David Stoll, ¿Pescadores de hombres o fundadores de Imperio?, El Instituto Lingüístico de Verano en América Latina
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El poder de la Palabra

Al igual que sus colegas, Chester Bitterman salió de los Estados Unidos como un misionero de los Traductores Wycliffe de la Biblia (TWB). Pero llegó al campo de acción como un investigador científico del Instituto Lingüístico de Verano (ILV). Aunque los miembros y las juntas directivas de ambas entidades son idénticos, la transformación de uno en otro es trascendental en su concepción de la obra del Señor. Las premisas del ILV/TWB empezaron a tomar forma a principios de este siglo cuando los protestantes que aún creían que la Razón y la Revelación equivalían a la Verdad –los fundamentalistas– trataron de purgar los conceptos evolucionistas de la Biblia de las más importantes denominaciones{5}. Repudiados y ridiculizados, muchos de ellos se retiraron para llevar a cabo sus propias empresas. En la década del cuarenta, los menos sectarios empezaron [21] a denominarse evangélicos; en vez de excomulgarse mutuamente en pendencias doctrinales, convinieron en ofrecer la salvación a quien los escuchase. Apelando a la imperecedera verdad del Evangelio, los empresarios fundamentalistas congregaron a sus seguidores, los mismos que ahora parecen ser la fuerza dominante del protestantismo norteamericano.

Guillermo Cameron Townsend (1896-1982), el fundador del ILV/TWB, empezó su carrera como vendedor de biblias en Guatemala. Venerado por sus adherentes como el tío Cam, dedicó su vida entera a vencer la resistencia lingüística y política que su producto suscitaba. Desde el principio, Townsend percibió el valor de evangelizar en lenguas nativas, a través de la traducción del Nuevo Testamento. Abrumado por cientos de tribus sin Biblia, en 1934 inició un campamento de verano en Arkansas para equipar a los misioneros con una lingüística descriptiva. Se le puso el nombre de John Wycliffe, «La Estrella Matinal de la Reforma» del siglo XIV, reverenciado como el primer traductor de la Biblia al inglés.

Para contar con Wycliffes modernos en todas las lenguas, Townsend sabía que tenía que vencer una segunda barrera, la «puerta cerrada» o la «exclusión política»{6}. Para abrir esas puertas instrumentó otra política: la gradual revelación de sus planes a aquellos que pudieran oponérseles. En 1936, él y los primeros egresados del Campamento Wycliffe se constituyeron en el Instituto Lingüístico de Verano. Entonces, para asegurar a los fieles norteamericanos que este procedimiento extraño era verdaderamente una misión evangélica, en 1942 fundaron también los Traductores Wycliffe de la Biblia. El hecho de presentarse en el campo de acción como un instituto lingüístico y no como misioneros, les permitió obtener contratos a largo plazo con gobiernos tanto católicos como anti-clericales. A cambio de estudios de las lenguas, alfabetización y otros servicios, tales como el «mejoramiento moral» de los indígenas, los gobiernos dejaron que un instituto lingüístico operara libremente en donde desease{7}.

De esta forma, los misioneros evangélicos se unieron al Estado, tanto en aquellos países donde la Iglesia y el Estado eran uno solo, como donde éstos estaban separados, con la única finalidad de mantener las apariencias. [22] Para evitar malos entendidos con los auspiciadores oficiales, Townsend instruyó a sus seguidores a «obedecer al Gobierno puesto allí por Dios», práctica que el ILV considera un servicio cristiano apolítico{8}. Sus miembros tampoco deberían criticar jamás en público a sus gobiernos adoptivos; política ésta que ha sido fielmente mantenida hasta la actualidad.

Mientras tanto, Townsend enlazaba la obra del Señor a causas más conocidas con el fin de poderla impulsar tanto en las iglesias y la capital de su propio país, como en las capitales extranjeras. El temor «rojo» de los fundamentalistas, el nacionalismo latinoamericano, la defensa del Mundo Libre, la conquista de la Amazonía, la Alianza para el Progreso e inclusive la detente soviético-norteamericana contribuyeron a llevar la Palabra de Dios a otras lenguas. La «traducción de la Biblia» llegó a incluir cualquier cosa: desde enseñar a los nativos a contar dinero hasta dar mantenimiento a avionetas del ejército peruano. Cuando un instituto lingüístico presuntamente no sectario, no eclesiástico y no misionero empezó a generar el conflicto –a veces con derramamiento de sangre– asociado con la implantación de iglesias evangélicas, éste ya había probado su valor para los gobiernos. Los regímenes apoyaban al ILV contra sus enemigos, y los misioneros evangélicos –que aún insistían en que no eran tal cosa– continuaron creando congregaciones bajo el auspicio estatal y científico. «¡Esa es nuestra meta!», declaró Townsend, «¡Dos mil lenguas por delante!»{9}.

