David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El trigésimo quinto aniversario del ILV Perú

La contribución indígena al debate sobre la filial peruana fue escasa. Con la importante excepción del Congreso Amuesha, que se mantuvo en silencio, las organizaciones indígenas de la selva aún estaban por nacer. La Confederación Nacional Agraria, asesorada por el SINAMOS, representaba [304] a algunos nativos amazónicos, pero convirtió al Instituto Lingüístico en metáfora de la expansión capitalista, sin decir nada acerca de los patrones, la colonización y la burocracia estatal{33}.

Un periodista consiguió publicar declaraciones, de un Aguaruna y de un Huitoto. Aunque ambos encontraban razones para denunciar al ILV, el Aguaruna dejó en claro que los misioneros no eran el problema principal, y el Huitoto admitió otro tanto. Según este último. Cecilio Jurafo, las comunidades nativas estaban rebelándose contra el ILV en números crecientes, porque se daban cuenta de que se estaba traficando con la religión para fines políticos, específicamente el imperialismo norteamericano. Pero añadió de inmediato que su salida no solucionaría los problemas de los pueblos nativos. Tal vez había habido algo de demagogia. Aunque debía rechazarse al ILV, éste era sólo una pequeña parte de un problema que giraba en torno a los patrones y al colonialismo interno. Los pueblos nativos necesitaban una nueva estructura controlada por ellos mismos, apoyo oficial pero no más burócratas{34}.

En mayo de 1976 aparecieron en Lima maestros bilingües con solicitudes para reestablecer al Instituto Lingüístico. El supervisor de escuelas Aguaruna fue recibido por el presidente Morales, quien ofreció al grupo todo su apoyo y afirmó que el ILV se quedaría muy posiblemente. «Queremos que los programas emprendidos por el Instituto prosigan hasta que nos deje capacitados», dijo el supervisor a La Prensa. Mostró también la traducción del ILV de la Declaración Universal de Derechos Humanos, añadiendo que también había sido publicada en otros veintitrés idiomas.

El supervisor Machiguenga vino a Lima para apelar una decisión burocrática y solicitar títulos de tierras. Graduado de un instituto Bíblico, había esperado poder ir a la universidad pero decidió en cambio ayudar a su pueblo. Agradeciendo a los miembros del ILV por sus sacrificios, dijo a La Prensa que por medio de ellos «hemos aprendido a amar nuestra patria, a valorar a nuestros héroes, a trabajar por nuestro país, empezando por nuestra propia comunidad y hermanos de lengua». Su gente quería asistencia técnica, dijo el supervisor. Si el ILV se iba, ¿quién traería medicinas y llevaría los productos a Pucallpa?{35}. [305]

A principios de 1976, cuando la partida del ILV parecía asegurada, Stefano Varese escribió su «Carta abierta al triunfalismo». El Instituto Lingüístico se había establecido en un vacío institucional, escribió, y su expulsión crearía uno nuevo. Dado que la llamada revolución no había llegado a hacer ningún arreglo, como los que él había propuesto en vano desde la División de Comunidades Nativas, el vacío sería copado por la burguesía local en alianza con las autoridades políticas locales. «Se irán los agentes yanquis del imperialismo para dejar lugar a los agentes criollos del imperialismo: los primeros conscientes, refinados, entrenados corroedores del espíritu de los pueblos de la selva; los segundos brutales, ignorantes, agresores físicos». Atribuir todos los problemas de los indígenas al ILV resultaba irresponsable y chauvinista, una trampa que mitificaba la dependencia y redundaría en perjuicio de los pueblos nativos. La situación exigía mucho más que librarse del Instituto Lingüístico{36}.

En una buena serie sobre la Amazonía, que terminó cuando fue clausurado nuevamente, el semanario limeño Marka respondió a la visita de Guillermo Townsend a fines de 1978 con una reflexión acerca de su organización, el Estado y lo que llamó «macartismo de izquierda», la respuesta a lo que había sido el «si es gringo, es bueno». El ILV fue «acusado de ser el 'introductor del capitalismo entre las Comunidades Nativas' (?)», señaló Pedro Amasifuén. «Nos preguntamos simplemente, ¿dónde quedaban el Estado y los funcionarios, dónde los caucheros y demás extractores y 'conquistadores', los comerciantes y los misioneros católicos; vale decir, la formación social y económica que se ha cristalizado en la Amazonía... y que es, evidentemente, anterior al establecimiento del ILV? Cualquier análisis... [del] ILV no puede ignorar –como se hizo durante [1975-76] con decidida voluntad de eludir el problema principal– la posición y actitud del Estado... [Los lingüistas] no son los Marines norteamericanos que invadieron Santo Domingo... [sino] una prolongación del Estado». Simplemente reemplazar a los misioneros norteamericanos con burócratas peruanos no era una solución{37}.

