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El Catoblepas, número 19, septiembre 2003
  El Catoblepasnúmero 19 • septiembre 2003 • página 9
Economía

Economía política y religión:
la conexión entre religión y economía política
a la luz del materialismo filosófico

Javier Delgado Palomar

Comunicación al 40 Congreso de Filósofos Jóvenes
Sevilla, 22-25 de abril de 2003

En esta comunicación ofrecemos unas breves notas (que por el mismo carácter del congreso y de la exposición no pretenden de ningún modo ser exhaustivas ni sentar cátedra sobre las cuestiones discutidas), unas sugerencias metodológicas para la aproximación al estudio de las relaciones entre religión y economía desde una perspectiva materialista. Para ello, presentaremos, en primer lugar, en unos muy esquemáticos primer y segundo apartados, una exposición sobre posibles relaciones entre los dos términos, para después plantear las relaciones que pudieran darse entre ellos desde las coordenadas de la antropología filosófica materialista. La conjunción que nos da pie para las comunicaciones y debates de esta tarde (religión y cultura económica), es susceptible de diferentes interpretaciones lógicas de las que dependerá, en última instancia, nuestra postura final sobre la cuestión de la relación entre los dos términos.

1. La Economía desde la religión

En primer lugar, la explicación de la Economía desde la religión, esto es, privilegiando al primer término sobre el segundo y suponiendo que efectivamente lo envuelve). Desde este punto de vista, que podríamos calificar no ya de teológico sino de bíblico o talmudista, la economía política aparece dependiendo y surgiendo de la religión (como no podía ser de otra manera en una perspectiva bíblica en la que todo nos es dado por Dios) de tal manera que la producción de mercancías se nos presenta normalizada a través de la religión, que impone unas reglas y unos ritmos productivos: por ejemplo, un día de descanso a la semana, sin contar el innumerable listado de normas y leyes con influencias en la economía que despliega el último libro de la Torah, el Deuteronomio.{1} La religión se nos aparece también como principio y fin de la actividad económica en la Teología del presente, por ejemplo, en los textos del pensamiento místico judío (paradigmáticamente, el jasidismo, basado en el estudio de la cábala).{2}

«El retorno de nuestro pueblo a su tierra histórica natal, nos desafía como nación a planear una estrategia para la renovación social y económica que pueda garantizar nuestro bienestar material, mientras que al mismo tiempo refleje el carácter espiritual único de la tierra y su pueblo. De hecho, la antigua tradición mística judía tiene mucho que aportar a la inspiración de tal estrategia. Siempre ha sido uno de sus principios básicos, que el reino material que Dios trajo a la existencia posee grandes posibilidades espirituales, que deben ser aprovechadas si el Deseo Divino que hay detrás de la Creación es que se vuelva completamente revelado. Habiendo sido repatriados al lugar donde cielo y tierra han mantenido un diálogo eterno, debemos esforzarnos para liberar el reino material de su claro carácter secular y así restablecer el propósito Divino ligado a toda experiencia, tanto mundana como sacra».{3}

Así, la religión, en la mística judía lo envuelve todo, es origen y fin de nuestro mundo y de nuestras relaciones económicas y estaría destinada a orientar la ordenación económico-política del estado de Israel.

2. La Religión desde la Economía

El punto de vista inverso al que hemos expuesto brevemente, es aquel que interpreta a la religión desde la economía, dando la primacía o preponderancia a las relaciones económicas de las que surgirían las religiones. Es la postura propia del marxismo y del pensamiento economicista en general, que tiene su origen en la «teoría del reflejo» de Feuerbach.{4} Según esta teoría, es el hombre el que hace a Dios y no al revés y fue la postura que adoptaron Marx y Engels:

«El fundamento de la crítica irreligiosa es: el hombre fabrica la religión; la religión no hace al hombre [...] La miseria religiosa es, por un lado, la expresión de la miseria real y, por otro, la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como es el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo».{5}

En la economía marxista se postulan las relaciones económicas como la base de la sociedad{6} y escenario de la lucha de clases, relaciones de las que surgirían las superestructuras ideológicas como las ciencias, las artes, la filosofía y por supuesto, las religiones.

