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El Catoblepas
  El Catoblepasnúmero 6 • agosto 2002 • página 12
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El euro, Adolfo Hitler,
la Nueva Europa y la batalla de Inglaterra

María Santillana Acosta

En los cines británicos hace campaña contra el euro un Hitler
que proclama: '¡Un Pueblo, un Imperio, un Euro!'

Propaganda oficial nazi «Es característico para la actual actitud de Inglaterra con respecto a Europa el hecho histórico de que la Gran Bretaña no ha descubierto ni colonizado por sí misma ninguna de sus extensas colonias; las robó todas, en especial de los restantes Estados europeos: la India, a los portugueses y franceses; Sudáfrica, a los holandeses; Norteamérica, a los franceses y españoles, para citar sólo las más importantes. Esto quiere decir, por consiguiente, que Inglaterra privó a los pueblos continentales del fruto de todos los esfuerzos con los cuales se pobló y colonizó el mundo. Es bien sabido cómo lo logró. Ante todo y en primer término, se hizo inatacable durante siglos a su aislamiento en una isla, situada ante la costa de Europa como una especie de barrera que permitía a la Gran Bretaña hacer el papel de aduanero, que obtenía sus ingresos de todo el tráfico europeo con el mundo y tomaba de todos los Estados lo que le aprovechaba o agradaba. Como los pueblos del Continente consideraron siempre esto insoportable, cuando uno de ellos se hizo demasiado fuerte, los ingleses, como dueños del mar, se encontraron siempre en situación de organizar una coalición contra el Estado continental más poderoso. No siempre tuvieron necesidad de participar en estas guerras con tropas propias; se limitaron a atizar el fuego con su oro y, al concertarse la paz, no se cruzaban en el camino del vencedor continental, pues buscaban su provecho fuera de Europa, al otro lado del Océano. Inglaterra, mientras se presentaba en el Continente como adicta a la libertad de los pueblos, cercenaba a su antojo la libertad del Continente mismo. Despojó a España, Portugal, Holanda y Francia de posesiones situadas fuera de Europa.» Rudolf Fischer, «¿Quién puede guiar a Europa?», Signal, Berlín, junio de 1941.

Parece que muchos hijos de la Gran Bretaña no olvidan que el proyecto de una Europa unida conoció su mayor esplendor en las ideologías que lograron movilizar una Alemania enardecida que encontró en Adolfo Hitler su principal adalid. Millones de ejemplares de la revista Signal, el principal órgano de propaganda del ejército alemán durante los años de la segunda guerra mundial, que se llegó a publicar en veintiséis lenguas diferentes, difundiendo dos millones y medio de ejemplares de cada número, y que no se distribuía en el interior de Alemania, han tenido que marcar necesariamente a quienes no están dispuestos a olvidar tan fácilmente como otros. Léanse otros edificantes artículos, sustrato del mito de Europa, publicados en esa misma revista: Europa debe transformarse en un jardín floreciente, Por fin deberá surgir Europa, El idioma materno de Europa, El tráfico sin fronteras en Europa, &c.

El euro, la nueva divisa en circulación efectiva desde el primero de enero de 2002 en doce países (España, Portugal, Italia, Grecia, Francia, Alemania, Bélgica, Holanda, Irlanda, Austria, Luxemburgo y Finlandia), ha supuesto la desaparición de las doce monedas nacionales de esos Estados y un paso importante en ese propósito de construcción europea. Bien cumplido medio siglo desde el final de la última guerra mundial y más de una década desde el derrumbe de la Unión Soviética, varios cientos de millones de europeos utilizan ya monedas de euro que propagan en su anverso los diseños que ha preferido acuñar cada Estado: un águila imperial los alemanes, la lechuza de Atenea los griegos, la efigie de sus reyes vigentes España, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, un arpa los irlandeses, su añejo trilema revolucionario los franceses, el Dante los italianos, &c. ¡Cabe mayor armonía en la diversidad!

Empresarios por la libra Pero el empobrecido y decadente imperio depredador inglés no ha querido sacrificar su orgullosa moneda, la libra esterlina, y no se ha integrado en la moneda común europea. Al parecer no les resultó suficientemente atractivo que la efigie de Su Graciosa Majestad británica pudiese adornar una porción de las monedas de euro que circulasen por Portugal, Grecia, Italia o Finlandia. Hace un cuarto de siglo se dejaron engañar y fueron adoptando mal que bien el sistema métrico decimal, pero rendir la libra ante el euro era ya conceder demasiado. «How disgusting!»

No al euro Y desde septiembre de 2000 está en plena actividad un importante grupo de presión británico que busca evitar que su gobierno ceda ante las tentaciones del euro. Su posición se resume en la frase que les une: «NO. Europa si. Euro no.» La campaña contra el euro busca mantenerse al margen de los partidos políticos, y está promovida por una alianza entre «Business for Sterling» (organización no partidista que agrupa a más de trescientos dirigentes empresariales) y «New Europe Councils» (coalición a la que pertenecen políticos, diplomáticos, universitarios y periodistas, cuyo adalid es Frank Field).

