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El Catoblepas, número 37, marzo 2005
  El Catoblepasnúmero 37 • marzo 2005 • página 1
Documentos

En torno a la «verdad»
de las religiones primarias indice de la polémica

Iñigo Ongay de Felipe & David Alvargonzález

Correspondencia en torno al problema de la «verdad» en las religiones primarias mantenida entre Íñigo Ongay y David Alvargonzález (julio-agosto 2004)

Presentación

Entre los días 10 y 12 de septiembre de 2003 tuvo lugar, en Murcia, el Congreso «Filosofía y Cuerpo: debates en torno a la Filosofía de Gustavo Bueno»{1}, en el transcurso del cual David Alvargonzález pronunció una conferencia titulada «El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico»{2}. Meses después, ya en el verano de 2004, Íñigo Ongay, que había asistido a esa conferencia y que conocía el texto preparado por David Alvargonzález para su publicación, mantuvo con el autor un intercambio epistolar. A continuación, y en atención al interés filosófico que esas cartas pudieran tener, reproducimos la correspondencia que, en los meses de julio y agosto de 2004, se cruzaron Ongay y Alvargonzález.

• 1 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Comentarios
Fecha: Miércoles, 14 de julio de 2004

Estimado David;

Bueno, pues ya leí tu trabajo entero y me ha servido para hacerme una idea más precisa de la que me formé en Murcia acerca de tus tesis principales (nunca es lo mismo poder leer el texto tranquilamente, &c.) aunque también he podido ratificar la impresión que obtuve en su momento. Lo primero que habría que decir es que el artículo me ha parecido magnífico en cuanto que señalas problemas reales de la filosofía materialista de la religión defendida en El animal divino, sin que ello quite desde luego para que tus objeciones a su vez puedan ser objetadas.

Tal y como yo lo he entendido el problema principal al que apuntas puede formularse del siguiente modo: los componentes mitológicos-circulares de las religiones primarias que Bueno situaba únicamente en el cuerpo de las religiones (que a su vez admite componentes de los tres ejes) habría que desplazarlos hacia el propio núcleo –que de este modo tendría que ser considerado ya bidimensional, resuelto entre los dos ejes operatorios del espacio antropológico– en tanto que al margen de tales componentes, la inversión antropológica que da paso a la religión desde la protoreligión natural etológica no podría tener lugar (y aquí la conexión sinecoide entre la relación angular-etológica «básica» y los componentes míticos «superestructurales» de la que hablas), ni tampoco podrían los individuos animales quedar convertidos en númenes personales. Pero si ello es así, entonces toda vez que las características que el paleolítico atribuye a los animales reales aparecen recusadas desde el estado actual de la zoología y la etología efectiva (los númenes no hablan ningún lenguaje humano –a pesar del Ameslan, el Yerkish y lo que se quiera–, ni menos entienden estos lenguajes, ni su conducta está regida por normas morales, &c., &c.) habrá que reconocer al menos tantos aspectos «falsos» en tales religiones (los aspectos mitológicos «superestructurales») como los que detectamos en las «secundarias» (y viceversa: de alguna manera se podrá decir que las religiones secundarias tampoco son falsas absolutamente como sostiene Bueno, puesto que suponen la rectificación de la mitología primaria y además están más próximas que estas a la disolución terciaria de la religión), de modo que la afirmación de las religiones paleolíticas como las verdaderas (la religión verdadera) quedaría seriamente comprometida. A la vez haces uso de las modulaciones de la idea de verdad recorridas por Bueno en Televisión: Apariencia y Verdad, para señalar que las religiones primarias serán verdaderas en todo caso en el sentido de la verdad «emic» (que coordinas con la verdad de apercepción de la que habla Bueno), pero no en el sentido la verdad entendida desde «el presente» (desde el estado presente de las ciencias) supuestos sus componentes míticos, y considerando las cosas desde la perspectiva «interna a la historia de las religiones» (perspectiva que tu interpretas como la utilizada por Bueno para consignar a las primarias como verdaderas frente al delirio mitológico secundario, falso absolutamente, y a la verdad relativa de las terciarias), se podría decir incluso que las secundarias son verdaderas frente a las primarias –de aquí casi se seguiría efectivamente que las primarias son las absolutamente falsas, a pesar de la relación etológica real que incluyen, dado que no corrigen ningún contenido falso de formas anteriores de religiosidad (anteriormente sólo nos queda la religión natural)–. Como elemento referencial de todo ello, ofreces los teriántropos y teriomorfos del arte parietal y mobiliario, que componen rasgos «humanos» y «animales». Y evidentemente siempre hay que tener muy en cuenta que en el paleolítico no pueden darse los ejes como perfectamente disociados dado que en este momento tanto los ejes como el propio «hombre» permanecerían in fieri, y precisamente el eje angular y circular se habrían mantenido tan próximos entre sí que no tiene nada de particular las contaminaciones entre ambos...

Ahora bien, aunque evidentemente debemos evitar la hipostatización de los ejes, no se trata de que los primitivos tuvieran una representación perfecta de la disociación de los mismos, si no de que nosotros, en nuestros días, con los ejes ya perfectamente disociados, y en vistas de que la religión no puede consignarse en su núcleo bajo el eje radial por no ser operatorio, ni tampoco en el circular, puesto que éste se mantiene regulado por el canon de la igualdad (lo que impide que pueda haber númenes humanos, circulares), sólo podremos mirar –apagógicamente– hacia el angular y entonces si nos encontramos númenes humanos (o rasgos humanos numinosos) lo serán en tanto que vistos emic desde el eje angular, sub specie animalitatis (cosa que también puede ocurrir con elementos radiales, plantas, &c.). Es decir, que lo crucial cuando procedemos in medias res, es dar por supuestos los tres ejes por más que en el paleolítico hayan permanecido confusos ellos mismos... en fin, el dialelo que como ya sabemos es siempre imprescindible tener en cuenta.

Por otro lado, por lo menos tal y como yo veo el asunto, a los númenes reales (aunque según tu diagnóstico esto de los númenes reales hay que ponerlo en cuarentena) no sobreviene la numinosidad por vía del eje circular como parece que das tú por supuesto, si no del mismo eje angular (por eso te decía en Gijón que parecía que el eje angular quedaba un poco desdibujado), y ello sin perjuicio de que después pueda haber también relaciones numinosas entre humanos –sólo que estas relaciones entonces, como dice Bueno en El animal divino, dejarán de ser específicas en tanto circulares–.

Y sobre todo: tal y como yo he leído siempre el libro (ya sé que en este asunto no estarás de acuerdo, como parece que tampoco lo está Tresguerres aunque su posición es más ambigua), no puede decirse que los númenes tengan o no «correlatos reales» en los individuos animales; más bien lo que sucede es que los númenes reales «están ahí fuera» (para decirlo televisivamente), en la megafauna pleistocena, en unos sujetos operatorios y prolépticos (no autómatas como ya sabemos), cuyas simetrías en sus relaciones etológicas con los sujetos operatorios humanos no son ninguna fantasía, tal y como tampoco es fantástica o alucinatoria la «comunicación no verbal», el saludo, &c., &c., y son estos mecanismos (bien reconocidos por la etología) los que están funcionando en la religación de cuarto género... es decir, que no hace falta que el tigre de dientes de sable o el oso de las cavernas entienda o hable los idiomas de los primitivos para que haya religión verdadera...

En fin, esto es lo que se me ocurre de momento...

Un saludo,
Íñigo

• 2 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: La verdad de la religión
Fecha: Domingo, 1 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

En primer lugar quisiera darte sinceramente las gracias por tu carta y por dedicar parte de tu tiempo al estudio de mi trabajo. Puedo comprobar que has hecho una lectura detenida del texto y, por supuesto, una lectura también muy cuidadosa de El animal divino.

Si todos los lectores fueran como tu, yo no podría menos que estar satisfecho puesto que el objetivo perseguido por mi estaría plenamente cumplido. Ese objetivo no es otro, como tu bien dices, que «señalar problemas reales de la filosofía materialista de la religión defendida en El animal divino», especialmente tratar de precisar las modulaciones de la idea de verdad que utilizamos cuando hablamos de «verdad de la religión». Por supuesto, yo no pretendí agotar el asunto y sólo quise llamar la atención sobre la importancia de su discusión.

En tu carta mencionas a Tresguerres de quien dices que mantiene una posición ambigua. No estoy seguro de entender a qué te refieres y en qué medida crees que la posición de Tresguerres es distinta de la de Gustavo Bueno. Si pudieras aclararme este extremo sería para mi del máximo interés.