Tanto las religiones como las ciencias y la filosofía así planteadas serán propias del modo de producción que mantenga Estado de referencia y no tendrían ningún papel en los procesos de transformación social. Así lo demostró prácticamente la socialdemocracia alemana, a instancias de Engels, que declaró en el congreso celebrado en Erfurt en 1877 a la religión como un «asunto privado»,{7} frente a la postura de E. Dühring que pretendía prohibir la religión en el socialismo.{8}

Curiosamente, y por motivos políticos, estas dos visiones (teológica y economicista) de las relaciones entre economía y religión se encontraron colaborando en igualdad de condiciones en la segunda mitad del siglo XX. En Alemania, O. v. Nell-Breuning discutía el dicho «todos nosotros vamos a hombros de K. Marx».{9} En el Chile de Allende esta simbiosis tomaría forma de «Cristianos por el Socialismo»,{10} formación rápidamente exportada a otros países europeos{11} y de la teología de la liberación en toda América. En España el PCE nutría sus cuadros con militantes cristianos de base. No es nuestra labor en esta ocasión, exponer con profundidad esta asociación entre teología y marxismo, comunismo, socialismo e incluso anarquismo; simplemente queremos dejar constancia de que así se produjo, como una posibilidad más de relación entre esos ámbitos de la religión y las categorías de la Economía política.

3. Nociones fundamentales de antropología filosófica y filosofía de la religión materialistas

Para comenzar a plantear la cuestión de las interconexiones entre religiosidad y categorías económicas desde un punto de vista materialista es indispensable exponer, siquiera mínimamente, algunos conceptos fundamentales o puntos clave de la antropología filosófica materialista, de su filosofía de la religión y de su tratamiento de las ciencias políticas y económicas.

En su antropología filosófica el profesor Gustavo Bueno divide el espacio antropológico en tres ejes: el eje radial, en el que los sujetos humanos se relacionan con las entidades naturales, impersonales y fenómenos naturales, es el ámbito de la Naturaleza; el eje circular, en el que los sujetos entablarían relaciones entre ellos mismos (interespecíficas), representa el ámbito de la Cultura; y el eje angular, en el que los humanos interaccionan con centros de inteligencia y voluntad que no son cosas (radiales) y además no son humanos, los animales.{12} En estos animales, la fauna del plio-pleistoceno, y en las relaciones de índole práctico-político (temor, odio, amor, desprecio, recelo) en su sentido más amplio que los hombres establecieron con ellos, cifra Bueno el núcleo de la religión que desarrollando su cuerpo a través de determinado curso, se habría transformado de primaria (relación con el numen real animal) en secundaria (en un amplio abanico que incluye los númenes animistas y chamánicos y los panteones zoomórficos y antropomórficos), y después en terciarias religiones monoteístas.{13}

Desde estas coordenadas se observa ya claramente que la postura sociológica o marxista, que calificamos como la más potente de las anteriormente expuestas, es solidaria de una filosofía de la religión de tipo circular, en la que se sitúa el origen de la religión en las relaciones intra específicas que los humanos mantienen entre sí (Feuerbach). Este tipo de filosofías de la religión circulares (de la que es ejemplo también el animismo de Tylor) no puede encontrar una relación entre la religión y las categorías económicas, simplemente porque han borrado el núcleo de la religión, han borrado a Dios. Al reducir el espacio antropológico considerando sólo dos de los tres ejes (el radial y el circular), la economía aparece como la acción entre dos ejes (los hombres y la naturaleza), es el proceso histórico-natural de El Capital, y la religión, como ocurre en el marxismo, no tendría nada que ver con la economía, ni con la producción, sería una «cuestión privada» como estrategia política (no ponerse en contra de los cristianos), pero siendo el militante comunista consciente de que lo que esa cuestión privada esconde no es más que un reflejo de las relaciones humanas. Por otra parte, tampoco era posible para Marx y ni si quiera para Tylor, introducir un tercer eje en el espacio antropológico, principalmente debido al desarrollo científico de su tiempo, es decir, la Etología aún no había madurado como disciplina científica, no había sido aún concedido el premio Nobel a Lorenz, Tinbergen y Frisch. La Etología, con todos los reparos críticos que quepa ponerle, logró mostrar que los animales no eran elementos radiales equiparables a máquinas o cosas. Ello generó la necesidad de introducir un nuevo eje en el espacio antropológico, un eje capaz de aglutinar estos elementos, centros de inteligencia, irreductibles a máquinas o a personas. Las consecuencias teóricas de la inclusión de este eje son importantísimas para la antropología filosófica que depende de otras ramas de la filosofía, como la ontología que en su división clásica Mundo, Alma y Dios había visto como Dios era tachado, sin más explicación, por motivos políticos, manteniéndose los reinos ontológicos de la Naturaleza y el Espíritu (cultura objetiva) como secularizaciones de las metafísicas Alma y Mundo. Con la Teoría angular de la religión se ha recuperado a Dios, pero no al Dios religioso terciario, monoteísta, y tampoco al Dios «sin correlato fenomenológico» a la manera de la crítica kantiana, sino al numen animal real propio del ateísmo.

