David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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Brasil

La crisis del Instituto Lingüístico en el Brasil rompió el estilo establecido en los países andinos, pero obedece a uno más amplio. Hasta que a fines de 1977 la filial fue proscrita de las comunidades nativas, se podía confiar en que los gobiernos rescataran al ILV de sus enemigos. En el Brasil el enemigo era el gobierno, una dictadura derechista cuya acción enfatizaba la condición de sacrificable del grupo por razones que nada tenían que ver con los derechos indígenas. Cuando el ILV mostró signos de regresar al favor oficial tres años más tarde, el gobierno estaba asustado por la militancia indígena y fortificándose contra misioneros menos confiables.

A diferencia de otras filiales, la brasileña siempre se ha visto limitada por las autoridades nacionales. Las universidades la mantuvieron ocupada con más requerimientos académicos que en cualquier otro país; el gobierno sólo permitió al ILV entrar a los grupos indígenas sobre una base selectiva, retirándole a veces el permiso, como en la avanzada de mediados de los sesenta al Parque del Xingú. Incluso cuando la filial negoció un contrato cuasi-estándar con la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) del Ministerio del Interior en 1969, éste expiró cuatro años más tarde y fue renovado por sólo tres más{90}. Como en el caso de las misiones católicas, las operaciones del ILV en cuarenta y cuatro idiomas eran superadas por la FUNAI, cuyos deberes proteccionistas se veían comprometidos por los planes de desarrollo del Ministerio del Interior{91}. [323]

La caída del ILV siguió a varios años de enfrentamiento entre el gobierno y los misioneros católicos, a raíz de los estragos causados por las carreteras tras amazónicas. Los activistas católicos del Consejo Indigenista Misionero (CIMI) ayudaron a los indígenas a organizar asambleas nacionales; en 1976 la FUNAI trató de proscribir al CIMI de las reservas indígenas y dos sacerdotes fueron asesinados por la policía y colonos. El mismo año la FUNAI interrumpió tres proyectos de asistencia, al invocar la seguridad nacional para forzar a antropólogos extranjeros a abandonar las áreas de frontera. Pero animó al ILV a entrar a una de esas mismas regiones, el Uaupés, al otro lado del Vaupés colombiano, donde la carretera periférica del norte pronto alcanzaría a una gran población indígena{94}.

En noviembre de 1977, un año después que el ILV comenzara a recaudar dinero para su avanzada al Vaupés autorizada por la FUNAI, esta misma agencia informó a la filial que tendría que dejar todas las comunidades nativas para fines del año. Tampoco sería renovado su contrato. El presidente de la FUNAI, general Ismarth de Araujo Oliveira, dijo al director de la filial Steve Sheldon que él personalmente no estaba contento con la decisión, pero que ésta «había venido de arriba»{95}. Según una fuente del Departamento de Estado norteamericano, «arriba» se refería al presidente del Brasil, el general Ernesto Geisel (1974-79), y a su Ministro del Interior, Mauricio Rangel Reis{96}.

De las explicaciones disponibles, las oficiales eran las menos convincentes. Especuladores influyentes habían acusado ya a los misioneros de subversión política y de saquear los minerales amazónicos. Por eso, al principio, el Ministro del Interior dio a entender que el ILV había estado haciendo exploraciones geológicas secretas. Cuando esto fue recibido con cierta incredulidad, Rangel Reis negó haber hecho tales declaraciones, [324] reiteró el mismo tema, y añadió que la educación bilingüe estaba siendo puesta en manos brasileñas. Un año antes, él mismo había declarado que la educación bilingüe era una pérdida de tiempo, afirmando que los indígenas deben ser integrados a la sociedad brasileña de inmediato. Ismarth añadió que el Museo Nacional, había encontrado al ILV ineficaz: después de inspeccionar la producción lingüística de la filial, el museo le envió un informe más o menos favorable. Supuestas pistas clandestinas de aterrizaje para aviones de carga, así como presunto contrabando de oro y diamantes, completaban la acusación{97}.

Al principio los voceros del ILV manifestaron estar atónitos ante la prohibición. Pero a medida que pasó el tiempo, empezaron a sugerir que su defensa de los derechos indígenas era responsable. Es cierto que gente como Rangel Reis desconfiaba instintivamente de los misioneros. Como otros grupos evangélicos en la Amazonía brasileña, sin embargo, el ILV es conocido por su circunspección. «Están más interesados en la traducción Bíblica... y en la conversión espiritual que en la labor económica o política», resumió así la reputación evangélica un observador de Survival International. «Están generalmente mucho mejor preparados en términos lingüísticos, lo que probablemente hace más efectiva su labor religiosa que la de los católicos. No obstante, han sido fuertemente criticados por no defender los derechos a la tierra y otras cuestiones políticas indígenas»{98}. El ILV sería renuente a informar acerca de cualquier desafío contra el gobierno, pero bien podría no tener ningún acto que reportar. El Servicio de Inteligencia Nacional informó al director de la filial que el «ILV no era visto como un problema de seguridad»{99}.

