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El Catoblepas, número 13, marzo 2003
  El Catoblepasnúmero 13 • marzo 2003 • página 15
Diablo hispano

Filonazismo y poder en la Iglesia Católica

Eliseo Rabadán

En torno al drama y tragedia del Holocausto y sus representaciones en la obra teatral El Vicario (Rolf Hochhuth) y la película Amén (Costa Gavras), desde la filosofía crítica materialista

«Sería mucho mejor que la imaginación creativa de los dramaturgos insuficientemente dotados de discernimiento histórico (y posiblemente, aunque quiera Dios que éste no sea el caso, de la ordinaria integridad humana) se abstuvieran de juguetear con temas de esta clase y con personajes históricos, a quienes algunos de nosotros hemos conocido.» Carta del papa Pablo VI, defendiendo a Pío XII de los ataques de El Vicario{1}

Introducción

Cartel de la película franco germana 'Amen' (2002), dirigida por Constantino Costa-Gavras Nos vamos a enfrentar con materiales donde las creencias están impregnando permanentemente esos materiales de que nos disponemos a ofrecer unas reflexiones que incluirán diferentes tipos de juicios, a saber, juicios sobre temas morales, éticos, históricos, políticos. El asunto del nazismo ha sido clave en la Historia del siglo XX. Y seguirá siéndolo en el siglo XXI.

Me ha llamado la atención un artículo del analista Samuel Brittan en Prospect, de noviembre de 2000 donde comentaba dos libros The Holocaust and Collective Memory de Peter Novick y The Holocaust Industry: Reflections on Exploitation of Jewish Suffering de Norman G. Finkelstein. Según Brittan, el presente enfoque sobre el tema del Holocausto comenzó durante la Guerra de los Seis Días (1967) y se continuó imponiendo tras la Guerra del Yom Kipur (1973). Afirma que en los Estados Unidos inclusive el tema del Holocausto es enseñado de manera casi compulsiva en muchas universidades, con lo cual no parece que vaya a ser olvidado. Por otra parte la emisión por la cadena de televisión NBC de una serie en cuatro partes llamada precisamente Holocausto, que vieron millones de norteamericanos y la película La lista de Schindler fueron parte de ese «focus» en el Holocausto desde hace unos treinta años, del que habla Brittan.

Según Brittan, al surgir otros genocidios ante la opinión pública, como los de Ruanda, la ex Yugoslavia, la Camboya de Pol Pot... se debilitó la reclamación de los judíos de ser ellos la única víctima. Y termina su breve artículo Brittan añadiendo los judíos americanos interesados en aumentar el énfasis para sostener ante la opinión pública la existencia del Holocausto, fueron movidos por la comprobación de otros factores como son: 1) el decaimiento de las creencias religiosas tradicionales entre los judíos norteamericanos; 2) el aumento de los matrimonios interreligiosos de los judíos y 3) el cada vez más difuso entusiasmo sionista.

Nos encontramos ante el problema de clasificar críticamente los materiales históricos que tenemos ante nuestro presente. Y considero que nos resulta imprescindible un marco epistemológico adecuado para evitar perdernos entre tan diversos puntos de vista. Incluso hay quienes pretenden negar el Holocausto, como sabemos.

Según propone Gustavo Bueno, lo que tenemos que manejar son reliquias y relatos. Personalmente he estado una mañana en el campo de Ravensbrück, visita que marcó mi modo de ver la sociedad europea y la alemana. No se exterminaron judíos en Ravensbrück, pero sí había dos hornos crematorios allí. La mayor parte de ese campo no existía ya, pero se hizo de ese lugar un lugar para recordar a las víctimas, mujeres de toda Europa prácticamente. Se las mataba por ser comunistas pero no había otra razón para matarlas más que una creencia, una creencia que se llama nazismo. Y estoy muy convencido de que Ortega y Gasset no sabía que al hablar de las creencias como si de un ambiente que nos es impuesto desde fuera y que nos envuelve, está justificando actos que requieren de un juicio moral, no se los puede dejar pasar como meros actos de mala fe que se justifican desde esa tesis de la creencia orteguiana, por la que «estamos en las creencias» porque nacemos en medio de ellas. Hay un artículo de Gustavo Bueno que quizá no haya recibido la atención que en este caso amerita. Me refiero a El concepto de creencia y la Idea de creencia. Según el planteamiento de Bueno, los momentos en el proceso de génesis de las creencias serían dos, a saber: el epistemológico y el ontológico. El momento epistemológico implica el desarrollo psicológico de los componentes de la creencia, mientras el componente ontológico corresponderá a los materiales objetivos de la creencia. Quiero destacar la tesis de Bueno sobre helecho de que la relación entre los momentos subjetivo y objetivo es de carácter dual y dialéctico, al modo de las cintas de Möbius, lo que significa que ambos aspectos son como un anverso y un reverso, disociables, en palabras de Bueno, pero inseparables.{2}