4. Las relaciones entre la Economía y la religión desde una perspectiva materialista

Por su parte, las categorías de la economía política fueron analizadas desde la perspectiva de la Teoría del Cierre Categorial en el año mil novecientos setenta y dos.{14} No nos interesa aquí, en esta ocasión observar el significado y las consecuencias de la aplicación sistemática de esta filosofía de la ciencia a las categorías económicas, sino más bien, observar como se relacionan con la teoría del espacio antropológico, que es el camino por donde podemos llegar a la religión. Es necesario recordar en este punto que el artículo Sobre el concepto de «espacio antropológico» no se publicó hasta mil novecientos setenta y ocho, y hasta mediada la década de los ochenta no vería la luz El animal divino, por lo cual no parece extraño que en el libro sobre economía del año setenta y dos, al situar las categorías económicas en los ejes del espacio antropológico, Bueno sólo tenga en cuenta los ejes radial y circular:

«Podemos clasificar inmediatamente las relaciones ontológicas en las que hacemos consistir, desde luego, la realidad humana, en dos grupos, que denominamos (tomando los nombres de un diagrama en el que las circunferencias concéntricas representasen a las relaciones del primer grupo y los radios las del segundo): –«Relaciones radiales» (de los animales individual o grupalmente tomados con el medio). –«Relaciones circulares» (de los animales entre sí). (El concepto de industria extractiva es radial; el concepto de propaganda circular).»{15}

Por supuesto, que las categorías de la economía política no podrían ser reconstruidas sin apelar a estos dos ejes fundamentales para ella y de hecho, esto es en parte lo que Bueno en su libro, pero la cuestión hoy, aquí, es qué relación mantienen estos dos ejes, este ámbito del desarrollo de las fuerzas productivas (radial) y el de las relaciones sociales de producción (circular), por hablar con la terminología marxista, con el tercer eje, el eje de las relaciones religiosas (angulares). En su artículo de mil novecientos setenta y ocho, Gustavo Bueno reconoce que las relaciones radiales, junto con las circulares, definen ya un espacio antropológico bidimensional de estirpe materialista: «toda una tradición materialista presupone (al menos implícitamente), que este espacio bidimensional es necesario y suficiente para comprender las realidades antropológicas. Porque ahora nada existe fuera de los hombres y las cosas naturales: no existen los dioses, y todo lo que no es humano –una vez barridos los antropomorfismos ilusorios– es físico, res extensa cartesiana».{16} Sin embargo, no se considera legítimo reducir el espacio a dos ejes y no sólo porque el material antropológico y el desarrollo de la etología reclamen la inclusión de un nuevo eje, sino por motivos o «requerimientos, por así decir, gnoseológicos (un espacio con dos ejes hace imposible componer las figuras de un eje con independencia del otro; pero en cambio, un espacio de tres ejes, permite construir figuras bidimensionales abstrayendo alternativamente el tercer eje)».{17}

Luego tendremos figuras o conceptos categoriales (económicos) que se recortarán en un eje (unidimensionales), en dos ejes (bidimensionales) o en tres ejes, (tridimensionales). Los que entrarían en relación directa con las religiones serían aquellos que se recortan a escala de los materiales angulares o bien los bidimensionales que incluyan el eje angular o los tridimensionales, ahora bien ¿cuáles son estas categorías económicas (radiales y circulares) qué tienen que ver con el eje angular del espacio antropológico?

Lo primero que conviene aclarar es que las relaciones entre la economía y la religión no se dan de una manera absoluta, enteriza, más allá de sus partes, cómo podían plantear la Teología o el marxismo tal y como han sido expuestos al comienzo, sino que se dan precisamente a través de sus partes, esto quiere decir que debido al principio platónico de symploké, unas partes estarán conectadas o relacionadas y otras no. Es decir, no todas las partes de lo religioso podrán tener una lectura económica y viceversa, sencillamente porque ninguno de los ejes es reductible al otro, ni se puede explicar a partir de otro: son autónomos esencialmente.{18} El cuerpo de las religiones estaría compuesto por un agregado de componentes heterogéneos que, en ocasiones, tienden a influir en la categoría economía de manera determinante,{19} como veremos a continuación. Con la economía sucede algo parecido, antes de que podamos hablar de una ciencia económica o de una mínima reflexión teórica sobre los términos que componen el campo económico ya preexiste una realidad económica una manera de producir y cambiar en cualquier sociedad humana con un mínimo desarrollo político.{20} Por nuestra parte utilizaremos en los siguientes párrafos 'economía' en ambos sentidos, en el sentido de la economía real y en el de la ciencia económica, lo que nos permitirá ganar agilidad, en perjuicio quizá, de un punto de claridad.

