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El Catoblepas, número 40, junio 2005
  El Catoblepasnúmero 40 • junio 2005 • página 18
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¿Destruir o instruir? indice de la polémica

Mohamed Bilal Achmal

En torno a la postura de Gustavo Bueno ante el Islam

1. Todos somos humanos, pero humanistas somos pocos. Matar es deshumanizar-se por propia voluntad, y deshumanizar el «ser matado» por haberle quitado lo más valioso de su existencia: la vida. Por eso, quienes matan, matan también los valores de la vida, y viven la más grande necrofilia de todos los tiempos. Las matanzas, son horribles, fueran por voluntad o involuntad, y por tanto, contra toda la Humanidad. Es el propio Corán quien dijo, una vez, quien mate una persona, es como si hubiera matado a todo el mundo, y quien le preserva la vida como si hubiera preservándola a todo el mundo{1}. Así es el fundamento del Islam ante la vida: preservar la vida mejor que destruirla. De ahí la prohibición del aborto en la Ŝari'a islámica. Porque cuidar de la vida y mantenerla sana y salva de toda manipulación, es la esencia de la Ŝari'a o la sabiduría de la prohibición de la misma como diría el gran Ulema de Játiva, Abū Iŝhāk 'ātibí{2}.

Lo que pasa, es que podríamos chocar con alguna tesis justificando la matanza, partiendo de unos principios en la ideología del quien lo perpetra. Es el caso de todos los que maten. Incluso aquellos protagonistas de los hechos sangrientos del 11 de septiembre, que destruyeron la vida de tantos y acabaron destruyendo –por responsabilidad directa– las de otros en la revancha que protagonizaron los Estados Unidos de América más tarde en Afganistán y siguen protagonizándola en Irák. Tampoco no nos quedábamos a salvo del peligro. También hemos conocido el color de la sangre en nuestro país, pues hubo un 11 de mayo de 2003. Pero con una versión diferente. Nadie, absolutamente nadie, había imaginado que tal golpe podría ser perpetrado dentro de un país que tenía fama de estabilidad y de tolerancia.

Todo ello porque algunos hombres vieron en la Jurisprudencia islámica, la Ŝari'a, una pura apelación a la guerra, sin darse cuenta de que el Ŷihād es una cuestión de 'Ijtihād, o sea de quién pueda interpretar de la misma, la mejor salida a las problemas planteados ante los musulmanes. El problema del Ŷihād es condicionado por factores y circunstancias que les rodean. Los que tienen autoridad para valorar si es necesario un apelamiento al Ŷihād o no, son los erúditos en las ciencias de la Religión, los Ulema y nadie más. Y si digo los Ulema, es necesario precisar que estamos refiriendo a los Ulema independientes del poder político del Estado. Es decir, los Ulema del pueblo, no los del sultán que, siendo manipulados por su poder, justifiquen todo aquello relacionado con su legalidad política y espiritual, y por eso son capaces de hacer cualquier cosa para satisfacerle, aunque fuera de las normas coránicas.

Algunos sectores de la Ŝalafía al-Ŷihadía, piensan lo contrario. Su caso es el de Sola Escriptura, pues interpretan literalmente los versos coránicos sin fijarse bien en el contexto en que estén situados. Sus ídolos son un 'Ibn Taymiya que juzgó a los tártaros de infieles y dió luz verde a combatirlos{3}, o un Ŝayed qotb, el Ulema que juzgó severamente a la sociedad de su tiempo, atribuyéndola el adjetivo de Ŷahíliya, es decir, el estado de antes del Islam{4}.

Estos sectores, ni siquiera son eruditos en la doctrina musulmana. La mayoría de ellos tienen un nivel de estudios primarios y no llegaron a profundizar sus conocimientos en la Ŝari'a como debían. Y, a pesar de todo, ejercen la Fatwa, es decir, valoran lo que es adecuado a los musulmanes o no, lo que es en plena armonía con la religión o no. De ahí el fenómeno del «cisma» entre los componentes de la Ŝalafiya al-Ŷihādiyā. Cada momento disputan la autoridad de interpretar la Ŝari'a y compiten el mando de la «'Imar'a».

