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El Catoblepas, número 128, octubre 2012
  El Catoblepasnúmero 128 • octubre 2012 • página 11
Cine

Prometheus

José Luis Pozo Fajarnés

Antidarwinismo y religión en el último filme de Ridley Scott

Ridley Scott, Prometheus

Ridley Scott acaba de estrenar, a bombo y platillo, una precuela de Alien, el octavo pasajero. Alien, el primer Alien, es una de esas películas que han hecho historia y durante los más de treinta años que hace que se estrenó, muchos de los que asistimos a su estreno no la hemos olvidado, quizá porque la hemos visto varias veces, pero ello no le quita al filme ningún mérito, más bien creo que se lo añade. Alien, el octavo pasajero tuvo tres secuelas dirigidas por distintos directores en todos los casos, y algunas de ellas muy dignas. Me hubiera gustado escribir aquí algo parecido de Prometheus, la que Scott ha estrenado este año, pero no va a ser así, Prometheus me ha defraudado más que otra cosa.

Ridley Scott es uno de esos cineastas que la mayoría de los cinéfilos lo ven como uno de los más grandes de la historia del cine. Tal consideración está justificada si traemos a colación un pequeño número de entre sus filmes los cuales se pueden clasificar como obras maestras. Entre éstos sería casi imposible el desacuerdo si hablamos de la ya mencionada Alien, el octavo pasajero y, por supuesto, de Blade Runner. También hay una serie de trabajos que serían tenidos en cuenta como tales obras maestras por algunos, pero que en consideración de otros muchos no lo serían, es el caso de Los duelistas, de Thelma y Louise, de Gladiator… Las dos primeras películas mencionadas, que hemos considerado como «obras maestras» indiscutibles, son entre sí bastante distintas pese a ser ambas del mismo género, el denominado de «ciencia ficción», que es el género de la que da pie a este comentario cinéfilo –que también quiere ser filosófico– sobre Prometheus y los desvaríos científicos y filosóficos de su director

Una de las diferencias más importantes entre las dos primeras, Alien y Blade Runner, es que en esta última se elabora el guión a partir de la compra de los derechos al autor de la obra literaria, Philip Kindren Dick. No podemos dejar de decir que gracias a la película de Scott, la novela de Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? se convirtió en pocos años en uno de los jalones de la ciencia ficción y su autor fue paralelamente tomando también tal importancia que hoy día podemos afirmar que es el primero entre los autores del género, pese a tener a muchos otros que puedan irle a la zaga{1}. Sin embargo, con Alien, el octavo pasajero se parte directamente de un guión cinematográfico. Pese a ello, tuvo desde que fue estrenada problemas legales, ya que el famosísimo alienígena –de dos bocas y cabeza de calabaza pulida– tuvo su particular juicio de «paternidad» ya que tanto el mismo van Vogt como sus herederos legales consideraron al ver la película de Ridley Scott que el monstruo, que parecía ser un invento fabuloso del guionista, era el mismo monstruo de una de sus novelas. La criatura dibujada en la película se mimetizaba con las descripciones del peregrino y malvado alienígena protagonista de El destructor negro, una ficción científica que van Vogt escribió allá por los años 40.

Como todo el mundo sabe, por la publicidad que de ella se ha hecho, en Prometheus se explica el origen del famosísimo monstruo descrito más arriba y que vimos en su día en Alien, el octavo pasajero. Prometheus ha sido estrenada en España en agosto de este año, tal evento es por tanto el que justifica la crítica que están ustedes leyendo. Con todo, podemos señalar que sabemos que la película a muchos les ha resultado entretenida. Así ha sido para la inmensa mayoría de los seguidores de la saga, aunque también para otros muchos, los nuevos consumidores de cine de ciencia ficción. Al comienzo de la película Ridley Scott nos pone perfectamente en situación, de manera que en los primeros minutos del filme nos presenta su nematología. No pasan ni ocho minutos y ya sabemos las dos tesis fundamentales que van a vertebrar la narración del filme y sin las que el planteamiento posterior no podría entenderse.

