David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
←  Quito 1985 • capítulo 3 • páginas 112-125  →

El Señor mismo no contó toda la historia

«Yo solía decirle al grupo en los primeros tiempos en México», ha explicado Guillermo Townsend a una generación posterior, «que nosotros estábamos siempre al borde del volcán: problemas, dificultades, oposición{36}. Aun así, habría sido difícil encontrar mejores aliados que Cárdenas y los indigenistas, un embajador norteamericano anti-intervencionista y la familiar Saenz. Townsend tenía sus apuestas cubiertas y, a excepción del pedido del presidente de movilizarse contra las compañías petroleras, sus [113] amigos parecen haber sido de lo más comprensivos. De la biografía de los Hefley resulta claro que, después que Townsend se casó con los indigenistas y saltó a los brazos del gran reformador, su más serio problema fueron sus propios correligionarios. No les gustaba caminar por los bordes de su volcán; los estaba atemorizando con un poco de fuego infernal. De la batalla entre el fundamentalista y el oportunista surgió el arreglo del ILV/TWB, un enredo semántico calculado para resolver problemas políticos, tanto en los Estados Unidos como en el campo.

Al organizar su propia misión, Townsend estaba buscando un puesto de honor en una industria altamente competitiva, el movimiento de las misiones de fe evangélicas. Estos cuerpos interdenominacionales e independientes tenían una sola razón de ser que nunca se permitían olvidar, la evangelización sistemática del mundo. Durante los años de Townsend en Guatemala, ellos cobraron fuerza en un estallido de «libre empresa religiosa». En la medida que las misiones denominacionales, generalmente más liberales, rechazaron a los cazadores de brujas fundamentalistas, éstos últimos acudieron a misiones de fe como la Centroamericana o fundaron la suya propia{37}. Al demostrar la pureza de las propias convicciones, declarar la guerra a la herejía o anunciar una campaña para difundir esa religión de antaño, hombres como Guillermo Townsend podían conseguir fondos y reclutas para lanzar sus propios imperios espirituales.

En tanto que los primeros empresarios de la fe rompieron con la financiación denominacional, santificaron su alejamiento con el lema 'confiar en el Señor'. Los misioneros de la fe consideran que la oración es el impulso detrás de su obra, y operan en la fe de que el Señor moverá a otros para financiarlos. Se comunican con el país de origen a través del boletín de rezos, una lista de pedidos (para ocuparse de un problema) y de alabanzas (por haber solucionado el problema) que está ligado a la presentación de la 'necesidad', de un mayor esfuerzo para alcanzar a los que están perdidos. Como se ha hecho costumbre, los sostenedores responden no sólo con oraciones, sino con dinero. Aparte de sangrar directamente al público evangélico, y de envolver los pedidos en santificación, el recaudar fondos por medio de la fe produce un rápido crecimiento si se realiza con las sofisticadas técnicas de propaganda que Wycliffe ha empleado. Cada recluta suele obtener dinero de su propia red social; la cantera de reclutas potenciales atraviesa las fronteras denominacionales; y el nombre de Wycliffe asegura a los sostenedores que se trata de una causa valiosa. [114]

Pero dado que las misiones de fe no pueden contar con la lealtad y la burocracia denominacionales, su flujo de caja depende de agradar a una multitud de pastores, comités de iglesia y fieles. Una vez que se ha convencido a la gente de contribuir, éstos quieren ver los resultados prometidos: quebrada la penumbra, salvadas las almas, organizadas nuevas iglesias. Como los empresarios de la fe han alentado y explotado expectativas irreales, la interacción entre la fe y las finanzas frugales puede llevar fácilmente a informaciones inexactas de lo que está realmente sucediendo en el África oscura o en la Amazonía misteriosa. Si los sostenedores se enteran de que ellos mismos han sido mantenidos en la oscuridad, que se ha abusado de su fe, sus corazones y monederos se cierran de golpe.