Según lo expuesto más arriba podríamos tomar las relaciones del eje angular con los otros ejes (dos a dos), abstrayendo el tercero, para encontrar los términos religiosos que de diversos modos intersectan con los ejes radial y circular en su sentido económico. Así, en el par de relaciones eje radial/angular cabría destacar, por ejemplo, los procesos que llevaron a la transformación del modo de producción de las sociedades tipo cazador-recolector hacia el modo de producción basado en la agricultura, propio de las sociedades neolíticas. Este cambio (económico) en el modo de producción esta conjugado y es simultáneo en el tiempo con el cambio (religioso) de las religiones primarias a las secundarias. En el agotamiento de la fauna y la domesticación de los animales encontramos los factores económicos que determinarán en buena medida el cambio del curso religioso hacia las religiones de tipo secundario. Estas religiones influirán en buena medida en el desarrollo de la nueva forma productiva a través de divinidades (ya sean astronómicas o vinculadas a la fecundidad y fertilidad), que ya no podemos considerar reales, influyentes en los ciclos agrícolas y determinantes del tempus económico.

También tiene mucho que ver con estas relaciones entre la divinidad y el mundo el proceso por el cual, en el siglo XVIII, Dios deja de ser algo «sobre lo que se habla» para pasar a ser aquello «desde lo que se habla».{21} En este proceso de «inversión teológica», las propiedades mecánicas del Dios racionalista se exportarán al mundo (eje radial) de tal manera que es la naturaleza (como antes lo era Dios) la fuente de toda riqueza. Esta inversión será condición necesaria para la génesis y el desarrollo de uno de los primeros intentos de cierre económico: la Fisiocracia de Quesnay. «Sólo Dios es productor» le recordaría por carta Dupont de Nemours a Le Say en una carta de mil ochocientos quince,{22} negando así que el trabajo humano (como luego señalaría Marx) sea productivo si no es a través de la agricultura,{23} de la tierra, que es obra de Dios.

En lo que se refiere a la intersección de los ejes circular/angular referida a la economía política, nos encontraríamos que en el Primer Ensayo sobre las Categorías de las ciencias políticas, Gustavo Bueno nos ofrece una clave para interpretar estas relaciones entre economía y religión, desde el punto de vista de la filosofía política. En esta obra, entre otras muchas cuestiones, se expone la teoría de las tres capas del cuerpo de la sociedad política. Según esta filosofía política y esta teoría, que presupone en buena medida la teoría de los tres ejes del espacio antropológico, la acción del núcleo{24} de la sociedad política sobre cada uno de los ejes del este espacio irán constituyendo «en el proceso mismo de su acción» las tres capas del cuerpo político: La acción del núcleo en el eje circular propiciará la formación de la capa que se ha denominado capa conjuntiva.{25} Esta capa, en su sentido político incluye a los gobernantes, distribuidos en las tres ramas del poder, ejecutivo (operativo), legislativo (estructurativo) y judicial (determinativo); en su sentido económico esta capa contendría, como apuntábamos anteriormente, las relaciones sociales de producción insertas en un marco legal basado, principalmente, en la propiedad de bienes cuyas referencias suelen ser radiales. En el eje radial, la sociedad política se relaciona con todos los contenidos impersonales del espacio antropológico (fábricas, tierras, mercancías y bienes) generando la capa basal;{26} esta capa, en política, se refiere a los poderes gestores, planificadores y redistribuidores de la producción que influyen directamente en la formación de las categorías económicas. Es quizá, la capa más genuinamente económica («ejemplo típico de este poder político, los 'planes quinquenales' de la Unión Soviética en los años 20 y 30»),{27} se corresponde en la economía marxista con la esfera del desarrollo de las fuerzas productivas. Y finalmente, y este es el punto que más nos interesa, la acción política sobre el eje angular... Veámos, pese a la extensión de la cita, lo que Gustavo Bueno nos dice al respecto:

«En cuanto a la capa que la acción del núcleo irá determinando en la dirección del eje angular diremos, ante todo, que incluirá aquellos contenidos que haya que considerar denotados por este eje y que, serán en primer lugar, los contenidos que tengan que ver con sujetos 'personales' pero no humanos, distintos, por tanto, de los sujetos constitutivos de la sociedad política, aun cuando habiten, como númenes humanos o divinos, dentro de sus fronteras; en segundo lugar contendrá aquellos sujetos personales humanos, o muy próximos a los hombres, que son llamados salvajes, bárbaros, y en general, extranjeros, y que no forman parte de la sociedad política de referencia (Platón ha sido quizá uno de los pocos pensadores que han atribuido una importancia principal en la constitución de la polis, a los animales: en el Protágoras la ciudad aparece principalmente para defenderse de las fieras).»{28}

