Nódulo materialistaSeparata de la revista El Catoblepas • ISSN 1579-3974
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El Catoblepas
  El Catoblepasnúmero 6 • agosto 2002 • página 9
Economía
polémica

Gnoseología de un texto económico indice de la polémica

Javier Delgado Palomar

Se analiza el marco gnoseológico desde el que Javier Alvarado estudió,
en el pasado número de El Catoblepas, la tendencia al descenso
de la tasa de ganancia, y se discuten sus conclusiones

0. Introducción

Ha sido una grata sorpresa observar como mes a mes aumenta la participación y las colaboraciones en la sección de Economía de El Catoblepas, no sólo en cantidad, sino también en calidad. Me refiero, particularmente, al interesante artículo de Javier Alvarado Pérez, Sobre la tendencia al descenso de la tasa de ganancia. Un esquema de acumulación, publicado el mes pasado en esta misma sección. Sin embargo, nosotros, a pesar de valorar el intento y la valentía de Javier Alvarado (al enfrentarse a Mandel y a todo el marxismo en su escrito), nos vemos obligados a explicar por qué, desde nuestra perspectiva gnoseológica, desde la manera que tenemos de entender las ciencias y la verdad, tendremos que rechazar la conclusión principal de su escrito y sobre todo, el desarrollo de su argumentación.

Por tanto, en esta ocasión, abordaremos el análisis del texto de Javier Alvarado, entendiendo por análisis el análisis crítico, y por crítica la krinei griega, es decir, la clasificación. Trataremos de observar qué clase de texto es el mencionado, si es un «texto científico» o un «texto a secas» (usando su propia terminología) y de qué filosofía de la ciencia es solidario.

Comenzaremos, en una primera parte, mostrando un breve panorama del estado de la cuestión en torno al debate, en el seno del marxismo, sobre el problema de la tendencia descendiente de la tasa de ganancia, mostrando que una de las tesis principales de J. Alvarado (que la tasa decreciente de ganancia es meramente una tendencia que se puede corregir mediante la intervención política) ya había sido expuesta por otros autores, incluso proponiendo su sustitución por otras leyes (caso de Baran y Swezzy), pero iremos más allá y veremos que estas consideraciones ya se encontraban en el mismo tomo tercero de El Capital. Después de sobrevolar el panorama, nos lanzaremos, en la segunda parte, a la crítica de sus posiciones gnoseológicas, utilizando para ello el utillaje que nos ofrece el profesor Gustavo Bueno en la Teoría del cierre categorial{1}.

1. El Capital. Cien años de discusiones

No pretendemos, en esta primera parte, realizar un inventario exhaustivo de todas las polémicas o de todos los autores, que han tratado sobre el tema de las crisis capitalistas en general, pero sí ofreceremos una relación, lo suficientemente amplia para que el lector se haga una idea de la extensión que puede llegar a alcanzar el cuerpo teórico que se ha ocupado de estos asuntos. Tampoco intentaremos criticar o clasificar estas teorías y a estos autores, simplemente presentaremos, a grandes rasgos, parte de la tradición teórica, incluyendo en ella al escrito polémico que nos ocupa.

¿Son consistentes las teorías «del derrumbe» (de las crisis) capitalista? En ese artículo, Javier Alvarado cuestiona la validez y la coherencia de El Capital, y de estas teorías neomarxistas, para el estudio actual de la economía de mercado, a partir de una crítica a una de sus tesis fundamentales (la tendencia al descenso de la tasa de ganancia) sobre el fin del capitalismo a causa de sus crisis. El caso es que han pasado ya más de cien años desde la aparición del primer tomo de El capital, durante los cuales, la reflexión económica no se ha interrumpido{2} y nos es preciso reconocer la existencia de una tradición que se ha ocupado de tratar el tema de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia: además de los ya mencionados por Javier Alvarado –Rosa Luxemburgo, Otto Bauer y Henrynk Grossman– tendríamos que sumar, por ejemplo, a Eugen Vaga y a Nicolai Bujarin{3} y a los demás autores soviéticos que, directa u oblicuamente, se ocuparon del tema en la década de los veinte.