Por supuesto, sigo a la espera de cualquier otro comentario.

Un saludo muy cordial,
David Alvargonzález

• 3 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: La verdad de la religión
Fecha: Lunes, 2 de agosto de 2004

Estimado David;

Efectivamente me parece que Tresguerres se mantiene dentro de los límites de la más «exquisita ortodoxia» (por decirlo así, aunque ya sabemos, entre otras cosas por Joaquín Robles, que ese criterio habría que triturarlo) respecto a El animal divino. La referencia a Alfonso, venía a cuento precisamente de un párrafo de su respuesta a GPO [Gonzalo Puente Ojea], un párrafo que tú mismo citas en tu trabajo. Y es que matizar como hace él que los animales «no son realmente númenes» aunque sean «númenes reales» puede, en efecto, conducirnos a detectar una cierta ambigüedad subyacente al concepto mismo de «numen real» como concluyes tú, pero Tresguerres no lo detecta así; y a mí juicio con razón, dado que, como te indicaba en mi anterior mensaje, no debemos perder de vista que los númenes no están «en las pinturas parietales» o en la estatuaria mobiliar, sino en los mismos animales reales con los que el hombre mantiene relaciones numinosas también reales, en base a características de estos animales que no son alucinatorias ni falsas, ni meras invenciones, y que no dejan de resultar ratificadas por los mismos desarrollos de las ciencias etológicas (Gustavo Bueno habla del saludo, podríamos aludir a las paradas de intimidación, a las exhibiciones de fuerza, a las conductas estratégicas, la «inteligencia maquiavélica», la comunicación no verbal &c., &c.). Es decir, que no hace falta que nos imaginemos capacidades lingüísticas o morales, sensu stricto, en la megafauna pleistocena para que reconozcamos a los animales reales (sujetos operatorios dotados de «vis cognoscitiva y apetitiva») como auténticos «centros generadores de voluntad e inteligencia». En el momento en que perdemos de vista que los númenes no es que tengan «correlatos», sino que «están ahí», empezamos a movernos en la vecindad de Puente Ojea...

Y por otro lado, tal y como también ponía de manifiesto en mi anterior carta, las precauciones críticas inexcusables a la hora de prevenir la hipostatización de los ejes del espacio antropológico, no deberían ser óbice de lo siguiente: aunque en el paleolítico los ejes puedan todavía aparecer formándose procesualmente, in fieri (de modo que sería realmente disparatado imaginarnos al paleolítico como un avezado lector de El animal divino, que supiese representarse los ejes bien disociados a la hora de emprender la caza del rinoceronte lanudo), eso no quiere decir que nosotros no debamos proceder (el dialelo, al que aludía también en el otro mensaje) dando por supuestos los tres ejes, y entonces si el núcleo (otra cosa es el cuerpo que se resuelve en los tres ejes como ya sabemos) de la religión no podemos encastrarlo en el circular, ni tampoco en el radial (en uno por no aparecer como un eje operatorio, en el otro por que excluye la presencia de númenes al no admitir el «extrañamiento» al menos en principio), resultará imprescindible «tirar por la calle de en medio», razonando apagógicamente como sabemos muy bien... Otra cosa es que ulteriormente también otros seres humanos y otros elementos humanos y relaciones propiamente circulares puedan ser «numinizados» (como los teriántropos), aunque también podrá ocurrir lo mismo con elementos radiales (por ejemplo de tipo botánico), sólo que siempre que aparezcan como númenes lo harán «a título de animales» (vistos sub specie animalitatis). De otro modo: habría que ver si el teriántropo no es un hombre visto en tanto que animal. Y ahí, me parece a mí, que reside la clave del asunto...

Por supuesto, excuso decir que estoy encantado de mantener esta pequeña discusión contigo dado que el tema además lo merece...

Un saludo muy cordial
Íñigo

• 4 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Sobre la desestructuración de la intraestructura de la sociedad zoológica humana
Fecha: Martes, 3 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

En primer lugar, gracias nuevamente por tu carta y por las precisiones que me haces en torno a la interpretación de Tresguerres que, ahora, sí he logrado entender.

Quiero que sepas que yo tuve muchas dificultades a la hora de plantear estos asuntos en Murcia en una exposición de tan sólo cincuenta minutos, en la que muchos problemas quedaron pendientes. Esa misma dificultad se repitió cuando tuve que redactar el texto para el profesor Peñalver, porque la extensión máxima que se nos permitía era exactamente la cuarta parte de lo que yo he escrito. Patricio fue muy generoso admitiendo mi texto para la publicación pero aun así tuve que dejar muchas cosas fuera. Espero que tengas en cuenta estas circunstancias.

Me llama la atención tu insistencia en la idea de que los númenes «están ahí» (como dices en la anterior carta: «mas bien lo que sucede es que los númenes reales 'están ahí fuera' (para decirlo televisivamente), en la megafauna pleistocena»). Sin perjuicio de que ésta sea o no una afirmación verdadera, lo que sí es seguro es que esto no es lo que mantiene Gustavo Bueno. Basta con citar el siguiente párrafo:

«Los animales (ciertos animales), en condiciones determinadas, se manifiestan a los hombres como númenes porque la distancia real entre animales y hombres, en el terreno de la esencia, es precisamente, en el momento del «hacerse del hombre», la que está recogida en esa numinosidad. Por ello, los animales son númenes reales en tanto su numinosidad constituye el modo de configuración objetiva de esos animales ante los hombres, un poco a la manera como el color rojo es la cualidad cromática real según la cual se presenta al ojo humano un objeto que refleja la luz a 603,5 mμ. No es que el objeto coloreado sea «en sí mismo» rojo; pero tampoco su rojez es una «ilusión», ni siquiera una «cualidad secundaria» en cuanto sensación interna de la mente (al modo cartesiano) o «proyección del cerebro», o una mera secreción de los nervios sensitivos (al modo de la «ley de Müller»). La numinosidad animal, precisamente por proceder de los animales reales no tendrá tanto que ver con las afecciones internas «proyectadas» por los hombres, del mismo modo que el color rojo también procede de una estimulación del área 17 de Broadman producida por una longitud de onda de 603,5 mμ (sólo después de haber recibido y procesado este estímulo el cerebro podrá reproducir el rojo subjetivo, pero no a título de proyección sino de reviviscencia). Por ello, la numinosidad (recogida ulteriormente en experiencias secundarias y terciarias) no procederá del hombre, sino de los animales.» (http://www.filosofia.org/rev/bas/bas22007.htm)

Por mi parte, lo que puedo decir es lo siguiente: Los animales son reales; las relaciones de los protohombres con esos animales también lo son. Son relaciones etológicas: las paradas de intimidación, las exhibiciones de fuerza, las estrategias mutuas de caza. En cuanto al saludo, sin perjuicio de que los etólogos hablen de «saludo» entre los animales, yo no estoy seguro que las ceremonia de saludo antropológica se pueda reducir íntegramente a la conducta correspondiente etológica. Probablemente la ceremonia antropológica del saludo ya se ha reorganizado de manera especial saliéndose del género de la etología, a la manera como la conducta de apareamiento entre humanos, teniendo como tiene componentes subgenéricos y cogenéricos fisiológicos, psicológicos y etológicos, se ha convertido en una ceremonia específicamente antropológica. Lo mismo ocurre con la religión, por eso tenemos que preguntarnos ¿cuándo los componentes etológicos (que yo nunca he negado y de los que siempre he partido) de las relaciones entre protohombres y animales se reorganizan a una escala específicamente antropológica? Una pregunta parecida a la siguiente: ¿cuándo la llamada «conducta supersticiosa» de Skinner pasa a reorganizarse de forma específicamente antropológica para dar lugar a la magia de las sociedades preestatales? La respuesta a esta segunda pregunta la da Bueno en su trabajo sobre medicina magia y milagro: la magia implica una reorganización teórica (verbal) de ciertos conjuntos de conductas y supone una teoría que ha sido socializada e integrada en la cultura objetiva del grupo. Mi respuesta en el caso de las religiones es exactamente la misma: la relación etológica de los protohombres con animales, por sí sola, no da lugar a la religión: esos individuos prehumanos podrán sentir temor, miedo, pánico, cariño, podrán afinar sus estrategias de caza, de huida, de acecho, de evitación. Todos esos sentimientos y esas conductas son cogenéricas, etológicas, psicológicas. No estamos diciendo que no existan, pero si pusiéramos exclusivamente en ellas el núcleo de la religión estaríamos haciendo una filosofía de la religión etologista o psicologista (como psicologista sería la teoría de la magia reduccionista skinneriana). Tomando el modelo que Bueno utiliza para la magia, podemos decir que la religión, como categoría específicamente antropológica, supone una teorización de esas relaciones etológicas, una teorización que exige la conducta verbal de los sujetos humanos o prehumanos para que así pueda hablarse de una teoría socializada e integrada en la cultura objetiva de un grupo: por eso, a falta de un registro de la conducta verbal primitiva, las pinturas parietales, como cultura objetiva que son, tienen un papel tan importante a la hora de evaluar el grado de teorización que se puede atribuir a esos grupos humanos (pues pintar ya es teorizar: componer, seleccionar). En este contexto, me parece que la oración (el ruego, la súplica, la plegaria, el contrato), es un componente nuclear de las religiones y es, sin duda, una categoría específicamente antropológica. Porque la religión es una institución cultural antropológica, no es una relación etológica sin más, como tampoco es una sentimiento psicológico (de pánico, de temor, de expectación) por intenso que éste sea. Los númenes son reales en cuanto que construcciones de la cultura objetiva. La circunstancia de que el propio Bueno, al explicar el núcleo de las religiones primarias, tome un ejemplo de la psicofisiología (el caso de la percepción del color rojo anteriormente citado) es muy significativa porque, a menos que el hombre tuviera un «órgano de la numinosidad» (como tiene un órgano de la vista con su sistema nervioso asociado), no se ve muy bien como se puede aplicar la analogía al caso.

