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El Catoblepas
  El Catoblepasnúmero 1 • marzo 2002 • página 7
cine

Matrix, creerás lo increíble

Marcos Morán

Comentario crítico sobre la película The Matrix,
dirigida por Andy y Larry Wachonwski (EE.UU. 1999, 136 minutos)

1. Presentación

Con Matrix asistimos a uno de los fenómenos peculiares que se dan cuando una película puede convertirse en algo más que otra de tantas presencias en las carteleras. Y decimos esto porque podría ser que a más de uno le parezca todo lo contrario. Y es que estamos ante una de las proyecciones contemporáneas que más atracción ha ejercido sobre el público en general. Realmente podemos asegurar, a juzgar por su auge en los foros de internet sobre todo, que no exageramos al catalogarla como película de culto para gran parte de las jóvenes hornadas de cinéfilos.

Pero si empezamos con este tono aparentemente irónico es porque reconocemos que la película en cuestión merece tal efervescencia social, a pesar de que su temática sea simplemente la de una más entre los filmes de acción. Y aunque, todo hay que decirlo, hoy ya no figura en ninguna lista de audiencia, su importancia puede medirse por la venta de sus correspondientes ejemplares en cintas de vídeo. O si se quiere sólo hay que observar cómo presentan su proyección en la programación televisiva, es decir, no se trata de una novedad más, sino que ella misma vale para encabezar la colección de esta temporada en lo que a películas de la semana se refiere. No obstante, estos casos son simples notas de su relevancia pública, no otra cosa.

Es evidente que a mí esa película me gustó; a mí como a casi todo el mundo con el que he podido comentar algo sobre ella. En fin, podríamos seguir constatando su enorme influencia haciendo referencia a los anuncios que han tomado características indiscutiblemente suyas; o sobre su publicidad «encubierta» mostrando pilas Duracell, móviles Nokia, y alguna que otra cosa. Pero de lo que aquí queremos tratar es de la potencialidad pedagógica que para con la filosofía administrada se puede advertir en su trama y peripecias. Y lo que es más sorprendente la potencial variabilidad de esquemas filosóficos (e ideológicos) que cuando se para uno a observar algo más detenidamente somos capaces de determinar en ella, o a través de ella. Por eso cabría subrayar que las cuestiones a las que vamos a hacer referencia no son todas ocurrencias mías. Son interpretaciones de otros amigos que se interesaron especialmente por su argumento y estructura ideológica. Por este motivo, conviene advertir que la tesis interpretativa que presentaremos a continuación es fruto de la crítica, reconstrucción y ampliación de todas ellas, al mismo tiempo que en modo alguno pretendemos haber agotado la totalidad de perspectivas desde las que afrontar su análisis. Tan sólo haremos referencia a cuatro o cinco posibilidades por ser éstas, creemos, las más fértiles, todo de forma muy general.

2. Un esbozo de la película

Neo (Keanu Reeves) es el nombre cibernáutico de un joven empleado en una importante multinacional que tiene las clásicas inquietudes y sospechas sobre el sistema. Un día cualquiera (no es cierto, pues parece ser que todo estaba predestinado más o menos) nuestro protagonista es abordado por un tal Morfeo (Laurence Fishburne), el cual, junto a otros activistas consiguen atraerlo, tras varias peripecias, hacia la posibilidad de conocer la verdad que revolotea, nada más y nada menos, sobre Matrix. Ahora bien, la cosa en este punto no tiene marcha atrás para él, la decisión es una disyuntiva que Neo afronta con riesgo (porque si no se acaba la película), y entonces el descalabro vital de nuestro protagonista es cataclísmico. Resulta que todo lo que hasta ese momento creíamos que era verdad tan sólo es algo así como una falsa realidad fruto de una suerte de psico-red neural controlada por un mundo de máquinas pensantes. La cosa es bastante sencilla pues, según se nos cuenta, unos dos siglos antes parece ser que se logró construir una inteligencia artificial, y el resto es una lucha a muerte entre los hombres y las máquinas que, por supuesto, ganan ellas. Todos los humanos forman parte de un gigantesco cultivo destinado a producir energía corporal y cerebral. Mientras, el único atisbo de libertad para los refugiados en la última ciudad libre, situada en el centro de la Tierra, pasa por las manos de Neo «el elegido», una vez éste haya entrado en razón y reconocido su imprescindible papel libertador.