Existe poca duda acerca de que el grupo haya sido elegido como represalia contra las políticas de un hermano evangélico, el presidente Jimmy Carter. El mismo día en que el Secretario de Estado norteamericano llegó para tener conversaciones «francas, eficientes y amistosas», el gobierno anunció que las visas del ILV no serían renovadas{100}. Antes de que la filial pudiera censurar su reacción, el traductor Thomas Crowel llamó a [325] la prohibición una «venganza» por la política contra la proliferación nuclear de Carter, la que afectó los planes de los militares brasileños de obtener independencia energética y la bomba atómica. Cuando nuevas visas de residencia les fueron negadas a otras misiones, la desgracia fue atribuida a la política de derechos humanos de Carter{101}.

En otra diferencia con la experiencia andina, aquí los indigenistas se mantuvieron en silencio o salieron en defensa del ILV. No sólo era apreciado por haber enseñado lingüística en las Universidades de Brasil y Brasilia; los profesionales nacionales, mayormente excluidos de la FUNAI, habían mostrado poco interés en la Amazonía. Luego también, el ILV podía ser considerado importante para el bienestar a corto plazo de algunos grupos, ya que sus escrúpulos y conexiones institucionales podrían controlar ciertos tipos de explotación. La reputación médica del ILV era mejor que la de la FUNAI (aunque al parecer los traductores dejaron su práctica cuando la FUNAI inició un programa, para evitar competir), y había entrenado a maestros bilingües en por lo menos seis idiomas nativos. Más importante aún, incluso los antagonistas no querían tomar parte en una campaña dirigida por el Ministro del Interior. Cualquier proscripción sobre benefactores de los indígenas podía ser un precedente para otros. Pero cuando algunos académicos y funcionarios de la FUNAI argumentaron que el ILV no podría ser reemplazado de la noche a la mañana, el gobierno rechazó un periodo de transición. Después que algunas universidades ofrecieron contratar a miembros individuales, el gobierno anunció que el ILV tendría que abandonar el país.

A lo largo de los próximos cinco años los altos funcionarios, dependiendo de su actitud hacia Washington y las organizaciones indígenas, de manera alternativa rechazaron al ILV u ofrecieron la posibilidad de un nuevo contrato. En mayo de 1979 el Jornal do Brazil informó que, como primer signo de un descongelamiento hacia Jimmy Carter, el nuevo gobierno de Figuereido podía permitir al ILV regresar a áreas indígenas. El presidente de la FUNAI, Ademar Ribeiro, anunció que él estudiaría la renovación del contrato{102}. Pero pronto Ribeiro hubo de irse. Los equipos de traducción que aún quedaban –menos de treinta de los cuarenta y cuatro de los cuales la filial alguna vez se jactó– continuaban restringidos a [326] sus centros regionales en Cuiabá, Porto Velho, Belém y Manaos. Ocasionalmente las autoridades permitían a un equipo o dos visitar a las reservas indígenas. Los intentos de reclutar a evangélicos brasileños tuvieron poco éxito.

En 1980, una escalada represiva contra las organizaciones indígenas produjo otro rayo de esperanza para el ILV. Al tiempo que líderes nativos organizaban la Unión de Naciones Indígenas, el gobierno purgaba a la FUNAI de elementos conscientes, los reemplazó por oficiales de inteligencia militar y decretó nuevas leyes de inmigración, que podían obligar a los misioneros activistas a dejar el país. Después que indígenas del Parque del Xingú mataran a intrusos en agosto de 1980, el jefe de la FUNAI, coronel Joäo Nobre da Veiga, anunció que su agencia volvería a su entendimiento con el ILV.

Ahora, sin embargo, los colegas indigenistas estaban menos dispuestos a apoyar al ILV. Los activistas católicos del CIMI revivieron las acusaciones de 1977: «¿Traductores, geólogos o espías?». Lingüistas y antropólogos empezaron a cuestionar la trayectoria del ILV: habiendo utilizado las universidades para llegar al favor oficial, se había hecho de sí mismo el trasmisor de la política oficial en los idiomas nativos. En caso que regresara a las reservas indígenas ahora, sentían algunos, sería aún más dependiente de la FUNAI que antes.

