David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El Centro Internacional de Lingüística

Sólo los evangélicos están intentando traducir un mismo texto a cada uno de los idiomas del mundo. Nadie más pretende sembrar la manzana de la discordia del alfabetismo en cada sociedad ágrafa viviente, y recientemente Wycliffe estaba realizando el ochenta por ciento de la labor pionera{1}. La tarea parece no tener fin porque Wycliffe está constantemente distinguiendo más dialectos –sólo en el idioma Mixteco la filial mexicana ha identificado veintiocho– que ésta considera requieren sus propias traducciones Bíblicas. Lejos de las dos mil lenguas por delante, después de cuarenta años Wycliffe contó 3.279 idiomas que definitiva o posiblemente necesitaban traducción de la Biblia{2}. Es probable que la cifra aumente dado que la mayor parte del terreno no ha sido inspeccionado detenidamente. En la India, donde el total actual definitivo/posible de Wycliffe es 216, éste ha informado a otras misiones que podrían ser necesarias ochocientas traducciones{3}. Al costo actual de traducir un Nuevo Testamento (unos cinco miembros por idioma a 6.840 dólares por miembro en 1980 por veinte años), sólo la India podría requerir una inversión de más de medio millar de millones de dólares{4}. Sin desanimarse Wycliffe sostuvo hasta hace poco que llegaría a «cada una de las tribus para 1985», con seis a ocho mil nuevos miembros para esta fecha para completar la Gran Comisión en el año 2000. Mientras este sueño [344] se desvanecía, Wycliffe se retiró a «[para alcanzar] cada uno en su propia lengua», declarando que perseveraría «hasta que la obra esté lista o nuestro Señor venga»{5}.

Los grandes obstáculos a los planes de Wycliffe son, por supuesto, políticos. Dado que cada idioma debe tener sus santos para cumplir Revelaciones 7: 9, y como el Señor podría no retornar hasta que los movimientos evangélicos hayan arrasado en todas partes del orbe, debe encontrar una senda hacia los reinos menos hospitalarios de la tierra, tales como la República Popular de Mongolia. Tampoco es Wycliffe muy internacional: el 29% de los miembros de fuera de Estados Unidos procede casi totalmente de Europa y de los asentamientos blancos del Imperio Británico.

En la conferencia bienal de 1975 recayó en un inglés, el Director del Área de África John Bendor-Samuel, presentar las «duras realidades» a una organización que aún ondea la bandera estadounidense{6}. Ante su observación de que grandes cantidades de norteamericanos ya no pueden ser enviados al Tercer Mundo, un miembro que trabajaba en Latinoamérica preguntó ¿cómo pueden hacer para quedarse donde ya están? Aunque en la tierra natal la fe continuaba floreciendo –las filas de Wycliffe se duplicaron en los años cuarenta, cuadruplicaron en los cincuenta, duplicaron nuevamente en los sesenta y se volvieron a duplicar para 1980 a más de cuatro mil– Wycliffe podría ya no tener sentido en términos de lo que espera lograr. Con la tasa histórica de multiplicación y la tasa reciente de expulsión, ¿cómo se va a ocupar a ocho mil miembros predominantemente norteamericanos para 1990? ¿Y dieciséis mil para el año 2000?

Claramente, se necesitaba una nueva estrategia para poner de nuevo al alcance el año del milenio. Consistía en reclutar ciudadanos de los campos misionales, gente cuya piel no fuera blanca, para producir muchos de aquellos Nuevos Testamentos. Con ese fin en mente, durante la década del ochenta Wycliffe planeaba terminar quinientas traducciones, incluyendo casi todos los idiomas de las Américas; diseñar estrategias para la China, las áreas islámicas y los países socialistas; y reclutar un número relativamente modesto de nuevos traductores y personal de apoyo –tres mil– para hacerse cargo de ochocientos idiomas más{7}. [345] De prosperar estos planes, con el número de idiomas duplicándose nuevamente en los años noventa, para fin de siglo Wycliffe estaría acercándose a su meta de traducción universal.