La cosa es típica, y la explicación bastante traída por los pelos, pero la trama se hace verosímil y el espectador, por supuesto, enganchado por la fuerza de la acción (junto con una potente música), no piensa una sola vez en moverse de su butaca. Y es que ahora estamos en el bando de los buenos encargados de rescatar al resto de los humanos-batería y combatir contra las máquinas. Pero, lo realmente atractivo es que la acción se lleva a cabo entre los dos mundos (el real y el virtual), porque estos rebeldes poseen la tecnología que les permite introducirse en el gran mundo proyectado distributivamente por las máquinas pensantes de matrix en cada esclavo conformando la totalidad atributiva que es el entramado psiconeural llamado matrix.

3. La película a través de algunas posibles interpretaciones

Como bien sabe todo aquel que haya visto Matrix, su interés filosófico se hace patente no sólo por sus célebres sentencias tales como «conócete a ti mismo» cuando los protagonistas van a visitar el oráculo de claras reminiscencias socráticas, griegas; o por las referencias explícitas a mitos como el de el mundo de Oz, o Alicia en el país de las maravillas. Más bien, dicho interés queremos situarlo, ante la articulación ontológica a que constantemente nos fuerza el desarrollo de la peripecia. Para decirlo en términos vulgares, lo que se discute en esta película gira en torno al estatuto de la realidad, mediante el problema que circula entre lo que llamamos antes mundo real y mundo virtual. Por lo tanto, estos dos planos serán los que amueblen el escenario de los protagonistas y su correspondiente acción. Por todo esto, nosotros creemos que la filosofía académica sí debe tener algo que decir respecto a dichas cuestiones, y no sólo porque se traten de problemas absolutamente centrales para la tradición académica, aunque en este caso eso sólo ya vale para justificar nuestra tentativa crítica. Parece que logramos así, por un lado, reconstruir la película desde varias perspectivas comúnmente adscritas a la academia, y por otro lado, conseguimos (o al menos, lo intentamos) administrar esas doctrinas desde el contexto de una película (Matrix, en este caso). Así, las opciones interpretativas serán las que siguen.

3.1. La primera tentativa que se nos ofrece clara es la cartesiana. Según ella Neo cumpliría el papel de un ser, que preso de las hipótesis cartesianas, no es capaz de discernir entre los sueños y la vigilia. De hecho ese es el recurso que se emplea para confundir al espectador manteniéndolo de esta forma en estado de alerta, pues cada vez que sucede algo inesperado o sospechoso (en lo que a la realidad de Neo se refiere) alterándose la continuidad vital del personaje, el recurso más fácil para reintroducirlo en la correcta trama consiste justamente en hacerle despertar de una pesadilla o un sueño, con lo que todo ha de quedar en suspenso, y todo lo sucedido se vuelve carne de dudas. «¿Qué es matrix...?» es la pregunta que flota por su vida no se sabe cómo, sobre todo en la primera mitad de la historia.

Así, el programa encargado de administrar la vida en imágenes a los hombres durmientes cumpliría el papel de Genio Maligno. Funcionaría como una conciencia envolvente positiva, es decir, etológica (o política), capaz de engañar a los ignorantes esclavos por medio de apariencias de realidad. Otra cosa es admitir que una máquina pueda cumplir los requisitos etológicos para funcionar al nivel de esa plataforma ontológica. Pero el esquema puede ser válido para explicar el concepto cartesiano de forma sencilla.

Por otro lado, es evidente que el director, guionista, y componentes técnicos del filme no pretenden que el espectador trague semejantes bolas, pero sí que el asunto así planteado valga para que la cosa sea simplemente verosímil. De tal forma que estos, los espectadores, a través de los personajes en acción, accedan a un mensaje de rebeldía, desacato, o incluso de revolución respecto del mundo real, pero, esta vez, el del espectador, ya fuera del cine. Era bastante frecuente oír el aire de complacencia en los comentarios de la gente que presenció esta historia. Todos salíamos de la sala con cierto aire de confusión y de rebeldía. Sin embargo, si optamos por interpretar la trama (o alguna de sus partes fundamentales) desde esta perspectiva mejor será diferenciarla respecto de la cartesiana.

