David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El Día del Juicio en la zona de los generales

Algunos misioneros han sido cuidadosos en no equiparar el renacimiento espiritual con el mejoramiento económico, pero el fundador de Wycliffe nunca lo fue. Desde que Townsend dejó Guatemala en 1932, el Nuevo Testamento ha sido traducido a los grupos idiomáticos principales. El trabajo asalariado ha hecho grandes avances sobre el enganche; la economía ha experimentado un gran auge; y con la excepción del experimento de reforma y democracia entre 1945 y 1954, el gobierno ha quedado en manos de Ubico y sus herederos. Algunos conversos protestantes han prosperado ciertamente, pero en general, ¿cómo les ha ido a los Maya y a los ladinos pobres?

En cuanto a las esperanzas de Townsend acerca de una nueva época de luces, un ochenta o noventa por ciento de la población Maya sigue siendo analfabeta. Un obstáculo a la nueva época de luces es el hambre: el Instituto de Nutrición para Centroamérica y Panamá ha estimado que el [95] setentaicinco por ciento de los niños guatemaltecos de menos de cinco años están malnutridos. La búsqueda de la nueva época de luces nos remite, por lo tanto, a un problema que Townsend consideraba secundario, la tenencia de la tierra. Según el censo nacional, entre 1950 y 1964 se incrementó la desigual distribución de tierras. Durante, este período, el tamaño promedio del minifundio en el altiplano occidental se redujo a casi la mitad{147}. El incremento de la mano de obra libre –a fines de los setenta los jornales rurales estaban alrededor de US$51.50– refleja la creciente incapacidad por parte del minifundio de proporcionar un sustento básico. Mientras los latifundistas monopolizaban la tierra más fértil para productos de exportación como el café, el algodón y el ganado, Guatemala estaba importando alimentos básicos como el maíz y el fréjol. Debido al sistema de tenencia de la tierra, Guatemala no producía alimentos suficientes para su gente, y la mayor parte de los agricultores carecían de la tierra y de los ingresos necesarios como para comer adecuadamente. Podemos concluir que, aunque los Maya estaban empobrecidos cuando Townsend llegó a Guatemala, tras sesenta años de progreso, muchos son probablemente más pobres aún; y que no es solo un cambio en sus corazones lo que los separa de aquella mejor vida en este mundo.

Sin embargo, los fundamentalistas tienen una explicación para este fracaso. Su convicción pre-milenaria afirma que una era aun más terrible está precipitándose a su fin en la Gran Tribulación. Para muchos misioneros evangélicos, anteriormente seducidos por visiones de progreso como las de Townsend, las advertencias de C.I. Scofield sobre la cercana tribulación están siendo comprobadas por la amenaza de una revolución social. Entre los protestantes Maya, el Milenio norteamericano se ha afirmado en una preocupación por la escatología, aquellos signos y anuncios de una era que se acerca a su fin. Pero las eras siempre están llegando a su fin, y siempre está pendiente un día del juicio. La pregunta es, ¿para quién?

Generalmente ignorantes de la contradicción entre los compromisos evangélicos y su deseo de ayudar a gente con hambre, los jóvenes norteamericanos continúan reforzando las misiones externas. En la convención de 1979 de la Confraternidad Cristiana Inter-universitaria en Urbana, Illinois, casi dos mil jóvenes hicieron votos evangélicos para ir al extranjero. Al sur, bajando por las autopistas y pasando la Patrulla Norteamericana de Fronteras, en México y Guatemala, los traductores de Wycliffe se hallan atrapados. Al tiempo que la base de subsistencia de cientos de miles de conversos decrece, los traductores continúan hipotecados teológica y [96] contractualmente al orden establecido. Han comenzado a descubrir que sus conversos están con el otro bando.

En el decimoquinto aniversario del Nuevo Testamento Cakchiquel, Wycliffe publicó una nueva edición de Tolo, el hijo del volcán. Aunque todas las referencias al «misionero» han sido cambiadas por «traductor», «comunista» por «revolucionario» y «ruso» por «extranjero», todavía el expurgado Tolo apenas escapa a convertirse en un informante, muere como un mártir a manos de revolucionarios sin Dios y salva a Guatemala de un baño de sangre{148}. Ahora, sin embargo, el altiplano occidental de Guatemala está sembrado de cadáveres. De hecho, los escuadrones de la muerte fueron dirigidos desde un anexo del mismo, palacio presidencial donde Tolo había confiado en una promesa de reforma{149}. En Comalapa, soldados vestidos de civil secuestraron tranquilamente a personas de sus casas al caer la noche, los torturaron hasta la muerte y tiraron sus cuerpos retorcidos y mutilados en el camino{150}. En una típica operación de limpieza, llegaron tropas en jeep, luego por camionadas, ametrallaron a algunos habitantes, torturaron lentamente hasta la muerte a otros y finalmente permitieron a algunos escapar y difundir la noticia. Las aldeas y los campos se vaciaron al tiempo que campesinos cristianos, algunos de ellos socios de cooperativas financiadas por la AID, huían del ejército guatemalteco. Estaban uniéndose a las guerrillas en las montañas.

