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El Catoblepas, número 38, abril 2005
  El Catoblepasnúmero 38 • abril 2005 • página 10
polémica

El lenguaje y el númen
en la dialéctica reducción-absorción indice de la polémica

Antonio Muñoz Ballesta

Recurre el autor a la dialéctica reducción-absorción como posible
planteamiento correcto de la «verdad» del númen en la religión primaria

¿Existe alguna forma general por la que avanza la historia del pensamiento filosófico? ¿Se puede establecer, desde la Filosofía, una teoría sobre el funcionamiento a través de la Historia de las Ideas filosóficas? La respuesta es afirmativa. La Filosofía actual, para la cual no es correcto afirmar la existencia de las «formas separadas» o «pensamiento separado del cuerpo», entiende que esa forma general es la «dia-léctica de la reducción-absorción».

Existe una dia-léctica histórica de la reducción-absorción en el «progreso» del pensamiento. La dialéctica histórica es real. Es una «compensación» dialéctica real –y no mental– a la reducción crítica y positiva de la ciencia y las ideologías. Consiste en un progreso de «absorción de la situación reductiva» al propio sistema objetivo al que se refieren los conceptos o ideas que se abrieron camino a través de dicha situación reductora.

I

Los sistemas filosóficos están insertos en las coordenadas de la cosmovisión, concepción antropológica y teológica, de cada época. No existe la revelación en la historia del pensamiento filosófico. Tampoco existe, según la filosofía actual, la posibilidad de que el cuerpo individual haga brotar desde el vacío la «idea filosófica» o el concepto científico (o sus métodos). Y, contrariamente a las filosofías idealistas o existencialistas, la necesidad de que la «razón» exista siempre «ligada a un cuerpo» no convierte a la idea filosófica, y al concepto científico, en mera consecuencia «gnóstica» o mística. La razón y la vida (que siempre es social) se conjugan necesariamente. Salvar la una es salvar la otra, como bien dijera Ortega y Gasset.

Las ideas filosóficas, y en cierta forma también los conceptos científicos, están moldeados en su materia, en su contenido, por condicionamientos sociales, es decir, por la sociedad política en la que vive el filósofo. La idea de que ello era así se debe a las filosofías del siglo XIX. Fundamentalmente al idealismo cultural y al materialismo histórico. Esa es la razón por la que toda Filosofía no es nada más que una formulación especial de toda «ideología»(en el mejor sentido de la palabra «ideología»).

«Que las ideas filosóficas (...) no brotan de una razón que funciona libremente 'en el vacío' (...), sino que se desarrollan, no ya sólo a través de condicionamientos sociales o culturales, sino incluso moldeados en sus propios contenidos esenciales, por ellos, es una tesis que se abrió camino (...) a lo largo del siglo XIX y a través de muy diversos cauces, desde el idealismo cultural hasta el materialismo histórico (y la teoría de las ideologías).»{1}

Pero el siglo XX, con su tecnicismo y avance de las ciencias sociales (avance que no se ha detenido), fundó «ciencias» sobre la relación entre la sociedad y los saberes que sobre ella podrían establecer. Es el caso de la Sociología del Saber de Max Scheler, la Sociología del conocimiento de Max Weber, e incluso la Sociología de la Ciencia (por ejemplo, Boris Hessen y el origen religioso y social de las teorías de Newton{2}).

