David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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¡Hoy en día existe libertad en Guatemala!

Sin los indígenas evangelizados y la reforma social, predijo Townsend, «los oprimidos reaccionarían inevitablemente con amargo empeño [83] contra los opresores»{118}. Townsend tenía una considerable fe en la reforma. Después de todo, era en interés de los gobernantes de Guatemala hacer que los Maya se hicieran más productivos; y aquello que beneficiara a los dueños de plantación beneficiaría a los indígenas. Él había apelado al resentimiento indígena frente a los ladinos, y a las autoridades ladinas en contra de los tradicionalistas indígenas; había alentado a los indígenas tanto a quitarse como a ponerse su disfraz indígena; los había evangelizado en su propio idioma, al tiempo que pretendía destruirlo; y había prometido a los trabajadores la liberación, al tiempo que ofrecía empleados más disciplinados a sus patrones. Si los protestantes Maya estaban progresando pacíficamente gracias a estas recetas, entonces seguramente el Evangelio salvaría no sólo a los Maya sino a sus amos, frustrando a corto plazo a los extremistas, y demostrando a largo plazo que hacer prosperar a los Maya habría de hacer prosperar a todo el mundo.

Después que Jorge Ubico fuera derrocado en 1944, los sucesores de Townsend tuvieron que hacerse cargo de la disparidad entre su propia versión del Milenio y la de sus conversos. Era justo y necesario que, veinticinco años después de la partida de Townsend, su propio Instituto Lingüístico heredara la carga evangélica de las tribus sin Biblia de Guatemala. Para entonces, muchos indígenas y ladinos pobres tenían razones para creer que su día estaba llegando. Bajo los presidentes Juan José Arévalo (1945-51) y Jacobo Arbenz (1951-54), las esperanzas de reforma de Townsend empezaron a realizarse. Se abolió el trabajo forzado, se garantizó las libertades civiles y se permitió la organización de sindicatos. Rápidos en sacar ventaja del régimen más democrático que Guatemala jamás haya conocido, los protestantes ladinos y Maya pasaron a ser considerados como un fuerte respaldo para los dos gobiernos{119}. En 1952 el gobierno de Arbenz se lanzó a una reforma agraria largamente esperada. Mientras los ancianos de las jerarquías de cargos tendieron a oponerse, temiendo que sus propios terrenos estuvieran expuestos, los protestantes Maya figuraron de manera prominente en los nuevos comités agrarios y ligas campesinas{120}.

Para desgracia del gobierno de Arbenz y sus adeptos, ellos interpretaron la reforma agraria como incluyendo el desalojo de la United Fruit Company de su poderosa posición en los asuntos nacionales. Así [84] como Townsend había metido a un bolchevique ruso en un levantamiento local dos décadas antes, el gobierno norteamericano acusaba ahora a un régimen que promovía la agricultura capitalista en pequeña y mediana escala de ser un peón de Moscú. Y así como los conversos de misioneros evangélicos norteamericanos habían sido tildados de 'comunistas' en la matanza salvadoreña, éstos la pasaron bastante mal en la contra-revolución de 1954 organizada por los Estados Unidos.

En la comunidad Maya Pocomán de Chinautla, los líderes protestantes del sindicato campesino fueron enviados a la capital para ser juzgados, sus seguidores perseguidos hacia las montañas o encarcelados{121}. En los pueblos del Lago Atitlán, San Pedro La Laguna y Santiago Atitlán, los protestantes que habían prosperado con el comercio fueron encarcelados por comunistas{122}. Una antigua alumna de Townsend, a quien éste había ayudado a convertirse en la primera doctora de Guatemala, fue forzada a dejar el país después que un amigo norteamericano apareciera en la lista de subversivos de la embajada de Estados Unidos y que, su esposo fuera encarcelado por su asociación con Arbenz. En la medida en que el mal llamado Movimiento de Liberación Nacional, instalado por Estados Unidos, devolvió las tierras expropiadas a los dueños de plantaciones, los protestantes se retiraron de la política. En San Pedro Laguna, señala Ricardo Falla, «la lucha religiosa con altoparlantes se tornó furiosa»{123}.

