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El Catoblepas, número 146, abril 2014
  El Catoblepasnúmero 146 • abril 2014 • página 10
Artículos

Eugenio D'ors, el bien plantado

José María García de Tuñón Aza

Eugenio D'ors (Barcelona 1881 - Villanueva y la Geltrú 1954).

Eugenio D'ors

César Alonso de los Ríos, firme opositor al régimen de Franco, se refirió un día en un interesante artículo sobre este catalán, que lo mismo escribía en su lengua propia que en la lengua del imperio, y que daba comienzo con estas palabras:

«El espeso y prolongado silencio en torno a la figura de Eugenio d’Ors resulta especialmente vergonzosa en estos momentos de revisión del siglo que acaba de terminar. ¿Cómo escamotear sin escándalo al intelectual que con el término «novecentismo» (novecentisme) dio nombre al espíritu de la época y, a partir de él, formuló un programa estético, moral y político? Sí acertó Dionisio Ridruejo al decir que en España el siglo XX se llama Ortega y Gasset, hay que reconocer la lucidez magistral de d’Ors a la hora definir el signo cultural de la época. En pocas ocasiones un intelectual ha siso tan tempranamente consciente de la misión cultural que le tocaba representar y en pocos casos alguien se ha entregado con tanto entusiasmo –y con tanto yerro, a veces– a las solicitaciones de su tiempo.»{1}

Como tantos otros, Ramiro de Maeztu, por ejemplo, es cierto que sobre d’Ors, el que «maneja el lenguaje como una herramienta de artista, de una forma precisa y a la vez bella»{2} y oírle era un gozo, una fiesta del espíritu «que no se puede olvidar»{3} , cayó el silencio que hoy, los que manipulan la mayoría de los medios de comunicación, lo han condenado por, como muy bien repite Alonso de los Ríos, «su significado falangista». Incluso también, el olvido del nacionalismo catalán a pesar de su «su intensa labor cultural en la Mancomunidad de Cataluña, bajo el mando de Prat de la Riba, creando una red de Bibliotecas Populares dependientes del Institut d’Estudis Catalans y organizando la Escuela de Bibliotecarias, entre otras tareas»{4}. Aunque dicho todo lo anterior hay quien ha escrito no hace tanto, que sobre la figura de d’Ors «estamos asistiendo en los últimos tiempos a un creciente interés por su pensamiento de lo que es prueba la avalancha de reediciones de sus obras en diversas editoriales están llevando a cabo»{5}. Si bien hay que respetar todas las opiniones, creo que el autor de estas letras exagera un poco. Habría que preguntar cuántos estudiantes conocen a este poeta, este filósofo, un creador, como muy bien lo califica el doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, mi buen amigo Manuel Parra Celaya. Sería mejor decir, creo, que d’Ors está en el recuerdo de algunos y en el olvido de los más. O, si se quiere, un escritor que está mal plantado, en la cultura de hoy, a pesar de ser el autor de La Bien Plantada, que data de 1911, y que es, como dice meu bon amic, «el símbolo de esa elegancia que guió toda su obra.»{7}

Se podían añadir más comentarios de este tipo por eso no me resisto a pasar por alto lo que escribió su nieto Pablo:

«Quizá yo sea como una reliquia del pasado, una especie de caballero medieval, obcecado, como don Quijote, .por defender un nombre y un ideal, un castillo, una idea, Ser d’Ors es para mí eso; un horizonte, una consigna, una fortaleza. No es casual que lo considere así. Ha habido demasiados ataques para que no lo considere así. Por de pronto el nombre de mi abuelo, don Eugenio –el ingenio de esta corte, ya caduca– , ha sido sistemáticamente borrado de las enciclopedias y de los manuales escolares y universitarios de lengua y literatura españolas. También, como es natural, el de su obra, casi infinita. Y sublime. Me he tomado la molestia de cotejar muchos de esos manuales colegiales, los que van desde la época así llamada nacional-católica hasta los de actualidad. Y he comprobado con pesar cómo las muchas páginas dedicadas a mi abuelo pasaban a ser pocas, y cómo pocas se degradaban hasta convertirse en muchas líneas, pero de una sola página, y cómo esas muchas líneas, ¡ay!, se transformaban en pocas, y esas pocas en tres, dos, una, ninguna. Nada, Eugenio d’Ors ya no existe en la mayoría de las historias de la literatura. Ni siquiera las catalanas, la puerta española hacia Europa, la mencionan. Los catalanes son los peores de todos, interesados, oportunistas, frívolos con avaricia, y por eso los odio con todo el odio que cabe en mi alma catalana, que es mucho…»{7}

Para el filósofo José Ferrater Mora (Barcelona (1912-1991) que estudió en la Universidad de Barcelona y participó en la guerra civil española en el bando republicano, al lado de los secuaces comunistas{8}, de Eugenio d’Ors dice en su diccionario que