Aquí Gustavo Bueno, con Platón, nos sugiere que la religión (o los contenidos del eje angular) tendría un papel fundamental en la formación de las fronteras, al constituirse estas precisamente, en función de unos enemigos exteriores (unas fieras) que obligarían a defenderse, levantar empalizadas, murallas, refugiarse en cuevas, &c. Sin embargo, lo que más nos interesa es la alusión a los bárbaros, a los extranjeros como elementos del eje angular, ya que, desde la teoría del espacio antropológico, habíamos concluido que las relaciones entre los hombres eran de tipo circular. Una característica fundamental de la dialéctica de estos contenidos circulares es que en muchas ocasiones no son conexos, «no constituyen un principio de asociación entre los elementos de la clase (de la especie porfiriana homo sapiens) sino precisamente principio de disociación en clases de equivalencia disyuntas entre sí».{29} Es decir, a través de las diferentes lenguas, los diferentes estados y las diferentes clases sociales se generan conflictos que tienden a fragmentar el eje circular del espacio antropológico más que a unificarlo esencialmente. Sin embargo, en la cita anterior del Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Bueno incluía la interacción con los extranjeros en la capa cortical, que recordamos se generaba por la acción del núcleo de la sociedad política en el eje angular. A primera vista puede considerar un poco extravagante considerar a los extranjeros como númenes pero el mismo Gustavo Bueno se encarga de matizarlo un poco más abajo:

«Desde luego, y en el nivel histórico de nuestro tiempo, tiene cada vez menos fuerza la asociación entre númenes y extranjeros; pero ello es debido precisamente a que las sociedades políticas del presente tienden a borrar los límites, en la dirección de una sociedad política única. Y los únicos extranjeros que con un cierto halo de numinosidad (unas veces temible, otras veces amistosa), podemos presentarnos hoy no en el horizonte de una Sociedad Política particular, sino en el de la Humanidad entera, son los «extraterrestres». A medida, en cambio que las sociedades políticas se hacen más cerradas y distantes de sus congéneres, el extranjero puede llegar a ser tan poco humano como un numen: será una entidad maligna antes que dañina (los jinetes de Hernán Cortés ante los aztecas)».{30}

Así pues, depende del desarrollo histórico el hecho de que los extranjeros sean considerados númenes (angulares) o personas iguales aunque pertenecientes a clases disyuntas (circulares). Parece ya claro que episodios como la supuesta batalla de Kaprina entre neandertales y cromañones fueron episodios de caza circular.{31} Las relaciones entre helenos y bárbaros «que hablan como los perros», el citado «encuentro» entre españoles y salvajes amerindios, el transporte de prisioneros judíos en trenes de ganado en dirección al «matadero» de la solución final... Todos estos sucesos históricos, con matices, puesto que no puede ser considerado igual el trato para con los indígenas del América hispana que con los indígenas de la América anglosajona, son susceptibles, creemos, de ser interpretados como relaciones antropológicas angulares establecidas políticamente a través de la capa cortical. Para nosotros el ideal de la igualdad entre los humanos tiene un origen fundamentalmente cristiano y fueron esos mismos españoles los que con más fuerza se dedicaron a extender la Idea de la Igualdad esencial de todos los hombres, durante los años que precedieron y continuaron a la globalización del planeta, lo que quiere decir que la consideración de los extranjeros o de los bárbaros como humanos (aun en clases disyuntas) es una consideración muy reciente. A pesar de esa igualdad, que a partir de las revoluciones burguesas, y como señala Marx, ha cristalizado casi como un prejuicio universal, consideramos que podemos seguir justificando esta clasificación si quiera retrospectivamente.

«El tratamiento conjunto de los extraños o extranjeros («humanos», aunque sólo sea muy tardíamente: recordemos el Democrates Alter de Sepúlveda) y de los dioses o númenes (o de sus mediadores) está justificado y es de hecho una práctica común, porque los extranjeros y los dioses, aunque aparecen en la vecindad del Estado (o de la sociedad política), no están sometidos a sus poderes internos conjuntivos y basales.»{32}