También en el marxismo occidental podemos encontrar autores ocupados en este tema. Será en los años sesenta y setenta, cuando algunos intelectuales marxistas creerán haber dado el golpe definitivo a la ley marxista de la tendencia decreciente. Los más conocidos{4} sean quizá Paul M. Sweezy y Paul A. Baran que, en su obra El Capital Monopolista{5}, comienzan con una descripción de las nuevas formas que reviste el «capitalismo de los monopolios» frente al viejo «capitalismo de competencia», concluyendo que estas nuevas determinaciones del capital no pueden ser entendidas con las categorías marxistas; valiendo esto, sobre todo para la «ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia» que estaría presuponiendo un sistema competitivo y no monopolista{6}.

Ya había Sweezy ensayado anteriormente sus críticas en una obra anterior, su Teoría del desarrollo capitalista:

«Si se supone que tanto la composición orgánica del capital como la tasa de plusvalor son variables, como creemos que debiera hacerse, entonces la dirección en que la tasa de ganancia cambiará se hace indeterminada (...) si los actos de los capitalistas tendrán éxito en la restauración de la tasa de ganancia o si actuarán solamente para apresurar su descenso, es una conclusión que no se puede apoyar en razones teóricas generales.»{7}

Más actual es un autor como Mandel, adalid del neomarxismo y la «teoría de las ondas largas»{8} y objeto de las críticas de Alvarado. Los teóricos marxistas neo-ortodoxos entienden que las relaciones de valor basadas en la dominación de clase capitalista y en la explotación del trabajo son inherentemente inestables y tendentes a la crisis, y también que el capitalismo en sí es dependiente de la existencia de crisis, forzadas por la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Las crisis económicas, sin embargo, pueden posponerse o desplazarse, pero mediante elementos exógenos (externos, como guerra, derrota de la clase obrera, &c.) a las propias relaciones del capital.

Al contrario de Mandel, para Javier Alvarado, estas posposiciones o desplazamientos de la crisis, han de poder ser también internos, endógenos, al propio sistema económico, es decir a las relaciones sociales de producción. Así, afirma en su artículo:

«Si la productividad del trabajo aumenta y no varía, o bien los salarios han crecido o bien el capital constante se acompaña de un número mayor de trabajadores. Pero como no deseamos tomar en consideración factores externos al proceso (como el aumento de la población o como un salario desviado respecto de su valor [...] el esquema deberá recoger valores de v decrecientes.»{9}

De esta manera, queda incorporado el texto de Javier Alvarado a esta tradición de textos{10} que se han ocupado sobre la ley de la tendencia al descenso de la cuota de ganancia, llevándonos su afirmación hasta el umbral mismo de su opción gnoseológica y hasta el comienzo de la segunda parte del artículo.

2. Una clasificación gnoseológica

En la segunda parte del artículo, como anunciamos en la introducción, utilizaremos la terminología empleada por el profesor Gustavo Bueno en la Teoría del Cierre Categorial, imprescindible para la clasificación de las posiciones gnoseológicas implícitas y también ejercitadas, en el artículo de J. Alvarado. Si a algún lector no familiarizado con esta teoría de la razón y de las ciencias le fuera difícil seguir el curso de los razonamientos, dispone en Internet del Diccionario Filosófico de Pelayo García Sierra para facilitarle la labor{11}.

Gustavo Bueno, en su Teoría, nos ha ofrecido una tipología de las diferentes escuelas y ramas de la «Teoría de la Ciencia»{12}. Utilizaremos esta tipología como plantilla para situar en ella el escrito de Javier Alvarado.