En el libro de Goldhagen La Iglesia católica y el Holocausto, cuando se critica a Hannah Arendt y a Jean-Paul Sartre por su modo de justificar al pueblo alemán y proponer una tesis sobre el Holocausto que justificaría a los que participan directamente en las acciones de exterminio, por ser parte de una estructura política que los supera y les impide tener libertad, Goldhagen podría parecer como si se moviera en esa idea de que la creencia es meramente subjetiva, psicológica, en el sentido de la tesis de Bueno que es expuesta con estas palabras en el artículo «El concepto de creencia y la Idea de creencia»:

«El concepto psicológico de creencia sólo se entiende, por tanto, en cuanto concepto crítico epistemológico. Sólo quien ha criticado el sentimiento de realidad inherente a una creencia, y ha determinado sus componentes alucinatorios o erróneos, puede mantener el concepto psicológico de creencia. En realidad, por tanto, lo que llamamos concepto psicológico de creencia debería ser reducido a la condición de un subproducto del concepto objetivo de creencia, transformado en concepto epistemológico-crítico...»

La manera más adecuada de manejar la Idea de creencia será la que se propone como un proceso dialéctico que implica un campo de operaciones y relaciones entre sujetos a través de objetos y entre objetos a través de sujetos. Esta es la propuesta de Bueno y que nosotros tomaremos para tratar de manejar estos materiales que nos aporta el presente sobre el tema del Holocausto. En términos del materialismo filosófico se habla de una conexión diamérica de los sujetos y objetos sobre los que se van, digamos, tejiendo las creencias, y la Historia, que supone además una relación con la Antropología.

El Vicario de Rolf Hochuth

En Alemania hubo un auge del llamado teatro social en los años sesenta, y el escritor Rolf Hochuth presentaba en 1963 su obra El Vicario, que supuso un gran escándalo en esa época, por el modo en que se presentaba al papa Pío XII como un personaje que no quiso denunciar, a través de su silencio, las matanzas de judíos durante el período nazi en los campos de exterminio europeos.

El anti judaísmo es una creencia distinta del antisemitismo, según algunos, pero realmente no creo que se pueda diferenciar ambas ideas, pues quien es anti judío es necesariamente antisemita.

Merece la pena recordar un libro publicado en español hace ya veinticinco años. Se trata de Tragedia y Filosofía,{3} de Walter Kaufmann. Transcribimos a continuación un extenso párrafo del libro de Kaufmann que incluye un comentario del propio Hochuth. Ambos son fundamentales en nuestro estudio.

«...Pío XII tuvo un papel importante en Alemania cuando el movimiento nazi empezaba a atraer la atención del mundo: en 1933, Pío XII firmó un concordato con Hitler, que dio al Führer gran prestigio internacional en el preciso momento en que se convertía en el cabeza de Estado. En 1949 el Papa anunció que todo católico que militara en las filas comunistas sería inmediatamente excomulgado, a pesar de que ninguna acción de este tipo se había tomado contra Hitler, Goebbels y otros cabecillas nazis que se consideraban así mismos católicos. Muy pocos recordaban estos hechos Hochuth fue uno de ellos. El Vicario empieza con algunos epígrafes que aclaran más la obra, que la mayoría de los comentarios que se hicieron sobre ella:
Cardenal Tardini: «Pío XII podrá decir con el apóstol: estoy clavado en la cruz con Jesucristo [...] Él aceptó el sufrimiento [...] que fortaleció el deseo de sacrificar su vida por el bien de sus hermanos y sus hijos [...] Esta noble alma [...] bebió la copa del sufrimiento, gota a gota».
Oración en el volumen de fotografías titulado Pío XII, Il Grande: «Oh Jesús [...] que os gloriasteis elevando a vuestro fiel servidor, Pío XII, a la dignidad más alta de ser vuestro vicario y le otorgasteis la gracia de defender la fe sin miedo alguno, valerosamente [...] para que [...] un día podamos verle compartiendo el honor de los altares. Amén ».
Sören Kierkegaard: «Tomemos un emético [...] Tú, que lees estas líneas, sabes el significado cristiano de lo que representa ser un testimonio de la verdad; ser un hombre hostigado,{4} maltratado, arrastrado de una mazmorra a otra [...], y luego, es crucificado, o decapitado, o quemado.
«Sin embargo, [...] si Pío XII, tiene que estar representado y santificado como testimonio de la verdad, es obligatoria una protesta. Ahora está muerto. ¡ Demos gracias a Dios de que la protesta haya podido aplazarse hasta después de su muerte ! Después de todo, aún se le enterró con música de trompetas y clarines; se le erigirá un monumento; pero ello ya basta. Por lo menos, que no pase a la historia como un testimonio de la verdad.»

