David Stoll, ¿América Latina se vuelve protestante? Las políticas del crecimiento evangélico
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Estado de emergencia

Cuando salí de Nicaragua, en agosto de 1985, parecía que lo peor había pasado, por lo menos en términos de las relaciones entre iglesia y estado. En la costa atlántica, la jerarquía morava se encontraba ayudando a los sandinistas a iniciar un proceso de autonomía para los grupos étnicos de la región. Durante los años siguientes, muchos guerreros miskitos [313] aceptaron una tregua, y la mayoría de los refugiados regresaron de Honduras para reconstruir sus iglesias y comunidades. En Managua, los sandinistas parecían estar aprendiendo a manejar a sus opositores religiosos domésticos sin violencia. Las turbas eran un recuerdo y, como un método de control, estaban siendo reemplazadas por los burócratas. Una vez más, el CNPEN estaba negociando con el Frente Sandinista por su personería jurídica. Aún el testimonio de evangélicos antisandinistas contradecía el cuadro de persecución pintado por la derecha religiosa en los Estados Unidos.

No obstante, la mejora gradual en las relaciones sandinistas-evangélicas tenía sus reveses, del tipo que mantenía un pesimismo entre los conservadores acerca de su futuro. El mes después de mi partida en 1985, por ejemplo, las celebraciones anuales del Día de la Biblia no marcharon bien. El CNPEN realizó un avivamiento de una semana de duración en Managua, aparentemente sin el permiso oficial. Según un visitante que participó en el evento, las autoridades prohibieron la publicidad, se rehusaron a permitir un desfile, prohibieron la entrada de predicadores invitados en el aeropuerto, y permitieron que las turbas molestasen a la multitud.{156}

Luego, en octubre, los sandinistas declararon un nuevo estado de emergencia. Debido a que los contras estaban en retirada, el decreto no respondía a una crisis militar. Más bien, se pretendía arrancar de raíz al «frente interno», el intento de los contras por extender la guerra hacia Managua.{157} Aquello, de acuerdo al manual de la CIA para los contras, incluía la infiltración de instituciones con estructuras celulares de tres personas, para encubrir a las «guerrillas cristianas».{158} De acuerdo a la interpretación de los sandinistas, el «frente interno» consistía en las estructuras eclesiásticas, sindicales, empresariales y políticas que se resistían a ser absorbidas dentro de su propio sistema.{159}

Entre los cientos de disidentes llamados para interrogatorios se encontraban los evangélicos conservadores de Managua –alrededor de quince líderes del CNPEN, las Asambleas de Dios, la Fraternidad para la Evangelización de los Niños, la Sociedad Bíblica de Nicaragua, y la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo–. Los sandinistas hicieron alarde de las conexiones que sospechaban entre éstas y el Instituto sobre Religión y Democracia (IRD). [314] Después de varios años de hacer campaña contra los sandinistas, recordemos, este grupo de presión en Washington publicó un llamado a los cristianos norteamericanos para que cambiasen su apoyo financiero de CEPAD hacia el CNPEN. Pocos meses después, uno de los más prominentes directores del IRD colaboró con una campaña para solicitar fondos para los contras, una causa a la que se unieron varios otros directores. Para los sandinistas, la política del IRD y su posición en la red neo-conservadora de Washington eran prueba suficiente para considerarlo un frente de la CIA. Por lo tanto, se sentían el derecho de acusar a los oponentes evangélicos –particularmente al CNPEN– de ser subsidiados por el mismo grupo de presión en Washington.

Como se comprobó más tarde, no hubo pruebas para este cargo.{160} Aparentemente, los sandinistas habían hecho una analogía errada entre el IRD y la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una fundación del gobierno estadounidense establecida bajo la administración de Reagan, la cual reemplazaba a la CIA como la fuente de subsidios del periódico de oposición La Prensa.{161} En realidad, sí existía una conexión entre el IRD y la NED; ambos eran parte de la red de neoconservadores intelectuales que ayudaron al Teniente Coronel Oliver North a dirigir una «estructura privada de apoyo» a los contras, con la autorización de la Casa Blanca.{162}

No es difícil comprender la confusión de los sandinistas y el resultante sufrimiento de los evangélicos bajo su gobierno. Una víctima de las estrategias que emanaban desde Washington fue el director de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo en Nicaragua, Jimmy Hassan. Los problemas de Hassan con los sandinistas parecen haberse iniciado por el perfil político de su organización en los Estados Unidos. Luego se agudizaron por sus quejas a los obstáculos burocráticos para la campaña de Mottesi en 1984, lo que lo convirtió en un sospechoso (aunque ciertamente no comprobado) agente de la CIA. Las citaciones al Ministerio de Justicia, así como las incursiones de los agentes de seguridad a su humilde oficina, se convirtieron en hechos regulares. En noviembre de 1984, después de que amenazas de Washington provocaron el temor de una invasión, se le negó la visa de salida para asistir a una conferencia evangélica en los Estados Unidos. Al mes siguiente, [315] los agentes de seguridad arrestaron a su cuñado, lo golpearon, y trataron de presionar a la hermana de Hassan para que lo denunciara por mantener actividades contrarrevolucionarias.{163}

