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El Catoblepas, número 57, noviembre 2006
  El Catoblepasnúmero 57 • noviembre 2006 • página 4
Los días terrenales

Crisis orgánica: potencia e inmanencia política

Ismael Carvallo Robledo

El 20 de noviembre de 2006 tuvo efecto la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente legítimo de México. Frente a las interpretaciones que buscan la reducción formal de tal circunstancia, bien por la vía jurídico-administrativa («AMLO atenta contra las instituciones, el estado de derecho y la democracia»), bien por la vía psicológica («esto no es más que un capricho o una obsesión subjetiva por el poder»; «López Obrador ya se excedió»), en esta entrega de Los días terrenales se busca defender la tesis, planteada desde un punto de vista materialista, en la que lo que acontece se nos ofrece como una genuina crisis orgánica del Estado mexicano, acaso la más aguda de su historia contemporánea

El 20 de noviembre de 2006 tuvo efecto la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente legítimo de México en el Zócalo capitalino

«Si bien la causa inmanente estaba presente todo el tiempo en la filosofía, siempre lo estaba como tema que no iba hasta el límite de sí mismo. ¿Por qué? Porque era sin duda el tema más peligroso[…] La inmanencia era ante todo el peligro[…] Y la acusación de inmanentista ha sido, para toda la historia de las herejías, la acusación fundamental: «usted confunde a Dios y a la criatura». Esta es la acusación que no perdona. Entonces, la causa inmanente estaba ahí constantemente, pero no llegaba a hacerse un estatuto. Sólo tenía un pequeño lugar en la secuencia de los conceptos. Llegó Spinoza[…] Todas las consecuencias aparecen inmediatamente.» Gilles Deleuze, Filosofía y teología. Dios y causalidad inmanente. En medio de Spinoza.{1}

«Todo lo que llega a ser creado y la creación misma, no se dan sin potencia, y la potencia no se da sin substancia. Por ejemplo, en el ámbito del hombre, ni la creación ni lo creado se dan sin la potencia; ésta existe en el hombre, y el hombre es substancia. A causa de la potencia, que es intermedia, la substancia, por una parte, es potente, y ambos, la creación y lo que llega a ser creado, por la otra, son posibles. Así pues, de estas tres cosas, es decir, de la potencia y de lo potente y de lo posible, lo potente, en cuanto al ser, es anterior a la potencia, y la potencia existe previamente a lo posible.» Plutarco, Acerca del destino.{2}

«Ahora algo se ha roto, todo está, por lo tanto, en crisis.» Antonio Negri, Prefacio a Maquiavelo y nosotros, de Louis Althusser.{3}

A. Planteamiento

1

La ruta crítica, anunciada en este espacio en otras entregas, está llegando a sus puntos decisivos de inflexión histórica (nudos históricos): el 20 de noviembre de 2006, Andrés Manuel López Obrador toma protesta como Presidente Legítimo de México en el Zócalo de la Ciudad de México. El 1º de diciembre, por otro lado, están emplazados los poderes formales del Estado para la toma de protesta de Felipe Calderón como Presidente de México.

Los medios de comunicación, en su generalidad, han dado por concluida la «contienda electoral» y se ciñen a los «cauces institucionales» por cuanto a la difusión de la agenda del «presidente electo», Felipe Calderón, alternándola con la agenda, por demás intensa y hasta dramática, de la fase final de la liga mexicana de futbol: aquí no ha pasado nada.

Diputados y senadores del PAN, del PRI y de otros partidos insignificantes históricamente (PANAL, PVEM{4}) en virtud de cuya baja ralea ideológica (puro humo, flatus vocis) no merecen ninguna consideración política (basura que levanta el viento, como diría Vasconcelos), hablan de la necesidad de ser prudentes, de negociar, de ver por el bien de México, de hacer llamados a la calma y a la civilidad, de ser tolerantes, de respetar el estado de derecho, las instituciones y la gobernabilidad democrática, de que cuidemos «nuestra democracia», de que la elección la hicimos todos y de que estamos todos «por un México en paz», buscando, desde la estulticia supina a la que nos tienen acostumbrados todos estos pequeños oportunistas de carrera, dar la impresión de que todo está volviendo a la normalidad y a la tranquilidad democrática; todos a dialogar y, desde luego, a tolerarse pero, sobre todo: todo mundo a negociar, y no ya tanto «por el bien de México» sino por el bien de sus carreras políticas, carreras lo suficientemente mediocres como para estar determinadas por las más altas ambiciones: aquí no ha pasado nada.

Por su parte, Patricia Mercado y su organización, Alternativa Socialdemócrata{5} –partido que ha logrado ya su registro oficial–, todos ellos tan sonrientes y optimistas, tan modernos y demócratas, tan dialogantes y tolerantes, se abren paso como una alternativa de «izquierda moderna» y socialdemócrata (¿qué querrán decir estos(as) señores y señoras, ciudadanos y ciudadanas, políticos y políticas, con eso de ser moderno(a)? Seguramente, para ellos y ellas, ser moderno(a) es buscar ante todo la equidad de género, hablar con la solvencia de Felipe González –por que aquí todo mundo quiere ser Felipe González– y no dejar nunca de ofrecernos su simpática sonrisa) pero que, decimos, por su blandura ideológica, se abren paso también, quizá sin consciencia de ello, como los genuinos representantes en México del Pensamiento Alicia. En todo caso: aquí no ha pasado nada.

La Secretaría de Educación Pública, por otro lado, obra suprema de José Vasconcelos, autor de obras como El monismo estético, Bolivarismo y monroísmo, un Tratado de metafísica, una Estética, una Ética, una Historia de la filosofía, una Breve historia de México y cinco tomos de sus fundamentales Memorias (sus obras completas constan de cuatro tomos que suman alrededor de siete mil páginas), ideólogo de Iberoamérica y del bolivarismo; esta Secretaría, por la que también pasaron fundamentales figuras intelectuales y políticas como Narciso Bassols, Jesús Reyes Heroles y Agustín Yánez, está destinada a quedar, bajo el gobierno del señor Felipe Calderón, en las manos de la señora Josefina Vázquez Mota, una economista con postgrado en Alta Dirección de Empresas en el IPADE, la escuela de negocios del Opus Dei en México, con algunos cursos de liderazgo (en otras palabras: de superación personal), y autora del libro –su único libro– Dios mío, hazme viuda por favor: un libro, catalogado dentro del rubro de superación personal, autoayuda y ayuda para mujeres, que no produce otra cosa que sonrojo y vergüenza ajena y cuyo nivel intelectual no rebasa el de los libros que se encuentran en los puestos ambulantes afuera de las estaciones de metro, como por ejemplo ¿Quién me ha robado mi queso? o Dios, quítame lo bruto. Según Vázquez Mota, quien coordinó la campaña presidencial del señor Calderón, su libro

«no es un manual en contra del hombre, por el contrario Dios mío, hazme viuda por favor es un llamado al crecimiento integral del ser humano, una invitación a la mujer para que tome conciencia de su voluntad e inteligencia y se atreva a ser viuda del miedo a elegir, del temor a desarrollar sus talentos y potencialidades, de asumir su libertad y responsabilidad. Esta lectura nos llevará –nos dice– a enfrentar uno de los desafíos más trascendentales en la vida del ser humano: construirnos como un original, únicos e irrepetibles, teniendo el valor para descubrir nuestro propósito de vida y, en consecuencia, dar un sentido a nuestras acciones.»