Por lo demás, yo nunca he utilizado el modelo de la proyección: yo nunca dije que las características humanas se proyecten sobre los animales. Mi tesis es que hay una composición (que está dada en la cultura objetiva extrasomática) de elementos angulares y circulares ya en las religiones primarias y que, por tanto, las religiones son, en el caso más sencillo, «figuras planas» desde el punto de vista del espacio antropológico. Utilizando un esquema que Gustavo Bueno ha usado al aplicar la teoría de la esencia a las sociedades políticas podríamos decir lo siguiente: Las relaciones angulares, por sí solas, no conforman el núcleo de las religiones primarias sino que han de ser vistas como un género próximo, un género radical o raíz, que tiene que ser descompuesto en partes suyas y reestructurado a otra escala para que el núcleo se constituya (por metábasis o catábasis que conducen a especificaciones transgenéricas). Del mismo modo, la sociedad natural es un género radical que, al desestructurarse y reorganizarse, puede dar lugar a una sociedad política (y de aquí la interpretación del poder político como una reestructuración, por anamórfosis, del poder etológico). El género radical ha de ser descompuesto en partes y la recomposición, a otra escala, de esas partes, nos conduce, por anamórfosis, a la constitución del núcleo de la esencia que se nos muestra como si brotase del género radical (ver Bueno Primer ensayo de las categorías..., cap. 1 de la parte ontológica). En el proceso de reestructuración de un género generador para dar el núcleo, las partes del núcleo se reconocerán, retrospectivamente, como presentes ya en el género generador. Por eso, via remotionis, es fácil caer en el reduccionismo etológico (tanto en política como en religión como en tantas otras cosas) frente a las estructuras específicamente antropológicas, o es fácil caer en el reduccionismo etnologista frente a la Historia sensu stricto (como ocurre con las explicaciones etnologistas del núcleo de la sociedad política en sentido estricto). Pero la via remotionis nunca podrá pretender ser una via eminentia. (Bueno, op cit, cap. 1 parte ontológica, párrafo 6, distingue las sociedades naturales humanas de las sociedades naturales zoológicas por las manos (y de ahí la insistencia en el arte mueble y parietal) y por la conducta verbal que supone ya un logos organizado normativizado a escala específicamente antropológica).

En el origen de las religiones también se daría este proceso de desestructuración de la intraestructura del espacio etológico y de la sociedad natural humana zoológica:

1.- Habría un proceso de descomposición de los animales reales en partes: anatómicas, morfológicas, fisiológicas, conductuales, etológicas.

2.- Habría un proceso de descomposición de los animales humanos en esas mismas partes a las que habría que añadir otras específicas: conductas verbales, normas sociales (vistas desde hoy como normas éticas y morales), normas técnicas, &c.

3.- Habría una recomposición y reestructuración de esas partes y entonces aparecerían los númenes. Esta reestructuración por anamórfosis del espacio etológico es la que dota de un significado completamente nuevo a los contenidos angulares: este es el momento en el que hablaríamos de «inversión antropológica». Los númenes entienden lo que los hombres les dicen y se muestran buenos, malos, generosos, despiadados, tramposos, leales, &c. Y esto son los teriántropos. [Y siguiendo la analogía: lo mismo que el paso de la sociedades naturales prepolíticas a las sociedades políticas, estatales, coincide con la aparición de la escritura y de la Historia; del mismo modo, el paso de las sociedades naturales puramente etológicas a las sociedades antropológicas (específicamente humanas y con religión como institución cultural) coincide con la aparición y desarrollo de la conducta verbal y el arte mueble y parietal.]

No puedo comentarte ahora la segunda parte de tu carta relativa al espacio antropológico, a su estructura, al dialelo, &c. porque esta carta esta saliendo ya muy larga. Hay una cosa, sin embargo, que no puedo evitar decir. Probablemente tu estarás de acuerdo con Bueno y con Tresguerres en que las religiones primarias no existen en el presente como religiones verdaderas. Pues bien, si la religión primaria no es verdadera en el presente es evidente que sólo es verdadera en un sentido histórico, es decir, sólo es verdadera como religión del Paleolítico y no es verdadera «en un sentido absoluto». Esto es lo que yo traté de puntualizar, ni más ni menos. Por eso yo creo que es necesario distinguir las diferentes modulaciones de la idea de verdad cuando hablamos de la verdad de la religión.

P.D.: esto es una carta privada escrita con urgencia, no es un texto para publicar.

Un saludo muy cordial
David Alvargonzález

• 5 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: Sobre la desestructuración de la intraestructura de la sociedad zoológica humana
Fecha: Martes, 3 de agosto de 2004

Estimado David;

También yo tengo que darte las gracias por tu respuesta así como insistir en lo provechoso e interesante que me está resultando esta discusión sobre los problemas que suscitas.

En cuanto al texto de Bueno que citas en tu carta, debo decir que no alcanzo a ver en qué medida puede encontrarse en él alguna posición que aparezca como contradictoria con las que yo he mantenido, sin perjuicio, eso sí, que comprenda que tú lo veas así, pero si lo ves, creo yo que se debe a que me estás atribuyendo algo que yo no sostengo, a saber: una interpretación sustancialista (no posicional) de la numinosidad de los animales reales como si estos mismos fueran númenes «al margen de sus relaciones con los hombres», como dice Gustavo Bueno en otra respuesta a GPO, en el mismo número de El Basilisco:

«Puesto que los animales no son por sí mismos númenes sino que lo son sólo ante el hombre, en tanto que ambos están co-determinándose inmersos en el mundo. Los animales son númenes ante el hombre no a título de ilusorio efecto subjetivo suyo, sino por que la relación con ellos es la que les confiere una posición, en el conjunto del universo enteramente peculiar: los animales no son "por sí mismos númenes ante los hombres", sino que sólo lo son porque ambos estaban codeterminándose en un mundo común que los envuelve y que es cualquier cosa menos trasparente» («Religiones y animismo. Respuesta a GPO», pág. 78)

Pero es claro, que nada de todo ello (la necesidad de entender la numinosidad como dada en la codeterminación diamérica de los animales naturales y los hombres) quiere decir, que unos tales númenes sean el resultado de una ilusión, de una alucinación o que constituyan la clase vacía (como es el caso de lo son los númenes equívocos por ejemplo, divinos o demoníacos), «están ahí fuera», en los animales reales con los que los hombres reales mantienen relaciones reales de carácter numinoso:

«Las religiones primarias, por tanto, no se habían constituido como consecuencia de una errónea visión o "proyección" a los animales de la propia numinosidad, puesto que la fuente de la numinosidad misma, manaría de pongamos por caso, la mirada de la serpiente, o habría comenzado o resonado en el rugido del tigre» (Ibid.)

