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El Catoblepas, número 147, mayo 2014
  El Catoblepasnúmero 147 • mayo 2014 • página 9
Artículos

Feijoo y la Filosofía crítica

Emmanuel Martínez Alcocer

En este artículo desarrollaremos el concepto de crítica filosófica, y veremos cómo está presente en la obra del filósofo español de Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, y cómo lo aplica en un tema muy tratado por él: «el problema nacional».

Tomo ITomo II

El espíritu de crítica

La palabra o voz «crítica» era una voz ya introducida originariamente en el siglo XVII como la parte de la Lógica que trataba del juicio en la filosofía escolástica. También hay ejemplos del uso de la voz crítica en la literatura, puede verse en autores como, por ejemplo, Lope de Vega. Aunque esta voz todavía no tendría el significado que cobraría en las obras anteriores a las de Kant como las de un Quevedo, un Gracián —El Criticón— o ya en Feijoo y su Teatro Crítico Universal. Por ello se ha podido afirmar, con acierto, que «Feijoo es ante todo el primero que en España introduce el principio de la crítica en su sentido moderno»{1}. Esta palabra, rebasando el marco de la Lógica escolástica, comenzará a ser usada con un sentido distinto y de forma cada vez más habitual. De hecho, la frecuencia en el casi excesivo aumento de la palabra «crítica» es señalada por Feijoo mismo cuando dice en 1745, al inicio de la carta XVIII del segundo tomo ­que tiene como título, precisamente, De la Crítica—, que

«Hemos llegado a unos tiempos, en que se puede decir, que desdichada la madre, que no tiene algún hijo Crítico. Notablemente adelantada está España de poco tiempo a esta parte en la bella Literatura, porque todo está hirviendo de Críticos. Cincuenta años ha, y aun menos, que ni aun en las más cultas asambleas se oían jamás las voces de Crítica, Sistema, y Fenómeno: y hoy están atestados los Pueblos de Críticos, Sistemáticos, y Fenomenistas.»{2}

Estas voces son de gran actualidad, que no novedad, en España, y raro es el que no las usa, aunque no sea filósofo o siquiera un literato. Como nos informa Feijoo unas líneas más abajo en la misma carta antes citada:

«Ya la voz Sistema, como también Fenómeno, no sólo suena en las Aulas, mas en los Estrados, y aun en las Cocinas: pues hasta una guisandera, si contra su esperanza se le entrega algo de lo que adereza, saber decir, que es un fenómeno raro, y nada conforme al sistema común.»{3}

Como dice José Antonio Maravall, todos se rendirán en esta época a la crítica, así, «unos harán la crítica de la práctica de gobierno y de la política de una sociedad, como Campillo y tantos más; otros, de sus métodos e instituciones de enseñanza, como Torres Villarroel o como Mayáns; otros, del estado de las «clases», o mejor, de los grupos sociales que la integran, al modo de Campomanes, Trigueros, Jovellanos, Meléndez Valdés o Cienfuegos; otros, de su literatura, bien en la línea de Luzán o en la de los PP. Mohedano, o del teatro, como Moratín; otros, del modo de hacer la historia, tema que ocupa al P. Flórez o a Jacinto Segura; otros, de la imagen entera de un país que en esa historia se pretende reflejar, dando como resultado el amplio panorama de esa Historia crítica de la cultura española, que concibe y publica Masdéu»{4}. De ahí, sigue señalando después Maravall, se llegará a la «crítica de la nación», con Cadalso, e incluso a la «crítica de un siglo», con Forner. Ante este «panorama crítico» del siglo XVIII español, una figura sin duda destacable, aunque, como vemos en la cita, no solitaria, es la de nuestro benedictino. No ya sólo por la labor de crítica filosófica llevada a cabo principalmente en sus dos obras magnas, sino también, y, podríamos decir, sobre todo, por su tremenda influencia tanto dentro como fuera de España —que no sólo de la península. Buena muestra de lo cual es el enorme y beligerante caudal de críticas y escritos apologéticos que en torno al escritor gallego se publicaron a lo largo de la segunda mitad del siglo.

