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El Catoblepas, número 86, abril 2009
  El Catoblepasnúmero 86 • abril 2009 • página 6
Desde mi atalaya

La clase obrera conmemora el 1º de Mayo

José María Laso Prieto

Publicado en Aurera. Portavoz del Partido Comunista de Euzkadi,
mayo-junio 1957

Aurera. Portavoz del Partido Comunista de Euzkadi

Como en los años anteriores, el 1º de Mayo de 1957 ha sido conmemorado entusiásticamente en todos los países por la clase obrera. En las naciones del campo socialista que encabeza la Unión Soviética, esta fecha, de tan entrañable significación proletaria, ha servido de acicato para el logro de mejoras económicas y sociales que elevan continuamente el nivel de vida de sus pueblos. En los países capitalistas, las masas populares se han visto estimuladas por ella en la lucha por sus reivindicaciones más vitales; supresión de las pruebas nucleares y prohibición de la fabricación de las armas de destrucción en masa.

Por nuestra parte, en España, hemos podido este año festejar el 1º de Mayo dentro del marco de las condiciones de un fortalecimiento creciente de la clase obrera y de una mayor oposición de nuestro pueblo al régimen, que se desarrolla paralelamente a la gradual debilitación de la Dictadura.

Aunque aún no poseemos detalles completos, todas las informaciones son de que, en las más diversas regiones del país, los trabajadores han celebrado su fiesta tradicional con diferentes actos de carácter político. Han sido muy numerosas las reuniones en que, atendiendo al llamamiento de nuestro Partido, se ha realizado un homenaje a los camaradas que sufren en las prisiones o en el exilio, finalizando con la promesa solemne de luchar sin pausa, hasta conseguir la amnistía.

En Euzkadi, de todos es conocida la gran campaña que en relación al 1 de Mayo han llevado a cabo el Partido Comunista y otros sectores de la opinión antifranquista. Fruto de ello es el que, por primera vez desde hace varios años esta fecha haya tenido entre el pueblo un significado plenamente político. Este significado se ha puesto de relieve de que durante los días inmediatamente anteriores a ella, una gran parte de las conversaciones que se suscitaban en los hogares y centros de trabajo versaban sobre la conmemoración.

En consecuencia, fueron numerosos los grupos de antifranquistas que se concentraron en Archanda y en el rompeolas de Santurce ostensibles sus anhelos de reconciliación nacional y sustitución pacífica del régimen. Sin embargo, para ser consecuentes con la objetividad que nos caracteriza, debemos reconocer que el número de asistentes a las mencionadas concentraciones fue indudablemente inferior al que cabía esperar, dado el profundo sentimiento antifranquista existente en el pueblo vasco. Si bien en ello influyo el que, dadas las desfavorables condiciones atmosféricas de los días anteriores, no se podían abrigar esperanzas de que el terreno estuviese adecuado para, tal como se tenía previsto pasar un día en el campo. Consideramos que un factor que jugó un papel importante en el resultado, fue el hecho de que muchos camaradas de las organizaciones de base, lo confían todo a la distribución puramente mecánica de la propaganda, descuidando un elemento tan importante como es la agitación verbal en talleres, fábricas y demás centros de reunión de los trabajadores.

De esta experiencia debemos deducir la necesidad de superar las limitaciones de un trabajo artesano de la índole mencionada. La tarea es más urgente cuanto que los comunistas tenemos que afrontar diariamente la labor de acelerar el resquebrajamiento de la Dictadura, ya que al hacerlo así hará factible a corto plazo el restablecimiento de la democracia en nuestra patria y la reconciliación nacional de los españoles. En este sentido las esperanzas son cada vez más favorables. El franquismo, pese a sus vergonzosas maniobras no puede ampliar la exigua base social que lo sustenta. Por otra parte, es cada vez más numeroso el núcleo de opinión que coincide con el Partido Comunista en la necesidad de que, se constituya un gobierno liberal de diversas tendencias que sirva de transición para una normalización de la vida política de la nación. En la actualidad, para activar ese proceso, debemos esforzarnos por encauzar el descontento general.

 

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