La intervención divina que salvó a Wycliffe garantizó que los trabajadores, campesinos y especialmente los indígenas llevaran el peso de las medidas de austeridad impuestas por la banca internacional y el Fondo Monetario Internacional. Según un misionero católico que prestaba testimonio ante un comité del Senado de Estados Unidos, el consumo de [306] calorías per cápita en el Perú se redujo en un tercio de 1974 a 1979, dos tercios del estándar mínimo de la FAO, mientras el consumo de proteínas per cápita bajó a menos del cincuenta por ciento del estándar mínimo de la FAC. Una buena parte de la población estaba alimentándose con comida para pollos. A partir de las medidas de austeridad, estimó el misionero, la mortalidad infantil se había prácticamente duplicado. Esto significaría que, en 1979, murieron de treinta a cuarenta mil niños que no habrían muerto con la tasa de cuatro años antes{38}.

Los indígenas amazónicos tenían un lugar especial en el programa de recuperación económica. Aunque las reformas del régimen militar reconocían los derechos nativos como nunca antes, éstas no tocaron la estructura de explotación. La contradicción se hizo más aguda después de 1975, cuando el gobierno en bancarrota accedió a las demandas de los banqueros internacionales y recurrió a la Amazonía. Echando abajo las barreras legales al saqueo de los recursos selváticos, las autoridades los remataron al mejor postor{39}. En 1978 los derechos a la tierra reconocidos por la Ley de Comunidades Nativas fueron severamente recortados: sólo unos pocos cientos, de más de un millar de comunidades nativas, habían recibido los títulos de tierras prometidos cinco años antes. Incluso donde los títulos habían sido otorgados, los recursos legales eran de poca ayuda contra invasiones colonas respaldadas por el gobierno.

El Instituto Lingüístico estaba realizando servicios humanitarios para un régimen que no sólo era incapaz, sino estaba irremediablemente comprometido con explotadores locales. A cambio de apuntalar la credibilidad del gobierno entre los indígenas, una noble colonia norteamericana se aseguró generosas oportunidades para el evangelismo. Los dilemas que resultan de ello son ilustrados por recientes conflictos en torno a las escuelas bilingües.

Ateniéndose a la reforma educativa nacional, el Sistema de Educación Bilingüe de Yarinacocha había sido descentralizado en 1972. Doscientas y tantas escuelas bilingües fueron distribuidas entre treinta y cuatro núcleos responsables de toda la educación en sus áreas y administrados por no-indígenas. Pronto los maestros indígenas estuvieron quejándose a sus traductores norteamericanos acerca de una gama de problemas, incluyendo la flagrante discriminación. Gracias a la geografía y la [308] desactivación de una oficina central con orientación bilingüe, los reclamos eran exasperantes e inútiles. Administradores indiferentes presionaron a muchos maestros a conformarse con el programa hispanizante. La producción del ILV de nuevos textos declinó, forzando a muchos maestros a pasar a sus alumnos avanzados al curriculum monolingüe en español. Para los Amueslia, la educación bilingüe se acabo. Algunos maestros fueron purgados para poner sus salarios a disposición de mestizos; se multiplicaron los requerimientos, obligando a muchos a renunciar. Para 1978 sólo quedaba uno de los siete maestros Candoshi. Claramente, la reforma era un magnífico modo de destrozar el sistema de clientelismo del ILV, pero en muchos casos probablemente a costo considerable para indígenas sin nada mejor en el horizonte. En opinión de la filial, las escuelas bilingües estaban siendo destruidas: se requería una nueva autoridad central; y los lingüistas tendrían que retomar el rol de consejero técnico.

Para mediados de 1978, el ILV tenía respaldo de alto nivel en el Ministerio de Educación para crear una Oficina de Educación Bilingüe de la Selva (OFEBISE), una autoridad central que sería reestablecida en Yarinacocha y se beneficiaría nuevamente de su experiencia. Pero surgieron «dificultades imprevistas»: a juzgar por un proyecto, OFEBISE sería un asunto exclusivo del ILV y el Ministerio sin participación de las universidades o de las misiones católicas{40}. Desgraciadamente, con la proliferación de 'ideologías' invasoras rivales que tanto lamentaba la filial, los tiempos habían cambiado. Ahora había otros programas bilingües para indígenas amazónicos, propuestos o en funcionamiento, estimulados por el ejemplo del ILV pero que rechazaban el uso al que éste había puesto los idiomas nativos.