Otro dominio en el que podemos destacar el influjo que su tarea crítica tuvo es en los ámbitos periodísticos. De lo cual, como ejemplo, podemos destacar periódicos como el Diario de los Literatos, El Duende Crítico, el Memorial histórico y literario, etc. Y es que Feijoo, desde bien iniciada su tarea de desengaño del vulgo, tuvo claro que era eso lo que necesitaba España. Bastante anquilosada estaba ya en sus universidades, demasiado encorsetadas en el furor escolástico. Por ello Feijoo va a asumir una actitud crítica ante todo lo recibido, tanto en lo propio del país como en lo externo al mismo, ya que los errores comunes del vulgo son extensísimos, tanto que son capaces de abarcar continentes enteros. Y por ello Feijoo, plenamente consciente de su tarea de Desengañador de las Españas, que, por otra parte, es una tarea autoimpuesta, nos dice con bastante rotundidad en la carta XXXI del tomo tercero de las Cartas Eruditas y Curiosas:

«¿Por qué (empezando por la Teología Escolástica) no me dirán, aun en caso que me concedan para ella una muy ventajosa habilidad, de qué serviría, que yo añadiese algo a lo mucho que sobre ella trabajaron algunos grandes ingenios, lo cual todo se reduciría a alguna nueva solución a tal argumento, o a algún argumento nuevo contra tal doctrina, y acaso sólo a proponer con más claridad de solución, y el argumento, que ciento, u doscientos años ha están escritos? Seriame muy fácil, y barato escribir algo de Teología Escolástica, lo cual me concederá cualquiera que sepa, que después de tres años de Lector de Artes, y uno de Maestro de Estudiantes en Teología, leí esta Facultad por espacio de diez años en este Colegio; y en la Universidad de Oviedo por espacio de veinte y cuatro, obteniendo en aquel, y en esta sucesivamente todas las Cátedras, desde la ínfima, hasta la suprema. Protesto con toda verdad, que mientras he escrito un pliego del Teatro Crítico, u de las Cartas Eruditas, podría escribir dos, o tres de Teología Escolástica, sin ser copiante de nadie. ¿Pero qué provecho sacaría de esto el Público? ¿Qué fruto resultaría a España? Ciertamente ninguno.»{5}

Feijoo escribe para beneficio del público. A través de sus observaciones y experiencias personales Feijoo va a funcionar como un catalizador de errores y críticas. La crítica filosófica de Feijoo tendrá así, como no podía ser de otro modo, una función eminentemente social, pública.

¿Cómo entender la crítica? Crítica y Conocimiento

Estamos hablando de la crítica en Feijoo, pero ¿qué forma toma esa crítica? Ya hemos dicho que la crítica tiene una función social. Pero, ya que hablamos de crítica filosófica, debemos hacer una definición que, como Feijoo haría, aclare el término (concepto) y evite confusiones. Maravall distingue tres aspectos de la crítica que estarían en Feijoo, a saber:

1º. Crítica como juicio sobre el gusto literario, en la medida en que éste se ajusta adecuadamente a unos patrones establecidos.

2º. Crítica como estudio cuidadoso acerca de la veracidad de los escritos y documentos que en el estudio histórico se manejan.

3º. Crítica como «suspensión del juicio» sobre el conocimiento de las cosas a la luz del resultado de un riguroso y libre examen racional.

Pero, si bien estas notas están en el filósofo español, no son suficientes, pues la crítica filosófica en Feijoo es algo más. Lo cual reconoce el mismo Maravall cuando dice que la crítica de Feijoo no sólo es eso, sino que «su campo de observación sería mucho mayor. Su crítica alcanza de lleno todo el campo de la vida social, incluido en él, claro está, la ciencia o la filosofía»{6}. Es por ello por lo que, respecto a al concepto de crítica, nos posicionamos en una perspectiva más abierta, más cercana a la opinión del profesor Ros García, que afirma que «la visión crítica del P. Feijoo se extiende y aplica sobre las cosas, sobre las personas, sobre los temas. Y esto de forma consciente: Sabiendo él qué es un crítico, y cuáles son las cualidades que, como tal, se deben tener»{7}. Por tanto, adoptando esta perspectiva, y teniendo en cuenta el uso que el mismo Feijoo hace de la palabra «crítica», podemos alcanzar una definición más precisa y, a la vez, más extensa de la misma.

