David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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Los apóstoles indígenas

Para Efraín Morote Best, el maestro bilingüe era un hombre frugal, temperado y abstinente, poseído por una misión apostólica cristiana. En el éxodo anual desde Yarinacocha, informó, los maestros regresaban a su pueblo «portando cerdos, gallinas, pavos, patos, semillas y plantas de árboles frutales, motores para lanchas, escopetas, vitolas, linternas eléctricas, bicicletas, ropa, medicinas y, junto con todo esto, un buen lote de libros, de cuadernos, de lápices y cartillas... En adelante, el maestro bilingüe es un consejero del grupo. A él se lo mira como al símbolo de la civilización que avanza»{105}.

Los traductores de la Biblia estaban desatando una bonanza de bienes de consumo. Descendieron del cielo en aviones, descargaron abultadas máquinas habladoras, ofrecieron regalos, establecieron hogares al estilo norteamericano, pagaron a informantes para aprender el idioma, y llevaron a Yarinacocha en sus aviones a los más dispuestos. La atmósfera eficiente de la base ahorraba tiempo, era más fácil sustraer de los nativos las creencias celosamente guardadas y, como informó el corresponsal del Peruvian Times, David St. Clair, los informantes probaban «el sabor de la civilización'» (Cuando pregunté a un informante por qué le gustaba Yarinacocha, contestó: «Hay mucho limonada, refresco allá. Dulces». Como la respuesta lo avergonzara, se rió. «Más, es mejor que aquí»). Como señaló también St. Clair, la base era como «otro mundo», lo que hacía que los indígenas «quieran mejorar su propio entorno primitivo». Dado que los informantes eran desalentados de dejar del todo su entorno primitivo, Yarinacocha era el hola y adiós al poder y la gloria, a menos que fueran invitados a regresar. [184]

Para hacer que los visitantes indígenas se sintieran en casa, tenían su propio poblado al estilo nativo –lo que en parte se debía a una segregación racial (originalmente temor a los gérmenes indígenas)– y a veces se convertía en barriadas, en marcado contraste con las viviendas de los miembros. Como cualquier misión o proyecto indigenista, la base reproducía las relaciones de clase predominantes, pero manipulándolas de cierta manera para adelantar la llegada de ese mejor día. Las elites criollas de Lima, por ejemplo, estaban excluidas del programa, salvo aquellas ocasiones simbólicas como las clases de educación cívica. Pero los trabajadores asalariados que residían fuera de la base (y de manera temporal los informantes lingüísticos) limpiaban los pisos. Para los visitantes indígenas de la selva, el contraste entre las comodidades de los norteamericanos, la indigencia de los trabajadores de Pucallpa y ellos mismos, hacía de la base una lección concentrada sobre estratificación social. Enfatizaba su baja posición, estimulaba las aspiraciones materiales y prometía, un rápido progreso individual.

Juzgando por los relatos Wycleffe, los primeros conversos eran generalmente ganados ahí, no en casa entre su gente. Un aura particular envuelve la traducción Bíblica: como ha explicado George Cowan, el hablante nativo debe «expresar a satisfacción» de su traductor Wycleffe «el significado de cada libro, capítulo, versículo y frase» para ser interpretado, algo que ni siquiera un instituto Bíblico exige{106}. Los traductores pueden negar que están evangelizando: a su modo de ver, es la Palabra de Dios y el Espíritu Santo quienes actúan en el corazón del informante, no alguna presión o influencia por parte suya, lo que lleva a la conversión. Tarde o temprano, informantes de prácticamente cada idioma vienen al Señor en la mesa de traducción: si no lo hubieran hecho, el ILV no podría traducir la Biblia{107}.

Los informantes que los traductores eligieron para asistir al curso de capacitación pedagógica eran, generalmente, hombres que habían [185] adquirido algo de español y algunos años de primaria fuera de su grupo, en internados católicos o en la ocasional misión protestante, como conscriptos del ejército o capataces de patrones. El sueldo de setecientos soles mensuales de un maestro «es realmente una cantidad grande en un caserío indígena», explicaba St. Clair, «pero es un incentivo definitivo por parte del gobierno para conseguir a los jóvenes más capaces de cada tribu. Los maestros ven esta oportunidad como una posibilidad de mejorar, no sólo su caserío, sino a sí mismos también. Porque he aquí una gran oportunidad de deshacerse de la pobreza y de la sujeción que muchos de ellos soportan. Ahí está su oportunidad de ser alguien más que apenas otro nativo en otro caserío»{109}. Para los candidatos a maestro que no se hubieran ya rendido a Cristo, la receptividad a la idea era generalmente un criterio de selección. Gracias a la presión evangélica por parte de otros candidatos, que estaban mostrando su testimonio cristiano a sus propios traductores, casi todo el mundo declaraba en favor del Señor.

