David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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Cushillococha

Los Ticuna de Cushillococha sirvieron mucho tiempo de ejemplo privilegiado de cómo el ILV-Perú estaba integrando los indígenas a la nación. Liberado de la superstición del alcoholismo y los patrones, Cushiliococha también está supuesto a representar el verdadero cristianismo indígena. Recientemente una autora Wycliffe, Sanna Barlow Rossi, la llamó «la Ciudad de Dios en la Selva». Ya que se estima que Cushillococha es el asentamiento nativo más grande de la selva peruana, con trescientos padres de familia en 1976 según su presidente, ningún otro logro de la filial se le acerca. Sin embargo, como vitrina de exposición del Instituto Lingüístico, ilustra tendencias reportadas para otros lugares, proporcionando un caso apropiado para analizar su versión de la integración nacional o peruanidad.

Poco después que Doris y Lambert Anderson desencadenaran el milenarismo Ticuna hacia una conversión en masa, en 1957, ellos arreglaron que SSAR llevara a Efraín Morote Best, quien ofreció una escuela y título de tierras. En base al plano de los Anderson, los Ticuna levantaron una comunidad modelo alrededor de la casa de la pareja misionera y su nuevo templo{23}. El asombroso resultado de su explosión religiosa, especialmente a La luz de su tradicional aversión a vivir muy juntos y poner paredes en sus casas, fue un poblado rectangular de construcciones con puertas. Imitando a Yarinacocha, se levantaron incluso casas de dos pisos corno apariciones del medio oeste norteamericano.

El título de tierras, la escuela y la disciplina evangélica ayudaron a los pobladores de Cushillococha a romper la dependencia de sus patrones. También facilitaron la adquisición de los bienes de consumo que [216] deseaban. Los Anderson recurrieron al trabajo comunitario tradicional para iniciar jornadas y proyectos comunales, incluyendo una cooperativa de servicios{24}. Como recompensa por su pensamiento correcto, los Ticuna de Cushillococha fueron llenados de regalos y préstamos. Pero como este subsidio no podía repetirse en otros lugares, la comunidad se convirtió en un ilusorio modelo de desarrollo. Aunque los Anderson fueron los primeros de la filial en promover cooperativas, aparentemente pensaban hacer de éstas un puente para la acumulación privada. En esto tuvieron éxito, ayudados por tendencias más amplias en una selva colonizada y produjeron una élite evangélica que salta a la vista.

Un grupo de jóvenes capacitados en Yarinacocha o en el Instituto Bíblico Suizo ocupó todos los cargos de autoridad inspirados por los Anderson. Se convirtieron en intérpretes del libro sagrado, maestros, autoridades electas y empresarios, así como en los miembros más prósperos de la comunidad. Después de 1964, el nuevo sistema de autoridad vino a girar en torno a un hombre, Leonardo Witanocort, cuya ascendencia data de una época en que los Anderson estaban de licencia y su liderazgo cristiano enfrentaba un resurgimiento del curanderismo. El instigador de esta rebelión pagana, un Cocama llamado Macawachi, obtuvo seguidores al revivir a los moribundos. Cuando el pastor trató de intervenir, su hijo murió. Con los poderes mágicos y amenazas de Macawachi llevando a Cushillococha a un alboroto, las autoridades distritales le ordenaron marcharse. Pero después de jurar hechizar al pueblo, el brujo fue asesinado y su víctima, el pastor, forzado a renunciar. Al regreso de los Anderson, su tercer maestro bilingüe, Leonardo Witanocort, era el nuevo pastor. Luego pasó a ser su principal asistente de traducción, administrador del aserradero comunal, agente municipal, presidente de la comunidad y primer supervisor del sistema de escuelas bilingües Ticuna, que para 1975 incluía a quince maestros{25}.

El surgimiento de la elite y de la empresa privada corrió parejo con la caída de la ética del trabajo comunitario por la que Cushillococha se había hecho famosa. Cuando fui allá por dos noches, en abril de 1976 los hombres capacitados para manejar la tienda comunal habían abierto sus propias tiendas hacía ya mucho tiempo. No había luz eléctrica desde hace seis meses porque no había dinero para comprar gasolina para el generador. [217] Una tormenta había desparramado en el Amazonas quinientos troncos débilmente atados, llevando a la quiebra al aserradero y sus fondos comunales. Los extractores madereros Ticuna exigían efectivo contra entrega, no promesas: cuando Witanocort regresó, el aserradero sería reorganizado y la producción reiniciada.

La asistencia al culto –cuatro o cinco servicios a la semana– era más o menos buena; tal vez la mitad de la población visible, el domingo en la mañana. Mientras los Anderson dicen que los Ticuna decidieron construir su iglesia en base a los simples principios del Nuevo Testamento, algunos visitantes han notado que el resultado –posturas para la oración, himnos con letras en Ticuna, el elegante aspecto de un pequeño grupo que hace la mayor parte de las ofrendas, el mensaje de los sermones– conlleva un fuerte parecido con una congregación fundamentalista norteamericana. Una parte del sermón dominical fue en español, y esto es lo que escuché:

1) El amor se hace menor y menor, la gente más y más mal.

