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El Catoblepas, número 146, abril 2014
  El Catoblepasnúmero 146 • abril 2014 • página 4
Los días terrenales

La parábola de los extremos (I)

Ismael Carvallo Robledo

Vida de Jorge Masetti, según queda expuesta en El furor y el delirio. Itinerario de un hijo de la Revolución cubana (Tusquets, España y México, 1999).

Para Lucía Álvarez.

Ricardo Masetti
En la foto, Jorge Ricardo Masetti con sus hijos. El de la derecha, en elocuente postura imitando a su padre como trágico y poderoso troquel de su destino, es el pequeño Jorge Masetti.

Él, que sólo vivía para la acción –una acción dramática–, sentía extrañamente que el drama se desplazaba, se hacía personal.

Antoine de Saint-Exupery, Vuelo Nocturno

1. La belleza estética de la acción

Acababa de regresar de Angola y era junio de 1989. Tenía más o menos treinta y cuatro años. Estaba una vez más en La Habana, que era como su hogar y patria aunque hubiera nacido en Argentina y viva hoy –o por lo menos cuando redactaba estas memorias– en París. Las instrucciones eran las siguientes: tienes que montar una base operativa en España para actuar en Estados Unidos. Tu primer objetivo es hacer volar el globo de transmisiones de TV Martí.

Radio y Televisión Martí es una plataforma de contraofensiva estratégica que emite desde Miami hacia Cuba con el propósito, dibujado a la escala de la guerra psicológica, de barrenar los cimientos ideológicos de la revolución cubana, el régimen dictatorial de Castro y el comunismo. Radio Martí se funda en 1983 a instancias de Ronald Reagan y con el impulso del activista exiliado Jorge Mas Canosa. Salió al aire en mayo de 1985, alojada en la sede de la Voz de América, en Washington DC. En 1996 traslada sus instalaciones a Miami y desde entonces transmite de lunes a domingo las 24 horas del día. El lanzamiento de TV Martí data de marzo de 1990. Transmite, también, de lunes a domingo, las 24 horas del día.

La operación general de Radio y Televisión Martí se supervisa desde la Oficina de Transmisiones para Cuba, fundada en 1990 por el Gobierno de Estados Unidos como unidad de inteligencia y promoción ideológico-política de la democracia en la isla. En 2010, el actual vicepresidente de Estados Unidos y en ese momento senador demócrata John Kerry, junto con otros miembros de su bancada parlamentaria, recomendaron la reinstalación en Washington tanto de Radio y TV Martí como de la Oficina de Transmisiones para Cuba, y la fusión de sus operaciones con la Voz de América, argumentando, bajo el amparo de los datos arrojados por un informe desarrollado para los efectos, que la baja calidad de las transmisiones y el nepotismo que anidaba en la estructura de la agencia jugaban en contra de los propósitos que dieron vida al proyecto original.

Quien daba aquéllas instrucciones era el general Patricio de la Guardia, hermano gemelo del coronel Antonio de la Guardia, jefe directo y suegro de Jorge Masetti (Argentina, 1955). Los hermanos de la Guardia formaban parte del alto mando del destacamento militar dislocado en Angola por el gobierno cubano durante la década de los 80. Pero su teatro de operaciones no era nada más el africano; habían actuado también en Nicaragua, Chile, Argentina, también en México. Eran parte de la élite de la Revolución y del hermético circuito de inteligencia militar y política, encargados de la ejecución de misiones de alta peligrosidad y casi siempre clandestinas o encubiertas. También eran considerados, junto con el general de división del Ejército Arnaldo Ochoa, encargado del despliegue de tropas cubanas en Angola y Etiopía, como héroes de guerra.

La guerra de Angola había sido extenuante, de sangrado prolongado. Era la época de Breznev cuando dio inicio. En el esquema de división de tareas, Cuba pondría las tropas y los soviéticos la logística. Pero la guerra duró más tiempo que Breznev y Andropov, y el número de elementos de tropa cubanos llegó a las decenas de miles. Para su mantenimiento fue al parecer necesaria la puesta en operación de medidas heterodoxas para el acopio de divisas y fuentes de financiación. Antonio de la Guardia y Ochoa fueron procesados y ejecutados por el régimen en 1989, en el proceso conocido como Causa número 1, acusados de narcotráfico, corrupción y tráfico de diamantes y marfil durante sus actividades en África. Patricio de la Guardia fue sentenciado a treinta años de cárcel, siendo liberado ocho años después, en 1997, horas después de la muerte de su padre, Mario de la Guardia Curbelo, a los 96 años.