Las misiones de fe son los guardianes principales de la moral mutua, ya que sólo ellas saben lo que realmente está sucediendo. Dado que las bases de apoyo en Estados Unidos se superponen, tienen un fuerte interés común en conservar el olor de santidad. Pero el llamado de Dios es una experiencia privada y, especialmente durante la depresión económica de los años treinta, las misiones establecidas no querían otras nuevas compitiendo por cantidades finitas de jóvenes reclutables e ingresos disponibles. En el campo hay todavía más oportunidades de desacuerdos, de modo que no es una sorpresa que uno que otro empresario de la fe haya sido denunciado como autor de fraude. De hecho, después de que las misiones de fe se organizaron en dos asociaciones para manejar este tipo de problemas, en los años cincuenta Wycliffe tuvo discusiones con ambas. Pero ahora que Wycliffe se ha convertido en una institución evangélica mayor, reina la máxima cautela. 'El respaldo' y 'perder respaldo' preocupa a muchos administradores de Wycliffe, determinando qué información llega o no llega a los sostenedores.

El Señor guió a Townsend hacia México a través de Testimonio de Vida Victoriosa, un medio no-denominacional para refinados empresarios presbiterianos de Filadelfia. Su apóstol principal era Charles Gallaudet Trumbull, biógrafo de C.I. Scofield y uno de los últimos líderes del movimiento Milenarianista antes de que éste se hiciera indistinguible del fundamentalismo. La «vida victoriosa» era la Doctrina Keswick de Santificación, que se había convertido en la respuesta fundamentalista a las pretensiones sobre el Espíritu Santo por los movimientos de santidad y el pentecostalismo{38}. Para ansiosos Milenarianistas preocupados por las profecías de la [115] Gran Tribulación, la vida victoriosa ofrecía el triunfo personal: la victoria sobre el pecado, y poder en el servicio... el llamado de Dios a todos, como cristianos misioneros, para compartirlo con otros en los lugares más alejados de la tierra»{39}. Leonard Livingston Legters (?-1940), un organizador de misiones de Testimonio de Vida Victoriosa, ayudó a Townsend a planear su avanzada mexicana y proporcionó el aparato de fe del Testimonio para financiarla.

Los dos se habían conocido en 1920, cuando los Townsend invitaron al Reverendo Howard Dinwiddie de la Vida Victoriosa a su primera conferencia Bíblica con los Cakchiquel. L. L. Legters vino también: habiéndose desempeñado como misionero presbiteriano en una reservación Comanche y Sioux en Estados Unidos, acababa de dejar un cargo de pastor en Carolina del Sur. Su esposa estaba muriendo y él se encontraba inquieto. Según Wycliffe, la visión de Legters sobre las tribus no alcanzadas provenía de su visita a la obra de Townsend. Según Paul Burgess, las misiones de Guatemala estaban al borde de un cisma cuando Dinwiddie y Legters empeoraron las cosas al proponer una nueva y separada misión indígena. Townsend mencionó sólo a Dinwiddie en sus comunicaciones, pero en 1921 Legters fue nombrado secretario de campo de la nueva Agencia Misionera Pionera de la Vida Victoriosa{40}.

La Pionera era una operación de reconocimiento y de recaudación de fondos, no una misión de campo propiamente dicha. Los deberes de Legters incluían visitas anuales a lugares no alcanzados en Latinoamérica, en lo que tanto él como los misioneros católicos consideraban una continuación directa de las guerras religiosas en Europa tres siglos antes. Después de explorar los reductos de Satanás, volvía a Estados Unidos para recorrer el circuito de iglesias, denunciar las mil tribus aún en las tinieblas y demandar que todas ellas fueran alcanzadas en esa generación. Entre los más impresionados por los informes de Legters sobre las tribus perdidas de la Amazonía estaba Townsend. Este había empezado a sentirse atrapado en los estrechos valles de la Misión Centroamericana. Anhelando las lejanas selvas y midiendo los riesgos, Townsend decidió que tenía la respuesta –la aviación– y podría encontrar el dinero para financiarla. Habiendo terminado el Nuevo Testamento Cakchiquel por la época en que la bolsa [116] de Wall Street quebró, Townsend inició una búsqueda infructuosa de sostenedores.