Cuando hablé con Hassan en julio y agosto de 1985, éste pensaba que los días para los evangélicos conservadores como él estaban contados. Al igual que sus colegas, podía relatar muchos incidentes para demostrar que los sandinistas estaban absorbiendo a la iglesia en una forma sutil e inexorable. Pero él trataba de mantener la situación en perspectiva. «En cierto sentido, tienen razones para sospechar de mí», admitió sobre la política de Bill Bright, el fundador de Cruzada Estudiantil. «Aquí en Managua», dijo, «existen muy pocos casos en los que los sandinistas han utilizado la violencia a partir de 1984. Cuando ocurre, apelamos a través de canales legales y ésta se detiene. En cambio, ellos utilizan mecanismos legales como la División de Asociaciones Civiles.»

Sin embargo, el estado de emergencia fue demasiado para Hassan. Una mañana muy temprano, un pelotón de fuerzas de seguridad lo arrestó en su casa por cargos vagos. En el Ministerio del Interior, dice que se le enseñó a sus empleados jóvenes, desnudos en celdas de interrogación. Para hacerlo confesar que era un agente de la CIA, según Hassan, un interrogador puso una pistola en su cabeza y tiró del gatillo en una cámara vacía.{164} En la primera oportunidad, llevó a su familia a México. Luego fue a los Estados Unidos para denunciar a los sandinistas por perseguir a cristianos. Aunque él mismo no hizo un llamado a favor de los contras, la Cadena Cristiana de Difusión y otras organizaciones de la derecha religiosa utilizaron su testimonio para agitar precisamente ese punto.{165} Desde hace tiempo, la derecha religiosa no tenía pruebas frescas de la persecución religiosa en Nicaragua, por lo que utilizaron al testimonio de Hassan para dar un nuevo impulso a su campaña contra los sandinistas.

El interrogatorio de Hassan, como el de los otros detenidos, tuvo lugar en El Chipote, la siniestra fortaleza construida por la dictadura de Somoza en una colina sobre Managua. Bajo el antiguo régimen, había sido utilizada como un centro de tortura. Estos interrogatorios no utilizaban la tortura, por lo menos de la clase que deja marcas físicas, pero [316] algunos protestantes que simpatizaban con los sandinistas –entre ellos CEPAD y los obispos Metodistas Unidos en los Estados Unidos– fueron rápidos en expresar su preocupación por el trato que se daba a los prisioneros.{166}

«¿Por qué hicimos esto?» preguntó el Comandante Omar Cabezas. «Porque tenemos derecho a una defensa. Debe estar claro que no renunciaremos a nuestro derecho para defendernos. Nos defenderemos de los aviones que el gobierno de los Estados Unidos ha estado entregando a los contrarrevolucionarios. Nos defenderemos de toda ayuda que el gobierno de los Estados Unidos ha estado dando a los contrarrevolucionarios. Igualmente, nos defenderemos de todas las conspiraciones que la iglesia... y los institutos de los Estados Unidos especializados en esta clase de cosas, incluyendo el Instituto sobre Religión y Democracia, están llevando a cabo en Nicaragua. Nos defenderemos de este instituto. Nos defenderemos del daño que el Congreso de los Estados Unidos nos ha hecho al aprobar aviones, camiones y equipo de comunicación para que puedan matarnos aquí en nuestra propia tierra, matarnos, a quienes no les hemos hecho nada... Nos defenderemos con todos los medios porque este es nuestro hogar, y nos están atacando desde afuera por todos estos planes.»{167}

Mientras tanto, una noche y en un barrio de Managua, el eco de un canto flotaba a través de la suave brisa nocturna. Una vez, lo seguí calle abajo hasta una iglesia pentecostal, una estructura nueva entre un vecindario de casas humildes y un barrio de clase media. En agosto de 1983, el pastor había realizado reuniones al aire libre en otro barrio, sobre un terreno en el que planeaba construir una iglesia. Noche tras noche de altoparlantes provocaron las acostumbradas quejas sobre la bulla; también parecía que existían desacuerdos sobre a quién pertenecía el terreno, con el Comité de Defensa Sandinista que quería utilizarlo para más vivienda. Una noche, de acuerdo a los miembros de la iglesia, una turba de jóvenes de fuera del barrio irrumpieron en el culto, acabaron con él, y robaron el equipo de sonido. También arrastraron al pastor a una distancia, lo golpearon, apuntaron una pistola a su cabeza, y lo lanzaron en un canal. Aún los vecinos que se habían quejado pensaron que esto había ido demasiado lejos, e hicieron lo que pudieron para impedir más derramamiento de sangre. [317] Esa misma noche, el CDS construyó un rancho sobre el terreno y lo reclamó para el pueblo.

