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El Catoblepas, número 69, noviembre 2007
  El Catoblepasnúmero 69 • noviembre 2007 • página 11
Artículos

La Paz de la Victoria: de la Paz franquista a la Victoria del nacionalismo fraccionario en España

Antonio Romero Ysern

Dos ejemplos referidos a la paz que se produce en España como consecuencia de la victoria del llamado bando nacional en la Guerra Civil

«Media historia universal, cuando menos, viene a ser la historia de la guerra. No se ha logrado con ello ni siquiera limpiar de contradicciones la actitud del hombre normal ante la guerra. Todos la aborrecemos y todos gloriamos la victoria. Habrá algunos fanáticos de la paz o de la guerra que amen la paz y aborrezcan la victoria; otros que amen la victoria y menosprecien la paz. Serán siempre seres excepcionales. Los demás veneramos igualmente la paz y la victoria. Y lo que sucede a los individuos acontece a los pueblos. Cuanto más pacifistas, y nunca lo fueron tanto como ahora, mayores ejércitos preparan, y jamás fueron más potentes que los de hoy en día.» (Ramiro de Maeztu, El espíritu y el poder, Acción Española, abril de 1936)

«Periódico La Hora de Asturias: –¿Qué es la paz? Gustavo Bueno: –La guerra es la perturbación de un orden y la guerra quiere volver a poner el orden, pero es el orden del victorioso, es la paz de la victoria, si no hay victoria no hay paz, una paz si no tiene vencedores ni vencidos es otra cosa. La paz es la paz de la victoria. Entonces la paz en el País Vasco sería el orden y este orden está perturbado por la ETA que quiere separarse y la paz para la ETA, para los separatistas y para el PNV es la paz de la independencia de Euskadi y la paz para España es la paz de España, son dos realidades contradictorias.» (entrevista del 26 de febrero de 2007).

El objetivo de este artículo es, en primer lugar, ilustrar, mediante dos ejemplos, la tesis que Gustavo Bueno ha defendido, principalmente, en el epígrafe cuarto de la primera parte (La Idea de Guerra) de La vuelta a la caverna. Terrorismo, Guerra y Globalización, titulado La paz como objetivo final de la Guerra:

«La Paz no busca la Guerra, a lo sumo, la encuentra; pero la Guerra si busca la Paz, es decir la Victoria, el conseguimiento del orden victorioso, que no es otra cosa sino el orden establecido por el vencedor dentro de sus posibilidades de moldeamiento de los vencidos.»{1}

Nuestros dos ejemplos tienen en común el estar referidos a la paz que se produce en España como consecuencia de la victoria del llamado bando nacional en la Guerra Civil (1936-1939).

Nuestro segundo propósito es mostrar como esta «Paz franquista» se transforma en la actual «Paz democrática»: Un proceso dialéctico, de catábasis, por el cual, determinadas líneas del propio franquismo y de la oposición al mismo, confluyen. Pero esa confluencia supone que el paso de una a otra Paz (de la «Paz franquista» a la «Paz democrática») es, finalmente, por el momento, la Victoria del nacionalismo fraccionario en España.

Paz política, paz ética, paz poética

La Paz es el objetivo final de la Guerra, entendiendo la Paz como Paz política. Esta tesis del materialismo filosófico no es, por otra parte, sino la tesis de Aristóteles: «La guerra existe en vistas de la paz» (polemon men eirenes jarin) (Política, 1333b30). La Paz política se diferencia de una Paz puramente negativa, sin objetivos positivos definidos, que consiste simplemente en la negación de la Guerra, el cese de las hostilidades.

Si esos objetivos están definidos, pero no desde la política, sino desde la ética, hablamos de una Paz ética. Pero el eticismo al analizar la Guerra y la Paz desde una perspectiva exclusivamente ética, entraña tal simplismo, tal ocultación de contradicciones objetivas, que solo puede ser entendido como un fenómeno ideológico de falsa conciencia, el fenómeno que ha sido diagnosticado como Síndrome del Pacifismo Fundamentalista.