Pero tratar de explicar exclusivamente cualquier teorema científico o idea filosófica por el contexto social es un intento idealista porque las estructuras sociales ni son los únicos moldes de dichos contenidos filosóficos o científicos, ni son los únicos. Las estructuras tecnológicas y culturales (subjetivas) son las determinantes en la configuración del pensamiento científico y filosófico. Y entre ellas destacan las del lenguaje, de lo contrario estaríamos ante la presencia de un «reduccionismo» sociológico («reduccionismo» en sentido negativo en cuanto que no permite su absorción en el mismo cuerpo científico o filosófico).{3}

El lenguaje puede ser considerado un hilo conductor en la obra filosófica del Materialismo Filosófico{4}. Ahora bien, un lenguaje entendido desde la operatividad Beta de los seres humanos inmersos en los cuerpos políticos históricamente determinados, y en los cuales no se diluyen, sino que mediante una «armadura» racional conservan su libertad reaccionando ante las supersticiones de toda índole, se convierte en el modelo del saber científico y filosófico. En la ontología el lenguaje es pluralidad, como la materia. No existe un solo lenguaje. El lenguaje, como la materia, no es un monismo. Pero los lenguajes no son realidades separadas del cuerpo humano que los ejercita y previamente los aprende. El lenguaje se produce siempre personalmente pero no es una «creación desde la nada» del individuo. El lenguaje es inter-subjetivo (M2) pero no existe sin la producción del cuerpo humano (M1) y cuerpo social (M3); y, sin embargo, no es el lenguaje dia-crónico un «corporeísmo» vulgar. Hablar español, alemán, francés, inglés,... es ya ejercitar la filosofía porque es articular –mejor o peor– conceptos y teoremas filosófico sedimentados en el lenguaje al que se incorpora y se constituye el ciudadano. El logos y la symploké que supone el lenguaje, cuando construye operativamente (materialmente) los términos y conceptos, significa –en la filosofía– el modelo analógico de su propio sistema como saber de segundo grado. La ontología se confirma y ejercita en la gnoseología y a través de ella. M3 no existiría, tal como está establecido hasta ahora, sin la fase Beta de los cuerpos humanos y su tecnología del lenguaje. Por otro lado al ser el lenguaje una técnica, también puede ser la génesis de una idea filosófica. Una lengua concreta «natural» puede ser el origen al que se puede reducir (en sentido positivo) la idea filosófica concreta. Así es el caso de la idea de Tiempo y la estructura de la lengua alemana. Esa idea de temporalidad se reduce a la propia naturaleza sintáctica del decurso de la frase alemana, la recurrente idea de temporalidad, que ha sido tan explotada en la filosofía alemana de los siglos XIX y XX.

II

El cuerpo filosófico avanza en la historia porque se produce siempre una crítica a las reducciones negativas (ej. el sociologismo y el psicologismo) y porque también se cumple con la crítica a las reducciones positivas(por ejemplo: la construcción de la frase en alemán y la idea de temporalidad en su Filosofía). Las reducciones negativas son fáciles de detectar; las más típicas del siglo XX han sido las reducciones psicologistas, cientificistas, y sociológicas. Las reducciones positivas (características del Materialismo Filosófico) son objeto de crítica en el mismo progreso de la filosofía; «críticas» sin las cuales no habría tal «progreso». La época contemporánea ha otorgado rango racional a la existencia de las reducciones positivas. «En todo caso, estamos tan acostumbrados a reconducir las ideas filosóficas o científicas más abstractas (por ejemplo, «razón» y «método») a sus presuntas fuentes y moldes sociales y culturales que lo que comienza a ser un problema, de un modo nuevo, es lo siguiente: ¿cómo es posible que las ideas científicas y filosóficas, procediendo como sin duda proceden de situaciones históricas, sociales o culturales tan determinadas, hayan podido desprenderse de sus orígenes, emanciparse y aun alcanzar una vida propia?, ¿acaso el análisis histórico, cultural o sociológico de los conceptos científicos o de las ideas filosóficas no equivale por sí mismo a una reducción crítica de estos conceptos o ideas a la condición de meras metáforas tecnológicas o sociales y, por tanto, a una destrucción de su independencia y validez objetiva, mitigada acaso por el postulado (idealista) que confiere a estas metáforas o juegos «mentales» la capacidad de reinfluir sobre las formaciones materiales, sociales o culturales?, ¿Cómo puede atribuirse a lo que es un puro contenido mental, un puro epifenómeno, eficacia «retroactiva» sobre lo que se considera real?» El Materialismo Filosófico es consecuente en que las ideas científicas y filosóficas que surgen de la situación social histórica determinada no son meras metáforas tal como, en definitiva, sostenían Nietzsche o Karl Popper; la reducción crítica, desde el sus coordenadas, no se queda en simple reducción fenomenológica (aunque pueda hablarse de paralelismos entre la «constitución» de la consciencia según Husserl y la identidad sintética), sino que, siendo realistas, comprende que tal «reducción positiva» circula por el mismo sistema de pensamiento objetivo en marcha y al que se refieren la ciencia y la filosofía.

