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El Catoblepas, número 40, junio 2005
  El Catoblepasnúmero 40 • junio 2005 • página 10
Artículos

Breve nota sobre las hipótesis
acerca del origen del lenguaje humano indice de la polémica

Pedro Santana Martínez

Se repasan las hipótesis recientes sobre el origen del lenguaje y se esboza un análisis de los presupuestos que se esconden no sólo tras las mismas, sino también tras las teorías del lenguaje y los modelos lingüísticos con los que suelen ir coordinadas

1. Presentación

En relación con la cuestión de los orígenes del lenguaje humano articulado (doblemente articulado según la precisión habitual) y su importancia para la teoría de la religión{1}, nos proponemos comentar algunos aspectos acerca de aquélla que nos parecen de interés.

Comenzamos por advertir que nuestra discusión pivotará en torno a la hipótesis del protolenguaje en el sentido de Bickerton{2}, se organizará sobre ella, por así decir, le concederemos la virtud de haber reorganizado el campo de las hipótesis sobre el asunto del origen del lenguaje. Al proceder de esta manera nos situaremos en la proximidad de formulaciones que se inscriben muy claramente en la lingüística y la teoría del lenguaje de Chomsky. Aunque ese territorio es habitado también por adversarios de éste, de ellos cabría decir que sólo pueden contradecirle porque, precisamente, Chomsky desarrolló la teoría del lenguaje y la lingüística{3} sobre las que crecieron muchas de las corrientes en lingüística que ahora registramos, aunque no todas desde luego{4}, ni muchísimo menos. No se trata, parafraseando en cierto modo lo antes afirmado a propósito de la hipótesis del protolenguaje, de que sea imposible hacer lingüística fuera del ámbito inaugurado por Chomsky: lo que vino a ocurrir con la irrupción de éste es que todas las lingüísticas se pudieron clasificar o situar desde las coordenadas que esa misma irrupción proporcionó. Sin perjuicio del valor del trabajo de muchos lingüistas, éste sólo se entiende históricamente como una respuesta, técnica –pongamos Joan Bresnan– o de un calado más ideológico –digamos Pinker– al autor de Syntactic Structures. Y obraremos de esta manera no especialmente movidos por la verdad positiva que podamos adjudicar a las teorías de Chomsky o de Bickerton, sino por el modo en que éstas, en su mismo planteamiento, revelan los problemas más o menos latentes en la ciencia lingüística.

Cabría incluso señalar que lo que consideramos es la extensión y éxito en el último siglo de las ideas de Chomsky, lo que le convierte en una referencia inexcusable, es sobre todo una cuestión de esa capacidad objetiva que procede de su estatus ambiguo entre la teoría del lenguaje y la gramática en el sentido más técnico. En este sentido, añadiremos que no tenemos demasiado interés por adoptar una de las posiciones que cabría ocupar en este ámbito polémico{5}. Hay que decir también que algunos de los puntos tratados en el presente trabajo tomarán un sesgo que podríamos denominar informativo, si acaso tenuemente crítico (dejamos la crítica en forma para otro lugar), y que otros en cambio contienen especulaciones que se presentan más como desarrollos lógicos de las sugerencias que se encuentran en la literatura especializada que como hipótesis a las que deba internamente prestárseles importancia. El interdicto decimonónico sobre la investigación en torno a los orígenes del lenguaje –«La Société n'admet aucune communication concernant, soit l'origine du langage, soit la création d'une langue universelle.»–, que estatutariamente expresó la Société Linguistique de Paris en 1866, no ha perdido toda razón de ser, por más que en el algún momento las líneas que siguen serán, a juicio de muchos, escasamente parsimoniosas en lo que hace a tal asunto.

Hemos organizado estas páginas de forma que comenzaremos con una presentación de lo que creemos es el núcleo de la teoría del lenguaje de Chomsky tal como ha venido conformándose en los últimos años, algo de especial interés dada la conexión entre la misma y la teoría filogenético de Bickerton. Después, de modo provisional, ofreceremos muy esquemáticamente unos criterios para la clasificación de las hipótesis sobre el origen del lenguaje articulado, si bien dejamos para otro lugar una exploración y una explotación sistemáticas de dicha clasificación. Por último, discutiremos una serie de ideas que pueden tener especial interés para el tema que estamos tratando.

2. Teoría del lenguaje y gramática en el último Chomsky

De las ideas lingüísticas de Chomsky a lo largo del medio siglo en que se han venido desarrollando, algunos dirán que han mantenido cierto núcleo fundamental y otros insistirán en las mutaciones tan significativas registradas entre los sucesivos modelos y sus presupuestos. Las líneas que siguen pretenden ser una brevísima presentación, más emic que etic –pero nos tememos que no reconocible como propia, como una fácilmente aceptable por los lingüistas en activo– del núcleo de la teoría chomskiana en la última década, núcleo cuyas modulaciones pueden resultar novedosas para el lector familiarizado con la gramática generativa clásica.

De acuerdo con aquélla, las lenguas humanas responden a la misma caracterización formal, no sólo –aunque también– en el sentido de que sean un subconjunto de los lenguajes posibles, sino en el sentido de que vendrían caracterizadas por un esquema metagramatical que, más que mediante la asignación de valores arbitrarios a una serie restringida de parámetros binarios, se especificarían, en cuanto hace a su sintaxis, según unos valores que vendrían dictados por la información morfológica contenida en las palabras de cada una de ellas.

Este planteamiento formal, exento y encuadrable en la teoría de lenguajes formales, se combina con una teoría cognitiva modular, lo que lógicamente tendrá consecuencias para toda la teoría del lenguaje, las teorías sobre su ontogenia, su adquisición y aprendizaje, y su filogenia.

Los conceptos de estructura profunda, superficial, p-, s-, forma fonética y forma lógica, presentes en los primeros modelos gramaticales generativistas se relativizan o desaparecen, con la excepción de estos dos últimos que se consideran como interficies que interactúan con otros módulos de procesamiento. Ésta última formulación nos pone, por cierto, delante de las servidumbres de esta gramática y esta teoría. Y es que ésta se apoya sobre una concepción representacionalista y modular de la psicología cognitiva{6}. Asunto diferente es que se sostenga que los contenidos lingüísticos positivos de esta lingüística puedan ser preservados de tales servidumbres. Todo esto lleva a la reducción del campo de los fenómenos nuclearmente lingüísticos. Por poner un caso extremo, se puede sostener y se ha sostenido recientemente que los fenómenos de binding o ligamiento (relaciones entre sintagmas nominales correferenciales) dejan de pertenecer a la sintaxis para convertirse en cuestión de semántica, esto es, pasan a corresponder a otro módulo y también a otra especialidad de las ciencias del lenguaje.