Las discrepancias entre los relatos de Wycliffe y los boletines de la Misión Centroamericana sugieren que el famoso caso de tuberculosis townsendiana en 1932 era más para exculparse que porque estuviera incapacitado, una excusa para abandonar Guatemala{41}. La Misión Centroamericana consideraba demasiado costosa su propuesta amazónica, quería que él se quedara con los Cakchiquel y esperaba que no organizara su propia misión{42}. A pesar de la invitación de Saenz, la Amazonía supuestamente cautivaba a Townsend hasta febrero de 1933, en que Legters lo convenció de escoger México por ser más económico. A sugerencia de Townsend, los dos convinieron en capacitar a traductores Bíblicos para los aproximadamente cincuenta idiomas indígenas del país. Sin embargo, no acordaron comenzar una nueva misión, sólo capacitar a traductores para otros{43}. Los primeros Campamentos Wycliffe aparentemente intentaban conseguir reclutas para otra empresa auspiciada por la Pionera, de cuyos objetivos Townsend parece haberse apropiado.

Resulta que Legters había estado haciendo durante varios años planes todavía más ambiciosos para México. En enero de 1930, él y James Dale, un misionero presbiteriano, reclamaron una colina para Cristo fuera de Tamazunchale, Potosí. Dale y su esposa, la Dra. Katherine Neel Dale, planearon liberar a las aproximadamente cuarenta y cinco tribus mexicanas del analfabetismo, de la servidumbre y de la Iglesia Católica. En abril de 1934, la Misión Pionera puso a los Dale bajo sus alas para que pudieran organizar su propia Misión Indígena Mexicana{44}.

Dos meses más tarde, Townsend organizó su primer campamento de verano en una granja cerca de Sulphur Springs, Arkansas, donde su hermano Paul estaba trabajando para el evangelista y educador John Brown. El Campamento Wycliffe también sería conocido como el Campamento [117] Misional Pionero, un detalle descuidado en los relatos Wycliffe{45}. Como Crónica del Campamento Wycliffe se complacía en anunciar en 1936, el problema ya no era entrar a México sino encontrar suficientes voluntarios{46}. Sin embargo, pronto hubo otra dificultad, que no fue mencionada en Crónica ni en su boletín hermano Noticias pioneras: la oposición a los métodos de Townsend dentro de la Pionera.

Townsend y Dale tenían ambiciones similares para las tribus de México: a juzgar por la versión de Dale, él fue el primero. Aunque se ayudaban en varias maneras, Townsend pronto sobrepasó a su colega mayor, quien no logró organizar el comité directivo de su propia misión hasta 1944. Tampoco tuvo necesidad Dale de los subterfugios de Townsend, pues había encontrado a su patrocinador mexicano en otro sitio. Mientras Townsend se fue a la capital, Dale se quedó en San Luis Potosí, protegido por el General Saturnino Cedillo, el último de los caudillos revolucionarios independientes. Cedillo dio refugio a cientos de sacerdotes católicos perseguidos, organizó más bandas de Camisas Doradas después que Cárdenas disolvió a los Camisas Rojas y murió en una rebelión frustrada en 1938. En la medida en que Townsend se volvió 'bolchevique', Dale se volvió 'Tacista', y su Misión Indígena Mexicana nunca prosperó como Wycliffe. A mediados de los años sesenta, dijo contar con dieciocho miembros contra los 1400 de Wycliffe{47}.

Según Townsend, justo antes del milagro de Tetelcingo en enero de 1936, recibió una carta de un misionero no precisado: 1) quien como Dale había estado en México por muchos años, 2) cuyo hijo, como el de Dale, había gastado una gran cantidad de dinero para una visa; 3) quien «estaba en estrecho contacto con la agencia que manejaba nuestros fondos en Filadelfia» y; 4) quien interceptaba información sobre la puerta abierta de Townsend. El misionero creía que Townsend estaba engañando a la Pionera y quería saber cómo había obtenido permiso para operar. Townsend respondió pronto que su invitación provenía nada menos que del Presidente Cárdenas. A juzgar por lo que cuentan los Hefley, el misionero no estaba impresionado. Creyendo que Townsend estaba en México bajo falsos pretextos y engañando a los sostenedores de Estados Unidos, regresó a su país para denunciar «el fraude» y «deshonestidad» de Townsend{48}. [118]

Si este fuera James Dale, lo que podría haber interceptado era el primer número de la Crónica del Campamento Wycliffe en enero de 1936. Mientras que la Pionera estaba reservando a Dale el honor de organizar una nueva misión, éste debe haber leído que el Señor había «bendecido [tan] definitivamente» al Campamento Wycliffe que los «líderes del movimiento» estaban superando su temor de dividir más a las fuerzas misioneras en la convicción de que «el Señor nos haría seguir juntos como un grupo». No era necesario decir que la expedición del Campamento Wycliffe cooperaría siempre con otros o «incluso se disolvería» si ese fuera el designio del Señor{49}.

