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El Catoblepas
  El Catoblepasnúmero 9 • noviembre 2002 • página 10
Artículos

Figuras de la Bioética
o de la compleja inflexión de las ciencias biomédicas y los saberes prudenciales

Fernando Pérez Herranz

A partir del plano bioético resultante del cruce de la ética y la biomedicina referidas al cuerpo humano, se esboza un mapa de la bioética y sus figuras

«La teología es una ciencia, pero al mismo tiempo, ¿cuántas ciencias? Un hombre es una sustancia pero, si se le analiza, ¿qué será? ¿La cabeza, el corazón, el estómago, las venas, cada vena, cada porción de vena, la sangre, cada humor de la sangre?» [Pascal, Pensamientos, 65-115.]

§1. Planteamiento

La palabra Bio-ética podría ser interpretada, según la figura retórica del oximoron, como el resultado de la fusión de dos términos contrarios, que se excluyen mutuamente. Bio es sinónimo de ciencias Biomédicas y, en tanto que teoría científica, exige, por un lado, la «objetivación» de los términos tratados y, por otro, la «neutralización» de las operaciones llevadas a cabo por el científico. Ética es sinónimo de saber prudencial, un saber que se ocupa precisamente de la «preservación» o «reproducción» de los individuos corpóreos, los mismos que el método científico ha de objetivar y neutralizar.

Enunciado así el concepto de Bio-Ética, sólo hay un momento en el que las ciencias biomédicas y la praxis prudencial se cruzan y destruyen el oximoron: cuando la investigación científica tiene el mismo objetivo explícito que la ética, esto es, el de preservar al sujeto corpóreo como un todo. Por tanto, para estudiar la inflexión [cf. Gustavo Bueno, ¿Qué es la bioética?, Oviedo 2001, pág. 35] que se produce entre ciencias biomédicas y praxis prudencial, se requiere una filosofía que no puede asociarse ya ni a los idealismos espiritualistas ni a los reduccionismos biológicos, sino al materialismo que tiene por núcleo la escala corpórea en la línea de ciertos eslóganes de la tradición filosófica como los de Anaxágoras: «El hombre piensa porque tiene manos»; de Bruno: «Los dioses habían dado al hombre la inteligencia y las manos»; de Spinoza: «El espíritu no se conoce a sí mismo más que en tanto percibe las ideas de las afecciones del cuerpo» o «No se sabe lo que puede el cuerpo»; de Nietzsche: «El cuerpo es una gran razón; de Bergson: «Mi cuerpo es la única realidad que permite superar la oposición entre el espíritu y la materia»; &c.

Ahora bien, el concepto de sujeto individual corpóreo ni es un concepto simple, ni unívoco. Desde el punto de vista extensional, la ciencia está desbordando el propio cuerpo, pues, por una parte, requiere como condición de supervivencia, la familia, el grupo o la comunidad; y, por otra, es una totalidad compuesta de partes que poseen también su propia morfología: los órganos, los tejidos, las células o el ácido desoxirribonucleico (ADN). Desbordamiento que también ocurre desde el punto de vista intensional de la ética, que puede considerar al cuerpo humano desde sus componentes biológicos y psicológicos, o desde sus componentes corporales en relación con las dimensiones económica, jurídico-política, religiosa, social, profesional...

¿Cómo conectar internamente lo que pertenece a la ciencia y lo que pertenece a la ética, las cuestiones cognoscitivas y las cuestiones de prudencia? No me ocuparé en este escrito de quienes consideran que la ética y la ciencia son ajenas la una a la otra, que no tienen ningún lado en común. Ni de quienes consideran que la ética es la que dirige o impone sus normas a la ciencia, convirtiendo a la ciencia en ancilla ethicae, admitiendo sólo una ciencia compatible con una ética o política establecida de antemano. Ni tampoco de quienes, a la inversa, consideran que la ciencia es la que dirige o impone su ontología a la ética, convirtiendo a ésta en ancilla scientiae, un saber que sería posible añadir –incluso pudiera ser deseable– a la investigación científica, pero en ningún caso para corregirla o rectificarla, sino para armonizarla o ajustarla a las exigencias de las ciencias. Defenderé una posición según la cual ni la ética se sobreañade a la ciencia, ni ésta a aquélla, sino que ambas se ejercitan conjugadamente. Para ello es necesario establecer el elemento mediador que, una vez parametrizado según nuestro modelo metodológico, ha de ser común a los planos científico y ético. Pues bien, ese elemento mediador no parece que pueda ser otro más que el cuerpo humano operatorio y prudencial. Esta posición tiene que rectificar necesariamente a las otras, pues ha de mostrar que existe una conexión tal que la ética y la ciencia se definirán cada una de ellas por intermedio de la otra.