Por su indefinición política, la Paz ética es una forma de la Paz poética, la Paz expuesta por fray Luis de León en De los nombres de Cristo o la Paz cantada en la sede central de la ONU, presididos por Kofi Annan, a raíz del atentado del 19 de agosto de 2003 contra la sede de la ONU en Bagdad, entonando la canción Imagine de Juan Lennon. Es la paz del «haz el amor y no la guerra», pero también la Paz evangélica, celestial, propia de quienes viven en un Reino que no es de este mundo. Por ejemplo, la Paz del Papa Juan Pablo II, cuando en su discurso al cuerpo diplomático, en enero de 2003, también se sumaba a la exclamación «No a la Guerra», apelando al «derecho internacional, el diálogo leal, la solidaridad entre los Estados, el ejercicio tan noble de la diplomacia», para, a continuación referirse expresamente a «la amenaza de una guerra que podría recaer sobre las poblaciones de Irak, tierra de los profetas, poblaciones ya extenuadas por más de doce años de embargo».

Eduardo Hicks (1780-1849) El Reino de la Paz
La serie de pinturas «El Reino de la Paz» del pintor naif y pastor cuáquero yanqui Eduardo Hicks (1780-1849), que pretendían ilustrar el versículo 11:6 de Isaías: «El lobo habitará con el cordero, la pantera se acostará junto al cabrito; ternero y leoncillo pacerán juntos, un chiquillo los podrá cuidar» representan muy bien la ingenuidad de la paz evangélica y poética.

Ahora bien, insiste Gustavo Bueno, la Paz política:

«(...) es la paz que sigue a la Victoria, y con ella a la consolidación del orden que el Estado vencedor considera mejor o «más racional», tomando como criterio su propia eutaxia»{2}

En los ejemplos con los que vamos a ilustrar esta tesis del materialismo filosófico se da la circunstancia especial de que se trata de una Paz y una Victoria resultado de una guerra civil, la española de 1936 a 1939. Como tal guerra civil, la situación con la que nos encontramos dentro de los diferentes géneros de guerra es la de un caso límite{3}, en la medida en que no habría sino un solo Estado en guerra. Bueno, sin embargo, pone como ejemplo la Guerra Civil española de de 1936 para ilustrar la tesis de cómo estas guerras de género cuatro (las guerras civiles) pueden ser más propiamente llamadas guerras en la medida en que, de forma más o menos larvada, detrás de cada bando se encuentran terceras potencias. Por tanto, creemos que la tesis de que, en la guerra, la paz es la paz de la victoria, puede ser también aplicada a los casos de guerras civiles, en general, o, al menos, de la Guerra Civil española de 1936.

Franco mantiene la paz de Espaņa
Cartel del llamado bando nacional durante la Guerra Civil española de 1936

A fortiori, también cabe resaltar que, respecto a la Idea de Paz, el propio Bueno contempla como «(...) Por extensión, llamamos también Paz al orden interior de cada Estado, cuando sus partes coexisten al margen de una guerra civil»{4}. Además, en el caso de la Guerra Civil española podemos encontrar numeras circunstancias que quizás nos permitirían hablar, en determinados momentos de la guerra, de dos Estados diferenciados. Desde muy pronto el bando acaudillado por Franco tiene un control efectivo sobre territorios muy amplios y cuenta con un ejecutivo propio, organizado en once ministerios, desde principios de 1938, recibiendo ya Franco, como jefe de Estado, en Salamanca a diplomáticos extranjeros, entre ellos un agente británico A partir del 27 de agosto de 1938 se establece un Tribunal Supremo diferente al del bando llamado republicano. El dinero de curso legal era diferente en cada zona: en agosto de 1938 el Gobierno de Burgos prohíbe la tenencia de dinero del otro bando, aunque se contaba con dinero propio desde marzo de 1937. 