Los problemas de Townsend con sus propios seguidores comenzaron ese mismo año, al registrarse en México bajo el nombre de Instituto Lingüístico de Verano y entrar en la planilla del gobierno. Cuando el Presidente Cárdenas dio empleo al grupo como maestros de escuela, dos se fueron al Perú porque debían trabajar, en palabras de Townsend, «bajo las órdenes de un hombre... que se decía era comunista»{50}. Aquellos que se quedaron objetaron los «compromisos seculares» de su líder y su «alianza política» con Cárdenas, especialmente después que comenzó a defender la nacionalización del petróleo. En una discusión Townsend incluso defendió el socialismo «sincero», alegando que él haría lo mismo en Rusia si tuviera la oportunidad, e increpó a «aquellos que se dispararon en cualquier dirección en sus críticas». La oposición al gobierno, advirtió, podría resultar en oposición mortal» hacia la obra.

Los lingüistas de Townsend también estaban molestos por sus advertencias contra el proselitismo abierto. Dado que la legislación mexicana prohibía que los extranjeros ejercieran funciones clericales, los egresados del Campamento Wycliffe debían obedecer la ley y limitarse a la traducción de la Biblia. Debían abstenerse también de distribuir folletos religiosos, mantener distancia frente a la controversia religiosa y «dar testimonio sólo a nivel personal con amigos». A los jóvenes misioneros que ardían por el Señor, Townsend les estaba exigiendo que demoraran la oferta misma de salvación a cambio de ventajas políticas y una cosecha más abundante en el futuro. «La mayor parte de los ILVistas siguieron adelante con un mínimo de quejas», concluyen los Hefley{51}. [119]

Las restricciones requeridas para la metamorfosis de misiones de fe en instituto lingüístico dieron lugar a pretensiones básicas del ILV, las que a menudo no reflejan la práctica pero si protegen sus alianzas con gobiernos. Desde 1935 Townsend había estado pretendiendo ser 'no-sectario'. Con la rebelión de sus seguidores contra lo bolchevique, Townsend optó por la neutralidad política. Y en su respuesta al problema de la práctica –cómo ser misioneros de la fe no-sectarios– vemos el comienzo de la pretensión del ILV de ser 'no-eclesiástico'. Este espejismo semántico está dirigido a contener a los celosos traductores, distinguir al ILV de otras misiones evangélicas y vencer las objeciones Estado-Iglesia a sus contratos. Con todo, Wycliffe siempre ha asegurado a sus sostenedores norteamericanos que trabaja con otras misiones evangélicas y que la traducción de la Biblia produce nuevas congregaciones{52}. [120]

Sólo recientemente Wycliffe ha explicado cómo surgió el arreglo ILV/TWB. Según los Hefley, fue resultado de dos reformas al arreglo Pionera/Campamento Wycliffe/lingüistas, en 1936 y 1941, desencadenadas por ultimatums de parte de la Pionera.

A fines de 1936, una carta de L. L. Legters alcanzó a Townsend en México. Su compañero «estaba en problemas con la Agencia Misionera Pionera». La junta directiva de la Pionera, que incluía a Legters, quería hacer respetar una medida de decoro con tanta insistencia que estaba amenazando con estrangular el avance del Evangelio. No podría seguir remitiendo fondos de sostenedores a México, a menos que la expedición del Campamento Wycliffe organizara un comité, un grupo de cristianos respetables en Estados Unidos que vigilara las actividades de campo. Según los Hefley, Townsend creía que un comité de ese tipo «podría no entender» lo que su grupo estaba haciendo.