El método elegido para llevar a cabo ese cruce es el de trazar un eje de coordenadas, cuyo punto de referencia (0,0) corresponde al «cuerpo humano corpóreo» –la morfología humana, limitada, por la piel-frontera, en términos topológicos–; el eje de abcisas, al cuerpo humano tratado por la Biomedicina; y el eje de ordenadas, al cuerpo humano tratado por la Ética. Ambos ejes definen el plano bioético ω. Se obtiene así la siguiente representación:

—El eje ε de abcisas (de επéστήμη = ciencia ) cuyos valores variarán desde las moléculas de ADN del ser humano, los tejidos o los órganos, hasta el sujeto socializado que vive en ciudades y, en el límite, las comunidades de creyentes.

—El eje η de ordenadas (de ηθoς = carácter, ética), cuyos valores variarán desde los caracteres hereditarios, temperamentales o psicológicos, hasta el sujeto socio-lingüístico, jurídico o profesional, pasando por la unidad corpórea.

—El punto e (de escala corpóreo-racional), en el que se cruzan los ejes ε y η, cuyo valor toma al cuerpo humano como canon.

Teniendo presente las obras ya clásicas sobre Bioética de Van R. Potter, A. Hellegers, D. Callahan, D. Roy, H.T. Engelhardt, P. Kemp... y, entre nosotros, J. Gafo, F. Abel, D. Gracia, G. Herranz... y, en especial, Gustavo Bueno, el objetivo de este trabajo es mostrar que los problemas que estudian los autores citados y otros, podrían clasificarse a partir del «mapa orientativo de las cuestiones bioéticas» que se ofrece en el cuadro 1.

§2. El punto de referencia «e» y las concepciones sobre el cuerpo humano

Ya el hecho de fijar un punto de referencia es problemático, porque el propio concepto de «cuerpo humano corpóreo» no es unívoco. En nuestra tradición occidental existen al menos dos modelos diferentes que entran en conflicto: el hipocrático y el galeno.

1. El modelo de la tradición hipocrático-aristotélica, valora el cuerpo humano como una unidad (que el cristianismo ha desarrollado como persona). La «filosofía natural» que acoge este modelo defiende una ciencia que «acabe la obra de la naturaleza», que reconcilie la ciencia y la vida ética. El cuerpo es entendido en el límite como un todo distributivo según un arquetipo ideal, que puede ser un modelo natural o sobrenatural (Jesucristo). Es el modelo defendido por Luis Vives (De anima et vista, 1538), Juan Huarte de San Juan (Examen de ingenios para las ciencias, 1575) o Baltasar Gracián (El Criticón, 1651-1657).

2. El modelo de la tradición platónico-galénica contempla el cuerpo desde el lado de la desconexión científica del cuerpo humano. A partir del análisis médico, se puede llegar a la des-corporeización, a la des-piezación. En este caso, el cuerpo es entendido como una totalidad atributiva, cuyas partes se van acumulando de manera heterogénea, lo que constituye el correlato de la especialización médica. Es el modelo defendido en la modernidad–. Es el modelo defendido en la modernidad, desde Gómez Pereira (Antoniana Margarita, 1554) a Descartes (El Tratado del hombre, 1662) y desarrollado por las concepciones mecanicistas del cuerpo humano.

El «cuerpo», en todo caso, establece el criterio de individualidad, un cuerpo repetido y reconocible como semejante al propio. Es el cuerpo distributivo, según la regla del «cada uno» (el any inglés = cualquiera), opuestos al «todo» atributivo (el all inglés = todos juntos) y a la subsiguiente disolución de los cuerpos individuales, ya sea a la manera de una masa informe –la muta que describió tan bellamente Elías Canetti–, ya sea a la manera de un sujeto único en el que están confundidos todos y los individuos actúan más como células u órganos de un cuerpo que como un cuerpo entero –el Leviatán de Hobbes–. Además hay que tener en cuenta que ese cuerpo está desdoblado en hombre/mujer, lo que da lugar a cuestiones bioéticas específicas [cf. López de la Vieja y Lydia Feito en J.M. González Heras (coord.), Dignidad de la vida y manipulación genética, 2002].