Primera ilustración: la Hermandad de la Paz en Sevilla

No sabemos en qué Paz estarán pensando los espectadores que vean en Sevilla la primera Hermandad que sale a la calle en la Semana Santa, el Domingo de Ramos, la «Real y Fervorosa Hermandad Sacramental del Señor San Sebastián y Nuestra Señora del Prado y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y María Santísima de la Paz», conocida popularmente como «La Paz». Es posible que algunos de ellos, más o menos piadosos, participasen en su día en aquellas manifestaciones «por la Paz» y el «no a la Guerra», a raíz de la segunda Guerra del Golfo. « ¡No a la guerra!», exclamaba también el Papa en enero de aquel año, en su discurso al cuerpo diplomático, en el cuál se preguntaba: «Y, ¿qué decir de la amenaza de una guerra que podría recaer sobre las poblaciones de Irak, tierra de los profetas, poblaciones ya extenuadas por más de doce años de embargo?», aconsejando para evitarla «buena voluntad» y «confianza en el otro». También los obispos españoles se pronunciaron en febrero, en un sentido parecido, aclarando, además, como la Paz procede, en último término, de «la vuelta de toda la persona a Dios, a Jesucristo. Él es nuestra paz (Ef  2, 14)».  

Algunos de esos espectadores, más o menos devotos, (de izquierda, de derecha, o de centro reformista), verán reconfortada su «ansia infinita de Paz» en presencia de la imagen de esta advocación mariana, quizás sin reparar, a su vez, en la relación con el nombre de la imagen que la precede, «Nuestro Padre Jesús de la Victoria». Sin reparar, desde su ortograma pacifista, en el hecho de que, alegóricamente representadas, la Paz vaya justo detrás de la Victoria. Quizás porque desconozcan que esta cofradía se funda en Sevilla en 1939 por un grupo de militares ex-combatientes de la Guerra Española. Así lo explica la página de la cofradía sevillana:

«Los sufrimientos de la recién terminada Guerra Civil y los deseos de que nunca más se repitieran están en el origen de la Hermandad de la Paz.
Nos situamos en la Sevilla de 1939. La Guerra Civil española ha terminado el 1 de Abril. Ese año la Semana Santa se celebra con todo su esplendor ya que a Sevilla hacía tiempo que había llegado la paz y la ciudad era considerada como retaguardia.
En Sevilla, en la primavera del 39 se vivía intensamente «el año de la Victoria». Durante el mes de abril, el Jefe del Estado, Francisco Franco visitaba nuestra ciudad siendo aclamado por la multitud. Se celebraba en la Avenida de la Palmera el «Desfile de la Victoria», y la Virgen de los Reyes el 16 de abril, y el Gran Poder el 2 de mayo salen en procesión para dar gracias por el fin de la guerra.
En la primavera del 39, toma posesión como Arzobispo de Sevilla el Cardenal Pedro Segura, un hombre de recio carácter y temperamento. Rápidamente afirmó sus criterios en lo litúrgico y en lo profano. El Gobierno de Franco halló en él un aliado perfecto para que a través de la piedad popular reconvirtiera la Sevilla marxista de 1936 en la Sevilla cristiana de la Posguerra.
En este ambiente de euforia por la llegada de la paz y de énfasis religioso se funda la Hermandad de la Paz.»

Lo cierto es que por muchas comillas que la Hermandad quiera colocar a «el año de la Victoria», esa Paz era, efectivamente, resultado de la Victoria...de la victoria del bando acaudillado por Francisco Franco. Paz, por cierto, que hacia posible que se celebrara la Semana Santa, «con todo su esplendor», a diferencia de pasadas ocasiones de anticlericalismo e iconoclastia.

Ni nos parece bien ni nos parece mal esta Paz resultado de esa Victoria. Solo constatamos que la Paz es resultado de la Victoria, en este caso de la Victoria franquista. Esta, la Paz de la Victoria, es la única realmente existente, frente a la Paz poética. Por ejemplo, respecto a la victoria franquista, la expresada, desde la viscosa ideología pacifista de la farándula socialdemócrata por el cómico Fernando Fernán-Gómez en su obra teatral Las bicicletas son para el verano.