Cuestiones históricas

En la autobiografía del sociólogo francés Raymond Aron se comenta cómo ni siquiera él, que trabajaba para una emisora pro aliada en la Segunda Guerra Mundial, en Londres, estaba informado de lo que realmente estaba sucediendo en los campos de exterminio alemanes. La película de Costa Gavras, basada en El Vicario, muestra algunos aspectos de esos campos y de ese proceso de exterminio cuya tradición en cuanto a creencias arraigadas en un fulcro muy determinado, en el sentido que Bueno da a este concepto.

En diferentes libros podemos buscar el origen de ese fulcro desde donde arraiga la creencia de la superioridad alemana, y de la raza maldita de los judíos. Podemos rastrear esos sentimientos antisemitas en Hegel, en Schopenhauer, en Lutero en el Abraham a sancta Clara de que habla Heidegger en sus cursos sobre Nietzsche. Y en el Hegel que Dilthey explicaba en su libro Hegel y el idealismo. Se trata de auténticas nematologías religiosas, tal como veremos.

Pero nos interesa el contexto ontológico de estas creencias, tal como pretende mostrarnos la película Amén. Un contexto en el que el papa Pío XII es visto como un hombre de Estado.

El libro más interesante que he podido leer sobre el papel de este papa y del Vaticano en este aspecto ontológico de la creencia antisemita y anti judía es el de la historiadora francesa,{5} quien dedicó veinte años de trabajo a investigar en archivos franceses, ingleses, alemanes y americanos, aunque como ella misma comenta, no pudo acceder a los archivos del Vaticano, que éste pretende haber ya sacado a la luz, por medio de sus propios historiadores, y hasta tienen la desfachatez de decir que han publicado 12 volúmenes con las investigaciones basadas en dichos archivos.

Cuestiones filosóficas

«La oposición medieval entre la sabiduría del pueblo –«la fe popular», la «voz de Dios»– y la sabiduría de los sacerdotes (la ciencia teológica) ha recuperado ahora su sentido secular.» Gustavo Bueno, en Ensayos materialistas.

En los Parerga y Paralipomena,{6} Artur Schopenhauer hablaba de que los hombres necesitan todos de una metafísica, los más burdos se conformarán con lo que la religión les da a través de los dogmas, pero los más capaces se dedicarán a la filosofía.

El interesante libro de Dilthey sobre Hegel{7} quizá nos sea de utilidad para comprender los argumentos del historiador Robert S. Wistrich{8} acerca de la manera en que Hitler fue capaz de manejar las creencias de un pueblo alemán «profundamente cristiano». El capítulo del libro de Wistrich titulado Entre la cruz y la esvástica contiene varias referencias históricas, tomemos una de ellas, de los discursos políticos del Führer nazi:

El nacimiento del señor, que se celebra en Navidad, es de la máxima importancia para los nacionalsocialistas. Cristo había sido el mayor pionero en la lucha contra el enemigo mundial judío. Cristo fue el ser más combativo que haya vivido en la Tierra...La lucha contra el poder del capital fue la obra de su vida y su enseñanza, por la cual su archi enemigo, el judío, lo clavó en la cruz. La tarea que Cristo empezó pero no pudo terminar la concluiré yo.

Pero la manera en que se fue construyendo el antisemitismo en Alemania es más compleja que el mero papel de Hitler. Dilthey habla del libro de Hegel como una obra en la que se sigue la pauta marcada ya por Kant en el sentido de que es necesario establecer vínculos entre la fe moral y la fe erudita. Podemos decir que Hitler se mueve en el contexto de la filosofía mundana de la religión, aunque es posible que nunca se haya puesto a entender el contexto de la filosofía académica alemana de la religión, la que establece, según la interpretación de Dilthey, ese paso que emprendiera Kant y otros filósofos coetáneos de Hegel, como Lessing. Se trata de la transformación de la religión en un «sistema positivo, eclesiástico, autoritario».{9}

Quizá venga bien en este momento recordar ese fraile que tanto significa en el nazismo de otro célebre filósofo alemán. Martín Heidegger, al igual que leemos en la interpretación diltheiana del Jesús de Hegel, admiraba un sentimiento de moral no vinculado con envidias propias de la religión positiva como fuente de moralidad. Dice Dilthey:

De la última cena, celebración de amigos, se hizo un deber religioso y una acción misteriosa. Surgió el afán de expansión el proselitismo y la intolerancia, porque la religión positiva no puede fundar sus principios, como la virtud, en la necesidad interna. Y como no puede sofocar el sentimiento de impotencia y de imposición, surge el odio y la envidia de las sectas. Este cuadro de la religión positiva eclesiástica le hace recordar a Hegel la conversación del fraile Nathan, y exclama entusiasmado: «¡Benditos vosotros, porque la pureza del corazón os fue lo esencial de la fe!»

El mismo sentido podemos darle a la influencia de monje agustino alemán Abraham a Sancta Clara en el pensamiento filosófico de Heidegger, como lo advierte acertadamente Víctor Farías en su libro Heidegger y el nazismo.{10} Además de definir al Turco como el verdadero anticristo, este monje del siglo XVII era también un antisemita. Por cierto, lo del choque de civilizaciones de Huntington, que se presenta como la gran novedad para el siglo XXI, es ya bastante viejo, al menos para los europeos. El sitio de Viena por los turcos el año 1683 está, seguramente, presente cuando el presidente alemán no ve muy claro que hoy se quiera dar armamento sofisticado a Turquía para defenderse de un eventual ataque de Irak. De cualquier modo, Heidegger, quien escribiera su primer obra sobre este monje alemán, debía recordar, en sus creencias desde el anverso psicológico, que los judíos eran ateos, faltos de honor, de conciencia, de virtud, de fidelidad e incluso de razón... tal como los definiera el predicador admirado por Heidegger. No es el momento de extendernos en estas cuestiones.

El proyecto hegeliano de una religión para el pueblo alemán, aun siendo inconcluso, nos resulta sin embargo muy esclarecedor sobre el antisemitismo y su génesis como creencia:

Así termina la «gran tragedia del pueblo judío», que no es, para Hegel, «ninguna tragedia griega» [se refería Hegel a la destrucción de Jerusalén por el Imperio Romano en el siglo I de nuestra era] y «no puede despertar ni respeto ni compasión porque ambos nacen del destino del mal paso necesario de un ser bello. Sólo puede provocar repugnancia.»Con duras palabras [dice Dilthey] resume [Hegel] al final toda su exposición. «El destino del pueblo judío es el mismo destino de Macbeth, que se separó de la naturaleza, dependió de un ser extraño y, en su servicio, pisoteó y mató todo lo santo de la naturaleza humana y, finalmente, fue abandonado por sus dioses (pues eran objetos, él era siervo) y tuvo que ser destrozado por su propia fe.»

En entrevista a Costa Gavras realizada por Luciano Monteagudo en la sección culturales de la revista argentina Página 12 (de 17 de octubre de 2002), podemos encontrar una visión «en clave de filosofía mundana» de los problemas que trata la película Amén.

A la pregunta de Monteagudo: «–¿La Iglesia, en este caso, fue culpable por omisión o por complicidad con el nazismo?», contestará lo siguiente el director de Amén:

«–Entramos en una categorización jurídica. 'Complicidad' es una palabra para la Justicia. Y no conviene al film. El film no es un tribunal. Además, es mejor no hablar de «la Iglesia», porque «la Iglesia» es mucha gente. Entre ellos hay personas excelentes, puedo dar nombres en Francia, en Italia, en todas partes, en Latinoamérica, por ejemplo, con la Teología de la Liberación. Son gente extraordinaria y forman parte de la Iglesia. Sí, en cambio, hablamos de los dirigentes, de la jerarquía, porque la Iglesia Católica tiene una estructura piramidal y la punta de la pirámide no reaccionó, hizo silencio. Para mí, la película es una metáfora. No es sólo una película histórica, que narra algo que sucedió hace tiempo. También es una película sobre el presente, porque la indiferencia y el silencio todavía están aquí, no comenzaron con los campos de concentración y terminaron con el fin de la guerra. No, continúa hoy en día. Los ejemplos son miles. Hay que ver qué sucedió con las dictaduras de América Latina. ¿Cuál fue la posición de las jerarquías de la Iglesia con la gente que desaparecía, que era torturada, que era asesinada? De eso también habla mi película.»

La Historia influye en el presente a través de las reliquias del pasado y de los relatos, pero también de la anámnesis, en el sentido que Bueno ha propuesto y que utilizamos aquí por considerar que será de utilidad en nuestro análisis.