2. A causa de una mala interpretación del Ŷihād{5}, o sea, la guerra santa como consta en los tópicos del Occidente, hubo mucha sangre derramada. Los que habían planteado matar a personas por su supuesta implicación en asuntos en contra del Islam, dieron mucho que pensar. ¿Es permitido en el Islam matar a inocentes? ¿Es permitido matar a alguien por la culpa de otros? El propio Islam, advirtió a los musulmanes en tiempos de guerra, que no debiesen arrastrar ni una sola planta si no fuera necesario. De los ancianos, los niños, y las mujeres no hace falta hablar, porque es bien conocido que dicha religión llamó a sus seguidores a ser misericordiosos con ellos y respetar sus derechos.{6}

El gran Príncipe de los Creyentes, Omar 'Ibn al-Jattāb, dejó clara la postura del Islam ante otras religiones. Cuando entró en Jerusalén, dejó a sus habitantes toda la libertad de llevar su vida tal como era antes. Mostró, una vez más, que el Islam es una religión de tolerancia{7}. En el Islam, no se permite imponer a los demás una creencia por la fuerza{8}. Lo que sucedió en aquellos días es el fruto de una mala interpretación del Islam. Matar en nombre del Islam es una cosa ajena a toda su historia, a no ser que haya sido identificado con la religión de la matanza, cosa que jamás fue demostrada y argumentada.

En el Islam, es aún más peor: matar es algo concreto de la vida corriente. Implicar lo más allá para llevar tal hecho a la legalización, y darle un toque de misión divina, es lo más repugnante que pudo haber sido. Los suicidas que mataron a los inocentes, pretendiendo hacerlo con el nombre de la religión, cayeron en un puro fanatismo y cometieron una magistral cobardía. Estamos ante un virus de índole cognitivo y ético surgido de la ignorancia que es capaz de atacar al corazón, perjudicando la esencia misma de la vida.

3. Sin embargo, los que tienen alguna idea de los principios del Islam, saben perfectamente que hay tres fases sucesivas para combatir el Mûnkār, o sea el mal social, político, y religioso, andando de una fase a otra. La primera es combatirlo con la mano, eso sí, por la fuerza. La segunda con la lengua, denunciándolo. La tercera, con el corazón, sin mover ni la mano ni la lengua{9}. Es cierto que hacerlo con la última es menos apreciado por el Islam, porque demuestra la poco que es la fe del musulmán. Pero al menos una cosa es segura: Hay que intentar hacerlo con el corazón en vez de mirar hacia el otro lado de la calle. Es la pedagogía de la responsabilidad que se requiere cultivar.

Pero a veces, el Mûnkār no es de todo como tal. Hay puntos de vista diferentes a la hora de valorarlo. Y eso es lo que precisamente abre la puerta a la conflictividad entre sectores sociales, o empleando una terminología musulmana, abre la puerta al «Fįtna». Todo el mundo interpreta el Mûnkār a su manera, y propone combatirlo como un mal extremo para lograr el martirio. Dicho estado de cosas provoca el caos, pues todo el mundo pretende ser el mártir defendiendo al Islam de sus agresores. Y para conseguirlo, hay que seguir el camino sangriento de la violencia. La mayoría de ellos no están mejor preparados, ni para juzgar el Mûnkār, ni para condenarlo con el Fātwā –veredicto religioso u opinión del mismo rango– como siguen haciendo muchos de los Omar'a al ŷama'at al-islamiya, es decir los Príncipes del ŷihād que desafían al orden público, desafiando al propio Estado. Es el caso de los hechos lamentables en Casablanca: Todos los suicidas son casi gente ignorante o de poca escolarización, y que trabajan de comerciantes ambulantes, o bien de guardias de automóviles.

4. ¿Cuál es entonces la manera de combatir este Mûnkār? (llamamoslo así porque de la muerte de tantas personas inocentes se trataba y nada de especulación sobre el mismo) ¿Destruir las raíces del Islam, como dijo Gustavo Bueno{10}, porque él es el responsable de tantas matanzas en el mundo? ¿Y cómo? ¿Sirviéndonos del racionalismo? ¿Es verdad que el Islam es el responsable de las mismas? ¿Por qué inculpamos al Islam cuando se produce un atentado mortal contra blancos occidentales?

5. Empezamos primero por preguntarnos: ¿llamó alguien alguna vez a destruir las raíces del Cristianismo cuando hayan sido aniquiladas las vidas del pueblo iraki a mano de la maquinaría destructiva de los Estados Unidos de América? Aún más: ¿Pretendió alguien hacerlo con el Judaísmo durante la matanza feroz del hombre y de la historia en Palestina por parte de Israel? ¿O por algo será que ahora piden la cabeza del Islam como sea? Hay que tener suficiente valor para confesar que parte de todo esto es pura conspiración contra una forma de ser bastante molesta para algunos.