La obra se desarrolla entre justo antes del comienzo de la Guerra Civil y justo después. Cuando la obra está terminando, en el Epílogo de la obra, el personaje de Luis, ante el anuncio de su padre de que puede ser encarcelado, afirma: Hay que ver...Con lo contenta que estaba mamá porque había llegado la paz... A lo que el padre, Don Luis, responde: Pero no ha llegado la paz, Luisito: ha llegado la Victoria{5} (...). La Paz de la Victoria queda así contrapuesta, en esta obra, a la «Paz cojonuda» la paz que el personaje anarquista, Anselmo, había predicho para el futuro, mientras aun duraba la guerra, la paz en la que se terminaría con «explotadores y explotados»{6}.

Segunda ilustración: la celebración franquista de los «25 años de Paz»

Sellos conmemorativos de los 25 años de Paz franquista
Sellos conmemorativos de los 25 años de Paz franquista

Un cuarto de siglo más tarde de nuestra primera ilustración, en 1964, el régimen de Franco celebra precisamente, por todo lo alto, los «25 años de Paz». No solo han quedado atrás la segunda guerra mundial y los años de la autarquía, sino que, ya desde 1953. España había firmado un Convenio Militar con Estados Unidos y un Concordato con la Santa Sede y, dos años más tarde, se había producido el ingreso de España en la ONU. Desde 1957, la entrada del Opus Dei en el gobierno implicó un duro Plan de Estabilización conforme a las directrices del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), se liberalizó la economía, se recortó el gasto público, se abrió la economía al exterior, se devaluó la moneda y se facilitaron las inversiones extranjeras. La consecuencia fue que, a partir de 1961, se precipitó el crecimiento económico. Las inversiones extranjeras llegaron atraídas por los costes laborales reducidos. El desarrollo acabó con el paro. Se desencadenó la emigración desde las zonas rurales hacia las zonas industriales españolas y de otros países de Europa.

Francisco Franco en el desfile de los «25 años de PazLa celebración de los «25 años de Paz» corrió a cargo de Manuel Fraga Iribarne, Ministro de Información y Turismo desde 1962 y hasta 1969, autor de la ley de prensa e imprenta de 1966, que suaviza la Ley anterior de 1936, eliminando la censura previa, pero, sobre todo promotor del turismo, que se convierte en el principal elemento de la economía nacional.

Uno de los relatos{7} más relevantes para el estudio de esta celebración es la película documental «Franco, ese hombre», dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, el director de Raza, película sobre la que ha realizado un estudio comparativo de sus dos versiones –de 1941 y 1950– Raúl Angulo Díaz{8}. En sus rótulos iniciales podemos leer: «Producción patrocinada por la Junta interministerial conmemoradora de los XXV años de la Paz española». El guión era del propio Sáenz de Heredia y de José María Sánchez Silva (escritor infantil, conocido sobre todo por su relato «Marcelino Pan y Vino»). En sus primeros minutos se narra los preámbulos del desfile militar que celebró esos veinticinco años de Paz, desfile que, se dice, «habla de Paz y de Victoria, pero de una victoria diferente y más difícil que la de las armas, de una victoria total en la que no hay dolor de derrotados, en la que cabe el gozo de todos. Es la Victoria de la Paz, aspiración antigua y suprema de los hombres que quieren vivir y trabajar hermanados como Dios manda». Después, aparece Franco, «hombre que ha sabido forjar veinticinco años de Paz», «el hombre que ganó la Guerra, ganó también la Paz».

Clérigos y comunistas cuestionan los veinticinco años de Paz

El 14 de noviembre de 1963, el fraile benedictino Aurelio M. Escarré, (« Dom Escarré»), abad de Montserrat declara en Le Monde: «no tenemos tras de nosotros 25 años de paz, sino 25 años de victoria» y que la persistencia de presos políticos en las cárceles franquistas era demostración palpable de que la paz era una paz falsa, inexistente.

Por Dios hacia el ImperioDesde algunos sectores del catolicismo español, veinticinco años después de que, en aquella cofradía sevillana, se asociara, tan lúcidamente, Paz y Victoria, el abad de Montserrat contraponía de modo absolutamente metafísico, esas dos ideas, como si la Paz de Franco no fuera precisamente resultado de su Victoria. Y como si la persistencia de presos políticos no fuera, a su vez, muestra de esa misma Victoria.