El ultimátum de la Pionera forzó a Townsend a presentar a sus reclutas, quienes comprendían demasiado bien lo que él estaba haciendo, un hecho consumado: que ellos eran ahora el Instituto Lingüístico de Verano. Apelando a la tradición de autogobierno en las misiones de fe, él urgió a sus seguidores a «manejar nuestros asuntos desde el campo bajo la guía del Señor». Obviamente, para registrarse en México tendrían que ser una agencia lingüística en vez de una misión religiosa. El Instituto Lingüístico de verano sería un nombre apropiado porque «un país suspicaz no lo consideraría una amenaza»{55}. Había objeciones a ésta lógica, pero los reclutas de Townsend no tenían mucho que elegir, porque él ya estaba traduciendo Campamento Wycliffe como Instituto Lingüístico de Verano para los oídos mexicanos{56}.

El principio según el cual la autoridad última reside en los miembros, no en el consejo directivo, surgió de este arquetipo del sistema democrático de toma de decisiones en el ILV. Aunque Townsend continuaría enredando a sus miembros con hechos consumados, ellos eran su única fuente posible de legitimidad aparte de la dirección divina, cuya credibilidad estaba más bien baja en esta coyuntura. La actitud de al menos algunos reclutas hacia el arreglo del ILV es sugerida por el hijo de L. L. Legters. Un rebelde notable de los primeros años, David Legters supervisó a un equipo de evangelistas Maya en Yucatán financiado por la Pionera, ayudó a redactar [121] la constitución del ILV y renunció al mismo a principios de los años cuarenta. «Parte de su facilidad de movimiento», explicó un amigo décadas después, «surgía del hecho de que Wycliffe los había registrado como traductores. Debido a una nueva campaña del gobierno para educar a las masas, este título y su implicación de que las grandes mayorías ignorantes serían ayudadas de alguna manera por maestros extranjeros entrenados, ayudó a derribar los obstáculos oficiales en el camino de los religiosos protestantes»{57}.

Los empresarios conservadores del directorio de la Pionera continuaron remitiendo dinero, pero no estaban complacidos con la maniobra del ILV y lo que vino después. «No nos hacemos problemas por el dinero», explicó Townsend al Embajador Daniels. «El Señor proveerá... Una vez que se sabe lo que estamos haciendo... el dinero viene»{58}. Sin embargo no vino en suficientes cantidades, lo que los Hefley atribuyeron al apoyo de Townsend a Cárdenas. El fundador lo recuerda como un período solitario: «Me alegro tanto de que, al principio, hayamos dependido de un arreglo de remitir fondos que era sólo una cortesía, y no muy eficiente, y que no pudiéramos permitir que saliera publicidad porque algo así habría sido utilizado en contra nuestra en México. Dependíamos totalmente del Señor. Dijimos: «Señor, tú sabes que estamos aquí. No podemos dejarlo saber a otros. No podemos hacer pública nuestra situación».{59}

En realidad, la Pionera continuó publicitando la expedición mexicana, así como el Campamento Wycliffe, pero sin hacer mucha algarabía. Tampoco eran sus comunicados, como la publicidad posterior de Wycliffe, muy informativos. Aunque el ILV se materializó en Crónica del Campamento Wycliffe, no había ninguna explicación de cómo o por qué surgió esta entidad. A juzgar por los varios boletines de la Pionera, los sostenedores no estaban informados de que sus misioneros eran pagados por el gobierno de Cárdenas o que operaban bajo los auspicios de un instituto lingüístico. Existía un Campamento Wycliffe en Arkansas dirigido por el ILV, y estaban además los regresados en México bajo auspicio de la Pionera. Después que muriera el principal recaudador de fondos, L. L. Legters, de un infarto en 1940, llegaron los tiempos de privación. [122]

Dos acontecimientos precipitaron la segunda reforma, la independencia de la Misión Pionera y la transformación de Campamento Wycliffe/ILV a las líneas actuales. El primero fue otro ultimátum de la Pionera; ahora que Townsend estaba duplicando su fuerza hasta cien en un solo año, insistió en que abriera su propia oficina matriz para manejar las contribuciones y propagandizar el trabajo. El segundo acontecimiento fue una invitación para mudar el Campamento Wycliffe a la Universidad de Oklahoma en Norman. Como ha explicado George Cowan, la legislación del estado prohibía que la universidad auspiciara a una organización religiosa{60}.