A Patricio lo estimaba Masetti como si fuera su padre. El verdadero había muerto –o desaparecido, que en esos tiempos era algo así como decir lo mismo– en 1964, en la selva de Orán, en Salta, Argentina, al mando de las operaciones constitutivas de la primera guerrilla guevarista, el Ejército Guerrillero del Pueblo. Era Jorge Ricardo Masetti (1929), periodista conocido también como «Comandante Segundo», fundador, junto con Rodolfo Walsh, de la agencia de noticias cubana Prensa Latina.

El nombre de la operación era «Operación Verdad». El diseño e impulso era de Ernesto Ché Guevara. Se trataba de la constitución de una plataforma informativa, de contraofensiva estratégica también, para la difusión de los acontecimientos de la Revolución Cubana según la versión de sus protagonistas y dirigentes, como contrapeso de la distorsión extranjera, principalmente la norteamericana. Masetti era en efecto el periodista originario de Avellaneda (Gran Buenos Aires) que, en abril del cincuenta y ocho, se había introducido en la Sierra Maestra para transmitir a toda Cuba –y luego a Argentina– una entrevista con Fidel Castro y Guevara. Para enero del 59 Masetti estaba ya instalado con su familia en La Habana. El Ché Guevara había dispuesto de quinientos mil dólares para la organización de Prensa Latina, y nombró para tales propósitos a Masetti como su primer director, quien a su vez llamó a Walsh como colaborador, a cargo de la instalación de las sedes o corresponsalías en Uruguay y Brasil. Rodolfo Walsh fue también director del Departamento de Servicios Especiales de la nueva Agencia, encargado del acopio y procesamiento de contenidos no estrictamente noticiosos o coyunturales (reportajes, entrevistas, periodismo de investigación, noticias de política y cultura de Hispanoamérica, etc.).

En mayo de 1965, el Comandante Manuel Piñeiro Losada, «Barba Roja», invitó a pasar a su casa al pequeño Jorge Masetti, de apenas diez años de edad. Barba Roja era también, de alguna manera, un sustituto de su padre, algo así como su padrino. Solemne y vestido de impecable verde olivo hizo pasar a Masetti a su despacho. Esto fue lo que le dijo: ‘tu padre comandaba la guerrilla en Argentina, y, por los informes de compañeros que han sido detenidos y otras fuentes, tenemos la confirmación de su muerte. Aún no sabemos bien en qué condiciones. Sólo sabemos que estaba solo y que se perdió en el monte sin ninguna posibilidad de sobrevivir. Calculamos que fue en abril del sesenta y cuatro, el año pasado. Como no teníamos todos los datos, y por razones de seguridad, consideramos que no era oportuno avisar a sus familiares.’ En ese momento terminaba la infancia de Masetti al tiempo mismo de quedar su vida incardinada, en una curva fuera ya de todo su control, como módulo de la leyenda Masetti: ‘la noticia se hizo pública a los pocos días; se inauguraron escuelas con su nombre, los periódicos hablaban de él, y supuestos amigos contaban anécdotas que probaban lo bueno que había sido. Yo seguía sin imaginar las nefastas consecuencias que esto me acarrearía.’

Luego reflexionaría, con más crudeza y objetividad, sobre tales consecuencias: ‘me integré en la guerrilla más por soledad que por conciencia, por la búsqueda constante de una familia, de pertenecer a un grupo, por cumplir con el destino que me habían impuesto por el hecho de ser hijo de mi padre. La historia de mi padre y de la guerrilla de Salta forman parte de un largo camino de construcción de mitos instaurado por Fidel en América Latina. Fidel, con su infalible intuición política, tenía que saber que el proyecto de Salta era una operación destinada al fracaso. No existía la más remota posibilidad, ni las mínimas condiciones políticas, para que se asentara un foco guerrillero en Argentina en aquélla época. Mi padre fue utilizado para consolidar el mito guerrillero castrista en el continente’.

La última vez que lo vio había sido tres años antes, en su cumpleaños número siete. ‘Se pasó la tarde conmigo, me trajo de regalo una piscina de plástico; yo tenía apenas siete años. Al despedirse me anunció que se iba a la Unión Soviética a realizar un curso. Le pregunté el tiempo que duraría su ausencia; dos o tal vez tres años; ésas fueron las últimas palabras suyas que conservo.’ Pero la realidad era que Masetti padre no partía rumbo a la URSS, sino a Argentina, con el acometido de organizar la guerrilla, que terminó por ser su última tarea. A los dos años desaparecería en el monte, en la provincia de Salta, luego de haber sufrido una lesión tras de la cual no se le pudo encontrar jamás nunca.