Las derivaciones que conducen a las oraciones gramaticales no siguen un encadenamiento de reglas desde un símbolo inicial hasta una cadena con sólo símbolos terminales. Más bien, tales derivaciones han de realizarse de acuerdo con ciertas operaciones y obedecer a ciertas restricciones y principios muy generales. Incluso, se llega a abandonar las habituales etiquetas del análisis gramatical en la conocida Bare Phrase Structure Hypothesis. Puede comprenderse que esto dificulte la caracterización concreta de una gramática concreta dentro de la jerarquía de Chomsky, es decir, como gramática de estados finitos, libre de contexto, dependiente de contexto o irrestricta. Por otro lado, el «aspecto», el estilo de los análisis generativistas –más significativamente, el centro técnico de interés de la investigación– es lógicamente muy diferente al de los años sesenta o setenta.

Estas ideas alimentan al llamado Programa Minimista, el cual se inscribe en el marco más general de la llamada Teoría de Principios y Parámetros y sobre el que tendremos ocasión de decir algo más abajo{7}.

Nótese que la reducción del dominio de los fenómenos lingüísticos stricto sensu lleva a importantes consecuencias. En primer lugar, diríamos que aquello de lo que se ocupa Chomsky es sólo una parte de lo que se pone en juego cuando se habla: no dice (casi) nada de semántica, de retórica, de pragmática, &c., y renuncia a hacerlo, no dice nada tampoco de fenómenos que se tomarían como sintácticos pero que, en general, quedan preteridos. Por tanto, será tarea del investigador separar fenómenos lingüísticos digamos nucleares de otros fenómenos de la lengua, distinción que obviamente no se ajusta a la tradicional entre competence y performance.

Una caracterización formal rigurosa de las gramáticas nucleares de las lenguas humanas que probase que éstas forman un subconjunto bien especificado del conjunto de los lenguajes, sería un logro importante por cuanto tal cosa daría razón de toda la empresa. Una demostración de lo contrario llevaría a una corroboración de las teorías continuistas: el lenguaje sería, en la fórmula habitual, una manifestación de capacidades muy generales. Incluso habría que reconocer que tal caracterización tendría un valor que no vendría afectado en un sentido u otro por el mentalismo habitual en la teoría del lenguaje, ni por ningún otro aspecto de ésta.

Desde el punto de vista de la filogenia, la hipótesis de la especificidad estructural lleva a la hipótesis del protolenguaje, el sería básicamente un lenguaje sin sintaxis, con todo lo que eso implica sobre las cotas de complejidad de los enunciados y de la información transmitida. Ahora bien, esa ausencia de lenguaje implicaría con seguridad que las «protopalabras» no tendrían la estructura semántica léxica ni morfológica de las «verdaderas palabras». El «lenguaje moderno» sería posible por la aparición de una nueva y especializada facultad cognitiva, lo que se produciría a través de una mutación o como resultado epigénetico. Esa nueva y especializada facultad se mantiene un tanto en la bruma porque tendría que ver con un manejo y una codificación más bien abstractos de cierto tipo de símbolos y las cadenas que forman; no se trataría de una facultad que se correspondiese biunívocamente con el ejercicio de cierta conducta bien delimitada. Incluso, cabe enfrentar la alternativa de que la misma especificidad gramatical de las lenguas humanas sea consecuencia de una mayor capacidad de procesamiento, con lo que sería indispensable distinguir entre la posibilidad de una gramática que resultase necesariamente de un cierto tipo de procesamiento (por mantener regularidades estadísticas referidas a la comunicación, entre otras cosas) de una gramática específica que se presentase como arbitraria y neutra respecto a los principios de una comunicación más eficiente. Esta ha sido una constante en Chomsky, quien a lo largo de toda su carrera ha negado la pertinencia de los aspectos estadísticos y probabilísticas para la teoría del lenguaje.

Ahora bien, si se niega la especificidad, todo el escenario tal como ha sido delineado se derrumba. Como hemos dicho, esa especificidad se puede argumentar desde la caracterización formal de las lenguas humanas.

Pero, además, ha de quedar claro que una «nueva facultad cognitiva» no implica necesariamente la aparición de un nuevo comportamiento complejo. Sería preciso discutir cómo este cambio se produce en las conductas de los individuos dentro de los grupos o las poblaciones, lo cual no es sólo una cuestión modelizable a través de la sustitución de una conducta por otra, sino que entraña la discusión acerca de la gradualidad estructural de la filogenia del lenguaje.

Las alternativas abiertas serían encuadrables entonces según la aceptación o no de la especificidad (estructural, procesual) de las lenguas humanas y según la consideración que se haga de la distinción entre una capacidad y la ejecución e, incluso, éxito adaptativo de una conducta compleja muy específica. Debe notarse que la especificidad puede ser un resultado que no implique una mutación –un cambio detectable a escala individual– y sí un cambio ecológico o demográfico.

Éste que hemos preentado de manera bastante sucinta es, por así decir, el ámbito teórico en que vamos a situar las consideraciones que siguen.

3. Algunos rasgos para la clasificación de las teorías sobre el origen del lenguaje

Nos limitaremos aquí a la enunciación de unos criterios presentados de forma disyuntiva. Nos apresuramos a señalar su carácter empírico y aproximativo. Antes de entrar en ellos, quizá convenga expresar un primer criterio anterior habría de ser el que opone teorías del lenguaje para las que el lenguaje corresponde a una facultad cognitiva específica a las que sostienen que es el resultado del desarrollo de una facultad cognitiva de carácter general o de una capacidad de procesamiento mayor. De algún modo, la distinción puede estar contenida en el punto uno. Por otro lado, se verá que no consideramos las teorías tradicionales que se referirían más bien al desarrollo comunicación{8} intraespecífica. Tampoco se entra en consideraciones sobre la subsidiaridad del lenguaje vocal frente a sistemas de comunicación de carácter gestual.

1. Postulación de una etapa de protolenguaje tal vez presente en varias especies de homínidos frente a teorías que no consideran este protolenguaje{9}.

2. Existencia de un cambio biológico innato y más o menos específico registrado a escala individual, sin perjuicio de que el rasgo correspondiente haya de extenderse ampliamente en una población y sin excluir que sea una exaptación, frente a teorías que no consideran ninguna necesidad de un cambio cualitativo en la dotación genética o en el fenotipo{10}.

3. Teorías que enfatizan o se centran en la necesidad de cambios conductuales de carácter grupal centrados en la misma conducta comunicativa (cf. punto 6 más abajo), frente a teorías que no consideran esto algo esencial o ni siquiera digno de consideración.