«[...] se inclinó en sus primeros tiempos al pragmatismo, pero pasó bien pronto a la erección de una «filosofía del hombre que trabaja y que juega», en la cual la «sabiduría» es considerada como el único acceso posible a la realidad que toda filosofía busca: al universal concreto, esto es, a la esencia universal que es al propio tiempo una existencia. La afirmación decidida de la «sabiduría» o de la «inteligencia» (el seny, la sagesse) en que se resume la tendencia que el propio autor ha llamado novecentista, ha sido proseguida por Ors en sus trabajos posteriores, encaminados a una filosofía igualmente alejada de lo formal y de lo material concreto. Lo formal, que ha sido acogido casi como la única realidad por las direcciones logísticas, es tan insuficiente como lo concreto puro y simple, que es informe y caótico; lo que Eugenio d'Ors busca es así, como en los comienzos, un universal concreto, una síntesis de lo formal y de lo material que no sea tampoco exclusión de ninguno de los componentes, que no sea, como en Hegel, identidad, sino, como en todo el pensamiento griego, armonía. Tal indagación se ha manifestado últimamente en dos campos distintos: por un lado en la ciencia de la cultura, que averigua los «eones» o «constantes históricas» en el marco de una morfología; por otro, en la angelología, vinculada a la tradición católica, y que culmina en una teoría de la personalidad. La unión de todas las oposiciones se sigue manteniendo, sin embargo, en la obra de Ors por virtud del predominio de la armonía sobre la identidad, de la síntesis de lo formal y de lo material sobre la unilateral acentuación de uno de los dos términos o, si se quiere, de la victoria de la eternidad, que es a la vez tiempo y superación del tiempo, sobre toda limitada temporalidad y contingencia.

Obras principales: Le résidu dans la mesure de la science par l'action; Religio est libertas; La filosofía del hombre que trabaja y que juega; De la amistad y del diálogo; Aprendizaje y heroísmo; Las ideas y las formas, a las cuales hay que agregar las series del Glosari y del Nuevo Glosario{9}

Nació d’Ors, «el gran pensador catalán», así lo anotó Antonio Machado en su cuaderno Los Complementarios, en Barcelona el 28 de septiembre de 1881 como «Eugeni d’Ors y Xènius como escritor y Glossari su obra fundamental y su bien amada: Catalunya, un día descubrió que, en lugar de iniciador de una catalanidad independiente y hasta imperial, es el último eslabón del romanticismo llemosí, iniciado en 1833 por un empleado de Banca, Buenaventura Carlos Aribau, cuando del mugró matern la dolÇa llet bevia...»{10} Hijo de una familia acomodada que se esmeró en darle una buena educación junto con su hermano José Enrique, dos años más joven que él. Hizo todo el Bachillerato en Barcelona con la calificación de sobresaliente. La carrera de Derecho también la estudió en la ciudad Condal, aunque los cursos de doctorado los hace en la Universidad de Madrid Mucho antes, siendo casi un niño, escribió un pequeño libro que tituló Primicias y que su madre encuadernó para que lo regalase a su padre. El libro recoge algunas escenas de la vida familiar y está escrito, en su mayor parte, en lengua castellana y pocas veces en catalán. Cuando tenía apenas catorce años, muere su madre a la que, como cualquier hijo que le falta su ser más querido a esa edad, fue en su busca toda su vida. Su padre se vuelve a casar, pero Eugenio y su hermano pierden casi toda relación con él. Colabora, ya en los primeros años del pasado siglo, en varias publicaciones que muchas veces firma con diferentes seudónimos. El más conocido el ya citado Xènius, que así lo llamaban familiarmente, viene a ser una abreviatura del nombre catalán Eugeni, y con el que firmó desde 1906 la mayor parte de sus trabajos periodísticos, piezas valiosísimas del Novecentismo catalán, parte sustancial de la cultura de la primera mitad del siglo XX.

Este año –en septiembre contrae matrimonio con María Pérez Peix–, formado en los ambientes literarios modernistas y después de haber pasado por la Universidad de Barcelona se trasladó a París como corresponsal de La Veu de Catalunya y recibe ayuda económica de la Diputación. Continúa algunos estudios en la Sorbona y en el Colegio de Francia, al mismo tiempo que comenzó con la publicación de su Glosario, breves comentarios diarios en la prensa, de la que era corresponsal, que publicaría ininterrumpidamente. A la vez colaborabaen revistas literarias de la época como Quatre gats, La Creu del Montseny, o Auba. Sus escritos de crítica de arte en El Poble Català, y ya pasados aquellos primeros años, comenzó a desear una regeneración artística de Cataluña,lore.