Como hemos dicho antes, la voz crítica en su origen era la parte de la Lógica que trataba del juicio en la filosofía escolástica. Pero este término, como también hemos señalado, adquiere mayor amplitud y una importancia especial en el ámbito hispano (hemos citado a Lope, Quevedo, Gracián y al propio Feijoo, pero también podríamos haber citado al Padre Isla, a Jovellanos o a Saavedra Fajardo), así como en la filosofía alemana (un claro ejemplo es la Crítica de la Razón Pura de Emmanuel Kant o El Capital. Crítica de la Economía Política de Carlos Marx). Así, en tanto que está ligada al estudio de la estructura del juicio, la crítica se correspondería con la analítica del sistema kantiano. Lo que supondría que crítica dice más que un juicio negativo —un juicio desfavorable—, sino que también dice algo positivo, a saber: la operación de clasificación de los conceptos y sistemas de ideas —como advierte ya Feijoo en el prólogo al primer tomo del Teatro Crítico. Esta actividad clasificatoria sería la antesala o paso previo a la actividad filosófica, como bien señala el benedictino en el discurso segundo Desenredo de sofismas del tomo octavo del Teatro Crítico cuando dice en respuesta al dialéctico que

«A vista de eso —de la confusión de los términos—, no extraño, que nadie os diese respuesta. Pero ello es forzoso, que me digáis con toda precisión, qué entendéis en esas voces; porque, si vos entendéis una cosa, y yo otra, todo será confusión en la disputa, y nada se podrá aclarar.»{8}

Es decir, si no se clasifican y definen los términos, la actividad filosófica será imposible. Y esto es así porque será precisamente mediante la crítica, esto es, mediante la criba o clasificación, como podremos asociar los objetos a las categorías. O, dicho de otra forma, a través de la clasificación incluida en las predicaciones logramos asociar las categorías a objetos. Cuando asociamos los elementos de la realidad, que serán los elementos del grupo o clase, y los definimos según criterios adecuados y verificables, damos claridad y distinción a la realidad y a la discusión. Además, cuando esa asociación se atiene a las clasificaciones objetivas, nos encontraremos con aquellos predicados que Aristóteles llamó categorías. Por ello nos dice Feijoo que en las discusiones filosóficas

«La dificultad está en la calificación de los argumentos, y de las soluciones, dificultad que no se puede resolver por la regla; con que uno, y otro partido se mantienen constantes.»{9}

Además, dicha clasificación —que sería una totalización— nos situaría cerca de la perspectiva científica. Lo cual hizo ya Aristóteles al relacionar, en sus Segundos Analíticos, los géneros con el silogismo categórico demostrativo, que es el que produciría la ciencia —en concreto la Geometría.

Este aspecto de la crítica nos abre, además, a otra consideración de la misma, que no es otra que la relación entre crítica y conocimiento. Pues, además del espíritu de crítica, puede hablarse también desde el siglo XVII de un nuevo espíritu científico{10}. Como bien dice Subirats, en la Ilustración «el espíritu de investigación científica y sus avances en el terreno del saber están indisolublemente unidos una reflexión general, filosófica, religiosa y político-moral de carácter crítico»{11}. De este modo, la crítica se realizará en muchos casos como un ataque al anquilosamiento de la universidad española. Por lo que la crítica, realizada por los novatores, no tendrá un carácter simplemente teórico o epistemológico, sino que tendrá un fin práctico y estará unida a la reforma de la universidad española y otras muchas instituciones (económicas, burocráticas, fiscales, etc.), que tenían un rendimiento no todo lo bueno que sería deseable para el momento que estaba atravesando España. Así pues, «el momento de la crítica se convierte en principio positivo del conocimiento, en primer lugar, a través de su labor negativa y, si se quiere, subversiva». Su destrucción de los falsos ídolos o los errores comunes es la condición para que «el nuevo principio del conocimiento pueda encontrar un territorio para su desarrollo y crecimiento. En segundo lugar, la crítica no solamente se ejerce como confrontación, examen de la realidad o exégesis de las ideas; es también una institución o un principio institucionalizador. Bajo su ademán iconoclasta y destructor habita siempre un principio positivo que ella instaura en la medida misma en que cumple efectivamente su labor devastadora. En el pensamiento de la Ilustración, este principio es la racionalidad de las nuevas ciencias, de la cual la crítica no es más que un medio, un instrumento»{12}. Como dijimos antes, a la parte negativa de la analítica crítica, sigue una positiva, clasificatoria y/o totalizadora, que nos acerca a las ciencias.