Cuando Daniel Jonah Goldhagen insiste en la exigencia de que la Iglesia Católica debe ser juzgada moralmente, y que debe por ello mismo responder de su culpa tanto desde la moral, como de la política como desde un resarcimiento material de los daños causados por ese silencio culpable, está exigiendo algo que también se exige en la película Amén.{11}

Algunos debates y referentes mundanos

Hay otros referentes «mundanos» que podemos citar, por ejemplo, el texto de Jean-Paul Sartre sobre el colaboracionismo en Francia, Réflexions sur la question juive, publicado en 1945. Goldhagen, por cierto, critica fuertemente a Sartre por haber sido capaz de escribir sin informarse de la cuestión del antisemitismo, pero tanto Finkielkraut como posteriormente Lanzmann reconocen la importancia que para los judíos sobrevivientes tuvo ese texto de Sartre. A mi juicio, no debe pedirse, tal como lo hace Goldhagen en el caso de Sartre y también en el de Hannah Arendt, más de lo que podían en las circunstancias de un presente histórico dado, lograr. Olvida Goldhagen en el citado libro los esfuerzos realizados por Sartre en la revista Les Temps Modernes para tratar de solucionar el grave problema entre judíos y palestinos.

Y en este punto de nuestras reflexiones consideramos muy interesante introducir una referencia a la polémica que en este mismo número 13 de El Catoblepas encontramos entre el reciente nuevo colaborador de la revista, a quien doy la más cordial bienvenida, Gustavo D. Perednik, y Felipe Giménez.

El segundo párrafo de «La verdadera pregunta y sus respuestas» de Perednik me sorprende, pues a su afirmación en el sentido de que no es una voz (la judía), voz que se escuche en España: La voz que impregna los medios españoles, su vida cultural y su «corrección política» no es la judía sino precisamente la antijudía. Rara vez puede escucharse en medios masivos españoles una palabra comprensiva de Israel.

Recuerdo dos detalles, muy significativos, creo, en este aspecto. El señor Shlomo Ben Ami, ex embajador de Israel en España, y también ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel, ha tenido a su disposición en distintas ocasiones la página de opinión del diario español El País. Libros suyos se encuentran en las estanterías de las librerías españolas y se leen reseñas sobre ellos en los suplementos de los diarios de tirada nacional. Siendo embajador en Madrid, tuve la ocasión en el año 1992 de ver cómo organizaba un curso de Verano en El Escorial sobre la figura de la reina Isabel la Católica. El Estado de Israel, al igual que todos los Estados, utilizan sus embajadas para defender sus intereses políticos y económicos. Lo demás puede ser considerado mera ideología{12} o inclusive propaganda. La presentación de la sección «Voz judía también hay» indica en cierto modo lo que se confirma en el artículo «La fobia inadvertida», y esa acusación a todos los europeos de ser enemigos de Israel me parece muy perversa.

Si nos atenemos a los argumentos de Perednik, el intento de un escritor europeo como Günter Grass será, acaso, considerado como algo que se podría considerar como falsa conciencia, es decir, como una visión subjetiva en la que un alemán pretende que los alemanes, pese a nuestra culpa, tenemos derecho al luto por nuestras víctimas.

Lo que me parece difícil de entender es que se nos pretenda hacer ver el problema de la cuestión de la guerra entre palestinos y judíos como un problema del cual los europeos somos (TODOS) culpables. El libro del historiador inglés Paul Jonson La Historia de los judíos habla acerca de la cuestión del origen del actual Estado de Israel. Nadie, al menos un servidor, niega que el Estado de Israel es un seguro para que no vuelvan a darse los crímenes de la etapa nazi y que allí los israelitas están protegidos por un Estado que dispone de los medios para defenderse y defender a sus ciudadanos de sus enemigos. Ese es un tema que merece una discusión muy amplia, pero lo de acusar a los europeos así, como un todo sin ningún tipo de distinción, no me parece la mejor manera de hacer las cosas. Por cierto, al perecer, los responsables de la comunidad judía en los Estados Unidos tampoco fueron muy «activos» en sus denuncias del genocidio, ¿por qué razones?, hay quien afirma que intereses sionistas motivaron ese dejar pasar, no muy distinto del que denuncia Goldhagen o Lacroix-Riz acerca del Vaticano. Respecto de las muertes de judíos en la Segunda Guerra Mundial, sólo quisiera añadir que hubo también varios millones de muertos no judíos, cosa que no parece interesar demasiado en ocasiones.