6. ¿Y qué raíces tenemos que destruir? Gustavo Bueno, como es bien sabido, tiene un especial cuidado por los detalles. Recordemos todos que fue él quien ha tenido la especial atención a los remotos razones de los sucesos del 11 de septiembre situándolos en una declaración de fundar el Estado hebreo ya en los años veinte por parte de los padres del sionismo.

Gustavo Bueno, como tal, no nos ha informado cuales son las raíces del Islam que deberíamos destruir con las armas del racionalismo. Prácticamente se olvidó de decirnos cuales son, para que nosotros pudiéramos deshacernos de su peligro. Bueno no quiso darnos las raíces que él pretende que están detrás de la violencia perpetrada en el corazón del Imperio Américano.

¿Sería aquello que está en todas la religiones del Libro, es decir el Monoteísmo? ¿Por qué tal hipótesis? Pues porque el suicida, al menos quien profesa el dogma del Islam, cree que todo pertenece a Dios y nada es ajeno a Él. Y por tanto, nada tendría que perder el hombre cuando diera su vida por una causa que es, en el último momento, la causa de la Fe. Por el contrario, mucho tendrá que ganar cuando sacrifica su vida ganando otra que es la mejor, la duradera y la verdadera. Algo parecido habrá pasado en la mente de Bueno cuando llamó a tal destrucción. En realidad, la llamada destrucción de las raíces del Islam, es pura utopía. Si es posible conseguirlo, otro problema surgirá pronto. Es el problema de la espiritualidad que ni la racionalización, ni el «guellerismo» lograrían deshacerse de ella.

El verdadero racionalismo no plantea destruir, sino instruir algo que puede ser útil para lograr objetivos deseados. Racionalizar lo no racionalizable es perdida de tiempo. Lo que está en el Islam es algo irracionalizable, porque de la espiritualidad se trataría.U na vía accesible sí que es posible y deberíamos al menos intentarla. Es la vía de instruir la tolerancia que hay en el Islam. Decir esto no significa que no se trata de una tarea imposible, ni tampoco de una apología del Islam. Estudiar tal religión detenidamente, sin ningún prejuicio, ni tópicos establecidos por ignorantes nulos en las Ciencias del Islam, seguramente nos llevaría a formular una filosofía de la tolerancia{11}. No voy a mencionar ninguna porque no es ni el momento, ni el espacio adecuado para ello. Me limitare a decir que en vez de destruir, ¿por qué no instruir? Al menos, eso nos daría la credibilidad cuando rechazáramos la violencia. ¿O acaso destruir no es un acto de violencia? ¿No es un acto en contra de la esperanza cuando Bueno imploraba la destrucción en vez de la instrucción? ¿Es verdad que no podemos hacer nada «mientras se ande con tolerancia»?{12}

7. El plan de destrucción de las raíces del Islam debía seguir, según Bueno, el ejemplo de lo que sucedió con «la Iglesia en el Siglo XVIII»{13}. Pero el profesor Bueno se olvidó de que en el Islam no exsistía una institución como la Iglesia tal como está concebida en la Cristiandad. Sí que hay fundamentos que dan mucha libertad para la interpretación de la Ŝari'a, con una condición: estar al nivel de hacerlo y tener suficientes conocimientos en las Ciencias del Corán. Se puede andar pretendiendo que sí existió una «Iglesia Islámica» refiriéndose al Azhār, por ejemplo, o al Centro de Estudios Islámicos en Arabía Saudí... pero son instituciones que nada tienen con el institucionalismo religioso que existió y sigue existiendo en la Cristiandad.

No existe en el Islam «clérigo», ni tampoco hombres laicos. Son categorías cristianas surgidas de una experiencia limitada en el espacio y en el tiempo, propias del cristianismo y aplicadas al Islam desde un egocentrismo europeo, inconsciente o no. Y por tanto, destruir los supuestos raíces llevaría, sin duda, a una forma de «Inquisición» más radical que aquella de los siglos pasados. Pensar que lo sucedido en el cristianismo podría suceder igualmente en el Islam, es una simplificación absurda de las cosas. Hay que tener en cuenta los aspectos particulares de dicha religión y trabajar en ello con cautela metódica.