Por otro lado, durante su estancia en París asistió a numerosos seminarios de filosofía y psicología. Fruto de todo ello son sus dos Memorias que aún permanecen inéditas, aunque su biógrafo Antonino González dice que «en la primera memoria se propone dar una idea general del estado de la epistemología en su tiempo para luego buscar un método único convencional de medidas que permita poner en común los resultados de todas las ciencias, lo que d’Ors pretende hacer a partir de la su si bien frecuentaba las tertulias del conocido café barcelonés de Els Quatre Gars, a las que asistían artistas como Pablo Picasso. Su profunda sintonía con los planteamientos estéticos del arte clásico de Grecia y Roma, hizo que rompiera con el Modernismo principalmente por el rechazo del individualismo y el naturalismo de la estética modernista, así como del sentimentalismo y la espontaneidad en la creación artística y la esterilidad del tradicionalismo catalanista anclado en el ruralismo y el folkperación de la tesis del pragmatismo, recientemente descubierto por él. La segunda memoria se compone de tres trabajos redactados entre 1909 y finales de 1910. En el primero, titulado Els M´todes de la ensenyansa superior: Missió a París, d’Ors analiza la enseñanza universitaria de Lógica y Epistemología en Europa. En este trabajo se encuentran incoadas las posteriores ideas pedagógicas orsianas. Treballs d’introdució a l’estudi de la Lógica,el segundo estudio de esta memoria, versa sobre las relaciones entre ciencia y arte y entre ciencia y religión desde un punto de vista crítico para con el pragmatismo. Por último, Treballs pera la constitución de la Lógicaintenta una integración de la racionalidad en la estructura histórica del ser humano.»{11}

En 1911 es nombrado secretario general del Institut d'Estudis Catalans, y gracias, en buena medida, a su impulso creativo, se convertirá en el foco dinamizador de aquella renovación cultural donde poco a poco va creando las secciones de Ciencias y de Filología al mismo tiempo que comienza a publicarse Arxius de l'Institut de Ciències, que él mismo dirige. Es el año memorable en los anales del orsismo, con la publicación también de la ya insistida La Bien Plantada, ofrecida por su autor como símbolo de la catalanidad. «Cataluña aceptó el símbolo y España, por boca de Unamuno, se mostró dispuesta a ver en este librito, como quería el glosador, la concreta filosofía de la catalanidad, la teoría del nuevo espíritu mediterráneo.»{12} En 1912 se licenció en Filosofía en la Universidad de Barcelona y al año siguiente se doctoró en a Universidad de Madrid con una tesis titulada Los argumentos de Zenón de Elea y la noción moderna de Espacio-Tiempo..«No era un estudiante, un alumno que viniese a defender –dice María de Maeztu– su tesis para ser recibido en el grado de doctor. Como aconteció con Bergson, se reveló ya en el examen como un maestro, como un filósofo que hallaba su originalidad en las fuentes de la tradición clásica.. “Todo lo que no es tradición es plagio”.»{13} En 1914 publicó su primer libro de filosofía: La filosofía del hombre que trabaja y que juega, que es una antología de sus escritos filosóficos. Este mismo año se presentó en Madrid a unas oposiciones para la Cátedra de Psicología Superior de la Universidad de Barcelona, pero sólo contó con el voto favorable de Ortega y Gasset que «que quedó tan impresionado no sólo de la profundidad de pensamiento en el tema, su dialéctica ágil y el rigor de la argumentación, sino, más aun todavía, la elegancia y la precisión en la forma expositiva.»{14} En este tiempo, en Madrid, pronunció una conferencia en la Residencia de Estudiantes con el título De la amistad y el dialogo, y en el Ateneo madrileño leyó el texto de su monografía Religio est Libertas. Es nombrado, años después, director de Instrucción Pública de la Mancomunidad de Cataluña, desde donde creó Seminarios de Filosofía, de Psicología, de Fisiología etc., y una red de Bibliotecas populares y la Escola de Bibliotecàries que «fue la gran pasión final de Eugenio d’Ors en el periodo en que ejerció su heliomaquia a través de las instituciones socio-culturales de Cataluña.»{15} Se pueden leer unas palabras, de una antigua alumna, que recoge Díaz-Plaja y cuyo nombre no cita:

«Yo llegué demasiado tarde a la Escuela de Bibliotecarias para poderme aprovechar del magisterio personal de Eugenio d’Ors; pero estoy convencida de que en ella continuaba viva su alma; pero estoy convencida de que en ella continuaba viva su alma y el efluvio de los ideales orsianos no había desmerecido, antes bien, se había sublimado y consolidado en las magníficas lecciones de sus profesores, y de la verdad y validez de su valía habla el hecho de que hasta las alumnas que no llegamos a conocerle, le consideramos como a nuestro maestro.»{16}

La gran actividad desarrollada durante este tiempo y sus éxitos alcanzados, hacen que afloren las envidias entre sus propios adjuntos y su actuación fue sometida a debate en la Mancomunidad. Se trata, pues, de defenestrar al pensador. « No vamos a insistir sobre este triste episodio _dice Guillermo Díaz-Plaja_, cuyo desenlace, ya previsto, motivó la separación espectacular de Eugenio d’Ors de la cultura catalana. El gran protagonista de los medios intelectuales de Cataluña, se vio forzado en 1920 a presentar la dimisión de su cargo de director de Ilustración Pública. En compensación, se puede decir así, la Asociación de la Prensa de Barcelona le elige para la presidencia de la entidad que le sirvió como único título durante su viaje a Argentina invitado por la Universidad argentina de Córdoba. Su acción cultural en este país hizo que fuera invitado a Montivideo donde el 19 de noviembre de 1921 pisó tierra uruguaya Mientras tanto, este mismo año, le es arrebatada en Cataluña su última función docente: la dirección del Seminario de Pedagogía. El Glossari deja de publicarse en La Veu de Catalunya y pasa a editarse bajo el título Las obras y los días, en castellano, en el diario barcelonés Las Noticias, pasando después a El Día Gráfico, esta vez en catalán, donde publica su drama autobiográfico El nou Prometeu encadenat{17}