Un dato curioso, en la información sobre Pedernik se nos muestra su actividad en China, en un programa llamado Ai Tian, «para el esclarecimiento judío en China», bajo los auspicios de la familia Hatchwell y la empresa Excem Group. Goldhagen habla en su libro citado aquí, de este esclarecimiento. Lo que parece, más que un asunto ideológico, es un asunto de intereses económicos y comerciales. Nadie desconoce que todos los Estados hacen negocios a través de empresas nacionales, pero tampoco es desconocido que detrás de ese mundo de los negocios se manejan determinados modelos culturales, como para dar más vistosidad a la cuestión crematística. Los japoneses difunden el budismo, los alemanes a través del Goethe Institut sus valores culturales, los españoles, es decir, el Estado español, mediante el Instituto Cervantes, los franceses la Alliance Française, &c., pero Israel debe tener sus modelos culturales para apuntalar los negocios en otros países. Pero eso es un asunto, digamos, de marketing. Sin embargo, las acusaciones de carácter moral y fundamento religioso, no vienen al caso, al menos si tenemos en cuenta los ataques de un filósofo como Espinosa a la religión política judía de su tiempo. Recomiendo a nuestro amigo Pedernik la relectura del Tractatus Teologico-Politicus de este judío que me recuerda los ataques de Noam Chomsky al actual Estado de Israel en cuanto a sus políticas palestinas.

No entiendo muy bien por qué se considera negativo que se asimilen a ultranza los judíos en la Francia posterior a la Guerra. Paul Jonson cita a Raymond Aron, primeros ministros como René Mayer y Pierre Menès-France y Michel Debré y Laurent Fabius. Y sin embargo resulta positivo que los sefardíes procedentes de Africa y que acentuaban el judaísmo de la comunidad francesa después de los años 50 del siglo pasado.{13} Me parece que si se continua por la vía de las tesis de Huntington acerca de ese siglo XXI de enfrentamiento entre culturas, de religiones, podemos tener un siglo XXI bien provisto de guerras de religión. Me parece interesante la relectura del artículo de David Alvargonzález en El Catoblepas: Del relativismo cultural y otros relativismos.

Cuestiones históricas y aspectos ontológicos de las creencias

Las creencias religiosas que encontramos en el campo antropológico e histórico de referencia de los contenidos de la película Amén, suponen un complejo nudo de relaciones, operaciones y términos en los que tenemos que tratar de ver las conexiones del judaísmo, el comunismo, el nacional socialismo alemán, el catolicismo y el protestantismo (recordemos que existe un movimiento en Alemania para reivindicar la actividad de Gerstein en favor de los judíos, y se lo presenta como un héroe religioso la perspectiva de la Iglesia Confesional y en los Círculos Bíblicos protestantes alemanes). Como advierte Bueno en «El concepto de creencia y la Idea de creencia» ya citado:

«Mucho más problemáticas son las creencias propias de las religiones terciarias, en la medida en que estas se resuelven en creencias circulares (la creencia en la propia Iglesia, en la Sinagoga, en la comunidad de los fieles).»

El hecho de esta implicación en el espacio antropológico de las religiones mencionadas dentro del eje circular resulta fundamental para entender el sentido de la Idea de creencia tal como es expuesta por el materialismo filosófico en este contexto histórico.

El libro de Lacroix-Riz nos muestra la utilidad de esta crucial aclaración, que debemos enmarcar en lo que podemos, siguiendo el hilo de nuestro análisis(que sigue los lineamientos ya expuestos, de Bueno),considerar como el anverso de la cuestión del filo germanismo y el antisemitismo del papa Pío XII, es decir, que ya no sólo tendremos los aspectos epistemológicos de las creencias nazis y católicas respecto de los judíos o los comunistas, &c., sino que podemos comprobar el componente ontológico, digamos, los componentes que implican la implantación política de las creencias de referencia.

Lacroix-Riz se refiere a la cuestión del Kulturkampf{14} en la etapa de Bismark. La Iglesia aprendió la lección de esta lucha y, en palabras de la historiadora francesa:

En mayo de 1903, el triunfal viaje de Guillermo II al Vaticano –más bien que al Quirinal– marcó el punto álgido de «una entente (...) que incluía la política religiosa del Imperio», e incluía la cuestión vital de las órdenes misioneras. Consagró el idilio comenzado por León XIII al comenzar el siglo con el Káiser en busca de la expansión mundial.

Pensamos que el lazo entre la Idea de Cultura y la política del Imperio desde Bismark implicaban la destrucción de los planteamientos de filósofos como Espinosa,{15} que basan sus argumentos en la crítica implacable de las creencias como vinculadas al error y la falsedad.