8. Según Bueno, «los sucesos de Nueva Work y de Washington responden a un movimiento antiglobalización o si se quiere globalizador de la ideología islámica»{14}. Pero, ¿acaso sabía el profesor Bueno que el movimiento islámico fue antiglobalizador mucho antes de que naciera el fenómeno globalizador? Y ello a causa de una problemática en el pensamiento islámico: ¿Como se puede hacer una renovación nueva en el mundo árabe e islámico llevada a cabo por los pensadores musulmanes?{15}

9. Con todo esto, Gustavo Bueno pretendía convencernos de que el Islam está «incluido» en todos aquellos sucesos lamentables. Desgraciadamente sí que es verdad, pero tenemos que añadir que aquello fue de una manera incorrecta, porque alguien quiso manipularle para satisfacer sus deseos de sembrar el terror en el mundo entero, y por ello dañaba bastante la verdadera imagen del mismo.

10. Y la cuestión es: ¿por qué implicamos al Islam en la avalancha del terrorismo?{16} No tenemos la menor idea de que hay un Islam como hay musulmanes y no es de todo verdad pedir que los musulmanes tienen que encarnizar el ideal que mantiene el Islam. ¿Por qué no implicamos al catolicismo en los atentados perpetrados por ETA en España? ¿Acaso el cristianismo dejó claro su rastro laico desde su nacimiento? ¿O qué logró apaciguar su relación con el mundo material de aquí, y se conservo la gerencia del más allá?

11. Es muy extraña la postura de Bueno frente al filosofo cordobés en este contexto. Según él, Averroes «sostiene que la razón es supra individual». Eso sí que es verdad. Pero una cosa es la razón agente, global y otra cosa es la razón pensante de cada cual. Averroes, en su libro sobre las concordancias entre la verdad religiosa y la verdad filosófica o el «Fasl» dejó claro que hay una diferencia entre ambos metódicamente hablando, pero en el fondo, todos son la misma cosa. No quiere eso decir que haya una razón única excepto la del Ser Supremo. No, Averroes sostiene que hay dos razones, si queremos llamarlas así. Una humana, la otra divina. La razón humana consiguió llegar a las verdades que antes habían sido planteados por la razón divina. Por eso llamó a una paz duradera entre la filosofía o razón humana, y la Ŝari'a o razón divina{17}.

Pero Averroes no llegó jamás a sostener que alguien pensase por nosotros. Y si eso ocurría, qué diríamos de la filosofía como opción humana de buscar la verdad por su propia cuenta. ¿Será que nosotros, cuando invocamos actualmente al espíritu averroísta, perseguíamos en vano una luz inalcanzable?

12. Los más curioso es relacionar Averroes con la revelación, y esto con Mahoma –fíjate el nombre nada justo– y éste con el fanatismo, sin la mínima argumentación como si fuera todo esto una ley científica muy rigurosa. A mi entender, esto es la más insignificante injusticia que pudo haber existido en toda la historia del Islam. Decir que donde haya Mahoma haya fanatismo es como decir donde haya Jesucristo haya tolerancia. Por lo cual es pura simplificación de los hechos y de los contextos que nada aportan a nuestros conocimientos ni tampoco ayudan a favorecer circunstancias de entendimiento y paz entre el mundo islámico y Occidente.

Relacionar al Islam con el terrorismo es confundir el ideal con el hombre. Nada tiene que justificar que el hombre, como tal, es la encarnación del ideal aunque es saludable siempre que llegase a hacerlo. Por lo tanto, nadie atrevía a decir que del cristianismo sale el terrorismo incluso en los atentados perpetrados por la IRA en Irlanda donde la guerra entre católicos y protestantes es claramente «religiosa».

13. Lo más curioso también es el durísimo golpe que dió Bueno, como tantos, a los musulmanes designándoles como «intolerantes». Tal golpe surgió, sin duda, de tantos tópicos en la historiografía occidental sobre el Islam. El porque de ello, es la mala comprensión del mismo. Como mero ejemplo, Bueno empleaba el término «cafres» y le explicaba diciendo que es «la forma española de llamarnos los infieles»{18}. Pues bien, los infieles son gente que niegan la existencia de Dios, o niegan una forma de divinidad o religiosidad. En lo normal, los españoles como buenos cristianos que son o casi, son fieles, porque creen en Dios, y constituyen, junto a los judíos, lo que se denomina por el termino de «Religiones del Libro».

