David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El avance evangélico en América Latina

Con excepción de algunas contribuciones que provienen de otros países, principalmente del noroeste de Europa y de la Comunidad Británica, la misión evangélica mundial es una empresa norteamericana{19}.

Esto es particularmente cierto en América Latina, donde la mayor parte de los misioneros protestantes son norteamericanos. En un tiempo, la mayoría estuvo comisionada por las denominaciones principales afiliadas al Consejo Mundial de Iglesias (CMI). Pero a medida que el CMI empezó a preocuparse por la justicia social, muchos de sus misioneros dejaron el campo a las iglesias nacionales. Su retiro fue más que compensado por los evangélicos, para quienes la justicia social es menos importante que ofrecer la única escalera de escape a la condena eterna.

Junto con un número menor de misioneros ecuménicos protestantes del CMI, católicos y mormones, los misioneros evangélicos conforman el sector de los Estados Unidos que está más dedicado a las clases populares del Tercer Mundo. Este hecho no se le escapa al gobierno norteamericano, que subsidia la ayuda caritativa y técnica de las misiones a través de su Agencia Internacional para el Desarrollo (AID). Tampoco se le escapa a la Agencia Central de Inteligencia (CIA){20}. Luego de un desenmascaramiento y las protestas de diversas iglesias, la CIA manifestó en 1976 que no continuaría reclutando colaboradores entre los misioneros{21}. Según un anteproyecto de sus estatutos, la CIA prohibiría la utilización remunerada de misioneros norteamericanos, pero permitiría los «contactos voluntarios o el intercambio voluntario de información»{22}. [27]

A partir de la guerra de Vietnam, muchos evangélicos han tratado de hacer una distinción entre el deber cristiano y el imperialismo norteamericano. Pero si los evangélicos son los únicos que pueden leer correctamente la Biblia, Estados Unidos resulta ser la sede mundial de la verdadera religión. Si el imperialismo soviético, la revolución social y el rechazo al Evangelio tienen un origen común en Satanás, entonces la crisis exterior refuerza la ecuación entre la verdadera religión y los Estados Unidos. Y si el principal objetivo de la salvación es la transformación del corazón humano, entonces los cristianos no deben comprometer su misión desafiando el orden social. Deben, pues, ser «apolíticos». Gracias a esta lógica profundamente arraigada, la mayor parte de los reformadores misioneros se limitan a demandar un «compromiso social» y a tratar de superar la «distorsión cultural» del Evangelio. Sin embargo, como lo demuestra la crisis del socialmente comprometido y culturalmente consciente Wycliffe, el verdadero problema es político.

Las convicciones norteamericanas han tenido un claro impacto en los evangélicos latinoamericanos. A veces los conversos explican que el poder y la gloria de los Estados Unidos se deben a sus «cimientos bíblicos» (protestantes), y que la ausencia de este sustento es la causa de la desgracia de Latinoamérica. O hacen también una traducción discutible de Romanos 13:1 para probar que todos los gobiernos existentes, y más precisamente los que simpatizan con los evangélicos norteamericanos, deben ser obedecidos porque han sido ordenados desde los cielos («Todo cristiano debe obedecer a las autoridades civiles» es una traducción más apropiada, «puesto que toda autoridad legítima proviene de la autoridad divina»){23}. O finalmente lanzan advertencias contra los «comunistas» en los términos más diabólicos, al tiempo que explican que los cristianos deben abstenerse de participar en política.

Aparentemente gran parte de este precepto se remonta tan sólo a la Guerra Fría, período durante el cual las misiones cristianas adoptaron el macartismo como su menú cotidiano. Lejos de ser un jurado enemigo de los movimientos revolucionarios, el protestantismo había sido su aliado natural. Traído a Latinoamérica por la expansión británica y norteamericana, representaba, inevitablemente, una afrenta al clero católico y a la oligarquía terrateniente. La religión disidente y el radicalismo secular atrajeron ambos a los mismos sectores aspirantes y frustrados, quienes no vieron contradicciones serias entre los dos. En fecha tan reciente como los años cincuenta, los católicos reaccionarios de Colombia consideraban que protestantismo y comunismo eran sinónimos, lo que ocasionó el surgimiento [28] de numerosos mártires protestantes. Gracias al atractivo que ejerce la religión sectaria como medio de protesta y progreso, se calcula que un vigoroso e influyente 5% de la población de América Latina es evangélica, término genérico aplicado a los cristianos no católicos. Decenas de miles de templos han sido sembrados en las ciudades y las regiones del interior. En ellos, trabajadores, campesinos y pequeños comerciantes rezan y cantan al anochecer.

A mediados de la década del sesenta, el consenso pro-Washington entre las misiones comenzó a resquebrajarse. Por medio de su Alianza para el Progreso, Estados Unidos trató de contener las revoluciones, estimulando esperanzas de reforma y equipando a los cuerpos militares para la contrainsurgencia. Cuando los regímenes civiles comprometían los intereses creados, las embajadas norteamericanas propugnaban la toma del poder por sus protegidos militares. Se multiplicaron las dictaduras de derecha y la orientación política de la religión sufrió un cambio espectacular. La violencia oficial hizo que gran parte del clero católico se convirtiera en el refugio de los disidentes; el santuario eclesial fue violado y muchos sacerdotes y religiosas se alinearon en la oposición al status quo. Entre 1968 y 1979, sufrieron más de ochocientos arrestos, torturas, asesinatos y expulsiones{24}. En Centroamérica, los movimientos guerrilleros debieron gran parte de su éxito tanto a la movilización clerical de los pobres, con fines tales como el cooperativismo, como a la respuesta infernal de las fuerzas oficiales.