«Muchos terratenientes... están tratando de arrebatar tierras indígenas», explicó un lingüista alemán del ILV. «Diversos otros grupos tratan de incitar a los indígenas a la rebelión y violencia pero tal influencia es escasa donde los indígenas han recibido, a través del Evangelio en su propio idioma, una orientación que no permite la violencia. [En cambio] tratan de resolver sus problemas con la ayuda de Dios... Es por eso que el ILV... se encuentra en medio de un fuego cruzado entre grupos de interés... cada uno de los cuales está molesto por la influencia del Evangelio»{103}.

«Si hubiese una guerra con los Estados Unidos y los norteamericanos se entendiesen con los indígenas mejor que los brasileños», sostuvo Darcy Ribeiro, «habría peligro. Pero esto es improbable». Existía, al menos, poca duda acerca de quién se comunicaba mejor: «Me gustan [327] los brasileños» había explicado un anciano Bororo cuando el ILV fue proscrito de su reserva, «pero ellos no entienden a la gente y no pueden ayudarla. Cuando algo se necesita aquí, Thomas [Crowell] trata de conseguirlo. Ahora los hijos de la gente y la gente misma van a morir»{104}.

Poco después que Ronald Reagan fue elegido presidente en noviembre de 1980, el gobierno brasileño dio al ILV una aprobación de seguridad. Comenzaron las negociaciones para volver a las áreas indígenas. Pero aunque las autoridades permitieron a más equipos visitar las reservas, un año y medio después una desalentada filial aún languidecía en sus bases.

Notas

{90} El contrato de 1973 fue publicado en SIL Brazil 1974: 6-11.

{91} Cuando Guillermo Townsend se acercó a un delegado brasileño en el Congreso Indigenista Interamericano de 1954, se encontró con la nueva reputación de su instituto como una misión evangélica. Para establecer sus credenciales científicas, el fundador envió a lingüistas como Kenneth Pike, quien obtuvo la invitación del antropólogo Darcy Ribeiro. Las autoridades, sin embargo, rehusaron incorporar al ILV a su política indígena. El primer contrato, firmado con el Museo Nacional de la Universidad del Brasil en 1959, se limitaba a la investigación, requería del ILV entrenar a lingüistas nacionales y salvaguardar la reputación científica del Museo{92}. Por haberse embarcado en su verdadera misión, por lo tanto, algunos miembros fueron ordenados a salir de áreas indígenas. Gradualmente el ILV conquistó a las autoridades centrales, sin embargo, particularmente después de 1964, cuando los Estados Unidos alentaron a las fuerzas armadas a derribar a un gobierno electo. Con las universidades que auspiciaban al ILV consideradas sospechosas por el régimen militar, el instituto firmó su primer contrato con la FUNAI en 1969, al mismo tiempo que las carreteras trasamazónicas eran anunciadas. Según se informó, por resistirse a la trasferencia de la política educativa nacional a un grupo privado extranjero, el consejo ejecutivo de la FUNAI fue degradado a cuerpo consejero por el Ministro del Interior José Costa Cavalcante{93}.

{92} Hefleys 1974: 188-90. Townsend y Pittman 1975: 36, y «Wycliffe Bible Translators in Brazil», mimeo de TWB de c. 1970. Contrato de 1959: pp. 112-17 Boletín Indigenista (México, D.F.), junio 1961.

{93} Leite et al-1981: 61-2, 66.

{94} p. 5. In Other Words febrero 1977.

{95} Cable, Embajada de los EE.UU. Brasilia al Departamento de Estado, 29 de noviembre 1977, «confidential», firmado Johnson. Entregado al autor bajo el FOIA.

{96} Cable, Departamento de Estado a la Embajada - Brasilia, 23 de noviembre 1977, «confidential», firmado Habib, FOIA.

{97} Para informes de prensa, ver Folha de Sao Paulo 23 de noviembre 1977; Associated Press 12 de diciembre 1977; pp. 43-4 Christianity Today 30 de diciembre 1977; y p. 35 Time 9 de enero 1978.

{98} Anna Presland, p. 16 Survival International Review primavera 1979.

{99} Cable de embajada, 29 de noviembre 1977.

{100} p. A15 Washington Post 23 de noviembre 1977.

{101} p. 15 Porantim (Manaus, CIMI) septiembre 1980; Jornal do Brasil 15 de mayo de 1979; y p. 57 Christianity Today 21 de septiembre 1979.

{102} Jornal do Brasil 15 de mayo 1979.

{103} pp. 1, 14 Porantim septiembre 1980 y Leite et al 1981: 59-67.

{104} Ursula Wiesemann, citada en Cano et al 1979: 65. Para la reacción de otro traductor al embargo oficial, ver pp. 1-3 In Other Words marzo 1979.

 

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