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El Catoblepas, número 125, julio 2012
  El Catoblepasnúmero 125 • julio 2012 • página 8
polémica

La entelequia anti-genética
o buscar la aguja fuera del pajar indice de la polémica

Sergio Bordel Velasco

En este artículo prosigo el debate abierto a raíz de la conferencia del profesor Marino Pérez Álvarez, pronunciada en el marco de los encuentros sobre finalidad y teleología

entelequia genética

Marino Pérez Álvarez, en su artículo titulado «En entelequia se queda», trata de responder a las críticas a su conferencia, expuestas mi artículo «Entelequia anti-genética». Para ello esgrime tres argumentos cuya inconsistencia muestro a continuación.

1. El matizador discursivo «prácticamente»

Marino Pérez argumenta que su afirmación sobre la inexistencia de diferencias entre los genomas humanos y de los chimpancés no es taxativa sino que está matizada por el adverbio «prácticamente». Tal adverbio significa «en la práctica» y se puede interpretar de dos formas. La primera interpretación es que «es impracticable» o imposible encontrar diferencias, lo cual es falso si nos atenemos a los 29 millones de nucleótidos diferentes que se encontraron de facto, tal y como se puede consultar en la publicación de 2005 en Nature («Initial sequence of the chimpanzee genome and comparison with the human genome», Nature 437:69-87). La frase literal de Marino Pérez («resulta prácticamente imposible encontrar diferencias entre el genoma humano y el del chimpancé») coincide claramente con esta primera interpretación, pero para no centrarnos en la forma sino en el fondo del asunto, vamos a conceder que Marino Pérez en realidad quiere decir que pese a haber diferencias, tales diferencias «prácticamente» no cuentan, o lo que es lo mismo, no tienen implicaciones en la práctica. Lo que habría que preguntar al conferenciante es a qué práctica se refiere. Por el contexto, parece ser que la «práctica» a la que Marino Pérez se refiere es la distinción entre los fenotipos de los humanos y de los chimpancés, o como él dice: los hallazgos de la descripción del genoma no reflejan la diferencia entre el chimpancé y Kant

La afirmación «los hallazgos de la descripción del genoma no reflejan la diferencia entre el chimpancé y Kant» es apoyada por Marino Pérez citando la publicación: Varki, A., y Altheide, T. K. (2005), «Comparing the human and chimpanzee genomes: Searching for needles in a haystack», Genome Research, 15, 17461758. Marino Pérez se expresa en los siguientes términos: «de acuerdo con una referencia en la que el conferenciante se ha basado, esta diferencia en el genoma se describe en neurociencia 'como buscar una aguja en el pajar'.» Es precisamente en el contraste de esta frase de Marino Pérez y el contenido de la publicación a la que hace referencia, donde se revela la absoluta inconsistencia de toda su argumentación. Para poner esto de manifiesto, en los párrafos siguientes hago un breve resumen del contenido del artículo de Varki y Altheide.

Varki y Altheide, repasan a la luz de las diferencias encontradas entre los genomas humanos y del chimpancé (29 millones de nucleótidos si nos fijamos en las substituciones de un solo nucleótido y casi 4 veces más si incluimos las inserciones y deleciones), las posibles mutaciones que son responsables de las diferencias entre ambas especies. Es decir, cuando los autores hacen referencia a una «aguja en un pajar». El pajar, es la enorme cantidad de diferencias genéticas encontradas y la aguja o las agujas, las diferencias responsables de los cambios en el fenotipo entre ambas especies. Esto es algo que cualquiera que consulte la publicación (accesible a través Internet) y lea un poco más allá del título, puede apreciar. No obstante, Marino Pérez parece creer que la aguja son unas diferencias «prácticamente imposibles de encontrar». En cualquier caso, la conclusión de Marino Pérez es que la aguja («la diferencia entre el chimpancé y Kant») está no dentro del pajar (las diferencias en el genoma) sino fuera del pajar («en contextos sociales e interpersonales»).

Aún resulta más sorprendente la posición de Marino Pérez, si tenemos en cuenta que en el artículo en el que dice basarse, en concreto en la tabla 3 de dicho artículo, se hace un amplio inventario de «agujas ya encontradas dentro del pajar». Menciono aquí tres de dichas «agujas» y remito al artículo de Varki y Altheide a quien tenga interés en profundizar más en el tema.

Una de las diferencias entre chimpancés y humanos aparece en el factor de transcripción FOXP2, el cual presenta dos aminoácidos cambiados entre ambas especies. Las mutaciones en FOXP2, cuando aparecen en humanos, producen dispraxia verbal, un desorden que afecta gravemente la capacidad de hablar de quienes lo padecen. Obviamente algo tiene esto que ver con que los chimpancés (a diferencia de Kant), no hablen.

Otra mutación aparece en el gen ASPM, el cual, cuando muta en humanos, provoca microcefalia. A lo mejor esto tiene algo que ver con que el volumen del encéfalo del chimpancé sea menor que el del de Kant.

Otra mutación aparece en el gen COX5A, que está involucrado en la fosforilación oxidativa, la cual suministra la energía en forma de ATP, que entre otros órganos, el cerebro necesita para funcionar. Puede que esto tenga algo que ver con que el cerebro de Kant funciona más rápido que el de los chimpancés.