La división entre católicos y protestantes fue superada por una nueva, que giró en torno a la Teología de la Liberación, la que identifica al Cristianismo con la justicia social. En contraste con sus compatriotas católicos y los protestantes ecuménicos, muchos misioneros evangélicos norteamericanos aún parecían identificar al cristianismo con la más reciente junta militar. Mientras mejoraba su propia posición, el individuo vuelto a nacer debía abstenerse de causar problemas tanto al gobierno como a los intereses de éste y de los Estados Unidos, los mismos que a su vez incluían la buena vida de que disfrutaban los evangélicos norteamericanos que financiaban las misiones.

Para muchos latinoamericanos resultaba sorprendente que tales doctrinas procedieran de la misma nación que tenía el poder de vida y muerte sobre sus economías, entrenaba a sus soldados, y que, cuando surgían desacuerdos, utilizaba a sus antiguos pupilos para derrocar a gobiernos constitucionales. Las metáforas militares y fálicas usadas por las [29] misiones –la arremetida de Cristo, la penetración, estrategia, avance, ocupación, conquista y demás– se interpretaban como evidencia de otra maquinación imperialista más.

En un estudio del material religioso del ILV para pueblos nativos, antropólogos mexicanos informaron que la opresión y la pobreza eran atribuidas al desconocimiento de las Escrituras, y la prosperidad a un conocimiento de las mismas. Los antropólogos concluyeron que la ideología del ILV buscaba «la domesticación política a través de la relación personal con Dios, expresada en el éxito individual»{25}.

Pero aun si éste fuera el mensaje, ¿cómo era recibido? Cuando algunas iglesias evangélicas norteamericanas comenzaron a montar cruzadas derechistas bien publicitadas, un número mayor de correligionarios latinoamericanos comprendieron que trataban de disuadirles de participar en la política{26}. La tensión que existía entre el miedo que sentían las misiones, las aspiraciones de los conversos y la afirmación de apoliticismo quedó demostrada por la revolución sandinista en Nicaragua. Mientras el régimen somocista se tambaleaba en 1979, la revista evangélica norteamericana Cristianismo Hoy informaba que los fieles se encontraban «atrapados entre» la Guardia Nacional y las fuerzas revolucionarias. Sin embargo, «muchos evangélicos, especialmente los jóvenes, simpatizaban con los rebeldes, a pesar de su preocupación por la influencia comunista entre las filas de los sandinistas». Un mes más tarde, el corresponsal aclaraba el significado de «simpatía» y «preocupación». Había y aún existe tensión en las iglesias... «algunos pastores apoyaron al régimen de Somoza basándose en Romanos 13, al tiempo que muchos jóvenes provenientes de hogares cristianos se plegaban al sandinismo»{27}.

A pesar del apoyo evangélico al nuevo gobierno, resultaba obvio para algunos norteamericanos que los comunistas estaban usando la iglesia para destruirla. «La estrategia más reciente de Satanás es convencer a los cristianos de que Dios apoya la revolución», afirmaba una carta (no de Wycliffe) para solicitar fondos. «Folletos como estos llevan... a los cristianos a creer que la actividad política resolverá los problemas de América Latina. El resultado es: la división entre cristianos... algunos inclusive se adiestran para luchar con los revolucionarios. La respuesta de Puertas Abiertas es llevar a cabo seminarios de la victoria... Cambiar el corazón [30] del hombre es la única manera de cambiar el medio»{28}{29}. Gracias en parte a una confraternidad de empresarios, el Ministro sandinista del Interior dio su aprobación a la distribución masiva de biblias{30}.

Notas

{19} Según la referencia estándar (Wilson 1980: 24), en 1979 el 60-65% de la fuerza misionera protestante del mundo venía de los EE.UU. (42.304) y Canadá (1.887).

{20} Lernoux 1980: 281-92.

{21} New York Times 29 de enero y 12 de febrero 1976.

{22} Guardian (New York) 20 de febrero 1980.

{23} Traducido de la versión inglesa de J.B. Phillips.

{24} Lernoux 1980: 13,464-5.

{25} Colegio de Etnólogos y Antropólogos Sociales 1979: 9-11.

{26} p. 39 Christianity Today 8 de mayo 1981.

{27} Ibid 17 de agosto (p. 41) y 21 de setiembre (p. 44) 1979.

{28} «Satan's strategy for Latin America», circular, Open Doors with Brother Andrew (Orange, California), 20 de mayo 1981.

{29} La organización Puertas Abiertas con Hermano Andrés se fundó con el propósito de contrabandear biblias tras la Cortina de Hierro.

{30} p. 34 Christianity Today 29 de mayo 1981.

 

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