David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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Guías espirituales para los colonos

Para fines de la década de los cincuenta, algunos miembros de la jerarquía católica peruana se estaban dando por vencidos ante el Instituto Lingüístico. Si la futilidad de oponerse a sus planes era evidente, también se dieron cuenta de que estaban enfrentando una amenaza mucho más grave que el protestantismo a secas. Durante el clima pro-inversión bajo el régimen de Odria, cuando la mayor parte del nuevo capital extranjero venía de los Estados Unidos, el ingreso per cápita se incrementó, pero estaba distribuido más desigualmente que antes, al punto que el consumo per cápita de calorías y proteínas declinó{10}. En 1958 el nuncio papal recibió a Guillermo Townsend y los obispos peruanos emitieron su primera carta pastoral llamando a la justicia social redistributiva. Al año siguiente, en Lima, el Vice-Presidente Richard Nixon provocó el primero de los disturbios que lo saludaron en cada una de las capitales latinoamericanas durante su gira.

El principal respaldo de la filial peruana siguió radicando en los militares, quienes lo sacaron de una tercera crisis importante. Después de que la fuerzas armadas anularon las elecciones de 1962, Washington las castigó cortando créditos. La filial se encontró «bajo una tremenda presión» de parte de tina serie de fuentes no nombradas. El nuevo ministro de educación «planeaba hundir todo el programa», cerrando las escuelas bilingües y expulsando al ILV. El subsidio oficial había sido ya liquidado cuando el General Salvador García Zapatero llegó a la base. Como presidente de la comisión para el desarrollo de la selva, al tiempo en que estaba en marcha la construcción de carreteras bajo el Plan Perú-vía, el oficial pronto estuvo bajo el hechizo de Townsend. «Puedo ver lo que va a suceder», exclamó, «...estos indios que son los guías en la selva, hablando en términos materiales, se convertirán en guías espirituales para los colonos de la costa y de la sierra. Puedo verlo porque ellos tienen la Palabra de Dios. Ustedes los están capacitando en las Escrituras, y ellos serán los guías de esta zona, para llevar toda esta región de la selva hacia una nueva forma de vida». García ordenó al Ministro de Educación rehabilitar al ILV. Dos generales de la fuerza aérea, Vargas Prada y Granthom, renovaron su contrato de servicios [212] con la filial. Otra vez había salido de la crisis con mayores subsidios que antes{11}{12}.

El año después que el General García salvó al ILV-Perú para otra década más de construcción de carreteras y colonización, en 1963 Fernando Belaúnde Terry ganó la presidencia con las promesas de la Alianza para el Progreso. En la sierra, donde campesinos Quechua estaban realizando invasiones masivas de haciendas, Belaúnde prometió una reforma agraria y escuelas. A los hambrientos que tenían los ojos puestos en las enormes plantaciones de la costa y que estaban afluyendo a las ciudades, Belaúnde les ofreció la Amazonía. Una grandiosa carretera Marginal atraería a los campesinos sin tierras de la sierra y reforzaría el control del gobierno a lo largo de las vertientes occidentales de los Andes, un terreno accidentado, siendo pronosticado como refugio guerrillero.

Townsend estaba aún de moda: en marzo de 1961 le había escrito al Presidente Kennedy desde Yarinacocha, con «sugerencias para estimular la agricultura y el comercio en varias regiones de Sudamérica, al proporcionar puentes aéreos, construir una, carretera tras-continental, &c; adjuntó un mapa de lo que sería la principal carretera»{14}. En realidad, las carreteras de penetración fueron planificadas y financiadas desde Washington, como parte del paquete de Contra-insurgencia de la Alianza para el Progreso{15}. Como otras misiones cristianas, ahora el ILV no sólo iba a enseñar a los indígenas sus deberes patrióticos, sino también a servir como sistema de alarma contra la subversión.

Con la oposición católica disminuyendo y los funcionarios de la filial bienvenidos en el palacio de gobierno, Belaúnde parece haber [213] proporcionado al ILV sus años más seguros en el Perú{16}. En 1966 el comité de Amigos fue reemplazado por el Patronato. Este cuerpo honorario ostentaba una mayor selección de distinguidos hombres de negocios de Lima, incluía a Belaúnde como su presidente honorario y, según La Prensa, gozaba del respaldo financiero de la Confederación Nacional de Comerciantes (CONACO){17}.

Este confortable período terminó con un giro de los acontecimientos que Fidel Castro comparó con un incendio en la estación de bomberos. Los militares tomaron el poder, no por la razón usual de que un gobierno hubiera desagradado a los Estados Unidos, sino porque Belaúnde había fallado en hacerle frente. Dirigidos por el General Juan Velasco Alvarado (1968-75) declararon la Revolución Peruana, que ellos dijeron sería cristiana, humanista, no-marxista y no-capitalista. Para probar su temple anti-imperialista, el nuevo régimen procedió a nacionalizar (con compensación) ciertas inversiones norteamericanas impopulares.

