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El Catoblepas, número 66, agosto 2007
  El Catoblepasnúmero 66 • agosto 2007 • página 4
Los días terrenales

Sobre el libro
La mafia nos robó la presidencia

Ismael Carvallo Robledo

Texto leído por el autor en un programa radiofónico sobre La mafia nos robó la presidencia (Grijalbo, México 2007), el libro con el que Andrés Manuel López Obrador, al tiempo de dar cuenta de su biografía, lo hace también de la dialéctica histórica que terminó situándolo en el epicentro político de la vida pública nacional, haciendo de él uno de los líderes más importantes y excepcionales del México de fin de siglo

Se trata de un libro imprescindible para todo aquél que quiera encontrar las claves que definen la trayectoria de lucha política de Andrés Manuel López Obrador, un hombre a quien, sin temor a equivocarnos, podemos considerar como uno de los líderes políticos más importantes que en México ha habido durante el siglo que acaba de terminar.

Con un estilo sencillo, franco, honesto, y abordando de su biografía tan solo lo estrictamente requerido (remito aquí a los motivos por los que José Revueltas titula sus memorias, precisamente, Las evocaciones requeridas), Andrés Manuel da cuenta de las razones que marcan su vida y que lo impulsan desde muy joven a luchar por la transformación política y social de México. Estamos ante el testimonio de alguien que en modo alguno es un improvisado, ni que tampoco es un ambicioso y mediocre político, de esos que andan diciendo por todos lados que «les gusta mucho la política» (si a alguien le es dado cruzarse con personas de esta estirpe, temblad, querido amigo, temblad).

No, estamos ante alguien en cuya vida se resume de modo excepcional, la fuerza, la franqueza y la pasión de un líder social, con la astucia, la templanza y el equilibrio de un gobernante. Cuando te encuentras con alguien así, estás sin duda frente a un gran líder político.

De la influencia de sus padres y maestros en Tabasco, a sus días como estudiante de Ciencias Políticas en la UNAM, pasando por la influencia que sobre él ejerció el gran poeta mexicano Carlos Pellicer, y su admiración por quien, según nos dice, es la figura internacional que más admira: Salvador Allende, histórico presidente socialista de Chile contra quien se organizó, por parte de la derecha chilena, el abyecto golpe de estado de Septiembre del 73, instalando una de las dictaduras más hostiles y crudas de toda Iberoamérica, y que desembocó, el día mismo del golpe, en el suicido de Allende, Andrés Manuel López Obrador nos ofrece con claridad, y sin vanidad alguna, el cuadro de una vida sencilla, austera y de auténtica preocupación por la vida de su pueblo y por el rumbo y destino histórico de la república.

El libro se divide en cuatro partes: Tabasco y otras cosas es la primera; El partido es la segunda; Gobierno es la número tres, y La República la cuarta. En una ocasión en la que, junto con otros amigos, me fue posible estar cerca de él y conversar un poco, Andrés Manuel nos decía que siempre había querido ser historiador; pues bien, la ordenación de este libro nos permite observar la claridad de historiador con la que nos presenta en perspectiva general, y sin perderse en detalles innecesarios, la ruta firme de su vida y la forma en que ésta se incrusta en el devenir objetivo, en la dialéctica de la historia del país.

Las partes en que consigna los pormenores del período del desafuero, de la crisis postelectoral, del plantón y de la organización de la resistencia civil, producen el estremecimiento de todos quienes estuvimos ahí, y nos hace rememorar los intensos e inolvidables momentos que hacen de la Lucha Política –con mayúsculas– una empresa noble que, al serlo, queda marcada por la severidad. A mí, por lo menos, me hizo recordar aquella frase lúcida y genial de André Malraux, una de las figuras que con mayor potencia gravitan sobre mi persona, que dice: no siempre en la vida se tiene la suerte de combatir.

En la página 259, tengo subrayado lo que a mi juicio encierra la clave tanto de la vida de Andrés Manuel (pareciera que toda ella estaba destinada a encontrar su cima en ese momento) como del gran movimiento político que encabeza. Se trata del discurso de la asamblea informativa que en el Zócalo dio el domingo 13 de agosto de 2006; ahí, puso los puntos sobre las íes, y dice:

‘¡Hasta aquí! ¡Se acabó la República simulada! ¡Nunca más la violación a los principios que garantizan el interés general, el interés del pueblo! Aquí y ahora comenzará, está comenzando, una etapa nueva de la vida pública de México.’

En estas frases se encierra el más alto sentido de todo. Esto es lo que muchos no han entendido, acaso porque no quieren, acaso porque no pueden, o acaso porque no los dejan.

Hablando con un amigo, comentábamos el modo tan sencillo en que Andrés Manuel explica la política y el modo en que plantea los pasos decisivos para acometer una profunda transformación de la república. Lo sorprendente de todo, es que, una vez que lo hemos visto actuar como gobernante y como líder político, sin doctorados en el extranjero, prescindiendo de las bizantinas discusiones «en comisión» de todo tipo (sobre la Reforma del Estado, sobre la «izquierda moderna»), y conduciéndose con austeridad y honradez genuina, nos damos cuenta de que sí, en efecto, todo es sencillo en política, pero siempre y cuando se tenga la voluntad y las agallas para tomar las decisiones importantes, en los momentos importantes, y para saberse enfrentar, con firmeza, contra quien es preciso hacerlo: clave constitutiva de toda dialéctica política verdadera, porque, por lo menos desde Platón, pensar, que es un modo de actuar, es pensar contra alguien (Sócrates sólo es inteligible cuando lo observamos pensando, y actuando, contra los sofistas).

Recomiendo ampliamente este libro fundamental que no tiene desperdicio. Aquí está contado todo aquello que «los medios», en su mayor parte, nunca han permitido saber sobre la vida de un hombre excepcional, que ha revolucionado verdaderamente la vida pública de México en el umbral del siglo XXI y quien nos recuerda aquella grave divisa de inequívoco cuño estoico –es de Regis Debray– según la cual ‘la vida importa menos a los hombres libres que sus razones de vivir’, porque, para decirlo de otro modo, solamente es libre aquél que hace de su vida una vida necesaria para y por algo.

Los grandes líderes de nuestra historia se cuentan con los dedos de las manos. Andrés Manuel López Obrador, de esto no tengo la menor duda, y, para decirlo todo, pésele a quien le pese, ocupa uno de ellos.

En la Ciudad de México
Agosto, 2007

 

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