Más sorprendente aún es la metafísica contraposición de Paz y Victoria del Abad de Montserrat si sabemos que en la fotografía superior podemos verle aceptando la llave de la Cripta y «prometiendo guardar celosamente el gran tesoro de amor a la "Moreneta" de los 316 requetés que vivieron y murieron invocándola»{9}.

El Tercio y la MorenetaEn esta otra foto, del uno de mayo de 1963 (pocos meses antes de la celebración de los veinticinco años de Paz), podemos ver como, el día de la inauguración del Monumento, los excombatientes del Tercio de Montserrat trasladan procesionalmente la imagen de la «Moreneta» (¿quizás una de la más claras «señas de identidad» de la «cultura catalana»?) al altar de la cripta. El Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat fue una de las Milicias Carlistas que se encuadraron en el bando franquista durante la Guerra Civil Española 1936-1939, pero con la peculiaridad de que estuvo constituida casi exclusivamente por catalanes evadidos de la zona controlada por el gobierno revolucionario del Frente Popular. Hecho este, por cierto, imposible de digerir por los ortogramas del secesionismo catalán que presentan la Guerra Civil ideológicamente como una guerra de España contra Cataluña. De manera semejante, por cierto, a como se interpreta la Guerra de Sucesión entre partidarios de los Borbones y de los Austrias, y que da lugar, desde 1980, a la celebración desde entonces, cada 11 de septiembre, del «Día Nacional de Cataluña».

En relación con esa ideología del secesionismo catalán, en aquella ocasión en la que fray Escarré disociaba en Le Monde Paz y Victoria, como si el Tercio de Montserrat hubiera sido un grupo de excursionistas catalanes, el fraile benedictino aprovechaba también para declarar que el Régimen obstaculizaba el «desarrollo de la cultura catalana», para después explicar:

«En gran mayoría, no somos los catalanes separatistas. Cataluña es una nación entre las nacionalidades españolas. Tenemos derecho, como cualquier otra minoría, a nuestra cultura, a nuestra historia, a nuestras costumbres, que tienen su personalidad en el seno de España. Somos españoles, no castellanos.»{10}

Pero aquel 1964 no solo anticipaba los derroteros de la derecha neofeudalista en España, sino también el progresivo desvarío de las izquierdas respecto a la idea de España. En este caso, de la quinta generación de las izquierdas, puesto que el artículo al que vamos a referirnos se encuentra en Nuestra Bandera, órgano teórico del Partido Comunista de España, concretamente en el número 39 de abril de 1964. El artículo se hace eco de la entrevista en Le Monde de fray Escarré y lo enmarca dentro del «desarrollo nacional de Cataluña». El Partido Socialista Unificado de Cataluña, informa también el artículo, «comparte plenamente estas opiniones del Abad de Montserrat».

«El Abad ha recibido más de 5.000 adhesiones personales por escrito, entre las que destaca la carta firmada por 407 sacerdotes catalanes que se hacen totalmente solidarios de su toma de posición», sigue diciendo Nuestra Bandera. En esa solidaridad se encontraría también, según nos informa el órgano del PCE, la sociedad «Omnium Cultural{11}». Solidarios frente a quién, preguntaríamos hoy nosotros. Solidarios frente al franquismo, pensaba el PCE en 1964, que defendía en ese escrito el derecho de autodeterminación de Cataluña, las Vascongadas y Galicia. Solidarios frente a España, sabemos ya en 2007.

El PCE tenía la lucidez aún, en 1964, de ver, en el «catalanismo» de ese momento, «limitados intereses de clase», pero también la confusión de ideas suficiente como para ver el «movimiento nacional catalán» como «profundamente antifranquista y auténticamente democrático». Posiblemente fuera democrático, ni entonces ni ahora importa eso, pero su antifranquismo era circunstancial, porque lo que era, y sigue siendo, ese movimiento es profundamente anti-español.