Para los musulmanes, los cristianos son creyentes, pero en una otra forma de espiritualidad: la de la Trinidad. Por eso, los españoles no son «cafres», pero al contrario, «muminin» es decir: creyentes. El término empleado por Bueno,{19} significa literalmente en árabe, «las aldeas» o «pueblos». Y si es preciso emplear el término árabe exacto, hay que decir Kûffār lo cual significa los hombres que están totalmente sumergidos en el Kûfr{20}. Me atrevo a decir que el mayor defecto que tienen los «eruditos» no arabófonos en la hora de estudiar al Islam, es la falta de conocimientos suficientes de la lengua misma del Corán. De esto, tantos horrores había hecho la traducción del mismo a otras lenguas ajenas a su significado bayāni. El problema lo tenía la «ignorancia» y no el Islam. Y por eso, hay que revisar de nuevo las posturas ya señaladas a la luz de la ciencia y de la sabiduría.

14. ¿Acaso saben los que inculpan al Islam de tantos crímenes que es la Religión del Libro, y que es la religión que se identifica más con la ciencia que con la ignorancia? El Islam es la religión de la ciencia y el fenómeno islámico empezó un día convocando al Profeta a leer{21} para descubrir los encantos de la sabiduría llegando después a conocer a Díos todo poderoso. Por eso, nada justifica matar a los inocentes; pues matar es un acto de locura e ignorancia. Y jamás un buen musulmán, bien vertido en las Ciencias de la Ŝari'a convertirá su ideal pacífico a un simple atraco mortal a las ideas de los demás. Pretender lo contrario, es pura demagogia que seguro nos llevaría al desastre. Poner esto, con un poco de egocentrismo europeo, los resultados serían extraordinariamente escandalosos: ¡Islam+Mahoma=Fanatismo! Y así se hace las mil y unas tonterías perjudicando a un ideal basado sobre todo en la tolerancia y el diálogo{22}.

15. Hablando del diálogo. Bueno afirmó que «el diálogo es especulativo»{23}. Tanto por la tolerancia, que por el diálogo, Bueno es «intolerante». Hace un momento, hemos propuesto la «instrucción» como alternativa a la «destrucción». Pues bien, ahora es claro que quien invoca a la última, no tiene nada que hacer con la primera. Es decir, si el diálogo nos llevaría a un callejón sin salida, ¿por qué seguimos abusando de él? Curiosamente, uno de los más importantes valores de la Humanidad se vinieron abajo a cambio de un realismo a corta distancia. Erradicar el terrorismo, a través de la destrucción de sus raíces, mantener el diálogo de la fuerza, son armas eficaces en hacer que los fenómenos violentos crezcan de una manera brusca e infinita. Porque nadie, en el otro lado, se quedaría las manos cruzadas ante un acto de violencia. Hay que tener paciencia en las cosas de lo humano. Aplicar la violencia significa mantener el estado de guerra en vez de crear condiciones de paz. A veces, el exceso de racionalismo nos puede llevar al fanatismo, incluso a la ruina. Y por eso es ahora, y no antes o después, que debemos confiar en el diálogo, porque es la vía más segura de la paz. Otra vía sería la del caos.

16. Concluimos diciendo que no hay que confundir el Islam con el terrorismo, tachándole de intolerancia y después destruirle las raíces que supuestamente estén en su corazón para deshacer de la violencia y del terrorismo, porque nada de eso sería eficaz, incluso a largo plazo. En cambio hay que tener mucha esperanza en el diálogo, la convivencia y la tolerancia para lograr una paz duradera basada sobre un conocimiento profundo del Islam, de sus dogmas, y de sus ideales sin perjuicios ni tópicos de lo ordinario.

Notas

{1} «Por esta causa prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona sin que fuese por otra o por extender el escándalo porla tierra, fuese juzgado como si hubiese matado a todo el genero humano; quien la resusitase, fuese recompensado como si hubiese resucitado a todo el genero humano», Corán, Azora V:35. Trad. Vernet, pág. 132.

{2} Abū Iŝhāk al-hatibí, Al muw'afaqat fi Uŝul Addin, tomo 2, edición Dar al-Fikr, 1920, págs. 110-118.

{3} 'ibn Taymiya: qûtûb wa rasa'īl, edición de Abderrahman al-'aşemi al- Hānbalī, Biblioteca Ibn Taymiya (sin fecha), tomo 22, pág. 51, tomo 28, págs. 414, 544, y 551.