Cuando Guillermo Townsend se retiró del cargo de director general en 1971, fue con algún presentimiento de la creciente irracionalidad de la racionalidad Wycliffe que él había puesto en movimiento. A juzgar por los Hefley, los factores precipitantes incluían, no sólo su edad y las libertades que se tomaba, sino una serie de propuestas impopulares de ampliar la base de miembros. En tregua con los desconfiados obispos colombianos, intentó cumplir su compromiso no-sectario al guiar a un católico hacia la afiliación. Pero incluso el argumento de que Paul Witte impresionaría a los obispos no logró conmover a los miembros de la junta directiva ni a la conferencia bienal de 1967. La principal objeción era la esperada «reacción de algunos miembros y sostenedores... una preocupación práctica: pérdida de apoyo». Cuando Townsend auspició un arreglo a medias para Witte, la filial mexicana protestó, y la junta directiva ordenó a la filial colombiana acabar con eso. Para fines de los años sesenta, Townsend estaba presionando a Wycliffe a reclutar a latinoamericanos: en 1981 había quince. Él quería dejar de lado el inglés como requisito para poder ser miembro, lo que la junta directiva rechazó, y reclutar a negros norteamericanos: ninguno entró. También trató de llevar al ILV a la Unión Soviética, lo que desató una reacción anticomunista; y criticó la organización por su racismo{8}.

En la conferencia bienal de 1969, había «fuertes insinuaciones» de que Townsend estaba demasiado viejo para ser director general. En la siguiente fue consagrado fundador. Su mensaje de despedida incluía «adhesión incompleta a nuestra política no-sectaria»; indulgencia en «actividades de tipo misional» que pudieran causar alarma en países como la India o Nepal; discriminación contra los pentecostales; intolerancia hacia los hábitos personales de algunos miembros (tales como luteranos que no pensaban abstenerse del vino y la cerveza); «una casi inconsciente tolerancia de actitudes racistas»; y «sobreindependencia» de parte del ILV en los climas nacionalistas{9}.

En varias conferencias bienales, Wycliffe discutió sin mucho entusiasmo el carácter anticuado del 'patrón centro' –la base, dos [346] extranjeros en cada idioma, más por lo menos igual cantidad de personal de apoyo– y la necesidad de hacer más 'nacional' la traducción de la Biblia. Existen argumentos técnicos en contra de confiar la traducción Bíblica completamente a los hablantes nativos. En caso de que un traductor autóctono tuviera el conocimiento suficiente del idioma dominante, la Biblia y la lingüística que Wycliffe considera necesarias, podría haber estado lejos de su gente tanto tiempo que al haber perdido contacto con las expresiones comunes, produciría traducciones sobre-educadas. La filosofía de Wycliffe presenta otro dilema: dado que esperar a que la iglesia autóctona traduzca la Biblia por sí misma «conden [a] a la primera generación... a vivir sin las Escrituras» y es «menos bueno», en palabras de George Cowan, Wycliffe quiere estar presente en la fundación donde quiera que sea posible{10}. Por último, como señala Elaine Beekman, en la mayoría de idiomas no hay «ningún interés» en la traducción de la Biblia.

Poco a poco, sin embargo, Wycliffe admitió la absoluta dependencia del traductor extranjero frente a su 'ayudante nativo', quien está siendo ascendido a 'co-traductor'. «No me las podía arreglar sin los... ayudantes de idioma», admitían los traductores para principios de los setenta, «pero ellos tampoco podían hacerlo solos»{11}. Aun así, ninguno de los argumentos técnicos explicaba por qué había tan pocos colombianos, filipinos, &c. en Wycliffe. En 1978 los miembros del Tercer Mundo sumaban catorce{12}. Varios problemas estaban en juego. Ya que la mayor parte de las iglesias nacionales eran libres de practicar cualquier ejercicio religioso que les gustara, preferían el evangelismo enérgico a las sutiles estratagemas de Wycliffe. Tampoco era probable que financiaran dos décadas de trabajo de escritorio en cada uno de los innumerables idiomas nativos cuando opinaban que sus propios idiomas, tales como el español, eran suficientes para evangelizar a pueblos cuyos idiomas estaban seguramente desapareciendo de todas formas. Tampoco había estado Wycliffe muy interesado en reclutarlas.