4. Teorías que intentan precisar condiciones radiales, de carácter ecológico o demográfico, para que se produzca el proceso de implantación del lenguaje articulado frente a teorías que excluyen estas determinaciones.

5. Teorías gradualistas frente a teorías saltacionistas. La distinción, en principio, se puede aplicar tanto a las facultades cognitivas de que se supone dotados a los homínidos como al proceso de implantación de la realidad social del lenguaje{11}.

6. Dependencia de otros desarrollos tecnológicos y culturales concretos que precisen de una transmisión organizada, esto es, correlación entre la aparición y el desarrollo del lenguaje y otras conductas pautadas, frente a independencia mutua. Suponemos que se trata de otros desarrollos ortogonales con respecto al lenguaje moderno. Evidentemente, aquellas teorías participarían de algún modo del eje circular del espacio antropológico.

7. Teorías que se construyen sobre los modelos proporcionados por las teorías de otros procesos o fenómenos{12} frente a teorías «idiosincrásicas», que postulan la singularidad estructural de la filogenia del lenguaje.

Como dijimos, dejamos para otro lugar una presentación más refinada o incluso una reformulación de estos criterios. Nos contentaremos aquí con señalar la externalidad de los mismos respecto a la gramática (tal vez con la excepción del punto cinco). De hecho, proceden de disciplinas ajenas a ésta. Si este bosquejo de clasificación se toma como válido, esto equivale a subrayar las conexiones de las diversas teorías del lenguaje en circulación con otras disciplinas o con unas teorías u otras enfrentadas pero dentro de esos ámbitos ajenos{13}.

En lo que sigue nos dedicaremos a explorar algunas de las posibilidades de la combinatoria en que estos criterios se pueden desplegar. No nos abstendremos, dentro del carácter apenas proemial de nuestro tratamiento, de sugerir algunas ideas no demasiado frecuentes en la literatura sobre el asunto que nos ocupa.

4. Desarrollo y análisis de algunas hipótesis

1. La doble articulación como caracterización del lenguaje humano tiende (como corresponde a la lingüística estructuralista europea clásica) a marginar la «articulación» sintáctica, con su énfasis en una primera articulación de carácter más bien morfológico y en una segunda de carácter fonológico. Sin embargo, la noción de palabra, como es sabido, es particularmente difícil y, por lo que aquí interesa, tal dificultad ha de llevar a una consideración conjunta de morfología y sintaxis, la cual pueda proceder de distintas maneras, entre ellas:

  1. indistinción formal, que puede corresponder a una absorción de las categorías teóricas en otras más potentes. Este proceder se justifica particularmente en el caso del estudio de las llamadas lenguas polisintéticas{14}.
  2. conjugación. Se trata de la tesis minimista según la cual las gramáticas (sintaxis) particulares compensan las «irregularidades» que una morfología particular presenta.
  3. indistinción metodológica en el límite de los fenómenos sintácticos y morfológicos. Pese a establecer la distinción, una serie de fenómenos lingüísticos se sitúan en un continuo morfología-sintaxis.

En cualquier caso podemos pensar que los fenómenos sintácticos, su pluralidad y la explicación económica de éstos, son elementos cruciales en la determinación de las lenguas humanas, del lenguaje humano{15} frente a otros lenguajes: aquéllas vendrían muy específicamente caracterizadas desde el punto de vista matemático formal como un subconjunto cuya delimitación se pretende. Sin embargo, esta caracterización precisa no parece entrar dentro de la agenda de los lingüistas{16} en el sentido de que las gramáticas de las lenguas sean formalizadas con todo rigor. Diríamos que existe un hiato entre los modelos con capacidad explicativa y descriptiva y la caracterización formal rigurosa, matemática, de la gramática de que se trate.

Desde una perspectiva formal, las palabras serían subcadenas que vendrían delimitadas por un símbolo especial. Se supone que la productividad de la sintaxis (cadenas que contienen dicho símbolo) es mucho mayor que la de la morfología{17}.

En cualquier caso, los fenómenos que prima facie se clasificarían como sintácticos serían denotativos de manera particularmente genuina del lenguaje humano{18}, aunque puede verse la nota 21 más abajo.

2. La hipótesis del surgimiento de la sintaxis de las lenguas humanas (como sintaxis única, compartida por todas las lenguas, que se mueve en un margen de variación pequeño en cada una de las lenguas reales) en una especie homínida que ya contaba con un protolenguaje y un esquema de roles semánticos{19} suele presentarse como un acontecimiento de carácter biológico sin que, en general, la distinción entre una hipotética mutación{20} con consecuencias –suele decirse– en la organización neuronal y, por otro lado, el desarrollo social actual de un nuevo tipo de lenguaje deducible de pautas lingüísticas más complejas{21} dé lugar a la consideración de la interacción entre estos dos aspectos. De hecho, la distinción entre un acontecimiento único (y catastrófico) y una evolución escalonada se plantea siempre como una confrontación que sólo afecta a las correspondientes mutaciones, sin que el correlato fenotípico quede muy claro, porque se asume que se trata de cambios que (micro)anatómicamente afectarían al cerebro{22}. Nos parece evidente que uno y otro esquema de la evolución del lenguaje, que se plantea como evolución biológica de la facultad del lenguaje, corresponden a la confrontación entre saltacionistas y continuistas en el evolucionismo y se recoge en punto 4 de la sección anterior. Quizá eso haga que al tratar del lenguaje se reduzca éste a una capacidad abstracta, a un «órgano del lenguaje». Se comprende que los elementos paleontológicos de prueba son indirectos (estudio de la superficie interna de los cráneos; se descarta o se relativiza la importancia como elemento crucial de la configuración del tracto vocal, &c., por más que se asegure que el procesamiento de la información fonética guarde analogías y correlaciones muy fuertes con el procesamiento del componente sintáctico{23}). Por otro lado, el estudio de la filogenia de genes como FOXP2, no parece concluyente en un marco teórico en que los genes interactúan de forma compleja{24}. Naturalmente, poco podemos decir aquí sobre lo que pueda deparar el desarrollo de estas disciplinas.