§3. El eje «η» de la ética

En el eje η se pueden reconocer distintas perspectivas que van desde los componentes biológicos y psicológicos hereditarios, que condicionan la conducta, hasta la estructura en la que dominan los elementos asociados a lo económico, lo jurídico-político, lo religioso, lo social, lo profesional..., muy cerca de las características que definen al individuo corpóreo como persona. En este caso Ética significa la acción contando con la salvaguardia del propio cuerpo frente a Moral, que es la acción que puede poner en peligro el cuerpo propio por el grupo al que pertenece u otro (en el límite, la Humanidad entera).

§4. El eje «ε» de la ciencia y el concepto de «salud»

Las ciencias morfológicas (biológicas y médicas) toman su carácter específico no sólo de su componente teórico (conjugado con los componentes prácticos de la operacionalidad), sino también de su interés médico en mantener y conservar el cuerpo operatorio de los otros a partir del cuerpo operatorio propio, para conseguir eliminar las penalidades, ansiedades, angustias, incapacidades y deformidades humanas, en definitiva, curar las enfermedades y reducir el dolor del sujeto. El objetivo de todas estas actividades es mantener la salud del individuo. (De todas formas, el concepto de salud podría ser recusado y sustituido aun por su opuesto: el concepto de enfermedad. Podría defenderse, como se ha hecho desde el romanticismo hasta Nietzsche, que lo verdaderamente valioso es la enfermedad y no la salud. Novalis –y mucho antes que él Plinio o Elio Arístides–, por ejemplo, afirmará que la salud es sólo interesante para la ciencia, pero no para la individualidad –lo ético–. En este caso quedaría cortado el vínculo ciencia/ética. Mas, en cualquier caso, tanto la salud como la enfermedad se recortaría a escala del individuo corpóreo).

Si la salud se convierte en el concepto privilegiado en donde coinciden biología y medicina, entonces se constituye en regulador de la finalidad de esas ciencias. Pero el concepto de salud no es unívoco, sino análogo de atribución, un concepto que se aplicaría al cuerpo humano como primer analogado y, después, en segundo lugar, a ciertas partes de ese mismo cuerpo por metonimia o sinécdoque (así el especialista en corazón podrá hablar de corazones «de libro», con indiferencia al estado del hígado o del estómago, &c.); o bien a los cuerpos unidos en grupos, y entonces hablaríamos de enfermedades familiares –hemofilia...–, comunitarias –epidemias...–, &c. Pues bien, al desarrollarse la medicina como una parte de las ciencias biológicas, el médico se ha ido especializando en alguna de estas partes, en este o aquel órgano, en este o aquel tipo de conexión, hasta el extremo de que la figura del médico –que en el siglo XIX pudo ser el modelo paradigmático de la personalidad íntegra y ejemplar, una especie de sacerdote comteano–se ha ido convirtiendo en un especialista de alguna parte del cuerpo humano, ayudado por las facilidades que encuentra el investigador en la experimentación con grupos sociales marginables o marginados. Lo que, para los propios médicos parece algo muy positivo y conecta directamente no sólo con la tradición anatomista de Vesalio, sino con la concepción más primitiva de los poemas homéricos, que ven al hombre como disiecta membra:

«el cuerpo del hombre no es visto como unidad, sino como pluralidad de miembros... El intuitivo hombre homérico ve tan sólo en el cuerpo de sus semejantes aquello que más vivamente impresiona sus ojos, las piernas ágiles, los brazos poderosos, las rodillas flexibles... No ha descubierto todavía el cuerpo en cuanto unidad, y, como que la realidad existe para el hombre sólo en cuanto éste la descubre como unidad, por más que suene a llamativa paradoja, es una rigurosa verdad decir que el hombre homérico no posee aún un cuerpo» [J.S. Lasso de la Vega (et alii), Introducción a Homero, Madrid, 1963, pág. 241].