De esta manera, así como la actividad del núcleo político actuando en el eje circular tendría su correlato económico en la esfera de las relaciones sociales de producción y actuando en el eje radial lo situaríamos en la esfera de las fuerzas productivas, en el eje cortical pondríamos al comercio exterior y la guerra,{33} tanto en cuanto esta influye en la economía o se genera por motivos económicos, como los puntos clave sobre los que cabrá articular una teoría sobre las relaciones entre la religión y la economía. La cuestión fundamental se cifra entonces en saber cómo actúan la guerra y el comercio exterior en la economía y viceversa. En otros lugares hemos tratado sobre estas relaciones sin desvelar su estirpe religiosa. Fundamentalmente, la guerra y el comercio exterior influyen en la economía, precisamente en el momento del rompimiento de las categorías económicas. Los cierres económicos, las verdades económicas, que cabe establecerlas entre los elementos radiales y circulares del espacio antropológico, pueden verse desbordados por la acción política de la sociedad en el eje angular a través de las relaciones comerciales exteriores entre los diferentes estados y sobre todo, por los conflictos bélicos entre ellos. El armonismo implícito en la recurrencia sistemática de la economía, cuando sólo contamos con los ejes radial y circular está en la base del teoreticismo de la actual economía matemática. Al aplicarse modelos analíticos y no sintéticos (y no codeterminativos) a las relaciones entre las personas (circulares) y los bienes (radiales), los sistemas económicos aparecen como modelos abstractos tendentes a una estabilidad abstracta, separada de sus partes políticas y por ello religiosas. Sin embargo, de la misma manera, por utilizar una vez más las metáforas biológicas aplicadas a la economía política, que la célula abre y divide su membrana para asimilar nutrientes y relacionarse con otras células, de manera similar los estados se codeterminan abriéndose al flujo de mercancías del comercio internacional y de las relaciones interestatales. Estas relaciones internacionales (guerra y comercio exterior) pueden llegar a romper la estabilidad analítica interna de la economía (en la mente de todos están las subidas y bajadas del precio del petróleo provocadas por la guerra de Irak) y eventualmente destruirla y generar nuevas realidades y relaciones sociales a partir de las ruinas de las anteriores. Es el denominado proceso de «metabasis o 'destrucción' de las categorías (en cuanto esferas autónomas cerradas) [...] una metabasis 'progresiva' y 'regresiva' cuyo efecto reforzado dialéctico es el desbordamiento del cierre categorial, y la inmersión de la categoría en el reino de las Ideas –es decir, de la Filosofía.»,{34} luego tendremos que contar con elementos como la guerra, y todo el tratamiento político con los extranjeros (presuponiendo su matriz religiosa o angular anteriormente descrita), que son elementos, en principio extraeconómicos y ajenos a los cierres operatorios entre personas y cosas, contar con ellos como factores sin los cuales no se podrían explicar los momentos de génesis de la sociedad política, ni de destrucción de las categorías económicas.{35} De otra forma más esquemática: cuando se agotan los recursos se agotan también las verdades económicas vigentes y se necesita apelar a factores externos (establecer una guerra para arrebatar a otros grupos sus recursos o traficar con ellos mediante relaciones comerciales) a la rotación interna de la categoría económica. Los flujos migratorios (formando parte de las relaciones con los extranjeros) también jugarían un papel tendente a desbordar las categorías económicas, los emigrantes pueden ser «amigos» desde un punto de vista económico, cuando colaboran en la reactivación económica del estado que les acoge (caso de Almería que pasó de ser la provincia más deprimida de Europa a una de las más prosperas debido al trabajo, fundamentalmente en cultivos, de los emigrantes norteafricanos y subsaharianos) o enemigos cuando, por ejemplo, su afluencia masiva pudiera eventualmente desbordar la capacidad de los Estados para absorberlos (punto de ruptura al que también llegó Almería en los incidentes de El Ejido). En estos casos, las acciones de la capa cortical, ejercidas a través de las ramas del poder, se verán orientadas a la expulsión, deportación e incluso ajusticiamiento del bárbaro invasor.

Para terminar, recordamos algo que ya expusimos al comienzo: en esta breve comunicación no se pretende sentar cátedra alguna, sólo se pretende, aplicar en la medida de nuestras posibilidades la filosofía materialista de Gustavo Bueno, para desde sus coordenadas, intentar establecer cuales podrían ser las relaciones e interconexiones no accidentales o casuales, sino más bien, esenciales entre la religión y las categorías económicas. Las conexiones que se nos han desvelado a lo largo del ejercicio mismo del análisis, nos han llevado a poder, al menos, sugerir, con esto nos daríamos por satisfechos, que las relaciones esenciales entre religión y economía se producen, en el marco de referencia del materialismo filosófico, fundamentalmente cuando dos sociedades políticas entran en conflicto porque en una de ellas, los problemas internos (metabasis progresiva) están rompiendo las categorías económicas y necesita los recursos de la otra. De este modo la economía influiría en la religión, como factor determinante en muchas ocasiones de los conflictos bélicos y expansionistas de las políticas imperiales. De este enfrentamiento surgirá irremediablemente una resegmentación de las líneas de la economía, mediante la fluctuación de los valores de las mercancías, los flujos migratorios, la inestabilidad social (ya circular) en las relaciones sociales de producción que podrían producirse en el interior de las sociedades políticas, invirtiéndose el orden de la influencia y siendo estos elementos corticales de comercio, rapiña y guerra con otros, los que volverían a establecer los equilibrios internos de la categoría económica.