El acontecimiento trágico produciría la entrada de su madre en un estado de desequilibrio mental del que ya no se recuperaría, instalándose en la memoria de Jorge Masetti las imágenes aleatorias de ella entrando y saliendo del hospital psiquiátrico. Diez años después más o menos, entre el setenta y el setenta y uno, y como consecuencia de las complicaciones por la salud de su madre, se decidió volver a Argentina para poner fin a esta definitoria primera etapa de dramática formación en Cuba.

Pero el troquel que configuraría su destino estaba ya en operación: nomás pudo se vinculó Masetti con la izquierda radical argentina y con la guerrilla. Era el túnel de la muerte a donde había entrado, nos dice. A principios de los 70, ya en Buenos Aires, tomaría contacto con la dirigencia del Ejército Revolucionario del Pueblo-22 de Agosto, constituido como fracción del ERP derivada de la discrepancia estratégica dada en función de la interpretación del peronismo, que era visto por aquéllos como formación de aglutinación ideológica de masas con la potencia orgánica suficiente como para constituirse en base social y popular para el apuntalamiento de Perón como dirigente histórico, que era a su vez visto como la única alternativa de liderazgo político para poner en marcha un proceso de transformación revolucionaria, tesis que los acercaba más a Montoneros, brazo armado del peronismo de izquierda organizado en torno del objetivo táctico del regreso y entronización del general Perón en el poder y el objetivo estratégico de construir un socialismo nacional como derivación natural del peronismo.

Luego de un tiroteo con la policía, en el contexto de sus relaciones con ese grupo armado, Masetti reconstruye y dice: ‘a partir de ese momento antepuse la acción armada a cualquier otra actividad revolucionaria, y la subestimación que me inspiraba el trabajo legal o de masas era tan absoluta, que vivía cualquier otra actividad como una sanción’.

El túnel de la muerte, en efecto. Había entrado de lleno en la dialéctica de la lucha armada como metodología de la revolución a todo lo largo y ancho del continente hispanoamericano, algo así como lo que Bolívar, Sucre, Santander y San Martín hicieran en el XIX, desplegando su estrategia en las grandes campañas militares que durante un cierto tiempo abarcaron, en unidad de propósitos, la totalidad de la América hispana. Los polos operativos de la línea de golpeo militar se irían articulando de manera un tanto caótica, configurando una malla de conspiración política de alta peligrosidad e inminencia. Entre los nódulos de la red habrían de figurar el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), fundado por Enrique Gorriarán Merlo y Mario Roberto Santucho como brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) en Argentina, el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua o el M19 y las FARC en Colombia.

Cuando Perón vuelve del exilio, y se reinstala en el poder luego del paréntesis táctico de la presidencia de Cámpora (de mayo a julio del 73), da la espalda a la juventud revolucionaria que lo había apoyado, es decir, les da la espalda a Montoneros. Pero el general moriría poco tiempo después, en julio del setenta y cuatro, quedando en el gobierno su viuda, María Estela Martínez de Perón, y en el poder real José López Rega, creador de la Triple A: Alianza Anticomunista Argentina. Era el inicio de los años de dura represión contra la guerrilla y los movimientos armados. En marzo del 76 el ejército derrocaría a Martínez de Perón, una perfecta cretina y analfabeta intelectual aficionada al espiritismo –hoy se diría «espiritualidad y sanación»– y controlada por López Rega (de igual afición al espiritismo), para instalar la Junta Militar que habría de encabezar el general Jorge Rafael Videla. Cuatro meses después, el 19 de julio, moriría en combate Mario Roberto Santucho.

Para entonces, el ERP, que había mantenido siempre la distancia estratégica con el peronismo, y luego de la «traición de Perón», le había declarado ya la guerra al imperialismo y al ejército, intensificando, por libre, la lucha armada. Masetti se alejaría de la fracción 22 de Agosto y se vincularía más orgánicamente, de manera directa, con el ERP. Entonces vuelve a Cuba, sin cumplir siquiera veinte años. Estamos en 1974. Había que hablar con Piñeiro. Y había que prepararse, también, militarmente. Como muchos otros: La Habana se convertiría en centro de entrenamiento de guerrilleros y de coordinación operativa de la lucha armada.