Me detengo aquí y remito a los lectores al artículo mencionado, cuya lectura es muy interesante para todo aquel a quien, como a Marino Pérez, «el pajar» no le produzca claustrofobia y prefiera salir fuera a buscar la aguja.

2. La falacia lingüística de los pequeños porcentajes

El segundo argumento de Marino Pérez es una re-exposición de su propio modelo de entelequia anti-genética sintetizada en frases como: «La diferencia millonaria, 29 millones de 2.400 millones, es en realidad el 1,23% de diferencia, según los datos del propio comentarista. Uno podría ser millonario en liras italianas y seguir siendo prácticamente pobre.»

Como ya dijimos en el artículo anterior el genoma no es un libro en el que una errata apenas influye en el significado global del texto y por lo tanto los nucleótidos en una secuencia de ADN no son liras italianas. Pongamos el caso de una persona con una mutación en el factor de transcripción FOXP2 y que por lo tanto padece dispraxia verbal. Ahora comparémosla con otra persona con un genoma idéntico pero que carece de esa mutación y por lo tanto no padece dispraxia verbal. La diferencia entre estas dos personas está en un solo nucleótido, que representa un 0,00000003% del genoma. No obstante esa persona afectada de dispraxia verbal probablemente pagaría no millones de liras italianas, sino de euros, por haber nacido con otro nucleótido en la posición en la que tiene mutado el gen FOXP2. Para alguien con dispraxia verbal 0,00000003% es un porcentaje que le cambia la vida y para un chimpancé 1,23% también lo es. Por lo tanto el argumento de los porcentajes pequeños de Marino Pérez Álvarez carece absolutamente de sentido a la hora de aplicarlo a la genética.

Marino Pérez Álvarez dice criticar «la teoría de la información» aplicada a la genética y también dice oponerse a ver en el genoma «el lenguaje de la vida», sin embargo en Marino Pérez hay una clara diferencia entre la posición que dice tomar o que cree tomar (punto de vista «emic») y la que objetivamente toma (punto de vista «etic») al usar la falacia de los bajos porcentajes. Si el genoma fuese un texto, cambiarle un 1,23% de sus caracteres, pese a hacer más pesada su lectura, no cambiaría radicalmente su significado (y eso asumiendo que el lector es un individuo familiarizado con ese idioma y que es capaz de identificar las erratas como tales y sustituirlas mentalmente por la versión correcta). En el genoma, cambiarle al «texto» el 0,00000003% de sus caracteres puede tener consecuencias drásticas en las características de dicho organismo como por ejemplo producirle una dispraxia verbal.

Además de re-exponer su modelo de entelequia anti-genética basado en la falacia de los pequeños porcentajes, Marino Pérez se permite añadir: «Alguien podría ver en este alarde de precisión del comentarista una actitud de prepotencia, pero yo personalmente no lo creo; si lo fuera probablemente utilizaría los átomos que son más en vez de los nucleótidos». A su vez la frase de Marino Pérez es un alarde no ya de prepotencia, sino de ausencia de discernimiento entre lo que son «partes materiales y partes formales».

3. Tics de una perspectiva teleológica materialista

Marino Pérez aboga por que «la investigación y la política científica se interesen en estudiar los «contextos sociales e interpersonales» en los que de hecho viven los humanos. Al menos que se interesen con el mismo entusiasmo y esfuerzos científicos, económicos y políticos que los invertidos en pro de la genética» usando como únicos argumentos de peso la falacia lingüística de los pequeños porcentajes y el título de un artículo que obviamente no ha leído en el que se habla de «una aguja en un pajar» y del cual no ha entendido ni qué es la aguja ni qué es el pajar. Pese a abogar por la investigación de contextos sociales e interpersonales, lo cual equivale a abogar por el ambiente en detrimento de la herencia, el conferenciante dice plantear una «alternativa a la usual consideración hipostática de la genética y del ambiente». Es decir, toma partido por la superación de una disyuntiva al mismo tiempo que opta explícitamente por una de las dos alternativas de tal disyuntiva.

Como supuesta superación de una disyuntiva en la cual ya ha tomado previamente partido, Marino Pérez propone «ejemplos de co-determinación y co-construcción material de materias biofísicas (incluyendo el material genético), conductuales (el antedicho papel trascendental de la conducta de los organismos) y tercio-genéricas relativas a ambientes ('nichos', instituciones, &c.)». Lo cual no es más que una confusa mezcla de tics de materialismo filosófico sazonados con tics de aristotelismo y tics de vitalismo alemán del siglo XIX.

Como dije en el artículo anterior, usando términos, que no tics, propios del materialismo filosófico, y usándolos simplemente por deferencia hacia los lectores y la línea editorial de El Catoblepas, mis críticas están circunscritas a lo que tiene que ver con las diferencias realmente existentes entre los genomas humanos y de los chimpancés. Así que sintiendo mucho decepcionar al furioso conferenciante, me sigo quedando en su primera parte de la conferencia (en el dedo que apunta a la luna como dice él), entre otras cosas porque lejos de apuntar a la luna, ese dedo apunta en la dirección opuesta y porque lo que Marino Pérez llama luna no es más que una maraña asistemática de tics filosóficos que dejaré a otros la ardua tarea de desenmarañar.

 

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