David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
←  Quito 1985 • capítulo 6 • páginas 264-268  →

Nos van repartiendo entre institutos

Las escaramuzas de Bogotá cogieron a la mayoría de los traductores en una etapa temprana de su trabajo, el cultivo de informantes lingüísticos como futuros líderes de iglesia. Esperando anclar a los indígenas en torno a terrenos aptos para reducciones evangélicas, la filial procedió a conquistar la buena voluntad de remotas multitudes durante los mismos años en que se convirtió en un paria nacional. Desde principios de los setenta hasta 1980, más de mil indígenas fueron llevados a Lomalinda, entrenados por seis semanas en nuevos métodos agrícolas, y devueltos a casa con nuevos animales domésticos bajo el brazo. «Aquí en este sitio, así me dio», declaró un graduado Cuaíquer, «un chancho, es decir, una marrana, un verraco me dio. Esta es buena raza, dicen ellos. Es una bonita raza. Dicen que no es de aquí. Es traída de lejos. Para ser criado lo mandaron para que tengamos, que todos entre nosotros críen el suyo»{60}.

Los traductores con más éxito habían sido incorporados al sistema de parentesco, serían defendidos por sus clientelas, y habían convertido a uno que otro de sus huéspedes en Lomalinda, habiendo sido generalmente otros misioneros los responsables de las iglesias en once idiomas{61}. Los [265] traductores menos exitosos eran numerosos, incluso antes de la ola antiimperialista: a fines de 1972, nueve de los treinta y cinco equipos de la filial estaban en un impase debido a enfermedad, falta de un lugar de campo o informantes{62}. A lo largo de la cordillera occidental de los Andes, la obra casi sucumbió a la adversidad física y a la desconfianza nativa: el equipo Catío, por ejemplo, necesitó siete años para instalarse en una comunidad indígena{63}. Entre los Tunebo, en la cordillera oriental de los Andes, los traductores enfrentaron la convicción de que el papel y la escritura estaban relacionados con las epidemias. Cuando los informantes regresaron de Lomalinda, fueron despojados de su bagaje religioso en un ritual de purificación.

La tensión resultante de las campañas del ILV por información y neófitos proporcionó amplio material para la controversia nacional. Una mina de escándalo fue el territorio del Putumayo, donde los norteamericanos han dejado atrás una senda de buenas acciones a lo largo de una carretera militarizada que conduce a campos petroleros operados por sus paisanos. Los Carrisá, quienes perdieron la mayor parte de sus tierras a manos de la misión capuchina retratada en Siervos de Dios y amos de indios de Víctor Daniel Bonilla, mostraron poco interés en la alternativa evangélica; las misiones del ILV se dirigieron por lo tanto a los niños, uno de los cuales fue eventualmente encarcelado por quemar la casa de sus benefactoras.

Dos de los visitantes Camsá a Lomalinda, el incendiario convicto y Crispín Chicunque, no son típicos al denunciar su tratamiento; las más de las veces, los informantes dicen que disfrutaron su estadía. Según Crispín Chicunque, él tenía casi once años cuando, habiendo sido seducido por la tecnología superior de los juguetes norteamericanos, llegó su turno de ir a Lomalinda. Tradujo material a una grabadora, pasó la mayor parte del tiempo en una habitación (hasta 1974 los informantes no estaban supuestos a andar por la base o hablar con informantes de otros idiomas), y enfatiza que, a cambio de todo esto, recibió un par de zapatillas de tenis. En las comunidades, afirma Chicunque, las misioneras del ILV se oponían al carnaval debido a las borracheras y las peleas; apremiaban a los Camsá a bañarse diariamente; dijeron a los padres que debían dar a sus hijos café (que tiene que ser comprado en una tienda) en vez de chicha; hicieron campaña contra el corte de pelo distintivo de los Camsá, al distribuir pantalones y [266] decirles «ahora lo que les falta es el pelo»; instaron a la gente a tener sólo dos o tres hijos; y repartieron píldoras sospechadas de contener esterilizantes{64}. (Después de una alarma por supuestas esterilizaciones varios años antes, la práctica de la enfermera del ILV parecía ampliamente apreciada en 1975). Al sucesor de Chicunque le gustó tanto Lomalinda que fue tres veces, por un total de un año, y quería ir a Estados Unidos{65}. Tres años después que la frustración llevó al ataque de la casa de sus empleadoras, un anciano recordó que él había regresado de Lomalinda no queriendo vivir más con su madre, trabajar en la chacra ni respetar las costumbres{66}.