Igual de poco lúcido se mostraba Nuestra Bandera al analizar la celebración en Barcelona de los «25 años de Paz» con barretinas, sardanas y coros como una «mascarada» y no más bien como parte de un proceso, como lo será a finales del franquismo la incorporación de las lenguas nativas en los programas de los Centros de Educación Preescolar y General Básica.

Pero no hubo que esperar a un momento tan tardío del franquismo. En las Vascongadas, a partir de 1957 aparecen las ikastolas, escuelas que enseñan exclusivamente en vascuence. Entre los años 1960 y 1975 se crearán 160 ikastolas. En el curso 1974-5, había casi veintisiete mil alumnos escolarizados en este sistema de educación neofeudal promovido por el franquismo. En nuestros días, el neofranquismo en internet hace gala de cómo, durante la Dictadura «El folklore regional no sólo pudo manifestarse libremente, sino que incluso fue potenciado (como el de toda España) por la espléndida labor de los Coros y Danzas de la Sección Femenina». En esta misma página en internet se puede leer todos los detalles del «regionalismo» de los que presume el neofranquismo en la Red, acompañados de la pueril aclaración de que, eso sí, «no se toleraba la politización de tales manifestaciones y, menos aún, su interpretación separatista».

Jesús Laínz, en Adiós, España. Verdad y mentira de los nacionalismos, ofrece una panorámica muy clarificadora de los nacionalismos durante la Dictadura{12} que, a nuestro juicio, queda muy bien resumida en estas líneas:

«Sobre todo pasados los ardores de los primeros años tras la guerra, el cultivo de todas las lenguas de la península no fue solo posible, sino que incluso fue promovido, pues a pesar del recelo que se siguió experimentando hacia las lenguas que en mayor o menor grado habían sido identificadas con los nacionalismos vencidos en el 39, volvió la derecha española a su tradicional postura de respeto y potenciación de unas lenguas que, al fin y al cabo, eran parte muy principal de la tradicional cultural española. Aunque también es cierto que, al menos como conducta individual de algunos personajes del régimen, siempre pervivió cierto recelo a que se pudiera utilizar la variedad lingüística española como excusa para la agitación nacionalista soterrada. Y aunque en teoría no deja de ser un dislate por no tener las lenguas carga ideológica alguna, en la práctica resultó ser efectivamente así, pues los nacionalismos vasco y catalán, en la ilegalidad, se refugiaron en las actividades lingüísticos para mantener vivo su fuego sagrado.»

En la celebración de los «25 años de Paz», el PCE denunciaba actos de terrorismo de un «movimiento jonsista» contra «juventudes católicas, de carácter catalán», viendo en esos atentados «la clase de paz que era el franquismo». En 2007, nosotros diríamos que la misma clase «25 años de Paz» que celebró el régimen en el que se metamorfoseó el franquismo. La Paz en la que los movimientos secesionistas en España, promovidos por el clero y las oligarquías catalanas y vascas, ha seguido, con total continuidad en todo ese largo periodo histórico de Paz, franquista y posfranquista, carcomiendo la unidad y, sobre todo, la identidad de España.

Tercio de Montserrat, baila la Sardana
En plena Guerra Civil, en tierras abulenses,
el Tercio de Montserrat, baila la Sardana...

...y hace los tradicionales «castells»
...y hace los tradicionales «castells»

La última fase de esa larga Paz, contra la unidad y la identidad de España, ha estado marcada por el gobierno del presidente Rodríguez Zapatero, llegado al poder en las extrañas circunstancias de los atentados en Madrid del 11 de marzo. Zapatero, desde su «ansia infinita de Paz», ha promovido la negociación con la banda terrorista ETA. ETA, recordemos las palabras de Gustavo Bueno con las que comenzábamos, también quiere la Paz: la Paz de la independencia de las Vascongadas y Navarra, y, solidariamente, de Cataluña.