Ahora que los jóvenes más ambiciosos habían enseñado sus idiomas y rechazado la tradición a cambio de halagadoras perspectivas, se esperaba de ellos que fueran líderes cristianos, es decir, cumplir instrucciones para convertir a la propia familia y a los vecinos en pobladores cristianos. No había lugar para la libertad de elección en la escuela bilingüe modelo, porque el alfabetismo y el evangelismo eran parte de un mismo paquete. «Aprendí a leer y a escribir con el Sr. [Will] Kindberg», citó Wycliffe al maestro Campa José Flores ante los ojos de su traductor en 1963. 'Si esto no hubiera pasado, ninguno de ustedes estaría aprendiendo. Ustedes no serían capaces de leer la Biblia y ser cristianos'. Luego Will, agregando su palabra de instrucción, dijo: 'Jesús está en el cielo, y nosotros aceptamos la resurrección de Cristo como prueba de que existe la resurrección y que El nos levantará...'. Después que Will habló, los estudiantes entonaron 'Adelante Soldados Cristianos' en idioma Campa»{110}.

Las órdenes de marcha enfrentaban al maestro con los valores tradicionales. En las sociedades amazónicas la gente comparte usualmente lo que tiene, e poder de un líder está generalmente limitado a la persuasión y su deber es antes que nada dar más generosamente que ningún otro, de modo que puede terminar siendo el hombre más pobre del grupo{111}. [186] En sociedades igualitarias, donde el líder era en realidad un servidor, el ILV estaba tratando de establecer un líder autoritario que considerara sus pertenencias como propiedad privada, y esto en nombre de la humildad 'cristiana'. Mientras la gente trataba de despojar al maestro de sus nuevas pertenencias, su profesión implicaba que ya no tendría tiempo para cazar y abrir una chacra. Las fuertes demandas no sólo mataron sus sueños sino amenazaron con dejarlo sin nada, poniéndolo así bajo presión para romper con los patrones de reciprocidad. El intercambio tradicional podría recuperar incluso ganancias empresariales. Pero el ILV estaba tratando de moldear sólidos individualistas, no multitudes mendigando a mano abierta, y tendía a intervenir de acuerdo con eso. El resultado podían ser desadaptados culturales, hombres en conflicto con su propia gente, pero incapaces de acercarse a los parámetros norteamericanos de vida que se les había enseñado a imitar.

Los traductores abrieron una caja llena de sorpresas desagradables cuando sus maestros convencieron a grupos pequeños y dispersos de juntarse, para lograr los veinticinco alumnos requeridos para justificar un sueldo oficial. Como recién llegados que debían crear su propio campo de influencia, los traductores generalmente mostraban más entusiasmo por la práctica que los católicos, que podían excusarse apelando a la historia. En el nombre de una pedagogía progresista, el ILV estaba reproduciendo la infame reducción –una concentración de indígenas cuya inestabilidad es típicamente atribuida a la irracionalidad nativa en lugar de las condiciones ecológicas.

Ya que la filial era incluso más reticente a explicar sus problemas a los peruanos que a sus patrocinadores en Estados Unidos, eventualmente le tocó a un antropólogo belga, Marcel D'Ans, explicar las consecuencias de concentrar población{112}. Pero en una publicación Wycliffe de 1970, leemos cómo en la consolidada comunidad Campa de Quempiri, el maestro José Flores «se convirtió en el arbitro de pleitos familiares, disputas vecinales, problemas de basura y control de animales domésticos; todo lo imaginable». Cuando un adulto y unos Cuantos niños murieron de disentería, «un hombre se asustó y salió del poblado, corriendo la voz de que el Dios del hombre blanco estaba enojado y matando a toda la gente». Luego un hombre vio a una serpiente mordiendo a otra y dijo que Quempiri estaba siendo invadida por serpientes. «Antes de que el episodio hubiera terminado, una buena parte de los recién llegados a [187] Quempiri se habían ido, y José fue abandonado con un gran problema de relaciones públicas»{113}. Algunos de los problemas de 'relaciones públicas' señalados por D'Ans –agotamiento de la caza y la tierra agrícola, deterioro de la higiene, tensión social y desorientación expresada en un incremento de acusaciones de brujería, vendettas y agresión sexual– fueron mencionados por el primer coordinador antropológico del ILV, Dale Kietzman, varios años más tarde. El nuevo patrón de asentamiento en torno a las escuelas bilingües en el Perú, explicó Kietzman, «ha creado problemas sanitarios que nunca antes enfrentaron, ha puesto presión sobre las fuentes de alimentación, y ha alentado contactos que han expuesto a la gente a enfermedades no conocidas»{114}.