3. Se supone que la complejidad social y la conducta simbólica, que se atribuyen a ciertas fases postreras del Paleolítico –y a las correspondientes especies de homínidos– pueden correlacionarse con un desarrollo o aparición más o menos explosiva o escalonada del que se da en llamar lenguaje moderno. Ahora bien, cabe preguntarse si aquéllas podrían compatibilizarse con una cierta capacidad lingüística que no se ejerce in actu: es decir, con la situación en que una especie de homínido dotada de cierta organización social, que manifiesta una cultura objetual que se reconstruye como simbólica y que no ha pasado de protolenguaje a lenguaje. ¿Cabría retrasar el paso de protolenguaje a lenguaje e introducir antes la «explosión de la cultura simbólica»? ¿Pudo ésta darse en poblaciones de homínidos sin un lenguaje moderno? ¿Pudo una fase intermedia entre protolenguaje y lenguaje servir de soporte a comportamientos sociales y a técnicas de cierta complejidad?

4. Chomsky argumenta que el lenguaje moderno ofrece con respecto al protolenguaje la doble disponibilidad de mantener un esquema actancial (de roles semánticos) y una ordenación de palabras (o de objetos sintácticos) que atienda a necesidades de carácter informativo y pragmático (como son el foco o el tópico), con la dislocación gramatical como gran resultado formal: la gramática permite recuperar la interpretación semántica porque, independientemente del orden de los elementos, se podrían identificar éstos (como verbo, agente, objeto, &c.).

De hecho, el protolenguaje se define como seriamente limitado porque no estaría dotado de una sintaxis propiamente dicha: la mera concatenación de términos estaría limitada a unos pocos, pues su procesamiento sería virtualmente imposible, o, en cualquier caso no permitiría la transmisión de mensajes complejos, detallados, más o menos matizadamente diferenciados{25}.

5. Vale la pena aquí recordar la que será para algunos inconsistencia más grave de la teoría del lenguaje de Chomsky. Nos referimos a las relaciones entre la competencia y el procesamiento{26}. En efecto, las gramáticas chomskianas construyen modelos, según quienes las diseñan y fundamentan, de la llamada competencia gramatical. Mejor se diría que lo que se pretende no ha de ser otra cosa que definir de manera comprensiva el conjunto infinito de las oraciones de un lenguaje{27}. Es patente, sin embargo, cómo en la empresa chomskiana las consideraciones, las contaminaciones según algunos –aunque esas contaminaciones tuvieran una virtud motora o inspiradora–, de carácter psicológico y biológico han estado siempre presentes. Pero las operaciones que forman parte de un modelo gramatical (reglas de reescritura y de transformación, merge y move entre otras en los últimos modelos{28}) no pueden tomarse como operaciones del hablante ni cómo análogos inmediatos de elemento alguno de un modelo representacional del procesamiento. La ambigüedad en este punto ha sido permanente durante medio siglo. Puede con cierta prudencia sostenerse que existirán correspondencias procesuales{29} con las operaciones de la gramatica, e incluso que sin tales correspondencias toda la empresa es absurda{30}, pero lo cierto es que la consistencia del programa chomskiano (que se propone llegar a un modelo general de gramáticas que hagan verosímil el aprendizaje y el uso de lenguas particulares{31}) no puede sostenerse cuándo las relaciones entre gramática, competencia, y procesamiento se mantiene en estado de nebulosa.

6. En las especulaciones más o menos informadas sobre el origen filogenético del lenguaje no se suele prestar demasiada importancia, si alguna, a los elementos que la gramática frástica presenta para permitir la estructuración transfrástica de los textos (como diferente de la estructuración global o macroestructural de los distintos géneros de textos o discursos). Ahora bien, el encadenamiento de oraciones de manera coherente no sería posible (ni siquiera sobre la base de procedimientos exclusivamente paratácticos) con una eficacia mínima con los solos recursos que se atribuyen al protolenguaje.

7. Sobre lo anterior, si se supone que en las religiones primarias la transmisión de conocimiento mediante discursos de cierta longitud a los que se les supone una estructura y un encadenamiento eficaz de los elementos oracionales resulta indispensable, obtenemos aquí una correlación muy clara entre la conducta lingüística y el desarrollo de la religión. Nótese que esta correlación es independiente de la conexión recién sugerida con la hipótesis acerca de la eficacia adaptativa del lenguaje en tanto permite discursos largos y cohesionados, aunque hayamos de volver a ella. Ahora, simplemente, se formula cuál pueda ser la solidaridad entre la religión primaria primordial, cabría decir, y el grado de complejidad de la conducta lingüística de los grupos. No corresponde a este escrito entrar en consideraciones acerca de si puede haber una religiosidad primaria protolingüística que daría paso a una ya plenamente lingüística. Sí parece, en cambio, que el paso a la fase de la religión secundaria precisaría de un lenguaje bien desarrollado y del establecimiento de normas discursivas y tipológicas de cierto nivel, aunque sobre esto las evidencias son patentes.

8. Si ahora se reúne el desarrollo discursivo con la capacidad del lenguaje, podría llegarse transitivamente a identificar la aparición del lenguaje moderno con la de la religión primaria. El razonamiento es inaceptable por varios motivos, de los que sólo recordaremos los que hacen a la relación entre discurso y lenguaje. En primer lugar, hemos visto que hay que diferenciar entre la presencia de un gen y la postulación de una capacidad innata, y la aparición y éxito de una conducta en un escenario grupal o social concreto{32}. En segundo lugar, desde una perspectiva gradualista tendríamos quizá una serie de cambios que abarcarían posiblemente no ya cientos de miles de años, sino –lo que conceptualmente es más relevante– varias especies.

9. Postular la identidad de la dotación genética relevante a efectos lingüísticos entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis, dada la antigüedad de la divergencia filogénetica entre ambos, llevaría verosímilmente a orígenes muy antiguos de la capacidad lingüística. Hay que apuntar, no obstante, un par de cosas. Chomsky mismo advierte de la posibilidad de que el lenguaje, o la capacidad para tal, sea un resultado epigenético. Nos atreveríamos a añadir que es menos improbable la aparición de la capacidad lingüística en un contexto que apela, por ejemplo, a incrementos del volumen craneal y efectos de ese tipo como concausantes del resultado lateral de la capacidad para el lenguaje moderno. Por otro lado, hay que insistir en la necesidad de calibrar la importancia del componente biológico innato del lenguaje en relación con condicionantes como puedan ser ciertos umbrales de complejidad conductual o social. Las evidencias arqueológicas sobre estos extremos serían más decisivas, la deducción iría más bien de la postulación de comportamientos socialmente complejos a la del lenguaje, antes que al contrario, a condición de que se las hiciera solidarias de tal tipo de lenguaje. Por poner un caso, podrían imaginarse escenarios que incluyesen poblaciones de neandertales que, en contacto, con sapientes usuarios de lenguaje, incrementasen la complejidad de su protolenguaje. Como puede verse, las alternativas abiertas por la teoría lingüística de los orígenes del lenguaje pueden dejar paso a una colección nada parsimoniosa de hipótesis o escenarios.