Pero aquí no ha pasado nada.

Y mientras el destino de la educación en México está a punto de quedar en manos de una gran pensadora, autora prolífica y con facultades intelectuales a todas luces evidentes, Santiago Creel, líder de la bancada del PAN en el Senado y, antes que otra cosa, un sujeto con cuyas ínfulas de caballero inglés, dialogante y negociador, esconde su por otro lado romo simplismo y su ausencia total de sofisticación política –de dialéctica– anunció en semanas recientes la estrategia o, más bien, ocurrencia, tan ligera por estúpida –o en sentido inverso–, según la cual, en orden a neutralizar la resistencia política organizada por López Obrador poniendo en práctica sus propios planes y programas, lo que debe hacerse en el gobierno de Calderón es, ¡atención!: «rebasar por la izquierda». Por que, efectivamente, aquí no ha pasado nada.

Toda esta normalidad democrática revestida y legitimada por ideólogos del fundamentalismo democrático como el señor Enrique Krauze, un bulto reaccionario disfrazado de intelectual liberal (por que claro, aquí nadie es de derecha sino «liberal») y director de la revista Letras Libres, en uno de cuyos números, en plena campaña electoral, apareció bajo su autoría un trabajo de psicólogo (por que psicología es lo que hacen tantos y tantos «analistas políticos») donde se puso en circulación la categoría de «mesías tropical» para interpretar a López Obrador. Por que aquí no ha pasado nada.

2

Pero a nosotros nos parece que todo lo anterior no son más que fenómenos, es decir, puras apariencias políticas, algunas más insignificantes que otras, cuya oscuridad y dispersión le cierran el paso a la posibilidad de discernir lo que en realidad ocurre. Y lo que ocurre, esta es nuestra tesis, es que asistimos a una verdadera crisis orgánica del Estado mexicano. No es que aquí no haya pasado nada sino que, muy al contrario, aquí «algo se ha roto»: todo está, por lo tanto, en crisis. Pero no una crisis coyuntural (coyuntura en la que, con «movimientos de cintura», el oportunismo político más mediocre pueda hacer gala de su utilidad; o crisis de coyuntura que pueda solucionarse armónicamente «por la vía institucional») sino crisis orgánica –sirviéndonos de la distinción de Gramsci–: los consensos políticos fundamentales (económicos, políticos, militares, geopolíticos, históricos), dados en un derrotero que en modo alguno pasan por la consulta electoral puesto que son previos a ella, y son también, por tanto, su condición material de posibilidad, se han roto, provocando una dislocación fundamental inmanente en las estructuras del Estado en su conjunto: inmanente en tanto que, entre medio de las partes materiales del Estado, la dislocación es provocada no desde fuera –metaméricamente– sino, diaméricamente, por una de ellas.{6}

Es por esto que las críticas que se consideran radicales por estar planteadas desde los márgenes (en la marginalidad), afuera del sistema, desde los excluidos y los ofendidos, desde «otros lugares» («otras campañas», «otros mundos», «otros saberes», &c.), son críticas trascendentales que no se traducen en críticas orgánicas sino hasta que adquieren carácter inmanente, es decir, cuando desde el sistema mismo tratan de operar su transformación.

Una crisis orgánica es entonces una crisis de hegemonía y de alta política (Gramsci), puesto que en ella aparecen las exigencias de carácter nacional junto con la necesidad de fundar un nuevo Estado (en el sentido de Maquiavelo).

Pero también hacemos consistir a la crisis orgánica como aquella en la que acontece un desplazamiento inmanente de potencias, es decir, la base histórica del Estado (la doble dialéctica que traba a un patrón de acumulación y un patrón de hegemonía) se ha desplazado y provoca desajustes ideológicos y desequilibrios históricos.

Es precisamente en la materialidad de esta inmanencia donde se define en su más aguda esencia el calado ontológico de la política en tanto que confluencia de potencias materiales (no formales) cuya dialéctica hace tender a los componentes de una totalidad en equilibrio hacia extremos que ya no soportan la tensión, haciendo de una crisis coyuntural una crisis orgánica, y en tanto que systasis de la sociedad política (en los términos de Bueno) u ontología constitutiva (en los términos de Spinoza). La trascendencia del deber ser kantiano, núcleo de la hipótesis contractualista y de la definición jurídica del Estado, queda desplazada –viendo las cosas siempre desde un punto de vista materialista– por la inmanencia y la materialidad política de la praxis histórica y dialéctica (trayectorias de profundidad y arrastre ontológico como motor de transformación de la realidad). La divisa del materialismo político, en estados de crisis orgánica, puede ser postulada, entonces, como sigue: tantum juris quantum potentiae.

La inmanencia política es ante todo el peligro. Y la acusación de inmanentista político ha sido, para toda la historia de las herejías, la acusación fundamental: usted confunde a Dios (las instituciones, la ley: la legalidad como adecuación a un orden formal) y a la criatura (la materia de la sociedad política, la legitimidad como adecuación a un orden material que envuelve en su estructura al mismo orden legal):

Artículo 39 constitucional: «La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.»

¿Cómo impedir que los grandes hechos de la historia se repitan como farsas vergonzosas? ¿Cómo abrirle paso, en la inmanencia política y en la dialéctica de potencias de la historia, a la virtud? ¿Cómo hacer de la política, por cuanto a la prudencia y al trazo histórico equilibrado, un arte verdadero?

B. Documentos

1. El pueblo organizado, sostén del gobierno legítimo

Entrevista con Andrés Manuel López Obrador por la periodista Andrea Becerril, en el periódico La Jornada. México DF, lunes, 20 de noviembre de 2006

El gobierno legítimo tendrá como sostén al pueblo organizado, define Andrés Manuel López Obrador y se declara optimista porque, asegura, este 20 de noviembre, aniversario de la Revolución Mexicana, su movimiento de protesta y rebeldía contra el fraude electoral del 2 de julio entra a otra etapa, con miras a la conformación de una nueva República.

El tabasqueño advierte que no le importan «las descalificaciones y las burlas de la derecha», porque gobernará con el pueblo con «un gobierno legítimo, no de sombra ni simbólico, sino actuante por medio de una fuerza popular que comienza a crecer en todo el país para enfrentar a –un régimen neofascista que sólo beneficia a una minoría privilegiada».