Notas

{1} En este libro se atiende de manera especial a los más desfavorecidos (huérfanos, viudas y emigrantes), se limita cronológicamente la duración de la esclavitud, se establecen las leyes de cuidado del ganado y el campo, se prohibe el préstamo con interés, se niega el carácter de propiedad privada de la tierra... Estas y otras prescripciones 'dictadas por Dios' influyen directamente en la Economía real

{2} Como ejemplo de esta postura mística en la que la religión es origen y fin de la economía citaremos la obra del rabino Itzjak Ginsburgh, The dymanic corporation: Involvement, Quality and Flow, Gal Einai Institute, Safed 1992. Conferencia pronunciada en Savión, Israel, ante un grupo de empresarios. Existe una versión digital en español en www.dimensiones.org, en la que nos basamos para las citas de esta comunicación.

{3} Ibíd., pág. 2

{4} L. Feuerbach, La esencia del cristianismo, Tecnos, Madrid 1992.

{5} K. Marx, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel, en H. Assmann y R. Mate (eds.), Sobre la religión, I, Salamanca 1974, pág. 92.

{6} «Mis investigaciones me llevaron a la conclusión de que tanto las relaciones jurídicas como las formas del estado, no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que, por el contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de vida, cuyo conjunto, resume Hegel, siguiendo el ejemplo de los ingleses y franceses del XVIII, bajo el nombre de «sociedad civil», y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política.» K. Marx, Contribución a la crítica de la Economía política, en ed. cit., pág. 240.

{7} La religión tendría su sitio, según esto, en la conciencia de los individuos y no debe salir de esa intimidad, precisamente porque la religión no puede aportar nada a la construcción del socialismo.

{8} F. Engels, Anti-duhring, Pueblos Unidos, Montevideo 1960.

{9} R. Weiler, «Doctrina social católica y lucha de clases», en Concilium (Revista internacional de Teología), nº 124-126, Ediciones Cristiandad, Madrid 1977, pág. 212.

{10} F. Castillo, Cristianos por el socialismo en Chile, en o.c., pág. 266. Este artículo, aunque muy ilustrativo, no pretende reconstruir de manera exhaustiva la historia del movimiento de cristianos por el socialismo (CpS) en Chile. Para ello véase P. Richard, Cristianos por el socialismo, Historia y documentación, Salamanca 1976.

{11} G. Ruggieri, Cristianos y socialismo en Italia, en o.c., pág. 159.

{12} Véase Gustavo Bueno, «Sobre el concepto de 'Espacio Antropológico'», El Basilisco, Oviedo, primera época, nº 5 (noviembre-diciembre 1978), págs. 57-69.

{13} Se suponen aquí las referencias establecidas en Gustavo Bueno, El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión, Pentalfa, Oviedo 1996.

{14} Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Economía política, La gaya ciencia, Barcelona 1972.

{15} Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Economía política, La gaya ciencia, Barcelona 1972, pág. 42.

{16} Gustavo Bueno, «Sobre el concepto de 'Espacio Antropológico'», El Basilisco, Oviedo, primera época, nº 5 (noviembre-diciembre 1978), págs. 57-69 y pág. 60.

{17} O.c., pág. 61

{18} «La autonomía de las relaciones [circulares, radiales y angulares] entre los ejes tiene carácter esencial (estructural, formal), no existencial o causal. [...] Ningún orden de relaciones puede existir en este eje [circular] aislado de los demás, pero sin perjuicio de ello, reconoceremos la autonomía de estas relaciones.» Gustavo Bueno, «Sobre el concepto de 'Espacio Antropológico'», El Basilisco, Oviedo, primera época, nº 5 (noviembre-diciembre 1978), págs. 57-69 y pág. 60. Lo entre-corchetes y cursiva, nuestro.

{19} No cabe el espejismo de pensar que la Economía y la religión se mantienen como esferas independientes. Como antes citábamos, los componentes del campo antropológico se nos presentan siempre existencialmente entretejidos en uno, dos o tres ejes: «En resolución: me parece que solamente cuando las 'categorías' son articuladas entre sí según un esquema matricial de symploké es posible hablar de una verdadera dialéctica categorial. Según esto no cabe tratar la categoría económica al lado de la esfera política o de la esfera científica o geneonómica, aunque luego se insista en sus interrelaciones. La categoría económica ya contiene, en sí misma, las categorías políticas, así como una tabla de las categorías políticas mostraría a la categoría económica como componente suyo.» Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Economía política, La gaya ciencia, Barcelona 1972, pág. 99.

{20} «La propia 'realidad objeto' de la Economía es ya, por sí misma, una realidad racional, una realidad cultural producida por 'animales racionales', un lenguaje, si se quiere y en el más estricto sentido: la moneda es un signo y, más aún, como veremos una variable. La Economía política académica parece que debe ser considerada como una suerte de metalenguaje.» Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Economía política, La gaya ciencia, Barcelona 1972, pág. 37.

{21} «Y lo que se habla es la Mecánica y la Economía política», Gustavo Bueno, o.c., pág. 133.