10. Cierta prudencia en las hipótesis llevaría a concluir que el lenguaje doblemente articulado es bien exclusivo de Homo sapiens (aparece en alguna población de Homo sapiens) o bien exclusivo de Homo sapiens y Homo neanderthanlesis (en el sentido de que poblaciones de unos y otros presentasen una conducta lingüística avanzada que, en el contexto de la teoría del protolenguaje, sólo pudiera entenderse como propia y exclusiva del lenguaje moderno). Puede plantearse, como criterio para definir una conducta lingüística avanzada (correlativa de un lenguaje estructuralmente moderno), la presencia de conductas en que los referentes semánticos no se hallen «a la mano» o en el campo visual; en un sentido más débil, que éstos hayan sido sustituidos por mediaciones representativas de carácter icónico o deíctico gestual{33}.

11. Un lenguaje que satisficiera sólo el segundo de los dos requisitos anteriores podría ser estructuralmente menos complejo porque, por ejemplo, los roles temáticos, se añadirían, por así decir, a la vista del referente.

12. En cualquier caso, nos parece imposible señalar fiablemente en estos momentos el período de aparición del lenguaje moderno porque ni siquiera éste se halla lo suficientemente bien caracterizado en sus aspectos externos, conductuales, sociales, &c. Nos parece que quien sostuviera, por ejemplo, una aparición súbita de la capacidad abstracta y una escalonada del uso o del incremento de la complejidad externa del lenguaje debería ser más bien escéptico en cuanto a la datación. Quien plantee un salto súbito en el uso del lenguaje actual, debería modelizar tal salto en un sentido que probablemente exigiría condiciones demográficas y ecológicas muy particulares. Por ejemplo, a la manera de lo que sucede con el cambio de un pidgin a un lenguaje criollo, podría suponerse la presencia de una generación de hablantes que gramaticalizasen el protolenguaje de sus padres. Sin embargo, eso debería implicar que esa generación nueva de hablantes sea lo suficientemente numerosa y densa. En otras palabras, una vez garantizada la presencia masiva en la población de la capacidad innata, debería dispararse el cambio socialmente, pero el protolenguaje de la generación anterior no sería desde luego un pidgin construido por adultos que dominan un lenguaje y que conservan su plena capacidad lingüística, aunque, como adultos, han perdido la capacidad de adquirir «naturalmente» una nueva gramática. En cualquier caso, los modelos computacionales de estos procesos pueden aportar alguna luz sobre estos asuntos, aunque será siempre preciso discutir sus presupuestos y sus simplificaciones, entre ellas, el ignorar la especificidad de las relaciones circulares entre los individuos en una cultura dada.

13. Otra línea de hipótesis sobre el origen del lenguaje insistirá más en la copresencia de otros factores cognitivos en el desarrollo actual del lenguaje. El lenguaje actual precisaría de, en el lenguaje habitual, un desarrollo suficiente de otros módulos cognitivos, pero esta aparición habría de datarse igualmente. Mithen (Arqueología de la mente, Crítica 1998) {34} ofrece un ejemplo bien conocido de esta línea, pero si por un lado podría pensarse que los problemas que se plantean son los mismos que antes, también existe por otro la sospecha de que se cae en un círculo vicioso probatorio más profundo.

14. En último término, al problema de calibrar qué fundamento pueden dar las ciencias lingüísticas a una u otra hipótesis sobre el origen del lenguaje –hipótesis cuya pluralidad se despliega en el marco de las concepciones existentes del lenguaje y también, más ceñidamente, en las alternativas que se abrirían dada una teoría particular en cuanto hiciera a datación– respondemos desde un considerable grado de escepticismo. Nos atreveríamos a avanzar que la causa de esta dificultad reside en el problemático estatus gnoseológico de las ciencias del lenguaje y en la que no vacilaríamos en calificar de práctica habitual por parte de muchos lingüistas de situar su investigación en contextos categoriales ajenos. Quizá por prestigio, pero siempre con el resultado de que la idea de lenguaje se intenta reducir a la categoría que parezca más amplia o potente (una vez que el campo de la lingüística se ha identificado con una parte del mismo), tesis ésta que aquí nos limitamos a formular y cuya defensa razonada dejamos para otro lugar.

Al contrario, ya dijimos más arriba que el planteamiento más adecuado desde el punto de vista del lingüista sería el de la caracterización formal de los sistemas sintácticos de las lenguas por sí mismos y ésa sería la tarea categorial del lingüista, por más que tal caracterización hubiera de completarse para dar cuenta del procesamiento y hubiera de fundamentar la limitación del campo a unos fenómenos lingüísticos nucleares, lo que sin duda –pese a nuestra insistencia en este punto– hemos de reconocer como altamente problemático. Las correspondencias entre los resultados del lingüista y la investigación en otros terrenos sería cuestión distinta, así como lo sería la construcción de una teoría del lenguaje que ya no podría ser categorial.

15. Nosotros, por nuestro parte, preservamos como segunda tesis que precisaría de ulterior investigación la de que el nexo entre conductas simbólicas complejas y lenguaje moderno –aceptada alguna variante de la hipótesis del protolenguaje– vendría preferentemente dado por la necesidad para aquéllas de discursos estructurados, cohesionados y coherentes de cierta longitud. De ser esto así, habría que juzgar en el marco de qué conductas y de qué actividades grupales era más fácil que surgiera el «discurso largo».

Notas

{1} El origen de esta contribución se halla en la lectura del artículo «El problema de la verdad en las religiones del paleolítico», que su autor, David Alvargonzález amablemente nos facilitó antes de su publicación en Peñalver, Jiménez y Ujaldón (eds.), Filosofía y Cuerpo. Debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno, Ediciones Libertarias, Madrid 2005 (también disponible en http://nodulo.org/ec/2005/n037p12.htm junto a otro artículo de Joaquín Robles en ese volumen, «La Idea de religión desde el materialismo filosófico. Una aproximación», y que ha propiciado una interesante polémica entre Alvargonzález , Tresguerres y Robles en El Catoblepas, sobre el fondo de la teoría de la religión de Gustavo Bueno, y en las que le acompañan Iñigo Ongay, Antonio Muñoz Ballesta, José Manuel Rodríguez Pardo y Alfonso Fernández Tresguerres (véase la nómina de participantes y textos en http://nodulo.org/ec/polemica.htm#p24 aunque no todos los materiales citados han sido «disparados» a raíz del citado artículo de Alvargonzález).

