco de interacción entre mito e historia en el ámbito del cine, y todo ello como proyección mitológica que destruye la ideología racista, véase: Navarro Crego, Miguel Ángel. Ford y «El sargento negro» como mito. (Tras las huellas de Obama). Editorial Eikasia, Oviedo, 2011.

{6} Ortega y Gasset, J. España invertebrada. Revista de Occidente en Alianza Editorial. Decimocuarta edición, Madrid, 2004.

{7} Véase la intervención de Bueno Sánchez en https://www.youtube.com/watch?v=u7bXFgA1oxc

Un buen análisis del federalismo y de la contradicción del concepto de «Estado federal», lo tenemos en el diálogo entre Pedro Insua y Marcelino Javier Suárez Ardura. Se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=Hkx35m5u7pQ

{8} Sobre las múltiples máscaras de Tierno-Galván en diferentes contextos, véase: Vélez, Iván. El oculto profesor Tierno. En la revista digital El Catoblepas, Nº 139, septiembre 2013, p. 9. http://www.nodulo.org/ec/2013/n139p09.htm

{9} Platón. República. Editorial Gredos (Introducción, traducción y notas por Conrado Eggers Lan). Madrid. 1986. (Libro V, 462 a-e, pp. 264-265). Platón. Fedro. Editorial Labor en Orbis, Barcelona, 1983, pp.277- 373 (276 c-277c, pp.368-369).

Véanse también, Aristóteles. Política. Alianza Editorial (Introducción, traducción y notas de Carlos García Gual y Aurelio Pérez Jiménez). Quinta reimpresión, Primera edición en «Biblioteca temática», Madrid, 1998. Aristóteles. Poética. Bosch, Casa Editorial, S. A. Barcelona, 1996.

Bueno, G. El mito de la cultura. Ensayo de una filosofía materialista de la cultura. Editorial Prensa Ibérica, Barcelona, 1996. Bueno, G. El mito de la Izquierda .Las izquierdas y la derecha. 2ª edición. Ediciones B. Barcelona, 2003. Bueno, G. Panfleto contra la democracia realmente existente. Edita La esfera de los Libros. Madrid, 2004. El mito de la Derecha ¿Qué significa ser de derechas en la España actual? Ediciones Temas de Hoy. Madrid, 2008.

{10} Para una crítica a la idea del patriotismo constitucional y del patriotismo como sentimiento subjetivo, véase: Bueno, G. La idea del «patriotismo constitucional». Revista El Catoblepas, Nº 146, abril 2014, p. 2. Léase en http://www.nodulo.org/ec/2014/n146p02.htm

 

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