Por todo ello, cuando regresa de América, no se establece en Barcelona, sino en Madrid, donde lo acogieron con los brazos abiertos «para ser maestro en castellano»{18}, a la vez que comenzó a publicar en volúmenes el Glosario, y en el diario ABC las Glosas que iba escribiendo. La Revista de Occidente, recién fundada y dirigida por Ortega, edita su libro Mi salón de otoño. También fue editado, por Caro Raggio, Tres horas en el Museo del Prado que pasando los años se publicaría en Francia, Gran Bretaña, Italia, incluso en Rumania y Japón. Colabora en la formación de los primeros núcleos sindicales organizados por el Ministerio de Trabajo y en la creación de la Escuela social, de la que es nombrado profesor de Historia de la Cultura. En 1927 es elegido Académico, «Poco antes había recibido la primera revelación de la Angelología, y por estos mismo años da forma mental definitiva a la Ciencia de la Cultura, que, años después, fue explicada dentro de España, aparte la Escuela Social, en la Cátedra Vives de la Universidad de Valencia y en el Ateneo de Cádiz.»{19} Volvió temporalmente a París como representante de España en el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual y no desaprovechó el tiempo pues trabajó su obra sobre el pintor Cézanne, considerado el padre de la pintura moderna, que preparó, con 68 ilustraciones, Francisco Amunategui partiendo del borrador corregido por d’Ors después de que, sin su permiso, lo había publicado anteriormente la editorial de Caro Raggio y que ahora se editaba en París. En esta capital publicó también en francés un libro, en 1930, sobre Pablo Picasso, y en cuya edición _en español no se publicaría hasta 1946, colaboraron estrechamente d’Ors y el pintor malagueño.

En febrero de 1931 se hace pública la crisis total del Gabinete Berenguer, es entonces cuando las distintas fuerzas políticas aprovechan para posicionarse después de una larga dictadura. El rey también juega su baza que de poco le serviría. En aquellos angustiosos momentos, nos cuanta el monárquico Eugenio Vegas Latapie, que coincidió con d’Ors en una reunión, le brindó éste la realización de convocar y celebrar en el Panteón de Reyes de El Escorial una concentración de españoles que buscaran luz en aquellos difíciles momentos. A tal efecto, al notable catalán dictó al monárquico un proyecto que Vegas Latapie conservó, y que decía así:

«En esta hora de turbación, de que no escapan ni los más altos, unos grupos de españoles, fieles a los valores de unidad y de continuidad de la Historia de España, han querido restaurar la propia fortaleza en una hora de vecindad con las cenizas de los Reyes, cuya obra vive y vivirá en la realidad nacional para comulgar en su recuerdo y nutrirse de cara al porvenir en la más viva sustancia del pasado. A tal efecto se congregarán estos españoles y cuantos quieran acompañarles en la solemne ceremonia, el domingo próximo en la cripta de El Escorial donde reposan los huesos de gran número de nuestros Reyes.»{20}

A los pocos días llegó la II República, con su bullicio patriotero donde, no pasando mucho tiempo, en varias capitales de España comenzó la quema de iglesias y conventos. Era el principio de un desastre que trajo después la suspensión del diario monárquico ABC y el encarcelamiento de su director Juan Ignacio Luca de Tena, lo que significó para d’Ors la pérdida de su colaboración en ese periódico. Eran los nuevos aires de libertad que traía la República. Se vio obligado, pues, a publicar el Glosario en el diario de Herrera Oria El Debate «donde aparecieron sus primeras glosas sobre los Ángeles. El Centro de Estudios Universitarios de la Acción Católica de Madrid y su Escuela de Verano de Santander, le brindaron nueva cátedra donde profesar su Ciencia de la Cultura.»{21} Viaja de nuevo a París y coincide con el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura y en el que se halla presente el poeta anarquista Andrés Carranque de Ríos. Eugenio d’Ors asiste, por lo menos, a una de las sesiones como queda reflejado en la crónica que para un diario de Madrid, al servicio del Partido Socialista, escribe el citado Carranque quien, refiriéndose al filósofo catalán, dice:

«Al terminar el delegado inglés surge en la delegación española un pequeño incidente. Un señor alto y grueso ha entrado en el escenario. Es Eugenio d'Ors. Es tal el estupor que reina entre nosotros, que no sabemos qué partido tomar. Por fin nos levantamos de las butacas y, ante las miradas de los delegados de las demás naciones, nos dirigimos a un saloncillo que está junto al escenario. Alvarez del Vayo, en nombre de todos nosotros, explica en la secretaría que aquel español que se halla en el escenario es uno de los colaboradores preferidos de El Debate, y que El Debate es el órgano de la reacción española, a cuyo frente está el Sr. Gil Robles.