Su campaña más reciente se inició el pasado viernes 12 de julio de 2002, cuando las salas cinematográficas británicas de las cadenas Odeon y UCI comenzaron a proyectar un anuncio de noventa segundos contrario al euro, que está previsto ocupe la gran pantalla durante tres meses, donde será visto al menos por cinco millones de espectadores. Se trata de la primera fase de una campaña más amplia, que se continuará en el otoño con el envío de cientos de miles de cartas individualizadas firmadas por los protagonistas del anuncio, &c. Pueden verse más detalles en el sitio de internet: www.no-euro.com

Rik Mayall como Adolfo Hitler

El anuncio está protagonizado por varios actores conocidos del público inglés (Diane Abbott, Phil Cornwell, Harry Enfield, Bob Geldof, Kate Hoey, Jools Holland, Rik Mayall, Tony Parsons, Gordon Ramsay, Vic Reeves, John Sessions y Johnny Vaughan), todos convertidos en colaboradores voluntarios en la campaña y que, desde distintos puntos de vista, defienden su negativa al euro siguiendo tres líneas argumentales: «1. No es anti europeo defender que el Reino Unido no debe incorporarse al euro; 2. Unirse al euro es perjudicial pues supone perder el control sobre nuestra economía y nuestra democracia; 3. No es inevitable que el Reino Unido adopte el euro.»

Al parecer las encuestas atribuyen sólo un 25% de apoyo por parte de la población británica a la incorporación al euro, y como está previsto que el Gobierno británico convoque un referéndum ad hoc en 2002, los promotores de la campaña pretenden impulsar una coalición antieuro que gane el referéndum, representando este anuncio el inicio de tal campaña.

Ein Volk, ein Reich, ein Euro!

Rik Mayall como Adolfo Hitler El anuncio ha logrado agitar a eurofuncionarios y opinólogos europeos gracias a los tres segundos en los que el cómico Rik Mayall (conocido entre su público por The Young Ones, Bottom, Blackadder y Believe Nothing) se disfraza de Adolfo Hitler –aquí el anuncio se ofrece en blanco y negro, olvidando malévolamente que el cine en color fue precisamente uno de tantos inventos en el que fueron pioneros los nazis– y desde un balcón arenga a los enfervorecidos europeos: «Ein Volk, ein Reich, ein Euro!» –¡Un Pueblo, un Imperio, un Euro!–, versión modernizada de la famosa consigna nazi, que se hacía figurar en los retratos oficiales del Führer, del Guía, para terminar con la pregunta burlona: «¿Euro? ˇOh, sí, por favor!»

El periodista Walter Oppenheimer, desde Londres, iniciaba así la crónica que a este asunto dedicó el diario madrileño El País (4 de julio de 2002):

«¿Son en realidad las autopistas francesas una red ferroviaria camuflada para llevar a campos de exterminio a los partidarios de la libra esterlina? ¿Son agentes de las SS camuflados los camareros que sirven cerveza barata a millones de británicos en las costas españolas? ¿Es el euro la bomba secreta con que los nazis planeaban conquistar Gran Bretaña, último bastión de libertad en Europa? Tal parece si uno se deja convencer por la agresiva campaña lanzada por los partidarios de mantener la libra esterlina por los siglos de los siglos, que equipara la zona euro a la Alemania nazi al convertir a Adolfo Hitler en un ardiente defensor de la moneda europea. La campaña del no al euro se alimenta de un catálogo de llamadas al nacionalismo aliñadas con todo lo que más odian de Europa los británicos y lo que más admiran de sí mismos. 'No lo necesitamos; nuestra economía es muy fuerte', proclama con desdén un chef que parece dispuesto a reventar el túnel bajo el canal de la Mancha para aislar de nuevo al continente. Otros personajes desprecian a los 'burócratas de Bruselas' convencidos quizá de que no hay ni un solo británico en la perversa Administración comunitaria. 'No es lo mismo Grecia que Gran Bretaña', observa otro, sin razonar que tampoco California y Carolina del Sur son exactamente iguales. 'Necesitamos proyectos para el pueblo; éste es un proyecto para la élite burocrática', invoca una activista dispuesta a liderar la revolución en el país más capitalista de Europa.»

La Nueva Europa, capitaneada por Alemania, aunque Francia no se lo quiera terminar de creer, ha preferido quitar importancia a la molesta asociación de Hitler con el euro, presentándola como un ejemplo más del endiablado humor inglés. Se han enfadado mucho algunos judíos, guardianes profesionales de algunos recuerdos, que se creen las únicas víctimas de todos los males y que en su egocentrismo histórico consideran un insulto a las víctimas del Holocausto cualquier mención a Hitler o al nazismo. Y algunos miembros de la Comisión Europea no han encontrado mejor argumento contra el anuncio que calificarlo de grosero, ofensivo y «complaciente con la xenofobia». Antonio Blair, el primer ministro británico, se limitó a lamentar que se recordaran asuntos de hace cincuenta años para estas cosas, para frivolizar: «un chiste es un chiste.»