Con todo, ya no era tan provechoso ser un miembro del Instituto Lingüístico de Verano. En muchos países a lo más que se podía aspirar era a un equipo relativamente pequeño de consultores altamente calificados, cada uno de los cuales entrará a una familia de idiomas [347] emparentados para capacitar a hablantes nativos o a otros ciudadanos para hacer la mayor parte del trabajo{13}. La solución nacional sería moldeada por varias presiones: ya que reclutar ciudadanos de países anfitriones del ILV/TWB podía volverse contraproducente, se podría requerir agencias nacionales paralelas. Dado que la mayor parte de la fe en la traducción universal de la Biblia residía en los Estados Unidos, donde las iglesias preferían financiar a su propia gente, los traductores con nombres como Juan Pérez podrían necesitar respaldo económico. Y como Wycliffe consideraba la traducción Bíblica una profesión que requería supervisión, esperaba jugar un rol asesor en las nuevas agencias.

La nueva Jerusalén de la traducción Bíblica está levantándose entre remolques y mugre en un suburbio de Dallas, Tejas. En el fondo, el Centro Internacional de Lingüística (CIL) es la escuela particular de postgrado de Wycliffe, acreditada a través de la filial cercana de la Universidad de Tejas en Arlington. El CIL presta catedráticos al Departamento de Idiomas Extranjeros y Lingüística de la universidad, veintidós de cuyos cuarenta y tres profesores, y casi todos sus lingüistas, eran miembros del ILV en 1980. A cambio, la universidad incluye los cursos del CIL en su curriculum. Como sede académica-administrativa mundial del Instituto Lingüístico, el centro ha de incluir departamentos de lingüística, traducción, antropología, alfabetización y educación bilingüe, además de otros para impresión, publicaciones académicas y entrenamiento administrativo, sin mencionar una biblioteca de lingüística, un museo, facilidades médicas y de alojamiento{14}.

Así como Wycliffe se organizó alrededor de las bases después de la II Guerra Mundial, una creciente fracción de miembros parece estar congregándose alrededor de los centros norteamericanos. Los quinientos estudiantes y miembros del personal del CIL en 1978 debían supuestamente duplicarse{15}. Ciento cincuenta miembros vivían en la sede de SSAR en Waxhaw, Carolina del Norte; tal vez otro centenar en los alrededores de la de Wycliffe en Huntington Beach, California, y otros más en el nuevo Centro de la Filial Mexicana en Tucson, Arizona. Esta es una tendencia interesante en una organización que siempre se ha enorgullecido de una política de 'el campo primero'. Incluye una creciente cantidad de miembros jubilados, para quienes Wycliffe está [348] construyendo apartamentos. Pero también refleja una urgente necesidad de profesionalizar sus filas: debido a los crecientes estándares lingüísticos y a las limitaciones de una misión de fe, la competencia técnica del ILV ha sido puesta en cuestión en América Latina. Además, también, la pérdida de las visas de residencia significa que el trabajo debe ser hecho más rápidamente –con más tecnología, especialmente computadoras– y mucho de ello a distancia, a través de correligionarios. En la medida en que las revoluciones, conflictos étnicos y campañas antiimperialistas expulsan a Wycliffe del campo, más miembros están pasando su tiempo en clases y cubículos en suburbios norteamericanos.