2) Algunos dicen que no hay Dios, esto es testimonio de que se hacen más y más rebeldes.

3) La ciencia y el conocimiento crecen más y más, pero casi todo para mal.

4) Otros peligros son la bomba atómica, la cocaína y la marihuana.

5) La Biblia dice que Dios destruirá el mundo debido a la maldad de los hombres.

6) A menos que pensemos en Dios, los cristianos estaremos en peligro también.

Yo estaba sorprendido por este mensaje de predestinación pre-milenarista en una vitrina del progreso, pero el liderazgo cristiano tenía razón para estar abatido. El espíritu comunitario no era del todo como debía ser. Debido a la inflación, los ingresos de los Ticuna podían comprar mucho menos que antes. Los maestros y pastores sabían que los Anderson y el ILV estaban en problemas con el gobierno y, como si eso fuera poco, ellos mismos se sentían amenazados por el mismo régimen.

Aparte de diferencias con funcionarios del Ministerio de Educación, a quienes ahora se reportaban, en lugar del ILV, los líderes de Cushillococha temían al Sistema Nacional de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS). Después de 1968, el régimen militar estableció «sin amos» para movilizar a las masas para la revolución dirigida desde arriba. Varios de los arquitectos del sistema eran sobrevivientes de las fuerzas guerrilleras de 1965: SINAMOS era el animador oficial del ayúdate-a-ti-mismo y lucha-contra-el-imperialismo. En la selva, SINAMOS estaba supuesto a socializar el mismo terreno que la junta estaba rematando a otra camarilla de [218] compañías petroleras extranjeras. Se dedicó a organizar a campesinos indígenas y no-indígenas en ligas agrarias, para luego establecer cooperativas con préstamos estatales, acabando así con la explotación e incrementando la producción nacional.

En el núcleo patronal aledaño de Caballococha, encontré a los organizadores locales del SINAMOS en estado de frustración. Querían transformar la Ciudad de Dios en la Selva en una «empresa social... con más ganado (los maestros ya tenían hatos), un aserradero comunal ampliado y una plantación comunal en la que los Ticuna trabajarían tres veces a la semana. Las ganancias serían distribuidas entre los trabajadores, un fondo comunal y un fondo nacional. Desgraciadamente, los líderes de Cushillococha no querían saber nada de esos planes.

Las plantaciones comunales no eran una idea popular, tal vez porque el trabajo comunitario de los Ticuna ha sido siempre para un intercambio entre chacras familiares (las plantaciones promovidas por Anderson y Morote tampoco tuvieron éxito). Con Cushillococha ya bajo el peso de sus proyectos de desarrollo, simplemente se endeudarían más y perderían más autonomía. Además estaba la reputación del SINAMOS de prometer y no entregar, tomar el control pero no mejorar. Finalmente, y de manera más obvia, gracias a los muchos entredichos entre los misioneros y los organizadores de SINAMOS a todo lo ancho de la selva, el nuevo y tambaleante orden propuesto era altamente sospechoso en términos ideológicos. Evidentemente alguien había advertido a los líderes de Cushillococha sobre los comunistas, pero incluso sin ese tipo de servicio cristiano SINAMOS podría haber generado una reacción similar.

Río abajo, SINAMOS recibió una bienvenida más calurosa. Bellavista era uno de dos poblados más pequeños y menos desarrollados agrupados por los maestros bilingües de Cushillococha, su «padre» o «jefe» según una autoridad de esta última. En Bufeococha el maestro subvirtió cuidadosamente el Culto de la Cruz y lo reemplazó con la religión evangélica{26}. En la otra «pequeña Cushillococha», un honor que Bellavista resentía, se me dijo que se habían juntado para tener una escuela, y que luego fueron provistos de servicios religiosos también. Los pobladores de Bellavista estimaron que habían continuado bailando y bebiendo hasta 1970, cuando los pastores de Cushillococha les dijeron que esas actividades eran contrarias a la Palabra de Dios. Fueron reemplazadas con más servicios religiosos. Entonces todos eran evangélicos pero, como explicaba un habitante de [219] Bellavista, «la gente sigue la religión por unos años y luego la deja poco a poco». Había menos paredes por casa que en Cushillococha: algunos sólo tenían una para la vista desde el río. Uno de los dos jóvenes pastores entrenados en el Instituto Bíblico Suizo conducía reuniones vespertinas de himnos en la escuela. Después de media hora, estas sesiones pasaban a ser reuniones del SINAMOS. El otro graduado del instituto bíblico, obviamente un hombre con preocupaciones, dijo que ya no era pastor. Se dijo que los maestros de Cushillococha estaban muy pero muy decepcionados por él.

En Cushillococha, donde los evangélicos supuestamente están orgullosos de su cultura, la antigua religión ha sido tan rotundamente prohibida que, según un miembro del concejo, antes de la llegada de los Anderson los Ticuna no tenían religión. Líderes cristianos califican a los Ticuna fuera de Cushillococha y sus satélites como «salvajes» o «casi civilizados{27}. Pero aunque han rechazado la tradición como tiniebla absoluta, parecen ser reclutados en oleadas de entusiasmo milenarista que envuelven a buena parte de la comunidad y luego retroceden, dejando atrás a unos relativamente pocos sólidos conversos jóvenes a quienes Witanocort y los Anderson eligen para la educación superior, las posiciones de responsabilidad espiritual y las bendiciones materiales que éstas puedan traer consigo{28}.