Las lealtades políticas de la Misión Centroamericana pueden ser inferidas a partir de sus declaraciones después de la llamada liberación. No importaba que un gobierno elegido democráticamente, respaldado por muchos protestantes, hubiera sido destruido. O que uno de los aviones rebeldes (piloteados por empleados de la CIA) hubiera bombardeado la estación de radio de la Misión y casi matara al Sr. Van Broekhoven{124}. O que «no se hubiera restringido ninguna libertad de trabajo» bajo el gobierno de Arbenz{125}. «Desde 1952», informó la Misión a los sostenedores norteamericanos: [85]

cuatro intercesores han orado diariamente para que: «La puerta de Guatemala y de otras repúblicas centroamericanas... se mantenga abierta a pesar de la agitación comunista... la satánica oposición en la forma de comunismo sea quebrada... los líderes caven su propia tumba, trayendo descrédito a su causa... que las almas busquen la paz en Cristo...
¡Y Dios ha respondido en detalle! ¡Hoy en día existe libertad en Guatemala! El poder comunista ha sido espectacularmente roto, sus planes han sido estropeados; los líderes cavaron su propia tumba, y a través de las inestables condiciones muchos han acudido a Cristo...
A pesar de un serio revés, los implacables esfuerzos de los rojos no han cesado en el Istmo. Recen por lo tanto por la derrota de la agitación comunista, especialmente en Honduras.

Así como la caída del gobierno de Arbenz fue patrocinada por la CIA, aquello que la Misión Centroamericana describió como «la poderosa parte jugada por la oración en la derrota del comunismo» se refiere probablemente a algo más que a las largas horas pasadas de rodillas{126}.

El problema de la Misión fue que muchos, si no la mayor parte de los protestantes Maya, no entendieron que la recuperación de su tierra, o 'comunismo', fuera el «común enemigo», tal como el Rev. MacNaught había afirmado. En Patzún algunos de los hombres que realizaron manifestaciones para protestar por sus problemas de tierras eran miembros de la congregación de la Misión. En 1954 llegó un nuevo pastor, uno que había trabajado largo tiempo bajo supervisión norteamericana en el Instituto Bíblico Robinson. Bajo su liderazgo los ancianos trataron de disciplinar o expulsar a diecinueve miembros cuyo pecado, me explicó el pastor, era «tener dos cartas» –significando aparentemente que los buenos cristianos no podían estar «involucrados en el comunismo». Con la caída del gobierno de Arbenz, según el pastor, estos hombres «sufrían el juicio de Dios», aunque algunos se hicieron nuevamente buenos miembros de la iglesia. En cuanto al rol de los misioneros en este importante asunto, la memoria del pastor fallaba. Todo lo que él podía recordar era que los comunistas [86] estaban «esperando tan sólo el momento preciso» para poder expulsar a los misioneros, cuyo único consejo era seguir rezando{127}.

El Instituto Lingüístico había llegado a Guatemala apenas dos años antes, invitado por las misiones protestantes y bajo contrato con el Instituto Indigenista Nacional. Mientras los traductores se ocupaban de una docena de idiomas en la década de los cincuenta, en Estados Unidos dos ceremonias para bautizar avionetas del ILV destinadas al Perú y las Filipinas incluyeron al paisano del fundador, del Condado de Orange, Richard Nixon, quien corno vice-presidente había supervisado la invasión de la CIA en 1954{128}. En una ceremonia auspiciada por la Cámara de Comercio de Santa Ana dos años más tarde, Nixon declaró que su gobierno era firme partidario de los programas de «pueblo a pueblo» como el del Instituto Lingüístico. Esperaba que la avioneta «rompiera las barreras del malentendimiento» y la bendijo en nombre del «mensaje divino que nos une a todos»{129}.