El Centro Internacional de Lingüística está llamado a ser el eje de una serie de filiales y oficinas regionales del ILV, agencias nacionales de traducción y misiones externas inspiradas por el ejemplo de Wycliffe. Entre éstos están los Traductores Luteranos de la Biblia, los Traductores Logos, los Traductores Pioneros de la Biblia, los Traductores Evangel de la Biblia, y la Misión Coreana de Traducción{16}. Si el ILV 'se esfumara' hacia un rol de apoyo técnico, también lo haría buena parte de la animosidad en su contra. Ya los miembros no llevarían el evangelismo como pioneros a lo largo de las fronteras indígenas, ya no mediarían entre grupos étnicos. Pero eso es lo que la traducción Bíblica siempre ha significado para Wycliffe y por ello sólo 'desaparecerá' donde sea forzado a hacerlo. Incluso en la nueva fase del CIL, muchos miembros se mantienen en la posición de lo colonial asediado. Atrapados en enclaves exteriores que se han convertido en sus hogares, creen que tienen un mandato Bíblico, tanto derecho a cada una de las tribus indígenas como los hijos de Abraham a la Tierra Prometida.

Townsend parece haber reconocido la sitiada fortaleza a la que había guiado a sus seguidores y, para escapar de ella, alentó un movimiento espiritual que esperaba los ayudaría a amar a sus enemigos y superar un grave peligro sobre la Gran Comisión. Tomó la forma de renovación carismática, una versión de clase media del pentecostalismo espiritista que ha asustado e impresionado a los misioneros cuando animistas conversos, tal como las iglesias Montagnard en los últimos días de la intervención de Vietnam, sienten que han sido abandonadas al mal. En el propio [349] horizonte político ensombrecido de Wycliffe, una hermandad carismática consoladora de abrazos y lágrimas podía convertirse en un trampolín al pensamiento milenarista. Como en Vietnam, el cristianismo apocalíptico tenía el potencial para justificar cualquier medida, no importa cuán sangrienta, contra aquellos percibidos como el enemigo satánico.

Una pregunta, entonces, recorre esta reseña de la expansión de Wycliffe alrededor del mundo; su competencia técnica; sus transacciones profundamente arraigadas de comisión y fe, dólares y juventud de los que bebe en los Estados Unidos; la vida en las bases; y la renovación carismática de la filial peruana a principios de la década del setenta. La pregunta es: ¿Wycliffe se considera a sí mismo tan cerca de los últimos días que sólo puede persistir en su curso actual, o llegará a aceptar los golpes de Satanás como la perfecta voluntad del Señor? Es la mano divina, después de todo, la que abre y cierra todas las puertas.

Notas

{1} p. 1. In Other Words marzo 1976. Respecto a las implicaciones para sociedades pre-alfabetas, ver Goody y Watt 1963.

{2} Grimes 1978: vii, x, 13-4.

{3} Hoke 1975: 223

{4} &6840: p. 32 In Other Words verano 1981

{5} p. 15 Translation enero/febrero 1975.

{6} p. 4 In Other Words agosto 1975

{7} p. 4 Wycliffe Associates Newsletter mayo 1981

{8} Hefleys 1974: 243-71 y Buckingham 1974: 87-9

{9} Summer Institute of Linguistics/Wycliffe Bible Translators 1971: 1-3

{10} Cowan 1979 : 189

{11} Elaine Beekman, pp. 2-3 Translation enero-marzo 1972

{12} Calculado en base a Wycliffe Bible Translators 1978

{13} Pike y Brend 1977: 185-8

{14} International Linguistic Center 1977

{15} Haas 1978

{16} En 1979, el cuerpo luterano tuvo cuarenta y ocho miembros en Liberia y Sierra Leona; otros sesenta y cinco trabajaron con Wycliffe en otros lugares. Evangel (pentecostal), Logos (católico carismático), y Pionera (Iglesias de Cristo) tenían veinticinco misioneros en total{17}.

{17} Cowan 1979: 224 y Wilson 1980: 264, 354-7, 426

 

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