Es precisamente porque estamos de acuerdo con estas tesis mantenidas por Subirats por lo que no podemos estar de acuerdo con otras tesis que el mismo Subirats mantiene en otros lugares de su trabajo sobre Feijoo. Pues, si bien sí que creemos acertado que Feijoo eleva «la crítica a tribunal supremo de la verdad y del conocimiento», ya que el objetivo primordial de los ensayos feijoonianos sería llegar, cuando es posible, a una verdad, no creemos que se pueda mantener coherentemente que Feijoo mantiene, a su vez, la crítica como «un objeto especial para sabios y eruditos»{13}, ya que para el filósofo español tanto la crítica como la elocuencia como el entendimiento no son producto del estudio, sino del tino mental, de la razón natural. Razón que Dios concede a unos o a otros, pero que es propia tanto de eruditos como de indoctos. No es una cuestión de cuna. La crítica, además, para Feijoo no consiste en seguir o aplicar unas reglas —que pueden ser unas pocas o pueden ser vastísimas—, sino que sin la luz natural esas reglas no le sirven al crítico de nada. Puede haber buen crítico sin reglas, pero no sin claro entendimiento, sin ese tino mental. Bien se ve esto, por ejemplo, cuando dice Feijoo que

«Es el caso, que la Crítica buena, justa, acertada, no la dan los libros, ni los títulos, o empleos. Sólo Dios la da, porque sólo Dios da el claro entendimiento, el ingenio perspicaz, el juicio exacto: que en esto, y nada más consiste la buena Crítica.»{14}

O incluso cuando dice que

«Es cierto que considerar a los Padres como igualmente expuestos al error, que otros Autores de inferior clase, es extravagancia herética; pero contemplarlos incapaces de toda negligencia, inatención, u descuido, mayormente en cosas de levísima, o ninguna importancia, es una veneración supersticiosa: Medio tutissimus ibis. Y esta es la verdadera Crítica.»{15}

También estaría Subirats desatinado cuando se queja de que el cometido esclarecedor de Feijoo «se encuentra muy alejado de la labor del científico o del historiador»{16}. Porque, siguiendo lo dicho, la tarea crítica no es una tarea científica, es una tarea filosófica que presupone, por tanto, las ciencias. Por lo tanto, el cometido crítico de Feijoo en ningún momento podrá ser igual que el del científico o del historiador. Sino que, al contrario, su labor, en cuanto filosófica, deberá hacerse teniendo en cuenta lo que previamente el científico o el historiador han hecho. De ahí que, cuando usa de la ciencia, Feijoo adopte un tono pragmático-crítico, y no intente constituir un saber empírico. Esa es tarea del científico o del historiador, no del crítico.