Esta tarde, cuando López Obrador rinda protesta en el Zócalo de la ciudad de México como presidente legítimo, en el contexto de la convención nacional democrática (CND) y en una ceremonia republicana, juarista, comenzará –señala– la batalla para impedir que «la mafia de cuello blanco que impuso a toda costa a Calderón haga y deshaga en el país».

En entrevista con La Jornada precisa que, contra lo que se piensa, desde su gobierno itinerante no se va a ocupar mucho de quien fue su contrincante en el pasado proceso electoral. Una vez más lo ubica como «un pelele, un gerentillo al servicio de los poderosos, que siempre tendrá el repudio popular». Con quienes «se medirá y verá de nuevo las caras», recalca, es con los verdaderos jefes de Calderón, los que representan a los poderes fácticos en el país.

Sobre las versiones de división interna y defecciones en el Partido de la Revolución Democrática, y las otras fuerzas políticas que respaldaron su candidatura presidencial, reconoce que aunque el Partido Acción Nacional y el gobierno federal pudieran comprar dirigentes y hubiera «traiciones», ello de nada le servirá a sus adversarios, porque el movimiento ciudadano que ha comenzado a re-estructurar «va mucho más allá de los partidos», y sabrá movilizarse en defensa de las causas populares y del patrimonio nacional.

Reacio a adelantar las acciones que la CND definirá esta tarde en la Plaza de la Constitución, en torno a cómo actuarán el próximo primero de diciembre, deja muy claro que «por muy cínico que sea, Calderón no puede sentirse seguro, porque sabe que no ganó las elecciones presidenciales».

La charla se realizó el sábado pasado, en un trayecto del recorrido que López Obrador realizó ese día por Tamaulipas y Veracruz. Se le ve contento, cobijado de nuevo por la solidaridad de «su gente», que llena otra vez las plazas y se para a saludarlo en cuanto lo reconoce.

Quizá por ello fue más fácil para el ex candidato presidencial de la coalición Por el Bien de Todos pasar la página de la protesta por el fraude electoral y dejar, como él dice, la tristeza y el dolor para comenzar un nuevo recorrido por los 2 mil 500 municipios del país, con el objetivo de organizar y movilizar a millones de mexicanos. Inclusive señala que se siente «completamente recuperado del golpe del 2 de julio».

—Usted llega a su cita este 20 de noviembre en medio de otra fuerte campaña mediática, que incluye calificar de «patito» al gobierno que habrá de encabezar, y acusaciones de que se autoproclamó presidente legítimo.

—Es lamentable e inclusive deleznable el papel de la mayoría de los medios de comunicación ya que, con honrosas excepciones, casi todos actúan en bloque siempre en favor del poder. Son muy pocos los que tienen una postura cercana a la sociedad. Si se pone en un lado de la balanza a la prensa libre e independiente, y por otro a la prensa que defiende al régimen, y sobre todo a los grupos de intereses creados, hay una enorme desproporción.

López Obrador agrega que ve el futuro con tranquilidad, porque, a pesar de los intentos por acabarlo políticamente, sigue en lucha, y así como la derecha y ultraderecha lograron aglutinar a los grupos más conservadores, que se oponen rotundamente al cambio y crearon una leyenda negra en torno a él para impedirle llegar a la Presidencia, así también del lado progresista se reagrupan los ciudadanos.

«No digo que sea todo el pueblo, pero sí que hay millones de mexicanos dispuestos a no dejar de insistir en la necesidad de un cambio verdadero.»

—Pero se insiste en que después del plantón hay un receso y la resistencia civil decrece.

—Puedo decir que hasta nos guardamos un poco después del 16 de septiembre con ese propósito. Se apostó mucho a que la protesta iba a desaparecer; los medios nos hicieron el vacío, pero ahora que se acerca el primero de diciembre, en el gobierno federal y en el PAN están preocupados y nerviosos, porque se dieron cuenta de que no han podido destruir el movimiento.

—Y por cierto, además de las acciones de los legisladores dentro de San Lázaro, ¿que hará la CND ese día?

—Yo sólo dije hace unos días que el 20 de noviembre se definiría la estrategia, pero han armado ya un alboroto. Están nerviosos porque no son capaces de aceptar que con su decisión de cerrarnos el paso e imponer a un pelele, a un presidente espurio, se agravó la crisis política y económica del país. Son ellos los que envilecieron a las instituciones. Por eso dije que al diablo con sus instituciones y por eso optamos por un camino novedoso para construir una nueva República.

«Estoy muy satisfecho con la decisión que tomamos, fue correcta, y a partir de hoy vamos a entrar a una nueva etapa.»

—¿El que le arrebataran la Presidencia fue uno de los golpes más fuertes que ha recibido?

—No sé. Yo he recibido muchos golpes, pero siempre me he levantado, y eso me ayuda ahora para no estar abatido. He llegado a la conclusión que es tan importante la causa que defendemos, tan justa, que no importa el tiempo que nos lleve. Si yo me retiro, me echo atrás, sería como un acto de traición a quienes se rebelan al predominio de las minorías.

—¿Espera hoy una ceremonia multitudinaria, como la del 16 de septiembre?

—No me gusta adelantar vísperas –responde.

—¿Algunos comentaristas políticos aseguran que luego del plantón perdió adeptos.

—Es increíble lo que sucede. Si hablamos en términos prácticos, ya concluyó la campaña, finalizó el proceso electoral del 2 de julio; supuestamente perdimos las elecciones, pero siguen la difamación, los ataques. Aparentemente no hay nada tangible que se le pueda entregar a la gente, y sin embargo hay millones de mexicanos dispuestos a continuar con el movimiento.

Andrés Manuel López Obrador sonríe cuando un joven pasa a su lado y dibuja con la mano la clásica señal de la victoria. De inmediato retoma la respuesta: –No es una lucha personal, tampoco la libro solo. Yo conduzco, dirijo, pero es la gente la que está ahí. Si como dicen mis adversarios estuviera actuando únicamente por capricho o por resentimiento, los ciudadanos no asistirían a los mítines, pero la respuesta es muy gratificante. Se me acercan, me dicen «estamos con usted» o «yo voté por usted, nos robaron, pero hay que esperarnos, vamos a triunfar en el futuro», pero lo que más escucho es «vamos a seguir adelante».

—¿Usted ve a Felipe Calderón los próximos seis años en Los Pinos?

—No voy a hacer pronósticos. Lo que sí puedo decir es que Calderón es un achichincle de los delincuentes de cuello blanco. Cuando le digo pelele, no me propongo insultarlo, simplemente lo describo. Es un gerentillo de los poderosos, por eso no va a representar al pueblo de México. A él lo imponen para representar a un grupo, a una minoría. El sabe cuál es su triste papel.

Se negó al recuento del voto por voto y casilla por casilla; él sabe que no ganó, que es producto de un fraude electoral. ¡Eso no le puede dar tranquilidad! Por muy cínico que sea no puede sentirse seguro, y menos por el repudio de la población. Calderón hizo un pacto con el hampa de la política y la delincuencia de cuello blanco para robar la elección y está atrapado, –señala.