El lector observará que nos abstenemos de entrar en cualquier consideración interna sobre la teoría materialista de la religión, tarea para la que no nos consideramos en absoluto capacitados. Notará también el lector que nos situamos al margen del núcleo de la polémica. Podría pensarse, sin embargo, que la misma elección de referencias constituye una toma de partido. En cualquier caso, éstas nos llevarán a la conclusión aparentemente escéptica de que una ciencia lingüística categorialmente bien constituida, esto es, por lo menos suficientemente libre de saberes de otra procedencia e ideas adventicias, no tiene en el estado presente demasiado que aportar a la cuestión de la filogenia del lenguaje. Al contrario, las teorías sobre el origen del lenguaje se alimentan más bien de la ambigüedad e inestabilidad categorial de la lingüística. Extendemos, con mayor razón tal vez, este escepticismo a la teoría del lenguaje.

{2} Derek Bickerton formula la hipótesis de que antes de que existieran lenguas en el sentido moderno que supuestamente reúnen ciertas características estructurales invariantes, hubo una etapa previa en que determinadas poblaciones de Homo poseían una protolengua de mayor limitación que las actuales. El lenguaje y las lenguas surgen a partir del estadio protolingüístico, lo que supone, desde luego, un cambio de comportamiento en determinados grupos y, para muchos también, un cambio en la dotación genética de los homínidos. Como razonaremos, esta idea encaja a la perfección con la visión de Chomsky pues la distinción protolanguage/language enfatiza la esencialidad de rasgos estructurales, universales e innatos en la llamada facultad del lenguaje. También armoniza con la idea de que los adultos pueden aprender otras lenguas sin poder hacer uso de los recursos cognitivos con que se aprende la primera lengua. Como se sabe, para Chomsky estos recursos son un dispositivo para aprender una gramática particular, dispositivo que se bloquearía en la adolescencia, y para usarla cuando se habla. Sin embargo, como veremos más abajo, no queda claro qué es aprender una gramática ni mucho menos cómo se utiliza cuando los hablantes reales hablan.

Digamos, de paso, que a lo largo del artículo utilizaremos el término «protolenguaje», aunque seguramente inadecuado, y que igualmente incurriremos por la fuerza de la costumbre en algunas elecciones terminológicas que pueden juzgarse desafortunadas. Puede verse el libro de Bickerton Language & Species, The University of Chicago Press, 1992 y Language and Human Behavior, University of Washington Press, 1996, y también Lingua ex Machina. Reconciling Darwin and Chomsky with the Human Brain del mismo Bickerton y de William H. Calvin, The MIT Press, 2000.

{3} Distinguimos teoría del lenguaje de lingüística o gramática. Podría distinguirse también una teoría del lenguaje pretendidamente categorial de una teoría filosófica del lenguaje. En nuestra opinión la obra de Chomsky puede ser reformulada de formas muy diversas de modo que se anulen o cancelen los que parecen supuestos teóricos fundamentales. No podemos, aquí, sin embargo, tratar esta cuestión. En el materialismo filosófico, Gustavo Bueno ha prestado atención, en el marco de la Teoría del cierre categorial, a la lingüística generativa en diferentes ocasiones. Desde «En torno al concepto de «ciencias humanas». La distinción entre metodologías α-operatorias y β-operatorias», El Basilisco, 1ª, 2, págs. 12-44, se distingue el carácter beta del generativismo frente al alfa del estructuralismo saussureano. En su tesis doctoral Gnoseología de la gramática generativa, Valencia 1976 (edición microfilmada Pentalfa ediciones, 1981) Julián Velarde distingue tres nociones de gramática en Chomsky y tres niveles en la gramática generativa (tecnológico, científico y filosófico).

{4} Algunos títulos que ofrecen un buen relato, interno y externo, del asentamiento de la nueva lingüística, de los cismas y herejías que se produjeron, son Linguistic Theory in America. The First Quarter-Century of Transformational-Generative Grammar de Newmeyer (Academia Press, 1980), The Linguistics Wars de Randy A. Harris (OUP, 1993) y Ideology and Linguistic Theory. Noam Chomsky and the Deep Structure Debates de Huck y Goldmisth (Routledge, 1995)

{5} Lo cierto es que las contribuciones técnicas de Chomsky son sustantivas y separables de su teoría del lenguaje. La prueba estaría en el mismo desarrollo de la lingüística en el último medio siglo.

{6} Entendiéndose por tal el postulado de que existen representaciones mentales de objetos, homólogas a cadenas de símbolos como los que utiliza el lingüista, las cuales son operandos de algún algoritmo. Ahora bien, tales representaciones no serían accesibles más que para el «órgano» que ejecutase tal algoritmo, estarían encapsuladas, serían modulares. Las implicaciones de esta postura, huelga decir, son importantísimas. Otra vez, cabría apuntar que el problema viene causado por el postulado del isomorfismo entre las inscripciones del lingüista y un «lenguaje mental del lenguaje». Hay que recordar igualmente que en los últimos años se observa una tendencia a sustituir las «condiciones sobre las representaciones» a «condiciones sobre la derivación», pero esas condiciones que se refieren a la secuencia sobre el papel de marcadores de frases se identifican también con restricciones o principios que guiarían al «módulo del lenguaje».

{7} Además de The Minimalist Program de Chomsky (The MIT Press, 1995), puede verse Rhyme and Reason de Uriagereka (The MIT Press, 1988) o los manuales de Radford (Syntactic theory and the structure of English. A minimalist approach, CUP, 1997 o de Adger (Core Syntax. A Minimalist Approach, OUP, 2003); en español, el libro de Eguren y Fernández Soriano, Introducción a una sintaxis minimista, Gredos, 2004. Puede utilizarse el libro de Lorenzo y Longa, entre otros muchísimos, Introducción a la sintaxis generativa, Alianza, 1996, para una introducción al modelo que precedió al minimalismo y la transición de aquél a éste.

{8} En relación con esto. es comprobable la presencia del escepticismo sobre la continuidad entre la comunicación animal y humana (cf. entre otros «Is There Any Intermediatre Stage Between Animal Communication and Language», de Maria Ujhelyi, en Journal of theoretical Biology (1996), 180, págs. 71-76., pero es bastante claro que lo que se plantea no es la cuestión de la comunicación, sino la novedad estructural (y biológica) de un sistema de signos.

{9} En el sentido de pasar de un lenguaje no chomskiano a uno chomskiano. Los partidarios de la unicidad y genericidad de la capacidad cognitiva hablan en ocasiones de «pre-language» como en el libro editado por T. Givón y B. F. Malle, The Evolution of Language Out of Pre-language, Ámsterdam /Filadelfia John Benjamins, 200l.

{10} Dejando de lado, obviamente, cambios anatómico evidentemente necesario como la estructura basicraneal, el descenso de la laringe, &c.