§5. Intersección de los planos «η» y «ε». Esbozo de un mapa Bio-ético

Así pues, si, por una parte, las normas éticas no se refieren a los hombres en general, sino que se aplican a cada uno de los individuos por separado y el criterio de esa separación es, precisamente, el cuerpo humano, cuyo principio es la firmeza o esfuerzo en perseverar en el ser y la generosidad o ayuda en perseverar al prójimo; y si, por otra, los problemas de las ciencias médicas y biológicas están vinculados íntimamente al cuerpo humano, con el fin de alcanzar una estructura estable, entonces es en el cuerpo operatorio y morfológico humano, en donde se encuentran de manera natural Ética y Ciencia. Seguramente que este encuentro fue ejercido ya por la medicina griega antigua. Hipócrates llegó a afirmar el cuerpo como una unidad; Platón fue más lejos en el Fedro (270c), pues ni siquiera puede comprenderse el cuerpo sin el conocimiento de la naturaleza como un todo.

El problema aparece, según hemos dicho, al identificarse el sujeto operatorio y el objeto de la ciencia, fundamentalmente cuando ese sujeto –qua tale– es estudiado como objeto. En esta situación el conflicto se da de manera recta –al menos en el momento en el que vida humana y cuerpo humano se recubren el uno al otro– y no de manera oblicua –como pudiera ser en la física, en donde el cuerpo se reduce a un punto masa, a un conjunto de palancas, &c.–. Así que, al confluir el sujeto de la ética con el objeto de la ciencia, la cuestión se complica y se ha de recurrir a otro concepto –por ejemplo, el de salud o integridad corpórea–, y es en ese choque donde surgen las cuestiones pertinentes de la bioética. Para comprender toda la riqueza analítica que supone ese choque, podría trazarse el plano de la bioética ω mediante dos ejes η y ε con sus correspondientes valores analíticos y después cruzarlos y configurar así un mapa con capacidad orientativa por entre los múltiples singularidades que presenta la ética en su conexión con la biología [Cuadro 1].

—En el eje-η se encuentran las partes de la conducta ético-moral. Es el eje de lo que debe ser el hombre, de lo aceptable. El semieje η-raza toma como valores la raza, el sentimiento, el carácter, el temperamento y el genio, y su límite queda trazado por los seres animales. El semieje η-persona toma como valores las dimensiones económica, política, religiosa, social y profesional, y tiene como límite el individuo ahistórico.

—En el eje-ε se encuentran las partes de las ciencias biológicas y médicas. Es el eje de lo que es el hombre, de las posibilidades humanas. El semieje ε-aristotélico considera al hombre enclasado en unidades más amplias: desde los siameses a la comunidad ideal, pasando por la familia, las comunidades o los estados, y aun el ecosistema Tierra, y su límite se establece desde los seres no humanos. El semieje ε-galénico considera al hombre en sus partes formales: órganos, tejidos neuronal y, conjuntivo..., genes, y su límite se encuentra en su estructura físico-atómica, cuántica.

—En el punto e se cruzan los ejes η y ε. Aquí se deben excluir, desde luego, individuos extraterrestres, vampiros... (personas no humanas) y ha de incorporar un individuo resultado de un proceso evolutivo e histórico (frente a las personas creadas ex nihilo), un individuo dado entre otros individuos (frente a los solitarios robinsones) y un individuo distributivo (cada uno) en el sentido de cada individuo, no reducible a una banda, sociedad o pueblo. Esta concepción ha sido defendido por filosofía muy diferentes, filosofías transcendentales de la persona, no reducibles a componentes biológicos, psicológicos o sociales.

Ha sido el desarrollo de uno de los componentes del eje ε, la Biología Molecular, lo que ha transformado –por inflexión– el tipo de cuestiones bioéticas, pues ha puesto en crisis ella misma escala del cuerpo humano como criterio de racionalidad (Dawkins, por ejemplo, ha defendido que «la unidad fundamental de selección no es la especie ni el grupo ni el individuo, sino el gen»). Pues la especialización ha quedado transformada, ya que la unidad ahora no es el cruce del cuerpo humano, ni siquiera de los órganos, sino que se ha desplazado a la estructura del ADN: El ser humano estaría ya dado en acto en el ADN no sólo potencialmente, con lo que el punto e se ha desplazado al punto e', conformando una zona del plano que podría denominarse de la sutileza del cuerpo.

Ahora bien, este desplazamiento del punto e al e', aunque muy relevante, no es el único. Pues, por el otro lado, el hombre ha sido considerado atributivamente como un cuerpo que pertenece a un grupo, a una comunidad, a un pueblo, a una comunidad espiritual, incluso al cosmos, o, más aún, en los últimos años, a un ser vinculado al organismo Tierra Gaia amenazado por la tecnología, con lo que el punto e se ha desplazado al e'', conformando otra zona del plano que podría denominarse de la enajenación del cuerpo. Así que los problemas de la Bioética se van planteando entre ambos extremos:

—En el punto e las cuestiones quedan limitadas por los problemas más clásicos del nacimiento y la muerte: el aborto y la eutanasia.