Con lo que la numinosidad de los animales mismos «es real», más aún: «la tesis de la numinosidad real (no proyectiva o imaginaria) equivale a la afirmación de que las religiones primarias son verdaderas» como también afirma Bueno en el mismo texto que mencionas. En El animal divino, se sostiene esto mismo (los «númenes» existen porque son los animales reales) de un modo todavía más contundente, si es que cabe:

«Sostiene [la filosofía zoomórfica de la religión] que son los animales los núcleos numinosos de la propia idea posterior de divinidad, y que, por consiguiente, tendrá sentido afirmar que la religión es verdadera porque los númenes de la clase N existen –son los animales (ciertas especies, géneros u órdenes de animales) y no son fenómenos ilusorios propios de la mentalidad prelógica, de la percepción salvaje.» (pág 184.)

Lamento tanta profusión de citas, de sobra sé que conoces todos estos lugares de la obra de Bueno mejor que yo, pero los saco a colación para demostrar que mi posición no es en absoluto inconmensurable con la de Bueno...

Sobre la Inversión Antropológica: Desde luego que estoy de acuerdo contigo en que la religión es propiamente una institución antropológica que no cabe reducir al modo etologista a sus componentes genéricos (el mismo saludo, si se trata de un saludo religioso ha de ser ya, eo ipso, ceremonioso y no meramente ritual), y que resulta de una anamórfosis de los mismos. Concretamente para que la relación etológica, protoreligiosa que mantuvieron los protohombres del paleolítico inferior con la fauna de su entorno diera lugar a religaciones de cuarto género con númenes (y no ya con animales naturales) fue precisa la entrada en escena de multitud de factores que determinaron entre otras cosas el propio extrañamiento respecto a los animales y, simultáneamente, la segregación del eje circular del espacio antropológico: entre otros, como ya sabemos, sin duda que destaca la adquisición de la conducta verbal a través del desarrollo del aparato fonatorio y de las zonas de control del habla del lóbulo temporal (áreas de Wernicke, Broca, cisura de Silvio &c., &c.), pero también la prohibición del canibalismo ... Y sin duda que también las conductas pictóricas y escultóricas tuvieron mucho que ver, con el proceso por el cual los animales reales, empíricos, individuales comienzan a ser considerados desde el punto de vista de su arquetipo, sub specie essentiae, como animales esencializado susceptibles de ser reproducidos... Ahora bien, que ello sea así, no obsta para que en este proceso de inversión no haya necesidad de introducir componentes míticos, y menos alucinatorios sin perjuicio de que de hecho pueda haber desde luego componentes mitológicos (así lo reconoce el mismo Bueno cuando habla del «hechicero de Trois-Frères», o de los «hombres de terceros clanes percibidos como superanimales numinosos»), lo mismo que también puede haber animales alucinatorios (por las hierodrogas de las que habla Clottes & Williams en su hipótesis Chamánica)... Sólo que estas «confusiones» –de rasgos humanos y animales–, al igual que los «errores etológicos» (confundir una liana con una serpiente por hacer uso del ejemplo que menciona Gustavo Bueno), sólo pueden producirse cuando se destacan sobre el fondo de la relación nuclear, del trato con los animales numinosos reales (entonces se entiende bien cómo es posible que se numinifique, por así decir, a otros hombres –emic–, qua «superanimales», también se entiende la presencia de teriántropos, si es que admitimos que estos sean «hombres» zoomorfizados.

Todo ello en absoluto empece para que en tales «confusiones» estribe, en gran medida, algunos gérmenes que darán lugar en su momento al delirio mitológico secundario, y entonces es admisible perfectamente que en la propia religión nuclear anidan ya, secundum quid, las raíces del error secundario.

Por último, ¿voy muy desencaminado si advierto que tu misma tesis puede conducirnos a concluir que las religiones secundarias (no diré mitológicas, para que no haya sesgo en mi pregunta, dado que desde tu perspectiva también las primarias lo son) aparecen diaméricamente como «más verdaderas» de algún modo que las primarias (desde la perspectiva «interna a la historia de las religiones»)? Digo esto toda vez que las religiones secundarias corrigen los componentes mitológicos (falsos) de las nucleares, mientras que éstas (que empezaría a comparecer como las «absolutamente falsas») no les será dado corregir ningún error anterior (en las religiones naturales no hay error alguno que enmendar)....

En fin, espero tu próxima respuesta, y repito que te agradezco enormemente el tiempo que dedicas a discutir estos asuntos conmigo.

Un saludo muy cordial,
Iñigo

• 6 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Breves comentarios
Fecha: Miércoles, 4 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

Hasta donde yo puedo apreciar, me doy cuenta de que tus posiciones son las mismas que las de Gustavo Bueno. Lo único que quisiera decir es que, si esto es así, la tesis de que los númenes primarios «están ahí fuera» puede ser fácilmente malinterpretada porque, evidentemente, el color rojo (en el ejemplo de Bueno) no está «ahí fuera». En todo caso, no creo que este asunto tenga más importancia: quizás podríamos decir que la expresión «los númenes están ahí fuera» es una forma imprecisa de hablar (y todos somos más o menos imprecisos en algún momento).

Me alegra mucho que reconozcas explícitamente que en las religiones primarias «puede haber [yo diría «hay»] de hecho componentes mitológicos». Y es interesante poder confirmar que esos componentes no están sólo en el Magdaleniense medio (el teriántropo de Trois-Frères) sino que están ya en los primeros periodos del Paleolítico superior (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense). También me alegra mucho que admitas que en la religión primaria «anidan ya [...] las raíces (sic) del error secundario».

En cuanto al curso de las religiones, tan sólo querría comentarte que parece muy raro que haya unas religiones absolutamente verdaderas en el Paleolítico y unas religiones absolutamente falsas después (las de la fase secundaria). Desde luego yo no digo, en ningún caso, que las religiones primarias sean absolutamente falsas. Lo que sí digo es que, desde el presente, todas las religiones son falsas (aunque esa falsedad tenga modulaciones diferentes en cada fase) y por eso los materialistas no somos hombres religiosos.

Un saludo muy cordial,
David Alvargonzález

• 7 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: Breves comentarios
Fecha: Miércoles, 4 de agosto de 2004

Estimado David;

También a la hora de reconocer los «componentes mitológicos» de las religiones primarias, y el hecho de que en ellas anide el germen del delirio mitológico sigo a Gustavo Bueno (lo que por otro lado, querría decir que no es en este punto donde colisionan tus tesis con El animal divino). Concretamente en la página 259 de la segunda edición, el profesor Bueno alude al teriántropo de Trois Frères, y lo hace en los términos siguientes:

«Pero la misma naturaleza operatoria de la esencialización contiene en sí un germen operatorio (combinación de esencias o arquetipos) que, por otra parte, habría que ver como la primera manifestación, en el período de la religiosidad primaria, de la actividad mitológica (cuyo monstruoso desarrollo dará lugar a los contenidos de la religión del segundo período). Como ilustración de esta fase de la religión primaria en la cual, los arquetipos, aún referidos a animales empíricos, aparecen ya en una mezcla combinatoria mitológica (fantástica), podría citarse el famoso hechicero magdaleniense de la cueva de Trois Frères (...)»

Esto en lo que toca a los componentes mitológicos. En cuanto al principio del error secundario:

«En la medida en que la confusión objetiva entre las figuras antropomórficas y zoomórficas que se considera inevitable, sea más intensas en ciertas franjas de la religión primaria habrá que decir también que está forma de religiosidad contiene un principio de error o de falsedad objetiva. No será legítimo según esto, ver a la religión primaria como la sede exclusiva de la religión positiva verdadera. Antes bien, estaremos autorizados para poner en ella los gérmenes del error característicos de los ulteriores períodos de religiosidad.» (pág. 260.)

Reconocer esto es desde luego inevitable, dado entre otras cosas, que está claro que los teriántropos no existen realmente (es decir , no existen «más que pintados») a la manera como existen los númenes animales estrictos; en este mismo sentido también será un error tomar a un hombre (de otro clan) como un numen (un superanimal) o a una planta (una liana) por un numen animal (una serpiente) dado que ni los hombres pueden ser nunca –etic– términos del eje angular, ni tampoco pueden serlo las plantas (que no operan por ejemplo, ni tienen prolépsis, &c., &c.). Ahora bien, lo importante del asunto es darse cuenta de que si efectivamente pudieron producirse (y de hecho se produjeron) tales confusiones, esta circunstancia sólo pudo ser debida a que estos mismos se recortaron sobre el fondo de la relación nuclear básica, sobre el trato con los animales numinosos realmente existentes por así decir.