Historias extraordinarias surgieron de un renacimiento religioso a principios de 1970, cuando los Anderson estaban de licencia y la iglesia Ticuna pasaba por una época de ausentismo. Un viejo que nadie conocía salió del monte, detuvo una tormenta con un gesto de su mano, hizo descender fuego pentecostal sobre la congregación, y desapareció sin dejar rastro. Su nombre era Gabriel. Unas cien personas fueron bautizadas; jóvenes apóstoles difundieron el renacimiento en Bellavista; y cuando los Anderson regresaron, encontraron una iglesia revitalizada.

Los acontecimientos sobrenaturales parecen haber estado conectados con la dependencia de Cushillococha frente a los traductores ausentes. Anderson mismo minimiza su importancia, pero un miembro del concejo explicó que cuando el fundador de la comunidad se encuentra en Lima, está consiguiendo las cosas necesarias para el pueblo y que sólo regresa cuando las puede traer. Como otros visitantes han señalado durante dos décadas, Cushillococha está esperando su regreso. La llegada de Gabriel data de la tarde de 1971 en que cinco miembros del ILV murieron en una catástrofe aérea: hay mucha discusión sobre si Gabriel está enseñando el mismo [220] mensaje que Anderson. Cuando el misterioso extraño demostró su poder, «ellos sabían que era Dios», como si Anderson fuera el héroe cultural ausente y ofendido de la tradición Ticuna, a quien una confesión y renacimiento comunal persuadirán de retornar{29}.

Como anteriores milenaristas, los jóvenes creyentes han tratado de difundir el revivalismo, pero el amplio descontento sugiere que la quiebra de la tradición excluye a más gente que la que incorpora. En Bellavista no estaban presentes los maestros que aun venían de Cushillococha para el semestre, y mucha de la población estaba en un moderado pero contento estado de pecado. Según un poblador, el régimen se endurecía cuando los maestros regresaban porque, de otra manera, el pueblo tendría problemas con la Ciudad de Dios. De acuerdo con un informe corroborado por referencias Wycliffe sobre un elemento pecaminoso y atrasado, incluso en Cushillococha la rebelión moral es inextinguible. Parecería que, mientras la religión evangélica ha borrado la autoridad tradicional para muchos Ticuna, sólo ha proporcionado una nueva base espiritual para unos pocos. El resto son impenitentes o caídos, que las Ciudades de Dios siempre producen en cantidad.

Los drásticos cambios requeridos por el nuevo orden sugieren que la nueva identidad Ticuna es sólo el «disfraz indígena» de Townsend, una cáscara para un nuevo contenido. La energía milenarista Ticuna aún late a través del nuevo orden, pero el ILV lo ha canalizado de una manera particular. Uno nota rápidamente la avidez de las jóvenes evangélicas que manejan dinero por adquirir medias nylon, zapatos de taco alto, cosméticos y otros avíos de la civilización. Lo que HuxIey llamó el «deseo urgente y expreso de hacerse peruanos» de parte de los Cushillocochanos, sugiere que la comunidad es un modelo, no sólo de integración, sino de asimilación con el sólo distintivo del idioma Ticuna{30}.

Tal vez esté más cerca de la verdad decir americanizado que peruanizado, ya que quince años más tarde los líderes cristianos se mantenían desconfiados frente a los peruanos y profundamente atados a su fundador norteamericano, como si el viejo contraste entre el patrón mestizo y el blanco inmortal aún perviviera. La mitología tradicional hacía una distinción radical entre los Ticuna y el mundo «racional» que los oprimía. Periódicas oleadas milenaristas reunieron a los Ticuna con otros grupos nativos y, a través de versiones como la del Culto de la Cruz, incorporaron a gente [221] destribalizada. Pero ahora los jóvenes jefes de Cushillococha menosprecian a otros Ticuna y explican que «hermanos» de los Estados Unidos y Europa proporcionaron el aserradero y otros adelantos. El nuevo dualismo social se da entre los creyentes y los no-creyentes. En el campo opuesto no sólo están los peruanos, como antes, sino la mayor parte de los Ticuna y otros indígenas.

Notas

{23} Sullivan 1970:163, 173.

{24} Sobre la formación de Cushillococha, ver SIL/WBT 1963:102-21; Huxley 1964:195-6. 213; Solnit 1964 y pp. 4, 6 Peruvian Times 17 de diciembre 1965.

{25} Rossi 1975:99-105, 117, 122, 124, 139.

{26} Rossi 1975:103, 127-8, 147-8.

{27} «Salvaje», maestro bilingüe Ticuna citado en Cowan 1979:257. «Apenas civilizado», entrevista del autor, Cushillococha, 11 de abril 1976.

{28} Ver Rossi 1975:137-44.

{29} Buckingham 1974.155-9.

{30} Huxley y Capa 1964:195.

 

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