López Obrador aseguró luego que, contrariamente a lo que se piensa, no se ocupará mucho tiempo de Calderón Hinojosa, «sino de sus jefes». Como presidente legítimo estará muy pendiente de la oligarquía neofascista, «es decir, de Carlos Salinas de Gortari, de Roberto Hernández, de Claudio X. González, de las mafias de cuello blanco que querrán hacer y deshacer, y es ahí donde nos vamos a ver las caras de nuevo».

—¿Ahí entra la estructura social que ya comenzó a crear?

—Sí, para eso estamos trabajando; vamos a organizar al pueblo de México, como nunca antes se había visto en la historia del país. Voy a dedicar la mitad de mi tiempo a ello. Mi gobierno será itinerante: lunes, martes y miércoles estaré en la ciudad de México, pero de jueves a domingo recorreré los 2 mil 500 municipios del país para convocar a todos a ser representantes del gobierno legítimo, para que juntos defendamos al pueblo y el patrimonio de la nación.

—¿Cómo lo hará?

—Habrá un directorio de representantes y si, por ejemplo, Calderón pretende ir a la privatización de Pemex, de Luz y Fuerza o busca socavar las conquistas laborales o agraviar a los pobres en el sentido de cobrar IVA a medicinas y alimentos o reprimir al pueblo, de inmediato convocaré a esos representantes para movilizarnos.

—¿Qué hay sobre el riesgo de que el PAN y Calderón coopten a dirigentes del Frente Amplio Progresista como se rumora?

—A lo mejor no conviene que lo diga, porque les voy a dar pistas, pero ya no funciona la compra de líderes opositores. Son otros tiempos. En nuestro caso, no tendría efecto porque el movimiento es muy fuerte y aunque surgieran traiciones no pasará nada.

—¿Vislumbra posibles traiciones?

—Eso es consustancial a la política. Siempre hay traiciones. Por eso, durante la convención nacional democrática insistí mucho en la participación consciente, libre, voluntaria, porque no vamos a estar pensando en lealtades, disciplina, sometimiento. Todo mundo está en libertad. El que quiera agarrar el camino de la derecha lo puede hacer. El movimiento social es muy fuerte y va mucho más allá de los dirigentes; es el pueblo. Por eso estoy hablando de que el gobierno legítimo va a ser el pueblo organizado.

¡Es increíble el grado de conciencia de los ciudadanos! Lo veo cuando intelectuales y políticos de izquierda, que terminaron haciendo el juego a la derecha, escriben sesudos artículos para cuestionar el movimiento e inmediatamente hay réplica, y no de otro intelectual, sino de miembros de la sociedad. ¡Es la gente la que los pone en su lugar!

Esos intelectuales que no nos ven con buenos ojos deben estar extrañadísimos, o a lo mejor no se dan cuenta, porque no son tan listos en ese sentido. A lo mejor están pensando que es lo mismo. Por eso tengo ganas de enviar un telegrama, a ellos y a muchos otros, para avisarles que ya cambió el país, que ya es otra la realidad política de México y, sobre todo, que hay millones de mexicanos con un nivel de conciencia política que ni siquiera imaginan.

—Por eso, dijo, confía en la mayoría de los mexicanos y no le preocupa nada la nueva embestida mediática. «No me preocupan las burlas, me tienen sin cuidado. Veo cómo cada vez son más burdos los alcahuetes del régimen para mostrar el cobre».

Además, sostiene, «es un timbre de orgullo» que lo insulten, como han hecho con todo aquel que en la historia del país se atrevió a denunciar privilegios y luchar por la justicia y la democracia.

—A Hidalgo le decían demagogo. A Benito Juárez lo acusaban de todo, lo llamaban indio mugroso. Creo que es el personaje más atacado. Inclusive la aristocracia, la oligarquía de ese tiempo, cuando iba al sanitario decían «voy a Juárez».

López Obrador aclara que no trata de equipararse con el Benemérito, sino únicamente de expresar cómo actúan los conservadores de la misma manera, los derechistas de ahora, quienes también lo insultan y en todo momento sacan a relucir su racismo. A él y a sus seguidores ya no les llaman indios, pero sí «chusma, nacos».

Relata una anécdota:

—Un amigo mío, un gran escritor, un extraordinario intelectual que estudió en escuelas de ricos, se encontró en una recepción con una hermana de Roberto Hernández. La señora, muy enojada, descompuesta, resumió su reclamo por su cercanía conmigo en una pregunta: «¿Por qué traicionaste a tu clase?»

Agrega: «conozco muy bien la historia de México y sé por ello que no sólo Juárez, sino Madero, Villa, el presidente Lázaro Cárdenas del Río y todos los que se enfrentan a la oligarquía reciben burlas, insidia, descalificaciones, como las que a diario se publican en mi contra, pero no me hacen mella, sé que vamos hacia delante. Estoy muy optimista, ya superé el golpe del 2 de julio, que me provocó tristeza y coraje; más tristeza por la gente que vio robadas sus esperanzas, pero ya estoy al ciento por ciento otra vez. Estoy muy echado para adelante.»

Da el último sorbo a un café cargado, que le sirvieron en un vaso desechable, y sonríe a plenitud para expresar que está muy contento por la ceremonia republicana, juarista, en la que esta tarde rendirá protesta como presidente legítimo.

Le gusta el escudo del gobierno legítimo: un águila republicana que se usó también como emblema de Benito Juárez. «Siempre pensé que un águila altiva, muy digna, es la que debía distinguirnos, porque es exactamente lo opuesto al águila mocha, reaccionaria y conservadora que usó Fox y que seguramente seguirá empleando el pelele.»

—Por casualidad, por coincidencia, esa águila republicana viene impresa en los billetes de menor denominación, en los de 20 pesos, –señala.

—Hablando de billetes, ¿de dónde saldrán los recursos para el financiamiento del gobierno legítimo?

—Se financiará con donativos de los ciudadanos. Ya se abrió una cuenta bancaria para que quien desee cooperar lo haga con contribuciones de 100 a 30 mil pesos, y estoy seguro que la gente nos va a ayudar para sostener al gobierno legítimo y no nos faltarán ingresos mínimos para cumplir la responsabilidad de proteger los intereses de las mayorías y defender los bienes de la nación

El 20 de noviembre de 2006 tuvo efecto la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como presidente legítimo de México en el Zócalo capitalino

2. Mensaje de Andrés Manuel López Obrador

En el acto de toma de protesta como presidente Legítimo de México, en el Zócalo de la Ciudad de México, el lunes 20 de noviembre de 2006

Amigas y amigos:

Les agradezco su presencia y su respaldo. Al ver de nuevo este Zócalo repleto y lleno de entusiasmo, reafirmo lo que siempre he pensado: con gente como ustedes nada es imposible. Aquí está la muestra de lo que somos y de lo que seremos capaces de llevar a cabo.