Mientras tanto en Guatemala, para noviembre de 1960 la oposición popular al régimen de Miguel Ydígoras era tan fuerte que una parte del ejército se alzó. En la capital, los traductores del ILV podían escuchar las explosiones. Como lo expresan James Hefley y el director de la filial guatemalteca, John Beekman, en su relato de 1968, «la agitación comunista y los ataques terroristas» amenazaban con desatar una guerra civil y el Presidente Ydígoras se tornó «muy preocupado en ayudar a los indígenas». El presidente estaba tan preocupado que se reunió con Beekman y Juan Rosales del Instituto Indigenista Nacional:

los tres hombres pasaron a una seria conversación acerca de cómo ayudar a los indígenas. Todos sabían que los indígenas, que abarcaban el sesenta por ciento de la población de Guatemala, eran en su mayor parte desesperadamente pobres y estaban maduros para la agitación comunista. El comunismo perdería su atractivo sólo cuando sus niveles de vida y alfabetismo pudieran ser elevados. El Dr. Rosales informó al presidente sobre los planes inmediatos de imprimir cartillas para los indígenas Quiché en su propio idioma... «Estamos trabajando por una revolución espiritual entre los [87] indígenas», declaró John Beekman. «Creemos que el conocimiento de las Escrituras cristianas liberará a los indígenas del vicio y la superstición, y los pondrá en el camino de la ciudadanía de primera clase».

Ydígoras reiteró su apoyo al Instituto Lingüístico. Beekman declaró que el presidente contaría con los rezos del ILV durante la crisis{130}. Ydígoras y sus sucesores tenían también el respaldo del gobierno de los Estados Unidos. Para 1967, cuando el régimen de Méndez otorgó la Orden del Quetzal a Townsend en el quincuagésimo aniversario de su llegada a Guatemala, miles de pequeños agricultores habían sido muertos por una contra-insurgencia al estilo Vietnam a manos del ejército guatemalteco y los Boinas Verdes estadounidenses{131}. Uno de los caídos fue Emilio Román López, un ex-pastor protestante Cakchiquel que había trabajado en la reforma agraria de Arbenz sólo para verla destruida y a sus compañeros muertos. Había organizado una victoria electoral local que el gobierno se negó a reconocer. Murió liderando un contingente Cakchiquel de las Fuerzas Armadas Rebeldes{132}. Pero como lo confirmó otro caso, el pacifismo no significaba ninguna protección contra el ejército. Un protestante Maya Chorti había predicado que los ahorros debían ser desviados del ritual tradicional para alimentar a los hambrientos y comprar tierras. En 1972 fue denunciado como guerrillero comunista y, junto con cinco socios, asesinado de un solo tiro en la cabeza. Seis años antes, después que los tradicionalistas del mismo municipio se incorporaran a las guerrillas ladinas, el ejército ejecutó a más de trescientos hombres{133}. Veinticinco años de este tipo de liberación han tenido un cierto impacto sobre los misioneros evangélicos norteamericanos. Por razones tácticas, así corno por aprensiones ante el terrorismo de Estado, ahora enfatizan su neutralidad. Un anciano de Patzún reiteró la posición pública de los misioneros cuando, en medio de su relato, sobre la iniquidad comunista, declaró: «El pueblo evangélico no debería ser político. Nosotros los cristianos estamos en medio, sin apoyar ni a uno ni a otro, sólo con Dios»{134}. [88]

Notas

{118} Townsend 1936:350.

{119} Emery 1970:5/53-4.

{120} Falla 1972:38.

{121} Reina 1966:93.

{122} Falla 1972:34 y p. 2 Imparcial 8 de julio 1954.

{123} Falla 1972:34.

{124} p. 3 Central American Bulletin julio 1954.

{125} Spain 1954:210.

{126} p. 3 Central American Bulletin setiembre 1955.

{127} Entrevistas del autor. Patzún, 21-2 de agosto 1978.

{128} Hefleys 1974:194-5 (Perú) y pp. 10-11 Translation otoño 1958 (Filipinas).

{129} pp. 322-9 Boletín Indigenista (México, D.F.) diciembre 1956.

{130} Beekman y Hefley 1974:226-37.

{131} pp. 13 Translation enero/febrero 1968. Jonas y Tobis 1974:195-9.

{132} Jonas y Tobis 1974:36, 186 y Melvilles 1977:289-90.

{133} Diener 1978:107, 110.

{134} Entrevista del autor. Patzún, 21 de agosto 1978.

 

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