Sin duda que los materialistas no somos personas religiosas, y tampoco yo adoro al oso ni nada parecido (mi posición es más bien, como decías tu en el texto, la propia del ateísmo post-terciario: ateísmo+etología), pero tampoco practicamos la impiedad primaria propia de las religiones metafísicas. Precisamente una de las claves de El animal divino, tal y como yo lo veo, consiste precisamente en que al ateísmo que se dimana de nuestros presupuestos ontológicos, le es suficiente aplicarse sobre los «dioses» de las religiones primarias (que de hecho no existen) y sobre todo de las terciarias (que ni siquiera son posibles), pero nuestro a-teísmo no niega los númenes animales de la religión nuclear.

Un saludo muy cordial
Iñigo

[Añadido a este correo hay otro que dice lo siguiente:]

Una cosa que se me había olvidado comentarte en relación a lo del color rojo y la numinosidad. Efectivamente pienso que puede malinterpretarse muy fácilmente esto que decía yo de que los númenes están «ahí fuera», aunque también pudiera ser que el ejemplo cromático aportado por Bueno no se aplique puntualmente al caso que nos ocupa (lo que por lo demás, ocurre con todos los ejemplos); en todo caso me parece a mí que podríamos adelantar algo, precisando la cosa mediante la siguiente fórmula: «los númenes están "ahí fuera" (los animales) sólo que no están en cuanto númenes», con ello haríamos justicia al hecho de que sin perjuicio de que los animales no sean númenes independientemente de los hombres, aparecen como tales en su relación con los hombres. Ahora bien, yo sí creo que el asunto reviste una cierta importancia dado que si admitimos que los animales realmente existentes SON los númenes como sostiene Gustavo Bueno, entonces ya no podemos decir que los mismos númenes tengan o no correlatos reales, dado que si decimos esto, parecería que los númenes no existieran más que en las paredes de la caverna y no en el exterior de la misma (ahora sí, con toda precisión: «ahí fuera», fuera de la caverna).

Un saludo muy cordial
Iñigo

• 8 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Más sobre númenes primarios
Fecha: Miércoles, 4 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

Por lo que se refiere a los textos de Bueno que me citas (sobre todo el segundo texto de la página 260), el asunto, tal como yo lo veo, es que los teriántropos aparecen desde el inicio del Paleolítico superior, desde la aparición de las primeras pinturas parietales, y aparecen en gran número. Y, entonces, eso que Bueno llama el «principio del error» (y que retrasa hasta el magdaleniense, como si fuese la fase última del periodo primario, en los ejemplos que aparecen en El animal divino) se convierte en un error sin más que es constitutivo de las religiones desde sus comienzos. Además, insisto, me parece que en el núcleo de las religiones primarias tiene que estar el ruego, la oración, la mediación con el numen, que es una categoría indudablemente religiosa y, si esto es así, entonces los componentes circulares y angulares tienen que estar compuestos ya desde el principio.

Los materialistas no somos «hombres piadosos de la religión primaria» ni vemos a los animales como númenes personales. La religión primaria no es posible en el presente como religión.

La precisión que haces en torno al asunto de los «númenes ahí fuera» diciendo que «los númenes están 'ahí fuera' (los animales) sólo que no están en cuanto númenes», me parece que recoge mejor lo que Bueno quiere decir en su respuesta a Puente Ojea. Aunque esa es mi interpretación del texto de Bueno y habría que preguntárselo a él. La necesidad de hablar de «númenes con correlatos reales» surge cuando nos encontramos con la realidad tozuda de que, desde comienzos del Paleolítico superior, existen númenes, los teriántropos, que no tienen ningún correlato real.

Un saludo,
David Alvargonzález

• 9 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: Más sobre númenes primarios
Fecha: Jueves, 5 de agosto de 2004

Estimado David;

Sea o no preciso ajustar las fechas de la aparición de los númenes «facticios» (cosa en la que yo no tengo absolutamente nada que decir, al contrario, en cuanto a la documentación y erudición tu trabajo es enteramente inexpugnable), no acabo de ver los motivos que conducen a concluir que entonces, el principio del error se convierte en «error sin más» dado que esos númenes confusos –en cuanto que productos de la confusión de unos rasgos y otros–, ficticios, «erróneos» tampoco podrían haber sido elaborados por las operaciones combinatorias de los hombres, al margen de la relación nuclear a la que van referidos (y ello porque al fin de cuentas los teriántropos son númenes en lo que tienen de teriomorfos: lobos, osos, pájaros o lo que sean). Ahora bien, y aquí reside a mi entender lo principal, es precisamente esa relación lo que se consigna como verdadero.

Otra cosa: las razón principal por las que supones que el núcleo mismo de la esencia procesual de la religión se realiza en una escala plana no es otra si he comprendido bien tus tesis, que la atribución a los individuos animales de características que son falsas «desde el presente» (es decir, que son falsas simpliciter diría yo): tales como los atributos morales –porque los animales no se rigen por normas ético morales–, las capacidades lingüísticas –ya que los animales no pueden entender lo que los hombres dicen–. Sin embargo, también cabe decir (de hecho es lo que dice Bueno) que los hombres pudieron mantener religaciones numinosas con los animales, trato de carácter «político» (ruego, adulación) o lingüístico (comunicación), &c., &c., en base a una serie de características que los animales sí tienen y que les califica como dotados de voluntad y de inteligencia, de vis apetitiva y cognoscitiva, &c. Pero la cuestión fundamental, en este punto, reside en la circunstancia de que las ciencias etológicas y la psicología animal y comparada ha venido reconociendo tales rasgos en los animales reales (sea o no en el grado en que se los atribuye el primitivo, esa es otra cuestión) y así puede entenderse muy bien que Gustavo Bueno haya declarado en repetidas ocasiones que antes de los desarrollos de la etología, la primatología, la etología cognitiva, los estudios sobre el lenguaje de los animales, &c., &c., El animal divino no habría podido escribirse por cuanto las vías de desarrollo de una filosofía angular de la religión estaban enteramente bloqueadas. No hay que olvidar tampoco que los animales se presentan como «benéficos» o «maléficos» a los hombres, entre otras cosas, porque aparecen como tales en sus relaciones con éstos...

Y en este mismo sentido, lo que quería decir con la piedad es que aunque en efecto los materialistas no seamos paleolíticos piadosos (entre otras cosas porque no somos paleolíticos), tampoco por ello somos impíos cartesianos o pereirianos que podamos perder de vista (haciendo caso omiso al darwinismo, a la etología y a otras muchas cosas más) que las «bestias» son animales, sujetos operatorios y prolépticos, en el fondo bastante parecidos a nosotros mismos –y no digo tampoco que tú permanezcas argumentando desde coordenadas automatistas–. Ciertamente que la religión primaria no es posible como religión en nuestros días, lo que sí es posible empero –y precisamente en nuestros días, quiero decir que hace un siglo y medio seguramente no lo hubiera sido– es convertir a los antiguos númenes personales en objeto de nuestra compasión, fundar organizaciones de defensa de los animales, ligas del bienestar animal, Proyecto Gran Simio, &c., &c. Tales organizaciones tienen mucho que ver con el eje angular del espacio antropológico...

Yo también creo que la precisión que hemos introducido en los últimos mensajes se ajusta bastante bien a lo que Bueno ha sostenido en su polémica con GPO. Lo que no podemos negar, ni tampoco me hace falta, es que a lo largo del transcurso de la religión primaria (y repito sea en el momento que sea) hayan aparecido númenes sencillamente ficticios, inexistentes , como resultado de las operaciones combinatorias ejecutadas por los hombres en el proceso de esencialización de los animales naturales, y ello por un principio parecido al que dará lugar después al desbarre absoluto de las religiones mitológicas de los dioses y los démones secundarios (por lo menos hasta que no vengan los ovnis). Es decir, que El animal divino lo que no puede hacer es recusar la presencia de teriántropos, aunque como digo tampoco lo necesita. Yo al menos no acabo de ver en qué medida pone en apuros a las tesis de Bueno, el hechicero de Trois Frères pongo por caso, siempre que acusemos que los teriántropos son númenes justamente por ser terios, no por ser anthropos... que son dos cosas disociables (como se disocian en la nestoriana máscara de Juyo)

En fin, repito que te agradezco enormemente la atención que estás dedicando a mis dudas y mis objeciones y el tiempo que estás invirtiendo en ellas.