Hemos resistido ante el embate permanente de nuestros adversarios que han intentado, una y otra vez, destruirnos políticamente. De poco les ha servido someter y envilecer a casi todos los medios de comunicación para atacarnos con saña y vulgaridad.

Y sin embargo, aquí están ustedes, y muchos otros que no pudieron acompañarnos, que no se rinden ante la adversidad y están decididos a seguir luchando por nuestro ideal de convertir a México en una patria justa, libertaria y progresista.

Por eso les expreso toda mi admiración y respeto. Es un honor ser Presidente Legítimo de México y, sobre todo, es un honor ser dirigente de hombres y mujeres libres como ustedes.

También celebro de que nos reunamos en esta fecha tan importante y significativa, hoy 20 de noviembre, cuando conmemoramos el aniversario de la Revolución Mexicana, que liberó a nuestro pueblo de la dictadura porfirista y conquistó derechos sociales para todos.

Con este acto fortalecemos la defensa de la voluntad popular y, al mismo tiempo, rendimos homenaje a quienes, a lo largo de la historia han luchado por la libertad, la democracia, la justicia y la soberanía nacional.

Estamos aquí congregados porque, ante el fraude electoral del 2 de julio, decidimos declarar abolido el régimen de corrupción y privilegios, y comenzar la construcción de una nueva República

A pesar del coraje, la tristeza y los avatares del conflicto poselectoral, hemos sabido interpretar los acontecimientos y tomar decisiones de fondo.

Estamos concientes que una oligarquía neofascista se adueñó por entero de las instituciones políticas del país y están decididos a mantener y acrecentar sus privilegios, sin escrúpulos morales de ninguna índole. A esta minoría rapaz no le importan ni la tranquilidad, ni la estabilidad, ni el futuro de México, ni mucho menos el destino de millones de mexicanos que padecen necesidades y carencias, o que sobreviven en la pobreza y el olvido.

Ante esta realidad, fue acertado no sólo rechazar la imposición, sino renunciar a seguirles el juego del engaño, la farsa y la simulación, propios de la política tradicional mexicana.

Esto es lo que más les molesta, el que no entremos al molde; por eso vociferan que no somos una izquierda moderna, cuando en realidad lo que quieren es que aceptemos negociar o transar con la voluntad popular.

Aceptar las reglas del actual régimen implica no sólo un acto de traición al pueblo de México, sino posponer indefinidamente el cambio democrático y resignarnos, impotentes, ante las tropelías de las élites económicas y políticas, secuestradoras de las instituciones públicas.

Me han atacado sin tregua porque dije ¡Al diablo con sus instituciones! Pero no fuimos nosotros quienes las echaron a perder. Fueron «ellos». Quizá debí ser más preciso y decir: ¡Al diablo con las ruinas de instituciones que nos quieren imponer, luego de envilecerlas y desmantelarlas!

Afortunadamente, hoy somos millones los mexicanos que no estamos dispuestos a aceptar más atropellos. Por eso ha sido y es muy importante optar, en primer término, por la conformación del gobierno legítimo, y paso a paso, sin falsas ilusiones y sin atender burlas despreciables, seguir construyendo la nueva República y las instituciones democráticas que le corresponden.

Los poderosos se imponen con el dinero, el prejuicio racista y clasista, las injusticias, la ilegalidad y la manipulación de muchos medios de comunicación. Trabajan contra los intereses populares, y para no ir más lejos, allí están los aumentos de la leche, el diesel y la gasolina.

Nosotros, por el contrario, sólo disponemos de lo mero principal: la voluntad de cambio de millones de personas libres y concientes. Tenemos de nuestro lado, y lo decimos con orgullo, con alegría y entusiasmo, a ese sector inmenso del pueblo mexicano que tiene hambre y sed de justicia, como dijo bíblicamente en su tiempo el prócer de la democracia, don Francisco I. Madero.

El Gobierno Legítimo, que hoy toma protesta, comienza una transformación democrática a fondo.

El propósito fundamental del Gobierno legítimo, reitero, será proteger los derechos del pueblo, defender el patrimonio de todos los mexicanos y la soberanía nacional.

Este gobierno, cuyas instituciones nacen de la voluntad general, ha de elaborar iniciativas de ley que promoverán los legisladores del Frente Amplio Progresista y diseñará estrategias que protejan el patrimonio nacional y los intereses de las mayorías. También propondremos a los gobiernos municipales y estatales afines, políticas de desarrollo social en beneficio de los sectores más pobres y excluidos.

Precisamente, ya estamos elaborando una propuesta al nuevo gobierno del Distrito Federal, para que implemente un mecanismo y aquí, en el DF, la leche Liconsa siga costando 3.50 y no 4.50 como quiere la derecha reaccionaria. Estoy seguro que Marcelo Ebrard, con su sensibilidad social y política que lo caracteriza, sabrá responder con lealtad a los pobres de la Ciudad de México.

Las primeras 20 medidas del Gobierno legítimo

Hemos constituido un Gabinete con mujeres y hombres honestos y comprometidos con las mayorías y las minorías legales y legítimas. Son 6 hombres y 6 mujeres los que me acompañarán en el desempeño del gobierno. Este equipo formulará diagnósticos de los principales problemas del país y propondrá soluciones o recomendaciones, según sea el caso.

Por ello, desde hoy anunciamos las primeras 20 medidas de este gobierno del pueblo.

1. Impulsaremos un proceso para la renovación de las instituciones públicas. Junto con la comisión creada para este fin por la Convención Nacional Democrática, llamaremos a un debate nacional y promoveremos un plebiscito para la elaboración de un nuevo marco constitucional.

2. Defenderemos el derecho a la información y demandaremos la apertura de los medios de comunicación a todas las expresiones de la sociedad.

De manera particular, estaremos atentos a la decisión que tome la Suprema Corte, ante el recurso de inconstitucionalidad presentado por un grupo de senadores contra la llamada Ley Televisa. Pero como no confiamos en el recto proceder de la mayoría de los ministros, de todas maneras presentaremos en su momento, una iniciativa de reforma que garantice la pluralidad y haga posible la democratización de los medios de comunicación.

3. Atenderemos el grave problema migratorio insistiendo en el cambio de la política económica para la generación de empleos en nuestro país. Nos opondremos a la construcción del muro fronterizo y protegeremos del maltrato, la discriminación y la violación de los derechos humanos de los mexicanos que se han visto obligados a ir a trabajar a los Estados Unidos.

4. Denunciaremos permanentemente cualquier injusticia y vigilaremos la actuación de ministerios públicos, jueces, magistrados y ministros, que sólo se dedican a «legalizar» los despojos que comete el fuerte frente al débil y a garantizar impunidad para delincuentes de cuello blanco.

Y reafirmamos que sin justicia no es posible que haya seguridad pública, ni tranquilidad ni paz social. También decimos que no se puede enfrentar al crimen organizado, si no se aplica la ley por parejo, y sólo se castiga a una banda para proteger a otra.

Reiteramos que no permitiremos la utilización del Ejército o de las policías paramilitares para reprimir la inconformidad del pueblo que lucha por la justicia y la libertad.