Hacia el este, ancianos Siona dijeron a estudiantes de visita que Álvaro Wheeler había llevado a tres de ellos a Estados Unidos, «para exhibirnos como a fieras» en eventos para recaudar fondos{67}. Cuando los estudiantes publicitaron sus hallazgos y trataron de elevar la conciencia de la comunidad, mucho de eso parece haber devuelto el apoyo al traductor. Ansioso por evitar más problemas, uno de los viajeros me dijo que él había disfrutado de Estados Unidos y tenía alta estima por su representante local. Otro evidentemente se sintió explotado: Wheeler les dijo que habían recaudado suficiente dinero para comprar una avioneta y media más. Un tercer anciano mencionó varias ofensas –Wheeler se había presentado y establecido como un lingüista (procedimiento estándar del ILV), luego metió la religión hasta que los Siona (quienes reclaman ser buenos católicos) solicitaron un obispo para enmendar sus costumbres, y había sido tacaño con sus cuentas– pero hablaba tiernamente de él. Poco antes, el traductor había salvado la vida de su hijo{68}. Dos años después, los Wheeler estaban solicitando oraciones por sus primeros conversos, «porque las presiones de las costumbres tribales hacen muy difícil para ellos dejar de participar de éstas como siempre lo han hecho»{69}.

Cada uno de los grupos que se beneficiaban de las buenas obras del ILV podían esperar esta ruptura. «Nos van repartiendo entre institutos como el Instituto Lingüístico de Verano, entre religiones, entre partidos», [267] declararon los Arhuaco. «No vamos a tener la gente suficiente para repartir tanto»{70}. En septiembre de 1974 la Comisión Indígena de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, incluyendo al CRIC y miembros de una docena de otros grupos, llegaron a las siguientes conclusiones: «Estudiamos el modo en que las misiones evangélicas y el Instituto Lingüístico trabajan. Pretenden estar interesados únicamente en la Biblia y venir a estudiar nuestros idiomas. De esta manera, pueden penetrar más fácilmente en comunidades que ya están advertidas sobre los métodos tradicionales de la Iglesia.

«Pero en muchas áreas hemos sacado al Instituto Lingüístico de nuestras tierras porque nos hemos dado cuenta que son ellos, también, quienes están destruyendo nuestra cultura, tradición y costumbres. Además de esto explotan su conocimiento de nosotros, de nuestras tierras y de la riqueza de nuestros suelos para ayudar a los gringos que los siguen para abrir pozos petroleros, extraer madera y oro, &c.

«Las divisiones que han sido establecidas al interior de nuestras comunidades, entre indígenas que se adhieren a las misiones y a los evangelistas, son utilizadas para mantenernos distraídos, para mantener nuestros ojos cubiertos de modo que no veamos cómo nuestros verdaderos enemigos están despojándonos y destruyéndonos.

«En muchas áreas hemos observado que lo que necesitamos es unidad entre los indígenas, sean estos católicos o evangélicos; y así hemos empezado a luchar unidos para defender nuestra tierra y nuestra cultura. En otras comunidades, en la medida en que empezamos a organizarnos, debemos entender este asunto claramente.

«Nuestra experiencia ha demostrado que no debemos atacarnos entre nosotros porque profesemos una u otra religión. Por el contrario, debemos reforzar nuestra unidad y fortalecer la organización para ganar nuestras luchas. Y en la lucha redescubriremos las raíces de nuestras propias creencias y tradiciones»{71}.

Aunque Wycliffe espera confrontar a Satanás en cada grupo al cual entra, esta vez El Maligno estaba organizándose demasiado bien. Acostumbrado a resistencia aislada por parte de pobladores tercos, un chamán o un [267] sacerdote anticuado, el Instituto Lingüístico estaba en peligro de ser expelido de comunidades por todo el país. En cada una de las contiendas, los traductores detectaban agitadores de afuera. En cuanto a los colombianos, se habían enterado de que el ILV no estaba dispuesto a modificar sus planes. Cuando parte de una comunidad se oponía a los traductores, con frecuencia otra facción la defendía. Incluso cuando un grupo dejaba en claro que no quería nada con la traducción Bíblica, la filial persistía en su desafío a poderes del mal que no eran de este mundo. Estos conflictos alimentaron la campaña para expulsarlos del país.

Notas

{60} Hefley 1978:71.

{61} Communique agosto 1974.

{62} Ibid enero 1973.

{63} Para un relato de un movimiento de profecía asociado al ILV entre los Catio, ver pp. 1-2 In Other Words noviembre 1981.

{64} pp. 956 Anales del Congreso 15 de octubre 1975.

{65} Entrevista del autor, cárcel de Mocoa, 16 de noviembre 1975.

{66} Entrevista del autor, Sibundoy, 14 de noviembre 1975.

{67} pp. 991-2 Anales del Congreso 21 de octubre 1975.

{68} Entrevistas del autor, Buenavista, 18 y 19 de noviembre 1975.

{69} Hoja de oraciones, WBT-Huntington Beach, julio 1977.

{70} p. 8 Unidad Indígena enero 1975.

{71} Corry 1976:41.Traducido del inglés por falta del original.

 

←  David Stoll¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?  →

© 1982-2002 David Stoll • © 2002 nodulo.org