—En la zona (η-raza, ε-ciencia) nos encontramos con el límite mismo de la ética, cuando se valora de superioridad ontológica a una parte de los seres humanos. Sería la antiética de los elegidos, de la raza superior, que permite la eliminación de las otras razas, o de la conservación de alguna de ellas por medio de la eugenesia. En la zona (η-raza, ε-semieje aristotélico) se plantean las cuestiones éticas de la utilización de las razas «inferiores» en el trabajo, &c. En la zona (η-raza, ε-semieje galeno), de su utilizaciσn en la experimentación médica, &c.

—La zona (η-sentimental-emocional, ε-ciencia) estα dominada por la ética hedonista. En el ε-semieje aristotélico, las cuestiones éticas sobre la alegría, compasión, tristeza, indignación...; de la culpa familiar; de los cuidados paliativos (evitar el dolor....); de la benevolencia; de la vergüenza; de la generosidad... En el ε-semieje galeno, las cuestiones de la locura; la soberbia (hybris)...

—La zona (η-carαcter, ε-ciencia), por la ética del esfuerzo. En el ε-semieje aristotélico, las cuestiones éticas de la vida cívica como la asistencia a la comunidad, la asumpción de las deudas de los antepasados... En el ε-semieje galeno, las cuestiones derivadas de la transformación del carácter por medio de reflejos condicionados o de la cirugía estética y la remodelación de órganos, terapia de células somáticas... (El psicologismo espiritualista, por ejemplo, considera que la salud/enfermedad pertenece a la reformulación del carácter, a ciertos componentes de la voluntad; así, para Groddeck el enfermo es la causa de su enfermedad, por lo que, en último término, uno mismo es responsable de su propia muerte; sólo morirá aquel para quien la vida es intolerable, por causa de un Ello negligente), &c.

—La zona (η-temperamental, ε-ciencia), por la ética de la intuición. En el ε-semieje aristotélico, las cuestiones sobre el valor de los modelos simbólicos de la humanidad (temperamento melancólico, colérico...); el uso de fármacos contra la depresión social; la violencia familiar... En el ε-semieje galeno, la justificación de los psicofármacos por el temperamento; cuestiones genéticas sobre el temperamento...

—La zona (η-inteligencia, ε-ciencia), por la ética de la firmeza. En el ε-semieje aristotélico, cuestiones sobre el tabú del incesto; excusas y disculpas en la comunidad; generosidad con los Otros; cuestiones respecto de la verdad, la libertad o la persuasión... En el ε-semieje galeno, cuestiones éticas sobre la locura; la psiquiatría; la psicoterapia... hasta las cuestiones sobre modificaciones génicas de la inteligencia...

—En la zona (η-espiritual, ε-ciencia) nos topamos con el otro límite, el de la des-corporeización, el alma disociado del cuerpo. Se encontrarían quienes sienten poca o ninguna estima por el cuerpo; indiferencia por la salud somática, que no debe ser perseguida como fin, y obsesión por la salvación del alma, el uso de disciplinas...Pero también la consideración del cuerpo como conjunto de millones de bits, un patrón de información que se desarrolla a lo largo del tiempo...

—La zona (η-econσmico, ε-ciencia) estα dominada por la ética del trabajo (en el sentido de Locke). En el ε-semieje aristotélico se plantean las cuestiones éticas vinculadas a los derechos de propiedad; al papel de la familia en enfermedades terminales; a la relación médico paciente, cuando el paciente se considera enfermo-propietario de su cuerpo (tal como lo recoge el código de conducta de los médicos internistas). También las cuestiones sobre recursos sanitarios; la Gran Farma o los problemas medio-ambientales, ecológicos (la salud/enfermedad tiene que ver con la rebelión del ecosistema ante el desarrollo científico-técnico)... En el ε-semieje galeno se plantean todas las cuestiones relativas a la venta de órganos, de tejidos o al control sobre las células embrionarias...