Ya desde el comienzo del artículo, Javier Alvarado, nos da algunas pistas de dónde debemos situarle (desde el punto de vista de la gnoseología), al encontrárnoslo metido de lleno en un problema de filosofía de la ciencia de primer orden: el «problema de la demarcación». Leamos lo que nos dice al respecto:

«Los textos científicos y los textos a secas tienen, simplemente, efectos, objetos y procedencias diferentes. Otras [...] No se encuentran en un mismo terreno ya dado. Algunos de ellos [de los «textos a secas»] proceden de prácticas sociales que, filosóficamente, podríamos llamar idealistas. [...] Con una procedencia tal, sólo pueden funcionar en orden a lo producción y reproducción de las mismas prácticas sociales que los engendraron. [...] Los textos científicos (en la medida en que lo sean), en cambio, proceden de otro lugar.»{13}

Observamos que para Alvarado sólo existen dos tipos de textos; los científicos y los no-científicos. Si nos quedáramos aquí, basándonos en estas afirmaciones, pudiera parecer que nos encontramos ante un positivista (nosotros preferimos decir descripcionista), que habría identificado a la ciencia con el conocimiento verdadero, un conocimiento que no «reproduce las prácticas sociales (imaginamos que capitalistas) que le engendraron» y que provendría de «otro lugar» (no sabemos dónde), de un sitio puro, matemático, objetivo, libre de ideología burguesa. Los textos no-científicos, cabe deducir, son «todos los demás» ya sean religiosos, ideológicos o filosóficos.

Pero no pueden ser estas afirmaciones las que nos den la clave del diagnóstico que cabe hacerle al escrito de Javier Alvarado, ya que él no se detiene aquí. Es a través de su concepción de la verdad, donde se nos desvelará su opción gnoseológica. ¿Y qué concepción de la verdad científica posee? No es, desde luego, la descripcionista «verdad como aletheia» en la que el ser se nos presenta «tal como es», ni la verdad como adequatio, sino la de verdad como coherencia, prototípica del teoreticismo. Leamos este fragmento de su artículo donde, por el comienzo espinosiano, creemos reconocer el eco de Luis Althusser{14}:

«Spinoza lo ha expresado de la manera más elegante, más pura: 'lo verdadero, se indica a sí mismo y a lo falso'. Su verdad o falsedad corresponden a criterios internos a la propia teoría: su consistencia, su compatibilidad...»{15}

Nos resistimos a incluir el escrito de Alvarado dentro del descripcionismo (aunque pudiera contener elementos, típicos del descripcionismo{16}), ni tampoco (aunque la concepción de la verdad como coherencia sea teoreticista primaria), al menos por el momento, dentro del teoreticismo de tipo primario, ya que éste admite cierto grado de verificación que el secundario ya no permite y sin embargo, el problema de la demarcación, nos lo encontraríamos en el teoreticismo secundario. En el escrito de Javier Alvarado se han aceptado los dos principios básicos del teoreticismo primario:

1) La tesis del origen no-empírico de las teorías científicas, por la cual las teorías no se desarrollan según las prescripciones del «paradigma inductivo Baconiano», sino que lo hacen, deductivamente, consiguiendo gigantescas formaciones matemáticas, que siguen sus ritmos sin prestar atención a los materiales empíricos.

«Esta idea, con muchas modulaciones, se extendió muy ampliamente; incluso A. Einstein parece aceptarla: 'pienso (como usted, por lo demás) que no se puede fabricar la teoría a partir de resultados de observación, sino sólo inventarla'.»{17}

2) La tesis de la no verificabilidad de los enunciados constitutivos del cuerpo teórico de las ciencias. Veamos cómo la acepta el mismo Alvarado:

«Al crearse el objeto científico 'capital' nada se dice de la existencia o inexistencia 'real', 'social' de una producción capitalista.»{18}

Pero aunque se hayan aceptado las tesis del teoreticismo primario, Javier Alvarado no se deja envolver del todo por él, debido a su preocupación por el «problema de la demarcación», típico del teoreticismo secundario. En efecto, cuando Popper descubrió que no sólo la ciencia, sino también la poesía o la metafísica podían ser internamente coherentes (esa coherencia que el teoreticismo reclama como Idea de Verdad) comprendió que necesitaba otro criterio de demarcación. Y propuso la falsación. El problema con que se encuentra Alvarado es que vuelve a dar un paso atrás cuando ya se encuentra en el umbral mismo del teoreticismo secundario y vuelve a recaer en el primario. De esta forma podemos llegar a concluir que la posición gnoseológica del artículo que nos ocupa es la de un punto intermedio entre el teoreticismo primario y secundario, aunque esta es una forma algo abstracta de expresarlo, puesto que, lo que ocurre en realidad, es que unas veces es una cosa (primario, cuando no acepta ningún tipo de cotejamiento o verificación de sus teorías con la realidad){19} y otras veces otra (secundario cuando reclama una demarcación entre textos científicos y textos a secas).