Frente a esa Paz, la Nación española se ha movilizado en múltiples manifestaciones, concentraciones y reuniones, promovidas por diversas asociaciones, como la Fundación para la Defensa de la Nación española. En la última de esas manifestaciones, el 10 de marzo de 2007, en un mar de banderas españolas, pude escuchar del líder del Partido Popular estas palabras: «ETA no quiere la paz. Busca la victoria. Ha descubierto un Gobierno débil y quiere aprovechar la ocasión». Se equivocaba Mariano Rajoy porque ETA sí quiere la Paz...la Paz de su Victoria.

Frente a esa Paz, concluimos preguntándonos con Gustavo Bueno:

«Y otra gran cuestión interrogante se nos plantea aquí: la secesión, aunque no sea más que por lo que tiene de expolio y de saqueo, ¿podría tener lugar pacíficamente? ¿Acaso cabe esperar que los españoles permanezcan cruzados de brazos ante el espectáculo ofrecido por unos individuos que, avalados por pactos y convenios burocráticos, semiclandestinos, se disponen a apropiarse de un patrimonio en el que todos tienen parte y parte irrenunciable? ¿Hasta tal punto se habrá enfriado la sangre de los españoles que nadie esté dispuesto a perder ni una gota en el forcejeo con los expoliadores?»{13}

Notas

{1} Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna. Terrorismo, Guerra y Globalización, Ediciones B, Barcelona 2004, pág. 80.

{2} Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna, pág. 86.

{3} Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna, pág. 112.

{4} Gustavo Bueno, La vuelta a la caverna, pág. 80.

{5} Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, Vicens-Vives, Barcelona 1996, pág. 169.

{6} Ídem, pág. 111

{7} Gustavo Bueno, Reliquias y relatos: construcción del concepto de «Historia fenoménica», El Basilisco, 1ª época, nº 1, 1978, páginas 5-16.

{8} Raul Angulo Díaz, Dos versiones de Raza, El Catoblepas, nº 44, pág. 14

{9} Fotos y pies de fotos obtenidos de http://elmontserrat.1936-1939.com/galerias.htm

{10} En el verano de 2006, también era noticia el abad de Montserrat, Jose M. Soler por criticar duramente a los obispos, ya que para fray Soler la defensa de la unidad de España nada tiene que ver con la religión. A juicio del abad, "un sector de la jerarquía católica tiene nostalgia del nacionalcatolicismo, sobre todo en ciertos círculos de la Conferencia Episcopal (...)”. Fray Soler probablemente consideraría que nada tiene que ver con el «nacionalcatolicismo» el trato fiscal especial a la Fundación Abadía de Montserrat, que permite deducir el 25% en la declaración del IRPF de las aportaciones empresariales que percibe y un presupuesto de más de 30 millones de euros, opulentamente engrosados por la Generalidad catalana.

{11} Omnium Cultural también se beneficia en la actualidad de generosas subvenciones de la Generalidad de Cataluña y se ha destacado, claro, no solo por el apoyo al nuevo Estatuto secesionista de Cataluña, sino, por ejemplo, por una campaña para boicotear los productos no etiquetados en catalán. Con sus propias palabras: «(...) El catalán siempre ha de aparecer, en primer lugar y en situación preferente, como la lengua propia de los Países Catalanes [sic], un mercado de 11 millones de potenciales consumidores que comienzan a exigir sus derechos como ciudadanos libres. Por tanto, a partir de ahora, y de forma progresiva, los miembros de las entidades impulsoras de la Organización de Consumidores y Usuarios en Lengua Catalana fomentaremos la compra exclusiva de aquellos productos que incorporan el catalán en el etiquetado y en la publicidad, y promoveremos un boicot activo con aquellas empresas y productos que no cumplan con estos mínimos requisitos lingüísticos.»

{12} Jesús Laínz, Adiós, España. Verdad y mentira de los nacionalismos, Ediciones Encuentro, Madrid 2004 (capítulo 9, Franquismo y nacionalismos, especialmente las páginas 297-310). En El Catoblepas, nº 36, página 23, puede leerse, así mismo, un comentario de este libro, y sus presentaciones en Oviedo y Murcia, de Antonio Muñoz Ballesta: ¿Adiós España?

{13} Gustavo Bueno, España no es un Mito, Temas de Hoy, Madrid 2005, págs. 123-124.

 

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