{11} Ésta es la postura de un generativista de casi primera generación como Jackendoff. Véase su Foundations of Language : Brain, Meaning, Grammar, Evolution , Oxford University Press, 2002

{12} Como ejemplo, mencionemos Ted Briscoe (ed.) Linguistic Evolution through Language Acquisition, CUP, 2002.

{13} Aunque la visión recibida sea discutible, lo dicho se aplica a, por ejemplo el estructuralismo americano: Bloomfield no se entiende sin Watson o sin Skinner (y viceversa), como Quine no se entiende sin ellos.

{14} Para un ensayo de la integración de las cuestiones tipológicas en la teoría del lenguaje de Chomsky, véase el libro de Mark C. Baker, The Atoms of Language, Basic Books, 2001.

{15} Este aserto contiene in nuce la contradicción entre la potencia técnica de las gramáticas generativas (y de la teoría de lenguajes formales y gramáticas) y la hipótesis de la especificidad formal de las lenguas humanas. La formulación de esta última se realiza de un modo tal que la misma precisión de las categorías gramaticales se pierde. Por otro lado, incluso técnicamente no se fija con claridad el ámbito de los fenómenos lingüísticos cubiertos por la gramática (frente a los determinados semántica, discursiva, pragmática o estilísticamente). En cualquier caso, la teoría del lenguaje en que la hipótesis mencionada se inscribiría se ubica intencionalmente en un campo categorial concreto (el de la biología tras pasar por el de cierta psicología). De hecho, la situación nos parece que corresponde a la imposibilidad de formular una teoría categorial del lenguaje, o incluso una de sus orígenes. Nos parece que los autores (incluso los considerados como filósofos: Dennett frente al mismo Chomsky, a Pinker o a Bickerton) ejercen, con la desvirtuación consiguiente, una asimilación de temas filosóficos desde algún campo categorial.

{16} Una afirmación como ésta es arriesgada en un tiempo de tanta producción académica. Creemos, sin embargo, que los estudios formales de orientación matemática no cubren esta laguna. De manera conversa, los lingüistas que intentan la caracterización de las lenguas humanas no suelen llevar a cabo sus trabajos de manera que la especificación sea formalmente aceptable. Véase, con todo, el apéndice (págs. 497-521) firmado por Jairo Nunes y Elen Thompson añadido al ya citado libro de Juan Uriagereka Rhyme and Reason. También en esta línea pueden verse los artículos «Derivational Minimalism», en Selected papers from the First International Conference on Logical Aspects of Computational Linguistics, 68-95, 1996 de Edward Stabler o «Rebuilding MP on a Logical Ground» Research on Language and Computation, vol 2, n1, Kluwer, 2004, págs. 27-55 de Alain Leconte o «Algebraic Description of Derivational Minimalism» de Michaelis, Mönnich y Morawietz, que se puede encontrar en http://tcl.sfs.uni-tuebingen.de/~frank/papers/abstracts/alg_mini.html

Un problema a resolver sería el ya citado de la delimitación de los fenómenos que vendrían determinados por la gramática. Como se señaló más arriba, el gramático debería dejar para otros estudiosos un campo amplísimo. En el límite, por ejemplo, puede considerarse que la consideración idiográfica de los hechos de habla lo que hace es reducir a cero la gramática (cosa que puede hacerse desde una teoría idealista de la creatividad en la línea de Croce o por asimilación a facultades cognitivas generales).

{17} Aunque podría ensayarse una hipótesis a la vista de las tecnologías habituales y de los teoremas de Chomsky: La morfología pertenece al modelo de las gramáticas de estados finitos, pues técnicamente así parecen poderse implementar generadores y analizadores de los fenómenos morfológicos y no así la sintaxis: quedaría por ver que pasaría al enfrentar aquéllos a lenguas como lenguas polisintéticas. Véase, por ejemplo, Finite-state language processing, de Emmanuel Roche and Yves Schabes, eds., The MIT Press, 1997 y Kenneth R. Beesley Lauri Karttunen, Finite State Morphology, CSLI, 2003

{18} Pues se entiende que la productividad sintáctica es mayor que la léxica (allí donde la distinción tiene sentido). Esto es básico en el desarrollo de la gramática generativa. Véase «Remarks on Nominalization» de 1967, publicado en 1970, con traducción accesible en, por ejemplo, Sánchez de Zavala (comp.), Semántica y sintaxis en la lingüística transformatoria/1, Alianza, 1974. La importancia concedida a la oración puede parecer correlativa de la concepción de la verdad como pertinente sólo para el enunciado y no para los términos, lo que sin duda tiene una larga tradición. El «material positivo» que podría apoyar la posición contraria en nuestras lenguas son los términos analíticos, autoexplicativos, compuestos verbo-sustantivo, &c.

{19} Véase, para una panorámica de hipótesis el volumen Approaches to the Evolution of Language, editado por James R. Hurford et al. (CUP, 1998). En los estudios contenidos en él se revisan las teorías en que el lenguaje oral se relaciona con el gestual, con el ritmo, con la tecnología, con los intercambios sociales, &c. El libro de Givón y Malle (eds.) citado en la nota 9 reúne trabajos de una orientación en que se niega la especificidad cognitiva del lenguaje con todas las consecuencias que ello lleva consigo.

{20} Una mutación que puede dar paso como resultado colateral el desarrollo de una mayor o nueva capacidad lingüística. Es posible, no obstante, un planteamiento del origen de una nueva capacidad en que ésta aparezca como un resultado muy alejado de una serie de mutaciones concretas, resultado que se justificaría en cambios morfológicos resultados de principios físicos de alcance general y no de novedades genotípicas concretas.

{21} Naturalmente, existen numerosos trabajos en este sentido como, por citar algunos, Nowak, Piotkin y Cansen «The evolution of syntactic communication», en Nature, 404, 495.498, o como J. A. Reggia, R. Schulz, G. Wilkinson y J. Uriagereka (2001) «Conditions Enabling the Evolution of Inter-Agent Signaling in an Artificial World», Artificial Life, 7(1):3-32, o, también, Wagner, Reggia, Uriagereka y Wilkinson «Progress in the simulation of emergent communication and language», Adaptive Behavior, 11(1):37-69; o como «Computational Simulations of the Emergence of Grammar» incluido en el volumen citado editado por Hurford; o como «Compositional syntax from cultural transmission» de Henry Brighton, publicado en Artificial Life, 8(1):25-54. En ellos se plantean modelos de la interacción entre agentes, pero no parecen ejercer demasiada influencia en los lingüistas. Por otro lado, no parece asimilable sin más un modelo de sustitución de un protolenguaje por un lenguaje a los modelos de confrontación de dos lenguas en la misma población. Los supuestos de estos modelos se pueden ver en Abrams y Strogatz, «Linguistics: Modelling the dynamics of language death», en Nature 424, 900.