Para estimular la fe en los Estados Unidos y apaciguar la reacción ante las políticas mexicanas de Townsend, el grupo tendría que organizarse como su propia misión de fe. Para asegurar el auspicio de la universidad, tendría que evadir la ley registrándose como una organización no-religiosa. A fines de 1941, tres hombres de confianza de Townsend –los lingüistas de Campamento Wycliffe Kenneth Pike y Eugene Nida, así como el nuevo recaudador de fondos, William Nyman– aceptaron su sugerencia de formar «dos organizaciones», cuyos miembros y directorios fueran idénticos. Mientras el Instituto Lingüístico seguiría siendo no sectario, los Traductores Wycliffe de la Biblia tendrían una declaración doctrinaria como toda misión de fe. William Nyman, un comerciante de madera jubilado y miembro de la Iglesia de la Puerta Abierta de Los Ángeles, registró las dos entidades en California en 1942. El mismo año, el Campamento Wycliffe se mudó a la Universidad de Oklahoma, donde como instituto lingüístico sus estudiantes pudieran lograr créditos académicos{61}.

El nuevo arreglo apuntaló la doble identidad en los Estados Unidos, ya que ahora los miembros del directorio de Townsend 'entenderían' sus políticas. A juzgar por las publicaciones Wycliffe, sin embargo, los sostenedores norteamericanos no entendieron que sus misioneros estaban operando en el campo bajo auspicios de un instituto lingüístico hasta fines de los años cincuenta porque Wycliffe no se lo había contado. En Estados Unidos, el ILV era presentado como una dependencia de TWB: excepto en letras menudas donde el ILV «mantiene oficinas Filiales en México y Perú» y coopera con gobiernos, es solamente un título académico para los [123] cursos del Campamento Wycliffe{62}. Las operaciones de campo eran mencionadas exclusivamente como operaciones de Wycliffe. Aunque los cursos del ILV en la Universidad de Oklahoma atrajeron a un gran número de otros misioneros, hasta la década de los cincuenta parecen haber estado abiertos sólo para protestantes. En vista de las presentaciones del ILV ante los latinoamericanos, estos podían quedar tranquilos de estar tratando con una dependencia de una institución secular apoyada por el Estado.

Los hombres que apadrinaron al ILV/TWB, a veces contra sus propios deseos –Townsend, Legters, Dale, Saenz y buena parte del directorio de la Pionera– eran presbiterianos, pero Wycliffe probó ser mucho más atractivo para los bautistas y fundamentalistas independientes de iglesias como la de la Puerta Abierta. Para diluir el sectarismo entre sus filas, Townsend trató de ampliar su base de apoyo norteamericana, una movida facilitada por una importante división en el movimiento fundamentalista. En 1942 los líderes fundamentalistas más moderados, tales como Charles Fuller, organizaron la Asociación Nacional de Evangélicos (ANE). Habiendo decidido dar prioridad al evangelismo en lugar de esas esotéricas disputas fundamentalistas, la ANE se convirtió en el núcleo del orden renacido contemporáneo. Los líderes evangélicos persuadidos por Townsend eventualmente le dieron más campo de maniobra, pero los duros del grupo contraatacaron. Aunque el primer curso del Campamento Wycliffe/ILV en la Universidad de Oklahoma impresionó a la publicista de misiones Martha Moennich como un «cuerpo unido», en realidad estaba hirviendo de pasiones sectarias. Los fundamentalistas independientes entre los «Wycliffes» atacaron a Townsend por admitir en el curso a un miembro de la Iglesia Presbitariana, E.U.A., e invitar a predicar a una mujer con «inclinaciones pentecostales». La Pionera amenazó con cortar los fondos que aún estaba remitiendo. Miembros antiguos estaban molestos porque algunos de los estudiantes y nuevos miembros no compartían su visión de la seguridad eterna{63}.

Para justificar su presentación de esta fanática fraternidad, los voceros de Wycliffe han apelado al oportunismo: mientras que los gobiernos no nos hubieran aceptado como misioneros, sí nos aceptaron como lingüistas. «Si vincularnos demasiado con la labor sectaria al principio va en [124] contra nuestra, al punto de que perdamos la oportunidad de vivir en el país», recordó Townsend a los trabajadores de campo en 1948, «entonces no podemos ayudar a nuestros amigos. Si al ser extremadamente cautelosos durante los primeros años, podemos lograr una autorización permanente para vivir con las tribus indígenas y traducir las Escrituras para ellos, estaremos haciendo una gran contribución a la labor de nuestros amigos».