Cuando el pastor se recuperó –se dice que, después de untar sus heridas con aceite y orar por él, éstas se curaron sin dejar cicatrices– fue a CEPAD, el cual arregló un diálogo para componer las cosas. De acuerdo a una versión sandinista, un comandante estaba allí, y los líderes católicos del CDS abrazaron a los evangélicos en medio de lágrimas. De acuerdo a otra versión, no había ningún comandante y a los evangélicos no se les devolvió su terreno. Después de un tiempo, CEPAD pudo arreglar un nuevo sitio para la congregación. Ahora atraía a más de cien personas, en su mayoría madres jóvenes con sus hijos, cada noche de la semana.

La mayoría de los feligreses parecían ser del vecindario humilde cercano, en donde los sandinistas habían ayudado a la gente a reemplazar sus chozas con estructuras más sustanciales, las cuales podían expanderse en casas verdaderas. Desafortunadamente, la inflación había arruinado su poder adquisitivo, y tenían menos para comer que antes. Cuando se desgastaban los zapatos, era mucho más difícil comprar un nuevo par. Y ahora existían más chozas hacia los extremos, construidas por parejas adolescentes que empezaban por su cuenta, así como también por refugiados de la guerra y de la crisis agrícola. Existían setenta iglesias más de esta denominación en el sector rural, me dijeron los miembros, y éstas habían sufrido. Tal vez cuatro congregaciones se habían desintegrado por la guerra. Algunos hermanos se encontraban en campos de reubicación. Hubo pastores y diáconos que habían sido detenidos, y unos pocos todavía estaban en la cárcel. Pero aquí se encontraban, en un nuevo y bonito templo, sin haber sufrido enfrentamientos físicos con las autoridades durante casi dos años. No sabían lo que ocurriría después. «Si deseas el crecimiento evangélico», me dijo un misionero, «deja todo en manos de los comunistas.»{168}

Notas

{156} Véase también «Interrogados y vejados: pastores evangélicos llevados a Chipote», La Prensa, 5 de noviembre de 1985.

{157} Sam Dillon, «People's Courts Take on Contras», The Miami Herald, 27 de diciembre de 1985, págs. 1, 4.

{158} Tayacán 1984: 30, 34.

{159} Ambrose Evans-Pritchard, «How the Poorest Feel the Most Betrayed by the Sandinistas», Sacramento Bee, 23 de febrero de 1986, pág. C6.

{160} Radio Sandino (Managua), 28 de noviembre de 1985, traducido y publicado por Foreign Broadcast Information Service, 6 de diciembre de 1985, págs. P9-15. «Pastors Implicated in Illegal Acts», Barricada Internaciónal, 5 de diciembre de 1985, pág. 3. Roy Howard Beck, «Nicaraguan Pastors Accused of U.S. Connections», National Christian Reporter (Dallas), 13 de diciembre de 1985, pág. 1. Paul Goepfert, «Nicaraguan Emergency Isn't Obvious.»

{161} Analogía errada: Foreign Broadcast Information Service, 6 de diciembre de 1985, págs. P14-15, citando a Barricada, 1º de diciembre de 1985, pág. 5. Subsidios de la CIA: «Nicaraguan Internal Opposition Receives U.S. Funds», Washington Report on the Hemisphere (Council on Hemispheric Affairs), 16 de marzo de 1988, pág. 5.

{162} Eric Alterman, «For the Contras, After a Fashion», Harper's Magazine, agosto de 1986, págs. 66-7. Barry et al 1986:58. Joel Brinkley, «Iran Sales Linked to Wide Program of Covert Policies», New York Times, 15 de febrero de 1987, págs. 1, 8.

{163} «Campus Crusade Runs Into Nicaraguan Opposition», Missionary News Service, 1º de agosto de 1984. Comisión Permanente de Derechos Humanos (Managua), casos 84-11-080 y 84-12-029.

{164} Institute on Religion and Democracy 1986.

{165} The Standard (CBN University, Virginia Beach, Virginia), edición especial reimpresa para la convención de febrero de 1986 de los Difusores Religiosos Nacionales.

{166} Roy Howard Beck, «Bishops Voice 'Strong Objections' to Reported Nicaraguan Repression», National Christian Reporter, 22 de noviembre de 1985, pág. 3. Para una crítica al sistema de seguridad sandinista, véase Amnistía Internacional 1986.

{167} Radio Sandino, 20 de noviembre de 1985.

{168} Entrevista del autor a John Kessler, San José, Costa Rica, 13 de julio de 1985.

 

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