La crítica más profunda que cabe hacerle al teoreticismo, desde una perspectiva circularista, es la de mostrar la desconexión que ejerce de la vinculación diamérica y esencial entre las partes formales y las partes materiales del cuerpo científico. Por eso no quiere tener en cuenta «factores externos al proceso, como el incremento de población o como un salario desviado de su valor», factores que desde nuestra perspectiva son imposibles de segregar de una ciencia como la economía política{20}, sobre todo, en el momento de la dialéctica destructiva de la categoricidad económica{21}.

Este formalismo, que se nos presenta, como hemos mencionado, solidario de la Idea de verdad como coherencia{22}, está en el origen mismo de la economía actual. Una disciplina dominante (las matemáticas, la estadística) es aplicada a un campo (económico) que la desborda. Es decir, la economía actual es una disciplina científica constituida por segregación oblicua o aplicativa. Y es cuando se producen estos desbordamientos, es decir, en los momentos destructivos de la categoría económica, cuando observamos más claramente la desconexión entre las partes formales y partes materiales de la misma. Por ejemplo, en el momento en que un «factor externo», como una guerra, provoca cambios en los términos matemáticos, que ya no se pueden justificar por ellos mismos y por las relaciones entre ellos (formales).

La desconexión de las partes formales respecto de las materiales, en la que las partes materiales han quedado barridas (como basura empírica), es la que lleva a Alvarado a confundir supuestos y axiomas y a tratar a los primeros como si fueran los segundos. A partir de unos supuestos, deriva, deduce unas «demostraciones» que, en virtud del rompimiento mencionado, se pueden diagnosticar no ya como metaméricas, sino como metafísicas.

Así, a partir de supuestos tales como que «la masa de trabajadores permanece constante», «una igualdad de la tasas de beneficio de las dos ramas de la producción y una producción proporcional», «una composición orgánica del capital creciente» &c., se llega a la refutación de la ley marxista, lo que deja las puertas abiertas a Alvarado{23} para concluir un absurdo metafísico, a saber, el del perpetuum mobile (el capitalismo puede durar eternamente){24}.

De esta manera, también, puede decir (como hemos señalado en la nota 18) que no hace falta que exista el capitalismo para que lo que él deduce sea cierto. Parece que Marx caminaba «con los pies en la tierra» (queremos decir «en las partes materiales») mucho más profundamente que Javier Alvarado, cuando en una carta a Annenkov nos advierte de que...

«...Las categorías económicas no son más que abstracciones de esas relaciones reales, que sólo son verdades en la medida y durante tanto tiempo como esas relaciones existen.»{25}

Esperamos que después de este análisis, el escrito de Javier Alvarado haya quedado clasificado con suficiente claridad, sobre todo, para evitar posibles malas interpretaciones y que cualquier lector despistado pudiera pensar que, el mes pasado, leyó en El Catoblepas un «texto científico» y no un «texto a secas».

Notas

{1} Gustavo Bueno, Teoría del Cierre Categorial (5 Vols.), Pentalfa, Oviedo 1992.

{2} Puede verse, por ejemplo, Ernest Mandel, Cien años de controversia en torno al Capital, Siglo XXI, Madrid 1985.

{3} En realidad, la bibliografía sobre el tema es tan abundante que excede la labor de El Catoblepas ofrecerla al completo, daremos aquí una breve relación, que no es ni crítica ni completa, de algunos títulos, unos a favor de la ley marxista y otros en contra, que consideramos más interesantes:

• Michel Aglietta, Regulación y crisis del capitalismo, Siglo XXI, Madrid 1979.
• Michael Bleaney, Teorías de la crisis, Ed. Nuestro Tiempo, México 1977.
• Paul Boccara, «Cycles longs, mutations technologiques et originalité de la crise de structure actuelle», Issues, nº 16.
• Maurice Dobb, Economía Política y capitalismo, Fondo de Cultura Económica, México 1945.
• Geoff Hogson, «La teoría de la caída de la tasa de ganancia», Teoría, nº 1, Madrid, abril-junio 1979.
• Natalia Moskowska, Contribución a la dinámica del capitalismo tardío, Pasado y Presente, México 1981.
• Philip Van Parijs, «The falling-rate-of-profit theory of crisis: a rational reconstruction by way of obituary», Review of Radical Political Economy, nº 12, págs. 1-16.
• Luis Briones Rouco, «Teorías acerca de la tendencia (decreciente) de la tasa media de ganancia», Herramienta, nº 3, Otoño 1997.
• Roman Rosdolsky (1968): Génesis y estructura de El Capital de Marx (estudios sobre los Grundrisse), Siglo XXI, México 1978.
• Nathan Rosemberg, Claudio Frischtak, «La innovación tecnológica y los ciclos largos», en Papeles de Economía Española, nº 28, 1986, Madrid.
• Anwar Shakin, «Tendencia decreciente de la cuota de ganancia», en Bottomore (dir.) (1983): Diccionario del pensamiento marxista, Tecnos, Madrid 1984.

{4} Y extrañamente omitidos por Javier Alvarado, como si entre Grossman y Mandel no hubiera habido nada.

{5} Paul Baran y Paul Sweezy, El Capital Monopolista, Siglo XXI, Buenos Aires 1969.

{6} «Sustituyendo la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia por la ley del excedente creciente, no recusamos ni revisamos un antiguo y respetable teorema de la economía política: siemplemente tenemos en cuenta el hecho de que , desde la formulación de esa ley, la economía capitalista ha conocido un cambio esencial de estructura. El paso del capitalismo competitivo al capitalismo de monopolios representa un cambio esencialde estructura del que la sustitución de una por la otra no es más que su expresión teórica.» Ibíd, pág. 72.

{7} Sweezy, Teoría del desarrollo capitalista (cap. 4), Fondo de Cultura Económica, México 1973.

{8} Ernest Mandel, Las ondas largas del desarrollo capitalista, Siglo XXI Editores de España, Madrid 1986.

{9} Javier Alvarado, «Sobre la tendencia al descenso de la tasa de ganancia», El Catoblepas, nº 5 (julio 2002), pág. 8.

{10} Que proviene del mismo Marx: «En toda la producción capitalista ocurre lo mismo: la ley general sólo se impone como una tendencia predominante de un modo muy complicado y aproximativo, como una media jamas susceptible de ser fijada entre perpetuas fluctuaciones.» Carlos Marx, El Capital (tomo III), FCE, Méjico 1995, pág. 167.

{11} http://www.filosofia.org/filomat/

{12} «Estos cuatro grandes tipos (o 'familias') de teorías gnoseológicas, corresponden, tal como han sido 'deducidas', a teorías de primer orden, a tipos básicos o fundamentales: (1) El de las gnoseologías descripcionistas; (2) El de las gnoseologías teoreticistas; (3) El de las gnoseologías adecuacionistas; (4) El de las gnoseologías circularistas.»

{13} Javier Alvarado, «Sobre la tendencia...», El Catoblepas, nº 5 (julio 2002), pág. 8.

{14} No en vano toda la obra de Althusser se encuentra cruzada por la impugnación a Hegel y su demarcación entre ciencia e ideología. Pueden verse, de Luis Althuser, La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, Méjico 1967 y Para leer 'El Capital', Siglo XXI, Méjico 1974.

También Gustavo Bueno sitúa, en el cuarto volumen de la Teoría del Cierre Categorial, todo el pensamiento solidario de la gnoseología del «corte epistemológico» dentro de la clase de doctrinas denominadas teoreticistas de tipo primario, sin embargo, no les concede la misma relevancia que a Poincaré o a Popper (este último, teoreticista de tipo secundario):

«Dejamos de lado [en este apartado] todas las especulaciones gnoseológicas tipo Bachelard, Canguilhem, Focault, así como las del círculo de Althusser, &c., por considerar que ellas tienen más bien un interés para la historia de las ciencias y que se mantienen alejadas de los problemas verdaderamente filosóficos.» Gustavo Bueno, Teoría del Cierre Categorial, vol. 4, Pentalfa, Oviedo 1992, pág. 178.