—La zona (η-político, ε-ciencia), por la ética del habeas corpus. En el semieje ε-aristotélico, la evaluación de riesgos; las guerras biológicas; las patentes de biotecnoogía; los derechos de los ciudadanos... En el ε-semieje galeno, los trasplantes; la muerte cerebral; las patentes sobre células (médula ósea...); la fecundación artificial...

—La zona (η-religiosa, ε-científica), por la ética modélica sobre ciertos personajes de relieve: Confucio, Buda, Jesús... En el semieje ε-aristotélico, las cuestiones sobre ética confesional, según la cual los dilemas morales y las disputas éticas sólo serán resueltas por los dioses o los profetas (la salud/enfermedad será un instrumento de la ira divina, un castigo –con independencia de que sea gratuito o merecido–); la consideración de la Naturaleza-sagrada o la Sociedad-sagrada (la salud/enfermedad, definida desde algún tipo de obscenidad, de mal augurio o signo de lo abominable)... En el semieje ε-galeno los problemas de los transplantes o de la clonación, desde dogmas como la «resurrección de la carne» o la «creación divina del alma individual»...

—La zona (η-social, ε-ciencia), por la ética de la generosidad a partir de individuos distributivos, pero formando totalidades atributivas. En el semieje ε-aristotélico las cuestiones éticas de la higiene, de la transmisión de enfermedades sexuales...; las cuestiones relativas a los «individuos flotantes» (ética para náufragos); la definición de la paternidad; el uso comercial de medicamentos... En el ε-semieje galeno, cuestiones sobre la selección genética, la segregación social basada en el genotipo (seguridad social, compañías de seguros...), los estigmas genéticos...

—La zona (η-profesional, ε-ciencia), por la ética de la responsabilidad en el trabajo del profesional-especialista (obrero, universitario...). En el ε-semieje aristotélico, las cuestiones que plantean las plagas, las epidemias; las del médico de cabecera... En el ε-semieje galeno, las cuestiones que afectan a los forenses, a los ingenieros genéticos...; la responsabilidad sobre los no nacidos...

—En la zona (η-hombre-creador, ε-ciencia) nos encontraríamos con el otro límite ético, la capacidad y potencia del hombre para transformar su propio cuerpo humano, su cuerpo operatorio distributivo, individualizado (cada uno), que ha sido, al menos, desde Grecia el lugar de confluencia, el fundamento que ha orientado la ética en nuestra cultura helenística. Pero nadie puede considerar ese momento como esencia eterna. Y ello no sólo en virtud de que los planos de intersección cambien, sino de que la biotecnología podría transformar ˇla propia morfología humana! Se podrían generar múltiples centros, tantos como estructuras corpóreas se hubiesen «fabricado» de hecho. Cada centro lo ocuparía una casta en el sentido de John Harris, Supermán y la mujer maravillosa, 1998), el sorprendente problema de la transformación de la propia especie humana y, por lo tanto de la norma canónica del cuerpo humano reguladora, hasta aquí, de la Bioética.

El recorrido tanto en horizontal como en vertical o en diagonal nos proporciona el conjunto de Figuras de la Bioética.

Eje ε (científico)
e'' «enajenación del cuerpo»
  C.E. sobre la
persuasión
C.E. sobre la
piedad
C.E. sobre el
ascetismo
C.E. sobre el
amor
  Comunidad de creyentes
«Ciudad de Dios»...
C.E. sobre el
«yo creador»
C.E. sobre la
psicodelia
C.E. sobre la
vida retirada
C.E. sobre
naturismo
eugenesia Gaia, Eco-tierra
C.E. sobre la
Libertad
C.E. sobre el
simbolismo temperamental
C.E. sobre el
servicio militar
C.E. sobre el
cosmopolitismo
Imperios
C.E. sobre la
diferencia
C.E. sobre el
valor
C.E. sobre la
vida cívica
C.E. sobre la
benevolencia
Reinos, naciones...
C.E. sobre la
disculpa
C.E. sobre ciertos
fármacos (Valium, Prozac)
C.E. sobre la
asistencia
C.E. sobre el
altruismo
Ciudades, polis... «civilización»
Comunidades
C.E. sobre la
incesto
C.E. sobre la
violencia
C.E. sobre relaciones
familiares
C.E. sobre la
culpa
Familia
C.E. sobre la unidad
sustancial «anómala»
  C.E. sobre la
competitividad
C.E. sobre el horror/
bienestar de la situación...
C.E. sobre los hombres
poderosos: el «andrógico»
Siameses
Eje η (ético-moral) Alma sin cuerpo (espíritu...) A-ética Genio-inteligencia
E. firmeza
Temperamento
E. intuición
Carácter
E. esfuerzo
Sentimiento-emoción
E. hedonista
Raza
anti-ética
Punto e (cruce de ε y η)
Cuerpo operatorio
Morphé humana (hombre/mujer)
  C.E. sobre drogas psicotrópicas C.E. sobre los fármacos C.E. sobre cirugía estética C.E. sobre el dolor eugenesia Órganos
C.E. Sobre regeneración del tejido nervioso C.E. sobre los
psicofármacos
C.E. sobre reflejos condicionados C.E. sobre la hybris Tejido nervioso
  Tejidos (conjuntivo...)
C.E. sobre regeneración de células C.E. sobre las bases aprendizaje C.E. sobre terapia células somáticas   Células
Cuestiones éticas sobre terapia en la línea germinal y modificación génica ADN
e' «sutileza del cuerpo»