Mucho tiempo antes que el ILV reconociera estos manchones en su vitrina peruana, en 1961, un hombre de afuera captó la política mercantil en funcionamiento. Un tal Samuel Milbank, empresario de Nueva York, filántropo y amigo de Guillermo Townsend, le había solicitado a Matthew HuxIey escribir un libro sobre los indígenas amazónicos. Huxley eligió estudiar la aculturación y prestó considerable atención a sus anfitriones, quienes según esperaba podrían ayudar a los indígenas a evitar el aparentemente inevitable paso de la selva a las barriadas. Los primitivos Amahuaca habían saboreado la fruta del hombre blanco –las mercancías– y los hallaron buenos y su lingüista estaba decidido a enseñarles que eran básicamente malos: de ahí el título de HuxIey Adiós al Edén.

Pero en contraste con una misión protestante aislacionista, y con una «fábrica católica para hacer peruanos destruyendo todo lo indio», Huxley encontró en el ILV un alentador punto medio. Cierto número de sus trabajadores estaban tratando de establecer un balance entre la asimilación total y la protección total. Estaban tratando de preparar a los indígenas para el desarrollo como indígenas. HuxIey creía que el enfoque lingüístico era responsable: ya que los lingüistas eran reticentes a destruir los idiomas por razones profesionales, su método se abría a «un denominador tribal». Donde la cultura se estaba desintegrando, el lingüista trataba de «alentar y reforzar la poca solidaridad tribal existente, para unir al grupo en una defensa sicológica comunal contra los 'de afuera' », al tiempo de ayudarlos a llegar a un intercambio más equitativo.

HuxIey notó que la solidaridad grupal también podría ser socavada. Los Amarakaeri, lavadores de oro, estaban abandonando las casas [188] comunales por casas individuales, para poder encerrar sus nuevas pertenencias. El administrador de la cooperativa Ticuna quería un aumento: si no se lo daban, abriría su propia tienda. Para socavar el poder de un patrón, un lingüista pasó años convenciendo a la gente de pasarse al sistema de pagar al contado. Finalmente, financió al hijo de un jefe para poner una tienda. El nuevo empresario pronto extendió crédito y restauró el viejo orden. Ahora el patrón era un indígena e incluso más difícil de manejar.

Para preparar a los indígenas para la civilización, después de todo, los traductores de la Biblia estaban trayéndosela más rápido y más pronto. Para ganar la lealtad indígena y dejar varados a los patrones, el ILV estaba acelerando la invasión de mercancías a los grupos nativos. Estaba consiguiendo bienes de consumo más baratos y proporcionando mayor cantidad de los mismos. Estaba animando a los indígenas a realizar transacciones en efectivo, pero gracias a una alianza entre las fuerzas del mercado y la virtud protestante, estaba ayudando a que algunos se convirtieran en patrones. Finalmente, como Huxley señaló, estaba creando en los indígenas expectativas imposibles, sueños de riqueza y grandeza que nunca podrían satisfacer. A pesar de las revoluciones que estaban poniendo en movimiento, la mayor parte de los trabajadores de campo estaban aún concentrándose en su «programa fundamental» de traducción Bíblica, alfabetización y organización de iglesias. Eran revolucionarios «sin saberlo, frecuentemente reticentes y mayormente no preparados».

Por ello HuxIey recomendó al ILV convertirse en una agencia tanto para el «desarrollo espiritual como tecnológico». Con suerte, la asistencia técnica traería de regreso a la tierra las visiones del maestro Campa Santos C., para Huxley la preocupación, pero para Wycliffe la promesa de la fe llenando al vacío. Siendo Santos producto de dos o tres misiones protestantes y del ejército antes de hacerse maestro bilingüe, vio en su selva desolada «un poblado selvático como Atalaya, tal vez incluso la bulliciosa ciudad de Pucallpa, con un campo de aterrizaje, un hospital y plantaciones de café y cacao; con hatos de ganado y mucha gente con ropa y zapatos apropiados», una ciudad donde cada hombre, mujer y niño ha encontrado a Dios»{115}.