El euro ferrocarril de Feierbach Antes les sugería que leyesen el artículo El tráfico sin fronteras en Europa, publicado en Signal en 1941. Compárenlo ahora con los proyectos de un ingeniero alemán nacido en 1937, crecido por tanto ya en la postguerra, llamado Wolfgang Feierbach, impulsor de la idea de un EURO AUTO TREN llamado a cubrir todo Europa (Inglaterra queda al margen, por supuesto), mediante trenes eléctricos capaces de transportar camiones, autobuses, coches y peatones, a 150 kilómetros por hora y en una sola dirección, para evitar accidentes, por 10.000 kilómetros de nuevos canales de hormigón de 9 metros de ancho construidos a diez metros de altura sobre las actuales autopistas (para no deteriorar más el paisaje y lograr además que los pasajeros disfruten con unas vistas inéditas de Europa). Cada tren mediría un kilómetro y estaría propulsado por 332 ejes, con 664 motores eléctricos Mercedes-Benz de 150 CV actuando directamente sobre cada rueda del Euro ferrocarril. Pues bien, este iluminado ingeniero alemán no tiene ningún reparo, en la Europa del euro, al declarar y hacer públicos los antecedentes de su proyecto de «Europa sin fronteras» a través del Euro ferrocarril:

«A los pocos meses de la toma de poder de los nacional-socialistas, el ferrocarril del Reich debía iniciar la construcción de las autopistas planeadas. El 27 de junio de 1933 entró en vigor la ley para la construcción de las autopistas del Reich. Dos meses después, el 25 de agosto, se fundó la sociedad 'Reichsautobahn' (autopistas del Reich) como empresa filial de la sociedad 'Deutsche Reichsbahn' (ferrocarril del Reich alemán). Al sur de Francfort del Meno, el 23 de septiembre de 1933, Adolf Hitler dio oficialmente el primer golpe de pala para la construcción de las autopistas. El 19 de mayo de 1933 inauguró la autopista del Reich Francfort-Darmstadt.
En 1934 se había planeado una red básica de 6.900 kilómetros. Después, sobre todo tras el anexión de Austria y los Montes Sudetes, se consideró la construcción de hasta 15.000 kilómetros. La red debía crecer cada año en mil kilómetros.
De hecho, el 27 de septiembre de 1936, se puso el kilómetro mil en servicio. A finales de 1937, el kilómetro 2000 estaba listo. El primer gran anillo de autopistas de Berlín a Alemania Occidental, por Stuttgart hacia Munich y vuelta a Berlín, se terminó en 1939. El 1 de junio de 1938, la empresa 'Reichsautobahn' se separó de la organización del ferrocarril y pasó a depender directamente del Reich.
Hitler tenía planes aún más gigantescos con la planificación y construcción de un ferrocarril de alto rendimiento, que hubiera debido convertirse en la arteria del transporte de alto rendimiento entre el Oeste y el Este.
En la planificación se marcaron diferentes destinos finales. Con Munich y Berlín por un lado, Moscú, Charkow y Turquía en el Este, pero también con Marsella y Rostow am Don, e incluso con Lisboa y Vladivostok.
Una de las características esenciales de este tren de alto rendimiento debía ser el extraordinario ancho de vía, que en un principio se había pensado de seis metros. Pese a que durante la segunda guerra mundial la planificación se concentraba fuertemente en la industria del armamento, los trabajos preliminares del ferrocarril de vía ancha continuaron hasta llegar a un cierto término a finales de 1942.»

Puede leerse y verse todo el proyecto con lujo de detalles, presupuestos, mapas, dibujos e ideología, incluso en lengua española, en la página que Feierbach mantiene en internet: http://www.feierbach.com

¿Cómo no van a estar preocupados los ingleses? ¿No habíamos quedado en que habían sido los alemanes quienes perdieron la guerra? Como era de suponer, a pesar de la polémica, en los cines británicos se sigue proyectando el anuncio que asocia a Hitler con el euro, a la Europa unida con la Alemania triunfante, y millones de ingleses, que ya se habían alarmado cuando la nueva moneda perdió el nombre que inicialmente había recibido en la lengua vencedora tras la guerra –el ECU, siglas en inglés de Unidad de Cuenta Europea, por presiones de quienes hablan en alemán y en francés, que saben que con las cosas del idioma no se juega y prefirieron un nuevo nombre más neutro–, vuelven a creer que la batalla del euro, la guerra por la libertad, puede no estar perdida del todo.

¿Lograrán la libra y el dólar ahogar al euro? ¿Es posible una coexistencia europea entre el euro y la libra? ¿Soportaría el dólar un euro más poderoso tras absorber a la libra? ¿Lograrán los vascos salirse de la moneda única y adoptar el batasuno? ¿Renacerán algún día la peseta, el escudo, el franco, el marco o la lira? ¿Se sentarán algún dia los conductores de los vehículos británicos a la izquierda y comenzarán a conducir como las personas normales? ¿Es compatible el nuevo imperio del euro con los restos del imperio británico? ¿Para cuando los petroeuros? ¿Aguantará el euro hasta el siglo que viene? ¿Cuándo circulará el hispano por América y Europa? Y qué pasa con Gibraltar: ¿lograrán hacerse independientes y acuñarán el narco? Las soluciones, pasado mañana...

 

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