· La primera secuencia, que dura unos dos o tres minutos, nos cuenta como un ser muy similar a los humanos, y poco después sabremos que es uno de los que los protagonistas llamarán ingenieros se suicida, se autodestruye. Este ingeniero –de la biotecnología, diríamos en nuestros tiempos– lleva a cabo la acción que va a provocar, en una Tierra en la que no hay vida desarrollada, la evolución de las especies. Este ser, humano o divino, es quien va a provocar el mecanismo que va a llevar a la emergencia de la vida, con su acción –que es la de desmenuzarse para que su ADN corra por las aguas de una Tierra que en el momento que están narrado debemos suponer estéril– va a provoca el surgimiento de la vida y de su futura transformación. Es la explicación que da Scott por tanto de lo que se denomina, frente a las tesis del neodarwinismo, la teoría del «diseño inteligente».

· Justo después de esta escena Scott plantea la segunda tesis: unos arqueólogos encuentran unas pinturas rupestres en las que está expresado un «mapa» que dirigirá un futuro viaje interplanetario. Parece ser que los ingenieros volvieron y a unos hombres prehistóricos, cromañones suponemos hoy, les explicaron de donde venían. Y estos cromañones lo reflejaron en las cuevas a modo de pinturas rupestres.

Ambas tesis son claves para el futuro desarrollo de la película, pero son también por supuesto dos apuestas totalmente controvertidas. Las pinturas descubiertas al comienzo de la película muestran figuras humanas que señalan el cielo estrellado, pero ello es una ficción una falsedad puesto que las pinturas rupestres que hasta ahora han ido apareciendo son, como todo el mundo sabe, mayoritariamente de animales, y las figuras humanas encontradas ninguna muestra extraterrestres sino escenas de caza. Los animales son en todas las pinturas rupestres los protagonistas incuestionables. El hecho de que la película comience por engañarnos en esta cuestión es algo que podría esperarse, pues es eso, ficción, pero como la «ciencia ficción» por norma suele tratar de hablar del futuro partiendo de conocimientos que se tienen por ciertos en el presente, no podemos dejar de expresar aquí la gran falta de rigor que aquí comete Ridley Scott. Al analizar Prometheus desde los parámetros del Materialismo filosófico no se puede calificar más que como un filme religioso. El Materialismo filosófico considera tres géneros de religión y a los animales como las divinidades del primero de estos géneros.{2} Estos dioses animales son los que los hombres pintaban en las cuevas, y los animales, de entre todas las figuras divinas consideradas en de los tres géneros de religión, son las únicas divinidades que van a tener patente de realidad. Esta realidad de los animales considerados divinos hace que tengamos en cuenta la primera fase de la religión como la única religión verdadera. Precisamente por lo dicho, por tener dioses que no son fabulosos sino tangibles, mortales, comestibles… verdaderos.

Las falsas pinturas que nos muestra la película son de hombres, o dioses, que nos visitaron en un tiempo en el que todavía no había vida sobre la Tierra. Toda la vida que va a surgir, cuyo colofón de las transformaciones será el homo sapiens, será según la tesis de Scott efecto de esa visita. La narración que se hace en la película por tanto tiene que ver mucho con lo que Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick nos habían ya contado con 2001, una odisea en el espacio, con la salvedad de que Scott aprovecha las nuevas consideraciones sobre el carácter religioso de las pinturas rupestres y de los lugares en las que éstas se encuentran, los cuales se comienzan a ver ya como «templos» prehistóricos, pero Scott aprovecha estas consideraciones de una forma torticera.

Las ideas sobre la verdad de la religión en sus orígenes están desarrolladas con profusión en al texto de Gustavo Bueno El animal divino,{3} allí se desarrollan por primera vez, dándose razones de las mismas de manera extensa y completa. Tras que esta obra apareciera podemos leer opiniones de paleontólogos que se aproximan a las consideraciones defendidas por Bueno, también podemos acudir a ciertos documentales que consideran estas tesis al menos tangencialmente. El último, el documental que Werner Herzog acaba de estrenar La cueva de los sueños olvidados, y del cual puede leerse una magnífica crítica en Herzog en Chauvet: la cueva de los dioses olvidados,{4} publicado en El Catoblepas por Lino Camprubí. Lo que hace inverosímil a la película de Scott es el hecho de que en el lugar de «los dioses verdaderos», de los animales, él pone divinidades falsas, pone a unos dioses que tienen la misma realidad que puedan tener figuras religiosas definidas por la teología, los ángeles. Hasta hace pocos años la visión occidental no tenía problemas en considerar un cielo lleno de inteligencias no humanas, angelicales. Hoy día sucede lo mismo, pero con inteligencias que tienen la posibilidad de realidad que les brinda la ciencia. Estas inteligencias no humanas son los extraterrestres, tan inteligentes, o seguro que más que los humanos, pero que nadie ha visto –solo algunos iluminados– como sucedía por cierto en otros tiempos con los ángeles.