3.2. La segunda posición desde la que contemplar Matrix la vamos a llamar perspectiva marxista-leninista. Aquí se ha de hacer hincapié en el papel de denuncia respecto de la falsa conciencia que absorbe a los hombres parasitados por el gran sistema opresor. Si ellos hacen el papel de hombres alienados que creen vivir una vida normal, es decir, las masas de trabajadores y proletarios que conformarían la llamada clase trabajadora, entonces los secuaces de Neo y Morfeo realizan el de la vanguardia progresista encargada de hacer propaganda y agitación contra matrix, o si se quiere contra la estructura capitalista articulada en torno a las clases privilegiadas explotadoras de las plusvalías producidas por unos peculiares obreros durmientes. De hecho las actividades de los protagonistas consisten en aprovechar las pequeñas fisuras que el sistema informático posee para intentar despertar a todo el que esté capacitado para ello. Tenemos varios ejemplos en la película de tales actividades propagandísticas. Cabe señalar la de la última escena de la película, que prácticamente lo que logra es abrir el paso a una nueva fase en la lucha una vez que Neo es capaz de controlar todo su potencial (por eso es el protagonista, el elegido,...); ¿se abre paso a una segunda entrega de la saga Matrix? seguramente, pero lo que sí queda en el espectador es una visión de la realidad que hay que transformar, porque la película acaba sin comenzar la guerra definitiva que someta a las máquinas. La cancelación que el espectador realiza sobre la historia abre esa opción rebelde, al menos, con el final de la proyección.

Hasta aquí, las dos interpretaciones parecen ajustarse más o menos al desarrollo de la trama, pero nos parece que es posible elaborar una reconstrucción más fina en lo tocante a los planos ontológicos ya aludidos mediante la siguiente perspectiva.

3.3. Esta tercera alternativa la queremos llamar platónica. No debe ofrecer muchas dudas que el esquema al que vamos a referirnos es el del mito de la caverna (y en su trasfondo las partes que componen la epistemología de la línea platónica narrada en el libro VI de su República). De todas maneras, advertimos de antemano que la comparación es orientativa, y sin ánimo de presentar una analogía exhaustiva.

Después de lo dicho, Neo realizaría el papel del esclavo que se libera y sale de la caverna, hasta ver la luz del Sol, únicamente tras adaptar sus ojos mediante sucesivos entrenamientos de su capacidad visual (acostumbrada a, tan sólo, ver sombras). Pero lo interesante es que podemos poner en comparación esas fases de la línea platónica con unas presuntos estadios por los que pasa Neo a lo largo de su aventura. Se iría en ellos desde la doxa hasta la episteme, pasando por las correspondientes cuatro proporciones (pistis, eikasía, dianoia y noesis), aunque la comparación sólo tendría valor en las partes del inicio y del final. Es decir, en la película obtendríamos sin forzarlo las cuatro fases, pero en cuanto meros estadios intermedios, aunque imprescindibles, de acuerdo al esquema platónico. Dichas fases harían referencia al paulatino despertar del protagonista de modo similar al esclavo de la caverna.

De acuerdo con este esquema, los cuatro niveles que recorre Neo (y ese es el desarrollo completo de la historia) se articularían entre las siguientes secuencias:

a) [Ingestión de la pastilla roja – Salida de la cubeta de cultivo]

b) [Primer conocimiento de lo virtual y su rechazo – Inicio de entrenamientos virtuales]

c) [Entrada en matrix y visita al oráculo – Lucha real en matrix]

d) [Muerte y resurrección en matrix – conocimiento de matrix en su estructura real]

Cada uno de estos pares ordenados corresponderían a los sucesivos momentos epistemológicos por los que es posible pasar de acuerdo con la estructura de la historia; esta es su lógica posible. Ello no quiere decir que todo individuo recorra necesariamente todas las fases (y recorrer aquí significa conocer por ejercitación), en absoluto, lo necesario es que eso no suceda, de manera que sólo uno, el elegido, pueda alcanzar la última fase llegando así a la episteme en matrix, es decir, a dominarla totalmente mediante un conocimiento realmente interno (aquí las imágenes son muy útiles, pues lo que hasta este momento eran personas, o más bien imágenes de personas, ahora aparecen atomizados en compuestos digitalizados, que dentro de la lógica visual inevitable del celuloide, pretenden cancelar las imágenes precedentes de forma sobrada). Habrá que remarcar, a su vez, cómo este es el lugar donde más se despega de la estructura platónica, puesto que en Platón nunca se reconocería un límite de este tipo, ya que son muchos los que pueden alcanzar la episteme (aun cuando sólo pueda haber un rey filósofo, &c.). A su vez, habría que hacer mención de una diferencia crucial entre los esquemas del mito de la caverna y el despertar en matrix, a saber: que en Platón cada fase es ascendente, hacia las afueras de la caverna hasta ver la luz del Sol para luego volver al interior de aquella, mientras que en matrix, parte del ascenso epistemológico se realiza justamente dirigiéndose hacia la interioridad de la misma caverna, es decir, del mundo apariencial de matrix. Es evidente que podríamos matizar muchas cosas más, pero dejémoslo aquí.