Desde aquí volvemos a expresar nuestra solidaridad con el pueblo humilde y digno de Oaxaca que es víctima de la represión, y demandamos la destitución de Ulises Ruiz, ese gobernador cacique y siniestro, así como el retiro de la Policía Federal Preventiva y el castigo a los responsables de los asesinatos.

5. Enviaremos a los legisladores del Frente Amplio Progresista, una iniciativa de ley para elevar a rango constitucional el combate a la corrupción y hacer valer la austeridad republicana.

Es indispensable considerar como delitos graves el tráfico de influencias, el conflicto de intereses, el nepotismo y el hacer negocios al amparo del poder público. También debe definirse un límite a los sueldos y prestaciones de los altos funcionarios públicos de los tres poderes de la Unión y de todos los niveles de gobierno. Es inaceptable que un ministro de la Corte esté recibiendo alrededor de 500 mil pesos mensuales, por sólo poner un ejemplo.

Así mismo, se propondrá la cancelación de las pensiones a los ex presidentes. Nunca más un gobierno rico con pueblo pobre.

6. No permitiremos que se cobren más impuestos a los pobres y a las clases medias, y se mantengan los privilegios fiscales a los potentados e influyentes.

En consecuencia, rechazamos el cobro del IVA en medicinas y alimentos, y cualquier otra reforma fiscal regresiva.

Por el contrario, promoveremos ante el Congreso de la Unión que se lleve a cabo una auditoria a la Secretaría de Hacienda, en particular al SAT, porque los privilegiados de México, sencillamente no pagan impuestos o cuando los pagan se los devuelven.

7. En los próximos días se enviará a los diputados del Frente Amplio Progresista un Proyecto de Presupuesto de Egresos para el 2007, que reoriente el gasto público a la educación, la salud, la creación de empleos y el bienestar de la población.

Recordemos que es facultad exclusiva de la Cámara de Diputados la aprobación del presupuesto público y que mucho pueden hacer nuestros legisladores para reducir el dispendio, el gasto corriente, el pago de intereses por el Fobaproa y garantizar mayores recursos al campo, a las universidades públicas y a estados y municipios.

8. Pasado mañana, por la importancia que tiene enfrentar a los monopolios económicos vinculados al poder, que lesionan impunemente la economía popular y de las clases medias, presentaremos a los senadores del Frente Amplio Progresista, una iniciativa de Ley de Precios Competitivos que reglamente el artículo 28 de la Constitución y acabe con los exagerados cobros de bienes y servicios en nuestro país.

Es inaceptable que los mexicanos paguemos por el cemento gris 223 por ciento más que los estadounidenses; 260 por ciento más por el Internet Banda Ancha; 312 por ciento más por teléfono celular; 65 por ciento mas por teléfono de línea fija; 230 por ciento más por llamadas de larga distancia nacional; 116 por ciento más por electricidad residencial de alto consumo; 131 por ciento más por electricidad comercial; 36 por ciento mas por electricidad de alta tensión; 5 por ciento más por la gasolina Magna; 18 por ciento más por la gasolina Premium; 178 por ciento más por la tarjeta Banamex clásica; 115 por ciento más por tarjeta Bancomer Visa; 116 por ciento más por Cablevisión básico; 150 por ciento más por crédito a la vivienda; y 3 mil 600 por ciento más por comisiones bancarias a compras con tarjeta en almacenes.

Y todo ello, a pesar de que el salario mínimo en México es 90 por ciento menor que en Estados Unidos. No podemos permitir que esto siga ocurriendo.

De aprobarse esta ley, de precios competitivos, millones de consumidores mexicanos obtendrían ahorros equivalentes a más del 10 por ciento de sus ingresos.

9. Crearemos la Comisión de la Verdad para investigar el fraude en Fobaproa, los rescates a carreteras, a la banca de desarrollo y a los ingenios azucareros; así mismo, revisaremos todos los contratos de créditos y la construcción de obras realizadas, mediante los llamados PIDIREGAS en la Comisión Federal de Electricidad y PEMEX.

10. Protegeremos a los productores nacionales ante la apertura comercial indiscriminada y sin límites. Particularmente, se impulsará un plan de acción para impedir que en el 2008 se aplique la cláusula del Tratado de Libre Comercio que permite la libre importación de maíz y frijol, lo cual significaría un golpe definitivo a 4 millones de familias campesinas.

11. Defenderemos el derecho constitucional a un salario justo. Hoy en día, de 42 millones de mexicanos en edad de trabajar, 16 millones obtienen menos de 30 pesos diarios. Actualmente diversas organizaciones sociales, sindicales y académicas, han iniciado una campaña en defensa del salario mínimo constitucional, que originalmente fue concebido como un instrumento para garantizar la satisfacción de las necesidades básicas de las familias de los trabajadores.

Anunciamos nuestro apoyo a esta campaña a favor de la remuneración justa y digna a todos los trabajadores del campo y la ciudad.

12. Lucharemos porque los trabajadores del sector informal de la economía, los jornaleros agrícolas, las trabajadoras domésticas, los comerciantes ambulantes, entre otros, gocen de protección legal y tengan derecho a la seguridad social.

13. Defenderemos la autonomía sindical y promoveremos la democratización de los sindicatos. De manera particular, lucharemos porque se respete el derecho al voto libre y secreto en la elección de dirigentes sindicales.

14. No permitiremos la privatización de la industria eléctrica ni del petróleo en ninguna de sus modalidades. El petróleo no es el Estado y mucho menos del gobierno, es de la Nación. Y la patria no se vende, se defiende.

15. Defenderemos el patrimonio nacional. Es decir, los recursos naturales, las zonas arqueológicas, los ecosistemas, los bosques, las aguas y la cultura.

En estos momentos, en la Cámara de Diputados se discute una iniciativa de reformas a la Constitución que incorpora a los estados y municipios en el manejo y la administración del patrimonio histórico de México. Pero lo cierto, es que con ello se pretende eliminar la responsabilidad federal y facilitar la privatización de las zonas arqueológicas y las reservas naturales.

El Gobierno legítimo no aceptará esta contrarreforma y se sumará a las acciones emprendidas por ciudadanos y organismos civiles para proteger el patrimonio de la Nación.

16. Promoveremos ante Congreso de la Unión que se establezca en la Constitución el Estado de Bienestar, que consiste en dar protección y una vida digna a todos los mexicanos desde la cuna hasta la tumba.

Insistiremos que debe otorgarse, como sucede en el Distrito Federal, una pensión universal alimenticia a todos los adultos mayores del país; apoyos a todos las personas con alguna discapacidad y becas a madres solteras para que sus hijos no abandonen la escuela.

17. Se impulsará el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar que garantizan los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de los pueblos indígenas.