El colmo del sueño de Santos no sería la desilusión como Huxley preveía, sino las crecientes invasiones de colonos a su territorio. Sin embargo, bajo la presión de las demandas que estaba generando, el ILV-Perú siguió el consejo de Huxley. Para principios de los años setenta, [189] condujo más programas de desarrollo que ninguna otra filial, centrándose en el sistema de capacitación vocacional auspiciado por el gobierno en Yarinacocha. Las principales líneas de asistencia han sido nuevos cultivos y animales domésticos, para aumentar la producción para el mercado y mejorar la dieta de comunidades con desequilibrio ecológico; pequeños aserraderos, tiendas, máquinas de coser y motores fuera de borda. Los proyectos comunitarios han sido financiados por un fondo de crédito rotativo proporcionado por Vecinos Mundiales, una agencia evangélica radicada en Oklahoma, y por la Agencia Internacional para el Desarrollo. Habiendo concluido que muchos indígenas amazónicos poseen un desarrollado sentido de la propiedad privada, la filial ha tendido a dar préstamos a bajo interés a aquellos individuos –generalmente los más leales evangélicos– que se juzgara más adecuados para manejar la responsabilidad. Estaban supuestos a usar su nueva propiedad –tienda, motor fuera de borda, ganado– para el bien de la comunidad e inspirar el deseo de imitación, promoviendo de esta manera el desarrollo comunitario.

Después que el ILV lograra persuadir al gobierno de no expulsarlo, en 1977, su director Lambert Anderson manifestó que, junto con la producción de cartillas, el desarrollo comunitario era entonces su prioridad oficialmente asignada{116}. No mucho antes, un antropólogo había examinado los proyectos agropecuarios en los que la filial estaba predicando el futuro de muchas comunidades de escuela bilingüe. Este concluyó que generalmente habían fracasado y que no proporcionarían una nueva base económica{117}. Para sorpresa del antropólogo, los traductores no se molestaron por sus hallazgos. Con la excepción de uno que otro especialista en desarrollo, los miembros sentían que ya tenían muy poco tiempo disponible para su tarea más importante{118}. Como había sido subrayado por la amenaza de expulsión, preferían concentrarse en la misma prioridad que en tiempos de Huxley.

Lo que siguió siendo más importante para estos traductores era la organización de iglesias, como fue ilustrado por su estrecha colaboración con otras misiones evangélicas. Este es otro aspecto del programa que no ha [190] sido explicado en el Perú: desde los años cincuenta, la filial ha reclutado estudiantes para el Instituto Bíblico Alianza en la sierra, como aparentemente también lo hizo para el Instituto Bíblico Indígena de Tournavista y la Misión Indígena Sudamericana de Contamana. Pero el vínculo más importante es con la Misión Indígena Suiza (SIM), cuyo Instituto Bíblico Townsend ayudó a establecer cerca a Yarmacocha a fines de los cincuenta{119}. Reputada como más estricta y dogmática que su socio, el ILV, la Misión Suiza entrena conversos para hacerlos pastores. A cambio, la filial ha ayudado a la Misión a aprender idiomas y establecer estaciones, relevándose de este modo de tareas más sectarias como la disciplina eclesiástica y asegurándose contra una partida prematura.

Notas

{105} Morote Best 1957: 9-11.

{106} Cosvan 1979: 252.

{107} «En cada tribu debe haber alguien 'cuyo corazón se abra al Señor' para trabajar con el traductor en hallar formas de expresar las verdades de la Palabra de Dios en las palabras de su propio idioma», explicaba la filial colombiana en 1976 . «...Sin un asistente cristiano el traductor está seriamente impedido, ya que el ayudante de traducción necesita tener una comprensión en profundidad de las verdades que está traduciendo»{108}.

{108} Communique (ILV: Lomalinda, Colombia) enero 1976.

{109} St. Clair 1958.

{110} SIL/WBT 1963: 55.

{111} Clastres (1980) describe «al líder como sirviente» entre los indígenas americanos.

{112} Citado por Solar (1972: 39-42) para el Primer Seminario Nacional sobre la Educación Bilingüe.

{113} Long 1970: 35.

{114} Pike y Brend 1977: 78.

{115} Huxley y Capa 1964: 139-240. Para una visión Wycliffe sobre Santos C., ver SIL/WBT 1963: 92-101.

{116} Entrevista del autor, Yarinacocha, 21 de febrero 1977.

{117} Benson 1978.

{118} La observación de Benson al autor en este sentido está corroborada por la presentación de las prioridades de la filial (p. 3 In Other Words marzo 1977) a los sostenedores norteamericanos.

{119} Hefleys 1972: 137. Para una versión más completa de las relaciones entre las misiones, ver Georg 1979.

 

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