Datos históricos aportados por Lacroiz-Riz manifiestan la relevancia de ese anverso del que habla Bueno y además un anverso (el aspecto ontológico de las creencias católicas) que implica las estrategias propias de la prolepsis etológica que las normas implican en su necesaria lucha por imponerse a otras normas alternativas en el mundo del espacio antropológico.

Los lazos establecidos entre el Vaticano y el Banco de Roma –explica Lacroix-Riz– «principal banco católico italiano», presidido por el comandante Pacelli (hermano de Eugenio, pivote de este libro),cimentaron la alianza alemana: este establecimiento financiaba desde 1906 la expansión mediterránea y la «penetración pacífica» en Tripolitania, donde sus inversiones alcanzaban en 1911 cinco millones de dólares. El Reich se había, de este modo, por medio de su implantación bancaria, sus intereses en la Italia en proceso de industrialización: en la fundación, en 1894 4n Milán, de la banca comérciale italiana, los tres cuartos de un capital inicial de veinte millones de liras habían sido suscritos por bancos alemanes, en primer lugar la Casa Bleichröder; el resto se repartía entre italianos y suizo.

En este artículo nos resulta imposible hacer una exposición que haga justicia a la inmensa labor de Lacroiz-Riz, en tanto que sus más de 500 páginas abarcan un período de casi un siglo, pero sí podemos mostrar algunas de sus partes más relevantes para nuestro trabajo. Los que pretenden que el papa Pío XII fue una víctima más de las ambiciones nazis, quizá debieran leer con atención este libro, porque en él se muestran los intereses de una institución de poder que utiliza todas las estrategias a su alcance para, precisamente, no perder las fuentes de tal poder. Lo mismo que hacen las otras instituciones eclesiásticas, sean la judía, las iglesias protestantes ola ortodoxa griega en sus relaciones con las ideologías y partidos políticos con los que convivieron en la Europa del siglo XX. Si todo este material se pretendiera poner en una obra de teatro o en una película, sería absolutamente imposible. Pero nuestro interés por el presente político implica que nos interese el pasado en cuanto que en él se contienen muchos componentes del propio presente. Cuando vemos que el Deutsche Bank fue clave en las relaciones políticas entre el Reich y el Vaticano, no podemos sino pensar que el Deutsche Bank en el presente, tras su entrada en el grupo del Banco de Bilbao y Vizcaya y Argentaria (BBVA) adquiere un sentido político de enrome relevancia si lo consideramos desde la cuestión de ese IV Reich en formación del que habla el libro España frente a Europa, de Gustavo Bueno.{16} Más aún si tenemos presente que el BBVA tiene fuertes vínculos con la hoy quizá más influyente institución católica, el Opus Dei.

Citaremos nuevamente a Lacroix-Riz, para desarrollar esa propuesta del materialismo filosófico que relaciona diaméricamente (y dialécticamente) ese anverso y ese reverso de la creencia, tal como hemos sugerido siguiendo las propuestas de Gustavo Bueno antes mencionadas.

«Es en los años veinte cuando se gestó el papel político del futuro Pío XII. Apuntalando el grado de intervención vaticana en la hora de gloria del Zentrum, Pacelli participó en la puesta en acción de la política de los medios industriales y agrícolas apoyados en un alto clero del cual él nombró a las promociones de post guerra. Su misión, oficialmente la conclusión de uno o varios concordatos alemanes que preservaran o acrecentaran los derechos de la Iglesia, consistió en secundar la alianza entre todas las fuerzas de la derecha alemana. La tarea, terminada en enero de 1933, fatal para la idea de una Austria «independiente», abrió el camino a la guerra de revancha. Estudiaremos sobre todo aquí las etapas interiores que marcan un encaminarse que erige a Pacelli en pangermanista (antisemita, inclusive)».{17}

El asunto del célebre Concordato es fundamental para estas cuestiones, pero lo analizaremos en la segunda parte de este artículo.

Notas

{1} Apud. Walter Kaufmann, en el libro Tragedia y Filosofía, Seix-Barral, Barcelona 1978. El comentario de Kaufmann indica que el papa Pablo VI consideró su deber defender a Pío XII y sin leer ni siquiera el guión, ni ver la obra representada, envió una carta a un diario británico (The Tablet, junio de 1963) donde incluso llega a dudar que Hochhuth «poseyera incluso integridad humana normal»

{2} Este asunto es tratado en el libro de Gustavo Bueno, Nosotros y ellos, cuando explica su posición respecto de la discusión entre Marvin Harris y Kenneth Pike sobre el significado de los conceptos emic y etic. Esto resulta de crucial relevancia en nuestro análisis, como veremos, porque de esta distinción se llega al problema de la falsa conciencia y la ideología, como lo platea Bueno en los textos del libro Cuestiones Cuodlibetales sobre Dios y la Religión, a que se refiere en el citado artículo en notas de pie de página.