18. Vamos a luchar para impedir que sean rechazados los jóvenes que desean ingresar a las universidades públicas. Nunca aceptaremos que la derecha ponga la educación en el mercado como si fuese una mercancía que solo puedan adquirir quienes tienen recursos económicos. La educación no se puede convertir en un privilegio. La educación y la cultura son fundamentales para el desarrollo del país. El Estado esta obligado a garantizar el acceso a la cultura y a la educación gratuita y de calidad en todos los niveles escolares.

19. Haremos valer el derecho de los mexicanos a la salud. Hoy día, más de la mitad de la población no cuentan con seguridad social. El derecho a la protección de la salud no está garantizado, sea porque no se tiene el dinero para pagar la atención médica y los medicamentos o porque no hay servicios donde vive la gente.

El llamado Seguro Popular es pura demagogia, porque ni es seguro ni es popular. En los centros de salud no hay medicinas, sólo entregan la receta y cobran el 6 por ciento del ingreso familiar para la afiliación.

El Gobierno legítimo luchará por garantizar Servicios Médicos y Medicamentos Gratuitos a todos los mexicanos carentes de seguridad social.

Pugnaremos por incrementar la inversión para la construcción de hospitales y centros de salud; para destinar más recursos al abasto de medicinas e insumos médicos; y contratar los médicos y enfermeras necesarios para brindar los servicios de salud. De la misma manera, buscaremos que el IMSS y el ISSSTE dispongan de los recursos suficientes para revertir su deterioro.

20. Ayudaremos en todo lo que podamos a millones de mexicanos que viven en colonias populares, barrios, pueblos y comunidades rurales, sin servicios públicos y en viviendas precarias. Buscaremos alternativas para la introducción de agua, luz, drenaje, pavimento e insistiremos en el derecho de la gente humilde a recibir créditos de vivienda con tasas de interés equivalentes al incremento anual del salario mínimo.

Amigas y amigos:

El gobierno legítimo de México trabajará sin descanso en la defensa la población, de la democracia y del patrimonio nacional.

Pero quiero compartir con ustedes una reflexión que he venido expresando: de poco serviría tener gobierno, presidente, gabinete y programa, si no se cuenta con el apoyo del pueblo.

Un gobierno divorciado de la sociedad no es más que una fachada, un cascarón, un aparato burocrático. Por eso propongo que el gobierno legítimo sea el pueblo organizado.

La democracia implica la participación ciudadana en los asuntos públicos. La democracia es el poder del pueblo, para el pueblo y con el pueblo.

Concretamente, les invito a formar parte del gobierno legítimo. Para ello, además de seguir cotidianamente defendiendo nuestros principios y el programa alternativo de Nación, ustedes podrían actuar como representantes del gobierno en donde quiera que se encuentren.

Se trata se crear una red y un directorio de millones de representantes del gobierno en todo el territorio nacional. El procedimiento para ello, consistirá en suscribir una carta compromiso, expresando de manera libre, conciente y voluntaria, el propósito de defender los derechos del pueblo y el patrimonio de la Nación.

Así mismo, en ese escrito, se asumiría el compromiso de estar atentos ante cualquier llamado o convocatoria que haga el Presidente Legítimo cuando se pretenda cometer una injusticia o se quiera consumar un acto antipopular o entreguista. En esta carta se pondrá la firma y la huella, y cada representante recibirá una credencial, como símbolo del compromiso, firmada por el Presidente legítimo.

Así, cuando la derecha quiera imponer algo contrario al interés general, apoyados en el contubernio que mantienen el PRI y el PAN en el Congreso, como sucedió en el caso del Fobaproa o en el desafuero, entonces, ante una circunstancia de esa gravedad, convocaríamos a la movilización nacional, y estoy seguro que se concentrarían millones de representantes del gobierno legítimo y pondríamos las cosas en su lugar.

Por eso he hablado de que ejerceré una Presidencia colectiva e itinerante. Tres días de la semana, lunes martes y miércoles estaré atendiendo asuntos públicos en la Ciudad de México. Y jueves, viernes, sábado y domingo me dedicare a recorrer los 2 mil 500 municipios de nuestro país, para crear la organización ciudadana mas importante que se haya visto en toda nuestra historia y llevar a cabo, desde abajo y con la gente, la transformación política, económica, social y cultural que requiere México.

Por cierto, aquí aprovecho para informarles que el escudo de nuestro gobierno será el águila republicana, el águila juarista.

¡Abajo el águila mocha, el águila de los conservadores y de los reaccionarios de México!

Para mejor difusión de nuestros símbolos, les recomiendo que se fijen en el billete de 20 pesos, el de menor denominación, porque ahí aparece nuestra águila y el presidente que admiramos, el presidente Benito Juárez García, el más grande en la historia de México.

Amigas y amigos:

La solemne protesta que acaba de ligar nuestro destino político al de nuestro pueblo, implica defender una Patria para todos, por encima de cualquier interés personal o de grupo.

En esta tarea histórica empeño mi honor y mi conciencia. Y sé que cada uno de ustedes hará lo mismo.

Frente a la mafia que nos robó la elección presidencial y hace negocios privados a la sombra del poder publico, frente a los intereses mezquinos, proclamamos con orgullo que nuestra autoridad moral deriva de nuestros principios y de la ética política que profesamos.

Aspiramos a vivir en una sociedad mejor, donde el dinero no triunfe sobre la moral y la dignidad del pueblo, donde el ser humano valga por su trabajo, su rectitud y su generosidad, sin importar el color de la piel ni la condición económica o social.

Regresen a sus barrios, colonias, comunidades y pueblos, enterados una vez más que estamos haciendo lo correcto, que las cosas van a cambiar porque trabajamos juntos porque así sea. No le demos sitio al desánimo. La esperanza es la acción colectiva dedicada a crear lo que hace falta, lo pendiente; es la capacidad que tenemos de hacer realidad el cambio profundo, verdadero. No esperemos nada de los de arriba, cumplamos con nuestro deber ciudadano.

Las posibilidades del cambio están en nuestras manos, en nuestros hechos, en nuestros compromisos. Somos mujeres y hombres libres, el destino de nuestras vidas depende de nosotros, también el futuro de nuestra patria. Manos a la obra, seamos todos el gobierno que nuestro país necesita.

¡Viva el Gobierno del pueblo!
¡Viva la Revolución Mexicana!
¡Viva México!

[Fuente: www.amlo.org.mx]

3. Reconstruir el estado

Artículo de Porfirio Muñoz Ledo, miembro de la dirección del Frente Amplio Progresista. El Universal, 23 de noviembre de 2006

No sorprende la actitud derogatoria con que la abrumadora mayoría de los comentarios periodísticos se refirieron a la toma de protesta del pasado 20 de noviembre. Lo que se pretende no es sólo ridiculizar el evento; se busca descalificarlo y en última instancia abolirlo. Vaciarlo de todo contenido ético y político. Presentarlo como una mascarada irrelevante. Minimizar sobre todo la presencia y el significado del principal actor del evento: la entusiasta y esperanzada militancia popular.