Mientras se toma nota de todo esto, el Sr. d'Ors llega al saloncillo, y aquí su presencia adquiere un aspecto casi cómico. El Sr. d'Ors trata de acercarse al escritor francés Louis Aragón; pero éste le vuelve la espalda. Gracias a que Jean Cassou acude en ayuda del ex anarquista catalán, el incidente no toma otras proporciones.

El suceso va a tener su interés, puesto que André Malraux nos comunica que la presidencia no impedirá que D. Eugenio d'Ors tome la palabra en una de las sesiones. Ahora bien: detrás de D. Eugenio d'Ors hablará la delegación española para explicar muchas cosas de España y cuál es el verdadero pensamiento político del Sr. d'Ors y sus amigos de El Debate.

Prometo un relato de lo que ocurra. El hecho de que el Sr. d'Ors quiera defender la cultura en una reunión de escritores de izquierda es un acontecimiento inesperado que debe pasar a la Historia.»{22}

En la capital francesa le sorprendió la Guerra Civil y allí permanece sin poder moverse hasta que lleguen mejores tiempos mientras sus tres hijos se alistan para combatir con las mesnadas franquistas, igual que los de Ortega, Pérez de Ayala y también Marañón. A mediados de 1937 consigue llegar a Pamplona con su hijo Álvaro al que presentó a sus amigos al mismo tiempo que decía: «Tengo un hijo falangista (Víctor), otro requeté (Juan Pablo, médico en el frente de Guadalajara) y un tercero (Álvaro, que con recelosa gravedad le estaba mirando desde sus ojos profundos) falangista oblato.»{23} Una vez instalado, en «aquella pequeña Atenas militarizada»{24}, con ejemplar serenidad, aparece «el Nuevo Glosario que empieza a publicar en el diario Arriba España»{25}, órgano falangista,que «era el más fino e intelectual entre los de su género»{26}, y en donde el catalán «aceptó que le pusieran a la altura de la cabeza –en la pared en que se apoyaba a su silla de trabajo– una invocación a los ángeles custodios.»{27} Escribió también en la revista Jerarquía donde colaboraba la plana mayor del falangismo intelectual. Se reunía con ellos en un café donde dice García Serrano que «tener a don Eugenio d’Ors a mano y hacer tertulia con él, precisamente en el Niza, era algo así como charlar con Sócrates.»{28} Por su parte, Francisco Umbral, escribe que

Don Eugenio d’Ors se había pasado desde Francia a la zona nacional y veló armas en Pamplona, toda una noche, con otros compañeros, aunque él no era de la raza de los quijotescos ni los cervantinos. Don Eugenio, el gran irónico y el gran ecléctico (de intención), cuando se adhería a algo, siempre lo hacía con exceso. Nadie le había pedido tanto. Por la ciudad ha aparecido con un uniforme entre falangista y mistraliano, que poco tiene que ver con la nueva ortodoxia. Algo así como el uniforme que se inventó Byron para ir a luchar –y a morir– en Grecia. Un auspiciador del café se lo dice:

—Maestro, parece que le gustan a usted mucho los uniformes.

—Me gustan los uniformes siempre que sean multiformes.

Azaña había escrito: «Eugenio d’Ors cuida mucho la manera de mirar». Y la manera de hablar. En el café, en sus diálogos por la ciudad (siempre jugando a ateniense), en las conferencias al público y las autoridades, la voz de penumbra y temblor, de catedral e ironía. De su entrevista con el César Visionario se sabe poco. En el café, a la noche, se lo pregunta Foxá, y d’Ors promisea:

—Bueno, Napoleón, en Weirmar, estuvo más atento con Goethe.

—Maestro, usted no es Goethe.

—Tampoco él es Napoleón.

La influencia de d’Ors en la retórica de José Antonio es más importante que la de Ortega{29}, y esto no lo ha señalado nadie por la sola razón de que a d’Ors no lo han leído.. D’Ors tuvo pocos discípulos, pero fanáticos. Palabras como «jerarquía», «servicio», «misión» y otras, la Falange las tomas directamente del pensador catalán a través del cura vasco y dorsiano Fermín Yzurdiaga…{30}

La influencia y admiración ha sido mutua por lo mucho que sobre José Antonio nos dejó escrito «Eugenio d’Ors, el pensador más original del siglo, en catalán, francés y castellano.»{31} Una prueba de ello es este artículo, uno más, que, con el título Elegancia de José Antonio, dedico al fundador de Falange:

¡Qué no diera ahora por escribirlo en catalán! Por poner la palabra seny, y decir: «El Seny de José Antonio…». Desanimado ante los riesgos prosódicos más que ante nada, no me resigno, sin embargo, a las aproximaciones «sensatez», «cordura», «buen juicio», etc. Prefiero «elegancia», expresión a cuyo respecto el mismo bulto de la posibilidad de una mala interpretación pone al lector camino de la buena.