III

La crítica filosófica tiene que recorrer dos momentos: 1) la reducción crítica positiva a sus «moldes concretos» sociales, culturales y técnicos originarios. 2) la crítica progresiva de los mismos modelos concretos («cuando ello sea posible»).

Gustavo Bueno ofrece otro ejemplo material distinto al del lenguaje, a saber, el sistema decimal de numeración:

«El sistema decimal de numeración no es un resultado de la 'razón aritmética pura' sino de la razón de un animal pentadáctilo. Por eso hablamos de números 'dígitos' y todavía en la numeración romana se conservan, como emblemas icónicos, esquemas de la propia mano humana (V, X, &c.).Pero ¿por qué esta reducción del sistema decimal al material 'quirúrgico' no constituye una destrucción de la validez objetiva de nuestros conceptos aritméticos, un requerimiento a la consideración de nuestros números como si fueran trasuntos de dedos, a la consideración de la suma o producto de dígitos como emblema de un apretón de manos?»

La respuesta es el formato del que hablamos en el avance del pensamiento filosófico en la historia. La reducción crítica positiva de los conceptos e ideas filosóficas circula históricamente en movimiento progresivo mediante la absorción en el sistema objetivo (M3) determinado. El progreso de la ciencia y filosófico es integrador («hegeliano», pero en un sentido materialista). Gustavo Bueno lo dice así:

«Porque la reducción de los números a su condición de dígitos se prolonga en la dialéctica de la absorción de los dígitos en otros sistemas de numeración. Absorción, por tanto, no sólo de los dedos de la mano en la condición de un elemento más del concepto de 'quíntuplos corpóreos', sino absorción por integración de los propios quíntuplos en el concepto de sistema de numeración.»{5}

La verdad del númen en la religión primaria hay que entenderla en este sentido. La Filosofía de la religión justifica, en última instancia, la «verdad» del númen.{6}

IV

Las condiciones del avance o crecimiento del cuerpo filosófico mediante la dialéctica reducción-absorción son las siguientes:

1) La construcción mediante symploké de la idea objetiva. Sin ella no puede darse la absorción en el progreso filosófico.

«La dificultad y el interés de la ejecución de los 'trámites de absorción' es la misma dificultad de llegar a la idea objetiva como algo que resulta del ensamblaje, casi siempre turbulento, de formas materiales diversas y heterogéneas.»

2) La construcción de la relación diamérica de «reducción-absorción» es la condición necesaria y suficiente para la determinación misma de las fuentes históricas de los conceptos e ideas. Es la «nueva Dialéctica Platónica de los Fenómenos como estructuras tecnológicas, sociales y lingüísticas».

«Cuando la dialéctica reducción-absorción puede llevarse adelante, de un modo mínimamente satisfactorio, la determinación de las fuentes históricas (... fenoménicas) de nuestros conceptos o ideas, no pone en peligro su validez objetiva. Por el contrario, les confiere espesor y realidad y nos devuelve a una modalidad nueva de la Dialéctica Platónica de los Fenómenos (aquí los fenómenos son las estructuras sociales, tecnológicas o lingüísticas, a las cuales se liga la propia percepción sensible) y de las ideas o conceptos.»{7}

3) Los «fenómenos» de la reducción crítica positiva tienen que ser fragmentos de conceptos e ideas objetivas.