{22} Citado por Gustavo Bueno, o.c., pág. 147.

{23} «La nación se reduce a tres clases de ciudadanos: a clase productiva, la clase de los propietarios y la clase estéril. La clase productiva es la que mediante el cultivo de la tierra hace renacer las riquezas anuales de la nación, la que hace los anticipos de los trabajos de la agricultura y la que paga anualmente las rentas a los propietarios de las tierras. Dependen de esta clase todos aquellos trabajos y gastos que se realizan hasta el momento de la venta de las producciones a un primer comprador. En razón de esta venta se puede determinar el valor de la reproducción anual de las riquezas de la nación.» F. Quesnay, el «Tableau economique», en Quesnay y Dupont de Nemours, Escritos fisiocráticos, Centro de estudios constitucionales, Madrid 1985, pág. 28.

{24} «El núcleo de la sociedad política se nos dibuja en un 'eje circular' sin saturarlo y el cuerpo de la sociedad política no lo entendemos como una suerte de secreción interna del núcleo (en términos lógicos: como una derivación analítica) sino que lo constituimos por determinaciones sintéticas que acompañan al núcleo procediendo, por así decirlo, de su exterioridad (de su 'medio').» Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Biblioteca riojana, Logroño 1991, pág. 307.

{25} Gustavo Bueno, o.c., pág. 308.

{26} Ibíd.

{27} Ibíd., pág. 345.

{28} Ibíd., pág. 309.

{29} Gustavo Bueno, «Sobre el concepto de 'Espacio Antropológico'», El Basilisco, Oviedo, primera época, nº 5 (noviembre-diciembre 1978), págs. 57-69, pág. 69.

{30} Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las 'ciencias políticas', Biblioteca riojana, Logroño 1991, pág. 310.

{31} Alfonso Fernández Tresguerres, en su libro Los dioses olvidados, Pentalfa, Oviedo 1993, ha aplicado la filosofía materialista de la religión a la caza. Allí nos dice: «Además de una caza radial y una caza angular, cabe detectarse en el ser humano la caza circular, desde el momento en que el hombre se ha convertido en cazador de sí mismo, en cazador del hombre: el soldado aparece así como una nueva metábasis del cazador humano: metábasis circular en este caso.» pág. 74.

{32} Gustavo Bueno, o.c., pág. 346.

{33} Alfonso Fernández Tresguerres estima que aun suponiendo que en las culturas civilizadas los soldados, desde un punto de vista emic, saben que luchan con otros humanos, no se pueden desestimar los componentes angulares que actúan de una u otra manera: ya sea como metábasis de la caza angular o como 'ideología de combate': «¿Y la guerra civilizada? ¿no presenta, al igual que la bárbara, determinados elementos comunes a episodios de caza: movimientos y acciones de acecho, aproximación, acoso y derribo, de todo punto idénticos a los de una cacería interespecífica. La diferencia estriba en que en la civilización la caza del enemigo es circular, tanto emic como etic, porque sabe que su adversario es un hombre. Pero tal parece que esa consciencia no es vivida como una situación deseable, de ahí que la ideología de guerra y el discurso militar probablemente tienen entre sus objetivos primordiales el operar una especie de 'lavado de cerebro' en el combatiente, hacerle que vea a sus enemigos no como hombres, sino como animales. Se pretende deshumanizarlos al máximo convertirlos en fieras, en alimañas de las que es preciso defenderse y defender a los hijos, a la Patria...» A. F. Tresguerres, o.c., pág. 76.

{34} Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Economía política, La gaya ciencia, Barcelona 1972, pág. 110.

{35} El aludido proceso de metabasis (sobre todo la progresiva, en el que la rotación recurrente podría conducir situaciones de agotamiento o superabundancia que hicieran «estallar la clausura del sistema», en el sentido de Bueno, o.c., pág. 111) obliga a rectificaciones en la economía que implican relaciones con elementos exteriores. Como prosigue Gustavo Bueno: «El cierre proporcionado por la Ley de Le Say conduce a una política no intervencionista [...] cuyo desarrollo, cíclicamente distorsionado por la crisis de superproducción amenazan con quebrar la estabilidad del sistema. Este 'reacciona' modificando los postulados de su cierre, introduciendo nuevos functores de cierre, incluidas las guerras, el New Deal, el fascismo (que deja de ser simplemente una etapa interna del desenvolvimiento del capitalismo para convertirse en una rectificación dialéctica ante la experiencia socialista, o ante la propia crítica de Marx a la propia Ley de cierre de Le Say), el keynesismo. En rigor, siempre que se habla de 'desplazamientos' de curvas, se está reconociendo una quiebra de los cierres categoriales y se está apelando a factores extraeconómicos», Gustavo Bueno, o.c., pág. 112.

 

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