Muy pocos mencionan que el Zócalo estaba lleno y ninguno se refiere al gentío de las calles adyacentes, menos aún al clima de emoción y respeto que envolvió a la ceremonia. Asoman apenas escuetas referencias numéricas. Casi todos hablan de «miles» de personas y uno alude a «decenas» de miles. Curioso sistema contable, ya que la asistencia estimada fue de medio millón, con lo que habría que multiplicar la unidad escogida por cincuenta veces en un caso y por quinientas en el otro.

Podría haberse empleado el método comparativo. Haber traído a la memoria que en 1988 la manifestación más concurrida fue de la mitad de los asistentes de ahora. O bien que ninguna de las protestas tumultuarias de los migrantes en Estados Unidos rebasó la asistencia del lunes pasado. También pudo haberse mencionado que manifestaciones menos concurridas han derrocado regímenes políticos en varios continentes.

Dice una reconocida frase que el desdén es el tributo que la mediocridad rinde al talento. También es cierto que el ninguneo suele ser la respuesta elemental frente a lo indeseable. Quién no recuerda aquella discapacidad voluntaria de «ni los veo ni los oigo». La razón de ese gesto era la misma que la de nuestros actuales usurpadores. Fingir una normalidad inexistente y negar la causa del reclamo público: la ilegitimidad de un gobierno impuesto por la violación de un sufragio.

Destacan las reflexiones bienpensantes y los consejos hipócritas. Se insiste que en una «joven democracia» los actores políticos están particularmente obligados al acatamiento de las «reglas del juego»; pero no hay mención alguna a la violación de la legalidad ni a la clausura de la transición mexicana por la voluntad arbitraria de Fox. Menos, al reconocimiento explícito que éste ha hecho de su fechoría en la descarada afirmación de que «ganó dos elecciones».

No faltan quienes derraman lágrimas de cocodrilo por un supuesto extravío de las fuerzas progresistas, al transgredir las fronteras que el poder les ha marcado. Hablan de una «claudicación de la izquierda» frente a la ambición personal. Se aferran al gradualismo acomodaticio que los hizo aceptar las concesiones del antiguo régimen. Olvidan su empeño tortuoso en socavar, hace 18 años, la voluntad mayoritaria de impedir la consumación del fraude. Esa sí claudicación histórica que traicionó al movimiento popular e hizo posible la implantación del neoliberalismo en el país.

Cierto, la tradición más consistente de la izquierda está cifrada en la creación de instituciones democráticas. En la construcción de un Estado garante de los derechos ciudadanos que en verdad encarne el pacto social. Por ello mismo, en el pensamiento progresista han de prevalecer la honestidad política y el rigor crítico. Aceptar una escandalosa simulación institucional equivaldría en cambio a validar la violación de los principios por los que hemos luchado y echar por la borda el esfuerzo de una generación.

En ese sentido dirigí mi alocución a las familias poblanas que rememoraron hace unos días el sacrificio de los hermanos Serdán. Quien lea con atención el libro precursor de Francisco I Madero, La sucesión presidencial en 1910, encontrará la descripción puntual de lo que hoy llamamos «la república simulada»: el decorado prolijo de un falso orden democrático dominado por un solo hombre y asentado en la desigualdad y la represión. Por eso la proclama de Madero es equivalente a la expresión «al diablo con sus instituciones».

El llamado central de la ceremonia fue la edificación de una Nueva República. Aquella que proteja los derechos del pueblo, defienda el patrimonio de los mexicanos y afirme la soberanía nacional. Ese cambio pasa hoy por el desconocimiento de la legitimidad de las autoridades impuestas al margen de la legalidad y por la movilización popular dirigida a impedir la consumación de más retrocesos políticos y sociales. Debe también encaminarse a través de proyectos de reforma correspondientes a la plataforma de la coalición Por el Bien de Todos y resumidas en los veinte puntos del programa anunciado por López Obrador.

Mientras no ocurran nuevas elecciones que restauren el orden constitucional, el gobierno legítimo puede ejercer, a un tiempo, acciones de gobierno y de contra gobierno. A través de los grupos parlamentarios del Frente Amplio Progresista hará llegar al congreso iniciativas de ley en el sentido de las transformaciones que proponemos. Podrían desvalorizarlas diciendo que no tenemos mayoría en las Cámaras y olvidando que ellos tampoco la tienen. Por ese camino desacreditarían pronto la inclinación al diálogo que pregonan.

Serán también acciones de gobierno las que tomen las autoridades locales del Frente conforme al programa trazado. El próximo Ejecutivo del Distrito Federal ya se ha comprometido a emprender acciones específicas que contrarresten el alza de precios decretado por la autoridad federal. Son innumerables las reformas que pueden emprender nuestros gobiernos estatales y ayuntamientos en el marco de sus competencias. Cambios profundos de rumbo en la política municipal, modificaciones legales y administrativas de trascendencia en las entidades federativas y la convocatoria para revisar integralmente sus constituciones.

Subrayo que el punto primero del proyecto presentado alude al proceso para la renovación integral de las instituciones públicas. Conforme al resolutivo de la Convención Nacional Democrática llamaremos a un debate nacional y promoveremos un plebiscito para la elaboración de un nuevo marco constitucional. De poco valdría en efecto volver a naufragar en los laberintos parlamentarios dominados por intereses de corto plazo, en ausencia de una voluntad política fundacional que podría emerger de la consulta ciudadana y ser más tarde procesada por los responsables políticos del país.

Ese es el objetivo último que perseguimos. Es claro que no puede ser cumplido en la falsificación gubernamental ni en los bloqueos y pantanos de la vida parlamentaria. Por eso creo en la necesidad de profundizar la crisis y de encontrar las respuestas que el país exige en otro estadio histórico. Resultaría contradictorio ensalzar las virtudes de una nueva constitucionalidad y negarse a respaldar los cambios políticos que la hagan posible.

Notas

{1} Gilles Deleuze, En medio de Spinoza, Cactus, Buenos Aires 2003.

{2} Plutarco, Acerca del Destino, UNAM, México 1996.

{3} Louis Althusser, Maquiavelo y nosotros, Akal, Madrid 2004.

{4} Partido Nueva Alianza, Partido Verde Ecologista de México.

{5} La señora Patricia Mercado fue candidata a la presidencia por el partido Alternativa Socialdemócrata.

{6} Me permito recordar el epígrafe del artículo de Los días terrenales, «Antropologismo político e historicismo político», que, con relación a la idea de la inmanencia de una crisis, sostiene lo siguiente: «Sin duda fue Althusser quien lo puso en la frontera de una época. La frontera que señalaba su propia obra. La señalaba por que reunía los elementos propios de una época y los hacía tender hacia un extremo que no soportaba la tensión. Una crisis bien entendida es precisamente esto. No una decadencia de los caracteres que definen un momento, sino una tendencia de esos mismos elementos a hacer estallar los límites del conjunto que los contiene», El Catoblepas, nº 54, agosto, 2006, pág. 4.

 

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