Uso entre retóricos preceptistas fue contrastar lo elegante con lo sublime. Pero así como «la letra» tiene también «su» espíritu y la razón _en respuesta a Pascal_ «sentirse en que el corazón no palpita», así también una manera de sublimidad moderada, severa, «sorda» y toda clasicismo (es decir, respecto a la medida del hombre), puede encontrarse en la serenidad refinada de un apagamiento voluntario, lo más lejano posible al exceso y a la gesticulación.

Entre los españoles y doquiera se hable o lea el castellano, el testamento de José Antonio está ya destinado y para siempre a ser _tal es su calidad literaria_ una página de antología. Pero, más que nunca en el momento presente, resulta de un valor soberano su lección moral. Su lección templada, posibilista, ecuánime. Que siendo tan cristiana, diríamos horaciana y, siendo admirablemente estoica, juzgaríamos espiritual y exactamente epicúrea. Epicúrea, digo, en la ortodoxia del verdadero Epicuro, maestro en la jerarquizada disciplina de los valores.

¡Aquel preocuparse de las notas de honorarios profesionales que se quedaron sin cobrar y que deben ser cobradas, si no se pierde todo respeto por la belleza arquitectónica de la justicia! ¡Aquella nobleza, al definir el matiz de las alegaciones empleadas en la propia defensa! Y, sobre todo, aquel «Dios no me dio la vida para quemarla en holocausto a mi vanidad, como un castillo de fuegos ratifícales…». Lenguaje de alma patricia, lastrada por el sentido de la responsabilidad.

Como acontece hoy en más de una estirpe, en los Primo de Rivera el juego relativo de la proporción entre bizarría y madurez parece haber sido inverso a lo previsible. Mientras en el antecesor hubo de encantarnos una gracia de hijo de familia, la dignidad del pater familias llena de sentido las horas supremas y las palabras supremas del sucesor. De José Antonio no nos es menos útil que el ejemplo, en que dinamiza la energía de un impulso, el modelo, donde se canoniza la perfección de una elegancia.{32}

Durante todo ese tiempo que permaneció en Pamplona, d’Ors intentó en el Glosario una nota de altura. «De él se pedía eso. No siempre lo consiguió; quizá por su naturaleza vehemente y mediterránea, descendía, a menudo más jónico que ático, a la verdulería, aunque menos infrecuente es que pierda el humor, uno de los más personales e inteligentes de nuestra literatura.»{33} En 1938 le hicieron doctor honoris causa de la Universidad de Coimbra y estuvo en la Bienal de Venecia donde el periodista César González-Ruano, que se encontraba en Roma de corresponsal, vio en aquella ciudad italiana a d’Ors y nunca olvidó «el tremendo efecto que me hizo esta sorprendente aparición de aquel Xènius 1938.»{34} Este mismo año Pedro Sainz Rodríguez, ministro de Educación, le nombró director general de Bellas Artes y organizador de la defensa del tesoro artístico y comisario para la repatriación del Museo de Prado, que estaba en Ginebra. «Durante esta etapa del Museo del Prado en Ginebra, decidimos organizar una exposición del Prado allí _dice Sainz Rodríguez_, proporcionando al público, en unas salas, la visita al Museo del Prado sin necesidad de venir a Madrid. La recaudación de esta inusitada exposición en Suiza produjo mucho dinero, más que suficiente para realizar el traslado de los cuadros en buenas condiciones a Madrid.»{35} Es nombrado también secretario perpetuo del Instituto de España. Abandona, pues, Pamplona para trasladarse primero a Burgos y más tarde a Salamanca donde en su Universidad, tuvo lugar el acto fundacional del Instituto de España «al tiempo que se ocupaba con entusiasmo del estilo que habían de tener las lápidas, las ceremonias, las inscripciones conmemorativas, y todas las cuestiones mínimas de protocolo y sofisticadas liturgias políticas, sobre las que era consultado de continuo.»{36}

En este tiempo viajó nuevamente a París, en esta ocasión con el objetivo de convencer a algunos viejos académicos de que regresaran a España.. Pudo convencer a Pío Baroja. La presidencia se la ofreció a Manuel de Falla que aceptó. Colaboró más tarde en el. arreglo y adaptación del «Canto de los Almogávares», de Los Pirineos de Pedrell, con nuevo texto escrito por José María Pemán. Pero su presencia en España duró poco porque se marchó a Argentina a pesar de los intentos del Gobierno que le ofrecía una pensión vitalicia. Falleció en aquel país el 14 de noviembre de 1946 y sus restos fueron trasladados hasta su tierra natal, Cádiz, a bordo del minador Marte. donde fueron recibidos por su familia, José María Pemán y diferentes autoridades, El cortejo fúnebre se dirigió después a la catedral, celebrándose un funeral y con autorización del papa Pío XII, sus restos descansan desde entonces en la cripta, donde se encuentran actualmente junto a quien fue su amigo, José María Pemán.