Desgraciadamente, este tipo de razonamiento no satisface a muchos evangélicos: no suena como basado en las Escrituras; una mala comprensión que el fundador siempre ha luchado por corregir. «El Señor mismo nos dio el ejemplo de no contar toda la historia a Sus enemigos», sostuvo Townsend en 1948. «Incluso Sus amigos tuvieron que darse cuenta de Quien era El. . . No tenemos que contarle a todo el mundo todo lo que sabemos para ser honestos. I Sam. 16:1-3»{64}. En Recuerda siempre, una colección de charlas a los miembros publicada en 1975, Townsend argumenta que 1) fue Dios que nos guió a presentarnos tal corno lo hacemos, 2) los hombres de negocios hacen lo mismo, 3) nuestros gobiernos anfitriones aceptan la política y 4) existe un precedente Bíblico para ello. A saber, así como Jesús salió de Nazaret «disfrazado de manera muy efectiva» de carpintero, los misioneros de Wycliffe van al campo como lingüistas y alfabetizadores. «¿Fue honesto de parte del Hijo de Dios», pregunta el fundador, «venir a la tierra sin revelar quién era El?»{65}.

Basándose en este principio, para amarrar el poder del Estado a un plan evangélico para los pueblos nativos, Townsend enseñó a su gente a convertirse en un nuevo tipo de misionero, hasta cierto punto en la práctica pero más en cuanto a presentación. Solía decirse que los edificadores de misiones eran hombres grandemente utilizados por Dios. En contraste, Townsend utilizaba a Dios: la fe se convirtió en su siervo. Por definición propia los reclutas eran servidores del Señor; Townsend obtenía su autoridad de ese mismo Señor, y aquellos que no gustaran de sus métodos podían irse. Muchos más afluyeron a Wycliffe obedeciendo el llamado de Dios.

Para los miembros, Townsend construyó un nuevo mundo semántico santificado, un culto de conveniencia divina derivado de significados [125] evangélicos, pero esencialmente particular a Wycliffe mismo. Dentro de este mundo privilegiado, los miembros podían ser cristianos no sectarios y no eclesiásticos, cuya tarea fuera implantar iglesias de 'verdaderos' cristianos. La tarea de pasar de un contrato del ILV a la implantación de iglesias del TWB se convirtió en una «revelación» del plan divino para la salvación. Atrapado entre los requerimientos de honestidad y de expansión, Wycliffe institucionalizó la negación plausible como mandato divino.

Dado que la misión del ILV/TWB es divina, la contradicción inadmisible para el mundo de afuera se ha hecho igualmente inadmisible dentro del ILV/TWB mismo. La ofuscación se ha convertido en una auto-decepción de muchas capas: la fe, las Escrituras y los milagros apaciguan las dudas. Por eso es que, en 1975, Wycliffe pudo presentar el Jesús disfrazado a los evangélicos de los Estados Unidos, mientras en varios países voceros del Instituto Lingüístico negaban que su organización alguna vez hubiera engañado a nadie.

Notas

{36} Townsend y Pittman 1975: 12.

{37} Marsden 1980: 34, 194.

{38} Anderson 1979: 39-41 y Marsden 1980: 101.

{39} Howard 1941: 29.

{40} Wallis y Bennett 1966: 37-41, 47-8, Hefleys 1974: 49-50; y Burgess 1957. El biógrafo (Dame 1968: 15) del hijo de Legters atribuye «la fundación de la Misión Pionera» a la alianza entre Townsend y Legters.

{41} Comparte el vigor de Townsend sugerido por el Central American Bulletin (15 de mayo 1932 p. 21:15 de noviembre 1932 p. 4; y 15 de enero 1933 p. 3). que no especifica la enfermedad, con el retrato horrendo pintado por Wallis y Bennett (1966: 53, 132) y con el convalesciente más bien activo de los Hefleys (1974: 75).

{42} Hefleys 1974: 69, 73-4, 76, 78.

{43} Wallis y Bennett 1966: 129.

{44} p. 2 The Mexican Indian (Philadelphia) enero/febrero 1945; Floyd 1944: 181; y Dale 1943: 112.