Los «dioses» de Prometheus son unos seres inteligentes que en su día viajaron a la Tierra, estos fantásticos «creadores» son sin embargo iguales a los humanos. Son seres humanos –los originarios– y tienen el mismo genoma que los seres objetos de su creación. Como más arriba hemos apuntado lo que nos cuenta Scott aquí no se aleja de la explicación de la «creación» de la especie humana que nos dieron en su día Kubrick y Clarke en 2001, una odisea en el espacio, pero con la salvedad de que en los años sesenta, que es cuando se elabora el guión de ésta, la ciencia de la biología no daba ideas a la narrativa de ciencia ficción, fuera ésta contada cinematográficamente o simplemente de forma literaria. Además la hipótesis del diseño inteligente surgirá casi veinte años después de que Kubrick estrenara su película.

El caso es que el hecho de que los extraterrestres y nosotros compartamos genoma es algo que tiene muy poca consistencia y con ello, tal y como lo narra, hace al director partidario de las tesis antidarwinista del «diseño inteligente». La ficción que propone Ridley Scott con Prometheus no es consistente, no es creíble. A mi modo de ver es una propuesta disparatada, aunque teniendo en cuenta que esos disparates entretienen al que va a la sala de cine. Por otra parte, como ya hemos señalado, la película sigue las pautas de los filmes religiosos, los cuales proliferan hoy día y se adaptan a las creencias de la época. Unas creencias que consideran de forma gratuita que existen seres extraterrestres, los cuales parecen ser mucho más inteligentes que nosotros y que un día, temprano, vendrán a visitarnos. Muchos farsantes afirman que tales visitas ya se han dado. Algunos de ellos lo hacen para, aprovechando la debilidad mental de una gran mayorías y enriquecerse así con sus perniciosos desvaríos. Con Prometheus la ficción se hace más rocambolesca si cabe, pues los seres creadores y nosotros somos iguales, de manera que los que ahora estamos en la Tierra se supone que somos una especie de «clones» diseñados por ellos. No nos aclaran, en ningún momento, qué buscaban mediante tal creación, si algo que pudiera relacionarse con la bondad del creador en un principio o con todo lo contrario. Y tal incertidumbre no es una provocación indirecta en el espectador sino que la hace explícita –para más inri– el realizador.

A modo de conclusión debemos decir que la propuesta religiosa de Prometheus queda destruida, como ya señalamos, al ser analizada desde las coordenadas del Materialismo filosófico. Hemos visto que los animales, que son los dioses verdaderos clasificados en la fase primera de la religión, son dejados de lado en el filme. Los dioses que representan las pinturas que importan para la película son seres antropomorfos que señalan un camino estelar que las criaturas creadas podrán en el futuro seguir –en la película vimos al que originó la vida en la Tierra, pero no vemos a los «modelos» que son representados en las cuevas y que les dieron la información de su sistema estelar a los homo sapiens prehistóricos–. Contrariamente a esto, es solo en las religiones de segundo género donde el antropomorfismo tiene relevancia y en las que tales figuras se representan. A las representaciones divinas de hombres de esta segunda fase se les atribuyen rasgos animales, ello lo podemos observar en las representaciones de divinidades egipcias, mesopotámicas, orientales, etc. Como podemos apreciar, la propuesta de Scott no tiene pies ni cabeza pero sin embargo se acepta sin una mínima consideración crítica por parte de la inmensa mayoría de los que acuden a las salas de cine a verla. La causa de que esto sea así es porque la inmensa mayoría del público cree a pies juntillas en la existencia de seres inteligentes fuera de nuestro sistema solar y, por otra parte, ese mismo público está poco versado en las cuestiones de fondo a partir de las que se elaboran las ficciones científicas, sean éstas consistentes o auténticas aberraciones. Estos seres extraterrestres casi todos los ven, como ya hemos señalado, como más inteligentes que nosotros y cuanto más parecidos a nosotros mejor, pues ello hace que se acepten mejor por la mayoría. Como tantas veces apunta el profesor Gustavo Bueno, estos seres extraterrestres tienen la misma credibilidad que los seres angélicos, pese a estar auspiciados por las creencias de muchísimos científicos. Estos seres angélicos son las inteligencias separadas definidas por Aristóteles en su De caelo, y más adelante por otras relevantes figuras de la filosofía escolástica como Santo Tomás o Francisco Suárez. La gran diferencia de los extraterrestres con las inteligencias angélicas, metafísicas, es que los primeros se piensan como corpóreos, como seres materiales. Quizá por eso esta nueva aceptación de inteligencias no humanas, esta religión de extraterrestres, sea aceptada por tantos y tantos, por el hecho de que al hacerlos tan parecidos a nosotros se hacen más comprensibles.{5} En esta última propuesta que nos trae Scott los ingenieros son totalmente iguales a los seres creados.