{22} Sobre todo, parece pensarse que la correlación anatómica del paso del protolenguaje al lenguaje sería mínima. En otras palabras, se considera más bien que el lenguaje estaría bloqueado por la (micro)estructura de algún área cerebral, quizá por algún detalle sutil de la organización cerebral global, antes que por conformaciones anatómicas más patentes (posición de la laringe, inervación de la lengua, &c.). Nótese que esto «modula» el lenguaje frente al protolenguaje como una cuestión muy patente en un hipotético registro protolingüístico frente al registro lingüístico, pero ocasionada por una diferencia estructural muy sutil que «no deja huellas».

{23} La cuestión es debatida, pero nótese que es menos relevante para el paso protolenguaje-lenguaje porque este se puede distinguir de la capacidad de articulación fonética.

{24} Este gen saltó a la fama con el caso de la familia británica algunos de cuyos miembros estaban dotados tan sólo de copias defectuosas del mismo. Al parecer la agramaticalidad de la que padecían estas personas era la que podría esperar un gramático generativo deseoso de confirmar sus predicciones. No obstante, este gen se sabe que regula en diversas especies animales asuntos a primera vista alejados de la capacidad lingüística. No parece, en consecuencia, adecuado ni muchísimo menos establecer una relación simple entre la presencia del gen y la capacidad gramatical. Pueden compararse las discusiones introductorias incluidas en Maynard Smith y Szathmary, Ocho hitos de la evolución, Tusquets, 1999, con las de Whitfield «Language Gene Found», Nature, 412; y Alex MacAndrew; «FOXP2 and the Evolution of Language», consultable en la siguiente dirección web http://www.evolutionpages.com/FOXP2_language.htm. Entre los artículos técnicos que ponen de relieve la dificultad de identificar fenotípicamente el problema de los afectados por una variante defectuosa del gen, puede leerse la recensión aparecida en Nature Reviews Neuroscience 6, 131-138 (01 Feb 2005) de FOXP2 and the neuroanatomy of speech and language de Faraneh Vargha-Khadem, David G. Gadian, Andrew Copp, Mortimer Mishkin (puede consultarse en www.univie.ac.at/mcogneu/lit/vargha.pdf).

{25} Puede sostenerse la hipótesis de que una organización sintáctica compleja se hace posible por un cambio en la estructura de los elementos léxicos. Ese cambio que haría posible la concatenación adecuada de éstos sería el que posibilitaría también la codificación lingüística de rasgos semánticos más detallados. En la hipótesis tal cosa supondría un tipo peculiar de almacenamiento de esos elementos léxicos. Otra cuestión es que buena parte de lo que entendemos como semántica de las lenguas no vendría codificada lingüísticamente. Consideraciones de este tipo reabren la posibilidad de entender la primera articulación como morfosintáctica, incluyendo elementos que irían del morfema a la oración.

{26} Como es sabido, la distinción clásica enfrenta competence a performance. Si la competencia se refiere a una capacidad específica de lo que Chomsky llama «mente-cerebro», la realización o performance respondería tanto al ejercicio objetivamente registrable como a la interacción de esa competencia con otras facultades cognitivas. Pero los modelos de la competencia no lo son en absoluto de lo que serían los procesos de la «mente-cerebro» del sujeto. De otro modo: es evidente que cuando hablamos, no lo hacemos porque pensamos lo que vamos a decir según los dictados de los modelos gramaticales.

{27} Pero tal conjunto no tiene un correlato empírico claro: un registro de enunciaciones de los hablantes no sería un subconjunto del mismo. Chomsky en múltiples ocasiones asimila su proceder con los modelos mecánicos simples que. según dice, permitieron el desarrollo de la mecánica celeste. Podría pensarse que, entonces, la mecánica de fluidos correspondería a las realizaciones actuales de los hablantes. Sin embargo, la analogía se derrumba, por más que pueda concedérsele a Chomsky que su proceder es metodológicamente razonable. Por otro lado, la distinción minimalista entre I-language y E-language (lenguaje interno, que corresponde a los principios básicos de funcionamiento de la facultad del lenguaje y lenguaje externo) ha redibujado la relación entre el conjunto de las oraciones gramaticales y el lenguaje real y lo ha hecho de tal manera que el I-language no puede identificarse con aquel conjunto ni con su definición intensional. Nuestra insistencia en este punto procede de que un cierre de la teoría gramatical sería más verosímil si se despojase a la gramática oracional de sus componentes psicologistas.

{28} Más claramente, esto se puede aplicar a otras operaciones que se utilizan en otros modelos gramaticales, como la unificación o las operaciones (cancelación, elevación, &c.) que aparecen en las gramáticas categoriales.

{29} Se postula que el hablante real cuenta con representaciones (de la estructura fonética, de interfaz semántica) que el sistema gramatical genera, pero también es cierto que pueden procesarse oraciones no calculables (que son estadísticamente muy significativas) por ese sistema. En cualquier caso, incluso admitiendo –en un marco representacionalista– que el hablante «dispone» de tales representaciones no podría llegar a las mismas con las operaciones y los operandos de la gramática.

{30} No desde luego si se desgaja la teoría gramatical de la teoría del lenguaje. Esto abre la posibilidad de que, contra lo recordado en la nota 2, en la gramática generativa podría sostenerse que un cierre alfa es factible en cuanto se distingue entre las operaciones del lingüista (merge, select, &c.), que éste maneja en sus análisis de las que el hablante lleva a cabo.

{31} El correlato en el paradigma representacional sería el de gramáticas con un parsing computacionalmente poco costoso. En cuanto al aprendizaje, puesto que se trataría de escoger una gramática de un subconjunto muy pequeño de las mismas, se trataría de definir las condiciones en que esto fuera lo suficientemente sencillo. Es posible que esta operación no describa bien la concepción más reciente de una gramática única que se especifica de acuerdo con la información morfológica.

{32} Conducta lo suficientemente constante como para posibilitar el desarrollo ontogenético de la facultad.

{33} Otra vez, es posible invertir el peso de los dos componentes y afirmar la preeminencia del elemento gestual. Genéticamente, la importancia del gesto (y estructuralmente dada la sintaxis «lingüística» de los lenguajes textuales) se reconoce en teorías bastante sólidas, como es sabido.

{34} No deja de ser curioso que el título del original inglés, de 1996, fuera The Prehistory of Mind.

 

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