Para proteger sus contratos estatales, el Instituto Lingüístico de Verano y los Traductores Wycliffe de la Biblia insisten en que conforman dos organizaciones distintas. Una vez identificados como una sola organización, se hace evidente que un instituto lingüístico es una «misión de fe», cuyas actividades están íntegramente dirigidas a servir al Evangelismo. Aun así, para la gran mayoría de miembros del ILV/TWB, este ardid semántico es simplemente la manera como el Señor lleva a cabo su obra. Por lo demás, pueden citar las escrituras para probarlo. Pero por décadas, hubo correligionarios norteamericanos que no se sintieron impresionados; consideraban que el ILV/TWB estaba violando la separación entre Iglesia y Estado, suscribiendo alianzas impías por razones expeditivas y, en general, siendo deshonestos. Gradualmente, el éxito alcanzado al penetrar en territorios cerrados y lograr conversos ha demostrado el valor de la causa. Hasta la fecha, el ILV puede demostrar a su entera satisfacción, si no a la de los demás, que no es en realidad una misión religiosa. [23]

En la división del trabajo del ILV/TWB, Wycliffe constituye la rama que obtiene los fondos y los adeptos. Es la garantía de que los lingüistas son en verdad misioneros, cuyas biblias inspiran el desarrollo de nuevas iglesias. Con su sede en Huntington Beach, California, Wycliffe está compuesto de «divisiones nacionales». La división estadounidense es la más grande, contando con un 71% del personal que labora en todo el mundo y un 86% del que trabaja en América Latina. Otro 20% proviene del Canadá, Australia y Gran Bretaña, siendo la mayor parte de los restantes originarios de países europeos noroccidentales y de Nueva Zelandia{10}.

Como muchos otros grupos evangélicos, Wycliffe se declara nosectario. Esto es, su declaración doctrinaria obligatoria es lo suficientemente amplia como para incluir a casi todos los protestantes evangélicos{11}. Para la gran mayoría de sus miembros, la Biblia no es una vaga inspiración: combate en un campo de batalla en el que Dios y Satanás se disputan cada alma. Cuando los miembros rezan, quizás invocando un versículo de la Biblia que promete aquello que buscan, esperan respuestas y aun milagros, bien sea para curar un cáncer o para obtener un contrato. Wycliffe trata de ser más flexible que muchos otros grupos evangélicos; además algunos traductores parecen no estar muy conformes con la disposición doctrinaria de castigo eterno para los condenados. Sin embargo, todos salvo los renegados creen que la felicidad en ésta y la próxima vida es predicada por credos parecidos a los suyos.

Como misionero de fe, cada miembro «se dirige al Señor» o confía en la fe para que proporcione auspiciadores financieros, empezando generalmente por la congregación en que fue educado{13}{14}. El aparato [24] publicitario de Wycliffe (que actualmente llega a alrededor de cincuenta libros, decenas de cintas y películas, mítines, doscientos ágapes al año, reuniones vespertinas en las iglesias, un boletín mensual, un programa radial, y circulares de cada familia misionera y de las filiales solicitando oraciones) provee la aureola, al explicar cómo la Biblia obra milagros entre los pueblos nativos, oprimidos por espíritus malignos y que por lo tanto necesitan del mensaje redentor del cual han estado privados hasta el momento. Según Wycliffe, esta combinación de intimidad pueblerina y gloria en el más allá proporcionó gran parte de sus ingresos, los que contabilizaron 44.6 millones de dólares en 1982{15}.

Como rama instructora y operativa del ILV/TWB, el Instituto Lingüístico de Verano no se considera a sí mismo como una misión porque son sus traducciones de la Biblia, y no sus miembros, los responsables de los resultados espirituales. El Instituto está organizado en filiales de campo y oficinas regionales que operan en más de cuarenta países, principalmente en América Latina, Africa y el Lejano Oriente.

Cuando los traductores no cuentan con el apoyo de los gobiernos, trabajan por su propia cuenta. Pero allí donde el ILV tiene influencia, se les llega a brindar una oficina en algún ministerio del gobierno. La sede del ILV se encuentra en Dallas, en su Centro Internacional de Lingüística, afiliado a la Universidad de Texas en Arlington. Las Universidades de Oklahoma, North Dakota y Washington –todas estatales– también han prestado sus credenciales al ILV, a través de sus escuelas de verano que, allí y en otros lugares, han preparado en el campo de la lingüística descriptiva a más de veinte mil personas, la gran mayoría candidatos para las misiones evangélicas{16}.

En el campo misional, el ILV es un modelo de dedicación y tecnología que invita a una especulación interminable. En sus «bases», ahora rebautizadas como «centros» para evitar la connotación militar, un centenar o más de técnicos en lingüística, personal de apoyo y niños, viven, trabajan y rezan juntos. El resultado tiende a semejarse a un suburbio norteamericano, [25] administrado como una granja colectiva, dentro del escenario de un lugar de veraneo. Aun después de haber estado durante años en países hispano-hablantes, una importante fracción de sus miembros es incapaz de sostener una conversación en español. Existen trece filiales que cuentan con los servicios de su propia línea aérea, el Servicio Selvático de Aviación y Radio (SSAR) con sede cerca de Charlotte, Carolina del Norte, el mismo que mantiene sesenta y nueve aparatos entre avionetas, pequeños helicópteros y transportes DC3, además de computadoras y la cadena radial del ILV{17}.