 

Eje ε (científico)
e'' «enajenación del cuerpo»
Comunidad de creyentes,
«Ciudad de Dios»...
  C.E. sobre lo
cosmopolita
C.E. sobre lo
confesional
C.E. sobre
demandas de un grupo
   
Gaia, Eco-tierra C.E. sobre el
medio-ambiente
C.E. sobre evaluación
de riesgos
C.E. sobre la
naturaleza-sagrada
C.E. sobre formas naturales
y trasgénicas
C.E. sobre plagas,
epidemias
Imperios C.E. sobre el
«gran farma»
C.E. sobre la guerra
biológica
  C.E. sobre la acción
comunicativa
C.E. sobre
local/global
Reinos, naciones C.E. sobre los
recursos (Gestión)
C.E. sobre patentes
de biotecnología
C.E. sobre conflictos
entre sectas
C.E. sobre higiene,
transmisión sexual...
C.E. sobre el punto de
vista del paciente
Ciudades, polis... «civilización»
Comunidades
C.E. sobre experimentación
de fármacos en países pobres...
C.E. sobre patentes de dotación
genética de pueblos indígenas
C.E. sobre la
sociedad-sagrada
C.E. sobre «individuos
flotantes »
Ética del
profesional 2
Familia C.E. sobre hormonas
del crecimiento
C.E. sobre
diagnóstico prenatal
C.E. sobre el «núcleo
de moralidad»
C.E. sobre la definición
de paternidad
C.E. sobre el médico
de cabecera
Siameses C.E. sobre exhibición
pública (ferias, circos...)
C.E. sobre los derechos:
asociación, desplazamiento...
C.E. sobre el «principio de
individuación»
C.E. sobre «solidaridad»,
«delitos»...
C.E. sobre la «separación
quirúrgica»...
Punto e (cruce de ε y η)
Cuerpo operatorio,
Morphé humana (hombre/mujer)
Propietario, economía
E. trabajo
Político-jurídica
E. habeas corpus
Religiosa
E. modélica (J.C.)
Social
E. generosidad
Profesional, especialista...
E. responsabilidad
Hombre creador,
«ciber-hombres»
sobre-ética
Eje η
(ético-moral)
Órganos C.E. sobre
venta de órganos
C.E. sobre
trasplantes
C.E. sobre la
«resurrección de la carne»
C.E. sobre
xenotrasplantes
C.E. de la medicina
forense
   
Tejido nervioso C.E sobre
inteligencia artificial
C.E. sobre
muerte cerebral
C.E. sobre la
«creación del alma»
  C.E. sobre medicina
psiquiátrica
Tejidos (conjuntivo...) C.E. sobre tejidos y su
almacenamiento
C.E. sobre patentes
de tejidos (bazo...)
C.E. sobre la especificidad
del tejido humano
C.E. sobre bancos y
trasplantes de tejidos
C.E. sobre cultivo
de tejidos
Células C.E. sobre células
embrionarias
C.E. sobre patentes
de células (genotipos)
C.E. sobre
«embriología sagrada»
C.E. sobre las
células madre
C.E. responsabilidad
de la salud no-nacidos
ADN C.E. sobre
contracepción
C.E. sobre
fecundación artificial
C.E. sobre
clonación
C.E. sobre
«estigmas genéticos»
C.E. del
ingeniero genético
C.E. sobre las
«especies»
e' «sutileza del cuerpo»

 

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