Entre los Quechuas del río Napo, franciscanos franco-canadienses se preciaban de contar con veintiún maestros, once escuelas y casi quinientos alumnos. En marzo de 1977, tres de sus especialistas visitaron el curso de capacitación pedagógica en Yarinacocha. Según una versión, ellos fueron recibidos «como uno trata a un perro cuando está jugando póquer». Un observador de Survival International, que estaba financiando las cartillas para el programa franciscano, creía que éste era compatible con la cultura popular católica, en contraste con la práctica general del ILV{41}. [308] Cuando los obispos católicos se enteraron del proyecto OFEBISE un año más tarde, temieron que el ILV estuviera restaurando el viejo orden y se movilizaron para 'equilibrar' el esquema. Las distintas partes interesadas no pudieron llegar a un acuerdo, y presumiblemente los indígenas continuaron sufriendo la falta de una oficina bilingüe. Hacia la misma época, un número de maestros bilingües participó en una huelga nacional del magisterio contra el Ministerio de Educación. Maestros no indígenas reemplazaron a los huelguistas Conibo y Shipibo, quienes apelaron a la opinión internacional contra el gobierno y el ILV{42}.

En julio de 1978, el ex-embajador Robert Dean asistió al primer Instituto Townsend de Relaciones Internacionales, una conferencia de veinticinco responsables de enlaces gubernamentales de Wycliffe{43}. Medio año más tarde, en el Perú, el Primer Ministro reemplazó la comisión quinquenal de transferencia por otra comisión más, esta vez para redactar un nuevo contrato{44}. Un viejo amigo que se había convertido en Ministro de Educación, el general José Guabloche, robó tiempo a la represión de la huelga del magisterio para asistir a la presentación de cinco Nuevos Testamentos del ILV{45}. Finalmente, en octubre de 1979, el Ministerio de Educación y el Instituto Lingüístico firmaron su nuevo contrato{46}. Según Wycliffe, el gobierno había ofrecido uno a veinte años, pero la filial decidió que diez serían suficientes.

Cuando su viejo patrocinador Fernando Belaúnde Terry fue reelegido presidente al año siguiente, fue otra vez con la promesa de que «la conquista de la Amazonía» solucionaría los problemas sociales del Perú. El nuevo presidente incluso prometió construir cincuenta nuevas ciudades en la selva y convertir a la madera en la primera exportación del país{47}. Unos meses después que Belaúnde denunciara que una conspiración global anti-desarrollo estaba detrás de las objeciones ecológicas y de derechos [309] humanos a sus planes, otorgó a Guillermo Townsend una medalla por su contribución a realizar estos sueños{48}. Los traductores de la Biblia continuarían disfrutando del cálido respaldo oficial a su labor de salvación.

Notas

{33} Por ejemplo, Comercio 1 de marzo 1976.

{34} Najar 1976 y Cecilio Jurafo, en Educación en la Revolución (Lima, Ministerio de Educación) 10 de junio 1976 y pp. 28-9 Momento (Lima) 26 de marzo 1976.

{35} Prensa 14 y 21 de mayo, 1976.

{36} Varese 1976a.

{70} Amasifuen 1978.

{38} pp. 12-15 Maryknoll (Ossining, New York) octubre 1980.

{39} Centro de Investigación y Promoción Amazónica, citado en Cultural Surviral (Cambridge, Massachusetts) otoño 1979.

{40} Larson et al 1979:163-5. Dos documentos mimeografiados, «Educación bilingüe de la Selva» (Yarinacocha, 27 de abril 1978) y «Oficina de educación bilingüe de la selva» (ILV-Perú, s.f.). Y p. 3 Cultural Survival primavera 1980.

{41} Corry 1977b.

{42} pp. 63-4 IWGLIA Newsletter (Copenhagen) abril 1980.

{43} p. 6 In Other Words noviembre 1978.

{44} Peruano c. 27 de enero 1979.

{45} p. 5 Wycliffe Associates Newsletter octubre 1979.

{46} pp. 22-5 Marka 7 de febrero 1980.

{47} Guardian (New York) 11 de junio 1980.

{48} pp. 6-7 Latin America Regional Reports: Andean Group (London) 24 de julio 1981. p. 7 In Other Words febrero/marzo 1982.

 

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