Un saludo muy cordial,
Iñigo

• 10 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Más respuestas
Fecha: Jueves, 5 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

La cuestión de las fechas no es totalmente irrelevante porque Bueno, cuando habla del ídolo de Trois-Frères, lo pone como un ejemplo, al final de Paleolítico, de cómo las religiones primarias se irían convirtiendo en religiones secundarias. Si en las pinturas parietales anteriores al Magdaleniense no aparecieran teriántropos (como Bueno da por supuesto en El animal divino) entonces eso sí podría ser un indicio claro de la existencia de religiones angulares puras. Pero si resulta que hay teriántropos ya en el Auriñaciense, justo cuando aparecen las primeras pinturas parietales, entonces éstas no pueden ponerse como indicio de la existencia de la religión angular pura y sí pueden ponerse como indicio de la existencia en el Paleolítico, desde sus comienzos, de religiones en las que se combinan los aspectos angulares y circulares. Hacer que la religión primaria angular pura sea anterior al Paleolítico superior es renunciar a uno de los argumentos más potentes que tenía (el arte mueble y parietal) y salvarse del naufragio viajando atrás en el tiempo.

Me alegra comprobar que tú también admites que las religiones primarias no son posibles, como religiones, en nuestros días. Por tanto, como ya dije en otro correo anterior, las religiones primarias no son verdaderas en un sentido absoluto, no son verdaderas desde el presente y sólo son «verdaderas» cuando se las considera en sentido histórico. Una vez que se admite que las religiones primarias, vistas desde el presente, tienen componentes falsos, entonces es inevitable hacerse la siguiente pregunta: ¿cuáles pueden ser esos componentes falsos? Mi teoría de la composición de los ejes angular y circular en el núcleo de las primeras religiones trata de responder a esta pregunta. Por supuesto, se admiten otras hipótesis pero la pregunta continúa estando ahí. (Las hipótesis, para nosotros, serán considerar cada eje por separado, combinar ejes dos a dos o combinar los tres: las razones por las que yo elijo combinar los ejes circular y angular se explican en mi trabajo.)

Por otra parte, al margen del juicio que nos merezcan las organizaciones de defensa de los animales, el proyecto Gran Simio, &c., es obvio que los animales no son personas. Sin embargo, los númenes de las religiones primarias sí son, en la teoría de Bueno, númenes personales. La idea de que el numen primario es un «numen personal» deja ver, de un modo explícito, que el numen tiene componentes angulares y circulares.

Por último, decir que los teriántropos son númenes por lo que tienen de animales y no por lo que tienen de hombres es, desde mis posiciones, falso: si a los animales les despojamos de la capacidad de entendernos, les despojamos de sus caracteres morales, y, en general, de los rasgos circulares, pasan a ser ni más ni menos que animales, y por eso los materialistas no somos religiosos en el presente.

Un saludo muy cordial,
David Alvargonzález

• 11 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: Más respuestas
Fecha: Jueves, 5 de agosto de 2004

Estimado David;

La mención del PGS, de las organizaciones de defensa de los animales, los movimientos de «liberación animal», &c. (sea como dices bien cuál sea el juicio que nos merezcan tales movimientos a nosotros, y aquí seguramente estaríamos por entero de acuerdo) tiene cierta importancia para el tema que nos ocupa según lo entiendo yo: y es que sin perjuicio de que evidentemente no podamos considerar a los animales como «personas» (aun cuando haya quien, con Singer por ejemplo, los considere así, equivocadamente sin duda), lo cierto es que tales manifestaciones de piedad, de preocupación por el bienestar animal, &c., no pueden analizarse si no es movilizando el eje angular del espacio antropológico... es decir, un poco al estilo de lo que señalaba Tresguerres en su libro sobre los toros, si los antitaurinos no están discutiendo de ética más que emic (y de ética desde luego que no están discutiendo, por razones obvias), no queda si no que estén hablando –etic- en claves «religiosas». Ahora bien, si esto es así, entonces esta misma circunstancia nos ofrece una contraprueba en favor de la verdad de las religiones primarias al menos de tanta importancia como el argumento que tú aduces para probar que tales religiones no pueden ser verdaderas desde el presente: si la verdad «paleolítica» de tales religiones se hubiese «evaporado» sin resto alguno (por ejemplo de poder mantenerse la concepción de los animales que fue propia del cartesianismo) entonces la filosofía de la religión defendida en El animal divino no podría sostenerse tampoco, pero sabemos que esto no es así, que existen ingentes cantidades de congéneres que ven a los animales como objetos apropiados de piedad, e incluso como objetos de derechos y, lo que es todavía más importante, que los ven así –al margen de todas las precauciones que tengamos que poner a la hora de referirnos a tales movimientos– con buenas razones (es decir, que tampoco están delirando como si hablasen de «derechos de las piedras»), puestas de manifiesto desde el segundo cuarto del siglo veinte por el desarrollo de las disciplinas etológicas. Gracias a estas disciplinas podemos decir que el paradigma del maquinismo, de la inteligencia instintual, &c., &c., no puede en nuestros días menos que aparecer como arrumbado por el curso de las ciencias; y ello porque los animales exhiben capacidades cognitivas muy complejas, inteligencia, propósitos, conducta estratégica, comportamiento «maquiavélico» (en el sentido de Byrne con los macacos rhesus), cultura extrasomática, conductas comunicativas muy sofisticadas, y muchas otras cosas más.

Bien, pero, ¿a qué viene esto?, pues a que tales características que hoy sabemos que los animales manifiestan realmente (y lo sabemos hoy, quiero decir que hace ciento cincuenta años no lo podíamos saber) constituyen precisamente las bases efectivas sobre los que se pudo articular la relación numinosa de los hombres del paleolítico con ciertos animales. De otro modo: los animales de la religión natural pudieron convertirse en númenes por razón de las propias características que ellos tienen efectivamente en tanto sujetos operatorios (exageradas sin duda por los paleolíticos, que no son «etólogos desnudos» como bien adviertes en tu trabajo) de manera que no es preciso que el hombre «proyecte» (por decirlo así, ya sé que me aclaraste que no defiendes el modelo de la proyección) sobre tales animales componentes circulares para que a estos les adviniese la «numinosidad» del eje circular. Y ello en el fondo querría decir lo siguiente: despojados de los atributos humanos, los númenes no son efectivamente más que animales, es decir, númenes primarios.

Una cosa más: la contraprueba de que los teriántropos son númenes en lo que tienen de animales, es precisamente que los rasgos humanos, circulares, no pueden nunca resultar numinosos secundum se dado que el canon del eje circular es la idea de «igualdad» y la igualdad bloquea la numinosidad (por eso el hombre es el único animal que no puede ser un «animal divino»).

Por otro lado, por indudable que sea el imprescindible ajuste de las fechas relativas a la periodización de la presencia de teriántropos, ello no debe hacernos perder de vista lo siguiente:

«En este sentido, la religión primitiva no podría considerarse como una forma homogénea, sino compleja y confusa y aun contradictoria, en SU contenido en el concepto general de religión primaria que hemos dado) no sólo la multiplicidad de relaciones, sino el que, juntamente con las figuras animales, también las figuras humanas de otros hombres (de otras bandas, de otras tribus) pueden aparecer como numinosas.» (pág. 260.)

Ahora bien, este texto de El animal divino demuestra, creo yo, la capacidad de la filosofía angular de la religión para «tragarse» los teriántropos auriñacienses aunque estas figuras tan tempranas no pudieran haber sido tenidas en cuenta por Bueno en su momento. Digo esto toda vez que, si la religión primaria contiene «en su mismo principio» (principio que lo es lógico sobre todo, no tanto cronológico) el germen del error secundario siendo ella misma verdadera, entonces no hay razón para retirar una tal verdad por el hecho de que hayan aparecido númenes falsos en las primeras etapas de su desarrollo (en su principio, ahora cronológico)... Pero lo esencial es darse cuenta de que tales númenes «compuestos», falsos, no son fruto gratuito de la causalidad, sino que presuponen el trato nuclear con los númenes reales.

Lamento mucho mi insistencia sobre todas estas cuestiones, pero el caso es que no acabo de ver las cosas...

Un saludo muy cordial
Iñigo

• 12 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Recapitulando...
Fecha: Viernes, 6 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

Después de leer tu último correo he vuelto a consultar las conclusiones de mi artículo. Te las transcribo para que no tengas que ir a buscarlas:

«1.- En el núcleo de las religiones «primarias» encontramos componentes míticos que coinciden con rasgos de naturaleza humana atribuidos a ciertos animales reales: capacidad de entender el lenguaje específicamente humano, caracteres de personalidad, caracteres morales (virtudes y vicios), conducta moral, &c.

2.- En el arte mueble y parietal del Paleolítico superior, desde sus inicios, encontramos abundantes muestras de númenes sin correlato real: númenes teriomorfos fantásticos y númenes teriántropos.