{4} Véase a Ŝayed Qotb, Ma'lim fi a-ttāriq, Dar a-ūrūq, Beirut-Cairo 1979, pág. 8.

{5} Es necesario indicar que los Ulema musulmanes han dejado claro la diferencia entre Fard al'-ayn o obligación personal y Fard al'-kifáya o obligación comunitaria. El Ŷihād pertenece al segundo, no al primero.

{6} Véase, por ejemplo, a Abū Daūd y su intrepretación a un Hadith –el nº 2614 tratandose sobre el tema– en: Abū Daūd Ŝajtani al- Azdi, Ŝunān abī Daūd, edición de Mohamed Mohyi Eddine Abdel Hamid, Dar el-Fikr (sin fecha), tomo 3, pág. 37.

{7} Véase a Al Ŝuyûtí en: Tarikh al-Khûlafa' (Historia de los Califatos) tomo 1, edición Aŝŝa'da, Egypto 1952, pág. 132. Y también a 'Ibn Khatír en «al-bidaya wa a-nihaya» (El principio y el fin), tomo 7, Al Ma'arif, Beirut, sin fecha ni lugar de edición, pág. 58.

{8} «¡No hay apremio en la religión! la rectitud se distingue de la aberración», el Corán, Azora II, 257. Véase la traducción hecha por Juan Vernet, segunda edición, Plaza y Janés, Barcelona 1986, pág. 84.

{9} Véase, Ŝahih Muŝlim, Libro del Imān (fe) nº 48, tomo 1, edición de Mohamed Fuad Abdelbaki, Dar 'Ihya' a-tturat al-'arabí, Beirut (sin fecha), pág. 69.

{10} Gustavo Bueno, «Hay que destruir las raíces del Islam», entrevista, La Nueva España, 16 de septiembre de 2001.

{11} Podemos conciderar A'ttawhidi como el gran filósofo de la tolerancia, pues consiguió, sin saberlo incluso, formular una paradigma de lo que se debía ser y hacer en eso de las diferencias políticas, sociales o ideológicas. Véase su libro en Ahmed Amin y Ahmed Ezzin, Editores, Al- imta' wa al- Mo'anaŝśa, Beirut 1953.

{12} Gustavo Bueno, ibidem.

{13} Gustavo Bueno, ibidem.

{14} Gustavo Bueno, ibidem.

{15} A simple título, podemos señalar los nombres de Ŷamal Eddine Tahtawi, al-Afghani, Mohammad Abdu, Kawakibi, Rachid Reda de los precursores y Ŷabiri, Arwi,Hanafi, Arkun, y otros más de los contemporaneos.

{16} Es curioso que la mayoría de quienes lo hicieron no dieron cuenta de que la esencia del Islam es ŝalam, o mejor dicho, su esencia es «paz». De ahí que lo primero que tiene el musulman que hacer es lograr las paces con los demás usando la frase prioritaria de «ŝalamû 'Alikûm», que significa nada más y nada menos que «La paz con vosotros».

{17} Véase Abū al-walid 'Ibn Ruŝd, Fasl a-l maqāl wa taqrir ma bayna al- hiqmati wa a-ŝariati mina al-'ittisal (Tratado decisivo), Dar al-Machriq, Beirut 1973.

{18} Gustavo Bueno [Sánchez], «Ochenta años después del 11 de septiembre de 1921», La Nueva España, 13 de octubre de 2001, pág. 41.

{19} Gustavo Bueno, «¿Soldados o policías?», La Clave, nº 26, 12 de octubre de 2001, pág. 21.

{20} Por cierto, para nosotros los musulmanes del vecino Tetuán, empleamos el termino n'ŝara' si es necesario la terminología religiosa o Ŝorfa –los Nobles del linaje del Profeta Mohammad– cuando de lo social se tratase.

{21} «¡Predica en el nombre de tu Señor, él que te ha creado! Ha creado al hombre de un coagulo. ¡Predica! Tu Señor es el Dadivoso que ha enseñado a escribir con el cálamo: ha enseñado al hombre lo que no sabía.» El Corán, ibidem, Azora XCVI: 1-5, pág. 554.

{22} «Llama a la senda de tu Señor con la sabiduría y la bella exhortación. Discútelos con aquello que es más hermoso.» El Corán, ibidem, Azora XVI: 126, pág. 259.

{23} Gustavo Bueno, «Ataque al corazón del Imperio», La Clave, nº 22, 14 de septiembre de 2001, págs. 17-19.


 

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