El «problema nacional» como tema recurrente de la crítica en Feijoo

Es bastante frecuente encontrar en los escritores españoles de todos los siglos una especial preocupación por el tema de España, sobre todo, como no podía ser de otro modo, desde que ésta comienza a ser un Imperio (como ejemplos podríamos citar a Quevedo, Alfonso de Falencia, Gracián o Marcos de Isaba). Pero en este siglo XVIII, en el que los estragos de las guerras y la igualación del poderío con otras potencias europeas está dejándose muy de sentir, la reflexión sobre el tema de España, como después lo hará en los regeneracionistas, es si cabe todavía más frecuente y con unos tonos distintos a épocas anteriores. Por ello, éste no podía ser un tema menos importante dentro de la producción del benedictino. Éste, que a menudo se queja de que lo consideren como un sabio en todas las materias, ha escrito y reflexionado sobre la educación, temas económicos, filosóficos, históricos, literarios, sociales, políticos, etc. Por ello, el tema de España no podía ser un tema ajeno a su crítica. Más al contrario, es un tema muy recurrente y en gran medida envolvente a los demás dentro de los escritos del Padre Feijoo.

Así, en la amplitud de temas y en su pretensión reformista del estado del país, Feijoo entronca directamente con toda la tradición crítica y reformadora española{17}. Sin embargo este tema, puesto que es tratado por Feijoo tanto en sus discursos como en sus cartas, es considerado, como decimos, no de manera puntual, sino de modo sistemático y recurrente, ya que su tratamiento será un tratamiento filosófico y, por ello, crítico. Por esto una vez más debemos sumarnos a la opinión de José Antonio Maravall cuando dice que «en Feijoo, como en esos otros ilustrados que le siguen, hay algo más: hay toda una sistemática consideración del estado de España, de sus causas y efectos, un análisis de sus males en las esferas que la mentalidad ilustrada reputa más decisivas, una crítica general de la nación. Las consideraciones disconformes y reformistas que se suscitan en España están, seguramente, inspiradas en una conciencia de contradicción entre el estado de grandeza y prosperidad, que se piensa —por lo menos, hasta Campmany— era el que gozaba el país en un tiempo anterior —el siglo XVI—, y la depresión paralizadora que lo ha hecho descender en la centuria inmediatamente anterior»{18}. Lo cual se puede ver perfectamente en ensayos como los dedicados a las Glorias de España, tan bien analizados por el profesor Luís Sánchez Agesta. Esta actitud de análisis de la situación presente y comparación con las glorias pasadas no es algo que iniciase Feijoo, aunque, como decimos, le diese un tratamiento diferente. Esta actitud tiene sus inicios en políticos y economistas reformistas ya del siglo anterior, que tendrán su influencia en el XVIII cuando se amplíen sus propuestas y se les den nuevas bases, acordes con las circunstancias del momento.

Otra característica que Feijoo tiene en común con la tradición de la que hablamos es el tener muy en cuenta lo que se dice en el extranjero. Lo cual hará que le lluevan críticas acusándole de traidor o hereje de parte de aquellos que, comenta Feijoo, miran lo extranjero con odio, cuando no con envidia. Sus críticos son

«Aquellos, que ni con el trato de los extranjeros, ni con la lectura de los libros, espaciaron su espíritu fuera del recinto de su patria, juzgan que cuanto hay de bueno en el mundo está encerrado en ella.»{19}

Ante lo cual responderá orgullosamente:

«Yo escribo principalmente para España.»{20}

Por ello, Feijoo sabe que hay mucho trabajo crítico que hacer sobre el tema de España. Y es que, como vemos en este párrafo ya citado antes, cuanto Feijoo hace en su obra es para beneficio del país:

«Seriame muy fácil, y barato escribir algo de Teología Escolástica, lo cual me concederá cualquiera que sepa, que después de tres años de Lector de Artes, y uno de Maestro de Estudiantes en Teología, leí esta Facultad por espacio de diez años en este Colegio; y en la Universidad de Oviedo por espacio de veinte y cuatro, obteniendo en aquel, y en esta sucesivamente todas las Cátedras, desde la ínfima, hasta la suprema. Protesto con toda verdad, que mientras he escrito un pliego del Teatro Crítico, u de las Cartas Eruditas, podría escribir dos, o tres de Teología Escolástica, sin ser copiante de nadie. ¿Pero qué provecho sacaría de esto el Público? ¿Qué fruto resultaría a España? Ciertamente ninguno.»{21}

