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El Catoblepas, número 143, enero 2014
  El Catoblepasnúmero 143 • enero 2014 • página 7
La Buhardilla

Cine de entretenimiento vs. cine con mensaje: a propósito de Mervyn LeRoy y Lewis Milestone ( y 2)

Fernando Rodríguez Genovés

Segunda parte de la Introducción de mi último libro, Mervyn LeRoy y Lewis Milestone. Cine de variedades vs. de trinchera (Amazon-Kindle).

Mervyn LeRoy y Lewis Milestone. Cine de entretenimiento

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Si reparamos en la bio-filmografía de Mervyn LeRoy, el dilema que aquí tratamos es manifiesto. Proveniente del mundo del espectáculo y el vodevil, donde se inicia desde muy joven, dirige su primer film, No Place to Go, en 1927. Novato e inexperto en el nuevo oficio, dirige con rápidez y resulta muy productivo para los estudios donde trabaja. Como si tal cosa, y para empezar, realiza once largometrajes hasta 1931; todos ellos son comedias. En dicha fecha tiene lugar el estreno del primer gran éxito de su carrera, Little Caesar (Hampa dorada), película inaugural, junto a otros clásicos, del género gangters. Al año siguiente dirige I Am a Fugitive From a Chain Gang (Soy un fugitivo), drama carcelario, no menos pionero en su respectiva parcela temática que el título anterior.

He aquí, curiosamente, los dos trabajos por los que LeRoy ha sido comúnmente reconocido y alabado por la crítica y la historia oficial del cine. Desde esa perspectiva, con ambos títulos ya quedaría escrita y archivada (oficializada) la ficha del director, trazado de modo concluyente su perfil artístico, delineada su carrera profesional, formalizada su seña de identidad. Sin embargo, esto sólo es así en apariencia. LeRoy hace, en efecto, dos soberbios ejercicios cinematográficos en Little Caesar y I Am a Fugitive From a Chain Gang, dos películas sobresalientes, que todavía hoy merecen ser consideradas clásicos del cine. Gracias a ellas afianza el prestigio en la profesión, en la que todavía es un joven realizador, apreciación ésta que en su caso de ningún modo resulta tópica ni baladí, pues el aspecto físico aniñado del director, que mantuvo hasta la edad adulta —y por el cual tuvo que soportar no pocas burlas y reticencias por parte de algunos productores y no pocos actores —, reforzaba su imagen pública de baby face director.

Pero, por las venas de LeRoy corre el torrente de la comedia, su corazón palpita ante un sencillo y pícaro argumento del burlesque, la pasión por el vodevil y el musical mueve sus pies y dirige sus pasos. Es, justamente en el periodo señalado, clave para definir el sentido de la carrera del cineasta, cuando LeRoy sopesa las dos vías que tiene ante sí: perseverar en la senda del drama y las cintas con un fuerte componente de denuncia social o privilegiar el camino de la comedia ligera y el musical. La fuerza del don y la disposición se impusieron, finalmente, en la ruta de la profesión. Haría comedia. Sobre todo, comedia. Principalmente, comedia. La decisión tomada fue acreditada tras el estreno en 1933 de Gold Diggers of 1933 (Vampiresas), potente musical que le reportó, también en esta ocasión, buena reputación y gran popularidad.

Cineasta que gusta de no repetirse, no por ello queda solidificado en la comedia, hasta el punto de desatender los demás géneros. De hecho, no abandona sin más el drama «social»: en 1937 realiza el soberbio film They Won't Forget (Ellos no olvidarán), réplica competidora de Warner Bros. al film Fury (Furia, Fritz Lang), producido un año antes por Metro-Goldywn-Mayer; en ambos títulos, la nefanda práctica del linchamiento y el bárbaro comportamiento de la masa indignada que quiere tomarse la justicia por su mano son los principales argumentales objeto de denuncia.

Mervyn LeRoy

El conflicto que señalo —unas páginas atrás explicitado— no es experimentado por LeRoy en términos de estricta oposición drama/comedia, sino, en rigor, de cine social con mensaje frente a cine de entretenimiento. En una entrevista concedida a George Stevens Jr., le hace notar el hijo del célebre director norteamericano del mismo nombre que aunque el entrevistado siempre se refiere a las películas que hizo en términos de entretenimiento, sin embargo, un film tan emblemático como I Am a Fugitive From a Chain Gang es un título con un fuerte contenido social. He aquí la respuesta de LeRoy: «Por supuesto que lo es, pero también un film de entretenimiento. Cuando yo hablo de entretenimiento no me refiero sólo a la comedia; tal vez debería hablar de valores. No planteé hacerla como una película de mensaje. Ojalá pudiese encontrar más historias como ésa. En tal caso, seguiría haciéndolas, créame.»