En 1939 regresan a Madrid los fondos del Museo del Prado y a continuación se vuelve a abrir al público gracias a la gestión de Xénius. Al mismo tiempo comienza en el diario Arriba que «será el nuevo ventanal de las Glosas orsianas, que en este nueva etapa se llamarán Novísimo Glosario. Una larga década sería así diariamente, siendo compatible este ventanal de la Cultura desde el periódico con las muchas y muy diversas actividades desarrolladas por d’Ors en estos años de posguerra. También en una sección que tituló Estilo y cifra{37}, el diario barcelonés La Vanguardia significaría su reencuentro catalán.»{38} Después irrumpe en una gran creación que, más tarde, daría sus frutos. Son las Bienales Hispanoamericanas de Arte con la participación de artistas españoles. Está también la fundación y puesta en marcha de la Academia Breve de Crítica y sus exposiciones llamadas Salón de los Once y las Antológicas. A la vez que sigue con sus conferencias como su intervención en la Universidad de Granada, donde fue invitado, al Congreso conmemorativo de cuarto centenario del Concilio de Trento donde leyó su discurso inaugural. Al mismo tiempo publicó un artículo en La Vanguardia que tituló Empieza la conmemoración del Concilio de Trento, recordando a la vez aquella exposición de Venecia donde se habían reunido tantas naciones como tuvieron voz en Trento y alguna más. El artículo que lo publicaba en su sección que titulaba Estilo y cifra, daba comienzo con estas palabras: «Dos años ha que se estabilizaba y cifraba aquí mismo, más que de anuncio a título de proclama, la inminencia de ocasión en que celebrar el cuarto aniversario del Concilio de Trento…»{39}

Sigue escribiendo y siguen apareciendo nuevas glosas y otros trabajos en los muchos medios españoles, como siempre venía haciendo a lo largo de cincuenta años. «A través de su obra y de su vida –dice su biógrafo, Antonino González–, d’Ors ha esculpido su propio ángel. La obra cumbre de d’Ors es su filosofía, pero también su vida, su modo de ver la realidad y de estar en el mundo»{40}, y se irá dando cuenta de que va haciéndose mayor y siente la necesidad de retornar a su Cataluña natal y, por tanto, de bien plantado a trasplantado, «por eso -dice Araguren- está tranquilo, nada puede turbarle en el porvenir. El viaje ha sido rendido, la vocación escuchada, la misión cumplida.»{41} Y así, después de una larga y penosa enfermedad, falleció en Villanueva y Geltrú el 26 de septiembre de 1954, «este hombre que había dado a España lo mucho y mejor de su cultura, aunque no fue comprendido por todos los españoles, pues a muchos les vino ancho»{42}, por eso sobre su tumba cayó un silencio implacable que aún sigue porque algunos catalanes lo consideraron un traidor, y otros, de nuestra Patria, porque fue falangista, y que, según Ortega, era junto con Maeztu, las únicas personas con quien valía la pena hablar en España. Una España que, como decíamos al principio también al final, quiere ignorarlo.

Notas

{1} Diario ABC, Sevilla, 6-II-2001, pág. 3

{2} PARRA CELAYA, MANUEL: José Antonio y Eugenio d’Ors. Falangismo y catalanidad. Plataforma 2003. Madrid, 2003, pág., 16

{3} JUAN ARBÓ, SEBASTIÁN: Memorias. Los hombres de la ciudad. Planeta. Barcelona, 1982, pág. 239..

{4} PARRA CELAYA, MANUEL: Op. cit.,, pág. 14.

{5} GONZÁLEZ, ANTONINO: Eugenio d’Ors. El arte y la vida. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 2010, pág.13.

{6} PARRA CELAYA, MANUEL: Op. cit., pág. 17

{7} Diario ABC, Madrid. Suplemento Blanco y Negro, 25-IX-2004, pág. 6.

{8} Terminada la guerra se exilió en Francia, para marchar después, no a Rusia, sino a La Habana y Santiago de Chile, donde fue profesor en la Universidad de estas capitales. Finalmente, terminó incorporándose como docente, en 1949, al Bryan Mawr College de Filadelfia, en Estados Unidos, del que formó parte hasta su jubilación en 1981.De él dice también el profesor Gustavo Bueno Sánchez que en la revista en español. anticomunista, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura, el nombre de José Ferrater Mora aparece incorporado a la relación de «colaboradores» que se hace figurar en la contracubierta de cada número a partir del número 4 (enero-febrero de 1954). Desde 1951 hasta 1966, durante quince años, mantuvo, pues, Ferrater vínculos con ese Congreso financiado por los Estados Unidos del Norte de América para «defender el derecho de crítica y el pensamiento libre» mancillado por los perversos comunistas soviéticos y sus malvados secuaces. Ver El Catoblepas, nº 129, noviembre 2012, pág. 8.

{9} FERRETER MORA, JOSÉ: Diccionario de Filosofía. Editorial Atlante. Méjico, 1942, 1ª edición, págs. 403-404

{10} GIMENEZCABALLERO, ERNESTO: Retratos españoles (Bastante parecidos). Planeta. Barcelona, 1985, pág. 133.

{11} GONZÁLEZ, ANTONINIO: op. cit., págs. 30-31.

{12} L. ARANGUREN, JOSÉ LUIS: La Filosofía de Eugenio d’Ors. Espasa Calpe. Madrid, 1981, pág. 121.