«Porque la absorción sólo es efectiva (y no meramente intencional) si los fenómenos, a los cuales han debido reducirse necesariamente todos los conceptos y las ideas sometidos a análisis crítico, son, a su vez, fragmentos o partes de ideas o conceptos, es decir, ideas objetivas o conceptos objetivos.»{8}

V

El progreso histórico de la Filosofía mediante la dialéctica reducción-absorción se produce en la racionalidad de:

—la lógica y en las matemáticas:

«Las disputas lógicas en torno a la teoría de las clases –las cuestiones del nominalismo y del realismo– han de reducirse necesariamente a situaciones sociales e históricas bien conocidas, y precisamente las dificultades de la reducción suscitan ellas mismas cuestiones en el plano de la reinterpretación abstracta de estas discusiones»

«O bien, ¿qué situación diferencial, respecto de los griegos clásicos, determinó la aparición del símbolo '0' en la cultura índica? ¿Tendrá que ver con el sistema jerárquico de castas, en el cual la ausencia eventual de una persona en el puesto de una jerarquía no significa una mudanza en el valor posicional de los demás individuos?»

—la filosofía política, por ejemplo en el nominalismo de Occam y el individualismo de la «burguesía naciente»:

«¿Cómo puede reducirse el nominalismo de Guillermo de Occam, el pensador ligado a los fraticelli, 'comunistas', a los intereses del individualismo de la burguesía naciente? (...) ¿No será preciso distinguir modos de nominalismo opuestos entre sí, un nominalismo individualista, atomista, y un nominalismo monista, o por decirlo de otro modo, el nominalismo de tradición pluralista y el nominalismo de tradición eleática, totalitaria?).» «Pero estas situaciones sociales o culturales en general, ¿no son a su vez algo más que fenómenos, no son ellas mismas ideas objetivas, fragmentos de estructuras que las envuelven?» «La idea moderna de función y = f x, ¿no se reduce a situaciones económico-políticas también modernas (la economía de mercado) en las cuales los individuos dejan de ser meros elementos sustituibles de un conjunto, puesto que se relacionan con otros individuos cuyo valor depende de ellos?» «Pero esto sería tanto como decir que tales situaciones económico-políticas –sociales, por tanto– son ellas mismas funcionales ('aplicativas') y de un modo peculiar, puesto que también en sociedades no modernas, sino muy antiguas y aun primitivas, los individuos se ligan funcionalmente en las relaciones de parentesco preferencial, en las cuales las propias identidades de los argumentos se subsumen en el parentesco mismo.»

—y en la filosofía de la religión: Aquí la fórmula del Materialismo Filosófico parece haber sido olvidada por las últimas revisiones de las tesis de El animal divino de Gustavo Bueno. No se trata de la búsqueda de la «verdad» o de la «posibilidad de la verdad» del «hombre» o «proto-hombre» en el paleolítico cuando se relacionaba con los animales numinosos, de lo que realmente se trata, en la Filosofía de la religión del Materialismo Filosófico, es de la posibilidad de tres cosas:

  1. de si es posible la reducción crítica positiva en el ámbito de lo religioso,
  2. de si dicha reducción no es una reducción de carácter negativo
  3. y sobre todo, de si es posible la absorción de la reducción positiva en el sistema objetivo filosófico. «Desde Evehmero sabemos que los dioses son hombres, acaso animales. Dice Marshalls Sahlins: 'Cuando éramos nómadas ganaderos, dios era nuestro pastor...., cuando éramos siervos y nobles, dios era nuestro rey..., hoy somos hombres de negocios y el Señor es nuestro asesor mercantil.' De acuerdo con la reducción, pero la cuestión que ella abre es determinar si, a su vez, el pastor, el rey o el asesor mercantil, no son ellos mismo entidades divinas. La cuestión no es ya reducir, como hacia Celso, los dioses del panteón faraónico a la condición de animales domésticos, cuanto a su vez preguntar: ¿y no son, a su vez, los animales, algunos por los menos, seres numinosos?»