Para producir Nuevos Testamentos y desarrollar su público lector, equipos de traductores –por lo general una pareja casada o dos mujeres solteras– se desplazan a lo largo de varias décadas entre su base central y las comunidades nativas. Proporcionando medicamentos, mercancías y salarios a cambio de aportes lingüísticos, la construcción de pistas de aterrizaje y demás, muchos equipos han logrado incorporar a los pueblos nativos dentro de economías políticas nuevas que giren alrededor de los propios traductores. Cada año invitan a algunos informantes lingüísticos a la base central para avanzar con el estudio intensivo del idioma, sacar a la luz credos que se han mantenido celosamente guardados del mundo exterior, llevar a cabo el entrenamiento en habilidades tales como la pedagogía, prestar atención médica primaria y –aunque el ILV lo niega– realizar conversiones al protestantismo evangélico. Convenientemente, la traducción de la Biblia es una forma de intenso estudio de la misma. Al trasladar asistentes asalariados de sus hogares a la base, los traductores los colocan «cara a cara con la verdad» –el poder de la Palabra que, según Wycliffe, efectúa la conversión{18}. Al regresar a sus hogares, se espera que los informantes convertidos organicen congregaciones bajo la supervisión del traductor. Donde ha sido posible, el ILV ha entrenado a sus primeros conversos como profesores estatales bilingües, convirtiendo a las escuelas primarias del Estado en púlpitos evangélicos y, en algunos casos, extendiendo la campaña religiosa a decenas de comunidades y miles de personas.

Operando como lo hace el ILV, sobre la base de obligaciones mutuas con los gobiernos y pueblos nativos, el uso de la palabra «servicio» en su vocabulario es de gran importancia. Sean educativos, médicos, o de transporte aéreo y de radio, sus servicios a menudo son los mejores o los únicos de que se dispone en las zonas donde trabajan. Haciendo frente a una gran oposición, el ILV ha sido un defensor de la educación bilingüe, [26] un punto sobre el cual insisten cada vez más pueblos nativos. Es indudable que sus campañas de vacunación y su servicio médico de emergencia han salvado miles de vidas. Pero para los gobiernos, el «servicio» es en esencia una función que el ILV comparte con otras instituciones filantrópicas: socializar a los pueblos nativos para que acepten el control estatal y la economía de mercado.

Notas

{5} Aquí el término denominación alude a una agrupación de iglesias protestantes que ha perdido su calidad sectaria.

{6} Townsend 1948: 67 y p. 13 Translation (órgano oficial del WBT, Santa Ana, California) 1944.

{7} Mejoramiento moral: ver los contratos de Colombia (Universidad de Antioquía 1976: 10) y Ecuador (pp. 4-5 Registro Oficial nº 227, 19 de mayo 1971).

{8} Townsend y Pittman 1975: 103.

{9} Hall 1959: 10.

{10} Calculado en base a Wycliffe Bible Translators 1981.

{11} Cada seis años, o antes de regresar al campo después de una licencia, todo miembro debe reafirmar su fe en la Declaración Doctrinaria de Wycliffe. En caso de que su conceptualización de estas verdades fundamentales haya cambiado, se informa a los postulantes que deben preparar su renuncia. La declaración consiste en: «(1) la doctrina de la Trinidad; (2) la caída del hombre y su consecuente perversión moral y necesidad de regeneración; (3) la expiación a través de la muerte por sustitución de Cristo; (4) la doctrina de la justificación por la fe; (5) la resurrección del cuerpo, tanto de los justos como de los injustos; (6) la vida eterna para los que se salvan y el castigo eterno para los condenados; (7) la inspiración divina y la consecuente autoridad de todas las escrituras canónicas» –habiendo los miembros instruido a la junta directiva para que «interprete en este último punto la infalibilidad de las Escrituras»{12}.

{12} «Statement of Doctrine, WBT, Inc.», hoja de información distribuida en la primera parte de los 1970s.

{13} En la versión en español se utiliza el término «sostenedores» para aludir a aquellos sectores que brindan su apoyo financiero a Wycliffe y al ILV, reservando los términos «patrocinadores» y «auspiciadores» para aquellos sectores y personajes que le proporcionan otro tipo de respaldo en particular.

{14} p. 7 In Other Words (Huntington Beach, California) noviembre 1981.

{15} p. 16 Summer Institute of Linguistics Annual Report octubre 1981 a setiembre 1982.

{16} p. 3 ibid.

{17} Hefley 1978: 107.

{18} Cowan 1979: 250-2.

 

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