Además de comedias, LeRoy dirige también celebrados films bélicos (Thirty Seconds Over Tokyo [Treinta segundos sobre Tokio, 1944]); policiacos (The FBI Story, 1959); un popular péplum (Quo Vadis, 1951); muy solventes y populares dramas románticos (Waterloo Bridge [El puente de Waterloo, 1940], Ramdom Harvest [Niebla en el pasado, 1942], Madame Curie (1943), sin olvidar el drama de época (Anthony Adverse, 1936). Comoquiera que sea, moviéndose en el género de que se trate, garantizando en todo momento un producto sólido, inteligente y ameno, LeRoy siempre vuelve a la comedia, a la menor oportunidad que se le presenta. Incluso, cuando acomete un melodrama, no pierde ocasión de introducir en el desarrollo del film un número musical, un toque de comedia que aligere la inevitable trama seria y severa propia del drama, aunque no por ella tenga que ser necesariamente agria ni áspera.

Ya puede hacerse una idea, amigo lector, de por qué he titulado el capítulo consagrado a la vida y la obra del cineasta, director de variedades con buen gusto, «Mervyn LeRoy, el rey del vodevil».

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El caso de Lewis Milestone, más que extraño, es extraordinario. Por encima de todo, y por lo que hace a nuestro asunto, llama poderosamente la atención una circunstancia notable: la habilidad y la inmunidad con que pudo dejar en sus films el inequívoco rastro de la propaganda política, incluso durante los periodos de máxima prevención ante la infiltración de ideología extremista en la producción de películas en EE UU. Un hecho que, de no ser desacertado el análisis aquí expuesto, pondría en cuestión la pregonada dureza de la represión llevada a cabo por los supervisores ideológicos de la industria de Hollywood a la hora de perseguir la penetración del ideario comunista en los estudios de cine mediado el siglo XX.

Milestone hizo películas en América durante varias décadas dentro del sistema de los grandes estudios, bajo el control de distintos códigos de censura vigentes entonces y, más en concreto, bajo la —presuntamente férrea— vigilancia del Comité de Actividades Antiamericanas, sin apenas ser importunado en su trabajo; su actividad no se vio tampoco interferida durante los acerados años de la Guerra Fría. ¿Fue Milestone especialmente hábil en su quehacer, en el sentido de, vale decir, hacer pasar productos no permitidos por la aduana censora sin ser sorprendido ni detenido, o bien tan sólo tuvo buena suerte? ¿O acaso la censura en el viejo Hollywood no fue al fin y al cabo tan implacable como se cuenta?

A diferencia de los numerosos compañeros de profesión con los que compartía filiación ideológica —bastantes de ellos constantemente vigilados y represaliados, otros apartados de los estudios y forzados a emigrar a otras tierras más permisivas para con la inyección de ideario izquierdista en la industria del cine—, Milestone no vio prácticamente alterada su agenda habitual de trabajo. Suficientemente enterado el todo Hollywood de la radical tendencia política en la que se movía el cineasta, aun haciéndola patente en no pocas de las películas que dirigió —en algunas de ellas, como es el caso de The North Star (La estrella del norte, 1943), de manera ostensible, manifiestamente publicitaria—, Milestone en ningún momento fue incluido en listas infames, jamás dejó de dirigir películas por dicho motivo. Es más, sin formar parte del Olimpo cinematográfico de los directores-estrella, fue bastante respetado en la profesión, llegando a recibir dos Oscar de la Academia de Hollywood al Mejor Director.

Lewis Milestone

Lewis Milestone es conocido y reconocido por la crítica y los historiadores de cine como director de películas de guerra, o por mejor decirlo, de anti-guerra, films pacifistas, de entre los que destaca, por encima de todos, All Quiet on the Western Front (Sin novedad en el frente, 1930), título al que se ve inevitablemente asociado su nombre. No obstante, y así lo sostengo en las páginas que siguen, no es la mencionada cinta, ni tampoco el género bélico mismo, allí donde el cineasta nacido en la Moldavia de la Rusia imperial dejó constancia de su indudable talento cinematográfico; tampoco es, a mi juicio, la mejor muestra de su producción fílmica.