En fin, que esta película será todo lo entretenida que tenga que ser una película de-las-de-pasar-el-rato, pero sobre lo que nos cuenta en ella Scott hay mucho que decir. pues la película se aleja totalmente de lo que consideramos que es el rigor científico y filosófico. Se opone a la explicación biológica hoy más fuerte, apoyándose en la pseudoreligiosa del diseño inteligente. Y es un filme que a mi entender no merece la pena dado que lo que nos cuenta sobre inteligencias extraterrestres alienta las más vulgares conclusiones de una inmensa mayoría que no se percata de que lo que defiende Scott –como muchos hombres de ciencia, al tener en cuenta la viabilidad del contacto con otros seres inteligentes– es una suerte de religiosidad que ha calado más todavía que cualesquier otras religiones en cualquier tiempo pasado o presente que consideremos.

Notas

{1} Con relación con Blade Runner, solo quiero decir aquí que muchos consideramos que tanto la novela de Dick como la película de Scott –entre las cuales hay marcadas diferencias narrativas– son magníficas. Pero que en la obra de Scott se devalúa lo que Dick nos cuenta. Scott en la versión que reestrenó unos diez años después de hacer la primera –y que como se ha hecho ya habitual entre los éxitos de ciencia ficción denominó versión del director– incide sobre manera en que el policía es un androide. Para la obra de Dick ello es baladí. En mi humilde opinión la película originaria, que no atendía a tal cuestión, era ya un producto definitivo, por lo que Scott no añadió nada más que una discusión vacía, aunque haya sido muy fructífera, por lo que se repite, entre los muchos amantes del género que adoran el filme. Pero que se hable tanto del tema no hace por ello que sea una discusión relevante. El caso es que pese a su irrelevancia, la cuestión de que el policía no fuera humano fue haciéndose la más mentada y Scott ha sabido aprovechar el tirón para darse cierta pompa. Por otra parte me parece también un error el hecho de anular la narración en «off» del policía, la cual le daba a la película original un carácter que la cargaba de clasicismo, de ese clasicismo que tienen las películas narradas de los años cuarenta sobre todo. La versión del director por tanto no mejoró nada el producto final.

{2} Ver enciclopedia Symploke: Religión. También es importante para el tema que estamos tratando situar las figuras angélicas en el marco de lo que se denomina “espacio antropológico”. Gustavo Bueno lo explica de manera diáfana en su conferencia Contra la espiritualidad

{3} Gustavo Bueno, El animal divino, Pentalfa ediciones, Oviedo, 1985

{4} Sobre esta obra es interesante leer el artículo de Lino Camprubí: Herzog en Chauvet: la cueva de los dioses olvidados (El Catoblepas, núm. 125, pág. 1), en el que se pueden observar y atender a las conexiones de la teoría de Bueno con los distintos protagonistas de la disciplina arqueológica.

{5} Como comprensible se hizo el dios cristiano a tantos y tantos –la segunda persona es de carne y hueso, un hombre como nosotros– por el hecho de no ser un dios abstracto como el definido por Aristóteles, de manera que fuese posible la comunicación con él, que fuese posible pedirle, demandarle y también rezarle.

 

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