Ahora bien, hay otra característica que no podemos dejar de lado, y que muchos puede ya hayan advertido. Aunque eso remite al último enfoque interpretativo, lejos ya de estos prismas fundamentalmente de orientación pedagógica si se quiere.

3.4. Corresponde aquí bosquejar una lectura judeocristiana, aun cuando quizás fuera preferible dejarlo tan sólo en judía. No obstante, esa decisión se la ofrecemos al lector, pues creemos que lo más relevante es llegar a este planteamiento de la cuestión. Diferenciar entre ambas, digamos alternativas, será importante, pero no más que no llegar a la misma perspectiva 3.4, porque ésta, y no otra, es la única que nos saca de la mera película y nos acerca al mundo en su dimensión más importante, en su vertiente político-social, que nos forzaría a hablar de, por ejemplo, la Warner, o de la peculiar lectura que se hace en los cines de Israel (hoy, tal y como está la situación en Palestina) de esta historia. O mejor dicho, que nos reinstaura a la película en su plataforma mundana. Desde este prisma veremos reinterpretadas las lecturas precedentes de forma que la marxista, por ejemplo, cobra un reajuste crítico central en lo que concierne al despertar metafísico del hombre frente al despertar, por llamarlo así, (también mítico, pero a una escala política más precisa) del pueblo judío de nuestro presente inmediato. El valor crítico que se alcanza con esta cuarta lectura es paralelo al que alcanzamos en los tres apartados previos frente a posibles lecturas estético-técnicas, o sea, centradas en el llamado «lenguaje fílmico» (hablándose de planos, contraplanos, picados, iluminaciones, ritmo de diálogos, etc, cosas centrales, pero sólo cuando primero se han realizado las lecturas filosófico-ideológicas). De acuerdo con esto, no queremos decir que las lecturas filosóficas no estén políticamente implantadas, tan sólo que ellas nos remiten a una realidad académica (y que por tanto siempre estará dentro de la ciudad, aun cuando sus orientaciones puedan llegar a ser de aislamiento, de implantación gnóstica).

Señalaríamos, así, muy brevemente cuatro características. En primer lugar, el carácter escatológico del tema fílmico, es decir, la inminente llegada de un individuo especial, el elegido, claramente un Mesías portador de una buena nueva (su nombre de combate es Neo, mientras su nombre de persona adocenada es otro, señor Anderson suele decirse en la película). Se trata de la cuestión del kerigma judaico de la época del Jesús histórico, anterior a ser transformado en el mito de Cristo; se trata del sujeto revolucionario portador de la salvación del pueblo de Israel (de entre tantos que hubo antes y después de Jesús según nos cuenta Flavio Josefo). Pero una salvación terrena, para nada espiritual (como se situaría siglos después en La Ciudad de Dios agustiniana), encargada de otorgar un territorio largamente esperado, la salvación de los hombres refugiados en el centro de la Tierra, la única ciudad de hombres libres («cerca del núcleo», donde aun hay calor para vivir ya que la atmósfera ha sido destruida y oscurecida para impedir a las máquinas abastecerse de energía solar). Esta ciudad se llama Sión. No podemos pensar que sea una casualidad el nombre escogido, así como el peculiar modo que adopta aquí la estructura utópica, pues no hay lugar o forma de acceso posible desde matrix para los vigilantes (ni para los esclavos aun sin despertar). Como tercer rasgo destacamos la cuestión de la muerte y resurrección, que también son notas evidentes a tener en cuenta, a pesar de que aquí la cosa remita más al cristianismo, a pesar de que a su vez, se coloree el asunto, por ejemplo, con el mito del beso amoroso de la bella durmiente. Y como última señal, proponemos al código fuente propio del ordenador central de matrix, que, parece ser, toma sus caracteres del alfabeto hebraico, aunque esta cuestión es difícil de precisar pues las pantallas observables en la película nunca, o muy pocas veces, figuran en primer plano, y además los caracteres del código están en constante movimiento descendente. Podría hacerse exégesis de los nombres de algunos de los personajes para ver su relevancia con respecto a esta lectura (Tanque, Cifra, Trinity, &c.; ¿se refieren a los tanques del ejercito de Israel?, ¿se alude a los textos, del Antiguo Testamento, en concreto al de los números?, es la Santísima Trinidad la velada por el nombre de la heroína de la película?), pero parece difícil ajustar todos los nombres.