{13} DE MAEZTU, MARÍA. Antología-Siglo XX. Prosistas españoles. Espasa Calpe. Colección Austral. Buenos Aires, 1943, pág. 256,

{14} FLOREZ, RAFAEL: D’ORS. Epesa. Madrid, 1970, págs. 31 y 32.

{15} DÍAZ-PLAJA, GUILLERMO: El combate por la luz. Espasa-Calpe, Madrid, 1981, pág. 92.

{16} Ibid., pág. 93.

{17} Ibid., pág.. 106.

{18} SANTOS, DAMASO: Generaciones juntas. Editorial Bullón. Madrid 1962, pág. 274.

{19} L. ARANGUREN, JOSÉ LUIS: Op. cit., pág..321.

{20} VEGAS LATAPIE, EUGENIO: Memorias policías. Planeta. Barcelona, 1983, pág. 92.

{21} L. ARANGUREN, JOSÉ LUIS: Op. cit.,., pág. 324.

{22} Diario Heraldo de Madrid, 26-VI-1935, pág. 2.

{23} LAÍN ENTRALGO, PEDRO: Descargo de conciencia (1930-1960). Alianza Editorial. Madrid, 1989, pág. 216.

{24} SANTOS, DÁMASO: Op. cit., pág. 269.

{25} MAINER, JOSÉ CARLOS: Falange y Literatura. Editorial Labor. Barcelona, 1971, pág.23.

{26} RICRUEJO, DIONISIO; Casi unas memorias. Planeta. Barcelona, 1976, pág. 118.

{27} Ibid., : Sombras y bultos Ediciones Destino, Barcelona, 1983, pág. 83. Escribe también Ridruejo a continuación que «d’Ors _que no era católico más que en política_ no hablaba de ángeles more theologico sino interpretándolos como símbolos de la personalidad humana en su potencialidad perfectiva: Su ángel era su mejor yo y por eso denigraba los angelitos del barroco y los de aspecto andrógino. Su ángel debía ser el auriga de Delfos con alas: su propio arquetipo clásico», pág. 84.

{28} GARCÍA SERRANO, RAFAEL: La gran esperanza. Planeta. Barcelona, 1983, pág. 243.

{29} La influencia que algunos grandes pensadores tuvieron sobre José Antonio Primo de Rivera, la opinión sobre la misma no siempre es coincidente en los escritores que se han ocupado del tema. Así, por ejemplo, JOSE MARÍA PEMÁN, en su libro Mis almuerzos con gente importante, dice: «José Antonio, enamorado del estilo, se influyó mucho más por la elegancia europea de Ortega, que por la gracia mediterránea de d’Ors», pág. 115. Por su parte, en sus Memorias, RAMÓN SERRANO SUÑER, dice que, según DIONISIO RIDRUEJO, Eugenio d’Ors ejerció buena influencia cultural sobre los falangistas de Pamplona, pág. 420. Por último. JOSE L. ARANGUREN, en su libro ya citado, La filosofía de Eugenio d’Ors, escribe que «en adelante, el pensamiento falangista conservará siempre, ciertamente, la huella orsiana, pero confundida conla de Ortega, que ya se había estampado sobre José Antonio y con el pathos metafísico heideggeriano», pág. 333..

{30} UMBRAL, FRANCISCO. Leyenda del César Visionario. Seix Barral. Barcelona, 1991, pág. 89

{31} Ibid.; Del 98 a Don Juan Carlos Planeta. Barcelona, 1992, pág. 297.

{32} D’ORS, EUGENIO; Nuevo Glosario. Vol. III. Aguilar, , 1949, págs. 651-652 y 653.

{33} TRAPIELLO, ANDRÉS: Las armas y las letras. Planeta. Barcelona, 1994, pág.186.

{34} GONZÁLEZ-RUANO, CÉSAR: Memorias. Mi medio siglo se confiesa a medias. Tebas. Madrid, 1979, pág. 418.

{35} SAINZ RODRÍGUEZ, PEDRO: Testimonios y Recuerdos. Planeta. Barcelona, 1978, pág. 261

{36} TRAPIELLO, ANDRÉS: Op. cit., pág. 189.

{37} Aunque el escritor Rafael Flórez no deja muy clara la fecha en que d’Ors comienza con ese título una serie de colaboraciones periodísticas _parece situar las primeras en 1939_ el caso es que en 1937 ya aparecen:: «Estilo y cifra dicen allá en las gentiles Españas de Plata, a un modo local y campesino de baile y canción. ¡Maravillosa sabiduría subterránea en la auténticamente popular! ¡Cómo puede encontrase en un léxico de romería el rótulo que se ajuste a una quintaesencia de iniciados!...». Ver diario La Nueva España, Oviiedo, 18-VIII-1937 pág. 7.

{38} FLOREZ, RAFAEL: Op. cit., pág. 191.

{39} Diario La Vanguardia, Barcelona, 24-III-1945, 1ª pág.

{40} GONZÁLEZ, ANTONINO: Op. cit., pág. 315.

{41} L. ARANGUREN, JOSÉ LUIS: Op. cit., pág. 339.

{42} FLOREZ, RAFAEL: Op. cit., pág. 192.

 

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