3.- Podemos considerar la verdad de una religión desde el punto de vista emic. También podemos considerar la religión «primaria» como verdadera cuando definimos esa verdad en un sentido comparativo con respecto a las religiones «secundarias» y «terciarias» («verdad en sentido interno a la historia de las religiones»).

4.- Desde el presente (definido por las ciencias y por la filosofía materialista) en los númenes de las religiones «primarias» encontramos contenidos que podemos considerar falsos.»

Si no me equivoco, me da la impresión de que tu podrías suscribirlas todas menos la primera pues para ti, como para Bueno, los componentes míticos de las religiones primarias no estarían en el núcleo sino en el cuerpo.

Luego resulta que ciertas características de los animales estarían «exageradas sin duda por los paleolíticos»; y yo pregunto: ¿hace falta exagerarlas para que haya religión o puede haber religión sin exagerarlas como ocurre con el «etólogo que se ha desnudado»? El «etólogo que se ha desnudado» ¿tiene religión o es impío como nosotros?.

Por lo demás, el párrafo que me citas de la página 260 de El animal divino, cuando insiste en la confusión y contradicción interna de las religiones primarias, parece que está diciendo algo parecido a lo que yo digo, con lo que no sé si pretendes decirme que yo estoy equivocado o que solamente estoy repitiendo lo que dice Bueno, en cuyo caso mis posiciones no tendrían ninguna novedad y no habría nada que discutir.

Sinceramente, si hubiera logrado que tu consideres que hay problemas con la teoría de la verdad de las religiones primarias de Bueno (como me pareció que admitías en tu primer correo), y hubiera logrado que asumas tres de mis cuatro conclusiones, yo no podría aspirar a nada más porque ya sé que no estamos hablando de cuestiones científicas y que, en estos asuntos de filosofía, el grado de convencimiento es difícil que sea total.

Ahora bien, para no pecar de descortés voy a intentar argumentar sobre ese punto de posible desacuerdo, desacuerdo que podemos mantener finalmente, pues tampoco lo que yo afirmo es disparatado ni creo que entre en contradicción con los principios generales del materialismo:

En primer lugar, si el núcleo de la religión primaria es verdadero en un sentido absoluto, como pretende Bueno, tienes por delante el reto de construir una religión primaria verdadera en el presente ya que se podría purgar a la religión primaria de los aspectos mitológicos de su cuerpo y quedarse solamente con el núcleo verdadero. Este argumento no es retórico y es la prueba por la que tiene que pasar toda filosofía de la religión que diga que hay unas religiones con un núcleo verdadero en sentido absoluto.

En segundo lugar, yo nunca he negado que las relaciones etológicas entre los hombres del Paleolítico y ciertos animales sean reales pero, en la teoría de la esencia, esas relaciones jugarían el papel de género generador y no de núcleo. Del mismo modo, Bueno considera que las jefaturas o los liderazgos de las sociedades preestatales no son el núcleo del estado sino que forman parte del género generador. La razón para tomar esta opción es que no tenemos evidencias anteriores al Auriñaciense como para asegurar que la inversión antropológica haya tenido lugar en lo que respecta a la religión. Sin embargo, a partir del Auriñaciense, ya se pueden encontrar indicios (por leves que sean) de esa inversión antropológica en el llamado arte mueble y parietal.

Por último, yo veo muchas dificultades al procedimiento de aplicar el canon emic de la igualdad para definir las relaciones circulares. Algo de esto se sugiere en mi artículo, aunque reconozco que este punto no pudo ser desarrollado suficientemente (ya te hablé de los problemas de tiempo en la conferencia y de espacio en el artículo). La igualdad de los sujetos humanos sólo llega a constituirse muy tardíamente en la historia. Pero, como no vamos a decir que no hay hombres hasta, pongamos por caso, la Revolución francesa, tenemos, nuevamente, que distinguir el punto de vista etic del punto de vista emic, el punto de vista del pretérito (o de nuestros contemporáneos primitivos) del punto de vista desde el presente. Desde el presente, las relaciones entre sujetos humanos de grupos de hombres paleolíticos diferentes son relaciones circulares, aunque emic unos grupos no se reconozcan a otros como humanos (si es que la palabra «humano» en ese contexto emic no es ella misma un anacronismo). Además, ya sabes que, desde mis posiciones la línea que separa etic lo radial de los otros dos ejes es más significativa, en esta discusión, que la línea que separa lo angular de lo circular, ya que esos dos últimos ejes son ejes beta operatorios. Esa afinidad de los ejes circular y angular es un argumento más a mi favor porque lo que nosotros distinguimos etic con claridad desde el presente, los grupos humanos del Paleolítico no lo podían distinguir emic con la misma exactitud (y por eso nosotros no podemos ser religiosos y ellos lo tuvieron que ser).

En todo caso, como digo, lograr el acuerdo en tres de cuatro conclusiones es motivo para estar muy satisfecho y yo no espero nada más.

Un saludo,
David Alvargonzález

• 13 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Re: Recapitulando...
Fecha: Viernes, 6 de agosto de 2004

Estimado David,

Estoy de acuerdo en líneas generales con el esclarecimiento del «desacuerdo» que has realizado en el último mensaje, en principio no tendría ninguna objeción que hacer siempre y cuando, claro está, se admita por otro lado que la primera de las conclusiones viene revestida de tal alcance que ella misma niega, de ser aceptada, la tesis de la verdad nuclear de la religión en el sentido en el que la defiende Gustavo Bueno. Ahora bien, si esto es así (y yo creo que en efecto es así) resultaría que esta primera tesis, basta ella sola para obligar, en el caso de que la consideremos certera, a retirar la integridad de la filosofía materialista de la religión defendida en El animal divino, y sostenida sobre la consideración de la religión primaria como la religión verdadera (algo parecido decía Joaquín Robles en su reseña del Congreso de Murcia). Esto es tanto como afirmar lo siguiente: no se mantiene ni de lejos el diagnóstico de que tus posiciones sean disparatadas (al contrario apuntan a auténticos problemas), pero sí de que de que tienen tal naturaleza que, una vez aceptadas, ya se estará, eo ipso, argumentando contra El animal divino. Otra cosa es que desde luego, la verdad es la verdad, independientemente de que la diga Gustavo Bueno o quien la diga...

En el párrafo de la pág. 260, Gustavo Bueno afirma en efecto algo parecido a lo que tú dices, sólo que con una diferencia que no es en absoluto menor, y en ese sentido citaba yo el texto: lo que se rechaza es que el reconocimiento de que las religiones primarias contengan ya, desde su principio, los gérmenes del error y la confusión secundaria, exija retirar la verdad del núcleo de tales religiones. Pero es que hay algo más; de retirar dicha premisa habría que comenzar necesariamente, a argumentar como si las religiones hubiesen surgido del delirio, de la falsa conciencia o de lo que sea, es decir empezar en las mallas de un cierto «psicologismo», pero este modo de argumentar nos deja desguarnecidos (este punto lo pone de manifiesto Joaquín también, en su artículo de El Catoblepas, sobre la filosofía de la religión) frente al argumento recíproco que los teístas podrían perfectamente dirigir contra nuestro ateísmo. ¿No podría un teísta (por ejemplo, Ricardo de la Cierva), psicologismo por psicologismo, señalar que también nuestro ateísmo se ha originado en traumáticas experiencias adolescentes o causas por el estilo?...

En relación a lo que me comentas de las religiones primarias en el presente: evidentemente una religión primaria no la podemos construir de la noche a la mañana, sin embargo, tampoco es completamente impensable que las religiones primarias reaparezcan en el horizonte como tales religiones (lo que exigiría una nueva piedad primaria, &c.). Una tal posibilidad aparece, como advierte Gustavo Bueno en Cuestiones Cuodlibetales sobre Dios y la Religión, ligada a un suceso que nosotros no podemos controlar como lo es el acaecimiento de «sucesos en la tercera fase». Se dirá que la existencia de los extraterrestres no ha sido probada y que aun la misma posibilidad de tales encuentros (que reclama no sólo que efectivamente existan los «marcianos», si no que además dispongan de inteligencia y tecnología en un cierto grado, que acudan a la tierra, &c.) resulta despreciable a juzgar de la mayoría de astrofísicos y astrobiólogos de nuestros días. De acuerdo, pero aunque esto solucione el asunto por la vía de los hechos, la posibilidad misma de la presencia en nuestro planeta de tales animales no linneanos abre las puertas al resurgimiento de la religión de los númenes primarios.