{3} Publicado por Seix Barral, Barcelona 1978.

{4} Raymond Aron, Mémoires, 50 ans de réflection politique, Julliard, París 1983. Hay edición en español

{5} Annie Lacroix-Riz, Le Vaticain, l'Europe et le Reich, de la Première Guerre Mondiale à la guerre froide, Armand Colin, París.

{6} El libro que manejamos es una selección de textos y se ha publicado con el título El dolor del mundo y el consuelo de la religión, Aldebarán, Madrid 1998. Filaletes le dice a su amigo Demófeles: «Como tú bien sabes, las religiones son como las luciérnagas: para brillar tienen necesidad de la oscuridad. Un cierto grado de ignorancia general es la condición de todas las religiones, es el elemento en que únicamente pueden convivir». Y en otro pasaje, Demófeles afirma: «tenemos ante nosotros los dos polos de la humanidad: la sabiduría de los individuos y la bestialidad de la masa, y ambos polos encuentran su acuerdo en el elemento moral».

{7} Wilhem Dilthey, Hegel y el idealismo, volumen V de la edición mexicana del Fondo de Cultura Económica (2ª ed. en español, 1956) a cargo de Eugenio Ímaz.

{8} Robert S. Wistrich, Hitler y el Holocausto, Mondadori, Barcelona 2001.

{9} Cfr. Dilthey, op. cit., pág. 27. Es importante criticar las tesis idealistas de Dilthey, para lo que puede bastarnos el recurso a la Antropología, por ejemplo, las tesis de Malinowski, sin complicarnos las cosas demasiado.

{10} V. Farías, Heidegger y el nazismo, Muchnik, Barcelona 1989.

{11} El libro de Goldhagen lleva el título La Iglesia Católica y el Holocausto. Una deuda pendiente, Taurus, Madrid 2002.

{12} Muy interesante al respecto, el escrito de José Manuel Rodríguez Pardo en el nº 5 de El Catoblepas: «Las claves de la argumentación ideológica»

{13} Crf. Paul Johnson, La Historia de los judíos, Javier Vergara ed., Buenos Aires 1991, págs. 565 ss.

{14} Consideramos imprescindible para analizar críticamente estos temas, el libro de Gustavo Bueno El mito de la cultura, Prensa Ibérica, Barcelona 1996. Especialmente el capítulo II, «Nacimiento y maduración de la idea metafísica de cultura en la filosofía alemana». Y del mismo modo, el capítulo que complementa este, por el núcleo teológico de la filosofía alemana del siglo XVIII-XIX, como hemos visto antes, el capítulo V que lleva el título «La génesis de la idea metafísica de cultura. El 'Reino de la Gracia' y el 'Reino de la Cultura'».

{15} Recomendamos la lectura del libro de Gabriel Albiac, La sinagoga vacía. Un estudio de las fuentes marranas del espinosismo, Hiperión, Madrid 1987. Hay algunos aspectos que sonde utilidad para entender las relaciones Iglesia-Estado en la católica España. En lo que se refiere a Alemania, los análisis sobre Schelling y su interpretación de Espinosa pueden ser muy esclarecedores, aunque a mi juicio, Albiac es demasiado benévolo con Schelling, si nos atenemos a la realidad objetiva de sus propias creencias, me refiero a las creencias de Schelling, desde luego.

{16} Me permito a continuación citar este texto del profesor Bueno crucial para entender la postura política implícita en este libro que considero imprescindible para comprender la Idea de Europa en el presente. «...Europa es la razón y la invención, la ilustración, la ciencia y el arte. Es, sencillamente, la auténtica cultura. (¿Y cómo puede explicarse el entusiasmo que la conferencia de Husserl suscitó ante sus oyentes austríacos? He aquí mi sospecha: la sublime Idea de Europa que Husserl expuso en su famosa conferencia de Viena habría podido ser interpretada como una tabla de salvación en una época en la que Hitler estaba propugnando la Idea de una Europa fundada sobre la base de la Alemania aria. Husserl ofrecía, a fin de cuentas, como judío alemán, una alternativa europeísta fundada en el espíritu, y que, sin embargo, permitía seguir reconociendo la hegemonía o función arcóntica de los países de habla alemana; y entre ellos, Austria.)», España frente a Europa, Alba, Barcelona 1999.

{17} Lacroix-Riz, op.cit., capítulo 4.

 

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