Por lo que la posible confusión existente en la polémica sobre la verdad del animal numinoso en el Paleolítico es la consistente en confundir las clases de reducción: la reducción crítica positiva y la reducción negativa, y no tanto entre la verdad o falsedad de la «experiencia» del animal humano con el animal numinoso. Por lo que, curiosamente, los problemas gnoseológicos-ontológicos habrá que suponerlos «ejercidos o realizados» , no en el pasado de la hominización o humanización de la pre-historia, sino en la historia de la filosofía (en el presente).

VI

El avance infinito de la Filosofía, para que sea objetivo, tiene que ser concreto en cada caso y no puede estar predeterminado:

1) Tiene que ser dilucidado en cada caso de reducción-absorción, como hemos visto con los ejemplos del lenguaje y del núcleo de la religión. Lo que quiere decir que la filosofía está siempre abierta al análisis de sus procesos históricos y de sus temas gnoseológicos-ontológicos, pero que tiene que respetar el formato histórico de la dialéctica reducción-absorción positiva. La instancia decisoria filosófica, entonces, no se convertirá en la «experiencia perceptiva» humana, sino en la razón contextual de las ideas objetivas más vigorosas de cada época y caso.

«La dialéctica de la reducción de las ideas y conceptos científicos a las situaciones sociales, políticas, tecnológicas o culturales más determinadas y las de la absorción de estas situaciones en el contexto de las ideas objetivas más vigorosas, debe ser determinada en cada caso.»

2) Es un «avance» no predeterminado: Por la sencilla razón de que no se pueden «prever» ni averiguar el «descubrimiento-justificación» de la ciencia y las ideas filosóficas del presente y del futuro. Y, fundamentalmente, porque la absorción tiene que conducir hasta una idea objetiva resultado de una construcción, o ensamblaje, de las formas más heterogéneas de las disciplinas antropológicas e ideológicas.

«Es un proceso in-finito, de líneas no definidas, de objetivos no predeterminados, pero que está en marcha incluso sin proponérselo, inconscientemente, por decirlo así, en todo el que posea una perspectiva verdaderamente filosófica.»

Notas

{1} Gustavo Bueno, «Prólogo» al libro de Javier de Lorenzo: El racionalismo y los problemas del método, Editorial Cincel, 1985.

{2} Ver el magnífico libro de Pablo Huerga, La ciencia en la encrucijada, Biblioteca Filosofía en español, Pentalfa Ediciones, Oviedo 1999.

{3} «Sin embargo, no son las estructuras sociales los únicos moldes que conforman los contenidos del pensamiento filosófico y científico: también las estructuras tecnológicas y culturales, en general, y muy particularmente las lingüísticas, son determinantes de la configuración del pensamiento filosófico y científico. No reconocerlo así sería, a nuestro juicio, inclinarse excesivamente hacia el sociologismo.» Gustavo Bueno, op. cit., 1985.

{4} Es el tema fundamental del análisis filosófico del lenguaje en el estudio del Materialismo filosófico; distinto al «estudio del lenguaje o el habla» desde el punto de vista del Materialismo filosófico.

{5} Gustavo Bueno explicita otro ejemplo en el ámbito, no sólo de la ciencia, sino también en el de la misma Filosofía. La idea de mónada de Leibniz es un caso ya que «no se reduce meramente a la condición de expresión de las vivencias del yo de la época moderna, sino que se desarrolla por transyección, por utilizar el concepto que hemos empleado en nuestra Introducción a la edición trilingüe de la Monadología de Leibniz.» [Clásicos El Basilisco, Pentalfa Ediciones, Oviedo 1981].

{6} Este podría ser, quizás, el error de planteamiento inicial de David Alvargonzález.

{7} Gustavo Bueno, op. cit., página 12.

{8} Gustavo Bueno, op. cit., página 13.

 

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