De otro modo: mientras tales extraterrestres no aparezcan, sólo cabrá consignarlo como démones secundarios, pero si se presentaran un día en nuestro planeta podrán comenzar a comparecer como animales numinosos, como númenes primarios. Lo que en el fondo vale tanto como decir que los númenes de la religión secundaria son falsos, los de la primaria en cambio, verdaderos.

Ciertamente que los ejes angular y circular pueden contaminarse muy fácilmente, dada su proximidad mutua como ejes operatorios. Es además muy probable su contaminación –emic– en el contexto paleolítico, donde, como tú mismo dices muy bien, el espacio antropológico estaba todavía formándose: el eje circular no se había segregado del todo, y en este sentido, resulta en cierto modo anacrónico hablar de «hombre» para este período. Pero insisto en algo que subrayaba en uno de mis primeros correos; que el paleolítico no se representase adecuadamente los tres ejes (como si fuese un materialista filosófico que se ha desnudado) no impide que nosotros, en nuestros días, con los ejes ya formados perfectamente, no debamos proceder dando la disociación de los ejes por supuesta. Y entonces si –razonando de manera eminentemente apagógica– el núcleo de la religión no puede residir ni en el eje radial, ni el circular, pues sólo queda una alternativa, necesariamente.

Preguntas: ¿hace falta exagerar las características de los animales para que haya religión? Respondo: se exageraron de hecho, y no tiene sentido plantear la cosa retrospectivamente como si esto no hubiese ocurrido. Ahora bien, sólo cabe decir, en este sentido, que son dichas exageraciones las que se explican por las características reales de los animales, no a la inversa.

En fin, las cuestiones que planteas en tu mensaje son muchas, y todas de gran importancia, de manera que aquí sólo me es posible arañarlas... En todo caso, como dices, podemos mantener el desacuerdo, desde luego (dejando al margen que, como se ve, nos iba a resultar imposible disiparlo por completo). En todo caso, cuando el trabajo se publique, habrá ocasión de analizar las cosas con más detenimiento...

Un saludo muy cordial
Iñigo

• 14 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: Homenaje a Bueno. Propuesta
Fecha: Viernes, 6 de agosto de 2004

Estimado David;

Como sabes este septiembre el profesor Bueno cumple ochenta años. Pues bien desde hace algunos meses algunos de nosotros (José Manuel Rodríguez, Pedro Insua, Atilana, Eliseo, Sharon, Monse, Javi, Joaquín Robles, &c.) estamos preparando una especie de homenaje que se celebraría en el entorno de Oviedo o Llanes. Te lo comunico para que lo sepas, y ni que decir tiene que estás invitado a tomar parte. Te reenvío un correo que me dirigió esta mañana José Manuel comentando una propuesta de Felipe.

Un saludo
Iñigo

• 15 •

De: David Alvargonzález
Para: Íñigo Ongay
Título: Final y homenaje
Fecha: Lunes, 9 de agosto de 2004

Apreciado Íñigo,

En primer lugar quiero pedirte disculpas porque he estado tres días fuera de casa y alejado del ordenador y me he encontrado hoy con tus dos últimas cartas.

Permíteme hacer unas pocas puntualizaciones a tus últimos argumentos:

Con toda sinceridad, el trabajo que discutimos no creo que obligue «a retirar la integridad de la filosofía de la religión defendida en El animal divino». Por de pronto, queda intacta toda la parte gnoseológica que trata sobre el análisis y la clasificación de los saberes acerca de las religiones.

Desde mi interpretación, las religiones primarias no surgen del delirio. Yo creo que la metodología para reconstruir el origen de las religiones tiene que partir siempre de la situación material en la que viven los grupos humanos de Paleolítico superior, en consonancia con el grado de complejidad de sus culturas y de sus técnicas. Es necesario resaltar, especialmente, que el surgimiento de las religiones primarias es anterior a la aparición de la ciencia y de la filosofía en sentido estricto y por eso esas religiones no pueden ser verdaderas cuando se evalúan desde el presente, aunque sean verdaderas como fases históricas necesarias. En mi interpretación no hay asomo de psicologismo porque los aspectos psicológicos de las religiones son cogenéricos y subgenéricos y, por tanto, previos a la inversión antropológica.

Sin embargo, desde mis posiciones, no sería incorrecto decir que la filosofía de la religión angular pura (con núcleo exclusivamente angular) tiene muchos riesgos de caer en el etologismo (lo mismo que caen en el etologismo las teorías que explican la guerra desde las conductas de agresión).

De los extraterrestres nada que decir: el materialismo filosófico es una filosofía del presente. Tampoco está claro que la improbable aparición de inteligencia extraterrestre conduzca necesariamente a una religión primaria verdadera.

Desde los ejes del espacio antropológico son posibles siete filosofías de las religiones diferentes:

Unidimensionales: radiales, circulares, angulares.

Bidimensionales (que pongan el núcleo en una figura antropológica que exija dos ejes): radial-angular, radial-circular, circular-angular.

Tridimensionales: que exijan los tres ejes para caracterizar el núcleo de la religión.

Por último, sobre el asunto del homenaje al profesor Bueno, yo estaré encantado de asistir.

Un saludo muy cordial,
David Alvargonzález.

• 16 •

De: Íñigo Ongay
Para: David Alvargonzález
Título: concluyendo también yo
Fecha: Lunes, 9 de agosto de 2004

Estimado David;

Ya iremos concretando las cuestiones relacionadas con el homenaje a Gustavo Bueno según se vaya acercando septiembre; ni que decir tiene que será un placer para todos contar contigo...

Sobre las matizaciones que formulas, sólo diré que parece claro que como subrayábamos ya nos iba a resultar imposible borrar por completo el desacuerdo. Sin embargo sí tengo que darte la razón en que hablé con demasiada ligereza al aludir a la integridad de la filosofía materialista de la religión: lo que hay que retirar si tienes razón, David, es sólo la parte ontológica (o nada menos que la parte ontológica, según se mire), que es la que presupone la afirmación de la verdad nuclear de la religión.

Sobre el problema del psicologismo/etologismo, parece que aquí nuestras perspectivas son enteramente polares en cuanto que mientras que yo veo psicologismo por tu parte (cosa que tú mismo no adviertes), tú detectas muchas probabilidades de que nuestras posiciones recaigan en el etologismo (cosa que nosotros negamos por motivos parecidos: la inversión antropológica y la anamórfosis de la religión natural lo impide). Ahora bien, siempre quedará explicar desde tus posturas los motivos por los que el paleolítico, atrapado en su falsa conciencia, se puso a atribuir a los animales características circulares que convirtieron a unos tales individuos zoológicos en númenes personales. Nosotros en cambio tenemos que reconocer que han existido necesariamente (por el argumento ontológico religioso) númenes si queremos dar cuenta de la religión misma.

En cuanto a lo de los extraterrestres: es verdad que en el presente no tenemos evidencias de inteligencia extraterrestre y, es más, la existencia misma de los extraterrestres presenta –esto ya lo reconocía en mi mensaje– una probabilidad prácticamente despreciable según sabemos por los datos arrojados por la astrofísica y la astrobiología, es verdad también que el materialismo filosófico se mueve en el presente y desde el presente, por eso decía Bueno en CCDR que el futuro de la religión primaria está por determinar, y aparece ligado a sucesos que nosotros no podemos controlar. Enteramente de acuerdo, pero la misma posibilidad de la existencia de estos animales no lineanos pone de manifiesto que la religión primaria no es del todo «perro muerto». Mientras no aparezcan no podemos hablar de ellos más que como démones secundarios, cierto; pero esa misma circunstancia nos pone sobre la pista de que si apareciesen, entonces serían númenes primarios, y si eso es así, es porque hemos de presuponer que los númenes primarios son reales.

Un saludo muy cordial
Íñigo

Notas

{1} Una reseña de este congreso la ofrece Joaquín Robles López, con su trabajo «Ortodoxos y Heterodoxos», publicado en El Catoblepas, nº 20, pág 17. Las actas del congreso murciano acaban de editarse en forma de libro. Vid, Patricio Peñalver, Francisco Jiménez y Enrique Ujaldón, Filosofía y Cuerpo. Debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno, Libertarias, Madrid 2005.

{2} La atenta lectura del texto de David Alvargonzález resulta obligada por sí misma y en todo caso, necesaria para la cabal comprensión de la polémica que presentamos. Remitimos al lector interesado a las Actas del Congreso «Filosofía y Cuerpo»

 

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