{15} Javier Alvarado, «Sobre la tendencia...», El Catoblepas, nº 5 (julio 2002), pág. 8.

{16} Es completamente normal, por otro lado, que sobrevivan componentes descripcionistas en una concepción teoreticista, como, por ejemplo, el formalismo, ya que es lógicamente anterior el uno al otro. Es decir, para que haya teoreticismo ha tenido que existir antes la Concepción heredada :

«...Y todo esto nos permitiría considerar al descripcionismo como la 'primera escuela' de teoría de la ciencia en sentido actual; pues ella sería la que propiamente habría planteado los grandes problemas en torno a los cuales gira la teoría de la ciencia.» Gustavo Bueno, TCC, vol. 1, pág. 71.

{17} Carta de Einstein a Popper de 11 de septiembre de 1935 en Karl Popper, La lógica de la investigación científica, pág 147, citado por Gustavo Bueno en TCC, vol. 4, pág. 179.

{18} Javier Alvarado, «Sobre la tendencia...», El Catoblepas, nº 5 (julio 2002), pág. 8.

{19} No aceptaría ni una verificación, ni una refutación; como por ejemplo, cuando afirma que aunque se produzcan las crisis, esto no afecta a la coherencia de su exposición: «Nada impide, sin embargo, que en una situación concreta dicho incremento no se produzca o que su reducida cuantía provoque una disminución de la tasa de beneficio, ni que factores circunstanciales puedan desencadenar crisis circunstanciales». Javier Alvarado, «Sobre la tendencia...», El Catoblepas, nº 5 (julio 2002), pág. 8.

{20} Para conocer como trata el materialismo filosófico la cuestión de la clasificación y división de las ciencias puede verse, por ejemplo, Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial, vol. 1, págs. 196-214.

{21} Un ejemplo de rompimiento dialectico de la categoría económica nos lo ofrece Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de la economía política, La Gaya Ciencia, Barcelona 1972: «El cierre proporcionado por la Ley de Le Say conduce a una política no intervencionista (o, viceversa, la política no intervencionista, se expresa académicamente como Ley de Le Say), cuyo desarrollo, cíclicamente distorsionado por crisis de superproducción, amenazan con quebrar la estabilidad del sistema. Este 'reacciona' modificando los Postulados de su cierre, introduciendo nuevos functores de cierre, incluidas las guerras, el New Deal, el fascismo (que deja de ser simplemente una etapa interna de desenvolvimiento del capitalismo para convertirse en una rectificación dialéctica ante la experiencia socialista, o ante la crítica de Marx a la propia Ley de Le Say.» (pág. 112).

{22} La concepción de la verdad propia de la gnoseología del cierre es la de verdad como identidad sintética. Al respecto puede verse Gustavo Bueno, Teoría del cierre categorial, vol. 1, Pentalfa, Oviedo 1992, págs. 140-183.

{23} Parece casi inevitable al científico, después de horas y horas realizando gráficas y ecuaciones, encontrar algún sentido ontológico a su labor (por motivos más lógicos que psicológicos). Es ese uno de los momentos en los cuales la categoría científica se rompe y comienza la «filosofía espontánea de los científicos».

{24} «El Imperio diamérico máximo o universal estaría constituido como un sistema tal en el que un Estado mantuviera su hegemonía respecto de todos los demás Estados. El 'Imperio diamérico universal' no ha existido nunca en la Historia; es una Idea límite porque ella comportaría la extinción misma del Estado. Una Idea, por tanto, comparable a la Idea de los gases perfectos o la Idea de perpetuum mobile.» Gustavo Bueno, España frente a Europa, Alba Editorial, Barcelona 1999, pág. 194.

{25} Carta de Marx a Annenkov, con fecha 28 de Diciembre de 1846, citada por Elmar Altvater, La actualidad de 'El Capital', en VV.AA., Leyendo el capital, Editorial Fundamentos, Madrid 1972.

 

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