Con gran dominio de la técnica cinematográfica y muy capaz como director de actores, supo moverse con suma destreza en el género dramático, donde dejó firmados títulos memorables: Rain (Lluvia, 1932), sin ir más lejos. Pero además —algo que me interesa destacar en el contexto de este ensayo—, demostró una gran capacidad para desenvolverse en el siempre difícil género de la comedia: Anything Goes (Todo vale, 1936) o Ocean’s Eleven (La cuadrilla de los once, 1960) son una clara evidencia de lo que digo. Sorprendentemente, al reseñar comúnmente la producción del cineasta, apenas es mencionado que Milestone realizó los primeros cometidos en la industria del cine en calidad de gagman (escritor de gags y situaciones cómicas) por encargo de directores bien situados en el stablisment hollywoodiense, como Thomas H. Ince, William A. Seiter, Allan Crosland y Harold Lloyd, entre otros. Añadiré una reflexión más al respecto: fue en el género de aventuras donde, a mi parecer, realizó su mejor trabajo, Kangaroo (La ley del látigo, 1952), un título que, no menos sorpresivamente, pocos críticos e historiadores de cine destacan a la hora de ponderar la filmografía de Milestone.

Consciente o no de sus verdaderas destrezas, la actitud termina por vencer a la aptitud en Milestone. Nada distrae ni altera su decidida preferencia, su orientación.

Insiste y persiste, a la menor ocasión que surja, en la vía del compromiso fílmico, en las películas «con mensaje»; en particular, las que ensalzan la revolución, la insurrección, el motín, la violencia…, inclinación que, en un director tenido por paladín del pacifismo, se le antoja a uno, cuando menos, impresionante. En las páginas aquí reservadas al examen de la bio-filmografía del cineasta ruso-americano, tan agitado como discreto, veremos cómo lo sorprendente y sugerente no siempre es sinónimo de increíble, pasmoso o provocador.

Director a resguardo, francotirador que filma (shoot) películas con disimulo, director de recámara asiduo del género bélico, pacifista y revolucionario, he titulado el capítulo a él destinado en este ensayo, precisamente, «Lewis Milestone, un superviviente en la trinchera».

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Constituye para mí un inmenso placer y un gran motivo de satisfacción ofrecer al lector el primer libro escrito en español que examina la obra cinematográfica de Mervyn LeRoy y de Lewis Milestone, sea en un mismo volumen sea por separado. Así lo he podido comprobar mientras trabajaba en el ensayo, y así lo refleja, para más señas, la Base de Datos de Libros Editados en España (ISBN) en el momento de escribir esta Introducción (noviembre de 2013). Este hecho habla menos de las bondades del autor del presente trabajo que de las manquedades de la industria editorial en español (fuera y dentro de España), por lo que se ve, o por lo que se deja ver, poco atenta e interesada en publicar libros sobre directores de cine clásicos no incluidos en la selecta y canónica lista de los «principales» (venta más o menos garantizada) y por todos conocidos (poco que arriesgar), así como recelosa y asustadiza a la hora de afrontar temáticas «cinematográficamente incorrectas». Sin que ello suponga un descargo para el ámbito editorial español, y para ser justos, debo añadir que la parquedad bibliografíca señalada acerca de LeRoy y Milestone afecta asimismo a las ediciones en inglés, así como al resto de idiomas.

En la presente edición, el lector encontrará, al final de los capítulos centrados en la vida y la obra de los dos cineastas objeto de examen, sus filmografías respectivas, así como la bibliografía básica utilizada en la composición de los mismos. En esta última sección, indico no sólo los textos consultados, sino asimismo las referencias de textos disponibles, siempre según los datos que he podido conseguir tras rastrear en internet las más importantes librerías en todo el globo, sobre Mervyn LeRoy y Lewis Milestone. Como podrá advertirse, la lista resulta desazonadora, aunque no desalentadora, pues si bien no justifica por sí misma la existencia (no diré «necesidad» ni «urgencia») del presente trabajo, al menos no puede calificarse de sobrante y, menos que nada, de redundante. En vez de lamentarse por semejante situación, el propósito de este libro consiste en esforzarse por cubrir dicho vacío editorial, en la medida de las posibilidades y capacidades de su autor.

Sea como fuere, aquí tiene, amable lector, el análisis crítico resultante del visionado de buena parte de las películas dirigidas por Mervyn LeRoy y Lewis Milestone, del cotejo de sus respectivos modos de entender el cine y de mi particular reflexión general sobre la diferencia existente entre el cine de variedades y el cine de trinchera.

 

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