Barba Roja era la encarnación del altamente complejo perfil de un hombre de la revolución que triunfa y se instala en el núcleo del poder del Estado, desdoblando su vida entre la institucionalidad y la conspiración. Manuel Piñeiro Losada fue parte de los comandantes históricos y pieza clave en la estrategia global de expansión de la revolución en Hispanoamérica impulsada –y operada casi siempre de manera clandestina– desde la matriz política del régimen emanado de la revolución cubana. Dirigió el Movimiento 26 de julio en Matanzas, su provincia, para unirse luego, en un primer momento, a la columna número 1 de Fidel Castro, y, después, al II Frente Oriental Frank País, dirigido por Raúl Castro. De la Sierra bajó con el grado de comandante. Tras el triunfo de la revolución, Barba Roja Piñeiro es designado responsable máximo del Viceministerio técnico y de la Dirección General de Liberación Nacional. Desde 1975 dirigió el Departamento de América del Comité Central del PCC, gozando de total autonomía y poder dentro de la nomenklatura cubana. Murió en un accidente de tránsito en la madrugada del 12 de marzo de 1998, cuando, según la versión oficial, sufrió un infarto mientras conducía su auto (notas de Masetti, páginas 287 y 288).

En este nuevo encuentro con Piñeiro, Masetti escucharía dos preocupaciones de carácter estratégico por parte de Barba Roja. Por un lado, le manifestaba su extrañamiento por la incapacidad del ERP para comprender el potencial orgánico del peronismo en tanto que movimiento de masas y con elementos revolucionarios y progresistas. Por el otro, le hizo saber también su preocupación por la creación de la Junta de Coordinación Revolucionaria, constituida a principios del 74 por el PRT-ERP argentino, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros uruguayo, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano, como plataforma internacionalista de articulación de la lucha armada en Hispanoamérica. La Junta se nos aparece a la distancia como una reedición de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, la OLAS, que con el antecedente de la Conferencia Tricontinental de La Habana, de 1966, marcó, luego de su I Conferencia, de 1967 y también en La Habana, el apogeo de un intento de coordinación operativa y de sistematización teórica de la lucha armada hispanoamericana, que habría de traducirse en la práctica en función del objetivo de ensanchar las bases de apoyo al Ché Guevara, asegurar su retaguardia política y propiciar las condiciones favorables para su estrategia de expansión revolucionaria a partir del foco boliviano y con radio de expansión continental. La Junta, en todo caso, se desarticuló hacia mediados del 76.

Lo que estaba detrás de las preocupaciones de Piñeiro era la distancia y tensión que estaba comenzando a abrirse entre el régimen cubano, los partidos comunistas hispanoamericanos y el soviético y el resto de los movimientos de lucha armada de diversidad de coordenadas y contenidos ideológicos. Era una tensión inevitable, pues la revolución en Cuba se había hecho gobierno, y el control del aparato del Estado situaba al régimen en otra escala en el escenario de las relaciones internacionales y en el cuadro general de antagonismos geopolíticos. En términos dialécticos, una cosa es estar en una posición de lucha armada por el poder del Estado, y otra muy distinta es ser un gobierno revolucionario que triunfa y actúa desde el poder del Estado: los planos se superponían, los compromisos se incrementaban y la necesidad de estabilización y orden político modificaban el esquema de prioridades en la dirección del Estado cubano. Masetti puntualiza (p. 69 de El furor y el delirio):

Lejos estaba yo de saber que mi destino se decidía atendiendo a la nueva política cubana con respecto a los partidos comunistas latinoamericanos. Después del fracaso de la zafra de los diez millones de toneladas de azúcar en 1970, la situación económica de la isla se tornó más difícil. En 1974 el acuerdo con los soviéticos permitió aflojar el cinturón, pero no se trataba únicamente de cambiar azúcar por petróleo; de allí en adelante, el modelo y los métodos soviéticos inspirarían la gestión de la economía y pesarían tanto en la vida política como en las relaciones internacionales de manera decisiva. Fidel se acercó a los partidos comunistas oficiales. En 1973 el continente fue sacudido por los golpes militares de Uruguay y Chile; el sector pro soviético del Partido Comunista Cubano le daba la espalda a la herencia guevarista y se distanciaba de los movimientos revolucionarios comprometidos con la lucha armada, produciéndose numerosas fricciones entre Cuba y las organizaciones revolucionarias. Las relaciones conflictivas duraron hasta la victoria de la insurrección sandinista de 1979, cuando se abrió un nuevo capítulo.

 

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