{45} p. 4 Camp Wycliffe Chronicle enero 1936.

{46} p. 2 ibid junio 1936.

{47} Goddard 1967. 425, 537, 712-14.

{48} Townsend y Pittman 1975: 15, Hefleys 1974: 99.

{49} p. 2 Camp Wycliffe Chronicle enero 1936.

{50} Townsend y Pittman 1975: 36.

{51} Hefleys 1974: 113-15, Wallis y Bennett 1966: 99.

{52} El ILV afirma que no es eclesiástico porque sus miembros 1) se limitan a la traducción de la Biblia. 2) están prohibidos de ejercer funciones pastorales tales como casar, enterrar y predicar en un idioma distinto del suyo, dejando esas obligaciones a los líderes locales, y 3) no establecen sistemas de iglesias denominacionales. Pero aunque Townsend siempre advirtió a sus miembros que deben pasar desapercibidos, se esperaba que éstos convirtieran a sus informantes lingüísticos en líderes de nuevas iglesias.

«Nuestro propósito es traducir la Palabra tan pronto como sea posible», aconsejaba el fundador en 1948, «y para lograrlo es mejor no atarse a responsabilidades tales como 'pastorear' a una congregación de creyentes. Esto puede ser pospuesto, al menos, comenzando donde no existe una congregación... Cuando varios indígenas han creído, es bueno reunirse con ellos regularmente en... sus casas para estudiar la Palabra. Llámenlo un 'estudio', no un 'culto'. Los cánticos y oraciones deberían ser en el idioma nativo con indígenas dirigiendo, aunque pueda ser necesario que el misionero deba hacer algún manejo discreto desde su lugar en la audiencia. Tan pronto sea posible, el misionero debería enseñar a un indígena en privado cómo dar el mensaje o dirigir el estudio. Esto desarrolla líderes nativos y mantiene al misionero fuera de la vista»{53}.

«La política de nuestro grupo es comenzar primero con la traducción del Nuevo Testamento», declaraba una publicación de Wycliffe de 1944. «... Luego, propagando la traducción... establecer una iglesia local con un... liderazgo local». Dado que el liderazgo local es una meta evangélica normal, no distingue al ILV de otras misiones. Aunque los miembros no enseñan sistemas eclesiásticos de ningún tipo, según un folleto reciente de Wycliffe, sí «comparten una visión de la implantación y crecimiento de la iglesia» con los evangelistas nativos que han entrenado{54}. Se dice que uno que otro integrante ha sido expulsado cuando su proselitismo ha puesto en peligro a las filiales. Sin embargo, la prédica de muchos más miembros ha estado fuera de control administrativo o ha sido excusada, alegando que estaban sólo 'compartiendo su fe' o 'asistiendo' a un culto dirigido en realidad por un nativo.

{53} Townsend 1956.

{54} Mckinlay 1944: 17 y «Introduction to the Policies and Practices of WBT, lnc.», folleto distribuido en 1977.

{55} Hefleys 1974: 95-6.

{56} SIL-México 1960: 15.

{57} Dame 1968: 34. Compare la presentación del mismo autor (Dame 1941: 152) de los Legters, en el estilo no-sectario del ILV, y la evocación ferviente de Martha Moennich (1944: 104) del celo evangélico de los mismos.

{58} Daniels 1947: 167-71.

{59} Hefleys 1974: 103, Townsend y Pittman 1975: 11.

{60} Cowan 1979: 214.

{61} Hefleys 1974: 117-9, Townsend y Pittman 1975: 14.

{62} Última página de Translation septiembre 1950. Un año después de que Townsend (p. 3 Translation invierno 1957/58) mencionó el arreglo bajo cual el ILV opera en el campo, Kenneth Pike (1959) lo explicó más completamente en The Bible Translator.

{63} Moermich 1944: 16 y Hefleys 1974: 121.

{64} «Naturalmente, lo que sí decimos debe ser verdad», añadió Townsend. «Esta es la razón por la cual algunos reclutas son reticentes a decir que son investigadores lingüísticos... piensan que no están calificados. Esa es la razón por la cual el Dr. Pike y otros han insistido tanto en que cada tino trabaje duro en lingüística».

{65} Townsend 1956 (originalmente 1948), Townsend y Pittman 1975: 58-63, 125.

 

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