Salvo ocasionales pedidos de oración, confidenciales y vagos, Wycliffe se mantuvo en silencio. No se atrevía a contar a sus sostenedores que el terrorismo oficial ya estaba haciendo lo que ningún bolchevique pudo jamás, galvanizar a los Maya en una fuerza revolucionaria. Cuando nuevamente se produjo la lucha armada abierta a fines de los setenta, ésta tuvo lugar en la 'zona de los generales', al norte. Aquí los latifundistas-empresarios-militares que gobiernan Guatemala han utilizado a sus soldados como ejércitos particulares para apoderarse de la tierra de los indígenas a lo largo de una carretera donde corporaciones norteamericanas se han dado con una bonanza minera. A diferencia de las guerrillas de los años sesenta, predominantemente ladinas, el resurgimiento revolucionario a lo largo del altiplano occidental era ahora Maya. Combatientes indígenas ocuparon sus propias aldeas para dirigirse a su pueblo en su propio idioma. [97]

El gobierno se lanzó con especial furia contra el clero católico y sus catequistas laicos. Los Maya de todos los credos habían descubierto que las cooperativas, la educación o el abandono de su tierra para hacerse pasar por ladinos no era ninguna solución para el monopolio de la tierra. Pero fueron los sacerdotes y monjas quienes confirmaron lo que sus catequistas habían leído en sus Biblias, que la injusticia era contraria a la Palabra de Dios. Las parroquias se convirtieron en un marco para la organización popular y los escuadrones de la muerte del gobierno empezaron a cobrar víctimas. Cientos de catequistas laicos y nueve sacerdotes fueron asesinados en poco más de un año. Sin embargo, no todas las Biblias eran literatura subversiva. Había sectas que, en palabras de un escritor Maya, «predicaban que Dios hizo al rico y al pobre, que el hambre, la miseria, la explotación y las masacres son la voluntad de Dios, y que las autoridades deben ser obedecidas, incluso si son criminales y asesinos»{151}.

Como bien sabían esas mismas autoridades, la obediencia a su gobierno puesto por mandato divino incluía reportar las actividades subversivas. Por ello intentaron enrolar a las iglesias evangélicas en una nueva cruzada de alfabetización, que resultó supervisada por la policía nacional. Los pastores informaron que se encontraban «atrapados entre los terroristas de derecha y de izquierda»{152}. Por el hecho de seguir las instrucciones misioneras de predicar la obediencia al gobierno, se supuso que estaban supervisando a las redes de 'orejas', cuyas acusaciones eran instrucciones para los escuadrones de la muerte. Pero el gobierno fue tan rápido en matar que incluso las congregaciones teológicamente dóciles se vieron empujadas hacia la oposición. Aparentemente el simple hecho de ser hombres respetados en aldeas sospechosas hizo que los protestantes conservadores empezaran a morir por mandato divino{153}.

Como muchos clérigos católicos, seis equipos del ILV se vieron obligados a abandonar el campo a fines de 1980. Generalmente resultaba poco claro quiénes eran los responsables de las amenazas. Pero los equipos del ILV parecían estar escapando de las guerrillas más que del gobierno, quien les había confiado la preparación de un plan oficial de alfabetización. La filial guatemalteca del ILV querría evitar otros incidentes como aquel que tuvo lugar en el poblado Maya Uspanteco de Las Pacayas. Allí, en julio de 1979, el Ejército Guerrillero de los Pobres expulsó a una familia del ILV [98] y quemó su casa, su clínica y sus datos lingüísticos{154}. Unos meses antes, Wycliffe había solicitado orar por la seguridad y tranquilidad de espíritu de sus traductores del Ixil de Chajul, ya que el Ejército de Guatemala estaba llegando. ¿Cómo tuvo esta pareja la oportunidad de vivir la novela de Townsend?

Notas

{147} Jonas y Tobis 1974: 16, 23, 27, 29.

{148} Townsend 1981.

{149} Informe de Amnistía Internacional, pp. 38-40 New York Review of Books 19 de marzo 1981

{150} pp. 23-5 New Republic (Washington, D.C.) 11 de abril 1981.

{151} p. 27 Akwesasne Notes (Rooseveltown, New York) agosto de 1980.

{152} p. 43 Christianity Today 8 de mayo 1981.

{153} p. 58 ibid 4 de setiembre 1981.

{154} pp. 44-5 ibid 21 de setiembre 1979.

 

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