Como parte del nuevo espíritu, en febrero de 1970 el Presidente Velasco estableció una comisión para estudiar el convenio con el ILV, entonces de un cuarto de siglo de antigüedad. Un año más tarde, el Ministerio de Educación impuso un contrato más restrictivo y exigente. Por primera vez el contrato de la filial tenía fecha de vencimiento, apenas cinco años de plazo, en febrero de 1976. Si el gobierno lo decidía, podía incluso requerir que el ILV entrenara a lingüistas peruanos como contrapartes y «sustituirlos gradualmente», hasta que el programa estuviera en manos nacionales{18}. Sin embargo, a pesar de estas desagradables perspectivas, la filial continuó operando como siempre lo había hecho. Según miembros del ILV, poco tiempo después que la junta tomara el poder, aseguró a la filial que estaba exenta del nuevo nacionalismo: se dijera lo que se dijera sobre los Estados Unidos en público, la junta sabía qué es lo que hacían los lingüistas y quería que continuaran. Según un observador norteamericano, a pesar de los generalmente estrechos lazos entre los misioneros estadounidenses y su embajada, el ILV era una misión religiosa que no era símbolo del colonialismo cultural{19}. Una razón era que resultaba tan útil para los [214] esquemas colonialistas oficiales para la selva, planes ahora imbuidos de significado revolucionario. Esperando sobrepasar los grandes depósitos petroleros descubiertos en el Ecuador, la junta firmó nuevos contratos con compañías norteamericanas en la etapa más reciente de una ofensiva que duraba ya décadas.

Tras años de mutua celebración, sin embargo, un viejo socio de esta noble causa estaba empezando a desertar. Los profesionales latinoamericanos mejor equipados para criticar al programa del ILV, los indigenistas, lo habían respaldado siempre. Los profesionales norteamericanos y europeos en una posición similar, los antropólogos, habían reservado sus sentimientos para sí mismos. Ahora en agosto de 1970, en el Congreso de Americanistas de Lima, los jóvenes indigenistas atacaron al ILV por primera vez.

Mientras tanto, en el Parque Nacional del Manu una batalla de clientelismo por la comunidad de escuela bilingüe de Tayakome se había iniciado, enfrentando a la filial con los guardianes del parque y su antropólogo Marcel D'Ans. Siempre que las avionetas del ILV aterrizaban en Tayakome por tinas pocas horas, los usualmente amigables Machiguenga rompían relaciones con el puesto del parque por al menos una semana. Finalmente, sin autorización del Ministerio de Educación, SSAR ayudó a su maestro y a su facción a salir del parque, dejando a los otros Machiguenga sin escuela{20}. El lingüista Alfredo Torero denunció una intervención foránea durante veinticinco años, «sin ningún tipo de vigilancia ni control por parte de las autoridades peruanas... La única conexión de estas tribus con el mundo exterior es el [ILV]... [Sus] fines pueden ser los confesados o muy otros. De todas formas los peruanos no tenemos control directo sobre la selva. Tenemos que recurrir al ILV para poder entrar sin problemas... [Las tribus consideran] extranjero a todo aquel peruano o no, que no sea del ILV... Súbditos de un país extranjero dominan tina gran zona de nuestro territorio y se arrogan el derecho de decidir cosas dentro de él{21}.

En el Simposio de Barbados, Stefano Varese, un antropólogo de entre las dos personas que formaban la División de Poblaciones Amazónicas en el Ministerio de Agricultura, señaló que el Sistema de Educación Bilingüe (SEB) no incluía siquiera a un sólo lingüista o antropólogo peruano. Dado que años de confiar en extranjeros habían convencido a los peruanos de ser incapaces, éstos habían permitido que el sistema quedara bajo [215] control del ILV, quien lo manipulaba para sus propios fines. En particular, los norteamericanos habían fomentado en los grupos nativos un «sentimiento aislacionista y dependiente», creando «una serie de compartimientos estancos... que ven con extrema desconfianza cualquier cosa que no forme parte, directa o indirectamente, del SEB». Varese se consoló ante la idea de que, de acuerdo con el nuevo convenio, el personal del ILV sería gradualmente reemplazado por peruanos en los siguientes cinco años{22}.

Notas

{10} Pike 1967:297.

{11} SIL/WBT 1964:115-7, Townsend y Pittman 1975:5, 12-3.

{12} El presupuesto público de 1963 para las escuelas bilingües sumó aproximadamente 2.45 millones de soles, es decir noventa mil dólares, incluyendo los salarios de los maestros, nuevas construcciones en Yarinacocha y gastos administrativos{13}.

{13} SIL/WBT 1964:116-7.

{14} Memorándum de la Casa Blanca del 10 de abril 1961, en relación a una carta del 23 de marzo 1961 de W. Cameron Townsend, Jolin F. Kennedy Library, Boston.

{15} Mangin 1972:206-7.

{16} Hefleys 1974:229, 237, 241 y Rossi 1975:115-6.

{17} Prensa 10 de julio 1966. Para una lista de miembros, ver Comercio 4 de septiembre 1966. También estos dos periódicos y Expreso, 7 de septiembre 1966.

{18} p. 7 Peruano (Lima) 8 de febrero 1971.

{19} McCurry 1972:405.

{20} D'Ans 1981:148-62.

{21} Expreso 31 de enero y 10 de febrero 1972.

{22} Varese 1972a:128-9, 136-8.

 

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