En este texto ya citado vemos que Feijoo podría haberse dedicado cómodamente a la teología, pero decidió escribir en beneficio de España. Así, advertimos en Feijoo a todo un patriota, un patriota que se duele de la situación de debilidad en que está entrando España, cuya hegemonía está muy reducida respecto a siglos anteriores. Por ello podemos decir que los diversos discursos y cartas que Feijoo elabora sobre el tema nacional, están insertados dentro de un marco general y sistemático, dentro de un programa crítico-filosófico y reformador. Programa, que, a su vez, le llevará necesariamente a extender la crítica depuradora de errores a la Historia en general, y a la Historia de España en particular. Pues el escritor español cree necesario, con razón, un mayor interés por la Historia y un mayor y mejor análisis de la misma, para no caer en errores típicos o en la siempre nefasta y presente leyenda negra que tanto combate. Una leyenda tergiversadora, cuando no simplista, que tanto ayer como hoy ha calado en muchos de los historiadores nacionales. De modo que el Padre Feijoo no hará Historia, pero sí crítica de la misma, pues tiene bien claro que

«lo que sobre todo hace difícil escribir Historia es, que para ser Historiador es menester ser mucho más que Historiador. Esta que parece paradoja, es verdaderísima. Quiero decir, que no puede ser perfecto Historiador el que no estudió otra facultad que la Historia; porque ocurren varios casos, en que el conocimiento de otras facultades descubre la falsedad de algunas relaciones Históricas{22}

El tema será entonces cómo entender la historia, para sacar a España de su extenuación. Para ello, Feijoo elaborará una revisión histórica que permita desmentir los errores comunes sobre el «atraso nacional» que dé impulso a una política fuerte y reconstructora.

Notas

{1} Subirats, E La Ilustración insuficiente, Madrid, Taurus, 1981, p. 41.

{2} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Madrid, Imprenta Real de la Gazeta, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros, 1773, Tomo II, Carta XVIII, p. 239-240.

{3} Feijoo, B.J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., p. 240.

{4} Maravall, J. A., “El espíritu de crítica y el pensamiento social de Feijoo”, en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, Nº 318, Diciembre 1976, p. 736-737.

{5} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo III, carta XXXI, p. 372-373. El subrayado es nuestro.

{6} Maravall, J. A., “El espíritu de critica…”, Op.cit., p. 739.

{7} Ros García, J., Aspectos de las Cartas Eruditas del P. Feijoo, Murcia, Universidad de Murcia, Facultad de Filosofía y Letras, 1973, p. 139-140.

{8} Feijoo, B. J., Teatro crítico universal, tomo VIII, 1739. Texto tomado de la edición de Madrid 1779 (por D. Pedro Marí, a costa de la Real Compañía de Impresores y Libreros), p. 24.

{9} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo II, Carta XVIII, p. 244. El subrayado es nuestro.

{10} No debemos olvidar que es durante estos años en los que se están constituyendo las ciencias modernas, que serán, a su vez, el criterio de racionalidad que tendrán los pensadores ilustrados en su labor crítica y reformadora.

{11} Subirats, E., La Ilustración…, Op.cit., p. 38.

{12} Subirats, E., La Ilustración…, Op.cit., p. 40. El subrayado es nuestro.

{13} Subirats, E., La Ilustración…, Op.cit., p. 48.

{14} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo II, Carta XVIII, p. 251.

{15} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo II, Carta XVIII, p. 246.

{16} Subirats, E., La Ilustración…, Op.cit., p. 49.

{17} Tradición que encontrará su «realización» en políticos como Macanaz o Campomanes.

{18} Maravall, J. A., “El espíritu de crítica…”, Op.cit., p. 745. El subrayado es nuestro.

{19} Feijoo, B. J., Teatro Crítico Universal, Op.cit., Tomo I, Discurso XV, p. 311.

{20} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo III, Carta XXXI, p. 362.

{21} Feijoo, B. J., Cartas Eruditas y Curiosas, Op.cit., Tomo III, Carta XXXI, p. 374.

{22} Feijoo, B. J., Teatro Crítico Universal, Op.cit., Tomo IV, Discurso XVIII, p. 244. El subrayado es nuestro.

 

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