Seguramente habría más cosas resaltar para cada interpretación, así como también es posible elaborar una crítica comparativa de las alternativas, observando sus respectivas dialécticas, o agregar datos complementarios, &c. Pero, eso haría este texto demasiado complejo y amplio, perdiéndose el objetivo inicial.

4. Final

Por último, queremos sólo apuntar algunas cuestiones a las que nos parece inevitable hacer referencia. Son cuestiones que hacen de esta película algo especial, por no decir, siendo algo imprudentes, que la hacen única. Consiste en la cuestión aludida desde el inicio, es decir, lo relativo a las relaciones virtual-real. Recordemos que en la historia, digamos, que el 80% de la peripecia se realiza en los diferentes modos del ámbito virtual.

Sin entrar en muchas complicaciones, Matrix destaca por la relevancia de los efectos especiales, ese avance fílmico que transforma la objetividad de la imagen de los fotogramas, articulados mediante una sucesión adecuada a la visión del movimiento, en algo no objetivo, en una imagen subjetiva, puesto que el correlato alotético (o sea, la realidad referida por la imagen) no es real. Y no lo es porque los procesos de fotosensibilidad de la película respecto de las frecuencias en torno a la luz visible ya no intervienen en la creación de la grabación en el celuloide por medio del rodaje (ahora las imágenes son construidas por analogía, por parecido, pero no mediante procesos objetivos, sin perjuicio de que los procesos sean más complejos, y más fructíferos contra tantos puristas del cine de carne y hueso). Pero, hasta aquí nada ha dejado de ser común a multitud de filmes que incorporan la técnica de los efectos especiales (al margen de todas las matizaciones que en torno de su concepto podríamos determinar; así, la pintura, toda ella, por ejemplo, podría ser vista como una gran variedad de efectos especiales, si no nos equivocamos). Sin embargo, en nuestra película sucede que esos efectos especiales son constitutivos formalmente de la historia, es decir, que tienen que ser efectos especiales para ser reales. Porque lo real, dentro de la lógica de la historia, es que los hombres están engañados. Y esto no es un galimatías, pues en matrix los sucesos, las imágenes son aparienciales (apariencias falaces), o lo que es lo mismo, sus correlatos no son objetos apotéticos (digamos que con posibilidad de estar al alcance de la mano) aun cuando esa es la impresión que tiene todo aquel que vive y presencia sucesos en matrix, de tal modo que para la lógica formal de la historia es absolutamente imprescindible que matrix, esa peculiar red psiconeural que engaña a ingentes cantidades de cosechas humanas, sea una realidad visualmente falsa, engañosa. Lo único que hace falta es que los sujetos no se percaten de esos efectos dirigidos a las mentes de cada esclavo por algo así como un gran superordenador central inteligente. La nueva mente del emperador.

Otra cuestión es la de que los espectadores consideremos posible reducir nuestra vida, nuestras operaciones y relaciones corpóreas a meras interacciones neuronales, como si la realidad pudiera sustantivarse en las componentes cerebrales prescindiéndose del resto de la materia que entra en juego necesariamente en cualquier desarrollo vital (a pesar de que existan demasiados iluminados, muchos, célebres académicos, que pretenden haber explicado las cosas mediante argumentaciones tan ridículas pero orientadas no para ficciones cinematográficas, y que únicamente son válidas, según hemos visto, para historietas, por otro lado incluso útiles, como creemos haber apuntado en nuestra demostración).

Por lo demás, somos conscientes de que la fertilidad de esta película no se agota en este comentario. Ni mucho menos, por eso apelamos al público para que realice las críticas o comentarios que considere necesario. Por ahora, nada más.

 

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